Voces

jueves 7 jul 2022 | Actualizado a 05:28

Medios que polarizan

/ 2 de abril de 2022 / 23:39

Si hubiese que poner un titular tendríamos algo así: “Los medios, desde sus intereses, promueven el enfrentamiento”. Y entonces, para mayor sugestión, se podría preguntar, a lo Vargas Llosa: ¿En qué momento se jodieron los medios? Claro que decir “los medios” es una generalidad (como decir “los partidos”). ¿Cuáles medios? ¿Qué intereses representan? ¿Con qué agenda? ¿Cuán jodidos están? A reserva del debate, veamos algunas percepciones sobre el campo mediático.

El último estudio cualitativo Delphi de la Fundación Friedrich Ebert (FES Bolivia), con datos de marzo, incluyó por primera vez una sección con algunas preguntas sobre medios de comunicación. El resultado es muy crítico para la credibilidad y el desempeño del campo mediático en el país. Debiera preocuparnos como sociedad. Y tendría que provocar, lo menos, alguna reflexión y autoexamen en el gremio periodístico, tan dado a mirarse/acariciarse el ombligo.

¿Qué dice el informe Delphi a partir de las percepciones de un grupo selecto y plural de actores políticos, analistas, periodistas y especialistas en diferentes ámbitos? Hay cuatro mensajes. El primero es que la sensación de confianza en los medios es de regular a muy baja. El segundo es que los medios informan en función a su propia agenda e intereses (71,6%) o, directamente, manipulan la información (16,4%). Solo un insignificante 3,5% cree que los medios informan con veracidad. Tremendo.

Tercer mensaje crítico: el 83% de las personas consultadas responde que los medios promueven enfrentamientos y conflictos en el país. Otros estudios ya mostraron que diferentes medios de comunicación están polarizados/alineados y, desde esa condición, polarizan. Por último, hay la percepción mayoritaria (85%) de que algunos medios se desempeñan como si fuesen actores políticos. Se sitúan como operadores mediáticos con trinchera, habrá que decir.

Estas percepciones, aunque atenuadas, están presentes también en la opinión pública. Una encuesta nacional realizada en noviembre pasado por la FES y Naciones Unidas muestra que, en general, se percibe que los medios manipulan la información, tienden a empeorar el conflicto, y algunos actúan como oposición política. Es evidente que estamos en una fase agravada de lo que fue identificado hace tiempo como “crisis de representación mediática” (Rocha).

Las consecuencias son evidentes. El campo mediático no está contribuyendo al diálogo plural y la participación informada en democracia. Peor todavía: degrada la conversación pública. Y, con respetables excepciones y valiosos esfuerzos de ejercicio del oficio, continúa jodiéndose. Que el debate en el gremio desplace al silencio.

FADOCRACIA

Mestiza

1. Ni mestizo-aymara ni mestizo-europeo (sic). Aunque nací en la hoyada, de familia tarijeña, me gusta declararme chaqueño en ejercicio. Es más bien una querencia que un rasgo de identidad. 2. Que recuerde, no he sido discriminado por mi color de piel, ni por mi apellido (de origen sirio). En mi niñez resultaban curiosas mis geografías: en La Paz era cha-paco; en Tarija, colla. 3. No me considero perteneciente a ninguna nación o pueblo indígena. Claro que en mi otra vida soñaba con ser mataco, habitar a orillas del Pilcomayo y dedicarme a la pesca de sábalo. 4. Siempre he vivido en la ciudad, pero reivindico con alegría mi origen provinciano: padre entrerriano, madre sanlorenceña. 5. Si me preguntaran, creo que diría: “mestizo”. Sin olvidar que esta categoría encubre grandes diferencias coloniales y raciales. Y es “la guarida de la Bolivia que no quiere admitir su lado indio” (Mamani Magne dixit). 6. Plurinacional-popular, eso me identifica. 7. Suscribo las palabras de Boaventura: “Tenemos derecho a ser iguales cuando la diferencia nos inferioriza y derecho a ser diferentes cuando la igualdad nos descaracteriza”.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Petro-Francia: segundo tiempo

/ 26 de junio de 2022 / 03:01

La muy esperada y celebrada victoria electoral de Gustavo Petro y Francia Márquez el domingo pasado en Colombia fue una suerte de revancha, digamos un segundo tiempo. No respecto a las elecciones presidenciales de 2018, que Petro perdió en segunda vuelta ante Iván Duque, esa marioneta impresentable del uribismo. Fue una revancha respecto al plebiscito sobre los acuerdos de paz, en octubre de 2016, cuando por menos de 54.000 votos se impuso el No.

El resultado del plebiscito de 2016 fue una gran sorpresa. No solo porque todas las encuestas anticipaban un cómodo triunfo del Sí ratificatorio de los acuerdos de paz, sino por algo en principio incomprensible. ¿Cómo es posible que después de medio siglo de guerra, con más de 220.000 muertos, la sociedad colombiana rechazara unos acuerdos, difícilmente logrados, para poner fin a esa guerra? Estuve ese 2 de octubre en Bogotá y la sensación de desazón fue enorme.

Cuesta entender que solo el 37% de los votantes haya ido a las urnas para decidir sobre un tema de semejante trascendencia (a la mayoría le sobró indiferencia). Y cuesta entender que, de quienes participaron, el 50,21% haya optado por el No. Hay debate sobre las razones de este resultado. Me quedo con las palabras del escritor Juan Gabriel Vásquez: “El plebiscito se convirtió en el símbolo de nuestras fracturas, nuestras supersticiones, nuestros resentimientos y nuestros odios”.

El pasado domingo tuve el gusto de acompañar las elecciones. Cuando se inició el preconteo, la sensación de incertidumbre era predominante. La pregunta incómoda estaba instalada en las conversaciones desde días antes: ¿será posible que gane Rodolfo Hernández, ese raro candidato de la barbarie, tras el cual se alinearon todas las fuerzas de la mentira y la violencia? ¿O habrá llegado finalmente en Colombia, como ocurrió, el tiempo de un gobierno de izquierda y progresista, de los “nadies”?

Celebro la victoria de Petro y Francia por las luchas, la inclusión, las dignidades y el cambio que representan. La esperanza le ganó al miedo. Entiendo que el Pacto Histórico no habría sido posible sin los acuerdos de paz. Y en este segundo tiempo, la revancha en las urnas, venció el Sí. Claro que el camino está lejos de ser expedito: ya están en curso las resistencias a la apuesta de paz con justicia social y ambiental. Lo más difícil será curar heridas (reconciliarse) y cerrar brechas (lograr igualdad).

Hay otro segundo tiempo en el que la contribución de Petro y Francia puede ser fundamental. Es el actual vuelco a la izquierda en la región, con nuevos rostros y renovada agenda respecto al claroscuro ciclo del socialismo del siglo XXI. Andamios, andamos.

FadoCracia inmoral

1. La Unión Juvenil Cruceñista no deja de superarse. Esta vez se metió, nada menos, con “la naturaleza del ser humano” (sic). 2. El objeto de (re)acción de los unionistas fue la muestra Arte y cultura LGBTIQ+ y feminismos diversos en Santa Cruz, organizada en el Museo Altillo Beni. El solo nombre les provocó ira y comezón en iguales dosis. 3. Más allá de su irrisorio resguardo del escudo nacional, la UJC defiende ahora la naturaleza de nuestro cuerpo a fin de darle “el uso correspondiente a cada parte de este” (recontra sic). 4. Ahora imaginen lo que hacen los matones unionistas con cada parte de su cuerpo. Es de terror. No habría muestra que pueda con tanta “imagen libidinosa”. 5. Pero la UJC no está sola. Vecinos del Casco Viejo cruceño forzaron, bajo amenaza de hoguera, el retiro de banderas LGBTIQ+ de la fachada del museo. 6. Otros fueron más lejos e irrumpieron con insultos en la muestra destruyendo una obra. Hay que cuidar a la familia. Y respetar la voluntad de Dios. 7. Si así es la “reserva moral” de los cruceños, ¿cómo será la reserva inmoral? Pobre reserva, pobre moralidad, pobres cruceños.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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40 años, 40

/ 12 de junio de 2022 / 00:54

Declara el tango, con fiebre por volver, que en el soplo de la vida “veinte años no es nada”. Tiene razón. ¿Y qué son 40 años en el tiempo político y sus andamios institucionales? Eso depende. ¿40 años comparados con qué? ¿Con el pasado, el porvenir? Cuentan también el itinerario, las escalas, los resultados. Como sea, en octubre de este año celebraremos en Bolivia “40 años de democracia sin interrupciones”. Pero hay debate sobre los 40, la democracia y las interrupciones.

Más que democracia como producto, se trata en rigor de proceso de democratización. Después de 157 años de vida republicana con formalidad de régimen representativo, pero sin voto universal y/o ausencia de pluralismo político (entre “cuartelazos y golpes de Estado”), en 1982 estrenamos un gobierno (“el hambre no espera, todos a San Francisco”) cuya fuente de legitimidad fueron las urnas. Se trató de una transición de naturaleza pactada y retroactiva (Congreso del 80).

Tampoco corresponde hoy hablar de (la) democracia, sino de democracias (en plural). Más todavía: de un horizonte democrático intercultural y paritario. ¿40 años de cuál democracia? ¿La liberal-representativa, la electoral? Porque si hablamos de democracia directa y participativa, la temporalidad es menor (desde la reforma constitucional de 2004). Y ni qué decir de la democracia comunitaria que, si bien tiene existencia precolonial, fue reconocida recién hace 13 años.

¿Son 40 años? ¿Sin interrupciones desde la transición? Para el oficialismo, en octubre cumpliremos en realidad 39 años de democracia, pues no cuenta el año del gobierno de facto (noviembre 2019-noviembre 2020). Para la oposición, en tanto, la democracia (pactada) está suspendida en Bolivia desde febrero de 2016 o, según la versión, desde 2005 (con paréntesis en el año de Áñez-Murillo). Otros, más radicales, de ambas veredas, dirán que nunca tuvimos una “democracia real”.

Más allá de la disputa de relatos, quizás lo que más cuenta, en clave de historia y de memoria, es la vivencia personal y, claro, la experiencia colectiva. Si ya habías nacido, ¿dónde estabas con los tuyos y qué hacían en octubre de 1982? En mi caso, tengo tres recuerdos de niñez de ese periodo: el golpe de Natusch Busch, el “testamento bajo el brazo” de Arce Gómez y el arribo de Siles Zuazo para asumir la presidencia. No fue un “veranillo democrático”, sino el inicio de una larga marcha.

Arribamos así a un momento simbólico del proceso de disputa por la construcción democrática en Bolivia. Y claro que debemos celebrarlo. Ojalá el horizonte sea demodiverso y paritario. Pese al desencanto, con la frente altiva, en ello estamos.

FadoCracia explosiva

1. La ciudadana Carolina Ribera asegura que la explosión de una planta de gas en Senkata, el 19 de noviembre del 2019, iba a provocar la muerte de “por lo menos dos millones de bolivianos” (sic). 2. Según datos del INE, en 2019 El Alto tenía un millón de habitantes. La explosión los haría desaparecer a todos, incluida la ciudad. La hoyada paceña tenía poco más de 900.000, todos los cuales también irían a morir. Para completar los dos millones de Carolina, habría que incluir a los pobladores de Palca, Mecapaca, Achocalla y Viacha. ¡Terrible! 3. Frente a semejante catástrofe (solo comparable con la más potente explosión nuclear), el asesinato de una decena de alteños (algunos ejecutados de manera sumaria), además de al menos 80 heridos (la mayoría por armas de fuego militar y policial), no es nada (quizás un “daño colateral”). 4. El único problema, como demostró documentada y sobradamente el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), es que en ningún momento la planta de gas estuvo en riesgo. 5. Lo real fue la masacre de Senkata, al amparo de un decreto firmado por la mamá de Carolina y (ex)amigos.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Conversando con Boaventura

