Voces

lunes 27 sep 2021 | Actualizado a 21:46

Wiñayataki, Hugo Daniel Ruiz

/ 25 de julio de 2021 / 00:34

Posiblemente el nombre sea familiar para algunos y quizás no para otros. Hace pocos días nos dejó Don Hugo, como le decíamos. Aquí algunos rasgos biográficos de él. Nació en la ciudad de Sucre, el 5 de enero de 1937. Estudió artes plásticas en la Escuela de Bellas Artes de la Capital, con maestros como Jorge Imaná (dibujo) y Walter Solón Romero (pintura mural). Migró a la ciudad de La Paz donde se especializó en cerámica en la Escuela Municipal de Artesanías y Miniatura, bajo la guía de Jorge Medina y Manuel Iturri en 1969. Estudió etnografía en el Instituto Paul Coremans del Instituto Nacional de Antropología e Historia de la ciudad de México.

Es el gran profundizador del antiguo Museo de Artesanía y Arte Popular al Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef), logrando el apoyo y la dependencia del Banco Central de Bolivia desde 1974. Es el promotor del compromiso social ancestral y popular del museo en los años 80 y 90 del siglo XX.

Recuerdo a Don Hugo, siempre muy receptible a toda actividad cultural que se solicitaba. Bajo su dirección pasaron artistas consagrados y los nuevos que recién empezábamos a mostrar nuestras primeras armas. La visión del museo tradicional que solo guarda objetos viejos y muertos culturalmente, fue modificándose poco a poco. El gran mérito del Musef, a la cabeza de Hugo Ruiz, es percibir y recibir con gran entusiasmo a las generaciones del movimiento indianista y katarista, que al ver las puertas abiertas del espacio cultural, comenzaron a realizar varias actividades, desde foros, seminarios hasta congresos sobre la situación del colonialismo interno en el país. En un pequeño auditorio que albergaba casi 100 personas se debatieron muchas ideas sobre la transformación política, sobre todo desde los pueblos ancestrales.

Paralelamente, organizó la Reunión Anual de Etnología (RAE), que comenzó a cambiar la dinámica academicista y excluyente, acogiendo a una nueva generación de jóvenes cientistas sociales y humanísticos, muy comprometidos con los anhelos de los pueblos indígenas y populares del país.

En las décadas aludidas, el Musef contó entre sus profesionales a personalidades aymaras como el historiador Roberto Choque Canqui y el lingüista Juan de Dios Yapita. La élite intelectual conservadora del país empezó a calificar despectivamente al Musef como el “Museo de los indios”. No obstante, recibió el empuje de la comunidad científica internacional. Trabajaron en el Museo Martha Hardman, Tristán Platt, Nathan Wachtel y John V. Murra. Tuvo el apoyo de los andinistas Thierry Saignes, Olivia Harris, Kevin B. Healy, Brooke Larson, Patrice Lecoq y Hiroyasu Tomoeda, entre otros.

Don Hugo impulsó el estudio científico del uso tradicional de la coca en Bolivia, dirigido por William E. Carter y Mauricio Mamani, así como sobre las culturas ayoreode y chipaya, la historia oral del Salar de Uyuni, entre otras actividades destacables. Organizó una biblioteca especializada, para fortalecer la investigación en ciencias sociales. Recuerdo la exposición del pueblo chipaya y ayoreode, trabajada con los propios comunarios de los pueblos citados.

Abrió el Musef a artistas y creadores del arte popular, quienes no tenían cabida en las instituciones culturales de esa época. Recuerdo los Sábados Culturales, utilizando el patio del Musef, donde desfilaron no solo agrupaciones folklóricas, sino bandas de música que en esa época no merecían mayor atención.

Recuerdo que después del fallecimiento de José Flores El Jach’a, a fines de 1999, quien trabajó en la institución, me contó de algunos pormenores de las reuniones del movimiento anticolonial katarista e indianista, como que dejaron miles de horas grabadas y que hoy están en los archivos del Musef.

