Voces

viernes 7 may 2021 | Actualizado a 10:20

Industrialización y sustitución de importaciones

Es economista.

/ 26 de abril de 2021 / 01:42

Es un hecho reconocido que el proceso de desarrollo económico y el proceso de industrialización fueron y serán un proceso singular en cada país. Como constatación de este hecho, el desarrollo de Inglaterra fue muy diferente al de Francia y Alemania.

En América Latina la situación es parecida. Remitiéndonos a los primeros decenios del siglo pasado, tuvimos el modelo de desarrollo hacia afuera y aproximadamente en la década de los 40 se fue agotando, precipitado por la Segunda Guerra Mundial. Sus consecuencias fueron desastrosas, agravando las condiciones de importaciones y exportaciones de materias primas e interrumpiendo el flujo internacional de financiamiento externo. En ese contexto, la sustitución de importaciones surgió como una necesidad para restituir los equilibrios macroeconómicos y no como aplicación sistemática de un modelo determinado.

La crisis de 1929 redujo ostensiblemente los niveles de importación, y la Segunda Guerra Mundial trajo una disminución de la producción industrial en EEUU y Europa, enfrascados en la contienda. Entonces surgió la oportunidad de América Latina para desarrollarse, ya que sería el proveedor de alimentos, materias primas y bienes manufacturados; pero en 1947 se alzaron las barreras proteccionistas en Estados Unidos y otros países, y esta estrategia orientada a las exportaciones no estaba ya abierta para Latinoamérica. En la medida que el modelo hacia afuera dejó de cumplir el papel protagónico, se crearon impulsos en función de “nuevas” fuerzas económicas, sociales y políticas que presionaron para que el Estado adopte políticas que activen el crecimiento mediante la industrialización.

El modelo de sustitución de importaciones es un proceso que sustituye las importaciones que serán producidas por la industria nacional, también llamado “industrialización por sustitución de importaciones” (ISI). En su primera versión estuvo basada en un secular deterioro de la relación de precios de intercambio, que luego se reemplazó por una versión basada en el diferencial de elasticidades-ingreso y elasticidadesprecio, que consiste que en cada etapa, las mediciones de ambas elasticidades indican cómo avanza el proceso y las acciones de política que se deben implementar (la elasticidad es una medida que muestra el grado de respuesta, o elasticidad, de la cantidad demandada de un bien a los cambios en el precio —o ingreso— de dicho bien).

La ISI es un proceso sistemático no exento de problemas y pugnas políticas y sociales, que tiene su base en lo económico. Se distinguen dos etapas (aunque cuando se aplicó a diferentes países fueron más de dos). La inicial fue la sustitución de bienes de consumo masivo no duraderos e insumos básicos con protección aduanera y abastecimiento externo permanente de bienes de consumo duradero, insumos complejos y bienes de capital. La segunda es la sustitución de bienes de consumo duraderos, insumos complejos y bienes de capital, basada en las exportaciones más que en la demanda interna. Cuando avanza el proceso de industrialización surge la necesidad de instalar determinadas industrias básicas, como la siderurgia. Estas dos etapas no son inmodificables, “(e)sto depende de tres elementos: 1) del tamaño del mercado interno; 2) la capacidad de las industrias establecidas inicialmente de absorber aranceles en insumos y maquinaria importados; y, 3) el éxito en el cambio a la exportación de mercancías”. La CEPAL argumentó que la única forma de acelerar el crecimiento en América Latina era reduciendo el contenido de importaciones de la oferta total (que está compuesta por la producción nacional y las importaciones).

Una vez definida y caracterizada la ISI, un aspecto que es preciso reflexionar se refiere a la ausencia de una ideología industrialista, que es una debilidad en América Latina y en Bolivia, y que lo apreciamos cuando la ISI, inicialmente, fue puesta en práctica y, luego, se construyó la teoría o, si se quiere, la ideología industrialista; si bien son muchos los factores que influyen en el desarrollo económico y en la industrialización es indispensable contar con el deseo de ganar y no solo la obtención de ganancia y menos, aún, la búsqueda de renta.

