Voces

viernes 27 nov 2020 | Actualizado a 10:13

Dos caminos que traza el cine

/ 28 de octubre de 2020 / 04:27

¿Existe algo más evidente que las imágenes? Tenemos la costumbre de decir, una imagen vale más que mil palabras. Me apropio de esa frase para transportarlos hacia la magia de lo que las imágenes y el sonido pueden lograr en el inconsciente del ser humano y cómo a través del cine, por ejemplo, se pueden lograr grandes cambios en la educación y sensibilización. El cine conmueve, razona, valora, transforma, construye, influye, pero sobre todo transporta hacia realidades y ficciones que pueden generar movimientos y respuesta ciudadana.

El cine tiene el poder de mostrarnos dos caminos: el de la razón, que nos muestra historia, problemas y amenazas; el del corazón, ese deseo interno que nos lleva a soñar, a imaginar, llorar, reír, vivir experiencias únicas a través de la pantalla grande. También a valorar la vida y todo lo que nos rodea. Las oportunidades de un desarrollo sostenible alcanzable van de la mano por ambos caminos. La razón por un lado que nos dice lo que está pasando y el corazón por el otro, que impulsa el deseo de soñar.

En este mundo globalizado hemos llegado al extremo de una obsolescencia programada, con un consumismo sin límites y donde como sociedad, tenemos la responsabilidad y compromiso de actuar y dejar de ser ciudadanos pasivos. Estamos viviendo una crisis global. La pandemia del COVID-19 nos dejó sin respiración y aliento, junto a todo lo que ya veníamos pasando: cambio climático, hambre, guerras, desigualdad y ahora tenemos el gran desafío de mirar a un futuro donde tomemos decisiones acertadas en beneficio de todas y todos, sin diferencias sociales ni raciales. Por esto y más, vuelvo a apoyarme en el cine para que, a través de imágenes, sonidos, historias, animaciones logremos abrir mentes y corazones que nos inspiren a ser mejores personas, a tomar decisiones ambientalmente responsables y que quizás, en algún momento, juntos unamos esfuerzos por cambiar esta realidad que nos tiene tan distantes.

La memoria que nos dejan documentales, largometrajes, películas y cortos son realmente una herencia que es muy difícil calcular su valor, son una verdadera fuente de conocimiento y sabiduría que no podemos dejar de lado. La libertad de las ideas mediante la imagen y la palabra son su mayor registro.

Abramos corazones, inspiremos caminos innovadores, hagamos que una imagen, un sonido, una melodía puedan cambiar la forma de pensar o actuar, o que reafirmen que el camino y las decisiones que tomamos, sean responsables con uno, el entorno y el planeta.

Karina Sauma es directora de Comunicación de la Fundación Amigos de la Naturaleza.

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¡Entreguemos pasión!

/ 4 de agosto de 2020 / 09:24

Todavía no llegamos a levantar las cenizas de los incendios del año pasado en la Chiquitanía y hoy vemos cómo el fuego se expande otra vez en el país. Somos un país tan rico en biodiversidad que en vez de tomar acciones sabias cometemos grandes errores de seguir dañando y destruyendo. Si al menos tuviéramos una pequeña reflexión sobre la importancia de conservación de nuestro Patrimonio Natural, estoy segura que otros serian los escenarios.

Para darnos cuenta de esta gran riqueza, Bolivia cuenta con 17.758 especies entre plantas vasculares y vertebrados. Nuestros bosques alcanzan el 3,5% de los bosques del mundo. Yungas, Amazonía, Gran Chaco, Bosques Interandinos y el Bosque Chiquitano, único en el mundo por su estado de conservación, habitan en nuestro territorio, que comprende 7 biomas, 36 regiones ecológicas y 205 ecosistemas, siendo uno de los 15 países más megadiversos del planeta. Bolivia tiene aproximadamente 14,8 millones de hectáreas (ha) declaradas como sitios Ramsar, encabezando la lista mundial con la mayor extensión de humedales de importancia internacional.

Cerca de la mitad de la superficie del territorio está cubierto por bosques, unas 40 millones de hectáreas se encuentran en las tierras bajas. Tenemos 22 áreas protegidas nacionales que constituyen el 17% del territorio, además de las áreas protegidas departamentales y municipales. Bolivia tiene 34 naciones y pueblos indígena originario campesinos. Tanta riqueza natural y cultural nos hace realmente sentirnos privilegiados de contar con tanto capital, que en vez de proteger y conservar, dejamos que sea destruido por nuestras propias manos.

Las presiones y amenazas afectan el funcionamiento de los ecosistemas y ocasionan alteraciones importantes de los bienes y servicios que éstos proporcionan.  Recordemos que el año pasado se quemaron 6,4 millones de hectáreas de bosques y pastizales, o sea 6 canchas de fútbol por minuto. En el periodo 2015-2018 la deforestación alcanzó 440 mil ha/año, es decir, 50 canchas de fútbol por hora.

Tanta riqueza natural nos exhorta a pensar qué estamos haciendo por la conservación de nuestro Patrimonio Natural. Se debe dar prioridad nacional a políticas que permitan un desarrollo con conservación. Es el momento de tener un Estado que priorice una agenda ambiental. Dejemos de lado el oportunismo y la imagen, entreguemos pasión a este país que tanto nos da.

Karina Sauma es directora de Comunicación de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN)

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Tu mejor opción

Mientras sigamos destruyendo nuestra biodiversidad, más perdidos estaremos como seres humanos

/ 26 de mayo de 2020 / 06:05

Este año, el lema para el Día Internacional de la Diversidad Biológica, que se conmemora el 22 de mayo, pone énfasis en el hecho de que “nuestras soluciones están en la naturaleza”. Y es que en tiempos como el que estamos viviendo, la solidaridad y la esperanza nos convocan a trabajar juntos por un mundo más sano y empático.

La diversidad biológica incluye a los seres humanos, pues somos fruto de la diversidad que nos rodea. Y ésta a su vez es fruto de nuestras acciones, sociedades y culturas, que viven en simbiosis con ambientes diversos. Bolivia es uno de los 15 países con mayor biodiversidad del planeta. Por lo cual deberíamos tener motivos para celebrar. Sin embargo, no reconocemos ni valoramos nuestra riqueza natural y cultural, no comprendemos que perder biodiversidad implica perdernos a nosotros mismos; es decir, una parte de nosotros.

Permanentemente destruimos nuestra biodiversidad. De muchas maneras maltratamos a nuestra Madre Tierra, la que nos da el aire, los alimentos, y la vida. En los últimos tres años hemos deforestado en promedio 440 hectáreas por año, según datos de la FAN, a pesar de que sabemos que nuestros bosques son los mejores pulmones que cualquier especie puede tener. No satisfechos, el año pasado se quemaron más de 6 millones de hectáreas de bosques y pastizales. Y por si esto no fuera suficiente, tal parece que estos trágicos acontecimientos no nos han marcado, pues en lo que va del año hemos generado más de 15.000 focos de calor.

Está claro que aún no hemos asimilado el hecho de que mientras más sigamos destruyendo nuestra biodiversidad, más perdidos estaremos como seres humanos. El camino está en nosotros, en mirarnos y en darnos cuenta que la naturaleza puede solucionar nuestros problemas. Pero nuestra soberbia y falta de empatía nos lleva a mirar desde la acera del frente, lo que nos vuelve ciegos frente a esta realidad.

El resto de este 2020 debería servirnos para reflexionar sobre nuestras acciones y las de nuestro entorno. La naturaleza hoy está en crisis, está amenazada por la pérdida de biodiversidad, el calentamiento global y la contaminación. Debemos tener presente que al momento de tomar una decisión nuestra mejor opción es apostar por el cuidado de la naturaleza. No actuar ahora significa fallarnos a nosotros mismos. Nosotros somos biodiversidad.

Karina Sauma, directora de Comunicación de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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Reconocer la crisis ambiental

/ 3 de septiembre de 2019 / 01:10

Todos los años en esta época sentimos dolor y hacemos un mea culpa al ver cómo los incendios forestales arrasan de manera violenta y sin control parte de nuestra Madre Tierra. Hoy, la Chiquitanía es un escenario oscuro y triste, con miles de hectáreas quemadas y comunidades indígenas afectadas por el fuego. Según estimaciones de la FAN, hasta el 27 de agosto, los incendios forestales han arrasado aproximadamente 2,1 millones de hectáreas en toda Bolivia, principalmente en Santa Cruz y Beni.

Este panorama aún persiste. La sequía, los fuertes vientos y la baja humedad en la vegetación aumentan el riesgo de incendios para los próximos meses. Empero, podemos ver el lado positivo de este escenario, por fin nos damos cuenta de que estamos poniendo en riesgo el planeta con nuestros hábitos de vida, de consumo; y que el insaciable e insatisfecho vivir del ser humano es un reflejo de todo lo que está pasando.

En efecto, los incendios han develado una crisis ambiental que, hoy más que nunca, desnuda el gran daño que le estamos causando a la Tierra. Es en estos momentos cuando debemos confluir en un mismo objetivo, sin colores ni aspiraciones personales; debemos ponernos de acuerdo en buscar intereses comunes y no aspiraciones personales. Urge comprender que los bosques nos necesitan, que estos pulmones verdes, que hoy están siendo dañados, necesitan de sus habitantes para sobrevivir.

Hoy nos sentimos más afectados porque el escenario es mediático. Sin embargo, es tiempo de trabajar por una gestión integral del bosque, con acciones y actores conectados, que impulsen un proceso de restauración holístico y sostenible. No se trata de ser “sostenibles” hoy, sino de desarrollar una vida sostenible en todo sentido, y reconocer que los problemas ambientales son nuestros problemas. Por otra parte, debemos entender que una conciencia ambiental implica temas tan simples como la basura que dejo en la calle, hasta asuntos más complejos como el cambio climático, que está desencadenando sequías, inundaciones, incendios y otros eventos extremos.

Por último, debemos reconocer que nuestra supervivencia no depende del crecimiento económico, sino que debe basarse en aprender a vivir bien dentro de los límites ecológicos del planeta, bajo un modelo de desarrollo en el que prime la calidad y no el nivel de vida. Los recientes incendios forestales son una llamada de atención gigante, que debería impulsarnos a desarrollar acciones de prevención y a estar preparados para eventos climáticos de semejante magnitud, bajo la premisa de que si bien contamos con la capacidad técnica para enfrentar este desafío, nos hace falta articular esfuerzos y la gestión entre todos.

* Directora de comunicación de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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Amazonía amenazada

/ 11 de junio de 2019 / 00:07

El 5 de junio celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente, fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución del 15 de diciembre de 1972. Conmemorando esta fecha, los socios de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG, www.amazoniasocioambiental.org/es/), conformada por seis países de la región y ocho organizaciones de la sociedad civil presentamos un análisis sobre el estado de la Amazonía, región en la que proyectos de infraestructura y planes de inversión amenazan los ecosistemas que alberga.

Según este estudio, el 68% de las áreas naturales protegidas y los territorios indígenas experimentan algún tipo de presión o amenaza. Solamente considerando la explotación de minerales y de hidrocarburos, el 22% de las 390 millones de hectáreas reservadas para la conservación y los territorios indígenas (es decir, 87,2 millones de hectáreas) están sufriendo algún tipo de amenaza o de presión.

Los datos revelan un acelerado desarrollo a partir de proyectos extractivistas, sin políticas que tomen en cuenta la importancia de la conservación de los ecosistemas. De las 272 grandes represas hidroeléctricas de la Amazonía planificadas, en construcción u operativas, 78 están dentro de territorios indígenas y 84 están en conflicto con áreas naturales protegidas. Con relación a las carreteras y caminos, de los 136.000 kilómetros mapeados en la región, aproximadamente el 20% (26.000 kilómetros) cruzan áreas naturales protegidas y territorios indígenas.

Estos datos nos interpelan a reflexionar sobre la importancia de que todo proyecto de desarrollo esté acompañado con estrategias de conservación de las áreas naturales y territorios indígenas. La Amazonía, que abarca el 40% de Sudamérica, alberga el bosque tropical más extenso del mundo, con una gran biodiversidad. Allí habitan pueblos indígenas cuyos territorios abarcan el 28% de su superficie, y cuentan con áreas protegidas que cubren el 23% de la región. Respecto a Bolivia, la región amazónica, con una extensión de 824.000 km2, cubre el 75% del territorio nacional, y representa el 11,2% de toda la cuenca amazónica. Sin embargo, parte de esta región hoy se encuentra amenazada por la expansión de la frontera agrícola, la exploración de hidrocarburos, la apertura de carreteras y grandes represas.

Es momento de que esta gran riqueza natural y cultural sea protegida. Su conservación, protección y manejo sostenible depende de cada uno de los países de la región, a través de políticas y acciones que permitan mantener su diversidad biológica, expresada en la extensa fauna y flora que posee; además de las grandes extensiones de bosque, que son el gran pulmón del planeta.

* Directora de comunicación de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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