Hubiese sido muy grato hacerle el reconocimiento en vida a Don Hugo, lamentablemente los funcionarios del Estado no son ágiles en estas declaraciones. Hoy, la FCBCB tiene la oportunidad de reconocer cambiando el nombre del Musef por el de Museo de los Pueblos “Hugo Daniel Ruiz”, porque siempre se identificó como quechuahablante.

Mä jach’a jilïri qhichwa jilatawa wiñay markaparu sarawayxi. ¡Jallalla Tata Hugo Daniel!

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Identidad, fútbol, Farías y fracasos…

/ 19 de septiembre de 2021 / 01:15

Vivimos en un mundo globalizado y una sociedad del espectáculo. Los medios de comunicación son una herramienta gravitante en esta realidad porosa. La globalización, que no es más que la internacionalización de las actividades de las sociedades, desde lo económico, lo político, lo espiritual, lo social, etc., pero con sus inequidades y formas de colonialismo. Estos factores externos e internos coadyuvan para construir las identidades globalizadas e incluso las identidades nacionales. El fútbol se ha convertido en una de las actividades privadas e internacionalizadas que ayudan en esa construcción. A pesar de las consecuencias de la pandemia del COVID- 19, fue la actividad que volvió a la cuasi normalidad, porque genera mucho dinero.

También por la globalización y el espectáculo, el fútbol ha penetrado en los rincones más apartados del mundo. Particularmente en el caso nuestro, hoy se hace mucho deporte en los ayllus y comunidades más retirados de los centros urbanos.

A pesar de las prohibiciones y restricciones, es la actividad que desafió formas de jugar o de realizar partidos. Hay que recordar que fue en las canchas de barrios periurbanos donde muchos jóvenes desafiaron a las prohibiciones, realizando fútbol sin medidas de bioseguridad.

No es casual que en muchas provincias se organicen nuevamente actividades relámpago de fútbol entre provincias, cantones y comunidades. ¿Pero quiénes son los referentes, sobre todo para los niños/as y jóvenes? A nivel internacional, son los modelos como Messi, Ronaldo, Neymar Jr. y otros. A nivel nacional, indudablemente, los referentes son los clubes profesionales y la selección nacional.

Es interesante estudiar esta actividad tan rentada y preguntar ¿por qué y cómo nos hacen sentir parte de algún club o selección?, cuando en términos formales no son más que empresas privadas que usan el marketing para en-cubrir la supuesta pertenencia. En términos muy lógicos, una selección es una empresa privada porque los clubes son entes privados. La FIFA es una empresa transnacional que impone a los Estados para que no se metan en sus asuntos, razón por la que no pueden intervenir las federaciones nacionales y a los clubes.

A pesar de esta situación hegemónica, se acepta todo de la FIFA para no ser despojados de la representación internacional. Esta empresa privada del fútbol construyó una selección nacional, supuestamente representativa de todos, cuando en la realidad es una actividad de intereses de algunos grupos sociales. Pero, a pesar de esta situación, el fútbol coadyuva, quizás de forma determinante, en la construcción de la identidad nacional.

Hoy se dice “la selección boliviana es de todos”. En esta construcción identitaria, los niños y los jóvenes que crecen y sueñan con ser mejor representados por los seleccionados están cayendo en profundas frustraciones sociales. El fútbol boliviano atraviesa una profunda crisis. Hay que recordar los escándalos económicos de corrupción y hasta manipulaciones regionalistas, etc. En este escenario aparece un director técnico llamado César Farías, que hasta el momento demostró ser un gran p’ajp’aku o gran impostor, en lenguaje más sencillo, que convenció a incautos dirigentes para ser nombrado director. Aparte del jugoso sueldo que gana, hoy su dirección es totalmente cuestionada. Sabemos en qué posición está la selección boliviana dentro de las sudamericanas que disputan los partidos eliminatorios para ir al campeonato mundial.

