Voces

martes 17 may 2022 | Actualizado a 21:09

Las bestias malagradecidas

/ 24 de octubre de 2021 / 01:15

Durante más de cuatro siglos, los descendientes de criollos hispánicos y emigrantes, sobre todo alemanes, serbio croatas, sirio libaneses, entre otros, gobernaron territorios de Abya Yala como dueños. Los conceptos de raza superior e inferior, como criterios pseudocientíficos, fueron el acicate para generar genocidios y ultrajes a la dignidad humana en diversos lugares del mundo. Durante la Edad Media surgió el antisemitismo, originado por la creciente fagocitación de otras formas religiosas (judaísmo, islamismo) para implantar, vía militar, el cristianismo. Este proceso, fundado en la intolerancia que no permitía la diversidad política y religiosa, promovía el logocentrismo autoritario como único discurso legitimado por un grupo humano (la realeza, los militares y religiosos) y su expansión imperialista.

Después de las primeras expediciones marítimas en el siglo XV y las sucesivas invasiones colonialistas, los grupos de poder, adueñados del dogma cristiano, adoptaron el estatuto de limpieza de sangre y los justos títulos para probar una supuesta superioridad sobre las naciones avasalladas, sustentadas en argucias jurídicas, teológicas y filosóficas y de esa manera, justificar la trata de esclavos africanos y la explotación de los habitantes de las naciones originarias. ¿Qué es una nación originaria? Un conglomerado de habitantes que convive en un territorio ancestral y desarrolla, durante siglos, sus sistemas económicos, religiosos, de parentesco; tiene su idioma, sus conceptos de belleza y sus valores morales, políticos y filosóficos concebidos desde su relación con el cosmos y su territorio.

A la llegada de los conquistadores militares y religiosos, todo ese orden simbólico fue alterado y sustituido por otro, para facilitar el dominio y legitimar su propiedad sobre un territorio ajeno. Este avasallamiento de más de cuatro siglos, y pese a la sedimentación religiosa, nunca fue total. La resistencia constante, las estrategias y tácticas para subsumir las principales líneas rectoras se expresan, hasta el día de hoy, en las manifestaciones pagano religiosas vinculadas a los ciclos agrícolas que permitieron la vigencia cultural y su emergencia histórica.

En el siglo XIX, el imperialismo y su correlato colonialista encontraron otra justificación para evadir las críticas de algunos Papas católicos que fustigaban los modos de trato y explotación a punta de arcabuz y cruz, desmantelando de esa manera el dogma cristiano y convirtiéndolo en un escudo para la impunidad. Los sectores conservadores que se suponen portadores de la civilización y a las naciones sojuzgadas como la barbarie y el salvajismo, reinventaron sus feudos con el nombre de repúblicas, excluyendo a los habitantes originarios a un papel de convidados de piedra y recluyéndolos en museos como algo pasado y exótico que no formaba parte de la construcción de un Estado. Así, el imaginario republicano blancoide y racista consideraba que su imposición simbólica había engullido a las naciones originarias y que su proyecto de Estado era el único e incontrastable con otras visiones del mundo.

La aparición del texto del Conde Gobineau (1853-1857), Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, aseguraba, sin ninguna comprobación científica, que la raza nórdica blanca era superior sobre otras. Alentadas estas aseveraciones por el darwinismo social, las ideas de Nietzche y el nacionalismo mítico germánico del músico Wagner encontraron en el escenario de miseria de la Primera Guerra Mundial (1914- 1918), en Alemania, el abono perfecto para exaltar la idea de superioridad racial. Hitler la llevó a todos los extremos y desató la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Así, las “razas superiores” eran incapaces de resolver sus problemas a través de un diálogo civilizado y superior y generaron una carnicería salvaje en la que murieron millones de personas. Muchos de estos habitantes emigraron a Abya Yala, entre ellos varios criminales de guerra nazis, como Altman que intervino en la política interna de Bolivia e influyó en esferas racistas ancladas en el siglo XVII. La ciencia biológica ha demostrado que el individualismo a ultranza es incompatible con la lucha por la vida, la gametogénesis es la respuesta irrebatible y no sobrevive el más apto, sino el que se asocia en comunidad.

