Voces

Saturday 1 Oct 2022 | Actualizado a 19:52 PM

Del sesqui al bi-centenario (1975-2025)

/ 7 de agosto de 2022 / 00:54

El 6 de agosto de 1825 es la fecha que nos une a la totalidad de bolivianos y bolivianas, independientemente de distintas miradas que podamos tener sobre el pasado y el presente de este país. Llama la atención que la fecha en sí misma nos remite a un hecho poco significativo y nada glorioso, la suscripción del Acta de la Independencia por un conjunto de representantes de los “señores notables”, la mayoría de los cuales militaban en el bando realista hasta muy poco antes. Se eligió la fecha para conmemorar el primer aniversario de la Batalla de Junín (6 de agosto de 1824), en la que los ejércitos patriotas al mando de Bolívar derrotaron a los realistas abriendo el cauce a la batalla definitiva de Ayacucho (9 de diciembre de 1824).

Con todo y eso, la fecha ha quedado enraizada En los hechos, marca un hito en la historia de este pedazo del mundo ubicado en el centro de Sudamérica. Es el punto de partida de la construcción de un nuevo Estado, en lo que fue la región de la colonial Charcas, con el portentoso Potosí como su núcleo aglutinante. Una construcción por cierto llena de vicisitudes, exclusiones, conflictos y contrastes a veces arrastrados por siglos.

Nos tocó vivir el “sesqui” (un siglo y medio, 1975) y estamos en las vísperas del “bi” (dos siglos, 2025). Momento propicio para recordar algunos sucesos con los que se inicia el periodo.

Vivíamos el auge de la dictadura de Banzer. El movimiento popular resistía las medidas dictatoriales y había conseguido algunos logros en el sector minero con la recuperación de sus directivas sindicales y la mantención de sus radioemisoras.

El 13 de enero de 1975, en una operación nocturna tipo comando, los agentes del gobierno apresaron a algunos dirigentes y destruyeron las cuatro emisoras de la región: “21 de Diciembre” de Catavi, “Llallagua” de Llallagua, La “Voz del Minero” y “Pío XII” de Siglo XX (esta última propiedad de la Iglesia Católica). La respuesta espontánea de los trabajadores fue una huelga de 15 días que le dobló el brazo a la dictadura: los dirigentes fueron puestos en libertad y se arrancó el compromiso firmado de resarcir los daños a los equipos de comunicación (obligación que, mal que mal, tuvieron que cumplir).

Por esos mismos días en La Paz, Alcira Cardona Torrico fue detenida por haber publicado un periodiquito de Alasitas burlándose de la ruidosa campaña oficialista del Sesquicentenario, rebautizándolo como el Questicentenario (questi, o quisti en aymara significa sucio, tiznado, empañado). Una rápida movilización solidaria de artistas, poetas y escritores, comandada por Antonio Paredes Candia, consiguió la libertad de la destacada poeta orureña.

Por último, asoma en la memoria la fabricación de una moneda de oro de circulación restringida, que por su alto costo solo pudieron adquirirla coleccionistas adinerados y los altos funcionarios del régimen. Se dijo que en una segunda etapa el Banco Central pondría en circulación unidades de corte menor para uso generalizado. La dichosa moneda llevaba a un lado la efigie del Libertador Simón Bolívar y al reverso… habíase visto mayor atrevimiento… ¡la del mismísimo Banzer! Como reguero de pólvora por aquellos días de agosto de 1975 circuló la respuesta popular ante semejante osadía: “Bolívar la cara de la moneda, Banzer el culo”. Por esa reacción o por alguna otra razón desconocida, no hubo segunda etapa del proyecto numismático de la dictadura. Ahí quedó.

Abrigamos la esperanza de que las futuras generaciones tengan recuerdos más simpáticos y agradables del bicentenario boliviano que ya se viene. ¿Qué tal?

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Chile: no está dicha la última palabra

/ 18 de septiembre de 2022 / 00:31

Mal de muchos, consuelo de tontos. Varios nos equivocamos al pronosticar la aprobación del proyecto de nueva Constitución para Chile. En el caso nuestro y en el de la gran mayoría de observadores ubicados a la izquierda del espectro político, como tantas otras veces, primaron los deseos antes que la mirada atenta a la realidad. Consideramos que las señales negativas marcaban un retroceso de los resultados inicialmente esperados, pero esto no impediría el triunfo del Apruebo. Ganó de lejos el Rechazo. No hay atenuantes: nos equivocamos. Y punto.