No es casual que al señor Farías le digan “el vendehumos” y otro término más preciso nació hace pocos días, cuando él declaró que la selección luchará como los mineros. La respuesta del ciudadano común fue dedicarle una canción que se llama Juku-minero, es decir, ladrón de minerales, que es una analogía de “ladrón de sueños”.

Hace pocos días tuve la oportunidad de interactuar con jóvenes y su profunda tristeza por lo que le sucede a la selección. Son jóvenes especiales porque varios de ellos trabajan en Chile y Argentina. Uno de ellos me dijo “es tan humillante ver jugar a la selección que nuestra autoestima está por los suelos”. En términos sociológicos, lo único que ha hecho este señor Farías es afectar la autoestima de los jóvenes y la identidad boliviana, que también es nuestra identidad, de ser los peores. ¿Es culpa de Farías, es tropiezo de los mediocres jugadores, de los dirigentes? Para mí, es el fracaso de la empresa privada capitalista que se llama fútbol.

Uka anu q’uxtañ jaqixa Farias sutinixi, ma ipi jaqipi, ukhamaraki uka pilut mat’aqirinakaxa janiw sumakiti lurawinakapaxa.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Ausencias en el informe del GIEI

/ 5 de septiembre de 2021 / 00:55

El Informe sobre los hechos de violencia y vulneración de los derechos humanos ocurridos entre el 1 de septiembre y el 31 de diciembre de 2019, elaborado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y que fue presentado en pasados días al presidente Luis Arce, es digno de destacarse. Tiene 471 páginas y es accesible a los interesados, otro aspecto para resaltar.

Sin embargo, hay actuaciones, como de la prensa, que no están en el informe. ¿Cuál fue el papel de la prensa? No de los periodistas. El papel de los medios de comunicación en sus diferentes expresiones, de los empresarios de la comunicación. ¿Cuánto y cómo alentaron el conflicto? o ¿cuánto y cómo buscaron la pacificación? ¿Cuáles son esos medios de comunicación? ¿Cómo interpretar a la prensa televisiva que cada noche transmitía los cabildos desde Santa Cruz y La Paz, con amenazas y acciones concretas para derrocar a un gobierno constituido mediante votos? ¿La prensa actuó de manera independiente? En fin, son preguntas que me hubiese gustado se contemplen en el informe.

El GIEI, en sus recomendaciones, no observa el papel de la prensa en las sociedades contemporáneas; no analiza el rol de los medios de comunicación en época de conflictos sociales, no solo como informadores, sino también como actores políticos.

Llama la atención la siguiente frase: “El ataque contra la casa de Casimira Lema tiene señales de haber sido dirigido contra ella por sus labores profesionales, lo que ofende no solamente a su persona, sino que constituye una violación del derecho a la libertad de expresión. Tiene además un efecto amedrentador para otros periodistas, que busca silenciar voces disidentes” (página 109). ¿Por qué la bronca de la sociedad crítica contra la señora Lema y afines? Hay que recordar a los del GIEI que hace años la señora Lema fue parte de varias redes de televisión y desde esos espacios siempre fue muy contraria a los intereses de los sectores indígenas y populares del país. Fiel a esa línea conservadora, la señora, ya con otros periodistas del canal universitario de La Paz, alentaron y transmitieron en directo todas “las acciones heroicas de los pititas”, que fueron violencia y más violencia…

Hay otro tema, ¿cuál fue el papel de las universidades? Empezando del exrector de la UMSA Waldo Albarracín, la Universidad Católica, donde se cristalizó el golpe, y otras universidades privadas, que bajo amenazas sacaron a jóvenes a marchar en las noches a las calles de la ciudad.

Las iglesias católica y evangélica, en sus vertientes conservadoras, tuvieron su rol preciso. ¿Acaso no se entró al Palacio Quemado con la biblia en la mano? En el informe no se recomienda a las iglesias occidentales que se abstengan de hacer política.

Lamentablemente, el GIEI se quedó solo en los análisis jurídicos y humanitarios, pero no en lo societal. ¿Cómo vivir en una sociedad aún colonizada y racializada? Cuando las élites de otrora, hoy quieren retomar sus espacios de poder e intentan iniciar los procesos de re-colonización del país, como volver a la República, etc. El racismo es parte circunstancial de sus vidas y parte de su discurso social y político. ¿Será que los/as colonizadores de buena voluntad dejarán de ser racistas? Sabemos también que influyen a otros sectores sociales, incluidos grupos indígenas y sectores populares. Entonces, recomendar que haya una cumbre contra el racismo es una idea a saco roto, ¿para qué si tenemos una ley contra el racismo y toda forma de discriminación? Pero, ¿cuántos racistas están en la cárcel? Gente del Comité Cívico pro Santa Cruz, los Conade, los “pitita”, plataformas… deberían estar juzgados por practicar racismo abierto y solapado, o ¿no es así?

El uso del concepto de “otredad” a la que alude el documento, es una mirada absolutamente evolucionista de la sociedad, tan paternalista y occidental. No cabe para la sociedad boliviana. Más que afirmar la otredad precisamos escudriñar las desigualdades, el racismo estructural, las relaciones de dominación del capitalismo salvaje, etc. Gran parte del documento hace énfasis en que no debería haber discriminación jurídica de ningún tipo, pero el concepto de otredad precisamente permite esa diferenciación social. El Estado plurinacional apuesta por la diversidad, que no es la otredad.

Para finalizar, la pregunta para el GIEI, ¿cuántas horas de testimonio grabaron? Entiendo que por razones de seguridad no se dicen los nombres de los/as entrevistadas en el informe. El presidente Luis Arce anunció la fundación de las Casas de la Memoria, sería plausible que la primera donación de la memoria lo haga el GIEI.

Giei jupanakaxa wali qillqantawayapxatayna, uka jan walt’awi sarnaqawinakasata. Walikirakiw ma tuqitxa, maysatx janikirakiw waljamakiti, ¿ janicha ukhamaxa?

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Félix Layme Pairumani

/ 22 de agosto de 2021 / 03:30

Qué doloroso es hablar de hermanos y compañeros que nos dejan y se marchan a la eternidad en estos tiempos del COVID-19. Nuestra amistad con Félix es de muchos años, cuando él trabajaba en el Instituto Nacional de Estudios Lingüísticos (INEL), pionero en el trabajo lingüístico y quizás único por sus investigaciones profundas y la apuesta por la revalorización de las lenguas ancestrales del país.

Félix ha tenido varias facetas en su vida, no solo fue un gran lingüista y divulgador del idioma aymara, sino también un gran investigador de campo y asimismo un buen fotógrafo. Además fue una persona muy desprendida con las nuevas generaciones. Recuerdo que para publicar mi primer libro, El escribano de los caciques apoderados (1992), me aceptó muy generosamente escribir el epílogo denominado El aymara de un escribano, que es una reflexión sobre cómo habla el aymara el escribano Condori, nacido a principios del siglo XX.

A mediados de la década de 1990, a raíz de la publicación de la serie de cuatro volúmenes Jesús de Machaqa, la Marka rebelde: Cinco siglos de historia de Roberto Choque; Sublevación y masacre de 1921 de Roberto Choque y Esteban Ticona; La Lucha por el poder comunal de Esteban Ticona y Xavier Albó y Las voces de los Wak’a de Astvaldur Asvaldsson, nos tocó conocernos mucho más. En esta serie ayudó de manera desinteresada y muy entusiasta en tres volúmenes. Recuerdo que Xavier Albó siempre ponderaba diciendo “Félix es el investigador nato de Jesús de Machaca”. Su obra Tradiciones históricas de Jesús de Machaca era citada por varios investigadores del quehacer andino, aunque nunca se publicó; pero es un manuscrito recogido por Layme a lo largo de muchos años de investigación sobre su pueblo. En nuestras largas reuniones de organización de los volúmenes citados, Félix nos hacía notar una serie de entretelones de lo acontecido en la región estudiada, porque a pesar de que él residía en la ciudad de La Paz, siempre estaba viajando a su lugar de origen.

