Voces

miércoles 20 oct 2021 | Actualizado a 03:23

Bestias/hermanos indígenas

/ 19 de septiembre de 2021 / 00:39

Los indígenas en Bolivia, los campesinos, los originarios, ¿son “bestias humanas” o, más bien, “nuestros hermanos”? Eso depende. Para empezar, habrá que definir si esos otros merecen la categoría de humanos o lo suyo es la subhumanidad (asumiendo que, “salvo excepciones”, tienen alma). Luego será necesario establecer si pueden ser ciudadanos o se quedan nomás en la vereda de las hordas. Por último, es fundamental saber con claridad si son amigos o enemigos.

Una de las fracturas producidas en la coyuntura crítica de 2019, documentada en el cardinal informe/espejo del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), tiene que ver con la designación del adversario político. En esas jornadas grises, con dos partes enfrentadas, los movilizados de un lado fueron bautizados —lo siguen siendo— como “activistas”; los del otro, en cambio, apenas calificaban como “salvajes”. Había que destruirlos.

Veamos dos ejemplos. Refiriéndose a los movimientos sociales, la entonces presidenta de ipso facto fue terminante: “Tenemos enemigos reales. Esos enemigos deben ser identificados, perseguidos y cercados. Y sobre todo deben ser derrotados”. Qué tal. Poco antes, al amparo de Dios, la cruz y la Biblia, advirtió que “los ciudadanos” no iban a permitir “que los salvajes vuelvan al poder”. Para ello, su ministro estrella anunció “cacería”: “empiecen a correr, los vamos a agarrar”.

El otro ejemplo es igual de grotesco: “este Comité no descansará hasta ver tras las rejas a estas bestias humanas indignas de ser llamados ciudadanos”. Palabras del presidente del civismo cruceño. Luego de su dislate acudió al diccionario: “he buscado el significado (de bestia). ¿Qué significa? Animal, monstruo”. Se refería a las personas que bloqueaban exigiendo fecha de elecciones. “No son dignos de ser personas”, reafirmó mientras calificaba a otro grupo como “hordas”.

Ahora el mismo dirigente cívico, a propósito de la marcha de pueblos indígenas de tierras bajas, en lugar de despreciarlos como bestias, les dice “hermanos”. Y en un acto de benevolencia concede, esta vez, su dignidad de ser ciudadanos. Más todavía: reconoce que tienen derecho a defender la naturaleza, el territorio, su cultura. ¿Cómo es posible? Sintoniza con el jefe de la brigada parlamentaria que propuso que cada cruceño “apadrine” un indígena (menos mal no dijo “adopte”).

El informe del GIEI sobre los hechos de 2019 expone varios testimonios de calificativos que humillan: “indios de mierda”, “bestias”, asquerosos”, “salvajes”. La violencia y la vulneración de los derechos humanos, masacres incluidas, empiezan así: degradando la humanidad del otro. Es la línea abisal.

FadoCracia Hot

1. Vas a comer una Hot Burger. Es tu día de mala suerte. En el primer bocado, entre la carne, encuentras un dedo. Casi te lo tragas. Hay escándalo por semejante “elemento extraño al producto” (sic). 2. El dedo pertenece a un empleado de la empresa, un nadie, que perdió no solo uno, sino dos. ¿Dónde estará el otro dedo? ¿Se lo habrá comido algún cliente? 3. Se conocen casos previos de accidentes laborales, que además no fueron reportados. Algo falla en la planta de producción y sus “más altos estándares a nivel internacional”. 4. Pronto interviene el gobernador, solidario con… la empresa: “la familia Hot podrá ponerle el pecho a la situación”. Pecho frater mata dedo asalariado. 5. El alcalde de la ciudad ironiza en TikTok: “¿de qué mano era (el dedo)? ¿De la izquierda o la derecha?”. No lo juzguen por ser pintudo, sino por cojudazo. 6. Las fuerzas vivas de la cruceñidad atacan en redes sociales a la comensal que encontró el dedo: qué barbaridad, colla debe ser, atreverse a criticar nuestra empresa. 7. El “inconveniente” se endereza con una disculpa. Tenemos Hot Burger, y dedos a la carta, para rato.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Votar bien

/ 17 de octubre de 2021 / 00:22

El consagrado escritor peruano Mario Vargas Llosa —a la sazón fracasado candidato presidencial de su país—, se animó a decir algo que los suyos callan, a veces murmuran, creen sin matices, desean intensamente. Para Vargas Llosa, lo importante en unas elecciones “no es que haya libertad, sino votar bien”. Como algunos países latinoamericanos “votan mal” (sic), el castigo consecuente es terrible: “lo pagan caro”. De la democracia, pues, hemos transitado a la “benecracia”. Qué tal.