/ 29 de mayo de 2022 / 01:02

La semana pasada tuvimos un lindo encuentro virtual con el maestro portugués Boaventura de Sousa Santos. El título del evento era por demás elocuente: La demodiversidad como democracia intercultural. Fue organizado por el TSE en el ámbito de los diplomados sobre democracia que se están realizando con diferentes universidades públicas. En su exposición, Boaventura planteó algunas ideas fuertes, de gran relevancia para nuestro debate en Bolivia. Comento un aspecto.

Situando el análisis en un complejo contexto internacional (pandemia intermitente, tránsito hacia un nuevo período con dos globalizaciones en disputa, crisis ecológica, crecimiento global de la extrema derecha), Boaventura dio cuenta de un escenario de alta turbulencia para la democracia y para los demócratas. Y lanzó una sentencia/advertencia radical: “No piensen que la democracia es un bien irreversible. Se puede perder de un día a otro”. Tiempo de luchas defensivas.

¿Qué hacer ante los ataques contra la democracia, el creciente desencanto, los riesgos de regresión? Lo esencial es asumir la necesidad de una vigilancia democrática grande para defender la democracia. Para esto no bastan las elecciones, que pueden producir gobiernos autoritarios (ahí están Trump, Bolsonaro, Orbán, entre otros) o generar coyunturas críticas cuando no se aceptan los resultados. La constatación es clara: “la democracia representativa no se defiende de los antidemócratas”.

¿Cómo, entonces, cuidar la democracia? Para Boaventura la esencia está en alentar el reconocimiento-ejercicio de diferentes formas de democracia, más allá de la sola representación política, con mayor inclusión intercultural. En otras palabras: la vigilancia democrática se construye desde la demodiversidad, con alta participación ciudadana, deliberación pública, espacios de autogobierno. La democracia se defiende con más democracias (en plural) y alta intensidad.

Tal es el horizonte, aunque no la realidad (todavía), de la democracia intercultural en Bolivia. Claro que no es suficiente reconocer la diversidad democrática y declararla. “No hay democracia intercultural sin traducción intercultural”, sostiene bien el amigo portugués. Esa traducción entre las diferentes concepciones, saberes y prácticas democráticas implica respeto a su identidad y también complementariedad. Mejor todavía: “Supone crear híbridos democráticos”.

El porvenir global, según Boaventura, es oscuro: “La democracia está en riesgo, habrá violencia”. Los odios raciales y viscerales andan sueltos. Es imprescindible defender la democracia. Y hay que distribuir mejor la esperanza y el miedo.

FadoCracia armada

1. Al día siguiente de cumplir 18 años, Salvador Ramos compró un rifle de asalto AR-15 en una tienda local de Texas. Luego adquirió 375 cartuchos y un segundo rifle. 2. Cuatro días después, abrió fuego en una escuela matando a 19 niños y dos profesoras. 3. En la última década se produjeron nueve de las matanzas más mortíferas en territorio estadounidense. En todas ellas la estrella fue el AR-15, un fusil semiautomático de gran poder. 4. El AR-15 es el arma más popular en Estados Unidos, donde circulan libremente entre civiles más de 20 millones de unidades. 5. Obtener este fusil de alta letalidad es muy sencillo. Basta acreditar mayoría de edad, repasar antecedentes y decir segunda enmienda o patriota o autodefensa. 6. Después de los lamentos tras cada matanza, se exhibe la impotencia para establecer medidas de control de armas. 7. Según la poderosa Asociación Nacional del Rifle, el AR-15 es un arma “perfecta para defender el hogar” (sic). También para masacrar fuera del hogar. “Es un objeto de caza, deportes o esparcimiento”, dicen los fabricantes. Salir de cacería de niños, por ejemplo.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Recordando el 4M

/ 15 de mayo de 2022 / 00:45

La noticia llegó este viernes, 14 años después, en medio del olvido. No es un problema de lentitud en la agenda informativa, sino un nuevo caso de retardación de (in)justicia. Un juzgado absolvió —en realidad declaró “sin responsabilidad penal”— al exprefecto cruceño Rubén Costas, y otros 10 sindicados, por la realización, el 4 de mayo de 2008, de un referéndum para la aprobación del estatuto autonómico departamental. Hasta ahí la noticia.

Haré una afirmación terminante para luego introducir matices y, si acaso, atenuantes: en mayo de 2008 las élites cruceñas forzaron una consulta ilegal (debía ser convocada por el Congreso Nacional, no por las autoridades departamentales) a fin de legitimar un estatuto inconstitucional (tanto así que les tomó varios años adecuarlo a la Constitución). El modus operandi, como parte de las acciones de la “media luna”, fue replicado en junio de ese año en Tarija, Beni y Pando.

La realización atropellada de cuatro referéndums aprobatorios de estatutos departamentales, más allá de la legítima demanda autonómica, tenía el propósito declarado de activar el “proceso estatuyente” como alternativa al proceso constituyente. O más claro: era el último intento por buscar el fracaso de la Asamblea Constituyente, que trataron de boicotear y abortar desde el primer día. Había que frenar, como sea, la aprobación de un nuevo texto constitucional.

En ese marco, los prefectos de la “media luna” (Costas, Cossío, Suárez y López), con la complicidad de sus cortes departamentales electorales, que actuaron por fuera de la institucionalidad electoral del país, apostaron todo para la “aprobación y puesta en vigencia” de sus estatutos autonómicos. Con tal propósito dispusieron de recursos públicos. A ello responde la acusación y procesos penales por los delitos de malversación de fondos del Estado y conducta antieconómica.

Con más agotamiento fantasma que rugido de león, el exprefecto-exgobernador cruceño reivindicó el referéndum del 4 de mayo como “mandato del pueblo”. Y en efecto, las banderas de la autonomía departamental tuvieron la legitimidad de la plaza pública y de las urnas (aunque la consulta haya sido ilegal). Claro que luego les tocó reconocer la decisión mayoritaria del país, que aprobó una nueva Constitución cuyo modelo de Estado es plurinacional y con autonomías (en plural).

Catorce años después, el episodio solo cabe en una noticia/decisión judicial. Los referéndums de 2008 habitan en la memoria de la disputa política, aunque no existen en la historia electoral del país. Quedan los procesos, claro. Persisten las tensiones irresueltas de la historia larga. Sigue la apelación a la sentencia sobre el 4M.

FadoCracia memoriosa

1. En sus Observaciones preliminares (diciembre 2019), la CIDH caracterizó de manera inequívoca las masacres de Sacaba y Senkata. Luego el Informe Defensorial Crisis de Estado (septiembre 2020) las documentó ampliamente. 2. Quedaron en evidencia así las falacias de Murillo-López, repetidas por sus operadores mediáticos, de “fuego cruzado” o, peor, “se dispararon entre ellos”. 3. En su tardía Memoria del “Proceso de pacificación” (junio 2021), la Conferencia Episcopal solo recuerda “enfrentamientos violentos”, en Sacaba; y “terribles sucesos”, en Senkata. 4. La omisión/ silencios de los obispos y de otros actores políticos tiene diferentes versiones: “choque entre FFAA y manifestantes” (sic). 5. El Informe del GIEI (julio 2021) puso las cosas en su lugar al demostrar torturas, masacres, ejecuciones sumarias desde la fuerza pública amparada en un decreto del régimen de Áñez. 6. ¿Algo que decir, señora de la APDHB? “Los militares y policías pudieron cometer muchos errores (sic), libres deben seguir luchando por su pueblo”. 7. Ni una palabra de justicia, ni medio premio “Libertad”, para los masacrados, que ya no pueden defenderse.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Autorregulación de Amalia

/ 1 de mayo de 2022 / 02:16

En su más reciente resolución, el Tribunal Nacional de Ética Periodística (TNEP) recomendó a la periodista Amalia Pando observar en su trabajo cuatro principios éticos fundamentales: informar con veracidad, contextualizar los hechos, cuidar el equilibrio informativo y respetar la diferenciación entre información y opinión. Según el tribunal, Amalia, conocida y experimentada periodista, vulneró esos deberes éticos en una nota difundida en su espacio Cabildeo Digital.

Si bien las resoluciones del TNEP no tienen efecto vinculante y son de carácter moral, su fortaleza radica en el hecho de ser públicas. De algún modo, el tribunal es el garante de que los medios y periodistas del país, sin excepción, realicen su labor con apego a las normas del Código Nacional de Ética Periodística. Así, sus fallos “encuentran sentido y autoridad en el respeto y protección del ejercicio ético y responsable del periodismo”. Valiosa apuesta por la autorregulación.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando una resolución recomendatoria del TNEP, que implica haber comprobado la veracidad de la denuncia, es desechada por el medio de comunicación o periodista? ¿Qué ocurre cuando en lugar de rectificar y en su caso pedir disculpas, la denunciada responde con altanería: no, “Tribunal de Honor” (sic), se equivocaron de destinatario? ¿Puede hacer algo el TNEP para que su resolución no sea papel mojado y se ponga en cuestión su propia existencia?

Hay un viejo debate sobre regulación versus autorregulación de los medios de comunicación, como si fuesen excluyentes. No le tengo miedo a normas que garanticen en democracia el ejercicio ciudadano de los derechos constitucionales a la comunicación y a la información. Claro que respecto al oficio periodístico siempre será preferible optar por la autorregulación, los códigos deontológicos, los tribunales de ética. Sin libertad de expresión, ya se sabe, no hay democracia.

Enhorabuena entonces por el Consejo Nacional de Ética Periodística y su tribunal, que llegaron al país luego de un largo recorrido. La autorregulación constituye en esencia una buena idea. El problema surge cuando no funciona, como en el caso que nos ocupa (ego mata ética). Claro que la sanción moral queda, aunque pocos medios difundan las resoluciones del tribunal (con decir que la 005/2022 sobre Amalia Pando ni siquiera está en la web del Consejo Nacional).

Más allá de la casuística, el riesgo mayor de que algunos medios/periodistas se pasen por el forro los principios y mecanismos de autorregulación radica en sus efectos: la percepción de un periodismo cada vez más alejado de la ética, jodido, sin responsabilidad, envanecido, opaco.

FadoCracia VIP

1. El Diario Menor nos regaló tremenda noticia sobre la primera autoridad de Santa Cruz: “El gobernador destila amor en el cumpleaños de la exreina del Carnaval”. 2. En un escenario marcado por la polarización, publicidad e ítems fantasma y disputa entre logias, nada mejor que contar con información relevante: “Camacho le dedicó un post en Facebook a su pareja, tiene más de 10 mil interacciones y casi mil comentarios”. 3. No faltan los críticos, envidiosos, que hablan de frivolidad y degradación del oficio periodístico. No entienden que al público hay que darle lo que le gusta. 4. Y el público agradece. La noticia Los sentimientos del gobernador cruceño hacia la bella modelo fue la tercera entre las seis más leídas, solo superada por el asesino de un fraile y un robo violento, y seguida de un atraco, la balacera contra un camión y la muerte de un hombre en operativo. 5. Entretanto disparo, sangre y muerte, bienvenidos los post de amor. Propio de gente muy importante. 6. Es de suponer que, además de destilar mensajes, el gobernador hace gestión. 7. Es de suponer que, además de sus notas VIP, el diario verde informa.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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