Otro momento inolvidable fue en la presentación de los libros citados en la ciudad y la región de Jesús de Machaca. En ocasión de la presentación del libro de Roberto y mi persona en el ayllu Sullkatiti, límite de las dos parcialidades de los 12 ayllus históricos de Jesús de Machaca, Félix se confundió entre los asistentes y tomó el rol de filmar y fotografiar el acto. Algo similar ocurrió en la presentación de los libros en la ciudad de La Paz.

Un aspecto que siempre admiré de Félix fueron sus ganas de superación y conocer más y más. De autoformarse en la investigación social, cultural y lingüística. Él fue un profesor rural pero jamás se quedó en esa situación, tan pronto vio la forma de salir adelante lo hizo. Recuerdo que una vez me contó que tenía muchas ganas de hacer fichas de campo en su trabajo como profesor y no tenía dónde escribir, y usó el reverso de las papeletas de votación, que las convirtió en libretas de campo.

Otro aspecto valorable y que hasta hoy no ha sido imitado y menos superado fue el papel divulgador de la lengua aymara. Fue uno de los primeros en irradiarla mediante un periódico fundado por él, llamado Jayma (trabajo comunitario para el beneficio común), en este tabloide de ocho páginas publicaba noticias y reflexiones en aymara, castellano y quechua. Mediante el periódico Presencia propagó separatas del diccionario aymara-castellano, que se convirtieron en el gran diccionario, hoy imprescindible para investigadores aymaras o no.

Félix en los últimos años fue también una persona muy activa en las redes sociales, generosamente puso a disposición de sus seguidores o interesados algunas de sus investigaciones en versión digital. Además de difundir otros libros digitales muy interesantes. A propósito, nuestros otros encuentros fueron en algunos de los puestos de venta de los libros usados del mercado Lanza, donde teníamos amigos comunes. Al saber lo que le pasó, uno de sus grandes amigos se puso muy triste, no porque le compraba libros, sino porque más allá de ello fue un gran amigo y conversador sobre temas nacionales e internacionales.

Jach’a Jilata Félix Layme, wiñay markamaruwa sarawayxtaxa. !!! Jallalla munat jach’a jilata!!!

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Estatuas en ciudades colonizadas

/ 8 de agosto de 2021 / 00:35

Las ciudades, sobre todo en territorios colonizados, es donde se pueden ver palpablemente representaciones de los invasores; como en las estatuas, el nombre de las calles, el diseño de las plazas, avenidas y las casas son muestras de formas de imitación e imposición foránea. Para el caso de los países de América Latina y el Caribe, las ciudades actuales fueron fundadas sobre otras ciudades antiguas, sobre las wak’as o lugares sagrados ancestrales, ejemplos hay muchas como Tenochtitlán en México, Cusco en Perú y nuestro Chuqiyapu marka en Bolivia.

El pasado 2 de agosto, jóvenes aymaras, quechuas (hombres y mujeres), vestidos con ropas típicas, portando wiphalas, al son del wayñu ancestral, interpretando con sikus y bombos el Jach’a uru (El gran día, composición del músico de los Ruphay, Mario Gutiérrez), que se ha convertido en el himno de la rebeldía ancestral, intentaron tumbar la estatua de Cristóbal Colón colocada en El Prado paceño. A raíz de este incidente, autoridades del gobierno municipal de la ciudad de La Paz reaccionaron abruptamente a ese acto, calificándolo de “actos delincuenciales” o “vandálicos”. ¿Los jóvenes indios de hoy también son delincuentes y vándalos como otrora? No es extraño ese calificativo de autoridades del gobierno municipal que abrazan la política “pitita” de los q’aras racistas que hicieron gala de sus atrocidades en la gestión del gobierno golpista de Áñez y compañía. Pero es extraño que la Policía se haya prestado al juego del gobierno municipal, apresando a los jóvenes anticolonialistas e incluso intentando humillarnos.

Los invasores construyeron e impusieron símbolos y representaciones que comienzan a ser más cuestionados sobre todo en las ciudades. Hay que recordar que en los últimos meses en Colombia, Canadá y Estados Unidos se han llevado derribamientos de estatuas de indeseables “conquistadores”. ¿A quién representa la estatua de Colón y sus similares? La denominación de las calles como la avenida Montes y parecidas. ¿A quién simboliza y perenniza? ¿Por qué no existe un monumento a Tupaj Katari y Bartolina Sisa en el corazón de la ciudad de La Paz? La plaza Murillo debería albergar las estatuas de Bartolina Sisa y Gregoria Apaza, porque en esa plaza fueron humilladas cruelmente por los españoles.

¿Por qué no existe en las calles del centro paceño alguna denominación con nombres de Mamani, Qhispi, Kunturi, Apaza, etc.? Ese es el asunto de fondo. Las calles de la urbe están señaladas con apellidos de latifundistas y militares gamonales o curas hacendatarios. Además, se quiere preservar y defender como patrimonio a un personaje como Colón que simboliza el genocidio de millones de personas, no solo de indias/os, sino también de afrodescendientes y mestizos conscientes.

El peligro de un levantamiento de los indios por estas imposiciones y otras similares siempre estuvo presente en muchas ciudades. Por eso los invasores crearon la ciudad-fortín, aplicada en su cabalidad a la ciudad de La Paz, ¿acaso no se convirtió en reducto frente al levantamiento de Tupaj Katari y Bartolina Sisa en 1781 y movilizaciones indias y populares contemporáneas? Esa idea de ciudad-fuerte fue el justificativo para que los indios no ingresen a la plaza Murillo. Ahora se quiere justificar con formas de represión y encarcelamiento porque se habría atentado al patrimonio paceño.

El gran reto es construir una ciudad intercultural, pero eso no pasa por la defensa de estatuas como de Colón y otras similares, sino reconociendo a próceres humanistas (indios y no indios), que verdaderamente han luchado contra formas de opresión, discriminación y anticolonialismo.

Nuestra profunda solidaridad y respeto a esos jóvenes congéneres que intentan limpiar los símbolos coloniales expresados en las estatuas y que apuestan por formas de convivencia realmente intercultural y diversa. Esta ciudad de Chuqiyapu marka siempre fue acogedora de lo foráneo y por eso le da vida a La Paz, pero exige que se reconozca y se respete a lo ancestral. El Ministerio de Culturas y Descolonización tiene el deber de actuar de oficio, generando políticas urgentes y claras de descolonización. ¿Para qué tener un Viceministerio de Descolonización cuando en la realidad no descoloniza y permite arbitrariedades?

Wasitampiwa q’ara pititanakaxa wali ñanqhachan munistu. Waynan, tawaqunakan sartawipaxa wali askiwa, yanapañasawa, ch’amachañasawa ukham sartawinakxa. Jallalla!!!!!

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Pueblos ancestrales y democracia en Perú y Chile

/ 11 de julio de 2021 / 01:12

Seguimos con mucha atención lo que sucede en el país hermano del Perú. Según la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), hay un claro ganador, el triunfo del profesor Pedro Castillo Terrones a la presidencia. Pero lamentablemente, a pesar de haber trascurrido más de un mes de la contienda electiva y a raíz de la impugnación de la perdedora Keiko Fujimori, por supuestos fraudes, la ONPE no anuncia como ganador a Castillo. El Perú es un país que fue construido con separaciones clasistas y racistas muy profundas, y creo también con leyes tan engorrosas que una simple elección presidencial pareciera que está hecha solo para los “pitucos” que para los ciudadanos populares, indígenas y campesinos.