Para una teoría del desarrollo es necesario la existencia de una clase social con poderío económico. Por lo que la teoría se constituye en el elemento ideológico que, diseminada en toda la sociedad, se constituya en el elemento que guíe las acciones de un proceso de desarrollo. Una clase social, como en Francia, que “armada” de una teoría arrastre a la sociedad en su conjunto. Para iniciar una teorización del desarrollo económico es indispensable tener presentes las condiciones nacionales singulares de la forma cómo interactúan la producción, la distribución, el intercambio y el consumo.

 Efraín Huanca Quisbert es economista.

Comparte y opina:

Inversión pública 2020, una muerte anunciada

/ 6 de febrero de 2021 / 02:14

La inversión pública es un instrumento que permite dinamizar el aparato productivo de cualquier sistema económico, pero, a pesar de esa vitalidad, su importancia puede ser relativizada, porque ocurre que cuando no se le da la importancia y la dirección correctas tiene consecuencias desastrosas para el conjunto no solo de la economía sino de la sociedad en su conjunto. Esto mismo ocurrió en 2019 durante el periodo del gobierno de transición de Áñez. El gobierno constitucional de Evo Morales programó una inversión pública de $us 5.300 millones de los cuales fueron ejecutados $us 3.700 millones, es decir una ejecución de 70,8%. Y este año se dio un hecho inusual ya que “la inversión pública entre enero y octubre de 2019 se ejecutaba en promedio de $us 327 millones mensuales, equivalente a 82% de lo programado; pero el Gobierno de facto paralizó la ejecución en el período de noviembre y diciembre de 2019 a un promedio de ejecución mensual de $us 249 millones, equivalente a solo un 38% de ejecución según la programación” (Ministerio de la Presidencia, Informe de Gestión 2020, enero de 2021). Lo que mostraba ya una disminución profunda de la inversión pública.

En 2020, el gobierno de facto mostraba ya signos de que el modelo que debía tomar el país tenía que ser el modelo neoliberal y orientó las acciones en ese sentido. Este hecho estaba guiado por una ceguera de lo que ocurría tanto a nivel externo como a nivel nacional. Craso error. Inmediatamente sobrevino la pandemia y la obligatoriedad del confinamiento. Otro error. Porque el conjunto de la actividad económica se paralizó. Para la inversión pública la paralización de la actividad de la construcción fue de lo más nefasto, entre marzo y abril los porcentajes de ejecución fueron cercanos a cero. Al unísono se tomaban medidas equivocadas como la promulgación el DS 4205 de abril de 2020, con el cual se “reorientó Bs 232 millones de inversión pública para financiar actividades de gasto corriente; asimismo, se aprobó un Reglamento Básico de Pre-Inversión no acorde a la realidad nacional” (Ministerio de la Presidencia, ídem); también se conformaron “cuatro mesas de trabajo” que buscaban al sector privado como impulsor de proyectos nacionales en cuatro ámbitos de la construcción: el sector aeronáutico, carretero, habitacional y de infraestructura, que formaban parte de una plan amplio donde se pretendía crear 600.000 empleos nuevos directos e indirectos. Y un mes más tarde, se promulgó el DS 4272, denominado Programa Nacional de Reactivación del Empleo, que buscaba reactivar la alicaída economía nacional con un claro sesgo hacia el sector financiero, puesto que la casi totalidad de los recursos para la reactivación fueron canalizados hacia el sistema de intermediación financiera bajo el supuesto de que los prestarían a las empresas; claramente fue una medida dirigida hacia el sector privado y a las grandes empresas con un abandono explícito de la inversión pública.

Estas medidas consideradas en conjunto significaban políticas para el mediano plazo que perseguían una restauración neoliberal, pero lo que reclamaba el corto plazo eran medidas inmediatas que permitan que la oferta interna reaccione rápidamente y se generen empleos nuevos. Sin embargo, se legislaba para el mediano plazo buscando resultados de corto plazo, lo que condujo, inevitablemente, al desastroso nivel de ejecución de la inversión pública del 40,2%, es decir se ejecutó tan solo $us 1.800 millones de los $us 4.400 millones programados.   

Efraín Huanca Quisbert es economista.

Comparte y opina:

Materias primas e intereses geopolíticos

El precio de las materias primas no se fija en un mercado de competencia perfecta, donde existen innumerables compradores y vendedores, sino que a estas alturas del desarrollo del capitalismo monopólico existen cárteles y fuerzas grupales que fijan los precios en el mercado.

/ 9 de mayo de 2016 / 04:06

La situación no es muy clara al momento de estudiar lo que sucede en la totalidad de la economía mundial; diversas fuerzas tienen su respectiva influencia para direccionarla. Partiremos de dos hechos inobjetables: primero, desde hace varias décadas el planeta se conformó en dos bloques contrarios: uno, de los países desarrollados y, dos, de los países de mercados emergentes y en desarrollo (y otro grupo de países exportadores de materias primas de ingreso bajo); segundo: la producción de los países emergentes y en desarrollo constituyó más del 70% de la producción total del planeta. Los datos, para 2014, dicen que la participación de Estados Unidos en el total de la producción mundial fue de 16,3% y la de China, 16,5%.

China se constituye, por tanto, en la primera potencia económica del planeta. De esta manera, a pesar de su heterogeneidad estructural, ambos grupos de países forman una unidad, y buscan, a su modo, lograr hegemonía planetaria; y, al considerar la división internacional del trabajo, donde la producción industrial tiene su base en la producción de materias primas, ahora los anteriores productores de materias primas disputan dicha hegemonía planetaria.

DESARROLLADOS. Las economías desarrolladas hoy tienen un crecimiento moderado, cercano a 1,8%, que arrastra el legado que le dejó la crisis financiera de 2008; cabe indicar que el crecimiento potencial de estas economías ya estaba disminuyendo antes de la actual crisis, debido a tres factores: una demanda agregada insuficiente como para absorber la producción cuya potencialidad es cada vez mayor; un debilitamiento de la inversión —lo que ellos entienden como el debilitamiento del crecimiento del capital—; y, un envejecimiento de la población, lo que lleva a que una menor parte de ésta se incorpora a la producción que genera valor, con la consecuencia inevitable de una disminución de la productividad de los factores, es decir, no existe disminución en la cantidad de trabajo objetivado en la producción de bienes. Lo que conlleva el riesgo de estancamiento secular y cierto deterioro en las condiciones financieras externas en todo el planeta.

La situación en las economías emergentes no es de las mejores, pues el envejecimiento de la población, la disminución del capital y el menor ritmo de la productividad total de los factores conducen a que su producto potencial se reduzca en el futuro. Lo más preocupante es que tienen la capacidad de “mover el mundo”, ya que generan más del 70% de la producción mundial; de ser la locomotora de la producción mundial, se encuentran en una caída desde hace cinco años atrás, que es explicada porque la meta de China es mantener tasas más bajas de crecimiento a medida que el país busca reequilibrar su economía, impulsada anteriormente por la exportación de mercancías y la inversión hacia un modelo más enfocado hacia su interior basado en el consumo. Esto hace, a su vez, que el conjunto de los países emergentes y en desarrollo y los países exportadores de materias primas de bajo ingreso tengan un estancamiento y/o disminución de su producto.

Como conclusión tenemos que se crea un ambiente externo ya no tan propicio para el comercio mundial y la generación de un ambiente menos benigno para la economía mundial.

En este maremagnum de hechos, como telón de fondo, existe una disputa que tiene a Estados Unidos y a China confrontados por la hegemonía mundial. Estados Unidos generó déficits gemelos (balanza de pagos y fiscal) que no le permiten sostener dos frentes de conflictos mundiales de envergadura, en el medio oriente y con China, por lo que realiza una retirada de medio oriente y decide ir tras China y contener el empuje de la economía de este país; pero debe abastecerse de petróleo, lo cual hace disminuyendo su precio, aumentando la producción de petróleo no convencional o fracking, con lo cual incluso Estados Unidos son exportadores del energético. Esta producción no convencional es apoyada por el Gobierno estadounidense porque subvencionó de manera intensa la investigación en tecnologías alternativas de producción de petróleo para no depender de la OPEP.

