Voces

sábado 5 dic 2020 | Actualizado a 21:12

Masas de agosto y voto de octubre

/ 26 de octubre de 2020 / 02:25

Mucho antes de que naciera el sol, nacieron los Uru-Chipaya, ícono de una de las culturas originarias más antiguas de América Latina. Salieron ilesos de la arremetida cultural desde los incas hasta la colonia española. Síntesis del Estado Plurinacional. Allí, un reportaje gráfico, el día de las elecciones, registra ciudadanos con sus trajes típicos solo para fechas especiales, emitiendo su voto. Ellos sintetizan lo nacional-popular que apostó a las elecciones para recuperar la democracia desportillada desde el golpe de Estado de 2019.

René Zavaleta hablaba que la crisis y el acto electoral son dos formas de revelación de lo social y lo político. Ambas, son intensas y movimientos estructurales como moleculares de la sociedad abigarrada boliviana. En efecto, para comprender la coyuntura política ambas formas se imbrican.

Hace un año, como parte de una cruzada conspirativa antes de las elecciones y posteriormente urdiendo el discurso del fraude electoral y la defensa de la democracia y, a la vez, azuzando el odio de la clase media urbana, protagonizaron una movilización para forzar la renuncia presidencial de Evo Morales con el auxilio de un motín policial y la renuncia de una autoridad castrense devino en un golpe de Estado posesionando a Jeanine Áñez como presidenta transitoria, que a los pocos días perpetró masacres contra indígenas/campesinos. Posteriormente, el gobierno de Áñez se tiñó de un autoritarismo atroz con persecuciones políticas y judiciales.

La pandemia posibilitó que este gobierno se sumergiera en un pantanal de corrupción. Con el saqueo de los recursos naturales y acompañada con un discurso del miedo para provocar zozobra en los sectores sociales articulados a lo nacional-popular. Un sometimiento a los rectores impuestos por el gobierno norteamericano. Todo ello mermó significativamente el proyecto de restauración oligárquica/conservadora en curso.

Mientras tanto, después de una perplejidad inicial, lo nacional-popular organizó la resistencia al golpe de Estado, que sirvió para recuperar el ajayu del Movimiento Al Socialismo- Instrumento Para la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP). En efecto, esa mística eclipsada por la burocratización partidaria fue recuperada en el curso del interregno autoritario del gobierno de Áñez.

Quizás, el momento decisivo de las movilizaciones de lo nacional-popular fue en agosto. Allí, las masas de agosto —parangón a lo que Zavaleta denominó las masas de noviembre de 1979 para dar cuenta de la autodeterminación de las masas para abortar el golpe de Estado de Alberto Natusch—, con su movilización lograron blindar la fecha para las elecciones que inclusive fue leída equivocadamente por muchos analistas políticos, anunciando el declive de la hegemonía del MAS-IPSP y, por lo tanto, vislumbraban, una vez más, la derrota de lo nacional-popular. En esa lectura miope, no preveían el potencial democratizador y la advertencia del “cuarto intermedio” fue factor decisivo para bajar las ínfulas de sectores propensos a la ruptura constitucional abonando el decurso democrático.  

Entonces, los ecos de las masas de agosto movilizadas ondeando wiphalas, esgrimiendo el discurso democrático —en 2019 fue usado por la clase media movilizada—, se tradujo en la victoria electoral del 18 de octubre de 2020. Quizás, lo más importante de la diferencia electoral amplia obtenida por el MAS-IPSP despejó cualquier tentación de prorroguismo golpista o fraude electoral. Así se recuperó la democracia.

Yuri Tórrez es sociólogo.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Mil propuestas, un camino

/ 5 de diciembre de 2020 / 01:27

Desde la posesión del nuevo ministro de Educación, renació la posibilidad del retorno a las aulas en la gestión educativa 2021. Los diferentes actores educativos organizados en sus entes matrices tienen la premisa de elaborar propuestas sostenibles a ser presentadas en el VI Encuentro Pedagógico, denominado “Retomemos el derecho a la educación”, que se desarrollará a mediados de diciembre.

El Ministerio de Educación tiene la propuesta de clases semipresenciales, en función a la necesidad que existe de un contacto directo entre maestros y estudiantes a través del apoyo de plataformas virtuales, materiales impresos, medios audiovisuales y programas educativos por televisión y radio.

Las federaciones regionales y departamentales de maestros urbanos y rurales comenzaron con los encuentros pedagógicos, bajo el propósito de elaborar planteamientos sostenibles para el inicio del proceso educativo en la próxima gestión. Asimismo, definir las modalidades de atención a fin de que sean utilizadas en las concreciones curriculares, siendo la más viable, la modalidad de atención semipresencial, caracterizada por la combinación entre la educación virtual, a distancia y presencial.  

No obstante, algunas representaciones distritales y departamentales de padres de familia sugieren que la modalidad de atención sea de libre elección, vale decir, no se obligue al estudiante asistir a las aulas. Hasta la fecha se desconoce de algún encuentro del referido sector, considerando la delicada coyuntura de la canasta estudiantil.

Lo preocupante es la pasividad de las federaciones de estudiantes de secundaria, ya que no se escuchó manifiesto alguno sobre propuestas inherentes al inicio de la gestión educativa y escolar del siguiente año.

En el ámbito gubernamental, el nuevo gerente general de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), Roque Roy Méndez, tiene la difícil misión de ampliar la cobertura de la señal de internet para que el proceso educativo se desarrolle en todos los contextos educativos del país.

El VI Encuentro Pedagógico será el escenario propicio para conocer centenares de propuestas de los verdaderos actores educativos. El camino será, claro, determinar acciones concretas y sostenibles para que la próxima gestión educativa y escolar sea permanente, sin ninguna interrupción, pero principalmente con una planificación seria, resultado de consensos multisectoriales. 

Luis Callapino es magister en Políticas de Formación Docente.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Izquierdas urbanas

/ 5 de diciembre de 2020 / 01:22

Las elecciones municipales en las grandes aglomeraciones urbanas no suelen ser favorables a los candidatos de izquierda en Bolivia. Esto se debe, en buena medida, a su incapacidad de ampliar sus espacios políticos y de proponer un modelo urbano alternativo y coherente con los valores progresistas que se supone que deben defender.

En 2014, Evo Morales obtuvo 52% de votos en las 10 más grandes ciudades, unos pocos meses después, en marzo de 2015, los candidatos municipales del MAS lograron 32% en esas mismas circunscripciones. Fue una gran debacle, aún mayor a la que ya habían sufrido en 2010. Es decir, nada garantiza que el reciente 45% de preferencias por Arce en esas urbes se repita mecánicamente en favor de su partido en marzo próximo.

Más allá de los guarismos numéricos, es difícil encontrar un ejemplo de un alcalde urbano del MAS que haya logrado consolidarse, la mayoría fueron intrascendentes y de algunos incluso es mejor olvidarse. El problema excede al masismo, desde hace mucho que no hay una propuesta de izquierda que haya logrado conquistar a los votantes citadinos. Desde mi punto de vista, el último y casi único que salvo el honor fue Juan del Granado en sus primeras gestiones hace ya más de 20 años.

Así pues, la izquierda, en todas sus variaciones, le anda debiendo inteligencia estratégica y sobre todo audacia programática a los electores citadinos. Pues sus fracasos no son una anomalía, sino el reflejo de pésimas lecturas y malas decisiones sobre la oferta de candidatos y alianzas que satisfagan a la nueva sociología de las ciudades y una notable sequía de ideas acerca de la manera de superar la orientación mercantilista y poco innovadora que comparten el municipalismo de derecha y el de los populismos conservadores.

En sociedades diversas, las victorias electorales tienen mucho que ver con la habilidad de las fuerzas políticas para ampliar su espacio. El mejor ejemplo de esa virtud es la potente y heterogénea coalición masista, a nivel nacional, de votantes y organizaciones que comparten una cultura política nacional-popular pero que, al mismo tiempo, son bastante eclécticos y pragmáticos en sus orientaciones programáticas.

En el caso de la política local urbana, esas coaliciones parecen más difíciles de construir. La izquierda masista aparece atrapada en una camisa de fuerza corporativa, sobrevalorando la tracción electoral de las organizaciones gremiales y vecinales, olvidando que cientos de miles de sus votantes deciden su apoyo sin referentes comunitarios y en función de múltiples razonamientos y sentimientos. Es decir, no hay adscripciones automáticas ni cartas blancas para nadie.

Por tanto, para ganar, estas fuerzas precisan ir más allá de sus trincheras, pero sin perder su esencia, articulando alianzas de votantes populares con prácticas políticas corporativas con muchos otros que defienden individual y colectivamente causas progresistas de diversa índole, ambientalistas, de respeto a sus identidades, de mejora de servicios públicos y un largo etcétera. Hacer eso exige flexibilidad organizativa, tolerancia ideológica y cierta modernidad.

Nuevas coaliciones que precisan además que sus valores y orientaciones se reflejen en las características, historias de vida y discursos de los candidatos que las encarnen. Personalización de la política que es ineludible en la práctica política local y que hace que los errores de casting sean por lo general fatales.

Por supuesto, esa renovación de estilos y de caras debería estar acompañada de una propuesta auténticamente rupturista con las maneras de “hacer ciudad” desiguales, autoritarias, cemento-céntricas y que priorizan la optimización de la renta inmobiliaria por sobre todas las cosas. Se trata de esbozar, al menos, otra manera de pensar y construir nuestro entorno urbano y de combatir, por ejemplo, con igual ahínco a los especuladores de la gran construcción, pero también a los loteadores nacional-populares. En fin, no cuesta nada pensar en ese algo transgresor que le devuelva entusiasmo y emoción a la futura campaña municipal.

Armando Ortuño Yáñez es investigador social.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Tuto

/ 5 de diciembre de 2020 / 01:20

No se conoce en nuestra historia otro delfín de dictador latinoamericano más paradójico que Jorge Quiroga Ramírez, aquel presidente accidental que entre 2001 y 2002 supo reemplazar constitucionalmente a su mentor, el Gral. Hugo Banzer Suárez, que en el tramo final de su vida no fue condenado por una sentencia ejecutoriada ante el juicio de responsabilidades que le iniciara Marcelo Quiroga Santa Cruz, asesinado en 1980 por paramilitares que conectaban a la entrante dictadura de Luis García Meza con Banzer reciclado a la democracia.

Tuto, que lleva el sobrenombre de su padre, Jorge Joaquín Quiroga Luizaga, representante de la dictadura banzerista (1971–1978) ante el Consejo Internacional del Estaño en Malasia, se ha pasado los últimos años, desde que fuera sometido a una paliza electoral en 2005 casi idéntica a la recibida por Carlos Mesa el pasado 18 de octubre, profiriendo cuanto adjetivo agraviante encontraba a su paso para referirse al dictador Castro, al dictador Chávez, al dictador Daniel Ortega, al dictador Nicolás Maduro y cómo no, al dictador Evo Morales que lo sacudió en las urnas 54 contra 28. En síntesis, lo paradójico consiste en que el hijo político del dictador con siete años de permanencia en la presidencia de Bolivia, se refiera en esos términos a personajes que a excepción de Fidel Castro llegaron a los gobiernos de sus países a través del voto ciudadano.

A Tuto nadie le decía ni mu, hasta este momento en el que resulta oportuno recordar que la Memoria y el Archivo existen. Varios de sus adversarios ya ni se molestaban en retrucarlo seguramente por considerarlo un muerto viviente de la política, un candidato que no pudo superar el 1% en las encuestas para las elecciones de 2020, con ese su anticomunismo en blanco y negro, de traje y corbata, que a estas alturas del siglo XXI resulta vetusto e incomprensible a las nuevas generaciones.

Hay que suponer que su intuición de rima fácil le fue dictando que había que llamar títere al candidato del MAS, ahora Presidente. O decirle cobarde a Evo Morales por haber salido del país en noviembre del año pasado, cuando fue él quien intercedió ante el Gral. Jorge Terceros, comandante de la Fuerza Aérea, ya que el puñado de golpistas entre los que por esas horas se movía —sí, Tuto terminó siendo golpista, igual que su maestro— era el más lúcido: “Si Evo Morales se queda en el país, el nuevo gobierno no aguanta”, pensaba, por lo que era aconsejable que se le diera el visto bueno para salir hacia México vía Paraguay.

El doble discurso es una vieja práctica en el escenario de la confrontación política. Fue Tuto, si se acepta la versión que informaba que la vida de Evo Morales corría peligro, uno de sus generosos salvadores, obviamente por necesidades inmediatas de consolidación de un gobierno que en la teoría debía ser exclusivamente de transición hacia nuevas elecciones, y que tomó cuerpo a partir de la violación de la Constitución Política del Estado y del Reglamento del Senado, con el ágil asesoramiento jurídico de Luis Vásquez Villamor, que aconsejó fabricar la habilitación de la nueva presidenta a través de una minuta emitida por el Tribunal Constitucional debido a un “peligroso vacío de poder”.

Habrá que recordar que esta generosidad demostrada en favor de la preservación de la vida de su archienemigo político no asomó, por ejemplo, cuando en 2002 se dedicó a boicotear al binomio de su propio partido, Acción Democrática Nacionalista (ADN), conformado por Ronald MacLean Abaroa y Tito Hoz de Vila (+), en tiempos de una agria disputa interna generacional que enfrentaba a los llamados “pitufos” de los que él se constituía en líder, frente a los viejos amigos del General, etiquetados como “dinosaurios”. Más adelante, la justicia poética se encargaría de su destino, convirtiéndolo en ser pensante del derrocamiento de Evo, nombrado embajador itinerante para explicar el “procedimiento” de la llegada de Jeanine Áñez a la silla presidencial y más tarde implacablemente sancionado por la opinión ciudadana a través de encuestas que nunca lo situaron por encima de ese 1% de las preferencias: El buen amigo de la Embajada de los Estados Unidos quedaba así, afuera de la contienda, no por generosidad personal como pretendió posicionar, sino simplemente por incapacidad competitiva.

Habrá que decir en favor de este protagonista de la democracia pactada, exvicepresidente de Banzer antes que nada, que se perfilaba como el mejor candidato posible de la derecha: Todos sus socios golpistas debieron deponer sus candidaturas para potenciar la de Tuto, que por supuesto es el neoliberal más estructurado de todos quienes han participado en la última contienda de la que se salvó de recibir otra goleada como la de 2005, por abandono. El voto “útil” no estaba destinado para él.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Señales desde la comunicación de gobierno

/ 4 de diciembre de 2020 / 00:45

Un repaso sobre el estilo comunicacional del pasado gobierno del MAS, puede llevarnos a pensar que el expresidente Morales nos acostumbró a que casi toda medida implementada en su gobierno constituía un suceso gubernamental que merecía ser ampliamente publicitado e incluso espectacularizado. En tanto puesta en escena, estos sucesos gubernamentales tenían como principal sujeto de la información la figura del expresidente; como escenario, los espacios públicos abiertos; como participantes, una población que simboliza lo popular y como elemento principal, los discursos presidenciales emitidos casi cotidianamente.

En tanto acción mediática gubernamental lo que le seguía a esa puesta en escena solía ser una campaña multimedia de posicionamiento de los ejes que emergían de los discursos presidenciales y un agendamiento de los mismos a través del sistema de medios de difusión estatales. Todo esto en el marco de una estrategia comunicacional conocida como campaña permanente; es decir que estos procesos comunicacionales se repetían incesantemente como un loop en el tiempo.

Como hipótesis, la existencia de ese tipo de comunicación gubernamental sumado al poco y difícil acceso a la información pública estatal que se arrastra, desde hace varias décadas, fue un ingrediente de peso en el crecimiento de un periodismo que privilegia las declaraciones por encima de los hechos.

A poco de cumplirse el primer mes de este gobierno, además de las señales de “establecimiento” del mismo ya se han implementado las primeras medidas concretas de gestión, entre ellas: arribo de comisión CIDH, decretos orientados a promover los derechos de las mujeres, de pago del Bono contra el Hambre, de fomento al turismo interno, de diferimiento de créditos y de gestión sanitaria para la pandemia.

En un recuento del tratamiento comunicacional que desde el Gobierno se ha implementado para la difusión de estas primeras medidas, lo que se avizora con alguna claridad es el estilo presidencial que se busca construir, pues los elementos colindantes a una estrategia aún no parecen mostrarse con claridad. Respecto al estilo presidencial, un primer acercamiento muestra que los sujetos de información para la difusión de estos sucesos gubernamentales han sido variados desde el Poder Ejecutivo, dando cuenta de que la gestión ocurre perfectamente sin necesidad de una centralidad presidencial. Luego, un cúmulo de fotos del presidente Arce en la Casa Grande del Pueblo componen el mosaico de actividades que comparte diariamente en sus redes, quizá buscando construir una imagen de trabajo en gabinete, más técnica que populista. Para la salutación por el día contra la violencia contra la mujer ha optado por un video, posiblemente pretendiendo estar pero pasando periféricamente por dónde se encontraba el centro de la noticia, en las calles. Para su más reciente puesta en escena  ha optado por entregar el Bono contra el Hambre dentro de una instancia financiera estatal ubicada en la zona Sur de La Paz; lo cual podría significar que se busca limitar la espectacularidad y apostar por la sobriedad.

Son las señales, los discursos y los hechos los que cotidianamente van construyendo un cúmulo de datos que finalmente establecerán cómo será el paso del presidente Arce por la historia. En términos de comunicación gubernamental, específicamente estilo presidencial, hasta ahora pareciera haber intención de modificar una centralidad comunicativa de tipo personalista que fue clave por años en el devenir del escenario informativo y comunicacional del país.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Reyes chiquitos

/ 4 de diciembre de 2020 / 00:43

El libro Inclusión Social en Bolivia: Avances y Desafíos (2006-2014), coordinado por Verónica Paz Arauco, señala que en dicho periodo la economía del país creció a un ritmo del 5% anual, la diferencia en el ingreso entre el 10% más rico y el 10% más pobre se redujo en más de 100 veces, y la pobreza extrema disminuyó en más de 20 puntos porcentuales. Ciertamente el modelo económico del MAS-IPSP —caracterizado por la propiedad soberana sobre los recursos naturales, la distribución social de la riqueza y la intervención activa del Estado en la localización de recursos— ha demostrado ser efectivo. No obstante, queda mucho por recorrer. Estudios recientes demuestran que los logros alcanzados carecen de profundidad suficiente y sostenibilidad en el tiempo.

En una investigación cuyo título puede ser traducido como Desigualdades persistentes en tiempos de bonanza: analizando variaciones en los servicios públicos locales (2001-2012), el politólogo Marco Just Quiles da cuenta de las profundas diferencias inter regionales en Bolivia en cuanto a disponibilidad de bienes y servicios, mediante la aplicación del Índice de Densidad Estatal, desarrollado para medir la presencia del Estado a lo largo del territorio mediante los siguientes servicios públicos: salud, educación, identificación personal, agua potable y electricidad.

Los resultados, poco halagadores, demuestran que, a pesar de las reformas emprendidas durante el gobierno del MAS, poco ha reducido la desigualdad entre municipios en cuanto al acceso a servicios y bienes públicos, debido más a factores estructurales como historia, geografía y demografía, que a razones institucionales y políticas. Así, un boliviano nacido en una ciudad capital de departamento tiene mayor acceso a ciertos servicios que uno proveniente de Charaña, Puerto Rico, San Ramón o Magdalena. En Bolivia, influye mucho sobre el curso de una vida haber nacido en un lugar y no en otro.

En regiones alejadas de los centros políticos y económicos del país, como por ejemplo Pando o Beni, grupos reducidos de familias controlaban hasta hace poco (quien sabe si todavía) la asignación de recursos y oportunidades, generalmente bajo la autoridad de hombres fuertes o caciques locales. Me viene a la mente Leopoldo Fernández, cuya élite regional fue desplazada en septiembre de 2008 después de un intento de golpe de Estado, una masacre y un Estado de Sitio.

La descentralización municipal como proyecto político debió haber contribuido a superar estos problemas, y aunque muchos de sus efectos fueron positivos, es innegable que la Ley de Participación Popular de 1994 no solo democratizó elecciones y presupuestos desde el centro hacia las secciones de provincia, sino también prácticas informales como el clientelismo, el patrimonialismo y la corrupción, dando paso a la emergencia de cientos de reyes chiquitos que confundían sus jurisdicciones con haciendas desde las cuales aspirar a otros espacios de poder.

Esta reflexión es importante debido a que en los últimos días la atención de la opinión pública se ha concentrado en los posibles candidatos para las venideras elecciones subnacionales, en las cuales se debe combatir justamente esta lógica todavía imperante de discrecionalidad para los reyes en miniatura. Una forma de hacerlo es reformar la transferencia de recursos fiscales desde los gobiernos subnacionales hacia los propios servicios, tal como propuso Iván Finot hace ya algunos años en la presentación de su texto Pacto Fiscal: cómo conciliar equidad con eficiencia.

Carlos Moldiz es politólogo.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Últimas Noticias