Voces

miércoles 26 ene 2022 | Actualizado a 20:06

Del año más estresante al año más desafiante

/ 13 de enero de 2022 / 06:51

Según un estudio internacional, los años 2020 y 2021 fueron los años más estresantes de la historia y un 75% de las personas se sienten “estancadas” personal y profesionalmente. Ingresamos al 2022 con las nubes de la tormenta sanitaria encima, pero con la esperanza de que estamos en transición a la nueva normalidad que implica adaptación, cambios, pero también oportunidades.

Se reactiva en el mundo la demanda de alimentos y materias primas. Es una oportunidad para fortalecer nuestro aparato productivo (agrícola pecuario) e incrementar la exportación de granos a países vecinos y de altamar, u otros productos como la carne (existe un acuerdo con China para exportar 40 mil toneladas al año) y otros países que también han expresado su interés; la Unión Europea recientemente aprobó el ingreso de los vinos bolivianos, ese es un mercado vinícola por excelencia.

El año que hemos cerrado tuvimos superávit comercial en gran parte debido a la producción y exportación agrícola pecuaria, no tuvimos inflación, se incrementaron los depósitos en el sistema financiero y hubo crecimiento económico comparado con el peor año que fue el 2020, sin desconocer que la deuda externa e interna viene progresivamente creciendo y las reservas van disminuyendo.

El año 2022 como país tendríamos que encarar el negocio del litio, en la tardanza puede estar el peligro. Chile ha dado pasos decididos sobre su litio, aunque la forma ha sido observada por el nuevo presidente Gabriel Boric. Tenemos el Mutún, la producción de urea, minerales y llegará también la hora de encarar la situación de los hidrocarburos, cuya producción y reservas han dado señales de riesgo, por lo que se deben enfrentar ajustes técnicos y normativos.

En materia social, la pandemia ha desnudado otras desigualdades como la llamada “brecha digital” que castiga sobre todo a los jóvenes, lo mismo que el desempleo, subempleo o la falta de oportunidades que multiplica los ejércitos de desplazados o ninis. Los gobiernos en todos sus niveles deben promover políticas de apoyo e incentivo a los emprendedores, puesto que es parte de la corriente y los nuevos hábitos que deja la pandemia.

El censo será este año (ojalá fuera mañana) y tenemos urgencia de saber cómo estamos, qué nos falta y qué debemos hacer. En cuanto a reformas, el Gobierno no puede esquivar por más tiempo la urgencia de enfrentar una reforma profunda y real (no distractiva) de la Justicia, también de los sistemas educativo y sanitario e instituciones como la Policía, pues en todos los casos responden a un modelo anticuado, autoritario y poco trasparente en su accionar.

Ningún cambio ni desafío será materializado mientras no controlemos nuestra propia pandemia, la pandemia de la polarización que genera enormes grietas en nuestra sociedad y desconcentra a actores e instituciones de las metas estratégicas. Urge renovar la forma de hacer política y restablecer la tolerancia y el diálogo para tender puentes entre quienes pensando diferente pueden sostener argumentos y no consignas para llegar a acuerdos mínimos, pero necesarios.

Está claro que la conflictividad política enfría el funcionamiento de la economía, genera un mal humor social, pero también se convierte en oportunidad para quienes están acostumbrados a meter la mano a las arcas del Estado o de las instituciones que prestan servicios. Transparentar y luchar contra la corrupción es otro desafío urgente, al margen de colores e intereses políticos, puesto que está demostrado que la corrupción no tiene filiación ideológica o religiosa, origen, clase social, grado de instrucción, género u orientación sexual, lo que tienen son condiciones que la benefician como la impunidad.

Para insuflar nuestro espíritu conviene rememorar el fragmento de una poesía de Julio Cortázar que señala: “La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”. No perdamos haciendo lo nuestro, que éste y los siguientes sean mejores años.

Daniel Valverde Aparicio es docente de la UAGRM de Santa Cruz.

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Misiones electorales frente a cartas de la exvocal

/ 2 de diciembre de 2021 / 01:08

Por el escenario previo y los acontecimientos de 2019, las elecciones del 18 de octubre de 2020 fueron las elecciones técnicamente más observadas de nuestra historia. Varias misiones internacionales de observación electoral arribaron al país desde meses antes de los comicios. También hubo importantes misiones nacionales. Algunos de los informes finales sobre el proceso, en sus partes salientes, señalan lo siguiente:

Organización de Estados Americanos (OEA): Bolivia tiene una autoridad electoral independiente y tuvo una contienda más equitativa, lo que dio como resultado una jornada electoral exitosa.

Unión Europea (UE): Las elecciones generales repetidas el 18 de octubre de 2020 fueron creíbles y reflejaron la libre voluntad popular. Las elecciones otorgaron la necesaria legitimidad a un nuevo gobierno y a la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Centro Carter: Durante la jornada electoral, bien organizada y libre de incidentes, predominó un clima de civismo que se prolongó durante los conteos de mesas, a las que tuvieron acceso los delegados de los partidos, los observadores y la ciudadanía en general. Este clima de transparencia se mantuvo durante el cómputo oficial de los resultados, en el que cada acta fue tomada en cuenta.

UNIORE: La misión concluye que, si bien hay puntos por trabajar, el OEP logró en un periodo reducido de tiempo, y a pesar del contexto de la pandemia, organizar una elección general en condiciones que garantizaron la certeza y la transparencia, y en las que se fortaleció la confianza ciudadana.

Observa Bolivia (IDEA-AECID): La recomposición del OEP constituyó inicialmente un elemento clave para recuperar la credibilidad institucional. Asimismo, la manera en que el TSE ha venido tomando y comunicando sus decisiones en materia electoral ha sido un indicador de transparencia de la administración electoral.

ONU: Naciones Unidas desplazó equipos de acompañamiento técnico durante todo el proceso y por medio de su máximo representante calificó las elecciones generales celebradas el domingo 18 de octubre como “pacíficas y altamente participativas”.

La exvocal Baptista, que formó parte del Tribunal Supremo Electoral que organizó y administró las elecciones de 2020, ha venido lanzando denuncias como la del supuesto “bloque de dato alterno, técnicamente reservado, que pudiera haber inducido o condicionado el resultado final”, que provocó titulares y comentarios explosivos en las redes, pero de lo cual se retractó casi de inmediato en noviembre de 2020. Lo irónico es que su firma está estampada en actas, resoluciones y credenciales de todas las autoridades que fueron electas.

Últimamente, la exvocal difundió cartas desde fuera del país con afirmaciones genéricas, que nuevamente han provocado comentarios sobre la transparencia de los resultados de las elecciones de 2020. Los informes de las misiones establecen también importantes recomendaciones y quienes hemos acompañado el proceso sabemos que es importante hacer ajustes técnicos y normativos, modernizar los procedimientos, evitar injerencias y hasta plantearnos la posibilidad de una reforma constitucional que aborde temas electorales.

Está claro que tirar bombas y esconder la mano no es el camino correcto. Suficiente con la falta de madurez y responsabilidad que reflejan permanentemente los actores políticos adictos a la polarización. El análisis, la discusión y reformas sobre la temática electoral deben tener otros canales y métodos, puesto que de por medio están las construcciones más valiosas de nuestra democracia en sus 39 años: el voto, la participación y la representación, que deben ser fortalecidas, pero no destruidas.

Daniel Valverde Aparicio es docente de la UAGRM de Santa Cruz.

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