PRODUCCIÓN. También es innegable que este grupo de productores de fracking está endeudado y que si quiebra pone en riesgo al sector financiero, por lo que el Gobierno de Estados Unidos debe cuidar este flanco. Ante este hecho, la OPEP aumenta la producción. Arabia Saudita es el mayor productor mundial de petróleo, con esta decisión cuida sus objetivos geopolíticos en la región, porque no le conviene que Estados Unidos se retire de este territorio, por lo que busca deprimir el precio con el objetivo de quebrar la producción de esquisto. El resultado es que Estados Unidos tiene almacenada una gran cantidad de petróleo, lo que le permite mirar el objetivo llamado China. Por esa razón, los precios de las materias primas no se fijan en un mercado de competencia perfecta, donde existen innumerables compradores y vendedores, sino que a estas alturas del desarrollo del capitalismo monopólico existen cárteles y/o fuerzas grupales que fijan los precios en el mercado; además, en la fijación del precio del petróleo hay una cadena desde la producción, el sistema financiero y el mercado bursátil que fijan los precios, es decir, que cuando no se puede ganar en el sector real de la economía se lo puede hacer en la esfera de la especulación financiera.

Entonces, la fijación de los precios de las materias primas se encuentra en este escenario de juegos de poder, de los movimientos que tienen intereses geopolíticos, por lo que la estabilización de estos precios se dará en forma lenta, una vez que los intereses geopolíticos se equilibren, por lo que se dice que lo peor aún está por venir.

Comparte y opina:

Estructura de mercado y su rol en el crecimiento económico

A partir de 1985 el sistema bancario creció a tasas altas hasta 1988 y, luego, a partir de 1999 tuvo disminuciones que posteriormente se revirtieron en crecimientos entre 2005 y la fecha.

/ 21 de abril de 2013 / 04:01

En el modo de producción capitalista, para que la producción sea viable, tiene que cumplir dos condiciones: uno, desde el punto individual, debe generar una ganancia y, dos, desde el punto de vista social, tiene que generar los medios y las condiciones para su reproducción colectiva, lo que le permitirá estar necesariamente articulado dentro de la división del trabajo social en el sistema económico y cumplir una función social. 

Esta producción es hecha por una gran cantidad de productores privados sin un plan regulador, en la que el cambio comercial es el único nexo social que los vincula. Al no contar con una planificación, el único elemento que guía sus acciones es la experiencia pasada individual en base a los precios que refleja la escasez y el exceso de mercancías existentes en el mercado. Sin embargo, esta forma de organizar la producción no tiene elementos de síntesis social. 

Todas estas premisas fueron aplicadas en Bolivia a partir de 1985, privilegiando el mercado y no precisamente la producción, lo cual originó cambios profundos en la estructura productiva de la economía. Asimismo, se otorgó una serie de privilegios al funcionamiento y a la especulación del sistema financiero, en detrimento de la dureza de las medidas para el pueblo y la clase trabajadora.

Estos hechos fortalecieron al sistema bancario, pues, a partir de ese año, el sistema bancario creció a tasas altas hasta 1988 y, luego, a partir de 1999 tuvo disminuciones que posteriormente se revirtieron en crecimientos entre 2005 y la fecha. 

El conjunto de la producción está compuesta por la producción de bienes materiales y por el mercado o la circulación de las mercancías, en el que el sector financiero es uno de los principales protagonistas debido a que proporciona el dinero que permite que circulen las mercancías y lleguen a manos de los consumidores. Estos dos aspectos de la producción, en el sistema capitalista, son imprescindibles. Además, cada uno no puede existir sin el otro.

Ahora bien, este mercado capitalista es una abstracción que tiene su forma de existencia en mercados concretos que cuentan con su propia estructura. Tenemos, por ejemplo, la competencia perfecta, el monopolio, la competencia monopolística, el oligopolio, etc. Un mercado de competencia perfecta es el que asigna eficientemente los recursos con un menor precio y mayor producción que en otros mercados no competitivos. En un mercado competitivo existe una gran cantidad de productores y vendedores, y el precio se fija en el mercado; aquí, ningún agente económico tiene poder para modificar el precio. En un mercado que no corresponde a esta naturaleza, los precios (en el sistema bancario, tasas de interés) se fijan de manera diferente. 

La estructura de mercado del sistema bancario tuvo un punto de inflexión a partir de dos hechos fundamentales: i) la crisis económica de 1999, y ii) las diferentes medidas de política económica.

En un estudio realizado acerca de la estructura del mercado bancario en Bolivia publicado en la Revista de Análisis del Banco Central de Bolivia en 2009 (1), en la que se utilizan como variables dependientes los ingresos totales y los ingresos financieros, tenemos, para el periodo 1993-2007, una estructura de mercado que “de monopolio o de oligopolio colusivo” (2). Ahora, cuando se hace el estudio para el periodo 2000-2007, también tomando tanto los ingresos totales como los ingresos financieros, tenemos que “la nueva estructura de mercado imperante en el sistema bancario sería la de competencia monopolística” (3), a lo cual podemos añadir que esto implica una mayor competencia, lo que se refleja en un abanico de tasas de interés en las diferentes entidades bancarias. “Sin embargo, si se utiliza el precio unitario por trabajador como el precio de la mano de obra se obtuvo que al emplear a los ingresos financieros como variable dependiente se mantienen las conclusiones anteriores [competencia monopolística], pero al utilizar los ingresos totales existía evidencia de una estructura de mercado oligopólica […]” (4). En la década de los 90, en la Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas (UDAPE) se hizo otro estudio que consideró el periodo 1989-1992 en el que se encontró evidencia estadística que demuestra que la estructura de mercado del sistema bancario es de oligopolio (5). Entonces, por donde lo veamos, la estructura del sistema bancario no es de competencia perfecta.

Este hecho tiene una serie de implicancias muy importantes. Podemos citar algunas de ellas: i) la fijación del precio (en este caso de las tasas de interés tanto activas como pasivas, son determinadas en función de las ganancias extraordinarias que puedan obtener porque se fijan encima y debajo de lo que podrían ser en un mercado de competencia perfecta; ii) una tasa de interés activa alta es un desincentivo para los emprendimientos productivos y una tasa pasiva baja no es aliciente para generar ahorro, entonces, ambas tasas de interés se constituyen en una traba para el crecimiento económico; y iii) ésta es también la razón por la cual la transmisión de las señales de política monetaria hacia el mercado bancario y/o financiero sean débiles y no se llegue a encontrar la “sintonía fina” que se pretende encontrar entre ambas.

Entonces, tenemos que la inexistencia de correspondencia entre el ahorro generado por los diferentes agentes económicos y la inversión, debido a que las tasas de interés no son precisamente fijadas por una competencia perfecta sino por un mercado oligopólico que no busca el cumplimiento de su función, la de ser un intermediario financiero, sino exclusivamente la de satisfacer sus objetivos: una mayor ganancia. 

Todo esto origina distorsiones en la producción y genera un debilitamiento en el rol del sistema bancario en el proceso de desarrollo del país, por lo que se genera la necesidad de regulación y reencauzar la función del sector financiero hacia la provisión de intermediación de ahorro hacia la inversión productiva con tasas de interés que reflejen la realidad del país.

1. Esta parte está basada en: Díaz Quevedo, Óscar (2009): Estructura de mercado del sistema bancario boliviano, contenido en la Revista de Análisis Vol. 11 del Banco Central de Bolivia.

2. Idem, página 23

3. Idem, página 23

4. Idem, página 24. La frase entre corchetes es del autor.

5. Para más detalles ver: Ferrufino, Rubén (1993): Mercado Bancario Boliviano, contenido en la revista Análisis Económico Volumen 7 de UDAPE.

Comparte y opina: