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Friday 19 Apr 2024 | Actualizado a 17:13 PM

Censo: ¿Avanzamos o retrocedemos?

/ 31 de marzo de 2024 / 00:33

En la vida de cualquier país hay acontecimientos que dejan marcas indelebles. Tradicionalmente se ha considerado que estos pueden obedecer a causas naturales, fuera de la capacidad de prevención inmediata (como terremotos, grandes incendios, sequías, inundaciones, etc.) o, por el contrario, ocurren como consecuencia directa de la acción consciente de los seres humanos (elecciones, golpes de Estado, referendos, migraciones, guerras, censos y otros).

Sin embargo, en tanto se van esclareciendo las causas del cambio climático, por ejemplo, queda establecido que muchos fenómenos que se creía “naturales” en realidad son el resultado de acciones humanas deliberadas, podría decirse “inconscientes”. Pero ese es tema de otra discusión, lo que importa subrayar aquí es que el Censo Nacional de Población y Vivienda efectuado la anterior semana (el número 12 en los casi 200 años de la existencia de Bolivia), si bien en líneas generales fue exitoso en su realización, tuvo muchos vacíos de información, una capacitación deficiente e insuficiente de los voluntarios encargados de recoger los datos y, en lugar de contribuir a encaminar soluciones, dejó plantados varios gérmenes de conflicto.

La principal objeción es la escasa confianza que fue capaz de generar el Instituto Nacional de Estadística (INE). En un contexto político de por sí complejo y erizado de contradicciones, la única manera de cumplir bien su tarea era moverse con incuestionable solvencia técnica y, en lo que le corresponde, con auténtica independencia, algo que precisamente no ocurrió y que dio lugar a cuestionamientos permanentes y a veces malintencionados de la oposición.

Otra consideración tiene que ver con la cuestión de límites, principalmente entre municipios y también entre departamentos. Problema que se arrastra desde los anteriores censos y que en lugar de atenuarse se agravó en los últimos tiempos; definitivamente no es el INE la instancia a la que corresponde solucionar estas cuestiones, por ello debió emitir para el Censo 2024 un registro especial, “neutro” para nombrar las zonas en conflicto y no asignar población a ninguna de las partes beligerantes. Obviamente, ya es hora de que las gobernaciones o en su caso la Asamblea legislativa tomen en sus manos el asunto y hagan cumplir la normativa que hasta ahora ha sido nada más que disparos al aire.

Sucede algo similar con el “acarreo” de pobladores citadinos que buscan ser censados en sus comunidades de origen para beneficiarlas con recursos de co-participación tributaria, distribuidos según población. No hay aún apreciaciones confiables sobre el volumen y la tendencia de este fenómeno, pero hay muchas evidencias de que persiste. La normativa, que también ha fracasado en este tema, debería incluir fuertes penalidades para autoridades y dirigencias sociales que promuevan o faciliten estos traslados y sobre todo para quienes amenacen con expropiaciones o expulsiones a los que desobedezcan sus mandatos. Pero el tema es más complicado que eso y no hay que esperar resultados inmediatos pues tiene que ver con las seculares relaciones de expoliación del campo por la ciudad.

Para abordar estos temas y otros que el Censo ha puesto sobre la mesa, como la espinosa y posible redistribución de escaños, la construcción de consensos mediante el diálogo resulta imprescindible. Ojalá que el mundillo político capte esa señal.

A continuación, los años en que se realizaron censos en el país y el número de población: en 1831 se llegó a 1.088.768 habitantes; en 1835, a 1.060.777; en 1845, a 1.378.896; en 1854, a 2.326.126; en 1882, a 1.172.156; en 1900, a 1.766.451; en 1950, a 2.704.165; en 1976, a 4.613.419; en 1992, a 6.420.792; en 2001, a 8.274.325; y en 2012, a 10.059.856.

Se advierte la tendencia neta al crecimiento de la población (de un millón en 1831 a 10 millones en 2012). Los dos casos de descenso son del siglo XIX: en 1835 cuando la configuración territorial de Bolivia no estaba aún definida, y en 1882 cuando sufrió el impacto de la Guerra del Pacífico de 1879.

Carlos Soria Galvarro es periodista. 

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Arte e Historia condenados a la destrucción

/ 14 de abril de 2024 / 00:17

Desde hace varios años, al igual que muchas instituciones y personas, veníamos reclamando por el maltrato del que era objeto la pieza escultórica representativa del Mariscal Andrés de Santa Cruz. Debemos volver sobre el tema no solo para reiterar la protesta, sino también para sumarnos a los gritos de alarma que algunos medios han comenzado a lanzar (véase por ejemplo repercusiones en las redes sociales, así como también la cobertura de LA RAZÓN, con foto de tapa incluida, del 10 de abril). Y no es para menos. La cabeza del mariscal esculpida en una inmensa roca, está ante el riesgo inminente de ser sepultada por arena, cascajo, piedras y lodo que arrastra el rio.

Se confirma por enésima vez la manía destructiva de algunas autoridades municipales y la indolencia de la ciudadanía que las deja obrar. Desmontaron en 2008 el complejo escultórico de la Plaza de los Héroes, construido bajo concurso menos de 10 años antes, lo reemplazaron por un cuadrilátero vacío y un paso de automóviles, arrojaron sus piezas por aquí y por allá, entre ellas la “cabeza del mariscal” fue a dar a la orilla del río en las afueras de la ciudad. El lugar era a todas luces inapropiado; por ejemplo, cuando unos muchachos incultos la pintarrajearon, las autoridades no tuvieron mejor iniciativa que “proteger” la pieza rodeándola con malla de gallinero. Pero además, el sitio resultó claramente inseguro, tal como puede verse ahora. Si no se hace algo urgentemente la próxima riada terminará sepultándola.

Reiteramos aquí algo que dijimos en agosto de 2019, apoyados en la opinión del académico José Roberto Arze (www.carlossoriag.com/elmariscal- santa-cruz-espera-un-desagravio/:)

“… Andrés de Santa Cruz no se distinguió solamente como estratega militar, conductor político y notable estadista, sino también como empeñoso impulsor de la cultura. Fundó dos universidades, la de La Paz y la de Cochabamba; a las cuales ciertamente las bautizó con nombres de santos, pero con el consiguiente significado terrenal: San Simón, por Bolívar, y San Andrés, por él mismo. Además, impulsó la creación de bibliotecas públicas en todos los departamentos… Uno de los retratos más conocidos de Santa Cruz lo presenta de cuerpo entero y leyendo un libro que sostiene en la mano, dato muy revelador, por cierto.”

Cabe recordar que fuentes del Concejo municipal, en ocasión de reclamos anteriores, nos aseguraron que existía un compromiso formal entre el gobierno municipal de La Paz y la Universidad Mayor de San Andrés para reubicar esta pieza escultórica donde corresponda a su alto valor artístico e histórico. ¿Qué dicen al respecto los miembros del GAMLP (concejales y alcalde) y los desaforados candidatos al rectorado de la UMSA? ¡En la situación actual unos y otros están emplazados a cumplir sus compromisos institucionales! Tal cual.

Carlos Soria Galvarro es periodista. 

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Sobre Marcelo Quiroga Santa Cruz

/ 17 de marzo de 2024 / 00:09

En Cochabamba es tan común el apellido Quiroga que para dibujar una silueta del personaje, lo primero que hay que hacer es completar su identificación con el apellido materno o con su nombre. De ahí, simplemente Marcelo o, si se quiere, Quiroga Santa Cruz.

Él formaba parte de un puñado de notables personalidades, llamadas a jugar roles muy destacados en la historia de Bolivia en la segunda mitad del siglo pasado, pero cuyas vidas, relativamente jóvenes, fueron tronchadas, sea por brutales asesinatos (JJ Torres y Marcelo) o por inescrutables designios de salud (Sergio Almaraz y René Zavaleta). Aunque no existen evidencias contundentes, excepto sus coincidentes y extrañas muertes, no hemos podido alejar de la mente el fantasma de una mano tenebrosa que pudo haber intervenido para privar a Bolivia de un liderazgo lúcido, capaz y consecuente. Puede ser nada más que una suposición alucinante, pero en lugar de una negativa rotunda preferimos quedarnos con la simple frase: “podría ser…”

En la vida de MQSC se distinguen claramente dos etapas: una primera en la que predominan sus inquietudes artísticas, particularmente la cinematografía y la literatura; produjo filmes breves pero desafiantes y la novela Los deshabitados que le valió el premio William Faulkner a la mejor novela latinoamericana (1962). Mediado por una intensa labor periodística, ingresó a una etapa propiamente política; ejerció como diputado y realizó una tenaz lucha por la recuperación de los recursos hidrocarburíferos, sufrió detenciones, confinamientos y exilios que no respetaron su inmunidad parlamentaria. En 1969, fue el artífice de la nacionalización de la Gulf Oil, en alianza con militares patriotas; luego de la resistencia al golpe de Estado de Banzer en la que participó activamente, se vio obligado de nuevo al exilio. Realizó intensas labores periodísticas y académicas en Argentina y México; retornó al país en 1979 y fundó el Partido Socialista que, para diferenciarse de un grupo socialista preexistente, adoptó la sigla de PS-1.

El apoyo que recibió como candidato presidencial creció vertiginosamente, en especial entre las elecciones de 1979 y 1980; su accionar político se distinguió por su mensaje diáfano y valiente, pero además muy bien documentado¸ encaminó un juicio de responsabilidades a la dictadura de Banzer, tal como lo había hecho con la de Barrientos. La cúpula militar golpista de entonces, inspirada por Banzer y sus acólitos, lo amenazó públicamente, pero no logró doblegarlo. La oportunidad que esperaron fue el golpe de Estado del 17 de julio de 1980, en el que fue derrocado el endeble y contradictorio gobierno de Lidia Gueiler. Era un jueves al mediodía, cuando los grupos de paramilitares, comandados por Luis Arce Gómez desde sus oficinas del G2, asaltaron la sede de los mineros, donde funcionaba la COB, nos capturaron a periodistas, dirigentes políticos y sindicales, y nos transportaron en ambulancias hasta la ciudadela militar de Miraflores; antes, cuando bajábamos manos en alto y encañonados las graderías de la vieja casona, dispararon una ráfaga contra Marcelo, la misma que alcanzó también a Carlos Flores Bedregal, en situación similar fue asesinado Gualberto Vega Yapura.

Marcelo nació un 13 de marzo de 1931. García Meza y Arce Gómez terminaron sus días en prisión cumpliendo la pena de 30 años que la Justicia les impuso. Pero nunca quisieron revelar dónde escondieron los restos de este hombre excepcional.

Además de Vista al Mar, testimonio varias veces editado, recomendamos estos libros: — Montaño Aguilar, José Luis. Marcelo Quiroga Santa Cruz: Esplendor y Tragedia. Cochabamba: Ed. Kipus, 2010.

— Rodas Morales, Hugo. Marcelo Quiroga Santa Cruz: El socialismo vivido (varios tomos). La Paz: Plural editores, 2010.

— Téllez, Yolanda. 1980 Operación Blitz. Conspiración golpista en Bolivia. La Paz: Didáskalos Ed., 2016.

— Téllez, Yolanda (comp). Un libro para escuchar a Marcelo Quiroga Santa Cruz. La Paz: Didáskalos Ed., 2016 (incluye CD con 14 fragmentos de alocuciones de Marcelo, de 1963 a 1980).

— Manzilla, Gezien. Marcelo: Noticias de un asesinato. La Paz: Plural editores, 2019.

 Carlos Soria Galvarro es periodista. 

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Pequeña historia marcada por la guerra

/ 3 de marzo de 2024 / 00:54

Es sabido que la historia de un país o región no es la suma inconexa de historias individuales o familiares, de microrregiones o de sucesos aislados y circunstanciales. Sin embargo, todo historiador sabe muy bien que tales fragmentos pueden jugar el rol de referencias útiles, de ejemplos aleccionadores o de pistas para la investigación. Ilustran y enriquecen el relato histórico, haciéndolo más ameno y asequible.

Preámbulo ineludible para contar esta pequeña historia.

Nació en Uncía, entonces la ciudad más poblada del norte de Potosí, un 26 de febrero de 1913, el año anterior al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Sus progenitores: Natalio y Pilar, provenían de los valles cochabambinos. El conjunto familiar era parte de la avalancha migratoria provocada por el auge de la minería del estaño. No solamente atraía fuerza física de las áreas rurales, sino también personal salido de las capas medias y artesanales de las ciudades, medianamente instruido para los puestos subalternos de la cadena administrativa. Sacrificando sus minúsculas fortunas o sus medianas o pequeñas propiedades muchos se lanzaban tras las huellas de Simón I. Patiño, el empresario triunfante al que todos admiraban y querían imitar. Por cierto, la inmensa mayoría quebraba y unos pocos terminaban de simples empleados de las empresas. Ese era el caso de Natalio, padre de nuestro personaje, que llegó a ocupar el cargo de Jefe de Pulpería de una de las empresas de Patiño. Eran épocas en que todo viajero que se respete, portaba en su equipaje un “cateador”, herramienta manual con pico puntiagudo para escarbar las rocas aledañas a los caminos con la ilusión de encontrar una veta como la que halló Patiño.

Nuestro biografiado, llamado Carlos Eduardo, circulaba entre Caraza, Quillacollo y la ciudad de Cochabamba, donde estaban sus raíces y Uncía, en el norte potosino, donde había nacido y crecía junto a nuevos campamentos y maquinaria moderna.

Emprendió estudios de topografía y agrimensura que abandonó para enrolarse en el servicio militar al cumplir 19 años. Unos meses más tarde estalló la Guerra del Chaco. Marchó directamente del cuartel ubicado en la frígida Challapata, hasta las candentes arenas del Chaco boreal.

Después de más de dos años de campaña, herido y enfermo fue evacuado a La Paz, donde recibió atención médica. Parcialmente recuperado, retornaba al sudeste, cuando terminó la guerra (junio de 1935). Comenzaron para él nuevas batallas.

La artritis reumática dejó un daño irreparable en su sistema circulatorio, el corazón le comenzó a fallar.

Se casó con Gabriela, vecina de una de las casas gemelas en Catavi. Ella había perdido a sus dos hermanos varones, el uno no retornó del Chaco y el otro falleció en una clínica paceña cuando se aprestaba a recibir tratamiento especializado de las secuelas del conflicto bélico.

Carlos Eduardo incursionó en la ruta empresarial. Compró arboledas para producir callapos, troncos de madera para apuntalar los socavones mineros. Le fue bien hasta que una temporada lluviosa inundó el valle y se llevó todo el material listo para ser embarcado al tren en la estación de Vinto. Quedó completamente arruinado. Afortunadamente consiguió un trabajo asalariado de cajero contable en la Hacienda Pairumani (actual propiedad de la Fundación Patiño). Casi cinco años después, buscando mejorar los ingresos probó suerte en la empresa constructora de la carretera Cochabamba a Santa Cruz, trabajo que concluyó cuando la obra quedó terminada en 1955.

Carlos Eduardo y Gabriela tuvieron ocho hijos, tres varones y cinco mujeres (una de las cuales no sobrevivió a la coqueluche). Los últimos años de su vida fueron los más penosos para él: enfermo (sin seguro médico alguno), desempleado absoluto (sin ninguna propiedad o renta proveedora de ingresos), situación agravada por la crisis económica reinante, la hiperinflación y las duras medidas de estabilización monetaria.

Carlos Eduardo Soria Galvarro Silva, murió el 14 de abril de 1957 de una trombosis coronaria, la guerra le pasó la factura a la edad de 46 años. Era mi padre.

Carlos Soria Galvarro es periodista. 

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Estos carnavales… quién inventaría

/ 18 de febrero de 2024 / 01:18

El asunto me resulta curioso. O cuando menos anecdótico. Prominentes fechas se juntaron este mes de febrero para supuestamente no complicarnos la vida, sino para darnos colorido y alegría. El dios Momo con su estela carnavalera; la Pachamama con su prometida fertilidad de cosechas y embarazos; la Virgen de la Candelaria, transformada en Mamita del Socavón por su raigambre minera, sus festividades propias se realizan el 2 de febrero, fecha que este año cayó en el inicio del Carnaval. Y para el cierre, la efeméride cívica de Oruro, la llamada capital folklórica de Bolivia, que es casi como decir la capital boliviana del carnaval.

Momo, originado en la mitología griega, sería ahora “la personificación del sarcasmo, las burlas y la agudeza irónica”. Fue considerado guardián de escritores y poetas, pero en el transcurrir de los siglos diversas urbes latinoamericanas y europeas lo fueron adoptando como el dios de los carnavales, aunque es verdad que en los últimos tiempos perdió terreno, sirve aún para justificar el exceso y los desmanes en los que muchas personas incurren en estas fechas.

La Pachamama, Madre Tierra, reconocida de palabra en el ámbito oficial, incluso en la nomenclatura del aparato gubernamental (viceministerios, direcciones y secretarías “de la Madre Tierra”), tiene sus festividades propias en agosto, pero como no podía faltar, le han hecho un campito en la semana carnavalera, el Martes de Ch’alla, con extensos rituales que abarcan dulces, alcohol, fuego, fetos de llama y otros variados elementos según las regiones.

La Virgen de la Candelaria recupera la versión bíblica de que María, la madre de Jesús, a los 40 días del parto y con el niño en brazos se presentó por primera vez en el templo en lo que se consideraba un acto de purificación. El culto tiene su origen en Tenerife, España, y con matices propios y enriquecido con las culturas locales se ha extendido a muchas regiones del mundo. Es experta en suntuosos homenajes de un creciente amasijo de devotos y devotas, entre ellos: diablos, china supays (diablesas), morenos, osos, pepinos y otros, y se le ha construido en Oruro un gigantesco monumento.

Sebastián Pagador y sus secuaces iniciaron un movimiento libertario de criollos, mestizos e indios en 1781 (el mismo año de Túpac Amaru en Cuzco y Túpac Katari en La Paz), lamentablemente la unión no fue duradera y se desbarató el proyecto, pero el 10 de febrero quedó como una fecha para las evocaciones cívicas de la región (Fernando Cajías escribió un monumental ensayo histórico sobre el acontecimiento).

En síntesis, hemos tenido un carnaval movido y muy bien nutrido que ojalá nos sirva como una catarsis, una especie de purificación que nos permita sin dejar de lado la fantasía del Carnaval, volver renovados a la compleja realidad que estamos viviendo:

— En Bolivia, después de unos amagos de sequía (enero poco), llegó la avalancha de lluvias ( febrero loco) matando gente, destruyendo caminos y carreteras, destrozando cultivos y provocando deslizamientos y derrumbes de viviendas. Y en materia económica, política y social, un vergonzoso y estúpido enfangamiento de todas las dirigencias que impide acuerdos imprescindibles, aspecto que podría llevarnos a situaciones peores.

— En el resto del mundo, guerras por aquí y por allá, dos de ellas, Ucrania y Palestina, al rojo vivo donde la sangre corre a raudales. Confrontaciones anunciadoras de los reacomodos geopolíticos que están en curso cuyos resultados son todavía imprevisibles. Incendios forestales y otras muchas señales del cambio climático que a no muchos años puede hacer de la Tierra un planeta inhabitable.

Carlos Soria Galvarro es periodista. 

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Hay libros que esconden tesoros

/ 4 de febrero de 2024 / 05:31

Dar testimonio de haber participado en determinados acontecimientos o por lo menos haberlos vivido de cerca. Con tal motivación, en esta columna y también como parte de nuestro último libro (Recordatorio, La Paz/Cochabamba, 2022), hicimos un aporte a la memoria del país rememorando el conflicto desatado el año 1959 por el artículo “Caos en las nubes”, publicación de la revista Time de Nueva York que proponía la desaparición de Bolivia, apoyándose en una supuesta declaración de un funcionario diplomático estadounidense que nunca identificó. La reacción fue masiva, contundente y vigorosa. Abarcó a todas las instancias nacionales: estudiantes, trabadores agrupados en la COB, campesinos, empleados públicos, partidos políticos, presidente (Hernán Siles Zuazo), gabinete de ministros, parlamento, arzobispado y otros. Como lo relata en un artículo el conocido escritor indianista Fausto Reinaga, la publicación del Time cayó en Bolivia como una “bofetada en pleno rostro”. Dicho artículo también fue recogido en el mencionado libro (pág. 109).

Como es natural, el unánime repudio suscitado en Bolivia contra la provocación del Time, tuvo repercusiones internacionales. Varios gobiernos latinoamericanos emitieron mensajes de solidaridad con el pueblo boliviano y con su gobierno. El tema llegó incluso hasta altas esferas de la OEA, con sede en Washington. Lo que no sabíamos es que también el asunto tuvo resonancias en Asia, concretamente en la República Popular China. La noticia la obtuvimos en un libro. ¡Albricias! ¿Dónde más podía ser?

Se trata de China: Gigante despierto (La Paz, 1960) de Germán Quiroga Galdo, escritor, diplomático y político boliviano de larga trayectoria en el siglo pasado (nació en 1908 y falleció en 1998). Agradecemos a Juan Coronel Quiroga, sobrino del autor, el habernos enviado desde Santa Cruz una fotocopia rudimentaria, pero legible, de este libro, muy simpático por donde se le mire. Pertenece al género de relatos de viaje, pero no se limita a contar lo que ve, introduce comentarios, interpretaciones, comparaciones y referencias contextuales de la milenaria historia china. También incorpora predicciones, la mayoría de las cuales se han cumplido a plenitud y explican el sitial que China ocupa hoy en el escenario mundial, apenas medio siglo después. Algunas no funcionaron, claro está, como es el caso de las comunas populares en las áreas rurales, ni tampoco se podía predecir las recomposiciones en el poder, lo que significó la llamada “revolución cultural”, la apertura a occidente y la política de puertas abiertas a las inversiones y al desarrollo del capitalismo. A 10 años del triunfo revolucionario China soportaba una brutal cuarentena y su representación en las Naciones Unidas era suplantada por Taiwán.

En la sobremesa de una recepción diplomática a la que Germán Quiroga había sido invitado, el presidente de la Asamblea Popular Nacional, el legendario mariscal Zhu De (o Chu Teh) le pidió sentarse a su lado e inició una conversación a la que se sumaron varios invitados con sus correspondientes traductores en español y francés. El personaje fue el comandante en jefe del Ejército Popular de Liberación y era parte de la más alta cúpula dirigente encabezada por Mao Zedong (o Mao Tse-Tung). Zhu De reafirmó la solidaridad china con las luchas populares en América Latina, mencionó a Cuba y Panamá (empeñado esas épocas en izar su bandera en la zona del Canal). Al referirse a nuestro país dijo: “…seguimos con emoción los incidentes provocados por una torpe publicación contra Bolivia aparecida en la revista Time. El pueblo boliviano conquistó la admiración del mundo con su viril reacción en defensa de su dignidad”.

Más claro, agua.

Por si fuera poco, el libro que comentamos tiene alrededor de un centenar de ilustraciones salidas de la mano maestra del gran dibujante y pintor boliviano Walter Solón Romero, ocasional “compañero de viaje” de Germán Quiroga Galdo. No sabemos si juntos o separados, hicieron sendos retratos, uno en texto, el otro en imagen, del despunte de lo que vino en llamarse la Nueva China.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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