Hasta ahora creíamos que lo fundamental en democracia es que los comicios sean plurales, transparentes y competitivos; acordes al principio de certeza en las reglas, incertidumbre en el resultado; con deliberación programática y alta participación ciudadana; voto libre e informado, no bajo presión o amenaza; en fin, con aceptación de la voluntad ciudadana expresada en las urnas. Para los varguitas nada de eso es “lo importante”. El nuevo canon es el bien votar.

La cuestión por dilucidar es qué significa votar bien/votar mal. Don Mario no fue explícito al respecto en la Convención del derechista Partido Popular, en España, donde lanzó el mandato. Pero viendo su experiencia, se entiende. En las recientes elecciones peruanas, votar bien hubiera sido elegir a Keiko Fujimori. Hace 30 años, votar mal fue optar por Alberto Fujimori. En ambos casos Vargas Llosa estuvo entre los derrotados. Votar bien es votar lo que él diga.

Claro que la apelación de Vargas Llosa no es nueva, ni mucho menos. La idea del votar bien está en la base del voto calificado (restringido). ¿Quiénes “votaban bien” en Bolivia desde su fundación en 1825 hasta la Revolución del 52? El derecho era de los letrados, que acreditaban propiedad o renta. Las mujeres votaron por primera vez en elecciones municipales entre 1947 y 1949. Lo hicieron a prueba: si votaban mal, perdían el derecho. Los indios votaron recién en 1956.

Ahora, cuando para los varguitas sería políticamente incorrecto dar marcha atrás en el voto universal (bien que quisieran una democracia censitaria), cuando la premisa del voto en libertad es incuestionable, cuando la narrativa del “fraude monumental” no impide ganar elecciones a los que votan mal, se pone en cuestión el ejercicio del voto. “Los latinoamericanos saldrán de la crisis cuando descubran que han votado mal”, esto es, cuando giren a la derecha.

En el referéndum del gas de 2004, un letrado dijo que el voto de un campesino no podía valer lo mismo que el de un ingeniero, que “los rurales votaban mal”. Como desde entonces estos señores se han especializado en perder, exigen a los descarriados votar bien: por ellos. Y así les va. Sigan, sigan participando.

FadoCracia trapera

1. Cría calvos y te sacarán los ojos. ¿O eran cuervos? ¿Y trapos? Las ingratitudes dan para todo. 2. “Es una falta de respeto, gente malagradecida que viene a esta tierra que les da de comer, no sean cuervos”, vociferó Rómulo sobre el wiphalazo en Santa Cruz. 3. Ya lo habíamos oído, en versión sucrense, por boca de Horacio: “Hay que ser malnacido para votar por los verdugos de tu tierra”. 4. Mi tierra/tu tierra. Mi tierra, erra, erra. “Mi tierra no es su tierra, arrimados de porquería”, advierten los hospitalarios traperos de sangre verde-azul. Denles el premio Sájarov. 5. Volvamos a Rómulo: “Un trapo no hace nada, un trapo no nos representa”, gruñe ante la wiphala. Le faltan pelos en la lengua, le sobran pelos de tonto. 6. Aclaración: “Han sacado de contexto las declaraciones del presidente del Comité pro Santa Cruz”. Ah, el contexto, parece bestia humana. 7. Unos morenitos reaccionan rápido con denuncias por agravio, racismo y discriminación. “El único trapo son sus calzoncillos”, asegura un ministro. Gran nivel. 8. “Puñalada trapera siempre me has de asestar / Puñalada trapera es tu sonrisa fatal”, canta el gran Jaime López. 9. Y sí: que venga el tercer round.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Justicia en tres tiempos

/ 3 de octubre de 2021 / 00:15

Un grupo de juristas, varios de reconocido prestigio (más allá de su trayectoria y posicionamiento político), han elaborado una valiosa propuesta para avanzar en la “transformación integral del sistema de justicia”. Aspiran consensuar un proyecto de reforma parcial de la Constitución Política, mediante referéndum por iniciativa popular. Y convocan a “organizarnos para el debate”. Respondo al llamado.

El diagnóstico estructural del grupo es inequívoco: “el sistema no está cumpliendo su obligación de administrar justicia”. La crisis no es simple ni de coyuntura, sino terminal. Justicia para pocos, jueces poco idóneos y sin independencia, retardación, presupuesto miserable y mal administrado, corrupción, falta de estrategias, hacinamiento carcelario, abuso policial, violencia… Agotado, el sistema resulta insoportable.

Semejante crisis, agravada por la polarización política, hace imprescindible una reforma pronta y sustantiva. Las interrogantes son de alcance, oportunidad y procedimiento. ¿Qué hacer? ¿Cuándo? ¿Cómo? La viabilidad pasa, sin exclusiones, por asegurar un amplio proceso deliberativo y un gran acuerdo nacional. Ahí está la propuesta como detonante, con el reto de modificar 12 artículos de la CPE e incluir otros dos.

La iniciativa se concentra en cuatro ejes: i) modificar la forma de elección de las altas autoridades del sistema; ii) sextuplicar su presupuesto anual precautelando una correcta administración; iii) apostar en serio por el pluralismo jurídico con revalorización de la justicia indígena (suprimiendo la aberración del “deslinde jurisdiccional”); y, iv) garantizar el derecho de acceso mediante jueces/juezas de paz. Son propuestas de fondo.

Señalo para el debate algunas inquietudes preliminares sobre la elección de magistrados. La propuesta contempla tres tiempos: ternas a cargo de una Comisión de Postulantes, elección en la Asamblea y referéndum ratificatorio o denegatorio. ¿Qué garantiza la imparcialidad de dicha comisión más allá de su no militancia formal? (bien conocemos la falacia de los “notables independientes”). ¿Cómo evitar que el referéndum se politice? ¿Qué ocurre si en la consulta predomina, por consigna, la votación denegatoria? ¿Vuelta a la comisión y otro referéndum?

Por último, observo la declaración principista del grupo: “ya no podemos ni debemos esperar nada del Estado y del gobierno”. Es comprensible. ¿Pero será razonable una “reforma consensuada” sin la participación de los órganos que se busca mejorar? ¿Será viable imponer el cambio desde una ciudadanía movilizada, con previsible bandera antigubernamental?

Hay que construir acuerdos y blindar la reforma ante la disputa de relatos. Corre debate.

FadoCracia camachista

1. Refiriéndose al catálogo de “derechos del hombre”, Baudelaire subrayó el olvido de dos fundamentales: a contradecirse y a marcharse. 2. El ciudadano Luis Fernando Camacho parece cultivar ambos con ventaja. No está mal. 3. Tras la quema de la wiphala en 2019, LFC difundió un video, wiphala en mano: “hay que aprender a respetar esta bandera porque representa a los indígenas”. El pasado 24 de septiembre, después de marcharse con monopolio de la palabra, se comió el respeto: “nos pidieron izar la wiphala y les dijimos que no; han venido a querer imponer su bandera, no nos representa”. 4. La contradicción también puede ser intergeneracional: “fue mi padre quien cerró con los militares para que no salgan; la Policía, de la misma manera, fue mi padre”. ¿Qué dice hoy José Luis Camacho? “Muchos militares jubilados me decían: ‘no van a tirar contra ustedes’. Eso alimentaba a mi hijo cuando estaba en La Paz”. Alguien miente. 5. Antes de marcharse a Palacio con carta y Biblia, LFC instruyó en un cabildo: “tenemos que sacar la agenda como lo hacía Pablo Escobar”. Menos mal que era solo para anotar “los nombres de los traicioneros”. Derechos guardan derechos.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Mujeres presas

/ 5 de septiembre de 2021 / 00:29

En su muy doloroso informe sobre los hechos de violencia y vulneración masiva de derechos humanos en Bolivia, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) dedica una sección especial al análisis de cómo el género influyó en la selección de las víctimas. Lo que sigue son algunos testimonios de mujeres presas.

1) Mujeres en El Alto: Los policías le agarraron sus pezones y le introdujeron el dedo en la vagina. La amenazaron con matarla y violarla. La hicieron desnudarse. Estaba embarazada. Le propinaron golpes en el estómago y toques eléctricos. No recibió agua ni comida durante tres días en celdas judiciales. Estuvo en la cárcel cuatro meses. Su “delito”: buscar a sus familiares retenidos. Hay otros casos similares.

2) Lorgia Fuentes: Fue arrestada en la clínica donde se recuperaba de un accidente cerebrovascular, sometiéndola a tratos crueles, inhumanos y degradantes. Durante 130 días permaneció atada a la cama por una cadena amarrada a su pierna. También estuvo enmanillada. Su “delito”: haber sido vinculada sentimentalmente con el exministro Romero.

3) Edith Chávez: La detuvieron junto con su hija en la casa donde trabajaba. Después la llevaron presa al encontrar un arma vieja. Estuvo 14 días en un sótano de 3 x 3 metros, junto con otras 12 mujeres. La encarcelaron durante nueve meses. Su “delito”: ser empleada doméstica del exministro Quintana y negarse a incriminarlo.

4) Mujeres en Sacaba: Las detuvieron el día de la masacre. Eran varias, incluso de edad y una embarazada de ocho meses. Fueron humilladas e insultadas: “pelotudas”, “¿qué les ha dado su macho ese, su Evo?”. Las encerraron en una jaula. A otras las golpearon, las hicieron andar de rodillas. Su “delito”: ser mujeres campesinas.

5) Patricia Hermosa: Pese a su embarazo, estuvo presa seis meses. Durante 10 días sufrió un sangrado y perdió a su bebé. No había médicos en la cárcel ni autorizaron su salida a un centro de salud. Luego de tres meses de sangrado, recién le permitieron una consulta externa. Su caso es representativo “del carácter tenebroso que asumió la persecución política”. Su “delito”: haber sido jefa de gabinete del expresidente Morales.

Presas políticas. Presas por ser mujeres, por “salvajes”, por “masistas”, por “indias hediondas”, por “putas”. Presas de odio. Ante ellas, la entonces presidenta de ipso facto no se deprimió ni un poquito. La señora Carvajal no derramó ni una lágrima. No hubo ningún pedido de piedad de los patriarcas de la Iglesia. No tuvieron médicos ni psicólogos. No hubo vigilias pidiendo su libertad. Los opositores y sus operadores mediáticos se quedaron mudos-muditos-mudos. Los defensores del debido proceso, en fin, aplaudieron. Eran solo mujeres presas.

FadoCracia canalla

Primero se autoidentificaron como “un movimiento ciudadano en búsqueda de una Patria libre y democrática” (sic). Luego se redefinieron como “un grupo de reacción rápida a la defensa de su ciudad”. Pronto devinieron en grupo de choque de carácter parapolicial. Se movilizaban en motocicletas: una persona conduciendo y otra con una bazuca artesanal o artefactos explosivos. Su propósito era enfrentar marchas y disolverlas de manera violenta. Así, luego de que la Policía gasificó una concentración de mujeres, varias con sus bebés, los “motoqueros” llegaron portando palos con clavos, con los cuales las golpearon. En otro lugar detuvieron ilegalmente a tres hombres y los torturaron. También agredieron e insultaron: “a ti te vamos a violar”, “estás fichada, sabemos dónde vives”, “te vamos a meter un tubo en el culo”. El GIEI ha documentado sus acciones especialmente violentas, racistas y discriminatorias contra civiles. He ahí la Resistencia Juvenil Cochala (RJC).

“Jóvenes queridos, para mí son una resistencia necesaria”, les dice hoy la presidenta de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos. Pobre Asamblea, pobres derechos humanos.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Un diccionario en 34 voces

No hay un modelo único de democracia, sino diferentes saberes y prácticas democráticas.

/ 22 de agosto de 2021 / 18:15

Sala de Prensa

Luego de una prolongada espera, el TSE publicó y está presentando en diferentes ciudades del país un libroandamio: el Diccionario de la Democracia Intercultural en Bolivia. Es una buena noticia para el diálogo plural y la deliberación pública respecto a las democracias en ejercicio en el país y en la región, en el horizonte de demodiversidad que hemos asumido en Bolivia.

De las ausencias…

¿Dónde nació la idea de este Diccionario? El detonante fue la constatación de ausencias. Cuando a fines de 2017 recibimos un ejemplar del Diccionario Electoral elaborado por el IIDH/CAPEL (Instituto Interamericano de Derechos Humanos/Centro de Asesoría y Promoción Electoral), reafirmamos que es una obra de referencia en materia electoral, pero se queda corta en cuanto a diversidad democrática. En otras palabras: es muy útil para comprender conceptos clave de la democracia liberal-representativa. Sin embargo, tiene una limitación sustantiva: no incluye —o excluye, más bien— otras concepciones, saberes y prácticas democráticas que van más allá del ámbito de las elecciones, el voto individual y los partidos políticos.

Así constatada la ausencia, devino el anhelo-necesidad, convirtiéndose en desafío. ¿Cómo ampliar la mirada para no quedarnos en la sola representación política y dar cuenta, también, de la participación ciudadana, la deliberación pública, el control social, la libre determinación, el autogobierno? O mejor: ¿es posible elaborar un volumen en el que se incorporen y desarrollen un conjunto de voces que no están en el Diccionario Electoral, pero que son parte de las diferentes formas de democracia reconocidas en la Constitución Política del Estado?

El desafío de este Diccionario, pues, se situó en la reflexión en torno al principio de demodiversidad (Santos), esto es, la convicción de que no existe un modelo único y hegemónico de democracia al cual llegar o parecerse, sino diferentes concepciones, saberes y prácticas democráticas en interacción y en disputa. Este principio se expresó en el proceso constituyente boliviano con el reconocimiento de tres formas de democracia. Y fue asumido luego, en tanto horizonte, como democracia intercultural.

… a las emergencias

A más de una década de su reconocimiento normativo, la democracia intercultural todavía no ha sido plenamente asumida. Así, aunque tenga soporte normativo y registre avances como la elección de asambleístas indígenas y la conformación de autogobiernos indígenas, la realización de la democracia intercultural en Bolivia sigue siendo una buena idea, una asignatura pendiente. Más todavía cuando se vincula con el proceso, complejo y contradictorio, de construcción de un Estado Plurinacional con autonomías.

Ahora bien, que la democracia intercultural no esté consolidada como ejercicio complementario de la diversidad democrática no significa que no exista. Al contrario, puede constatarse la vigencia de diferentes concepciones, saberes y prácticas democráticas, unas evidentes, otras más bien subordinadas e incluso invisibles.

Lo importante es convertir las ausencias en presencias, las invisibilidades en emergencias, las subordinaciones en igual jerarquía, las señales en expectativas y anticipos de futuro. Con esa convicción se elaboró el Diccionario de la Democracia Intercultural en Bolivia.

¿Cuáles son las voces que, más allá de la democracia representativa, expresan y caracterizan hoy las democracias en Bolivia? La respuesta fue una lista larga de entradas que se fue filtrando y delimitando hasta quedar en treinta y cuatro que, para esta primera experiencia, consideramos esenciales.

El resultado del Diccionario, cuya elaboración y publicación contó con el valioso apoyo de IDEA Internacional, no es homogéneo (no puede serlo) y expresa diferentes enfoques y aproximaciones, unos más profundos que otros, y distintos tonos que en conjunto pretenden alentar la reflexión y el debate sobre las democracias en Bolivia.

El producto es un libro colectivo que, por su naturaleza y alcance, seguramente se irá ampliando, complementando y robusteciendo en futuras ediciones. Queda entonces para su consideración y lectura el Diccionario de la Democracia Intercultural en Bolivia que, con sus 34 voces inaugurales, aspira a convertirse en una obra que acompañe la democratización y se nutra de ella.

(*) José Luis Exeni R. realizó la coordinación académica del Diccionario.

 (*)José Luis Exeni R. es periodista (*)

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El Plan C

/ 22 de agosto de 2021 / 03:10

Hay diferentes relatos y excitada disputa respecto a los planes que se activaron tras el derrocamiento del expresidente Evo en noviembre de 2019. Según los protagonistas, se identifican el Plan A: sucesión constitucional, y el Plan B: gobierno de ipso facto. Se conoce menos acerca del Plan C: régimen autoritario. El epicentro decisorio fueron sucesivas reuniones en la Universidad Católica, que con facilitación (léase bendición) de la jerarquía eclesial encauzaron el Plan B.

El Plan A, según el artículo 161 de la Constitución, era que las cámaras se reúnan en Asamblea, con quórum por supuesto, para “admitir o negar” las renuncias del binomio presidencial. En caso de ser admitidas, se activaba la sucesión constitucional. Asumía la presidenta del Senado, Adriana, o alguien de la mayoría tras recomponer las directivas. Esta posibilidad fue desahuciada de antemano por Carlos Diego: alguien que no sea del MAS debe seguir el proceso de sucesión.

El Plan B, revelado por Samuel y cuidadosamente trazado en la UCB, fue el que se operó la tarde del 12 de noviembre, con Jorge coordinando con la Fuerza Aérea. Sin quórum, sin admitir las renuncias, sin votación, sin debate, una senadora de oposición se proclamó presidenta del Senado en 37 segundos y luego presidenta del Estado en 269 segundos. Así, en modo ipso facto, Jeanine, la Biblia y Vicente entraron a Palacio; y un tenebroso Arturo asumió el poder.

¿Y el Plan C? Según el Confesionario de la Iglesia Católica (léase “intercambio de remembranzas” de los obispos), fue propuesto por Luis Fernando: instalar una junta cívico-militar. Los siguientes pasos para la “transición” serían forzar la renuncia de todos los senadores y diputados (o cerrar la Asamblea), descabezar el Órgano Judicial/TCP y proscribir al MAS-IPSP para impedir su participación en las elecciones. Sería un régimen autoritario en forma.

Este tercer plan se mantuvo como amenaza en tanto se ejecutaba el Plan B. Tras su arribo al Colegio Militar en helicóptero, junto con Óscar, fue decisiva la reunión de Jeanine con Luis Fernando (más otros nueve hombres) en un hotel paceño. Allí hablaron de “asumir el cargo”, conforme a la ruta definida por fuera de la Asamblea Legislativa. Todo se hizo, como corresponde, en nombre de la democracia, la República, la reconciliación y la pacificación.

El Plan C tuvo su déjà vu luego de las elecciones 2020, cuando un grupo de “activistas” de Rómulo fue a los cuarteles. De rodillas, en nombre de Dios, pedían una junta cívico-militar para evitar la asunción del presidente electo, Luis. “Proscribir al MAS”, vociferaban. “Esas bestias humanas”, decían. Y así/ahí siguen, planificando.

FadoCracia masacradora

1. Sacaba: El compañero de atrás le disparó (Murillo). Fuego cruzado (Página Siete). Enfrentamientos violentos (Memoria CEB). Choque entre FFAA y manifestantes (analistas del régimen) / Hubo una masacre con 10 civiles muertos y cerca de un centenar de heridos. Las fuerzas policiales y militares actuaron con la intencionalidad de matar a las personas, aunque estuviesen en fuga. Las muertes se debieron a proyectil de alta velocidad- fusil. Se las podría calificar como ejecuciones sumarias (Informe GIEI).

2. Senkata: Atentado dinamitero en Planta de YPFB (Página Siete). Explosión pudo causar una catástrofe (citada en Memoria CEB). Del Ejército no salió ni un solo proyectil (López) / No se usó dinamita para derribar el muro. Los manifestantes no representaban un riesgo concreto para la seguridad de la planta. Las fuerzas militares empezaron a disparar. Persecución violenta resultó en un conjunto de ejecuciones. La masacre fue resultado de la acción de los órganos de seguridad (Informe GIEI).

3. La Paz: “Agradecimiento a las FFAA porque no dudaron en salir y contribuyeron en el proceso de pacificación” (Áñez). “Nos sentimos orgullosos de tener las Fuerzas Armadas, el pueblo tiene que defenderlas” (Carvajal, APDHB).

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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