Voces

viernes 20 may 2022 | Actualizado a 06:14

Lo bello en la ciudad

/ 13 de mayo de 2022 / 02:14

Escribir sobre lo bello es por demás desafiante ya que su carácter abstracto lleva a preguntarnos por qué algunas cosas nos resultan bellas y otras no. Kant fue uno de los filósofos que señaló que lo bello significa sentir una especie de complacencia al apreciar algún hecho u objeto que produce un placer, el cual puede ser universalmente definido como tal. Un pensamiento que lleva a comprender que lo bello tiene en sus distintas acepciones las bases de todas las reflexiones estéticas.

Sin embargo, su relación conflictiva con la realidad siempre logra eclipsar a la angustia que produce una ciudad (Baudelaire). Sensación transmitida por la presencia de multitudes que, al apropiarse de las urbes, le dotan de un significado especial que permite visualizar en aquellos escenarios un bello espectáculo de rituales en los que se inscriben sus expresiones culturales. Esto, en el corazón de la multitud, en medio del flujo y reflujo del movimiento corporal. Características esenciales del espacio de la calle, donde puede ocurrir todo.

Así, la ciudad representa una obra excepcional que con solo ser observada nos transmite asombro gracias a las diferentes expresiones de los cuerpos en movimiento que transitan por doquier y convierten al espacio público en un recinto de distintas manifestaciones de la vida urbana.

Por eso, cuando se observa la cotidianeidad de la urbe, ésta transmite al espectador los hechos que allí suceden y muestra el sentido que conlleva cualquier espectáculo citadino. Nos referimos a esa especie de teatro urbano que es construido como imagen de la existencia diaria y que le da un significado importante a esta ciudad.

Mucho más, todo aquello es inspirado en una urbe que transmite libertad, movimiento y crea distintas escenografías, como las fiestas que tienen lugar en la zona del Gran Poder, donde esta celebración es la expresión viva de la cultura paceña. Semejante festividad se desarrolla con el paso cadencioso de los bailarines por las calles, las cuales se convierten en vertientes que reciben a los cuerpos y sus diversas coreografías. Allí, el entorno urbano es aprovechado para que las imágenes lo transformen en un lugar escenográfico, donde la estética y la belleza son enaltecidas por la música que las acompaña.

Tampoco se puede dejar de mencionar que lo bello de esas expresiones culturales adquiere una vigorosa función cognoscitiva en la sociedad. Es que este tipo de manifestaciones reproducen verazmente lo cultural, que es una categoría que implica el reflejo y la valoración de ciertos fenómenos que son capaces de proporcionar al habitante un sentimiento de placer estético.

En este caso, lo bello denota el carácter histórico social que posee, pero también explica cómo la sociedad desarrolla de manera libre sus dotes y capacidades creadoras. Fue Kant quien precisamente definió la estética como la filosofía de la belleza, aunque también reconoció que “lo bello es difícil”. Una realidad que puede ser superada cuando las manifestaciones culturales de una sociedad fluyen de forma natural, convirtiéndose en expresivas gracias a su esencia.

Baudelaire, en cambio, fue uno de los escritores que llenó su mirada con la vida de la ciudad. De ahí que fue un gran admirador de las multitudes y de lo incógnito, así como de las cualidades de la cotidianeidad urbana acompañadas de la genialidad de su significado. En nuestro caso, el valor cultural innato que tiene la ciudad de La Paz.

Es bella la obra en que a tenor del ideal de vanguardia, se reproduce verazmente en la realidad.

Patricia Vargas es arquitecta.

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La ciudad y la arquitectura en la era informacional

/ 29 de abril de 2022 / 01:09

En los últimos años del siglo anterior quedaron en statu quo las propuestas por las que transitarían las ciudades en el nuevo siglo, ya que los principios vigentes hasta ese entonces terminaron obsoletos. Y fue precisamente a inicios del siglo XXI que estudiosos de lo urbano afirmaron la necesidad de “repensar la ciudad”.

Fueron momentos en los que nacieron reflexiones sobre el futuro y su necesidad de encaminar a la ciudad a una transformación acorde a la era informacional, pues el espacio de los flujos, de los lugares y la producción de significado urbano exigían nuevos conceptos para su desarrollo. Una realidad por demás complicada para ciertas ciudades, las cuales hasta hoy “no siempre reflejan a su sociedad, sin embargo la expresan”.

Mucho más, las grandes metrópolis muestran hoy cómo las constelaciones urbanas que las conforman son territorios funcionalmente integrados, pero socialmente diferenciados. Eso significa que cuentan con una estructura proyectada sobre la base de distintos centros urbanos, los cuales son cualificados acorde a la cultura de su población. Así, esas inmensas capitales encarnan a la ciudad de la era informacional, aquella que sabe complementar cada vez más lo local con lo global.

Un ejemplo de aquello está en la ciudad de Nueva York: el China Town, uno de los barrios más antiguos y auténticos de Manhattan, que si bien muestra la fuerza de la cultura china, su planificación está acorde al desarrollo de ese país. Resultado de todo ello, lo que se observa es un área híbrida, producto del entrecruzamiento de los lugares y de los flujos.

En cuanto a la arquitectura, desde siempre ésta se vinculó a su tiempo. Y es en esa línea que a partir del siglo XXI se manifestó la necesidad de crear nuevos conceptos que sean extraídos de tareas vivas, como es el caso del procesamiento de lo informacional, que se convirtió en un elemento central de la proyección al futuro de cualquier actividad humana.

De ese modo, la sociedad informacional irradia diferentes conceptos que son la base para el nacimiento de una arquitectura con criterios más abiertos y que busque la transformación, por ejemplo, de la vivienda.

Este hecho posiblemente exija el salto de una modernidad absorbente, que duró más de un siglo, a una transformación cuyo sentido busque abiertamente el sustento entre la nueva conceptualización y la reestructuración de la vivienda, exigido por la vida en red.

Así, la casa en la era informacional representaría una dualidad: el espacio de intimidad y el lugar de encuentro, apoyado este último por lo virtual. Una evolución del lugar privado y de relacionamiento de una familia que se daría como consecuencia de la modificación de determinados hábitos sociales. Con esto, su interior podría partir aceptando nuevos tópicos que colaboren no solo en crear mayor flexibilidad en la función de la vivienda, sino que denoten que están en plena evolución. Todo eso sin que se pierda el entorno doméstico y menos la intimidad del hogar.

Empero, no se debiera omitir la estética formal, pues ésta reafirma la existencia de un interés singular en incorporar aspectos renovados pero sutiles que formen parte de su expresión formal, sin olvidar a otros tantos, los desconcertantes.

Evidentemente, lo complejo del momento exige mucha creatividad para convertir lo urbano y la arquitectura en fuentes de riqueza imaginativa. Esta última, aun “dentro de una visión tecnológica, debiera contribuir con cánones de innovación estética”.

Patricia Vargas es arquitecta.

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La Paz duele…

/ 15 de abril de 2022 / 01:56

Son muchos años que la ciudadanía desconoce los nuevos proyectos que se ejecutan en esta urbe. Y fue justamente hace algunos días que la ciudad de El Alto inauguró importantes obras, las cuales no dejaron de asombrar por sus dimensiones.

Una realidad encomiable que nos llevó a pensar en La Paz, la ciudad que está cada vez más rezagada con relación a sus límites geográficos. Lo lamentable es que aún no se conoce la nueva dirección de su crecimiento urbano, menos el arquitectónico o su proyecto de metropolización, que posiblemente ya esté culminado. De igual manera, poco se sabe de los nuevos proyectos que se ejecutaron en los últimos años.

De ahí que esta urbe necesita comenzar a pensar en un mañana sustentado por imaginarios convertidos en nuevos proyectos. Esa realidad invitaría a soñarla y demostrar que su nueva concepción —aunque con limitaciones económicas— considera la revalorización de las cualidades que la identifican como lo que es, una ciudad particular.

Sin embargo, La Paz hoy duele, porque su falta de proyección ha dejado de lado su intervención urbana, lo que ha impedido dar respuestas a sus necesidades y que éstas se conviertan en la inspiración de su proyección como ciudad contemporánea.

Sobra recordar que toda intervención necesita estar respaldada por una economía sostenida, lo que debiera llevar a tomar conciencia de que una buena propuesta espacial así como los proyectos a gran escala requieren importantes recursos que deben ser financiados. Este escenario, sin embargo, no debiera abandonar la posibilidad de que esa inversión sea respaldada por el Gobierno a partir de recursos vinculados a su asentamiento y el uso de espacios para el funcionamiento del Estado.

Así, esos capitales de inversionistas nacionales y, por qué no decirlo, extranjeros, más el aporte del Estado no solo serían recuperados a partir de las nuevas funciones de las obras, sino también de su nuevo significado en la vida urbana.

Por tanto, la convocatoria y posterior presentación masiva de propuestas elaboradas por profesionales arquitectos y urbanistas —que plasmarían sus ideas en anteproyectos de intervención urbana en los sectores elegidos— no solo serían parte de la revitalización de esos espacios, sino que se traducirían en nuevos recursos económicos para la ciudad de La Paz. Mucho más, lograrían elevar la calidad de vida del habitante de esta urbe gracias a la renovación de puntos estratégicos.

En definitiva, toda idea de intervención urbana y revitalización de la vida citadina tiene como fin reflexionar sobre la importancia de los proyectos de revalorización de los lugares significantes que tiene esta urbe y su necesidad de ser proyectados a los nuevos tiempos.

La Paz no tiene por qué olvidar su sueño de ser una ciudad única, no solo por sus características naturales asociadas a su topografía, sino también por su vida urbana efervescente y esencialmente porque es la sede de gobierno, lo cual invita a proyectarla con ideas cuyos resultados sean la cualificación de sus valores particulares. Éstos resultan de fundamental importancia para que sean traducidos en una nueva concepción urbana, que la cualifique, además, como una ciudad concebida en torno a una estructura de distintas “constelaciones urbanas”.

Así, la propuesta de intervención urbana sería la respuesta a la necesidad de los tiempos actuales, que exigen comprender y detectar las singularidades como parte estratégica de la consolidación de la ciudad del futuro, junto al valor significante de su habitante.

Patricia Vargas es arquitecta.

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El año que se va

/ 24 de diciembre de 2021 / 04:30

Ha llegado diciembre y la mayoría de la población ha desplazado a un segundo plano la pandemia. La ciudad está vestida de gala para la llegada de las fiestas de fin de año; las luces se entremezclan con el tránsito de ida y vuelta de los ciudadanos, que buscan distraerse, mirar, pasear, vivir. Esto porque el encierro y las restricciones fueron muy largos, por lo que ahora que llega la festividad de la alegría, merece que se la reciba con esmero.

Con toda razón, el Año Nuevo será —una vez más— una fiesta de esperanza, ya que nos llevará a soñar con un futuro mejor, de más oportunidades de trabajo que eleven la calidad de vida de la gente. Sobre este punto, vale la pena rememorar al filósofo Henri Lefebvre, quien afirmaba que la vida se compara con el correr del agua, ya que es capaz de transmitir confianza a nuestros cuerpos para que los movimientos sean fluidos y eleven y consoliden el estado de ánimo ante la llegada de un nuevo año.

Por otra parte, esta festividad representa el inicio de un nuevo tiempo en el que se debieran consolidar las transformaciones del siglo XXI, que si bien fueron muy duras, vinieron cargadas de nuevos desafíos que alentaron grandes reformas y novedosas visiones, con la sensibilidad siempre presente.

No podemos olvidar, sin embargo, la variante Ómicron, que se teme que llegue con fuerza al país. Pero, incluso así, hoy existe más valor para enfrentarla, debido a que la población aprendió mucho de las dos cepas anteriores, que sin duda fueron las más crueles de nuestra existencia.

Otro de los aspectos para destacar en este fin de año son las telecomunicaciones, el internet y los sistemas informatizados, los cuales lograron que el planeta alcance la interrelación, comunicación y entretenimiento más relevantes de los últimos años. Un hecho que elevó los indicadores sociales relacionados con la apropiación tecnológica y comunicacional.

Fue justamente el desarrollo de la informática y las distintas plataformas lo que durante todo este tiempo mantuvo a la población mundial en un estado de relativa calma, gracias al acceso, por ejemplo, a una inmensa cantidad de material musical. Una muestra de aquello fue la popularidad que adquirió la canción Resistiré (creada hace 33 años), cuya letra ayudó a fortalecer el alma y dar el aliento emocional ante el dolor que la gente vivía en el orbe.

Tampoco faltó la capacidad digital para exponer virtualmente bellas obras de arte, que elevaron el espíritu de las personas y mostraron la belleza creada durante los 20 siglos anteriores. De igual forma, fueron importantes aquellos otros materiales, como los audios y videos, que orientaron en los cuidados sanitarios.

Por su parte, el sistema comunicacional confirmó que el mundo es muy pequeño cuando su población requiere estar en contacto directo. De ese modo, el uso masivo de la informática y lo comunicacional, acompañados de los celulares, lograron que la población del planeta sobrellevara el impacto que causó el COVID-19.

Estamos seguros de que las personas están fortalecidas por la experiencia vivida y la sabiduría adquirida ante la adversidad. La fuerza de una sociedad como la nuestra la ha hecho capaz de enfrentar no solo los duros problemas sanitarios, sino también económicos. Es que gracias a sus múltiples habilidades creativas, la población logró sustentar a su familia y a la vez avanzar con seguridad hacia el futuro.

Felices fiestas, bolivianos y no bolivianos que radican en esta tierra, que bien merece tener un mañana mejor, sin olvidar que su fuerza radica en la unidad del país.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Reflexiones sobre arte

/ 10 de diciembre de 2021 / 02:22

Escribir sobre arte es ir tras una visión de las artes y su relación con la sociedad, y para ese fin es necesario comprender la creatividad humana, además de los valores que la acompañan y que se busca transmitir como expresiones artísticas.

Bajo esa premisa, abordar el arte contemporáneo no es sencillo, porque este no puede ser encasillado dentro de una sola expresión, ya que carece de todo discurso. Lo llamativo es que conlleva un contenido suficiente que no busca ser explicado en una definición tácita, pues invita a que cada espectador lo delimite a partir de su propia percepción.

Todo arte, por tanto, requiere comprender la creatividad relacionada con los valores propios del ser humano en su propio tiempo, pero también dentro de su cultura dominante.

Lo interesante es cómo el arte desde siempre ha sido reflexionado, empezando por filósofos como Kant, quien consideraba que no necesariamente debe representar la verdad o una realidad. Esto porque la belleza es apariencia y no guarda relación con la constitución de los objetos; todo lo contrario, es una demostración de cómo un hecho es percibido por el artista, y eso significa libertad ante un juego de valores y facultades, que no niega que tenga un fin.

Contrariamente a lo anterior, Nietzsche afirmaba que la experiencia estética (cuyo valor es ideal) expresa una crisis que puede transformar una obra de arte carente de sentido y de fin, pero eso no significa que no tenga un carácter ilusorio.

Así, el arte siempre es analizado a partir de las observaciones de otros estudiosos. Es el caso de Benedetto Croce, un escritor, filósofo, historiador y político italiano que desconcertó cuando afirmó que una obra de arte contemporáneo representa un signo, pero también un significado, y consiguientemente una realidad figurada.

Lo sugestivo es que reflexionar sobre el valor del arte señala “la necesidad de aprender a ver e interpretar” a las artes en general. Por lo que prestar atención a la fuerza que emite es descubrir no solo sus valores, sino el sentido que el autor pretende comunicar, lo que también se relaciona con las percepciones que construye y que pueden ir disolviéndose. Y ese es justamente el trabajo del artista: rescatar valores, a fin de llevar al observador a una aguda y fructífera interpretación.

El reflexionar sobre el valor del arte es por demás sensible y hasta personal, debido a las diferentes interpretaciones que se le pueden dar a una obra, lo que en realidad representa la fuerza en la que radica su interés.

Lo singular es cómo hoy se busca que toda expresión artística tenga una visión global y equilibrada, ya que la comprensión del arte no solo exige una valoración visual, sino producir crítica sobre su lenguaje artístico. Y es justamente eso lo que lo relaciona con la sociedad, a partir del sentido que encierra.

Solo así la creatividad puede ser percibida y develar los distintos valores que conlleva.

Tampoco se puede negar que toda interpretación de arte contemporáneo es sesgada, ya que los mismos estudiosos aseguran que una obra de este tipo de arte es un impulso de vida.

De esta forma, el valor de una obra —según el filósofo Jacques Derrida— se detecta en la ambivalencia de la teoría reflejada en la práctica, lo que la eleva a su máxima expresión.

Patricia Vargas es arquitecta.

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De espacio público a espacio político

/ 26 de noviembre de 2021 / 00:51

Estos últimos días, por los problemas sociales que se presentaron, nos pusimos a reflexionar sobre cómo han evolucionado las expresiones sociales hasta convertirse en extremo violentas. Esto ha llevado a que aquellos lugares donde se realizan se transformen, hasta el punto que sorprende la fuerza negativa que exhalan, la cual se acentúa con los rostros de los manifestantes que irradian su tremendo malestar.

No se puede olvidar que el primer lugar que develó al espacio para una infinidad de actividades nació en Atenas, el sitio más fluctuante y mágico del ayer.

Allí germinó el espacio público a partir de actividades sencillas como la práctica de danzas religiosas hasta ritos, sin olvidar la instalación de stoas, pequeños negocios destinados a la venta de alimentos. De esa manera, ese primer espacio público se convirtió en el más concurrido de la vida representativa de una parte de la sociedad; un lugar vivencial que no fue sustituido por otro, debido al vigor que le otorgó a la ciudad, elevando la calidad de vida del personaje principal: el ciudadano griego.

Mucho más en la época medieval, cuando los espacios públicos eran instalados en plazas enteramente cubiertas, como la Villefranche. Una realidad que no evitó que, aun así, la vida ciudadana fuese por demás dinámica. Único ejemplo inspirador de la palabra democracia.

Así nacieron otros espacios como el foro romano —ubicado en el centro de la ciudad de Pompeya—, que funcionaron como vínculos entre los monumentos y las plazas, y que adoptaron otro significado urbano: el del recorrido, posiblemente para el intercambio de ideas.

Lo particular es que el espacio público desde sus inicios fue el lugar más popular y cercano a los mercados. Un sitio abierto que fue adquiriendo la fuerza y vitalidad del pueblo, lo que generó expresiones singulares, sin olvidar que el poder de su sentido público le enseñó al mundo la elucubración de temas sociales. Con ello, se fue consolidando como uno de los lugares más importantes para la concentración y el relacionamiento ciudadano. Su fortaleza creció durante su conversión como parte del ordenamiento de las urbes, por su ubicación estratégica.

Evolución y dualismo dentro de una visión cada vez más objetiva en cuanto al significado político, que se expresaba más en las concentraciones populares. Así nacieron los actos en los que se trataban los temas de interés común de la ciudadanía.

Lo interesante es que hoy esa cualidad sigue evolucionando, pero no solo eso: el espacio público se ha convertido en aquel lugar trascendental de las urbes, dejando en segundo plano a los sitios de descanso de la población, como es el caso del Montículo en La Paz.

En contraste, la plaza San Francisco ahora tiene una doble función: de recreo para la población y centro político, cuyo valor de sentido popular sigue en aumento. Doble rostro: el de recepción de la ciudadanía y el de efervescentes concentraciones y expresiones logradas a través de las travesías políticas.

A pesar de todo eso, en los dos últimos años surgió otro tipo de actividad política desarrollada en una especie de espacios flotantes estratégicos, donde grupos de personas aparecen, expresan sus ideales y reivindicaciones políticas, y luego desaparecen. Una planificación sumamente singular, ya que en rápidas acciones los grupos se trasladan a distintos barrios, donde expresan su apoyo a su líder o defenestran al opositor para luego desaparecer.

Está claro que hoy se puede hacer política por medio de diferentes tácticas y esta última —la flotante— ha sido capaz de sembrar en diversos lugares el nuevo sistema de sentido político, el cual demuestra que los ideales de un partido son capaces de despertar la creatividad de sus adeptos para dar el salto a la práctica de métodos contemporáneos.

Patricia Vargas es arquitecta.

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