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miércoles 21 abr 2021 | Actualizado a 19:14

Alfabetización, postalfabetización, ¿son valoradas?

/ 5 de marzo de 2021 / 02:17

En Bolivia, en general, la alfabetización tuvo tres fases claramente diferenciadas. La primera en la Colonia y parte de la República, en el intento de privilegiar el poder de élites, marcada por la negación del derecho a la educación de una gran mayoría de la población, principalmente pueblos indígena originario campesinos, mujeres y de bajos ingresos. En la segunda, se pusieron en práctica una serie de programas destinados a resolver el analfabetismo, la mayoría carentes de sostenibilidad y carácter asistencial, buenas intenciones sin resultados de consideración. Esos antecedentes explican que, en pleno siglo XX, gestión 2001, existían más de 1.300.000 personas mayores de 15 años analfabetas, con una tasa de analfabetismo del 13,28% (CPV, 2001), la gran mayoría mujeres y poblaciones de alta vulnerabilidad.

La tercera fase se inició en marzo de 2006, hace 15 años, con la ejecución del Plan Nacional de Alfabetización “Yo, sí puedo”, política pública que hace historia en la educación para bienestar de la población en el marco del Vivir Bien. En el periodo 2006-2019 se alfabetizó a más de 1.043.000 personas mayores de 15 años, más del 70% mujeres, reduciendo la tasa de analfabetismo a 2,26%. Bolivia es un Estado libre de analfabetismo, alcanzó la tasa más baja de su historia, está entre los tres países con mayores logros y cumplió con creces acuerdos internacionales. Paralelamente, desde 2009, se inició el Programa Nacional de Post-alfabetización “Yo, sí puedo seguir” y promovió la lectura en el conjunto del sistema educativo. En la actualidad, existen muchas personas que concluyeron la educación primaria y secundaria de personas jóvenes y adultas para luego formarse en el nivel de educación superior hasta egresar como profesionales. Los logros de la alfabetización y postalfabetización, si bien tienen directa relación con la lectura y escritura, también contribuyeron a que la población antes ignorada restituya sus derechos en la sociedad y educación. Pero, como producto de la mirada que reduce el concepto de educación a escolarización, pese su impacto social, muchas veces estos logros son ignorados o menospreciados.

Siendo un acumulado histórico del conjunto de las áreas del sistema educativo, la alfabetización y postalfabetización contribuyen al incremento de los años de escolaridad (promedio de años de estudio de la población igual o mayor de 19 años). Una mayor escolaridad es determinante para fortalecer las capacidades de desarrollo del país y el ejercicio de derechos, además fortalece los logros del sector educativo. En Bolivia el promedio de años de escolaridad de 7,4 (año 2001) se incrementó a 9,8 (2018). En promedio, a 2018, las y los bolivianos mayores de 19 años permanecen en el sistema educativo prácticamente 10 años.

La alfabetización y postalfabetización también contribuyen a la dignidad de las personas y la equidad social. La dignidad de la persona que deja de ser analfabeta se valoriza en su relación con sus hijos que son parte de la escolarización y del resto de su entorno social. Téngase en cuenta que la mayoría de las personas analfabetas eran mujeres, así también es una contribución a la equidad. Esta situación también puede verificarse con variables de carácter nacional, por ejemplo, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado y medido por Naciones Unidas. En Bolivia, entre 1990 y 2019, el valor del IDH se incrementó de 0,551 a 0,718, crecimiento del 30%. Si consideramos que el IDH, entre otras variables, se incrementó por el crecimiento de los años de escolaridad y que parte de estas variables comprenden a las tasas de alfabetización y postalfabetización, nuevamente se puede verificar que el aporte va más allá de la lectura y escritura, contribuye a mejorar la calidad de la población marginada en otros tiempos.

Tenemos que dejar actitudes que ignoran logros para reconocer avances. Por supuesto, además de dar continuidad a sus acciones, más en tiempos de pandemia, también debemos seguir en permanente mejora de sus concepciones y prácticas, como la alfabetización y posalfabetización en idioma materno, vinculadas a la producción, desarrollo tecnológico y a una sociedad que se forma integralmente, así como fortalecer su pertenencia al sistema educativo. Claro, bajo el supuesto que construimos una sociedad con dignidad, inclusión y equidad. Reto para la sociedad e instancias gubernamentales.

    Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

 

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Vacunas, ¿la vida o el negocio?

/ 16 de abril de 2021 / 01:56

Venki Ramakrishnan, premio Nobel de Química 2009, al referirse a los efectos del coronavirus, dice: “Este pequeño virus puede causar que la gente se comporte de la mejor y de la peor manera”. Esta afirmación, tan cierta para estos tiempos, con la “guerra de las vacunas”, lamentablemente se está convirtiendo en el peor comportamiento de determinados Estados, entidades financieras y grandes empresas farmacéuticas y del mundo de la biotecnología.

En los momentos más difíciles de la pandemia nos prometimos más solidaridad y equidad, manifestamos que la vida de la humanidad nos preocupaba, pero hoy, cuando todavía está presente el COVID-19, muchos compromisos parecen quedar solo en promesas. Nos alegramos porque en un año se desarrollaron varias vacunas pero inmediatamente, en medio de nuestras esperanzas, aparecen grandes preocupaciones como la producción insuficiente, acaparamiento, lucro y fundamentalmente porque las vacunas se convierten en mercancía del mundo capitalista, dejando de lado su principal objetivo: “salvar vidas”.

Distintas informaciones publicadas recientemente, aunque con cierto grado de confidencialidad, señalan que en 2021 se fabricarían cerca de 3.000 millones de dosis, lo que apenas alcanzará a poco más de un tercio de la población mundial; si se considera que se requiere vacunar al 70% de la población global, única manera de derrotar la pandemia, la producción es insuficiente, además que está concentrada en pocas empresas y países cuando existe capacidad instalada en varios Estados de la mayoría de los continentes.

El acaparamiento de vacunas por parte de los países ricos también es evidente y trae consigo otras consecuencias. Existen países que dispondrán de vacunas en una cantidad mayor a la requerida, en algunos casos hasta seis veces más de lo que necesitan para enfrentar la crisis sanitaria. Hasta el presente, se calcula que los 10 países más ricos han aplicado el 76% de todas las vacunas producidas a nivel mundial, mientras que los habitantes de 130 países no recibieron dosis alguna. ¿Qué explica todo esto? Mucho antes de la conclusión del periodo de pruebas, los países de mayores ingresos compraron grandes cantidades de vacunas por medio de contratos secretos. La demanda de antígenos ha crecido y el mercado tiende a encarecer el precio de las vacunas.

Se ha generado otra forma de exclusión y desigualdad entre países ricos y pobres y lo que es peor, así no se erradicará la pandemia en todo el mundo. Que no exista vacuna para todo el planeta es similar a apagar el incendio de solo un piso cuando todo el edificio está en llamas. Aparece una sutil diferenciación entre los países vacunados y no vacunados, lo que se ha convertido en el “apartheid de las vacunas”. Por otro lado, el control del mercado de las vacunas comienza a acentuar las diferencias o cercanías ideológicas y políticas entre los Estados y un estilo de diplomacia con fines geopolíticos en el que se intercambian favores políticos, restricciones sanitarias, ventajas comerciales y fundamentalmente acentúan las asimetrías.

Ante esta difícil situación se ha generado un movimiento mundial que está luchando para que las vacunas lleguen a todo el mundo. Así, con el propósito de garantizar un acceso justo y equitativo a las vacunas para al menos el 20% de la población de todos los países del mundo, la OMS y la Alianza GAVI para las Vacunas y la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias (CEPI) decidieron impulsar un acuerdo global denominado COVAX, situación que cada vez más parece que no se consumará por el incumplimiento de compromisos de los países de mayores ingresos. Por su parte, la India y Sudáfrica, 100 países y otras 370 organizaciones internacionales, así como la campaña global “Por una vacuna del pueblo”, solicitaron levantar las patentes, compartir libre y abiertamente el conocimiento tecnológico, no permitir la especulación durante la pandemia y anteponer la vida de las personas a los monopolios empresariales.

No hay respuestas favorables y la pandemia nos sigue afectando. Los caminos que tomamos para controlar el virus se están esfumando. Tenemos que contribuir a cambiar esta historia y hacer que las vacunas se conviertan en un bien público, accesible de manera equitativa para toda la humanidad. ¡Es tiempo de defender la vida!, ¡Vacunas para todo el mundo!, ¡Liberalización de las patentes de las vacunas!

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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¿Privatización de la educación en pandemia?

/ 2 de abril de 2021 / 03:25

“Los desastres naturales, las guerras, las crisis económicas y ahora las pandemias —y sus consecuencias— se caracterizan por el ‘capitalismo del desastre’,… durante el ‘shock’ que supone lidiar con la crisis, el sector privado suele dar un paso al frente con ‘soluciones’ de mercado calculadas y gratuitas para resolver ‘problemas’ públicos aparentemente irresolubles… estas soluciones a menudo explotan y exacerban las desigualdades existentes y se sustentan en los intereses del sector privado: obtener beneficios y maximizar el valor para los accionistas”, comienza señalando el informe de la investigación La comercialización y la privatización en y de la educación en el contexto de la COVID-19, realizada en 2020 por encargo de la Internacional de la Educación, Federación internacional de sindicatos de docentes y trabajadoras/es de la educación, con el objetivo de “catalogar las poderosas redes de agentes y coaliciones comerciales de las tecnologías de la educación que se están uniendo para determinar cómo deben responder los sistemas educativos a la pandemia de COVID-19.”

Pero, ¿cuál la importancia de la investigación? El COVID-19 afectó a los sistemas educativos del mundo y puso de moda a la educación virtual, las tecnologías de la educación y la intervención de las organizaciones transnacionales de la industria de estos rubros se han convertido en componente fundamental de las políticas educativas.

Coincidentemente, en Bolivia, gestión 2020, los responsables del Ministerio de Educación anunciaron que la educación virtual “modernizará la educación” y que los acuerdos con empresas transnacionales como Google y Microsoft ayudarán a mejorar la educación. En ese contexto, sin dejar de reconocer las virtudes de la tecnología ni los posibles aportes de las empresas, por un acto de soberanía y pertinencia es necesario conocer y evaluar “la otra cara” de la educación virtual, principalmente, del rol asumido por la industria de las tecnologías de la educación, esa precisamente la importancia de la investigación cuyos resultados, en resumen, son los siguientes:

1) La industria mundial de la educación, privadas y comerciales, a menudo ha marcado la agenda educativa, ofertado soluciones técnicas a los gobiernos y abogado por reformas a largo plazo que supondrían la integración de empresas tecnológicas privadas en los sistemas educativos públicos tanto durante el COVID-19 como a posteriori. 2) Se han generado alianzas público-privadas que permiten a los proveedores comerciales de tecnologías de la educación un mayor protagonismo de sus productos, así como animar a escuelas, docentes, padres y madres a usarlos. Así se incrementa la importancia del sector privado en la regulación y prestación de servicios educativos. 3) La filantropía, como la de la Fundación Gates, está reinventando la educación al amparo de la pandemia y cobrando autoridad en estas gestiones. Dedica fondos multimillonarios a diversos programas de tecnologías de la educación para consolidar la intervención a largo plazo del sector privado y la tecnología comercial en la educación pública. 4) Se está creando un mercado para las tecnologías de la educación, el COVID-19 se constituye en un catalizador para capitalizar el repentino auge del uso de las tecnologías en la educación. 5) Las grandes corporaciones tecnológicas multinacionales, como Google, Microsoft y Amazon, ante el crecimiento de la demanda de sus productos y servicios han integrado a estudiantes, docentes y escuelas en sus plataformas educativas en línea y sus sistemas en la nube, aumentando las posibilidades de que las instituciones educativas públicas dependan a largo plazo de la infraestructura tecnológica privada. 6) Las empresas han incrementado su capacidad para proporcionar una educación personalizada cuando no hay docentes; además, han usado tecnologías de vigilancia del alumnado para controlar la asistencia virtual a clase, evaluar el bienestar y aprendizaje socio-emocional.

Bienvenido el aporte de la tecnología educativa y de las empresas de este rubro, sin embargo, debe quedar establecido que la definición de políticas educativas es atribución del Estado, que debe haber transferencias de tecnología y que lo identificado en la investigación es un llamado a entender riesgos de privatización de la educación y pérdida de soberanía. Aprendamos a mirar el trasfondo de estas acciones, las alertas están planteadas.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Educación para la diversidad

/ 19 de marzo de 2021 / 07:21

A fuerza de repetir y crear costumbre, en el imaginario de gran parte de la población ha quedado instalado el supuesto “educación es lo mismo que escuela”; para ser precisos, se asume de manera equivocada que educación es sinónimo de escolarización. La escuela, la institucionalidad de la escolarización, es aquel centro donde se imparte enseñanza en distintos niveles: preescolar, primario, secundario y superior/ universitario; en ella interactúan el currículo pre-establecido, docentes, estudiantes, infraestructura, mobiliario, reglamentos, planes, etc. La educación es mucho más que escuela, basta decir que se desarrolla en el mundo del llamado Sistema Educativo y mucho más fuera de él — comunidad, barrio, medios de comunicación social, centros productivos, redes sociales, etc.—, en la vida misma.

Con esta perspectiva, la normativa vigente en Bolivia reconoce la necesidad de mirar más allá de la educación formal, regular o escolarizada. La propia Constitución Política del Estado asume esa situación; en el artículo 90, parágrafo III, determina: “El Estado, a través del sistema educativo, promoverá la creación y organización de programas educativos a distancia y populares no escolarizados, con el objetivo de elevar el nivel cultural y desarrollar la conciencia plurinacional del pueblo.” Por esa misma razón, la Ley de la Educación Nro. 70 “Avelino Siñani – Elizardo Pérez”, en el artículo 3, inciso 11, referente a las bases de la educación establece: “Es educación de la vida y en la vida, para Vivir Bien”, mientras que ambas normas determinan como mandato constitucional que: “El Estado y la sociedad tienen tuición plena sobre el sistema educativo, que comprende la educación regular, la alternativa y especial, y la educación superior de formación profesional. El sistema educativo desarrolla sus procesos sobre la base de criterios de armonía y coordinación.”

Así, en la práctica, principalmente en la última década, por sus políticas públicas, propósitos y cobertura de acción, el Ministerio de Educación deja de ser el Ministerio de la Escuela; se crea una estructura organizativa que a nivel nacional comprende tres viceministerios, uno de ellos, el de Educación Alternativa y Especial y a nivel departamental tres subdirecciones; y, lo que es más significativo, se abren o fortalecen oportunidades educativas pertinentes para la diversidad de la población: Educación para personas con discapacidad; Educación para estudiantes con talento extraordinario y dificultades en el aprendizaje; Educación en casa para niñas, niños y jóvenes que por su discapacidad grave o muy grave no pueden asistir a las instituciones educativas; Educación para personas en contexto de encierro; Educación para jóvenes que prestan su servicio militar; Educación para trabajadoras asalariadas del hogar; Educación para niñas/os que se encuentran internados en hospitales; Educación para poblaciones en zonas de ribera, fronteras y en situación de cautiverio; Educación para productoras/es, trabajadoras/es, organizaciones sociales, comunitarias y productivas; Educación Alternativa para poblaciones migrantes; Certificación de competencias para personas que desarrollan capacidades en la práctica; Alfabetización y posalfabetización; Educación para personas jóvenes y adultas, etc., son fiel testimonio de las políticas sociales-educativas de carácter democrático, inclusivo y plural.

Distintos grupos sociales que, en épocas pasadas, fueron marginados, poco atendidos o ignorados en su necesidad de contar con una educación que asegure la continuidad de sus estudios y la solución concreta de sus expectativas de formación encuentran importantes oportunidades educativas. La educación para la diversidad es la reivindicación de la dignidad de estas poblaciones y es un acto de equidad y justicia social, es reconocer y garantizar el derecho a la educación a lo largo y ancho de la vida, es decir, en cualquier periodo de edad y de respuesta a la diversidad, con un principio fundamental: pertinencia social y cultural.

La práctica también nos muestra una constante lucha entre el olvido, el menoscabo y la valoración de estas formas de educación. En tiempos de pandemia en los cuales se trabaja para que niñas/os y jóvenes tengan procesos educativos en las mejores condiciones, también es de justicia social y un derecho fortalecer la educación para la diversidad. Es de esperar que la educación no se reduzca a solo al concepto tradicional de escuela.

  Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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De los ‘megas’ al colonialismo de datos

/ 19 de febrero de 2021 / 00:41

“Al fin tengo megas”, palabras tan comunes en tiempos de pandemia que traen consigo variados e insospechados significados e implicancias. En principio, la posesión de unos megas, por lo tanto la posibilidad de conexión por medio digital, se ha convertido en un indicador de desigualdad social; mientras unos ciudadanos pueden acceder y producir bienes culturales compartidos a escala global, otros son marginados, ampliando la “brecha participativa política” y limitando las condiciones de vida, expresiones de la pobreza del siglo XXI.

En la vida diaria, el acceso a la tecnología digital ha generado nuevos imaginarios que configuran el modo de vivir y pensar de muchas personas. Por ejemplo, en medio de todo esto se encuentran personas cuya razón de vida es convertirse en influencers, TikTokers o youtubers; directivos y profesionales del sector de educación que aseguran que la educación, al convertirse en virtual, se modernizará y será mejor automáticamente; personas que abiertamente prefieren que la comunicación virtual se realice mediante textos cortos y “mejor si tiene imágenes”, etc. Es más, si están conectados a Google, Facebook u otras aplicaciones se encuentran con sorpresas; por ejemplo, sin haberlo solicitado les llega una recopilación de las noticias o un conjunto de publicidad relacionadas a sus anteriores búsquedas; un resumen de las principales imágenes que colgaron en las secciones “Noticias” y “Tu historia”, así como un resumen de referencias de todos los lugares que visitaron en el mes precedente. ¿Alguien sabe qué noticias son de su preferencia, conoce qué buscan en lo comercial y se encarga de resumir lo que cuelgan en las redes sociales?, ¿usted solicitó o, al menos, autorizó “que le hagan este trabajo”? En palabras de común uso se diría, al parecer “alguien nos tiene chequeados y entra a nuestra vida sin permiso”.

Estos ejemplos son expresiones de la transición entre la tercera y cuarta revolución industrial que vivimos en el planeta. “… la tercera revolución se masificó cuando se desarrolló la informática en las industrias, la programación en el modo de producción y se incorporó la robótica al ensamblaje de mercancía. La cuarta revolución industrial implica la integración de la inteligencia artificial, informática, análisis de metadatos, reconocimiento biométrico, biología digital, conexión 5G y 6G, internet de las cosas y robótica de cuarta generación en los procesos industriales y la cotidianidad…” (Bonilla Luis, 2020) Entonces, nos referimos a un fenómeno que paulatinamente está ingresando a nuestra cotidianidad y que modifica radicalmente el reordenamiento de la sociabilidad, producción, consumo, democracia, trabajo, política, cultura y educación.

Aún más, en el último tiempo como producto de la pandemia del COVID-19, la irrupción de la cuarta revolución industrial se ha acelerado. Entre otros aspectos, se ha dado mayor apertura al teletrabajo, la telemedicina, el comercio electrónico (recuerden los ahora famosos delivery), las transacciones financieras digitales, educación virtual, etc. Pero no solo eso, sino que “Estamos entrando a una era colonial nueva, la era del colonialismo de datos” (Harari Yuval, 2021) que supone: “La captura y el procesamiento de datos sociales se efectúan a través de un proceso que llamamos relaciones de datos, lo que garantiza la conversión ‘natural’ de la vida diaria en un flujo de datos digitales. El resultado es nada menos que un nuevo orden social, basado en una vigilancia continua que ofrece oportunidades sin precedentes para la discriminación social y la influencia del comportamiento.” (Mejías Ulises y Couldry Nick, 2019)

Dejemos claro, alertar sobre estos temas no supone negar los avances y aportes de la tecnología, es hacernos conscientes de la situación, actuar éticamente y ser coherentes con la naturaleza propia de las y los seres humanos. La tecnología de la cuarta revolución industrial será bienvenida mientras se constituya en un bien público y sea parte de la soberanía de los Estados. En el campo específico de la educación será válido si contribuye a la asunción crítica y reflexiva de los nuevos tiempos históricos. Como dice Paulo Freire, “es la conciencia del mundo la que crea mi conciencia”, para complementar desde la opción ética: “el mundo se salva si todos, en términos políticos, peleamos para salvarlo.”

No había sido tan inocente ni simple la expresión “tengo megas”… algo tenemos que hacer.

  Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Pandemia, cuarta revolución industrial y educación

/ 5 de febrero de 2021 / 00:55

Con el fin de evitar la propagación y mitigar el impacto del COVID-19, en el mundo se ha dado lugar al cierre masivo de las clases presenciales en más de 190 países, afectando a más de 1.200 millones de estudiantes de todos los niveles de enseñanza (UNESCO, 2020). Es así como la educación a distancia, principalmente en línea (educación virtual), se ha convertido en la principal alternativa para garantizar la continuidad de las actividades educativas. En ese contexto, la educación virtual es el tema de moda del periodo actual; maestros, estudiantes y familias solicitan directrices sobre cómo se desarrollará y piden condiciones materiales como internet universal, dotación de plataformas y aplicaciones, así como de equipos. El debate parece ser solo un asunto de entrega y uso de equipos, medios e instrumentos y de claridad en métodos, sin caer en cuenta que en el planeta se intenta adecuar a intencionalidades no explícitas. Por un lado, prevalece el sentido común del cambio o al menos adecuación de la educación, y por otro, la disputa entre el capitalismo cognitivo (“proceso por el cual el conocimiento es privatizado y mercantilizado con el fin de generar ganancias para el capital”, Restakis John, 2014) que exige la adecuación funcional de la educación a los cambios tecnológicos del siglo XXI y el pensamiento crítico que da prioridad a la pertinencia y carácter transformador de la educación.

Es cierto que hay que procurar una buena aplicación de la educación virtual por la emergencia, pero también hay que tener en cuenta alertas como las enunciadas en la Declaración del Congreso Mundial en defensa de la educación pública y contra el neoliberalismo educativo realizado el 25, 26 y 27 de septiembre de 2020: “Con lo que respecta a educación, la pandemia del COVID-19 ha servido de pretexto para avanzar en la agenda neoliberal de sociedad educadora, la cual se concreta con novedosas formas de privatización educativa, asociadas al acceso a la conexión a internet y la posesión de equipos para participar en las clases remotas y virtuales. El experimento de la virtualidad en casa está siendo usado para colocar una disputa que no existía en febrero de 2020, entre educación presencial en la escuela versus educación virtual en casa. El capitalismo sabe que no puede suprimir de manera impune y rápida las escuelas, pero está creando el imaginario social sobre la obsolescencia de lo escolar. Con ello procura dar entrada a las corporaciones tecnológicas y de contenidos educativos digitales al ‘mercado educativo’, lo cual va acompañado de una desinversión sostenida en la actualización y formación docente para contextos digitales como el actual.” El coronavirus ha impactado en la educación con la acelerada incorporación de la innovación tecnológica, en el marco de la irrupción de la cuarta revolución industrial y un capitalismo remozado, “…estamos a la puerta de un nuevo modo de vivir y convivir, de trabajar y consumir, de aprender y estudiar, de amar y juntarnos, de reproducirnos e integrarnos, de participar y ser gobernados. El COVID-19 ha sido usado como la puerta de entrada masiva a nuestra cotidianidad de las dinámicas virtuales y digitales que caracterizan a la cuarta revolución industrial.” (Bonilla Luis, 2020).

Por esas razones, a tiempo de buscar una buena implementación de la educación virtual, se tiene que preservar: a) Que se garantice la pertinencia y calidad de la educación pública ante cualquier posibilidad de privatización y mercantilización; b) La validez, permanencia y aplicación, apenas se den las condiciones de bioseguridad, de la educación presencial, la educación virtual debe aplicarse a plenitud cuando existe emergencia sanitaria y de manera complementaria en tiempos de “normalidad”; c) Que las responsabilidades de las instancias estatales no se trasladen a las familias y maestros como una forma disimulada de “neo privatización educativa”, garantizando el derecho a la educación del conjunto de la población; d) La soberanía de la tecnología, bienvenidos los aportes de las corporaciones del sector de la tecnología pero no pueden convertirse en rectoras de la educación y menos anular la educación presencial y vivencial.

Para no caer en ingenuas apreciaciones que pueden dar lugar a pretensiones políticas que quieren convertir a la educación en un capital hay mucho por debatir, además de elaborar propuestas desde el pensamiento crítico.

        Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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