La ilusión del neofascismo criollo que desea desintegrar la “raza maldita”, ignora que la fuerza de la comunidad ha sobrevivido y fortalecido su poder.

Ahora podemos contestar a la pregunta: ¿Quiénes son las bestias malagradecidas que encontraron refugio y comida en territorios de Abya Yala?

Edgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Cicatriz irreparable

/ 8 de mayo de 2022 / 01:17

Las industrias de belleza ofrecen miles de pomadas, mascarillas y otros menjunjes para borrar las cicatrices que los avatares de la vida —irremediablemente— nos dejan en nuestro cuerpo; pero hay otras que los psicólogos se encargan, infructuosamente la mayor de las veces, en remediar: las cicatrices del alma. ¿Cómo encargarle a la Justicia que las cicatrices del alma sean cerradas, legitimarlas para evitar el sufrimiento y la desazón que dejan los exilios, la cárcel, las masacres y su secuela de destrucción de vidas afectadas?

La modernidad engendró un giro en la concepción de la justicia, consolidando la pretensión de justeza en cada uno de los seres, naturales y sociales en un orden establecido, político y económico, pero no es posible con los asuntos del alma.

En 1979, en la Masacre de Todos Santos, muchos bolivianos fuimos víctimas de la furia fascista orquestada por militares y civiles que dejaron una estela de muerte y dolor. Nunca purgaron un solo día en la cárcel y, aunque lo hubieran hecho, el daño irreparable que dejaron no tiene cura. Y esa masacre es solo una de las decenas que asolaron la región donde moramos, destapando un muestrario de la brutalidad que fue repetida hasta la enfermedad por las clases que detentaban el poder y lo buscan —hasta ahora— sin condicionamientos morales de ningún orden, sea religioso o político.

En los próximos días arribarán nuestras nietas a la ciudad para conocer al abuelo, cuyo cuerpo, poblado de cicatrices cerradas por la cirugía y sus consecuencias posteriores en su salud, no le permitieron ocuparse de cerrar las otras que quedaron en su hija a la que conoció 20 años después, porque vivir en Bolivia era temerario para la madre extranjera en estado de gestación y el amor, aunque sea intenso y apasionado, debía cuidar una vida.

¿Cómo se puede valuar esa decisión? No existen tablas de calificación para valorar la sacralidad de la vida, es lo único que le da sentido a los dogmas religiosos y políticos y los seres humanos sabemos que nuestro paso por el mundo tiene su caducidad y a nadie se le ocurriría prolongar el sufrimiento en sus hijos.

Durante el primer encuentro con nuestra hija, intuimos una tristeza empozada en su alma desde su niñez, no tuvimos el privilegio de tenerla en nuestro regazo apenas vino al mundo, tristeza que también se guareció de la lluvia del silencio al quedar enmudecido y expectante ante su reacción. Han pasado dos décadas y nos cuesta mucho reconstruir su historia que tiene el derecho de saber para cerrar esa herida.

Qué decirle, cómo explicar que la separación era inevitable y que sus padres debían escoger su propio rumbo y tejer otra vida a costa de su desamparo, aunque pleno de cosas materiales, sabemos que no llenan ese tiempo de separación.

No queremos que esto se prolongue en las nietas, que conozcan la bella historia de amor truncado por el odio fascista y evitar que alargue sus tenebrosas garras hasta otra generación, queremos que sus gestos infantiles de alegría sean libres y abracen a su abuelo y lo perdonen por no estar a su lado.

¿Habrán pensado en estas graves consecuencias los golpistas de 2019 que ahora abandonan a su instrumento de muerte a su suerte?

Las nuevas generaciones desconocen el sacrificio de muchos bolivianos y bolivianas que ofrecieron sus vidas para construir una democracia que se desmorona fácilmente cuando los intereses perversos aprovechan cualquier fisura para asaltar el Estado.

