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Sunday 25 Feb 2024 | Actualizado a 14:25 PM

Bolivia: un escenario electoral muy despejado

En Bolivia predomina un clima de sensaciones positivas respecto de la situación nacional.

/ 27 de agosto de 2019 / 00:43

A casi dos meses de la elección presidencial, el escenario en Bolivia está cada vez más despejado. Al analizar el contexto de un proceso electoral, si bien es importante atender a cuestiones coyunturales, lo fundamental es identificar las tendencias en las preferencias de los electores, así como el mapa de sensaciones vigente en la opinión pública. La clave de un estudio riguroso reside en la coherencia entre la cifra de intención de voto y otras variables que dan una panorámica sociológica y política más amplia.

Según la última encuesta del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), realizada a nivel nacional con una muestra representativa de 2.000 entrevistas presenciales en el ámbito rural y urbano, en Bolivia predomina un clima de sensaciones positivas respecto de la situación nacional. Casi un tercio de los bolivianos sienten esperanza, la principal sensación en orden de importancia; seguida de confianza (14%). El clima en el que se dan las elecciones está muy disociado del intento de algunos voceros de la oposición por presentar al país al borde de una hecatombe.

El 54% de los bolivianos tiene una imagen positiva del presidente, Evo Morales; misma proporción que manifiesta tener sentimientos positivos hacia su persona (confianza, respeto y afecto). Además, la evaluación positiva de su gestión es del 72%, siete puntos más que en marzo. Esta valoración contrasta con las opiniones de la ciudadanía sobre los sectores de la oposición: dos tercios de los bolivianos tienen sentimientos negativos sobre “las peleas de la oposición” (angustia, cansancio y enojo); solo el 37% evalúa positivamente su        desempeño (el de la oposición).  

Al interior de la oposición, se percibe que la candidatura de Carlos Mesa se estanca en un techo electoral en torno al 37% (proporción que manifiesta que podría llegar a votarle), decrece en imagen positiva (pasa de 35,2 a 28,6%) y despierta la sensación de decepción y rechazo en un 42,3%. A su vez, la candidatura, “made in Santa Cruz”, de Óscar Ortiz se asienta y mejora su posicionamiento en todos los indicadores, alcanzando un alto nivel de conocimiento, cuestión que hasta hace pocos meses era su principal debilidad. Su imagen positiva crece de 15,2% a 23,1% y aumenta significativamente su techo electoral pasando del 12,5% al 28,7%.

Otra variable fundamental que ayuda a conocer mejor el clima electoral es la expectativa sobre quién será el próximo presidente, más allá de las preferencias de cada elector. El 60% de los bolivianos y bolivianas creen que el próximo presidente del país será Evo Morales. Incluso entre los votantes de Mesa casi la mitad creen que Evo será el presidente; lo cual denota que la desesperanza crece al interior de las filas opositoras.

Otro aspecto que siempre es necesario analizar es el mapa de sentidos comunes y posicionamientos ideológicos de los electores. En este sentido, cabe destacar que más del 50% de la población considera que se debería avanzar en la nacionalización de sectores estratégicos, seguir con la política social de bonos y continuar con el actual modelo económico.

Después de todo lo expuesto, casi huelga presentar el dato de intención de voto dado que cualquier lector ya presupone, que hay una diferencia cada vez más holgada a favor de Evo Morales frente a sus perseguidores. Son 18 puntos por encima de Carlos Mesa. Evo Morales ha crecido seis puntos desde marzo hasta hoy, pasando de 37,5% a 43,4%; mientras que Carlos Mesa cae en el sondeo (de 28,6% a 25,1%) y Ortiz mejora (de 7,6% a 12,8%). De esta forma, se constata que la oposición no logra sintonizar con las aspiraciones de la ciudadanía, aunque Ortiz sí ha logrado una tendencia creciente en estos últimos meses.

Los sectores de oposición todavía están muy lejos de la centralidad que ocupa Evo Morales en la política boliviana. El actual mandatario goza de una gran credibilidad, un reconocimiento mayoritario y positivo de su ejercicio de gobierno y encarna los grandes consensos alcanzados gracias, fundamentalmente, a las políticas implementadas en materia económica y social en estos años. Y por todo ello, en la elección del 20 de octubre una segunda vuelta es cada vez más improbable.

* Gisela Brito y Sergio Pascual son funcionarios  del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

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El bloque hegemónico en México

/ 18 de febrero de 2024 / 01:17

Lo que está sucediendo políticamente en México contradice las voces que pregonan que el tiempo de la izquierda en América Latina ha terminado.

Después de casi 2.000 días de gobierno, el presidente AMLO goza de un gran apoyo ciudadano. Su imagen positiva, según el promedio de todas las encuestas publicadas, oscila entre 58% y 65%. Y todo apunta a que su movimiento, Morena, será el gran vencedor en las elecciones presidenciales del próximo 2 de junio. La ventaja de Claudia Sheinbaum sobre su principal competidora, Xóchitl Gálvez, se sitúa alrededor de los 25 puntos.

Además, actualmente, Morena gobierna en el 20% de los municipios (514 de 2.470); en el 66% de los estados (21 de 32, incluyendo Ciudad de México); tiene mayoría en Diputados y Senadores; y es más que probable que mejore estos números en la próxima cita electoral.

Es innegable que en México se ha conformado un nuevo bloque hegemónico. ¿Cómo se ha logrado? Se podrían destacar los siguientes rasgos constituyentes:

1) Lo principal es que se mejoró la vida cotidiana de la gente al mismo tiempo que se cuidó el balance macroeconómico.

2) Se partió de un proyecto político con perspectiva histórica (la Cuarta Transformación, 4T) y con horizonte de futuro; cargado de símbolos y valores; reivindicando el orgullo de ser mexicano; y con el humanismo como eje central.

3) Con una praxis política audaz ante cada adversidad; con un pragmatismo relativo sin retroceder en las convicciones; con alianzas tácticas sin desorientarse estratégicamente.

4) Confrontando con los poderes fácticos sin rodeos: con el poder mediático, con las transnacionales presentes en sectores estratégicos, con la vieja clase política neoliberal, con la monarquía española, con el Departamento de Estado estadounidense, etc.

5) Se llevó a cabo una política de comunicación directa, sincera, sin moderación, instalando “agenda” a diario (a través de las Mañaneras), muy alejada de lo que dicen los manuales mainstream del marketing político.

6) Una política exterior soberana, muy activa y protagónica, mirando al Sur (véase por ejemplo su posición en Perú a favor de Pedro Castillo, su rol en el rescate de Evo en Bolivia, su relación con Cuba, su defensa de la no injerencia en Venezuela, su apoyo a Petro en Colombia) y sin descuidar su relación inevitable con su vecino del Norte.

7) El liderazgo de AMLO no ha supuesto un freno para el crecimiento de Morena. Todo lo contrario. Se ha conseguido generar sinergia. Hoy en día, este es el espacio político con más valoración positiva en toda América Latina (con valores cercanos al 40%).

8) Y, por último, el debate político prevalece en cada disputa electoral. El mejor ejemplo de esta visión es lo ocurrido hace pocos días: en el marco del 107 aniversario de la Constitución y en pleno periodo electoral, AMLO planteó la necesidad de una reforma constitucional para recuperar el espíritu de la de 1917, reparando todos los cambios hechos en los años neoliberales. Su planteamiento es que la gente no debe votar por nombres y apellidos. Hay que hacerlo por ideas y propuestas, y por ello, ha formulado la necesidad de: a) no permitir que el aumento al salario mínimo sea menor al de la inflación; b) reconocer a los pueblos indígenas como sujetos de derecho público, atendiéndolos de manera preferente; c) reafirmar el derecho a la pensión de adultos mayores a partir de los 65 años y aumentar el monto anualmente; d) prohibir en el territorio nacional la extracción de hidrocarburos mediante el fracking; e) elección directa para las autoridades del Poder Judicial; f ) convertir en política de Estado la austeridad republicana (luchando contra la corrupción, eliminando privilegios tributarios de unos pocos, prescindiendo de gastos públicos onerosos, injustos e ineficientes); g) otorgar becas a estudiantes de familias pobres de todos los niveles; y h) garantizar atención médica y gratuita a todos los mexicanos, solo por mencionar algunas.

Así, con estas y otras fortalezas, este espacio ideológico se ha consolidado como centro de gravedad de la política mexicana.

Y, a partir de ahora, su principal reto no será ganar las elecciones, porque las ganará con cierta comodidad. Su verdadero desafío, hacia delante, estará en sostener la hegemonía sin que se resquebraje la unidad, porque cuando se logra ser hegemónico el riesgo consiguiente es que afloren las disputas internas. Ojalá que no.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director ejecutivo de Celag Data.

