Voces

martes 25 ene 2022 | Actualizado a 01:13

Plan de desarrollo nacional

/ 30 de noviembre de 2021 / 00:45

El debate se viene en medio de una ofensiva mediática para cuestionar la gestión del presidente Luis Arce Catacora; el pivote se inscribe en el supuesto atentado a la autonomía de los gobiernos subnacionales y las universidades.

Reflota el discurso contra el centralismo, cuando quienes se beneficiaron de ello hoy se consideran con capacidad autónoma. El ideal del Estado de 1952 era crear una burguesía nacional desde el Estado, así se implantó el plan de desarrollo decenal, que desde la óptica del Plan Bohan buscaba desarrollar la extracción de materias primas —minerales y petróleo— y el desarrollo del Oriente boliviano con la agroindustria; con un mercado cautivo en el occidente, particularmente en las minas, se llevó adelante este plan. Su mentor fue Víctor Paz Estenssoro. El paso siguiente lo dio el general Banzer, que extendió el potencial agrícola a la exportación, facilitando el ingreso al mercado internacional y financiando sus actividades con el Banco Agrícola, hasta llevarlo, a este y otros, a la quiebra.

Así, cuando nos hablan del modelo cruceño su esencia es esa: vivir bajo el alero del centralismo para luego desconocer su paternidad, origen congénito que inviabiliza su independencia. Esto se debe a que la prosperidad está basada en el consumo y la dependencia de las comunicaciones del Occidente, los acuerdos con la Comunidad Andina de Naciones y la apertura de mercados por el Estado central, y la política monetaria favorable a las exportaciones de materias primas, sin obligatoriedad de entrega de divisas y devolución del IVA. Así, la inviabilidad del discurso federalista solo devela su frustración de llegar a Palacio Quemado con la Biblia en la mano y acompañado de sus exorcistas.

Lo primero que debemos analizar es si es necesario un Plan de Desarrollo Nacional, que involucre y comprometa a todos. En el nuevo contexto de época, la construcción del Estado Plurinacional —luego de la libre iniciativa privada y de las fuerzas del mercado, puntos vitales del neoliberalismo— define la acción planificadora del Estado para lograr el desarrollo a nivel nacional, lo que votó el pueblo cuando aprobó la nueva Constitución Política. En realidad, es esto lo que se cuestiona: no se acepta la derrota ideológica y política del neoliberalismo porque aún mantienen su poder económico y el Plan de Desarrollo no cambia esta situación; así surge una interrogante si el plan logrará sentar las bases del Estado Plurinacional, si no establece una línea hegemónica dentro de la economía plural.

En este campo subsisten candados neoliberales, se respeta la iniciativa privada para maximizar sus ganancias, sin importar las necesidades de la población. Así en el tema agrícola, seguimos dependiendo de las importaciones de trigo, de verduras y frutas como las manzanas chilenas, y no es con la acción represiva al contrabando que llenaremos nuestros estómagos, sino con el desarrollo tecnológico y la determinación de garantizar la seguridad alimentaria.

¿Es necesario sustituir las importaciones? Desde luego que sí, ante todo lo que podemos producir, pero es necesario también limitar lo suntuario, como importar comida para perros y gatos. Pero ante todo debemos alentar las exportaciones con valor agregado, superar nuestra condición de exportadores de materias primas en bruto, destino que nos ha impuesto la división del mundo capitalista, para devolvernos los productos ya elaborados para nuestro consumo. En esto el Plan de Desarrollo peca de poco creativo, al contrario, reitera nuestra condición de productores primarios, alentando su exportación. Y la industrialización se queda en buenos propósitos, veamos.

En el caso de la minería, se pone como meta una fundición de zinc, para 150.000 TMF cuando nuestra producción es de 700.000 TMF; además que el lingote no deja de ser materia prima y no se dice nada de su industrialización cuando la cadena de valor del zinc-plomo-plata es muy amplia, incorporando la producción de calaminas, latón, abonos, soldaduras electrónicas, hasta medicinas. O se menciona proyectos de gran envergadura como el del litio, pero no se lo toma en su verdadera dimensión dado que su implementación requiere de la concurrencia de más de 30 empresas que produzcan metales y elementos de química básica.

En esta labor tenemos espacio para todos, la autonomía está en la capacidad de concurrir a estas tareas; para el litio se necesita el níquel que existe en Santa Cruz y las universidades deberán formar profesionales de ciencia que solucionen los miles de problemas que surgen en el propósito de crear una Patria Grande.

José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.

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K’ara simi (II)

/ 11 de enero de 2022 / 01:42

Un compañero k´ara simi (sin pelos en la lengua) pregunta a los candidatos del Foro Sindical de Huanuni: “Acá todos juquean: en la mina, en Santa Elena, en Lucianita, en relaves; ¿qué van a hacer los candidatos?” En sus respuestas, los postulantes amplían la red para incluir a policías, militares, seguridad privada, serenos.

A diferencia del pasado, no se trata de trabajar a escondidas una veta olvidada, hoy se ataca la veta principal donde realiza la actividad productiva la empresa. Aprovechan la hora de descanso del contratista y el tiempo de despeje del polvo; un grupo de jucus penetran al paraje a recoger el mineral desperdigado después del disparo: en medio del polvo y humo realizan esta tarea a toda prisa, pendientes de que no venga la ronda de policías, guardia privada o serenos que son los llamados a resguardar el tope de la galería. Luego vendrá el ascenso a superficie; desde 250 o más metros de profundidad tendrán que salir con una kepirina en la espalda, el bulto pesa unos 30 kilos, la tarea es sacrificada; no es raro que se utilice los medios que tiene la empresa (la jaula, la rampa); en superficie el trabajo no será más holgado, se trata de recorrer a veces kilómetros hasta encontrar al receptor de la carga, que con movilidad trasladará el fruto del juqueo a la comercializadora situada en Llallagua u Oruro, eludiendo en el trayecto los controles militares. La comercializadora se dedicará a “curar” el mineral para entregarlo a la fundición estatal de Vinto o a la privada OMSA. La ley o pureza del mineral tiene cerca del 40%, su valor será Bs 3.000. Valió la pena el susto. La otra forma es la extracción directa de los ingenios y bodega, donde simplemente se recoge, a hurtadillas, la barrilla procesada con una ley de 50%.

Así, la cadena del juqueo se amplía para comprometer a personas en cada una de las etapas, no son muchas, pero están en el lugar y en el momento oportunos. El combate es largo, se ensaya una y otra receta, la delincuencia recrea sus métodos, amplía sus contactos; parece invencible. A veces se acepta con fatalidad convivir con el flagelo. Justificativos no faltan: la desocupación, la oportunidad de salir de pobres, la comparación con quienes tienen un ingreso fijo y permanente y la precariedad de su ingreso, la solidaridad para evitar sanciones a los compañeros. Se impuso una visión de dejar hacer y dejar pasar, aprovechar la oportunidad para enriquecerse, sino, eres zonzo. Una mutación de los valores comunitarios, cristianos y socialistas, para asumir una ideología inculcada en 20 años de neoliberalismo donde la seguridad del Estado, de la familia y de la misma persona valen menos ante la oportunidad del rédito económico.

Más allá de cuestiones operativas para combatir el juqueo, falta la voluntad para aplicarlas, involucrando a todos los actores. Los mismos compañeros jucus piensan en un trabajo digno y permanente, los trabajadores de la empresa sueñan con una entidad administrativamente eficiente y rentable que garantice sueldos dignos y permanentes, una población civil que atienda las necesidades y servicios de las familias de los mineros y sea reconocida por ello, unas fuerzas de seguridad reconocidas por contribuir a la convivencia ciudadana.

Se trata de cambiar los chips, paradigmas dirían los políticos, de las razones de vivir. El capitalismo, con su sed de acumulación y crecimiento induce a romper todas las reglas de convivencia; modelo que lleva a la explotación de los hombres y la naturaleza, crecimiento que pone en peligro a la misma humanidad. Ante esta pandemia, el pueblo boliviano ha elegido el “buen vivir” que no es sino vivir en armonía con nuestros semejantes y la naturaleza.

Anecdóticamente, allá por 1983, la Federación de Mineros pugnaba para poner en vigencia la cogestión obrera, es decir la responsabilidad de todos los trabajadores en el manejo de la empresa, para que —según se decía— no se pierda ni un clavo. Con ese propósito Liber Forti fue destacado a Huanuni para conversar con los trabajadores. En un encuentro con el Lobo, conocido por acciones pro juqueo, le explicó los propósitos de la propuesta, razones que fueron comprendidas, pero su interrogante no tuvo respuesta. “Liber, yo dejo de juquear y ¿tú me garantizas que el gerente no vaya a robar?”

En la ciencia identificar el problema es la mitad de la solución, encontrar ésta es tarea de todos. Los mineros, a partir del conocimiento de la situación que viven, pueden dar el nuevo derrotero a la revolución democrática y cultural.

José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.

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K’ara simi (I)

/ 28 de diciembre de 2021 / 15:42

Con pasión y responsabilidad se llevó a cabo el foro debate con motivo de las elecciones en el Sindicato Mixto de Trabajadores Mineros de Huanuni (17- 12-2021). Los temas debatidos fueron los que preocupan a los trabajadores. Coincidentemente, los tres frentes en pugna plantearon los mismos problemas: el futuro de la empresa, la corrupción, la lucha contra el juqueo, las relaciones con la Empresa Metalúrgica Vinto, la atención de la Caja Nacional de Salud, el prorroguismo de sus entes matrices. Conocimiento que muestra la realidad minera y expresa la voluntad de enfrentarla, como dicen “cueste lo que cueste”, “caiga quien caiga”.

Situación de la empresa. La afirmación de que hasta noviembre la utilidad de la Empresa Minera Huanuni (EMH) llegó a $us 90 millones es un hecho halagador; sin embargo, no dejan de preocupar las obligaciones acumuladas en las gestiones pasadas: pérdidas acumuladas, deudas contraídas con proveedores, préstamos del Gobierno a través del FIMPRO, obligaciones que pueden ensombrecer la presente gestión.

La historia de la EMH es conocida: revertidas las concesiones dentro del mismo yacimiento en 2006, absorbió a 4.000 cooperativistas, para lo cual se combinó los sistemas de explotación industrial y artesanal, en la perspectiva de unificar toda la explotación en el sistema industrial. Hasta 2012 este sistema obtuvo una utilidad de $us 113 millones, a partir de allí se fueron implementando proyectos de gran envergadura: el ingenio Lucianita, compra de maquinaria para construir el dique de colas, la reposición de compresoras, locomotoras, automotores, etc., introducción de la perforación desde exterior mina de chimeneas para la ventilación, construcción de la rampa en interior mina; estos emprendimientos no fueron cumplidos en el tiempo de ejecución ni en su construcción. La no concreción de los resultados buscados fue agravando la situación financiera y, a partir de 2014, la empresa tuvo déficit crónicos. Con razón los trabajadores protestan por la mala ejecución de estos y otros emprendimientos, ellos se preguntan si realmente son técnicos los que dirigen la empresa. El cuestionamiento no puede ser más lapidario cuando se analizan obras que llaman “elefantes blancos”, como los diques de Cataricagua y Lucianita, la reparación de los ingenios de Machacamarca y Sajsani, la explotación de zinc, que nunca funcionaron como se esperaba. De aquí surge el planteamiento de la “reestructuración del cuerpo técnico”.

El problema no solo es técnico, también organizativo. La estructura de la EMH es de una empresa productora, su principal función es garantizar los niveles de producción programados. En ese sentido, la administración está diseñada para ese propósito, es sobre esta base que se le dio tareas de planificación, logística y fiscalización, con la conformación de un directorio presidido por el Ministro de Minería, Ministerio de Medio Ambiente y la Comibol, por la parte estatal, y dos representantes de los trabajadores. Es acá donde se toman las decisiones estratégicas, es decir sobre los principales proyectos, que son preparados por los técnicos, que no están preparados para esta tarea ni tienen esa función específica. Así, los proyectos expresan una necesidad, pero su propuesta no tiene la solvencia para lograr los resultados esperados; por eso los trabajadores se sienten “mamados” y tal como ellos, el resto del Directorio, que confía en lo que se les dice en plena sesión, sin tiempo para hacer las consultas necesarias. La elaboración de un proyecto no solo debe contener el proceso tecnológico, sino también los cálculos económicos, el financiamiento, la logística, el cronograma y la nominación del personal responsable. Así, esta tarea asumida por el gerente y los superintendentes, que tienen bajo su responsabilidad el plan de producción y la conducción de 5.000 trabajadores, tendrá como sino de nacimiento el fracaso y su sanción con la remoción, lo que ocurrirá con uno y otro gerente que en su nominación contó con el apoyo laboral.

Como se expresó en el foro: el proceso de cambio es del pueblo y Huanuni contribuyó a esta lucha; en 2003, el neoliberalismo cobró la vida del c. Atahuichi en El Alto, posteriormente estuvieron luchando por la aprobación de la Constitución y contra la dictadura de Áñez; los trabajadores han aportado a los bonos sociales; su participación en estas luchas muestra que piensan en el país, que su empresa es de todos los bolivianos y deben responder al desafío de la construcción del Estado Plurinacional, por eso exigen información y participación.

En los discursos está presente la añoranza de los viejos tiempos en que de Huanuni salía la línea de acción del pueblo boliviano. En sus manos está lograr aquello, haciendo de la EMH un ejemplo de dirección obrera de la empresa estatal: productiva, eficiente, amigable con la naturaleza y con administración transparente.

‘ K’ara simi, boca pelada, frase quechua para indicar que dice todo lo que ve. “Sin pelos en la lengua”.

José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.

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Estrella solitaria

/ 14 de diciembre de 2021 / 03:29

El titular no podía ser más amargo: “Ninavia desclasificado en los 10.000 mp”. Trajo a la memoria un suceso del siglo pasado cuando un mate de coca fue motivo de sanción a uno de nuestros mundialistas de fútbol. Hoy se trataba de zapatillas equivocadas, suela más gruesa se aclara, así Ninavia y Bolivia se ven despojados de una presea de plata, porque en la cámara de llamadas fue revisado sin observaciones. Surge la interrogante sobre el carácter de estos eventos, en este caso la discriminación.

David Ninavia (18 años) anteriormente había ganado la prueba de 5.000 m en los Juegos Panamericanos Junior, con ese triunfo Bolivia logró su única presea de oro en el evento, otra nos hubiera elevado en el medallero y Ninavia sería nuestro héroe y no el mal alumno que tiene que aprender, como rezan algunos comentaristas. Otro antecedente importante es que Ninavia ganó otra medalla de oro en el Sudamericano de Atletismo llevado a cabo en Lima este año en la prueba de los 3.000 m.

David emergió en las lides deportivas en los últimos Juegos Plurinacionales Evo Morales realizados en Villa Tunari en 2019. Allí este joven de 15 años, siendo estudiante del Colegio Llallagua, dio a conocer a su comunidad Chocapatilla, cabildo Janq’o Kalani del Ayllu Chullpas, perteneciente al municipio de Llallagua del departamento de Potosí; con entusiasmo estudiantil enfrentó este desafío que lo impulsaría a las lides internacionales. Otra niña, llamémosla Rosaura, también llallagüeña, ganó su medalla en la prueba de 100 m en los juegos infantiles de Cobija, y cuando se le preguntó sobre su aspiración, expresó que desearía que en su municipio hubiera una pista de tartán. En verdad, solo disponiendo de los medios modernos se puede aspirar a entrar a estas competencias, en las que compiten no solo seres humanos sino también los poderosos de la tecnología deportiva y económica para profesionalizar a los deportistas: la afición amateur al deporte ha desaparecido.

En este sentido, el batallar de David es un ejemplo de tenacidad. Consciente de sus condiciones, enfrentó el fenómeno de la pandemia solo; cerrados los colegios, desapareció su único apoyo, su profesor de educación física, sus esfuerzos individuales no le bastaban. En Llallagua no hay un club de atletismo y la asociación departamental está a 300 kilómetros, así que optó por radicar en la ciudad de Oruro, dejando atrás la identidad que le vio nacer; emprendió otro desafío lleno de incertidumbre, hoy los resultados muestran que fue acertada su decisión. Mientras Rosaura espera con ilusión los próximos juegos estudiantiles, sin que su sueño todavía se haya realizado.

El caso de David no es el único, otros deportistas también hicieron sus primeras armas en los Plurinacionales; a fuerza de batallar, continuaron su carrera deportiva, pero son las excepciones. Las becas “tunkas” no son muchas y son dedicadas a deportistas consagrados. La masificación deportiva es positiva, demuestra las potencialidades, pero no basta, no existe una política que, identificados los talentos, les guíe, les oriente y —por qué no— el Estado tome para sí la responsabilidad de su formación integral, en institutos especializados donde se tenga personal técnico para alta competencia y en todas las áreas que hacen al rendimiento deportivo: entrenadores, médicos, nutricionistas, psicólogos, etc., con todo el equipamiento necesario; ni qué decir de la indumentaria, que cada vez se muestra más exigente, como las zapatillas que hay que cambiar en cada prueba.

Una política pública recuperaría esos talentos que existen en los sectores más diversos de la nacionalidad; con la mercantilización cada vez mayor del deporte, en sus planas deportivas los medios de comunicación solo nos muestran los deportes que requieren de grandes inversiones; casi siempre, se ignora los que se mantienen con el sacrificio individual, que merecen ser reconocidos.

Llallagua tiene una amplia historia deportiva, desde su contribución con jugadores en el mundial de fútbol en el Uruguay y como semillero de jugadores para los clubes 31 de Octubre de La Paz y Oruro; su equipo ganó un campeonato nacional de basquetbol femenino, varios años fueron campeones en golf y ni qué decir los 14 años consecutivos de gloria del equipo de natación Ranas. El contexto social, la comunidad minera del campamento y las condiciones naturales, como las aguas termales, hicieron realidad lo imposible. Llallagua también va cambiando, hoy las autoridades son de las naciones originarias, y bello, que también de su seno salgan deportistas de primera. Bravo, David, tu esfuerzo es reconocido con orgullo por todo el pueblo boliviano.

José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.

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Otra vez, por las ramas

/ 16 de noviembre de 2021 / 01:01

La zona industrial de Karachipampa ha sido declarada zona franca, así dando actividad a la fundición de plomo y plata, con la internación temporal de concentrados desde Perú. Lo primero, que nos alegra, es que funcione; lo que nos preocupa es que sean minerales del Perú los que se refinen y no los de Bolivia.

Al respecto se ha explicado que no hay concentrados disponibles en el país, que todos están comprometidos (es decir, se exportan para su tratamiento). Cuando se encaró el proyecto originalmente, se justificaba con la existencia de una abundante reserva de estos minerales en el país —actualmente producimos 300.000 TMF por año, el doble de la capacidad de Karachipampa. La Constitución Política del Estado Plurinacional, en su política de superar la producción primaria, obliga a la provisión de estos concentrados a las fundiciones nacionales; tiene su precisión en la Ley de Minería como “a costo competitivo”.

Al parecer es este problema que se quiere superar, puesto que en zona franca se libera el pago de impuestos, fundamentalmente el Impuesto al Valor Agregado, el 13% sobre el valor internacional del producto. Este es un problema insoluble para empresas que no tienen capital suficiente como para esperar años para que Impuestos Internos devuelvan los famosos Certificados de Devolución Impositiva (Cedeim); esta situación ha llevado a enfrentamientos entre productores y el fundidor, es el caso de Karachipampa y San Cristóbal, y de Vinto y la Comibol, a la que llegó a deber cerca de $us 80 millones.

Los productores peruanos se ven obligados a fundir sus minerales de plomo en Asia; una solución por lo tanto es la fundición en un país vecino para abaratar sus costos de transporte a un destino lejano; evitan un flete falso por una carga que tiene 40% de peso no mineralizado. Otros gastos se reducen, como el no pago de seguros, estibaje y el mismo costo de refinación, alto en los países del Primer Mundo. El costo de realización de los concentrados de plomo-plata en el exterior, en el caso de la minería boliviana, llega al 50% del valor bruto del mineral. Mientras tanto, la fundición en territorio boliviano tiene un costo del 10% del valor bruto del mineral, como el caso del estaño en Vinto.

La ley minera establece un contrato de explotación del Estado con el productor minero, por lo cual no pierde la propiedad sobre estos recursos naturales, sino cuando, a través del Senarecom, autoriza su exportación; mientras tanto el Estado tiene la facultad de disponer de este recurso. La misma Comibol, dueña de Karachipampa, tiene minas de plomo y plata dadas en contrato a empresas privadas: en el directorio del contrato tiene mayoría y de un análisis simple se puede determinar la conveniencia de fundir en el país.

Sin embargo, la fundición de Karachipampa, más allá de la falta de voluntad política para hacerla funcionar, tiene problemas estructurales en su tecnología. Construida en la década de los 80, fue la primera en utilizar, a nivel industrial, la tecnología Kivcet, de origen soviético y comprada por la Klockner de Alemania, pero nunca fue entregada en funcionamiento; esto se debió a que, en 1985, se privó a la Comibol de su capacidad productiva; así la fundición fue enmoheciendo mientras esperaba a un socio inversionista.

Desde 2011 se implementó un plan de rehabilitación de la fundición, con recursos propios; la Comibol llegó a ponerla en funcionamiento, estableciéndose la acelerada corrosión del caldero de enfriamiento. Se pretendió superar el problema con un reforzamiento antioxidante, en tres ocasiones con resultados negativos; la planta no llegó a funcionar tres meses, para volver a estar parada desde 2017 hasta el presente, cada reparación tenía un costo de cerca de $us 500.000. El problema es estructural: hay que controlar los gases en el mismo horno, como se viene haciendo en otras fundiciones del mundo. De todos modos, la planta mostró capacidad llegando a producir lingotes de plomo y plata, concentrados de óxidos de zinc, antimonio y bismuto, se avanzó en los ensayos para obtener estaño, indio, oro.

Una vez cumplido el ciclo productivo con los peruanos, nuevamente habrá que reparar el caldero y para ese entonces las ganancias no podrán cubrir una nueva reparación.

La fuerza laboral, acosada por la incertidumbre en la estabilidad en el trabajo, sabe que la única solución es la inversión en un nuevo horno, con un costo de $us 50 millones, que garantice un funcionamiento permanente, que sea una empresa rentable y competitiva y un eslabón para ampliar la cadena productiva. Esto ha llevado a que se plantee, en la Cumbre Productiva en Potosí, la rehabilitación integral de la Fundición de Karachipampa y no una solución parcial y monetarista.

José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.

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La histórica nacionalización de las minas

/ 2 de noviembre de 2021 / 02:03

El 31 de octubre se recordó el 69 aniversario de la nacionalización de las minas. Es un parteaguas en la historia nacional. Es a partir de este hecho que se comienza la construcción del Estado nacional; buscaba hacernos a nosotros mismos constructores de nuestra nación.

Este derrotero no tuvo una visión única. La fuerza del proletariado armado obligó al MNR a anunciar la nacionalización de las minas el 11 de abril de 1952; su concreción el 31 de octubre muestra que era una sorpresa para la dirigencia movimientista. El planteamiento obrero tenía algunas premisas: el no pago de la indemnización, la industrialización de la minería y la participación obrera en la gestión de la empresa, postulados que le daban un aire liberador a un hecho administrativo (la bolivianización).

El pago de la indemnización se insertó en el decreto con el argumento de que en el proceso de conciliación no se pagaría nada, promesa falsa. Hasta 1966 no se pudo concretar la fundición de estaño; con mil ardides se postergó esta aspiración para complacencia de Patino que seguía fundiendo el estaño boliviano, produciendo lingotes con la marca “Made in England”. En cuanto a la industrialización no se avanzó ni un paso; seguimos importando soldaduras y aleaciones como el bronce, cuya base es el estaño. El Control Obrero se liquidó en 1961 cuando se impuso el Plan Triangular financiado por Estados Unidos, Alemania y el BID, los que pasaron a administrar directamente la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), bajo el título de grupo asesor.

Así, la nacionalización de las minas se convirtió en un instrumento del capitalismo de Estado, que desde el Estado busca crear una burguesía nacional. Fueron los recursos de la minería que financiaron la marcha al Oriente para desarrollar los departamentos de Santa Cruz, Beni y Tarija, desarrollando a la agro-ganadería con un mercado cautivo en las minas; se capitalizó Yacimientos Petrolíferos para acompañar el emprendimiento de la integración caminera. Así la Comibol se convirtió en la vaca lechera de la que todos mamaban, en el léxico popular de la época.

Pero, se le fue cercenando sus facultades, cuando se creó GEOBOL, se le impidió hacer exploraciones. El Banco Minero le quitó la facultad de ser el ente rector de la minería nacional. Se le quitó la facultad de fundir sus minerales creando la Empresa de Fundiciones, convirtiéndola en simple proveedora de materias primas. Finalmente se la desjerarquizó, volviéndola un apéndice del Ministerio de Minería y Petróleo, rompiendo su autonomía y autarquía. Esta política, de destrucción de la empresa estatal, culminó con el modelo neoliberal implantado en 1985, que le fue quitando su capacidad productiva para convertirla en una empresa pública para la suscripción de contratos de riesgo compartido y alquiler. Así en 2000 no producía ni una libra de mineral, sus yacimientos fueron transferidos a transnacionales y cooperativas.

El proceso de cambio —2006— encontró un entramado de leyes y obligaciones muy bien amarradas, las que debían seguir un proceso de adecuación a partir de la nueva Constitución Política del Estado. Mientras tanto la problemática social obligaba a tomar medidas como la anulación de contratos con cooperativas en Huanuni, la nacionalización de la fundición de estaño, la reversión de Colquiri; todas como empresas autónomas e independientes. La Ley de Minería —2014— le devuelve a la Comibol la dirección de sus empresas filiales y su función es de una empresa que integra toda la cadena productiva minera metalúrgica; su estructura estaría determinada por la Ley de Empresas Públicas. Sin embargo, no era de aplicación inmediata, debía esperar los lineamientos de un ente gubernamental inexistente (COSEEP).

La Comibol, reducida a firmar y administrar contratos, no desempeña sin embargo ni esta función en el marco de la nueva Constitución, que obliga a la migración de los contratos de riesgo compartido y arrendamiento a contratos de asociación. Estos contratos y los nuevos que suscriban deben ser aprobados por la Asamblea Legislativa Plurinacional. Al no haber sido considerados por la Asamblea se deduce que no migraron en el plazo establecido o si lo hicieron, son ilegales, porque no merecieron la aprobación de este órgano.

Los héroes de Catavi, Milluni y San José que pusieron su sangre para nacionalizar las minas y su proyección histórica, el legado de la histórica dirigencia minera liderada por Juan Lechín, exigen consecuencia; las lecciones de Sergio Almaraz, René Zavaleta, Marcelo Quiroga Santa Cruz claman hechos más que homenajes.

José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.

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