¿Quién es Pedro Castillo? Es quechua y profesor. Nació en el poblado de Puña, distrito de Tacabamba, provincia de Chota en la región de Cajamarca. Es el tercero de nueve hermanos, hijos de Ireño Castillo y Mavila Terrones. Su padre nació en una hacienda de los Herrera, una familia de terratenientes en la sierra de Cajamarca, no fue al colegio, igual que su madre. Ireño trabajó en unas tierras del campo por las que pagaba un alquiler a sus dueños hasta junio de 1969, cuando el gobierno revolucionario del general Juan Velasco Alvarado dictó la reforma agraria.

Castillo, durante su adolescencia y juventud fue “rondero” de una organización campesina en Puña. Las rondas campesinas surgieron en Chota en 1976, como organizaciones comunales de autodefensa frente al abigeato y la delincuencia y, más adelante a finales de los años de 1980, como autodefensa contra los grupos terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA.

Ha sido dirigente de la organización de rondas campesinas y dirigente distrital, provincial, regional y nacional del magisterio peruano, por más de dos décadas en Puña, fue elegido presidente del Comité de Lucha de las bases regionales del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú, posteriormente fue secretario general de la Federación Nacional de Trabajadores en la Educación del Perú.

Esta hoja de vida sencilla, profunda y de raíces ancestrales de Castillo, es lo que no le gusta a la oligarquía peruana. Fujimori, a pesar de perder tres lecciones, en compañía de partidos políticos derechistas y sectores más racistas y conservadores, ha tomado la tarea de dilatar para escamotear las elecciones del pasado 6 de junio. Pero la ciudadanía profunda del Perú está consciente de que no lo lograrán, esperando que en próximos días asuma la presidencia legítimamente Castillo.

Otro hecho muy importante es lo que sucedió en Chile. El 4 de julio, una mujer mapuche, Elisa Loncon, fue elegida como presidenta de la Convención Constituyente, que tiene la misión de redactar una nueva Constitución Política del Estado.

¿Quién es Elisa Loncon Antileo? Es profesora y mapuche. Defensora de los derechos lingüísticos de los pueblos originarios. Nació en la comunidad mapuche Lefweluan, comuna de Traiguén, provincia de Malleco, en la Araucanía. Además, ha publicado libros y artículos académicos referidos a la filosofía y las lenguas indígenas, fundamentalmente del mapudungun.

El compromiso social de Loncon fue heredado de su familia y comunidad. Su bisabuelo luchó contra la ocupación militar del wallmapu y fue aliado de José Santos Quilapan (1840-1878), reconocido como el último Lonko que resistió la ocupación de la Araucanía y derrotó al ejército chileno, en Quechereguas (1868), entre otros múltiples aportes a la defensa del pueblo y territorio mapuche.

La agricultura y la construcción de muebles son algunos de los oficios que la madre y el padre de Elisa cultivaron durante su vida. Después del golpe de Estado, su familia fue perseguida y su abuelo materno, Ricardo Antileo, líder de la zona Lumaco-Quetrahue, fue encarcelado por la dictadura cívico militar por dirigir la recuperación de tierras a fines de los años 60 y comienzos de los 70.

En su época universitaria, Loncon participó de la lucha contra la dictadura en diversas organizaciones estudiantiles. En 1983, por participar en las movilizaciones estudiantiles, quedó como estudiante condicionada en la universidad por mandato del rector, Heinrich von Baer. Elisa, desde su rol de mujer y educadora mapuche, ha promovido la educación intercultural bilingüe.

He aquí una breve remembranza de dos personas, Pedro Castillo y Elisa Loncon, que intentarán transformar nuestras democracias aún excluyentes y racistas. Sabemos que la creación del Estado plurinacional y las autonomías es una de las propuestas que comienzan a ser debatidas. En Chile hay un avance importante y en Perú, aún solo ideas.

Wali kusawa, jilata qhichwa Pedro Castillo, Pirwa markana, ukhamaraki kullaka mapuche Elisa Loncon, Chili markana, p’iqinchapxiwa, mayjt’ayañataki jisk’achasiñ, uñisisiña sarnaqawinaka. ¡Jallalla!

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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