Bolivia es uno de los pocos países que no cuenta con un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, institución que permitiría que la población juvenil se entere de sus derechos y conozca la tenebrosa historia de los golpes militares que quedaron impunes. Las grandes fraseologías sobre la ética contractual y sus derivaciones no alcanzan para cicatrizar lo irremediable. Me hubiera gustado llevar a mis nietas a ese museo para que puedan entender por qué su madre y su abuelo muchas veces se ponen tristes y se quedan callados. Así hablaría solo con el corazón y nos entenderían y perdonarían por haber cometido el mayor pecado: luchar por una sociedad más justa sin saber que al hacerlo, estábamos lastimando a lo que más amamos.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Diatriba contra el pollo frito

/ 23 de abril de 2022 / 23:40

Tuve la dicha de tener una abuela que me enseñó a reconocer los alimentos frescos, desde la carne de pollo criollo que come arena para su molleja hasta oler la tierra en la papa recién sacada o al choclo guagua. Otro mundo se abre con las yerbas arrancadas de las pequeñas lomas semiáridas como la kóa o muña que sirve para evitar que el pescado se deshaga en el furor del hervor, también como sazonador de sopas con enjundia y de paso para el mal de altura, o la huacataya, la quilquiña, la albahaca y el cilantro para prepararse un pesto casero, acompañado de otras yerbas a capricho del creador. También existen las yerbas del olvido, pero eso tiene otra historia.

Recuerdo una preste de Semana Santa, con la participación de un cura respetuoso de la fe popular. No cabe la menor duda que la colonización religiosa tuvo un éxito casi total, sobre todo con la impostación republicana del dogma católico como religión oficial, que entremezclada con los ciclos agrícolas sacros de las culturas originarias, han conformado un corpus extraordinario. Toda la parafernalia católica, incrustada a sangre y Biblia a los primeros habitantes que no sabían leer, fueron reinterpretadas por estos duchos también, la adaptaron para no olvidarse el buen vivir de sus ancestros y resistir. Así, en la fiesta, el viernes de “ayuno” en la casa del preste empezaba a medianoche, los invitados asistían   directamente a las mesas listas con manteles negros, se oraba intermitentemente, en tanto servían 12 platillos por las 14 estaciones de la Vía Crucis que sufrió el rebelde Jesús, condenado por el imperio romano y su clase dominante hebrea de entonces; vieja práctica que siempre se repetía con los rebeldes que interpelaban e interpelan a los imperialistas o colonizadores, ya sea crucificando, descuartizando, ahorcando o asesinando y haciendo desaparecer el cuerpo para que no se vuelva un referente histórico a repetir. La historia universal está repleta de estos martirios.

Esa madrugada, entre rezos y comilona se servían estas delicias: locro de zapallo o carbonada, arroz con leche, ají de papalisa, ají de cochayuyu, wallake, queso humacha, papas a la boliviana (con maní), plato paceño o apthapi, sopa de camaroncillos, maicillos, huminta, trucha u otro pez. Cabe informar que eran porciones pequeñas que se servían sin una gota de alcoho, hasta el amanecer del sábado para anticipar al domingo de gloria y resurrección, momento en que el padrino de cohetería hacia despertar a todo el barrio con cachorros de dinamita y cohetillos a granel, los invitados salían al patio a saludar al sol, al padre Inti identificado en la resurrección de Jesús y la banda arrancaba con una andanada de cuecas para el pase de la preste y establecer los compadrazgos para el año siguiente.

Esta comilona contrasta con el precepto de ayuno instruido por la Iglesia y es una muestra de la reinterpretación de la Semana Santa. Cabe resaltar que estos alimentos contienen proteínas y vitaminas que contribuyen a una ingesta sana, variadas y suculentas. Alimentos del mar, tierras bajas, altas y valles nos develan la riqueza que contiene nuestra geografía y a la vez, nos evidencia cómo el área nueva de la guerra cognitiva, promovida por la OTAN, a través de la tecnología comunicativa, nos cambia los gustos; aprovechan los miedos y las fobias para hacernos perder la conciencia de sí mismos, nos enajenan para manipularnos con su contenido.

Para servirse un thimpu de cordero hay que buscar en barrios periurbanos, lo mismo que el jauriuchu y otras ofertas que cedieron el paso a ese alimento considerado —por su servidor— como terrorismo gastronómico y que se encuentra a cada paso: el pollo frito.

Muchas fortunas se han amasado con su venta y sus consecuencias de ingesta continua se enlazan con sus aliados de las industrias de fármacos para problemas gastrointestinales que solo son paliativos ante la grasa absorbida y las condiciones perversas de su manipulación. Pollos que jamás ven la luz del sol contra pollos que sí lo hacen, es un guarismo que tiene un vencedor claro. Estamos atrapados en sus redes grasientas, igual que la manipulación de las noticias. La descolonización mental incorpora también al segundo cerebro: el aparato digestivo.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Los guasones

/ 10 de abril de 2022 / 02:28

Una de las herencias de la filosofía de las naciones indígenas que no pudieron desarraigar con la colonización, es la cualidad de la población de antropomorfizar todos los objetos que nos sirven para vivir cotidianamente. Así se ch’alla todo utensilio u objeto nuevo para el trabajo y, en algunos casos, hasta se le pone nombre como a un ser humano. Eso sucede hasta ahora con los automotores nuevos que se llevan a bendecir y ch’allar al Santuario de Copacabana; ciudadanos peruanos, argentinos y bolivianos cumplimos el ritual.

Acompañados de un can tha’mpulli, los dueños del automotor y los padrinos fuimos al Santuario, e hicimos los primeros contactos con las floristas que saben todas las formalidades, empeñados como estábamos de someter al automotor al ritual con el propósito de promover su duración, la seguridad de sus conductores y la utilidad para toda la familia.

Para ello es necesario acercarse a una caserita que sabe el protocolo católico pagano y el momento en que viene el sacerdote franciscano con su balde de agua bendita y su alforja en la manga para el pago voluntario del servicio religioso. Ellas se encargan de adornar con flores al automotor, colocarle un sombrero y una corbata si gustan los padrinos que deben asignarle un apelativo. En este caso, debido al alegre y disciplinado comportamiento del can durante el viaje, decidimos —a última hora— bautizar el automotor como Cholango, en su honor. Las caseritas aconsejan ponerles nombres varoniles, porque de otra manera serán coches caprichosos como las mujeres.

En la conversación comentaron algo que nos llamó la atención. Giovanna, que así se llama la florista, nos dijo que vienen grupos de guasones con carros últimos modelo y aseguraba que son una fraternidad o logia a la que quisiera que sus hijos pertenecieran para que obtengan buenos trabajos. Nos preguntó si algunos de nosotros éramos guasones. Sorprendidos nos miramos y le respondimos que no, que era un personaje de ficción y enemigo de Batman. Ella replicó que no, que últimamente el guasón más importante, el number one había inaugurado una torre con nombre en inglés. Entonces saltó y ordenó: ¡Por favor no pronuncien su nombre porque trae mala suerte, quincha es! En la fiesta de su edificio quinchauta (casa de la mala suerte), bien enfermo le hemos visto. Estaban todos los guasones, así nos han dicho.

A los pocos días de la inauguración del edificio del jefe del intrascendente grupo político Unidad Nacional, vimos en los carteles de un bus anunciando Calacoto, Quincha uta, el edificio como referencia urbana. La señora nos aseguró que ahora el principal guasón convertiría en hospital su edificio, como alguna vez prometió que lo haría con la Casa Grande del Pueblo, cuando gobernaba con la Dañine y que ahora, como dueño del edificio cumpliría su promesa, el problema es que nadie se atrevería a internarse.

La riqueza del aymara para armar sufijos y prefijos le permite crear palabras para designar todo, así los teleféricos se designan como lata kusi kusi (arañas de lata), y sucede lo mismo con otros objetos y aparatos domésticos que se van popularizando con su uso cotidiano. Como sabemos, el aymara usa solo tres vocales: a, i, u, de tal manera que muchas palabras tienen deformación fonética al pronunciarlas. Giovanna decía guasones a los masones.

En Bolivia, esta logia actúa desde el 20 de noviembre de 1929, cuando se crea la Gran Logia, soberana e independiente, con jurisdicción de los grados (escala) 1º al 33º. Antes de esa etapa, existía la logia asociada a grupos de países vecinos. Para ser masón hay que ser varón (las mujeres están excluidas), creer en la existencia de un Ser Supremo, tener una alta moralidad (allí fallan casi todos), entre otros requisitos.

Fueron masones Bolívar, Sucre, San Martín, Moreno, precursores de la independencia, entre ellos Casimiro Olañeta, intrigante y maquiavélico, prototipo del abogado boliviano; además de presidentes como José Manuel Pando, Ismael Montes, todos conservadores. En el gobierno del general René Barrientos fue reconocida la Gran Logia Boliviana a través de un decreto firmado el 26 de abril de 1967.

La ilusión de la florista Giovanna puede ser realidad y convertir a sus hijos en “guasones” conservadores, si es que les aceptan.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Monumentos y teatro

/ 26 de marzo de 2022 / 22:54

Los Estados necesitan monumentos para escenificar la historia ritualmente. Las élites que crearon estos y se apoderaron de las luchas populares mandan a modelar a los hombres que defendieron sus intereses y, mejor si murieron en combate; entonces los mitifican, casi hasta convertirlos en seres perfectos y sobrenaturales, les despojan de sus atributos humanos y los convierten en símbolos de una nación.

Todos los Estados nacientes tuvieron entre sus tareas más tempranas, el mantenimiento del orden en general, pero sin poderse separar de él está la necesidad de mantener el orden de la estratificación social; por eso los monumentos permiten la presencia de los héroes y constructores de una nación, así la ausencia se vuelve presencia. Esa es una de sus funciones políticas y sociales, mantener un panteón de ausentes para que el imaginario de un Estado se mantenga presente ante la multitud.

El vocablo monumento es de origen latino, monumentum, del cual el sufijo mentumhace referencia a la mente, a la memoria y a la conciencia. Debido a tal virtud un monumento apela a la memoria para recordar algún suceso social importante, no solo las representaciones humanas son consideradas monumentos, sino también las construcciones arquitectónicas que sellan en la memoria de los habitantes momentos importantes. Se convierten en patrimonio de un Estado por su valor histórico y estético por estas razones.

El mundo de las imágenes y de los símbolos es usado por los que detentan el poder, se valen de “ideoescenas” o teatralizaciones para ordenar ese cúmulo de información visual para darle un orden y buscar el efecto dramático, festivo o sacro; dependiendo del grupo social que lo emite ante los humanos que lo contemplan y participan con una mirada no neutra, sino condicionada por la instrucción en las escuelas y sujeto a los medios masivos como el internet y convenciones culturales.

Cada año asistimos a la conmemoración del Día del Mar y la Guerra del Pacífico con Chile (1879) y repetimos el ritual frente al colosal monumento de Eduardo Abaroa y sus cenizas en medio de un despliegue imponente de la Armada. El ritual anual contempla desfiles de unidades militares y policiales, ofrendas florales de las embajadas, instituciones estatales y otras organizaciones vinculadas a la vida política, social y económica del Estado boliviano. Este año, el discurso que emitió el presidente Arce Catacora generó expectativa, debido a la reciente asunción al poder del presidente comunista Gabriel Boric, con quien el oficialismo tiene algunas coincidencias ideológicas. Ante la presencia intimidante del dedo índice del monumento al máximo héroe civil de Bolivia, el Presidente emitió un discurso que repetía los anteriores sin mayores matices. Los discursos obedecen a una política del Estado que no cambiará, así sea de derecha, izquierda o fascista como en las dictaduras militares.

En Chile también tienen los monumentos al soldado heroico y al general Manuel Baquedano, escenarios para repetir el mismo discurso. Este monumento fue el centro de reunión de las manifestaciones sociales que cuestionaban el modelo económico y político chileno. Situado entre la frontera de barrios de ricos y de pobres, era la referencia de la división de clases en la capital chilena. Estuvo a punto de ser derribado en octubre de 2019, cuando surgieron las protestas sociales por el aumento de precios de los pasajes del metro, sumadas a la recordación histórica de la participación de este militar en el exterminio de indígenas mapuches. El monumento ecuestre fue retirado para su restauración y ahora genera controversia por su probable reposición en el mismo lugar; pero voces populares opinan que se debería erigir un monumento que recuerde las luchas sociales. Los militares chilenos se sintieron indignados ante la afrenta al “General Invicto”.

La presencia de varios monumentos que aluden a la conquista ibérica causó similar repudio iconoclasta; así en Colombia, tumbaron varios de ellos. En el centro paceño, un joven aymara intentó otro tanto con el monumento a Colón. Ahora está cerca de visitar la cárcel por daño al ornato público y no será juzgado por la justicia comunitaria.

De algo estamos seguros, no se descoloniza derribando monumentos, sino tumbando los monumentos que durante el colonialismo nos impusieron en la conciencia. Es una larga tarea que nos espera.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Pelotazos, guerra y política

/ 13 de marzo de 2022 / 00:56

El espectáculo-ritual deportivo que seduce a un público masivo, siempre estuvo ligado a la vida política y a los intereses de las potencias mundiales y sus castas que la dirigen. Esto se reproduce en los Estados en magnitudes menores, con otros ingredientes que inclusive rozan la delincuencia.

Hace unos días subí a un minibús para dirigirme a la zona Sur, resignado como estaba a la sesión de cumbias que acompañan estos viajes urbanos, escuché —en cambio— una andanada de quejas y lamentos de comentaristas deportivos que el maistrito escuchaba en su radioemisora. Las deplorables actuaciones de la selección y los equipos clasificados a una copa internacional eran la recurrente causa. Cuando tocaron el tema de las medidas de exclusión contra los deportistas rusos por la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociado), la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y la Unión Europea, sus comentarios develaban desconcierto porque no sabían para qué se habían creado estas organizaciones político militares y deploraban que la política haya contaminado el deporte.

“Por historia del deporte se extiende como un hilo rojo la relación entre política y deporte dentro el marco de condicionamientos y del proceso de la sociedad en su conjunto. Esta relación se manifiesta ya en las actividades deportivas de todo tipo de los primeros pueblos civilizados de Mesopotamia y muy particularmente en el imperio faraónico de Egipto, donde los soberanos practicaban los deportes (tiro al arco, caza del león) para su gloria y prestigios propios, y los ejercicios físicos (maratón, remo, esgrima con bastones) ocupaban un lugar muy importante en la política cultural educativa”, dice el historiador Heinz Roesch. A excepción de la caza del león, las demás actividades forman parte de las competencias olímpicas hasta hoy, cuyo origen deviene desde Babilonia, Asiria y el antiguo imperio persa que penetró en la antigua Grecia a través de Creta. Esto sirvió de cabecera de playa para la política colonialista de Agamenón en los Dardanelos. El balompié o fútbol tuvo el mismo efecto para la expansión colonial del imperio británico, convirtiéndose en un espectáculo global expandido por los medios.

Las competiciones deportivas, llamadas ágone, tuvieron su origen y motivación en la mitología griega de un mundo de dioses antropomorfos. Los espartanos asumían la dura educación deportiva dirigida al servicio del Estado, la guerra y su política.

Al igual que en Grecia, las actividades deportivas en Roma eran de exclusiva práctica de las clases altas, hasta la profesionalización de las mismas que permitió el acceso a las clases populares como un medio de ganar dinero, cautivando a un público heterogéneo ávido de sensaciones en la arena del coliseo romano, planificado por razones políticas, pan y circo (panem et circenses). Adriano y Nerón mandaron a organizar costosos juegos agonales y circenses con carreras de carros y caballos, carreras pedestres, luchas grecorromanas, pugilismo, esgrima y el plato fuerte de gladiadores luchando con leones y sacrificando esclavos y a los primeros cristianos revoltosos.

En la Edad Media, cultivaban deportes específicos de su clase, estaban distribuidos en tres estamentos: los nobles practicaban las siete destrezas (equitación, natación, tiro, escalada, luchas, esgrima y galanteo), los campesinos practicaban bolos, carreras, lanzamiento de piedras y esgrima con bastones y el Estado llano, compuesto por la naciente burguesía, imitaba a la nobleza en sus juegos a partir de sus gremios.

En 1936, cuando la Alemania nazi estaba en la cúspide, Hitler montó una maquinaria de propaganda nunca antes desplegada en estos eventos; su propósito era exhibir la supuesta superioridad racial aria. Fue un fiasco, un atleta afro se llevó la mayor cantidad de medallas de oro y derrumbó el proyecto.

Así como la guerra es la política por otros medios y la política es la guerra por otros medios, el deporte es la guerra por otros medios.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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