 

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La Biblioteca de Milei

El Fin de la Fidelidad (para siempre) a un partido político permitió, entre otras razones, que Milei llegara a la Presidencia

Alfredo Serrano Mancilla

/ 13 de diciembre de 2023 / 07:18

Tengo una muy mala noticia para Milei: el arte de Gobernar es infinitamente más difícil que el arte de Panelear (es decir: comentar absolutamente todo en televisión, radio y redes sociales).

La tan anunciada Nueva-Vieja Era en Argentina ya está aquí. Y a partir de ahora el presidente, además de hablar, tendrá que actuar y tomar decisiones. Se le acaba un ciclo exitoso, en el que le bastaba con acudir a entrevistas y decir “cualquier cosa”. A partir de este momento, no le valdrá únicamente con Saber-Comunicar. A esta experticia tendrá que sumarle otra: Saber-Hacer.

Dicho de otro modo: Gobernar requiere del Poder Ejecutivo y no solo del Poder Comunicativo. Lo que implica, a su vez, transitar de las generalidades a los detalles. Esto es: traducir al terreno de lo concreto su mantra del “ajuste+shock+motosierra porque no hay alternativa”.

Es la hora de la letra pequeña.

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Milei deberá precisar y especificar cómo se aplica cada idea, con qué instrumento legal, con cuánto apoyo parlamentario cuenta, cuál es su sustento social, a quién afecta, en qué magnitud, en qué tiempo.

Para afrontar este desafío propio de la praxis política que se le avecina, Milei, que presume de ser muy buen lector, seguramente buscará en libros y textos las respuestas más certeras.

¿Cómo será la Biblioteca que tiene el presidente en la Quinta de Olivos? ¿Cuántas corrientes de pensamiento estarán presentes? La imagino con cuatro estanterías, con estos títulos: una, Anarco-Liberalismo Experimental; dos, Macrismo Conservador; tres, Retro Menemismo; y cuatro, Negacionismo a lo Villarruel.

Como sucede en toda librería, también hay una sección llamada Cajón de Sastre (aunque también podría ser denominada como Cajón Desastre), con un poco de todo: FMI, Doctrina Monroe, Jabad-Lubavitch, Darwinismo, Fascismo, Cinología, Banca y Especulación, Anarquismo y, por supuesto, Autoayuda.

Una amalgama muy variopinta que genera zozobra e incertidumbre. Más de la que había.

Porque, además, ninguna Biblioteca en la vida real de un presidente logra mantener tanto orden como el que pueden tener las estanterías. Habrá disputa entre las diferentes doctrinas y habrá conflicto de intereses entre los diferentes actores.

Hay demasiadas “manos invisibles” y poderosas que, en definitiva, fungirán como los verdaderos hacedores de lo que Milei llama “el orden espontáneo libertario”, que consiste sencillamente en el mismo orden que pregona el neoliberalismo desde hace medio siglo.

Este podría ser el futuro de Argentina salvo que sobrevenga un hecho social no tan improbable: que un gran porcentaje de aquellos que le respaldaron electoralmente comiencen a oponerse políticamente.

Este fenómeno, que puede parecer utópico en los primeros días, con el paso del tiempo ocurre más regularmente de lo que nos imaginamos. Sobre todo cuando el presidente confunde el voto de la segunda vuelta con su base real; y cuando no sabe diferenciar entre el volumen de ciudadanos que le eligieron ante un escenario condicionado en el que hay mucho voto anti (55%) y quienes verdaderamente confiaron en él, tanto en las PASO como en primera vuelta (30%).

Es más: este casi tercio es muy heterogéneo y, además, altamente volátil. Que va y viene. Que hoy elige una canción y mañana otra. Un sujeto cada vez más característico de las Democracias Spotify que emergen a nivel global.

El Fin de la Fidelidad (para siempre) a un partido político permitió, entre otras razones, que Milei llegara a la Presidencia. Pero, paradójicamente, este mismo rasgo de época también podría ser la causa de una pérdida acelerada de sustento si no resuelve los problemas cotidianos de la gente a la mayor brevedad posible. Porque las necesidades jamás tienen paciencia.

Si Milei cree que puede seguir en campaña electoral como si nada, y que todo se resuelve comunicando, con diagnósticos falsos y propuestas genéricas, el “mileísmo” no ganará la batalla política. Ni tampoco la cultural. Porque para que triunfen las ideas no se pueden descuidar los hechos y sus consecuencias.

(*) Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag)

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¿Qué pasó y qué pasará en Argentina?

Alfredo Serrano Mancilla

/ 28 de octubre de 2023 / 07:22

I) El Techo de Milei. Una gran parte de la sociedad argentina le dijo “hasta aquí”. Según datos de las últimas encuestas CELAG, la mayoría no comparte su idea de dolarizar; no comulga con el término casta; le considera un violento, chanta y machista; cree que es inestable; y no está de acuerdo con el resto de sus propuestas. En definitiva, políticamente tiene un límite, y electoralmente también. De las PASO a la primera vuelta bajó su intención de voto en porcentajes (31,6% a 29,98%, sobre votos afirmativos), a pesar de que aumentó su caudal de votos en 651.345 (esto se explica por el aumento de la participación en 8 puntos).

II) Bullrich, del piso al sótano. Perdió 533.996 votos entre PASO y primera vuelta; casi 6 puntos porcentuales. Juntos por el Cambio regresó a la casilla de salida. Su resultado actual es similar al obtenido en las PASO de 2015 (23,8% vs. 24,5%). Están en caída libre y aún no han terminado de caer. Las derrotas hacen mucho daño y, si son dos consecutivas, mucho más. Están en un laberinto sin salida. No supieron qué hacer con la aparición de la ultraderecha libertaria y siguen anclados en el pasado.

III) La escalera de Massa. Fue de menos a más. Creció en más de 3 millones de votos, casi 8 puntos porcentuales. Logró convencer a una buena parte de los votantes del Frente de Todos de 2019 que se quedaron en casa en las PASO de 2023. ¿Cómo lo hizo? No fue ni con spots publicitarios ni con jingles. Fue con decisiones concretas en materia económica (devolución del IVA, por ejemplo) y explicando con sinceridad la alta responsabilidad que tiene el FMI en todo este entuerto; y, además, pidiendo disculpas por todo lo que no se ha hecho bien. Si sigue así, con acciones precisas que mejoren la cotidianeidad, seguirá subiendo escalones.

IV) La fórmula de Axel: Ideas + Gestión – Rosca. Es el triunfo de la Política en mayúsculas. Obtuvo casi el 45% de los votos en la elección para Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Ganó por goleada. Y lo consiguió gobernando y creyendo en principios. Sin distraerse lo más mínimo de lo verdaderamente importante. Se convierte, así, en un proyecto político presente que vino para quedarse.

V) La impotencia de los grandes medios de comunicación. Desde hace años venimos demostrando, gracias a las encuestas CELAG, que los medios en América Latina tienen su importancia, porque son muy consumidos masivamente a modo de entretenimiento, pero no son creíbles. Pueden crear marcos, sí, pero no llegan a tener el alcance y la fuerza que se les atribuye. Y en Argentina volvieron a fallar en su intento. Su candidata quedó en tercer lugar.

VI) Los cisnes no siempre son negros. Se exagera —y mucho— cada acontecimiento coyuntural (se llame Insaurralde o Chocolate), ignorando que la ciudadanía “está en otra”. Hemos caído en la trampa de la houseofcardización de la política, creyendo que todo tiene una lógica lineal y simple. Y a veces nos olvidamos que los sentidos comunes y los surcos profundos no cambian tan rápidamente. 

VII) La segunda vuelta está abierta. Si la participación y los votos blancos/nulos se mantuvieran tal como en la primera vuelta (como fue en 2015, última vez que hubo segunda vuelta), entonces tendríamos que: a) Milei necesitaría crecer en 5,5 millones de votos para ganar, por ejemplo, captar el 90% de los votos de Bullrich; b) Massa necesitaría 3,8 millones para ganar, por ejemplo: todo el voto de Bregman más el 80% de Schiaretti más el 60% de los votantes de Larreta (suponiendo que éstos fueron a votar Bullrich en primera vuelta, que sería lo más probable según nuestros estudios).

A día de hoy, es muy complicado saber qué es lo más probable: si lo primero o lo segundo. Pero hay algo que está muy claro: la solución a esta ecuación electoral no se encontrará haciendo sumas y restas como si los votantes de cada candidato fuesen todos idénticos entre sí. La aritmética (rampante y simplona) en política tiene sus límites.

El resultado final dependerá de la capacidad de convicción que tenga Massa o Milei en medio de una disputa de época entre dos visiones contrapuestas sobre el futuro del país en materia de justicia, democracia, soberanía, libertad, igualdad, derechos.

Se abre a partir de ahora una batalla política y electoral que tendrá su lado propositivo y que, por supuesto, también estará acompañada de una “guerra de miedos”. Veremos quién gana.

Alfredo Serrano Mancilla
es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

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El dilema ecuatoriano

El correísmo es la principal identidad política del país, pero no es suficiente para alcanzar una mayoría en segunda vuelta

Alfredo Serrano Mancilla

/ 19 de octubre de 2023 / 09:38

Salvo excepciones, el resultado de una elección presidencial se explica mucho más por la política que por la campaña. Y sin embargo, casi siempre caemos en la tentación de marearnos ante la coyuntura, perdiendo de vista los surcos profundos que verdaderamente nos permiten entender por qué se produce una victoria o una derrota electoral.

Lo sucedido en Ecuador no fue una excepción. Daniel Noboa será el próximo presidente del país. Ganó por 52% a 48% a Luisa González en la segunda vuelta. Unos porcentajes muy similares a los que obtuvieron Lasso y Arauz en 2021 (52,3 a 47,6%).

Y también hay mucho parecido entre sendas primeras vueltas. Es decir, Arauz sacó 32,7% en el 2021 y Luisa, 33,6% en 2023; y por su parte, Lasso obtuvo casi 20 puntos, y Noboa ahora 23.

Lea también: El techo de Milei

Además, hay un alto grado de similitud en la conformación tan fragmentada de la Asamblea entre 2021 y 2023. Y lo mismo con el porcentaje de atomización del resto de candidatos que quedaron por afuera de la segunda vuelta.

¿Podríamos decir que tanta semejanza es pura coincidencia? No. De ninguna manera.

A pesar de las múltiples diferencias circunstanciales entre un momento y otro, la similitud de los resultados electorales tiene que ver muchísimo más con el proceso político que vive el Ecuador en los últimos tiempos.

Dicho de otro modo: cometeríamos un grave error analítico al asumir que lo que ha ocurrido en esta cita electoral se debe a las diferencias entre los perfiles de los candidatos (Noboa no se parece a Lasso, ni Luisa a Arauz). Ni tampoco deberíamos considerar que los votos de ambos obedecen a sus performance en el debate presidencial. Ni a los jingle ni a los spots. Ni a las redes sociales. Ni siquiera al contexto de creciente inseguridad. Ni a la muerte de Villavicencio. Ni a las offshore de Noboa.

Esta tesis no contradice en absoluto que estas situaciones no hayan tenido una importancia relativa en cómo la ciudadanía decidió. La tuvo, sí, pero su influencia fue marginal si la comparamos con otro conjunto de variables de índole política duraderas en el tiempo.

Algunas de estas razones estructurales que explican el resultado electoral son las siguientes:

1) El correísmo es la principal identidad política del país, pero no es suficiente para alcanzar una mayoría en segunda vuelta. Sigue siendo centralidad, tanto a favor como en su contra.

2) La fragmentación partidaria y la alta volatilidad vino para quedarse. El fenómeno de la Democracia Spotify también llegó al Ecuador. Esto se advierte nítidamente al radiografiar todo lo que está por afuera del correísmo: no importa quién sea el candidato ni el partido. Se acaban juntando en segunda vuelta, en modo táctico a pesar de las heterogeneidades políticas.

3) La población que más sufre y con menos ingresos es un sujeto clave en el nuevo (des)orden social y político. Una buena parte dejó de creer en las instituciones. Ecuador atraviesa una profunda crisis de representatividad. Las soluciones no se encontrarán mirando por el retrovisor. La única vía es repensar todo hacia delante, identificando las nuevas demandas sin prejuicios y encontrando respuestas precisas y certeras, y planteando nuevos horizontes en sintonía con la nueva época.

4) El Bloque Indígena es un actor fundamental en Ecuador. No solo cuantitativamente sino también por su relevancia política. En estos últimos años, aunque no vota homogéneamente, su conflicto no resuelto con el correísmo es un obstáculo para la construcción de una mayoría progresista que se imponga en segunda vuelta.

Estos dos últimos puntos constituyen conjuntamente el principal desafío histórico, y a la vez el mayor dilema, que tiene una buena parte de la sociedad ecuatoriana para ganar política y electoramente al neoliberalismo. Solo con una alianza programática, sólida y generosa por todas sus partes, se podrá afrontar la próxima cita electoral (que está a la vuelta de la esquina, en febrero de 2025).

(*) Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag)

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El techo de Milei

La única certeza es que no debemos olvidar que Milei tiene un techo político muy firme a pesar de sus fortalezas

Alfredo Serrano Mancilla

/ 5 de octubre de 2023 / 09:59

Mi papá siempre me insistía con el mismo refrán: “El vaso puede verse medio lleno y medio vacío”. Y, a continuación, me aclaraba: “Te dije medio lleno y medio vacío, son las dos cosas a la vez”.

Esta era su manera de explicarme que cualquier hecho debe ser observado desde múltiples perspectivas. Y no de forma excluyente. O sea, hay que verlo así y asá, desde aquí y desde allá, con este enfoque y con el otro.

Este consejo es muy útil para no pecar de una mirada parcial y sesgada de los acontecimientos en cualquier momento de la vida. Y, por supuesto, también es aconsejable para realizar cualquier análisis político.

Lea también: La ilusión del cambio en Colombia

En Argentina, la irrupción de Milei en estos últimos dos años ha sido tan colosal que ha causado un eclipse de perspectiva. Dicho de otro modo: el “Shock Milei” ha provocado que su fenómeno se explique en modo totalizador. Lo que al inicio era subestimación, ahora es sobreestimación; lo que en los primeros meses se ridiculizaba y ninguneaba, en estas últimas semanas se magnifica.

El último estudio de Celag (encuesta presencial, 2.500 casos, todo el país) nos demuestra que no es ni lo uno ni lo otro.

Milei tiene políticamente un piso sólido y un techo firme.

Esto significa algo tan sencillo como que existe una parte de la ciudadanía argentina que lo apoya (30%-40%) y otra parte que no lo apoya (60%-70%). Es decir: no toda la sociedad es homogénea en relación a este fenómeno político. Como ocurre en cualquier familia, encontraremos unos a favor y otros en contra.

Por su meteórica aparición, mucho se ha puesto el foco en su fortaleza, pero muy poco en su imposibilidad para crecer más en lo político.

¿Por qué aseveramos en el Celag que Milei tiene un techo político rígido e innegociable?

Lo más interesante de una encuesta es toda su letra pequeña escondida detrás de la intención de voto. He aquí algunos hallazgos que abonan nuestra tesis:

1) Al ser consultados por su mayor debilidad, el 30,4% responde que es violento; el 21,2% que es chanta; el 19,7%, machista; solo el 28,7% no dice nada en su contra.

2) El 40% considera que sus ideas son interesantes y originales; el resto cree que son propuestas imposibles de realizar.

3) El 37,7% piensa que Milei es una persona valiente y auténtica; el resto cree que él es inestable emocionalmente.

4) El 59,1% tiene una opinión negativa del líder libertario.

5) El 33,2% sintoniza con que estamos en un momento muy similar a 2001 (que es lo que defiende Milei).

6) El 37,2% concuerda con la idea de que todos los políticos son una casta (el resto, no).

7) Aproximadamente, el 60% de la sociedad está a favor de: a) la estatización de litio, b) mantener Aerolíneas Argentinas como empresa pública, c) poner impuestos a los más ricos, d) sostener los planes sociales a favor de los más necesitados, e) disponer de un Estado más activo en el reparto de tierras para vivienda propias, f) Edenor y Edesur deben dejar de ser privadas.

Son datos robustos que, sumados a la intención de voto de la encuesta Celag (33,2%) y al último dato real que tenemos en las PASO (29%), nos permiten afirmar que una buena parte de la sociedad argentina no comulga con el proyecto político de Milei. No le dan cabida. Le dicen “hasta aquí”.

¿Esto implicaría que este techo político sea su techo electoral? No. Porque, como bien sabemos, en algunas situaciones, cuando hay tres rivales y uno se descuelga, entonces, podría ocurrir que aparezca el “voto útil”. Y en esta coyuntura electoral argentina, si Bullrich se queda atrás, es probable que un determinado porcentaje de sus votantes, que ya no creen que será presidenta, votaría útilmente a favor de Milei con el objetivo de que Massa no pase a la segunda vuelta. O sea, se trataría de un voto táctico de última hora. Si eso ocurriera, el techo electoral de Milei estaría por encima de su techo político.

Pero esto no es un hecho seguro. Es un escenario posible, que está por verse. Todo dependerá de la evolución de muchas variables desde hoy hasta la última semana electoral.

Por ahora, la única certeza es que no debemos olvidar que Milei tiene un techo político muy firme a pesar de sus fortalezas.

(*) Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag)

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