Una primera reflexión al respecto es que en democracia tales sucesos pueden ocurrir, hay que asumirlos como posibilidades. Nada está escrito en piedra, de una vez y para siempre. Las situaciones pueden cambiar, así como varían las correlaciones de fuerzas, al influjo de factores diversos. Nadie tiene el puesto comprado o lo ha recibido como regalo definitivo de la divina providencia. No es suficiente abrir el cauce para que fluya un proceso de cambios, es necesario alimentar y enriquecer los elementos que lo componen y asegurarse de que lleguen a buen puerto sin desbordarse en el trayecto. Lejos de la idolatría liberal que reduce todo al ejercicio del voto, las urnas algo tienen que decir en cada momento y hay que saber escuchar sus voces.

El 4 de septiembre de 2022 se produjo una incuestionable derrota para el pueblo chileno y para los movimientos populares y progresistas de América Latina. Se perdió la oportunidad de sepultar las secuelas de una de las más horrendas dictaduras. Pero que la derecha ultramontana y los voceros del imperialismo no se apresuren demasiado en cantar victoria, tampoco es un triunfo claro para ellos. No es que el 80% del electorado contrario a la Constitución pinochetista de pronto se hubiera reducido al 30% y volcado su apoyo a la vigencia indefinida de ese cuerpo normativo heredado de la dictadura. Lo que pasó es que el proyecto sustitutivo no convenció, ni como producto final ni como procedimientos de elaboración. Ofreció demasiados flancos débiles a la acción corrosiva de la oposición basada en campañas de confusión y miedo, lanzadas por los medios predominantes y desde las redes sociales. Ni el gobierno, ni la coalición de fuerzas que lo sostienen, ni menos la propia Convención tuvieron el tiempo, la coherencia y la habilidad para defender el proyecto aislando y derrotando esas campañas calumniosas; es más, aliados políticos de centroizquierda se sumaron a último momento al bando del Rechazo. A ello hay que añadir cierto desencanto de una parte de la población por las deficiencias en el desempeño inicial del gobierno de Gabriel Boric, quien llegó al poder estrechamente comprometido con la bandera de una nueva Constitución, no parece casual que algunas encuestas recientes ubiquen la cifra de la popularidad del Presidente en el mismo nivel del voto por el Apruebo.

Sin embargo, según se informa desde Santiago, Boric habría logrado sortear con éxito las zancadillas de la derecha que pretendía otorgarle al referéndum del 4 de septiembre un carácter plebiscitario cuyos resultados debían interrumpir su gestión. Lo que se sabe es que se están construyendo nuevos consensos para desarrollar un segundo intento de redactar la nueva Constitución, aprendiendo de los errores cometidos pero manteniendo el esquema básico de elección popular de los representantes, paridad de género y salida de aprobación por un nuevo referéndum.

Las cosas no serán nada fáciles, solo queda augurar que tengan éxito sin olvidar que el mandato de una nueva Carta Magna proviene de una eclosión social por un verdadero cambio.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Tarde o temprano se impondrá el legado de Allende

/ 4 de septiembre de 2022 / 00:31

Un día como hoy, se produjo el triunfo electoral de Salvador Allende en Chile. Y 52 años después el pueblo chileno es nuevamente protagonista de un acontecimiento crucial: la aprobación o rechazo de una nueva Constitución.

Los lectores y lectoras comunes de ahora, podrían suponer que las mencionadas elecciones eran una más de las muchas que se realizan en nuestros países, donde unos ganan y otros pierden en una aparente alternancia democrática. Sin embargo, lo ocurrido en 1970 fue un acontecimiento histórico trascendental: por primera vez una coalición de izquierda, en este caso construida sobre el eje representado por los partidos socialista y comunista, llegaba al gobierno por la vía electoral y lo hacía con un programa de reformas muy avanzadas; aunque vistas hoy en perspectiva, podrían considerarse como excesivamente moderadas. La nacionalización de la industria del cobre, la reforma agraria y ciertas políticas sociales tendientes a achicar la grieta de la desigualdad entre ricos y pobres, eran tal vez los puntos esenciales de lo que vino en llamarse la Unidad Popular (UP).

Además, el acontecimiento se producía en los marcos de un agitado debate entre los que sostenían que la “vía armada” era el único camino de la revolución y los que admitían que, bajo determinadas circunstancias, ésta podía ocurrir sin violencia armada, aunque no precisamente por “vía pacífica”. No se hizo aún un balance sustancioso e integral de ese debate ni de las respuestas que la historia de más de medio siglo, especialmente en América Latina, dejó marcadas al respecto.

En esta columna nos interesa apenas recordar que la derecha chilena, en consonancia con la política imperialista de los Estados Unidos, hizo todo lo imaginable para frenar, sabotear y finalmente derrocar por la violencia al gobierno de Salvador Allende, muerto en el bombardeo a la casa de La Moneda el 11 de septiembre de 1973.

Pareciera que algunos exponentes de la nueva derecha quieren recrear el ambiente de irracionalidad de aquellas épocas, usaron ya en las elecciones del pasado año recursos similares, con el auxilio de las llamadas “redes sociales”, muy aptas para difundir falsedades y generar confusión y miedo. Todo parecía indicar que el voto ciudadano en pro del texto fundacional de 167 páginas, aprobado por más de dos tercios en una representativa convención elegida al efecto, sería contundentemente mayoritario, pero surgieron algunos sondeos que pusieron en duda dicha posibilidad. Parece que las mentadas campañas surtieron algún efecto, lo cual sumado a otros factores hicieron disminuir las expectativas, pero no lo creemos posible al grado de hacer peligrar la aprobación.

Cabe mencionar que un elemento nuevo introducido en contra del proyecto ha sido esta vez la apelación a la xenofobia antiboliviana, a título de que éste tendría demasiadas semejanzas con nuestra Constitución Política del Estado de 2009.

El pueblo chileno tuvo hoy la oportunidad de repudiar una ominosa herencia de la dictadura pinochetista y aprobar una nueva carta fundamental inspirada en la lucha de resistencia y en los ecos de la eclosión social de los últimos años, que puso por delante la herencia democrática y liberadora de Salvador Allende. Así nomás son las cosas.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Una vez más sobre bloqueos y loqueos

/ 21 de agosto de 2022 / 00:31

Por enésima vez nos ocupamos del tema en esta columna, aunque parece que predicamos en el desierto.

El asunto arranca de varias décadas pasadas, tiene que ver con la vida cotidiana actual y se proyecta ineludible hacia el porvenir. No es novedad que el bloqueo de caminos (o cortes de vía, como los llaman en otras latitudes) ha sido un método esencial en la lucha de los trabajadores y de amplios sectores populares, tanto en el plano propiamente reivindicativo como en las cruentas batallas políticas contra las dictaduras. Bastaría recordar dos ejemplos ya clásicos en esta materia: la resistencia a los golpes militares de noviembre de 1979 (Natusch) y de julio de 1980 (García Meza-Arce Gómez). En ambos casos la respuesta popular fueron la huelga indefinida y el bloqueo general de caminos.

O sea que en determinadas circunstancias, el bloqueo puede poseer un alto grado de legitimidad. Pero de ahí a suponer que esta forma de lucha es válida en todo tiempo y lugar y para cualquier causa, hay una gran diferencia. De hecho, también pueden mencionarse casos negativos muy ilustrativos al respecto, por ejemplo: los bloqueos de cooperativistas mineros (que culminaron con el asesinato del viceministro Illanes, a fines de agosto de 2006); los bloqueos ordenados por los comités “cívicos” en 2019 como parte de la estrategia política para derrocar a Evo Morales; el bloqueo por elecciones de 2020 (con una petición legítima, pero con formas inapropiadas en la emergencia sanitaria de ese momento) y, pocos meses atrás, los bloqueos del transporte pesado pugnando por intereses corporativos, exclusivos del sector.

Dejando de lado los casos renombrados, lo cierto es que el tema de bloqueo se ha convertido en el pan de cada día, una especie de deporte nacional, se producen continuos bloqueos locales cotidianamente y por los más variados motivos, desde el pedido de cambio de una autoridad educativa hasta la edificación de un inmueble o la construcción de un puente. A veces en las rutas troncales hay varios puntos de interrupción, de modo tal que la noticia ya no son los bloqueos, sino la ausencia de ellos.

Lo peor, se mide la efectividad y contundencia de un bloqueo, según la magnitud del daño ocasionado. Cuanto peor, mejor.

Yo bloqueo, tú bloqueas, él bloquea, nosotros bloqueamos. Mueve a risa si no fuera tan dramático, han comenzado a producirse bloqueos contra otros bloqueos. Parece cosa de locos. Bloqueo versus bloqueo.

La cuestión tiene por lo menos dos puntas. La primera: la base social y las dirigencias locales que sin agotar fases previas de petición desencadenan el conflicto y el correspondiente bloqueo de calles, caminos y, sobre todo, carreteras principales; la experiencia parece indicar que esa es la única manera de hacerse escuchar por las autoridades y conseguir la satisfacción de una demanda. La otra punta, precisamente dichas autoridades, por lo general, son incapaces de prever los posibles conflictos y menos buscan soluciones consensuadas antes de que los problemas estallen. Hay insensibilidad burocrática y ausencia de iniciativa en muchos niveles de la administración pública. Esto viene a ser un coadyuvante para la bloqueomanía que los bolivianos padecemos.

Esta no es, afortunadamente, una enfermedad incurable, pero los remedios pueden tomar tiempos muy prolongados. Sabido es, y hay que remarcarlo, que los derechos de unos terminan donde comienzan los derechos de los otros. El derecho de formular peticiones y demandas, y organizarse y movilizarse en pos de conseguirlas, está superconsagrado en nuestra Constitución Política del Estado. No se trata de “criminalizar” las luchas sociales, sino de encauzarlas en la institucionalidad que está en construcción, al calor de una nueva cultura democrática. Esto implica tomar en cuenta el contrapeso natural de ese derecho, el de la libre circulación en todo el territorio boliviano (artículo 21, inciso 7). Difícil, pero no imposible.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Sobre las muertes de Almaraz, Torres, Quiroga y Zavaleta

/ 24 de julio de 2022 / 00:35

En la vida de los pueblos, cuando determinados sucesos no tienen una explicación coherente y verosímil, surge la tentación de atribuir su origen a una conspiración. Sin embargo, la temprana desaparición de cuatro destacados líderes políticos bolivianos en la segunda mitad del siglo anterior, dos de ellos víctimas de salvajes asesinatos, inevitablemente conduce a pensar en que algún poder omnímodo pudo haber articulado estas prematuras muertes para privar al país del valioso concurso de sus líderes naturales. Por el momento no hay manera de comprobar esto documentalmente, pero vale la pena dejar sentada por lo menos una fundada sospecha.

Sergio Almaraz Paz. Brillante escritor y periodista, defensor insobornable de los recursos naturales. Sus tres libros: Petróleo en Bolivia (1958), El poder y la caída, el estaño en la historia de Bolivia (1967), Réquiem para una república (1969, edición póstuma), además de sus numerosos artículos, conferencias y entrevistas, ejercieron marcada influencia en la formación de la conciencia nacional en medios sindicales, intelectuales e incluso en sectores militares. La nacionalización de los hidrocarburos y la fundición del estaño fueron resultado directo de su constante prédica. Murió internado en una clínica de La Paz siete meses antes de cumplir 40 años (1 de diciembre 1928-11 de mayo 1968). Al parecer la intensidad con la que vivía los problemas del país y la deficiente atención médica hicieron que falleciera a raíz de una úlcera no incurable.

Juan José Torres González. Oficial de extracción humilde, ascendió por méritos propios a general del Ejército. Rompió con la doctrina de la “seguridad nacional” y propugnó una alianza entre obreros, campesinos, estudiantes y militares para encaminar al país en una senda patriótica y progresista. En el gobierno de Alfredo Ovando se desempeñó como comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, cargo del cual fue apartado por presión de los sectores castrenses de derecha. Consumado el golpe contra el propio Ovando, Torres se rebeló y con el apoyo popular multitudinario asumió la presidencia (7 de octubre 1970), siendo derrocado por otro golpe que instauró el gobierno fascista de Banzer (21 de agosto 1971). Exiliado en Argentina fue secuestrado, torturado y asesinado por una banda anticomunista local. Tenía entonces 56 años (5 marzo de 1920-2 de junio 1976).

Marcelo Quiroga Santa Cruz. Escritor, periodista y carismático líder político de notable elocuencia, irreductible defensor de los recursos naturales, los derechos humanos y la democracia. Como diputado entabló juicio de responsabilidades a Barrientos, lo cual le valió desafuero, confinamiento y exilio. Hizo lo propio contra Banzer, lo que significó una sentencia de muerte ejecutada en el asalto a la sede de la COB, acribillado en las graderías del edificio, al parecer fue rematado más tarde en el gran cuartel de Miraflores (cayeron también en esa ocasión Carlos Flores Bedregal y Gualberto Vega Yapura). Marcelo tenía 49 años (13 de marzo 1931-17 de julio 1980).

El escritor uruguayo Carlos Martínez Moreno, en una semblanza escrita en 1985, dice no haber conocido seres intelectualmente tan bien dotados y ninguno más talentoso que René Zavaleta Mercado. Su obra abarca libros, ensayos diversos, artículos periodísticos, entrevistas, conferencias, discursos, fragmentos literarios, poesía y otros apuntes. No fue menos importante su trabajo docente y de investigación en universidades del Reino Unido, Francia, Canadá y México, país donde radicó sus últimos años y en el que fue el primer director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), dejando una profunda huella en los estudios sociales. Cuando se aprestaba a cumplir su viejo sueño de retornar a Bolivia, contrajo un mal incurable que acabó con su vida, tenía solo 47 años cumplidos (13 de julio 1937-23 de diciembre 1984).

En vez de dudas se acrecentaron las certezas sobre cuatro vidas ejemplares. ¡Sale y vale!

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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‘Apague la televisión y encienda un libro’

/ 10 de julio de 2022 / 01:11

Un antiguo comerciante de libros usados puso un vistoso letrero en su puesto de venta callejero con el lema que hoy va como título de esta columna.

¿Es que acaso el libro puede competir con las pantallas que en la actualidad circulan por millones en una gran variedad de artefactos electrónicos como televisores, teléfonos móviles y otros receptores y a la vez emisores de señales de imagen, texto y sonido?

Definitivamente, no. El libro perdería por goleada. No se trata pues de que compitan, sino de que se complementen. Soportes distintos, el uno físico (papel impreso) y el otro virtual o digital, pero ambos basados en el proceso común de la lectura. Sin lectura ninguno funciona o, en el mejor de los casos, funciona a medias.

El 29 de abril de 2013 fue promulgada la Ley del Libro y la Lectura “Oscar Alfaro” en homenaje al gran poeta y escritor tarijeño comprometido con la niñez. Posteriormente, el Gobierno decretó el 5 de septiembre como el “Día plurinacional de la lectura”, recordando su onomástico. El sistema educativo en todas sus instancias y niveles realiza en torno a esa fecha una gran variedad de actividades, para motivar e impulsar la lectura. Sin embargo, la participación de los gobiernos municipales es todavía escasa y dispersa, y salta a la vista que no hacen lo suficiente por articular iniciativas conjuntas con distintos organismos del Estado y de la sociedad civil, sobre todo en la creación de bibliotecas públicas y telecentros comunitarios.

En relación con el tema, está circulando una convocatoria para inscribir a promotores y promotoras de lectura. Abarca a maestros y maestras de entidades educativas de todo tipo y a estudiantes de últimos cursos de formación superior. El plazo para inscribirse vence indefectiblemente el próximo domingo 17. Por supuesto, ofrecen los correspondientes certificados para mejorar puntajes. No está mal. Pero lo importante sería que ésta sea apenas una de las múltiples actividades a desarrollar en una verdadera campaña “Bolivia lee 2022” en todo el país.

A continuación, un texto de Darío Busch Barberí (alias Gregorio), joven cruceño muerto en la guerrilla de Teoponte en 1970. Léalo hasta el final.

Así que…

—Señor… señor… este… ¿tiene libros? El señor que tenía libros lo miró y dijo secamente:

—Sí, tengo libros. ¿Le interesa?

—Sí, sí, sí me interesa; me han dicho que explican cosas, que ahí están las explicaciones, las ideas, las soluciones de los problemas y que uno aprende… este… y yo necesito aprender, es para algo que quiero hacer, pero no estoy seguro y tengo que aprender primero, ¿no? Eso me han dicho… así que… ¿tiene libros?

—Evidentemente —respondió el de los libros— lo que le han dicho es así. Mire… yo represento a la Editorial “El libro” y le diré, tenemos un completo stock de enciclopedias, textos de estudio; obras completas… tororó… tororó… y las facilidades de pago, son de lo más convenientes, pues, usted sabe, o sabrá que los pagos son trimestrales y resulta muy cómodo, ya que las formas de pago tororó… tororó… tororó… es una ganga realmente.

—Pero… —entonces lo interrumpió el que pedía libros—, las ideas, las explicaciones, todo eso… ¿se venden?

—Claro, los libros se venden, ¿no lo sabía? …dijo el vendedor sorprendido.

—No, no lo sabía. ¿Y por qué se venden?

Al vendedor de libros jamás se le había preguntado “¿Por qué?” se vendían los libros, y, ahora, alguien que quería saber a través de ellos, le disparaba un “¿por qué?” así nomás. “Realmente —pensó— ¿por qué se venderán las explicaciones? Yo lo hago para comer, pero, en general, las ideas no deberían venderse ¡es injusto!, ¡está mal!, no se deben vender”. Miró al que pedía libros. Sacó diez volúmenes y se los ofreció diciendo:

—Le regalo uno. Elija.

El señor que pedía libros, miró con curiosidad los libros y dijo:

—Elíjame uno usted. Yo no sé leer…

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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