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Tuesday 4 Oct 2022 | Actualizado a 18:55 PM

Foro Social Mundial

/ 13 de mayo de 2022 / 02:27

“Otro mundo es posible”, es el eslogan que identifica al Foro Social Mundial (FSM) que desde 2001 es el mayor encuentro de la sociedad civil en la búsqueda de soluciones a los problemas de nuestro tiempo. Es social porque su principal preocupación es la situación de la gran mayoría de la población mundial, de sus derechos sociales, en contraposición a la imposición de la supuesta única verdad de los mercados, la economía de corte capitalista y neoliberal. El FSM es una permanente lucha contra los determinismos del pensamiento único, es la reivindicación del pensamiento crítico, alternativo y alterativo y la esperanza.

El FSM es un espacio de debate democrático de ideas, para intercambiar experiencias y estudios, profundizar reflexiones y formular propuestas a partir de la articulación de movimientos “altermundistas”, entre ellos: movimientos sociales, redes, campañas, alianzas, etc., “que se oponen al neoliberalismo, al dominio del mundo por el capital y cualquier forma de imperialismo”; en cada una de sus versiones reúne a miles de participantes en cientos de actividades sobre diversos temas (desarrollo social, economía solidaria, medio ambiente, derechos humanos, educación, salud, democratización, arte y cultura, comunicación…) para contribuir a la transformación del sistema hegemónico actual. Según su Carta de Principios, el FSM se caracteriza por la pluralidad y diversidad; es un espacio abierto, participativo y articulador; se identifica como un proceso global y continuo en el que se propone un mundo alternativo. Desde la perspectiva educativa, el foro promueve una praxis liberadora para romper la estructura opresor-oprimido, a través de la corresponsabilidad y la autogestión.

En el presente año, ratificando el eslogan “Otro mundo es posible”, convencidos por la necesidad del “Reencuentro Mundial hacia la articulación de los Movimientos Sociales”, el Foro Social Mundial, en su 14ª edición, se realizó en la ciudad de México entre el 1 y el 6 de mayo de 2022. Además de la problemática identificada desde el primer encuentro, el FSM 2022 parte de la constatación que el mundo está en un momento crucial y definitivo profundizado en sus consecuencias por la crisis civilizatoria de carácter occidental y capitalista, la pandemia del coronavirus que por sus efectos sociales en realidad es una sindemia y la arremetida del “capitalismo cognitivo” de las empresas transnacionales de telecomunicaciones y tecnología a título de cuarta revolución industrial, además de la preocupación por la construcción de paz, la creciente migración y un contexto de guerras. Al Foro 2022 concurren más de “3 mil participantes de movimientos autónomos de mujeres y feministas, jóvenes, integrantes de diversas sexualidades, sindicalistas, comunidades de pueblos originarios, de la iglesia social, ambientalistas, antirracistas, del movimiento urbano, del campo, de organizaciones de migrantes, y de muchos otros ámbitos sociales; de más de 30 países de cuatro continentes en 789 talleres y asambleas realizados en 15 recintos del Centro Histórico de la Ciudad de México y de organizaciones sociales con más de 50 salas, patios y auditorios… Los temas incluyeron el clima, la agricultura en respeto con la tierra, la economía sostenible, los derechos humanos, el feminismo, las minorías, la educación, los derechos de los trabajadores y trabajadoras, la cultura, la comunicación, la autodeterminación de los pueblos…” (sic)

En ese marco, los movimientos sociales tienen el reto histórico de crear propuestas alternativas frente a la explotación irracional de recursos naturales y de los trabajadores, la aceleración del “cambio climático, los flujos migratorios, los desplazamientos de población y con ellos la desestructuración de nuestras sociedades. Esta violencia económica, social y cultural es una forma de guerra permanente a la que está sometida la humanidad, que solo puede detenerse con un cambio radical del sistema” (Declaración final del FSM 2022). Como dice Gustavo Codas, representante de la Central Única de Trabajadores de Brasil: “Ya no basta con emprender la crítica del capitalismo neoliberal, hay que afirmar una contrapropuesta y organizar una fuerza política mayoritaria sobre la base de ese programa” en el que las acciones colectivas deben ponerse “en marcha sin demora”. Construir “Otro mundo posible”, además de ser un asunto ideológico y político, es cuestión de supervivencia y dignidad humana.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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‘Nuestro mundo está en riesgo, no podemos seguir así’

/ 30 de septiembre de 2022 / 02:34

El texto del título de la presente columna corresponde al discurso del secretario general de la ONU, António Guterres, en la 77ª Asamblea General de las Naciones Unidas, realizada la semana anterior. Es más, señaló: “Estamos estancados en una disfunción global colosal. La comunidad internacional no está preparada ni dispuesta a afrontar los desafíos enormes y dramáticos de nuestra era. Estas crisis amenazan el futuro mismo de la humanidad y el destino de nuestro planeta”. Un resumen de las preocupaciones de Guterres se encuentran en sus declaraciones de días previos al cónclave mundial: “Nuestro mundo está asolado por la guerra, golpeado por el caos climático, marcado por el odio y avergonzado por la pobreza, el hambre y la desigualdad. Los conflictos y los disturbios siguen haciendo estragos. La guerra en Ucrania está devastando un país y arrastrando la economía mundial”.

Caos climático; pobreza, hambre y desigualdad; conflictos y disturbios; y una comunidad internacional que no responde a los desafíos de nuestra era configuran las preocupaciones del líder de las NNUU y eso no es poco. Terminó la Asamblea General de la ONU, declaraciones van y vienen, pero no se visualizan decisiones y estrategias para enfrentar este panorama. ¡No podemos seguir así!

Detrás del caos climático están los modelos de desarrollo que se concentran únicamente en el crecimiento económico, en la creencia que la posesión de bienes materiales es todo y en el incentivo al consumo y desecho a título de “estar mejor”, con una característica común: La explotación de la naturaleza y los trabajadores. Caos climático que se sostiene en el supuesto que el progreso es infinito como son los recursos naturales del planeta. Pero la realidad, aquella que nos negamos a reconocer, muestra que no es así. Caos climático y modelos de desarrollo hacen decir a Guterres (2022): “Hay que exigir responsabilidades a las empresas de combustibles fósiles y a quienes promueven sus intereses: bancos, fondos de capital privado, gestores de activos y otras instituciones financieras que siguen invirtiendo y avalando la contaminación por carbono”. Es tiempo de reconstruir la economía y proponer otras formas de desarrollo, por ejemplo, tenemos que crear Sistemas de energías limpias para el acceso de toda la población, Desarrollos urbanos inteligentes con ciudades inclusivas y sostenibles; Agricultura sostenible que promueva la seguridad alimentaria mundial y la gestión sostenible de la tierra, agua y recursos naturales; Gestión inteligente del agua para democratizar su acceso; y Economía circular orientada al uso sostenible de materias primas y gestión de residuos.

En cuanto a pobreza, hambre y desigualdad, en tiempos de sindemia que no solo afectó a la salud y existencia de la humanidad sino su situación social, económica y emocional, no es posible admitirlas, tampoco existen condiciones de vivir en convivencia cuando, en promedio, una persona del 10% superior de la distribución mundial del ingreso gana $us 122.100 por año, mientras que una persona de la mitad más pobre de la distribución mundial del ingreso gana $us 3.920 por año (31 veces más). Las desigualdades mundiales de riqueza son más pronunciadas que las desigualdades de ingresos. La mitad más pobre de la población mundial apenas posee el 2% del total de la riqueza. En contraste, el 10% más rico de la población mundial posee el 76% de toda la riqueza (Informe sobre la desigualdad global, Word Inequiality Lab, 2022). No solo es una vergüenza que persista esta situación, sino que existe la necesidad de generar y poner en ejecución políticas de redistribución equitativa de la riqueza, ingresos y oportunidades.

Y… ¿qué decir de guerras y conflictos? Retomo las palabras de Paulo Freire (1986): “De gente anónima, gente sufrida, gente explotada, aprendí sobre todo que la paz es fundamental, indispensable, pero que la paz implica luchar por ella. La paz, se crea, se construye en y por la superación de las realidades sociales perversas…, en la construcción incesante de la justicia social…” La paz será “producto de la esperanza en la búsqueda y construcción de un orden nuevo, del nuevo hombre y de la nueva mujer en búsqueda de su liberación” (P. Freire, 2005).

Finalmente, vuelvo a citar a Guterres, “necesitamos unidad, necesitamos cooperación, necesitamos diálogo, y las actuales divisiones geopolíticas no lo permiten. Tenemos que cambiar el rumbo.” ¡No podemos seguir así!

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Cumbre mundial de la educación

/ 16 de septiembre de 2022 / 01:42

“La cumbre se convoca en el contexto de dos retos enormes y profundamente interconectados para garantizar una educación de calidad y un aprendizaje permanente para todos. En primer lugar, nuestro mundo está atravesando una crisis de aprendizaje global que está privando a centenares de millones de niños, jóvenes y adultos de su derecho a una educación de calidad y, además, ha provocado un desvío importante de las metas en materia educativa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La persistencia de la pandemia de COVID-19 y la ausencia de medidas eficaces frente a los riesgos de recuperación del aprendizaje pueden convertir esta crisis en una catástrofe generacional, especialmente en el caso de grupos marginados y vulnerables. En segundo lugar, la crisis de aprendizaje forma parte de un desafío más generalizado relacionado con la capacidad de los sistemas educativos convencionales de impartir conocimientos y competencias y ofrecer las perspectivas necesarias para que niños, jóvenes y adultos sobresalgan en el mundo actual y contribuyan a un futuro sostenible, saludable y pacífico. En el contexto de crisis climática mundial, rápida transformación tecnológica, los cambios profundos que ha experimentado el mundo laboral, menores niveles de confianza en las instituciones públicas, erosión de los valores democráticos y aumento de la desinformación, intolerancia e incitación al odio, el informe emblemático de la Unesco sobre el futuro de la educación señaló que ‘con demasiada frecuencia, el aprendizaje formal no satisface las necesidades y aspiraciones de los niños, los jóvenes y sus comunidades’” (ONU, nota conceptual, abril de 2022). Esta cruda realidad y el reconocimiento que la educación es la base para la paz, tolerancia, derechos humanos y desarrollo sostenible, explican las motivaciones por las que el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, en septiembre de 2021, en el marco de la iniciativa Nuestra Agenda Común, convocó a la Cumbre de la Transformación de la Educación que se llevará a cabo el lunes 19 de septiembre en Nueva York, durante la sesión 77 de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La pandemia convertida en sindemia por sus impactos simultáneos en la situación de salud, social y económica de la humanidad generó graves consecuencias en la calidad de los aprendizajes del total de la población, en la equidad en el acceso, continuidad y conclusión de estudios principalmente de las poblaciones en situación de alta vulnerabilidad y en el cumplimiento del Objetivo 4 de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, aprobado por los países miembros de la ONU que compromete “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todas y todos”.

La cumbre tiene como objetivo “movilizar la ambición política, la acción, las soluciones y la solidaridad para transformar la educación: hacer un balance de los esfuerzos para recuperar las pérdidas de aprendizaje relacionadas con la pandemia; reimaginar los sistemas educativos para el mundo de hoy y del mañana; y revitalizar los esfuerzos nacionales y mundiales para lograr el ODS-4” con el concurso activo y propositivo de todos los Estados miembros de la ONU, socios para el desarrollo, sociedad civil y organizaciones juveniles y partes interesadas en la educación a nivel mundial, nacional y local. Según la ONU, pondrá atención en cinco asuntos claves que requieren mayor atención y acción para cumplir con la Agenda 2030 y transformar la educación: 1) escuelas (educaciones) inclusivas, equitativas, seguras y saludables; 2) aprendizajes y habilidades para la vida, el trabajo y el desarrollo sostenible; 3) docentes, enseñanza y profesión docente; 4) aprendizaje y transformación digital; 5) financiamiento de la educación.

La cumbre tiene que plantear respuestas a la crisis mundial en la educación que tienen un impacto devastador en la población mundial y es la oportunidad crucial y única para “Transformar la educación, construir nuestro futuro” como indica el lema del evento. Es de esperar que los lideres de los países, regiones y del mundo presentes en la cumbre sean consecuentes con el momento y tamaño de los retos, y que sus conclusiones sienten las bases para inmediatas acciones, además que convoquen y comprometan a todos los actores, organizaciones e instituciones de la sociedad. Tiempos decisivos.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Analfabetismo, inequidad y desigualdad

/ 2 de septiembre de 2022 / 02:42

En esta sociedad del siglo XXI, la pobreza no solo puede ser medida por la cantidad de recursos que poseen las personas, fundamentalmente es la expresión de la falta de valoración de la dignidad y el reducido ejercicio de los derechos de la población, así como la imposición de un patrón inequitativo de distribución del ingreso, riqueza y oportunidades. La pobreza supone fundamentalmente inequidad y desigualdad social, y una de sus mayores manifestaciones es el analfabetismo. En periodos donde la palabra escrita es central para las actividades cotidianas, el hecho que una persona no lea ni escriba o no tenga una formación básica le impide acompañar en el estudio de sus hijos, no ejerce de manera plena sus derechos ciudadanos, se le reducen las posibilidades de impulsar actividades productivas o encontrar oportunidades laborales; en pocas palabras, le hace propicio para ser sujeto de todo tipo de opresión. Así: ¿Qué mayor expresión de inequidad y desigualdad que el analfabetismo? Es que la alfabetización no solo es un asunto pedagógico sino es una de las principales reivindicaciones para la transformación social.

Por esas razones, la Unesco, “para recordar al público la importancia de la alfabetización como factor de dignidad y de derechos humanos, así como para lograr avances en la agenda de alfabetización con miras a una sociedad más instruida y sostenible”, desde 1967 declaró al 8 de septiembre como el Día Internacional de la Alfabetización. Sin embargo, como lo manifiesta este organismo internacional, “en 2020 había 771 millones de personas analfabetas en todo el mundo, dos tercios de las cuales son mujeres que, al carecer de conocimientos básicos de lectura y escritura, se enfrentan a mayores niveles de vulnerabilidad en la gestión de su salud, su trabajo y su vida en general.”

En medio de ese panorama, por contrapartida, Bolivia se convirtió en un ejemplo por sus acciones realizadas desde 2006 hasta constituirse en un Estado libre de analfabetismo y logró que miles de personas mayores de 15 años concluyan su formación equivalente al Sexto de Primaria, e inclusive que muchos de ellos concluyan su formación profesional.

El panorama mundial de múltiples crisis se complicó y agravó más con la pandemia del COVID-19, convertida en sindemia. Como también menciona la Unesco a propósito del Día Internacional de la Alfabetización 2022, “la rápida evolución del contexto mundial ha adquirido un nuevo significado en los últimos años, con el aumento de las temperaturas extremas, la pérdida masiva de biodiversidad, los cambios tecnológicos incluyendo la automatización y la consiguiente ampliación de la brecha digital, las pandemias, las movilizaciones políticas violentas, el impacto de los conflictos, los desplazamientos forzados, los retrocesos democráticos y la reacción negativa contra los derechos de la mujer, entre otras duras realidades a las que se enfrenta nuestro mundo en la actualidad, las cuales obstaculizan el progreso de los esfuerzos de alfabetización a nivel mundial.” Así, la necesidad de alfabetización se acrecentó porque en el mundo, 24 millones de grupos vulnerables de estudiantes, gran parte de ellos mayores de 15 años, tras la pandemia no podrán volver a la educación formal,

Con ese panorama, queda mucho por repensar y hacer. Por ejemplo, se tiene que dejar de considerar que la alfabetización se hace por asistencialismo, al contrario, se realiza porque se cumplen los derechos contribuyendo a la construcción del bienestar de la población y al desarrollo del país; tiene que dejar de suponerse que la alfabetización es un programa específico aislado del sistema educativo y que se aplica solo en un tiempo determinado, no es así, es parte de la estructura y la gestión educativa estatal, y su ejecución es sostenida en el largo plazo; se tiene que dejar de pensar que la alfabetización solo es enseñar a leer y escribir, es mucho más, se desarrolla en idioma materno, contribuye a la producción y al uso adecuado de la tecnología, así como a la continuidad de estudios a partir de procesos de posalfabetización asegurando, al menos, una formación equivalente a la primaria; se tiene que dejar de pensar que la alfabetización solo se desarrolla en espacios tradicionales de “escuela- aula”, no es así, se lleva a cabo en el trabajo, comunidad y otros espacios de aprendizaje informales y no formales, comunitarios y populares, es decir, en la vida misma.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Censo: ¿Si miramos más allá del recuento?

/ 19 de agosto de 2022 / 01:40

Como es de conocimiento de la opinión pública, en los últimos meses, el Censo de Población y Vivienda de Bolivia se ha convertido en un motivo para generar conflictos a partir de puntos de vista polémicos y contradictorios. Es más, con implícito cálculo político de sectores opositores se dice que es tiempo de realizar un recuento para contar con información de cuántos habitantes existen por unidades territoriales para que la distribución de ingresos sea justa, es decir, responda al número de habitantes. Es cierto, tradicionalmente los censos de población y vivienda tienen esas características y propósitos, además que contribuyen a generar información sobre la magnitud, estructura, crecimiento y distribución de la población, y de sus características económicas, sociales y demográficas para elaborar futuros planes de desarrollo.

Sin embargo, los tiempos actuales y el debate traen otras cuestiones de gran importancia que no se dicen o no se quieren mirar. Por ejemplo, no se debate y considera que, en las últimas décadas, la manera de recopilar información ha registrado un cambio en el modelo censal. Los censos realizados por el método tradicional como los que efectuamos hasta el presente se han ido sustituyendo progresivamente por modelos basados en información administrativa o, al menos, en formas mixtas de recopilación de información. En estos tiempos, muchos países han optado por otras modalidades de recopilar información —diferentes a los censos tradicionales— para ser más eficientes, reducir costos, disminuir las múltiples tareas por realizar, aprovechar los medios tecnológicos y contar con información procesada frecuente y rápida. Con esas perspectivas, es conveniente iniciar la discusión para generar otras propuestas que recopilen información sobre la situación de la población.

Por otra parte, más allá de esperar resultados para expresar demandas que vinculen el número de habitantes de un determinado territorio con la distribución de recursos y escaños, bajo supuesto que el mayor objetivo es el bienestar del conjunto de la población, habrá que plantearse —desde ahora y para evitar futuros problemas— una serie de interrogantes que merecen análisis y respuestas.

Entre otros asuntos de relevancia, habrá que preguntarse y revisar en detalle y a profundidad las características y tendencias de las migraciones, principalmente las internas. Es decir, de los traslados de la población de departamento a departamento, de municipio a municipio, convirtiendo a unos en “expulsores” y a otros en “receptores” de población. Está claro que en Bolivia, cada vez más, existen poblaciones que no solo están quedando con un menor número de habitantes, además de una población compuesta con una mayoría de adultos mayores. Si es así, pensando en el desarrollo del país y el bienestar del conjunto de las y los bolivianos, ¿es conveniente este crecimiento desigual de la población?, ¿seguiremos insistiendo en concentrar la población en las ciudades capitales y en el eje tradicional del país? Pensando, por ejemplo, en el cuidado del medio ambiente, el equilibrio campo-ciudad, la provisión de alimentos, la preservación de nuestra identidad cultural, entre otros, ¿será conveniente fomentar la concentración de la población en las grandes ciudades e incentivar que los habitantes de áreas rurales se reduzcan?, ¿en qué situación quedarán las ciudades intermedias?, ¿conviene seguir fomentando que las poblaciones con condiciones de vida se incrementen mientras que quienes tienen múltiples carencias se incrementen?, ¿ayudarán estas medidas a la resolución de la dicotomía centro-periferia? Con el Censo, ¿se castigará a las poblaciones que disminuyen en población y se premiará a las que tienen un mayor número de habitantes?

Al final de cuentas, tras el Censo está la confrontación de distintas maneras de construir desarrollo y distribuir recursos y otros derechos. En la perspectiva de construir un Estado que reconoce la diversidad y construye equidad, es necesario discutir otras formas de distribución de recursos, como considerar a la vez objetivos y metas estratégicas, capacidades instaladas, por tanto, carencias y distribución de recursos. En otras palabras, no es posible mirar por separado el desarrollo de cada unidad territorial.

Hay mucho que decir, el tiempo lo dirá, nos interesa el conjunto de la población o cierta población que quiere detentar sus privilegios por sobre los demás.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Escuela Ayllu de Warisata

/ 5 de agosto de 2022 / 02:12

Durante la Colonia y gran parte de la historia republicana, la educación en Bolivia fue parte de los mecanismos destinados a preservar el poder establecido y a reconfigurar la cultura de los pueblos indígena originarios según el patrón civilizatorio occidental. En un largo tiempo de la historia republicana, “indio letrado es indio alzado” fue el pensamiento impuesto por las clases dominantes. “La minoría criollamestiza, por su posición ideológica liberal-positivista, mantenía una línea de exclusión del indígena de la sociedad civil, se buscaba su desaparición con la inmigración externa porque se consideraba lastre o atraso para el progreso. Inclusive, el indígena se encontraba limitado en su pleno acceso a los derechos universales: la salud, la participación política y la educación.” (Choque y Quisbert, 2006)

Pero, como todo proceso social, la negación de derechos motivó rebelión. Desde la educación, una de esas expresiones fue la Escuela Ayllu de Warisata, una de las experiencias de mayor trascendencia de Bolivia. Fundada el 2 de febrero de 1931 y con vigencia hasta 1940, se desarrolló en un contexto donde la clase dominante, minero feudal, letrada liberal y latifundista saquea y entrega nuestros recursos naturales al capital extranjero, y donde el 80% de la población eran indígenas que vivían en las tierras de comunidad o en las grandes haciendas bajo régimen de esclavitud o pongueaje (Mejía, s/f).

La Escuela Ayllu de Warisata es un movimiento emancipador por los derechos de los indígenas como el acceso a tierra, la educación y salud, fue creada con base en un acuerdo entre un líder indígena: Avelino Siñani y un maestro citadino: Elizardo Pérez. Tenía una clara intencionalidad política: “No fue creada esta Escuela por un espíritu altruista o filantrópico, sino que nació como un instrumento de liberación de las masas indígenas de Bolivia en la lucha contra el régimen de servidumbre” (Pérez, 2013). Es un ejemplo de participación social comunitaria cuya máxima expresión es la Ulaka: Parlamento Amauta, conformado por los líderes de la comunidad, todos con el derecho a tomar decisiones sobre la organización, trabajo y control comunitario que hacen a la preocupación de la comunidad de todos los aspectos que la componen: tierra, economía-producción, educación, etc.; en su propuesta educativa-pedagógica vincula la práctica con la teoría, desarrolla el aprender haciendo y el aprender a aprender en el aula, taller y sembrío, e integra contenidos y estrategias metodológicas.

Para la Escuela Ayllu de Warisata el territorio y la territorialidad fue fundamental para el desarrollo del proyecto educativo desde una visión de complementariedad entre regiones y pisos ecológicos, la generación de redes entre los núcleos y las escuelas seccionales, la interrelación entre producción y contexto para producir saberes y conocimientos, además para la preservación de la Madre Tierra. Es por excelencia una experiencia de educación intracultural e intercultural crítica, potencia sus propias culturas y establece en la vida en comunidad la relación con otras culturas.

Esa tensión, entre la negación a la educación para sostener el poder establecido desde el colonialismo y las luchas emancipadoras del pueblo, no solo es un relato histórico, menos una estadística, son hechos reales que afectan la vida misma de las comunidades, así como de líderes y “comunarios”. Por ejemplo, cabe recordar “los sueños y la lucha de Avelino Siñani, quien dio su vida por la construcción de la Educación Aymara y fue perseguido sañudamente por la Bolivia criolla, fue preso y torturado, su hijo de 18 años fue maltratado hasta ser muerto y su hermano apresado, por el delito terrible de fundar escuelas. Cuando Warisata fue destruida el Tata Siñani se murió de pena”. (Ari, 2003)

Retomando esa historia y contexto, leyendo críticamente la situación de la educación boliviana, así como dando respuestas a los desafíos estructurales del periodo actual, a 91 años de la fundación de la Escuela Ayllu de Warisata, estando vigente la Ley de la Educación 070 “Avelino Siñani-Elizardo Pérez” de 20 de diciembre de 2010, es necesario mantener el legado de esta ejemplar experiencia educativa. La Escuela Ayllu de Warisata es un compromiso con nuestra historia y, en sus principios, es una base fundamental para que la educación boliviana sea pertinente y relevante a nuestra realidad social, cultural y económica contemporánea.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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