Voces

Friday 12 Aug 2022 | Actualizado a 13:48 PM

No fue efecto rebote

/ 28 de junio de 2022 / 02:50

Las recientes publicaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el semanario inglés The Economist, con relación a la inflación mundial, mostraron a Bolivia como uno de los pocos países con inflación controlada en el mundo, ahora se suma una publicación de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), que expone que Bolivia será el Estado que más reducirá la pobreza en América Latina y el Caribe. Estos estudios son oportunos para mostrar que los indicadores económicos positivos no son resultado de un “efecto rebote”, sino atribuibles a la gestión económica implementada.

Cuando salieron las cifras positivas expuestas a finales de 2021 sobre los resultados en la gestión económica por parte del Gobierno, analistas y economistas, que cuestionan el Modelo Económico Social Comunitario Productivo, atribuyeron ese resultado a un “efecto rebote” que sería resultado del retorno a la seminormalidad en las actividades económicas, después de las primeras olas de la pandemia por el COVID-19. Ese argumento lo ejemplificaron comparando el crecimiento económico de algunos países vecinos, como Chile o Argentina, indicando a la opinión pública que nuestro “efecto rebote” fue más bajo que el de esos países.

Pero, cuando el FMI y The Economist publican el resultado de los análisis de inflación en el mundo, muestran que nuestra economía cuenta con la inflación más baja en la región y que está entre las más bajas a nivel mundial; pese a ello, esos analistas continuaban cuestionando el rol interventor del Estado en la economía por las medidas implementadas para cuidar el mercado interno. Ambas publicaciones dejaron desfasados a los analistas porque expusieron que los resultados positivos de la inflación controlada son resultado de ese rol del Estado, que cuidando a la población interviene para evitar que los fallos del mercado, agravados con la crisis, carguen en el pueblo el elevado costo de combustibles y cereales que están agobiando al mundo.

Ahora se suma el informe de CEPAL titulado Repercusiones en América Latina y el Caribe de la guerra en Ucrania: ¿cómo enfrentar la nueva crisis? (publicado el 6 de junio), el cual muestra que, de 17 países evaluados en América Latina y El Caribe, 12 incrementarán sus niveles de pobreza, uno mantendrá esos niveles y solamente cuatro reducirán la pobreza, entre ellos Bolivia es el que más avanza en ese margen con 1,4 % de reducción, mientras que los otros tres reducirán el indicador de pobreza menos de 1 punto. Con ello va quedando atrás el cuestionamiento del llamado efecto rebote, ya que, a más de un año y medio de la posesión del Gobierno, dos resultados que no pueden negarse a nivel internacional, que son inflación controlada y reducción de la pobreza, en un contexto de continuidad de pandemia y de crisis internacional que estalló con la guerra en Ucrania, muestran la capacidad del Modelo Económico Social Comunitario Productivo de lograr avances en la reconstrucción económica.

Seguramente cuando se instale el debate sobre este análisis publicado por CEPAL saldrán argumentos a favor y en contra, pero estos últimos tendrán que alejarse de ese llamado “efecto rebote”, ya que, viendo los hechos, no se pueden negar los resultados de la gestión económica del Gobierno. Al fin y al cabo, no se dejó la economía a la mano invisible del mercado, situación en la cual la realidad económica sería como de la mayoría de los países en crisis y recién valdría la calificación de “efecto rebote”.Edmundo Nogales Arancibia es abogado.

Comparte y opina:

BRICS vs. G7

/ 1 de agosto de 2022 / 00:58

Es interesante cómo dos abreviaturas pueden sintetizar el futuro económico del mundo y las nuevas disputas globales geopolíticas y económicas, desde una globalización unipolar decadente hacia un mundo multipolar, en un escenario que ya estaba en crisis por el COVID desde fines de 2019 y que se agrava con el conflicto entre la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y Rusia en territorio ucraniano.

La alianza militar intergubernamental OTAN fue creada en 1949 por Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial para imponer su dominio militar en el mundo; como respuesta, la Unión Soviética creó el Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, luego de la disolución de la URSS, varios Estados de esta alianza se incorporaron a la OTAN, la cual continuó expandiéndose como brazo militar de EEUU para mantener su hegemonía unipolar.

Sin embargo, a inicios de este siglo surgió la posibilidad de un cambio hacia un mundo multipolar con la articulación económica y política de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) como economías emergentes que asumieron líneas de integración que se mantuvieron hasta los encuentros más recientes, ratificando su apoyo a Rusia en este contexto.

El 16 de febrero, el Presidente de Brasil se reunió con el Presidente de Rusia antes de comenzar la guerra en Ucrania, por su parte China amplió la compra de gas con Rusia y firmaron uno de los acuerdos bilaterales más importantes también en febrero, previamente a su incursión en territorio ucraniano, con temas que van desde desarrollo conjunto, en ciencia y tecnología, integración cultural, articulación financiera internacional, cooperación productiva y comercial, así como cooperación en temas militares y políticas conjuntas en el escenario internacional.

Con esa articulación en torno a los BRICS anterior a la guerra, Rusia se adelantó a las represalias que el G7 (EEUU, Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) tomaría en cuanto comenzara la ofensiva rusa ante el avance de la OTAN en territorio ucraniano para frenar esa expansión hacia sus fronteras; con ello Rusia reposiciona la posibilidad de que los BRICS desplacen al G7.

La respuesta de Estados Unidos a la ofensiva rusa fue la aplicación de sanciones económicas y la presión a la Unión Europea para que se sume a esas sanciones; sin embargo, las consecuencias no resultaron como esperaban en Washington; si bien Rusia está afrontando pérdidas económicas importantes, las consecuencias terminaron golpeando más a Europa con una crisis de precios en combustibles por haber perdido al mejor de sus proveedores de gas, lo que se suma al incremento de precios del petróleo por la guerra, y el desabastecimiento de granos, cereales y fertilizantes que provocaron crisis en sus economías nacionales.

Para Israel y Estados Unidos el resultado de las sanciones económicas fue favorable desde el enfoque comercial, ya que ahora venden gas a Europa a precio más alto del que lo hacía Rusia, mientras la factura la paga la población europea con un costo de vida que se disparó en un proceso inflacionario que redujo a niveles históricos el valor del euro.

Hace poco se reunió el G20 (creado luego de la crisis financiera internacional de 2008), conformado por las 20 economías más grandes, entre las que se encuentran el G7 (que también se reunió previamente lanzando un mensaje de unidad frente a la “brutal guerra” iniciada por Rusia) y los BRICS (que tuvieron previamente una reunión virtual convocada por Beijing, en la que dieron el mensaje de que Rusia no está sola).

La reunión del G20 no concluyó en posiciones conjuntas, el 17 de julio Indonesia, país anfitrión, emitió un comunicado ante la imposibilidad de un consenso debido a las diferencias entre los bloques al interior del G20, en el comunicado señala respecto a la guerra que varios Estados “están de acuerdo en que la guerra de Rusia contra Ucrania ha ralentizado la recuperación de la economía global que, en consecuencia, se enfrenta a un fuerte revés”.

Con esa postura el G7 queda frenado en sus posiciones mientras va perdiendo peso en la economía a nivel global, recordemos que en 1975 cuando se creó, representaba el 70% del PIB mundial, en 2000 el 55% y hoy representa el 46%.

Por su parte los BRICS, que a inicios de 2000 contaban con el 8% del PIB global, hoy cuentan con más del 22% y el 42% de la población a nivel mundial, en este escenario van tomando fuerza en el plano geopolítico con una proyección de superar económicamente al G7 en la próxima década y abren la posibilidad real de un mundo multipolar, con la reciente declaración de ampliar la participación de varios Estados al bloque.

Como dice una de las canciones del grupo uruguayo Los Iracundos, “el mundo está cambiando y cambiará más…”

Edmundo Nogales Arancibia es abogado.

Comparte y opina:

Una crítica al desprestigio

/ 3 de junio de 2022 / 02:46

En mayo, el señor Carlos Cardozo escribió algunas columnas de opinión en medios de comunicación escritos respecto al tema económico, las cuales llaman la atención por el estilo de redacción de desprestigio que imprime contra quienes escribe.

En uno de esos artículos utilizó el término de “buronomistas” (Buronomistas, artículo de opinión de la primera semana de mayo), rotulando de esa forma a las autoridades de gobierno a cargo de la conducción económica del país con las siguientes palabras: “economistas a sueldo que escriben columnas defendiendo ideologías cual evangelios movidos por mera fe, aunque esta fe sea una simple retribución a la pega en cuestión”. Sin embargo, ese peculiar estilo de ataque podría llegarle a él por la forma en la que defiende el neoliberalismo como un dogma, asumiendo que parafraseando a algún autor liberal esas ideas son verdades absolutas, sin ver los males que provocó la aplicación del programa neoliberal en los países de América Latina.

Jacques Rogozinski, exasesor y gerente en el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Interamericana de Inversiones, respecto a las medidas que plantea el Fondo Monetario Internacional (FMI) expone críticas que fue desarrollando en la experiencia de su trayectoria profesional, las cuales muestran por qué nuestros países cuestionaron a esa institución neoliberal: “los países desarrollados, de Estados Unidos a Gran Bretaña, de Francia a España, ¿han llegado a donde están practicando las fórmulas y recetas que predican? La respuesta es no”. Ese tipo de cuestionamientos a las recetas del FMI son parte de su libro Mitos y mentadas de la economía mexicana (2012), agradable a la lectura con una redacción sencilla.

Esta crítica al neoliberalismo es también expuesta por Ha-Joon Chang, economista y profesor de la Universidad de Cambridge, en su libro Pateando la Escalera, en el que responde cómo llegaron los países desarrollados hasta donde están y cómo mantienen su sitial: “los países desarrollados no llegaron donde están por medio de las políticas y las instituciones que ahora recomiendan a los países en desarrollo. La mayoría de ellos aplicó de manera activa ‘malas’ políticas comerciales e industriales, tales como la protección a la industria naciente y subsidios a la exportación, prácticas que hoy en día son mal vistas, e incluso explícitamente prohibidas por la Organización Mundial del Comercio”.

En la experiencia como país, tenemos el intento de los economistas neoliberales en los años 2000 que trataron de convencer a la población que el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) era bueno para nuestros países. Entre los acuerdos que se planteaban estaba la prohibición de que nuestras naciones subvencionen al agro, mientras Estados Unidos mantenía las subvenciones que tiene su país, dejando a nuestros productores en competencia desigual. Este tipo de elementos nos permite contrastar los argumentos con los hechos.

Volviendo al estilo de Cardozo, en otro artículo que publicó la segunda semana de mayo (Los impuestos son un robo), ataca el hecho de que el Estado cobre impuestos; sin embargo, en él mostró algo de su forma de pensar respecto a la población: “el impuesto al apropiarse de los ingresos o riqueza de forma indirecta o directa, se ha transformado en una costumbre que no puede ser cuestionada, el precio de la certidumbre que el Estado brinda a los poco orientados, desinformados y analfabetos ciudadanos espantados por el desconocido funcionamiento de la economía es suficiente para que éste se prorrogue en el tiempo”. Si bien su crítica era a los impuestos calificándolos como “robo”, sin darse cuenta termina calificando de una forma desdeñosa a los ciudadanos.

Esa forma de escribir y ponerse por encima de la población para la cual aparentemente escribe, hace que le lleguen algunos de los adjetivos que él mismo dedica a sus fichados objetivos, como él dice, tal vez tenga que “bajarse de su trono” (expresión que usó en uno de sus recientes artículos), y exponer sus argumentos sin desprestigiar a aquellos contra quien escribe, al fin y al cabo, en el escenario político y social es importante el debate de ideas, los argumentos son los que deben confrontarse y no las personas y menos caer en el desprestigio.

Edmundo Nogales Arancibia es abogado.

Comparte y opina: