Voces

Thursday 24 Nov 2022 | Actualizado a 20:21 PM

Cabilde/ando, ando, ando

/ 2 de octubre de 2022 / 01:36

Resulta muy interesante toda la energía puesta, a favor y en contra, en torno al reciente cabildo convocado por el comité cívico cruceño. Escribo esta columna antes de su realización, por lo cual no puedo ocuparme del resultado y sus implicaciones. Me gustaría, en cambio, decir algunas cosas sobre el dispositivo. No es un dato menor que tras ser ignorados/menospreciados durante más de 180 años, el cabildo y la asamblea se reafirmen hoy como mecanismos de la democracia participativa.

Hasta la reforma constitucional de 2004 y, en especial, la nueva Constitución Política del Estado (2009), la democracia en Bolivia era sinónimo de gobierno representativo, esto es, el derecho a votar y, si acaso, elegir. Recién en este siglo reconocimos que la democracia no es solo representación política, sino también participación ciudadana, deliberación pública, control social, libre determinación, autogobierno. En ese marco de demodiversidad se inserta el cabildo.

Debemos asumir, pues, que el cabildo realizado el viernes en la urbe cruceña es un ejercicio democrático. Por su naturaleza, a diferencia de otros mecanismos como el referéndum y la consulta previa, el cabildo es solo deliberativo. Claro que ello no implica que sus determinaciones sean ignoradas por las autoridades competentes. Es relevante también el mandato que tiene el organismo electoral para acompañar y observar un cabildo a solicitud de sus promotores.

Hasta aquí todo bien. El problema son las distorsiones y el uso instrumental. A propósito de la observación del cabildo a cargo del TED Santa Cruz, que ciertamente disgusta al Gobierno, la dirigencia cívica difundió tres falacias: que “es el primer cabildo que admite el Estado” (en realidad es el octavo), que se “otorga legalidad” al cabildo (el tribunal electoral no legaliza nada) y que el acompañamiento “obliga al Gobierno a atender las demandas” (el cabildo no es vinculante).

Pero lo más crítico tiene que ver con el carácter (no) deliberativo del cabildo. Lo que ocurre en realidad es que los promotores definen por anticipado, en la propia convocatoria, las resoluciones que “tomará el querido pueblo”: solicitar, exigir, arrancar… La escenificación incluye discursos, siempre radicales. Y la deliberación se reduce a “someter a consideración” de los asistentes, todos fieles, la aprobación de acciones ya decididas. Hay legitimidad: por la razón o por la fuerza.

No tengo duda de que las siete exigencias de la convocatoria habrán sido aprobadas por el cabildo. Y de los oradores habrán salido las medidas de presión, también avaladas por “la movilización ciudadana”. ¿Y después? Importa el después.

FadoCracia flojonaza

1. La designación del nuevo Defensor del Pueblo, ¿fue artimaña de unos, holgazanería de otros, ambas cosas, ninguna, no sabe/no responde? 2. Sobre el procedimiento se dice que fue legal, pero no legítimo; que se trató de una “maniobra artera”; que fue un “golpe a la democracia”. Y cosas peores. 3. Acerca de la ausencia de 32 asambleístas opositores se asume “error político” (y de juicio); se los tilda de “flojos, sinvergüenzas, tira vida, ¿qué querés?”; se los manda a llorar al río. Y cosas peores. 4. Más allá del episodio, queda en evidencia el ejercicio de una suerte de tráfico de licencias. Las y los asambleístas piden licencia para todo, incluido “el derecho de festejar nuestro onomástiTIRA co” (sic). 5. Basta una carta de invitación, que hasta puede ser trucha, para obtener licencia (dígame licenciado). 6. Esperar una Asamblea que delibere parece inalcanzable. Pero al menos, señorías, asistan, pues. 7. Como solía decir el Mosquito (antes de mutar en langosta): “camarón que se duerme, se lo cascan los sapos”. O en el espíritu de Heráclito: nadie llora dos veces en el mismo río.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Noviembre, masacres

Las narrativas siempre se anticipan a la violencia. Y la nutren. Lo acabamos de ver, otra vez.

/ 13 de noviembre de 2022 / 00:42

Han pasado tres años desde la coyuntura crítica de 2019 y estamos lejos todavía de tejer un relato mínimo común sobre los hechos, que nos recomponga como sociedad. Persisten las versiones polarizadas, ávidas de imponerse como verdad absoluta. Y las heridas/ venas continúan abiertas, sin derecho a convertirse en cicatriz. Así, la reconciliación, el encuentro, son imposibles. Queda solo una frágil tregua, a la espera del siguiente conflicto, hasta derrotar al enemigo.

La crisis de octubre-noviembre de 2019 tuvo diferentes fases que, siendo continuas, no se condicionan. Se identifican tres: las fallidas elecciones, contaminadas por la querella sobre la reelección y una bien construida profecía autocumplida del “fraude”; la movilización urbana que, gracias al motín policial y la insubordinación de las FFAA, derivó en el derrocamiento del expresidente Morales; y, la imposición de un régimen provisorio que se estrenó con dos masacres.

Si bien la disputa “fraude versus golpe” es una falacia, hay relatos irreconciliables sobre ambas cuestiones. En clave de creencias- trinchera, unos alegan que hubo “fraude monumental”, aunque no pudieron aportar ninguna evidencia para demostrarlo. Del otro lado están quienes aseguran que el “Plan B” (autoproclamación ipso facto, arropada de uniformes y sotanas), distinto del A (sucesión constitucional) y bajo amenaza del C (junta cívico- militar), fue un golpe de Estado.

Más allá de la inútil pugna por imponer una versión, degradando cada vez más la conversación pública, lo que resulta incontrastable e inequívoco es que en noviembre de 2019 hubo dos masacres por obra del gobierno de Áñez. Con el aval de un decreto que las eximía de responsabilidad penal, las fuerzas militares y policiales dispararon a población indefensa con la intencionalidad de matar, incluyendo torturas y ejecuciones sumarias. Qué extraña/maldita forma de “pacificación”.

Sobre las masacres no caben relatos ni atenuantes. Contrariamente a las declaraciones oficiales de aquellos días, repetidas sin sonrojarse por varios operadores mediáticos, el fundamental informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes documenta y demuestra sobradamente las masacres de Sacaba y Senkata. Es una valiosa simiente de verdad. Pero tres años después, todavía no hay justicia, ni reparación plena a las víctimas, ni garantía de no repetición.

Las narrativas siempre se anticipan a la violencia. Y la nutren. Lo acabamos de ver, otra vez, en el anodino enfrentamiento sobre la fecha del Censo. “No es un callejón sin salida aquel en el que se puede dar marcha atrás”, decía Lec. Cuidado que incluso tal repliegue termine bloqueándose.

 FadoCracia etiquetadora

1. Grupos de choque del comité tomaron algunas rotondas de la ciudad para hacer cumplir con violencia el paro indefinido impuesto en un cabildo de acarreados. 2. Como reacción, ciudadanos de algunas provincias, pidiendo ser escuchados, realizaron un cerco pacífico en cumplimiento del mandato legítimo del masivo cabildo popular. 3. En desesperada respuesta al cerco, hordas enviadas por la gobernación se movilizaron para agredir a los vecinos que por convicción y amor a su tierra cortaban las rutas. 4. Un líder del oficialismo calificó de “bestias humanas” a los cívicos que agredían, impedían el paso de ambulancias, cobraban peaje. 5. Mientras tanto, familias de cruceños cuidaban, en un ambiente festivo, los contrabloqueos asumidos como protesta ante el criminal paro del comité. 6. El Arzobispo criticó a los cívicos calificándolos de invasores. El cerco en defensa de Santa Cruz, en tanto, fue bendecido. 7. Mientras el cerco voluntario se disolvió pacíficamente, violentos miembros de la UJC “hacían cumplir” el paro con basura, insultos y amenazas. Seguiremos (des)informando.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Troika mediadora

/ 30 de octubre de 2022 / 01:20

Hubo un tiempo –ah, democracia (im)pactada– en que la Iglesia Católica, la Defensoría del Pueblo y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos tenían legitimidad y cuerpo para mediar en la solución de conflictos. Y eran convocadas para el efecto. Esos años terminaron. Hoy las tres entidades, por diferentes razones, están venidas a menos. Generan desconfianza. Se las ve parcializadas, funcionales, rehenes de la polarización. La mediación pasa, el conflicto reverdece.

La cuestión de los mediadores reapareció en la entrampada disputa por la fecha del Censo. Los que se reúnen a pie del Cristo Redentor, exhibiendo Biblia y crucifijos, pidieron la mediación de la Iglesia Católica como “un tercero imparcial, justo y correcto” (sic). El oficialismo ni siquiera consideró tal posibilidad, pues lleva sesgo. La propia jerarquía episcopal aclaró que no media, sino facilita. Como en 2019, cuando bendijeron con premura el Plan B de autoproclamación.

Nadie solicitó la mediación de la Defensoría del Pueblo. Es comprensible. La institución se fue desportillando desde su politización por obra de los sucesores de Ana María Romero hasta su degradación extrema con parche. Hoy unos defienden la legitimidad del actual defensor, que debe “probarse” en la gestión; en tanto que otros lo ven con sospecha, azulado, sin credibilidad. Igual la Defensoría debe cuidar que las acciones de protesta no vulneren o restrinjan derechos.

¿Y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos? No cuenta, cercada por su crisis interna. La presidenta vitalicia, que en el pasado fue una probada e inquebrantable defensora de derechos, hoy se empeña en descalificarse a sí misma. Resulta difícil creer en una entidad de derechos humanos que avale la acción violenta de grupos parapoliciales (“son una resistencia necesaria”). O peor: que busque la impunidad de responsables de masacres. Así no hay concordia posible.

El paisaje de la mediación/facilitación en el país, entonces, es muy frágil. En el actual escenario parece difícil encontrar una institución o personalidad confiable y equidistante de las partes. Todos tienen camiseta y/o son insignificantes. La persistente polarización, sumada a una alta y generalizada desconfianza institucional, inviabilizan labores de conciliación. Peor si los potenciales “mediados” dinamitan los puentes, agrandando/profundizando la fractura.

La mediación requiere no solo mediadores confiables, sino en especial actores relevantes dispuestos a dialogar, argumentar, debatir, convencer, pactar. No es posible facilitar nada si la lógica es de imposición, paro indefinido, cerco, (contra)bloqueos, “sí o sí”, orcos en el espejo, capricho, puñetes, amenaza, descalificación, privilegios, asfixia.

FadoCracia numérica

1. Una notaria certificó que habían asistido 1.530.000 personas. Nada menos. Igual firmaba si le decían dos o tres millones. Para eso fue contratada. 2. Pronto la cifra se impuso como verdad absoluta: “cabildo del millón y medio”. 3. Todo iba bien hasta que llegó el SIFDE-OEP, cuya supervisión fue solicitada por el propio comité, poniendo los números en su lugar: en el cabildo estuvieron presentes ¡229.000 parroquianos! No está mal. 4. El cálculo es aritmético: se divide el área ocupada por los asistentes (573.217 pies cuadrados, según imágenes entregadas por los promotores) entre 2,5 pies por persona (método de Jacobs) y se obtiene el dato aproximado para una multitud densa. 5. La diferencia con los números del comité es grande: un millón 300.000 sobrantes (o faltantes). Los ítems fantasma no alcanzan para tanto. 6. Operadores mediáticos de la élite cruceña, atufados, se desesperaron por descalificar el trabajo técnico del SIFDE. 7. Y los vocales del TED, temerosos, engavetaron el informe. No ocurra que el peque, a lo Pablo Escobar, saque su agenda y los ponga en la lista de traidores.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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40 años no es nada

/ 16 de octubre de 2022 / 00:53

Dicen que los primeros 200 años de democracia son los más difíciles. Luego las cosas van mejorando. La democracia se consolida. ¿Y cómo son las primeras cuatro décadas? Eso depende. En Bolivia fueron celebratorias, con ferias, discursos, homenajes. También con algunos debates, identificación de fragilidades, ausencias. Se mencionó, asimismo, tímidamente, el horizonte. ¿Cómo nos gustaría que fuese la democracia boliviana dentro de 40 años? Está en disputa.

El (no)debate más evidente se colgó de la persistente polarización. De un lado, afirmando que no son 40 años, sino 39, pues “el año del gobierno de facto no cuenta”. Hay incluso un decreto que declara el 18 de octubre como “día de recuperación de la democracia”. Del otro, jurando que son “40 menos 16” (sic). Todo iba bien y éramos felices (bendita democracia pactada) hasta que en 2005 llegaron los azules a desmantelarlo todo. Tristes libertades, tristes privilegios.

En esa tónica, el balance mostró avances, pero se ocupó en especial de registrar debilidades y escaseces. Para que una democracia sea plena o “de calidad” faltan partidos democráticos, alternancia, reforma de la justicia, instituciones sólidas, Estado de Derecho, participación informada, respeto a los resultados… Y sobran exclusiones, discriminación, racismo, desigualdades, patriarcado… Ni hablemos de las “promesas incumplidas” de la democracia.

También hubo alguna discusión sobre si el hito de 1982 fue recuperación o instauración de la democracia. Cierto que antes de la transición había partidos políticos, elecciones, voto individual, gobierno representativo. Pero parece difícil hablar de una democracia mínima sin voto universal (derecho a participar) y sin pluralismo político (derecho a oponerse). En rigor, pues, las elecciones de 1980 fueron las primeras que derivaron en un gobierno democráticamente electo.

En el recuento cuentan también las ausencias. Es curioso, pero no casual, que ni las separatas de prensa (con una excepción), ni artículos de opinión, ni ejercicios estilo “40 personajes, 40 hechos”, resalten el gran impulso democrático que significó el reconocimiento constitucional (2009) de las democracias en plural con “equivalencia de condiciones” entre mujeres y hombres. Este salto cualitativo es esencial como horizonte democrático en construcción.

Si fuese tango (“es un soplo la vida”), 40 años de democracia serían algo más que nada, pero como forma de gobierno en Bolivia son un montón. Ojalá que, sin desencantos, sin golpes de Estado ni regresiones autoritarias, el año 80 nos encuentre celebrando una democracia intercultural y paritaria. La democracia es de quien la defiende y trabaja.

FadoCracia residual

1. Esta semana, la mediocracia sin contrapesos nos regaló tres perlas de “periodismo”. No deja de superarse. 2. Una agencia de noticias (menos mal que es de la Compañía de Jesús) informó sobre el exiguo “cabildo” en La Paz usando una foto de archivo de un cabildo masivo. La obra fue tan tosca que la agencia, al ser puesta en evidencia, tuvo que retirar la nota pidiendo disculpas. 3. El diario neutro paceño atribuyó al embajador de Alemania ( foto incluida) la declaración íntegra del rector de la UCB. Cuando rectificó, la aclaración estaba al final, casi escondida. Parece que el error se debió a que ambos se llamaban José. 4. La gran noticia del Diario Menor sobre la reciente mesa técnica del censo en Santa Cruz fue que el alcalde y el ministro coincidieron en traje. Qué tal. Tremendo fallo “repetir el mismo diseño” (ufa). 5. Manipulación, desinformación, trivialidad. El oficio periodístico puede ser muy generoso. 6. Por supuesto que no habrá ninguna denuncia ante el tribunal de ética ni éste actuará de oficio. 7. El problema, colegas, es que de tanto nutrir aguas residuales, nos aproximamos cada vez más a las cloacas.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Construir el (pos)evismo

/ 18 de septiembre de 2022 / 00:26

Meses antes de las elecciones de 2018 en Brasil, Boaventura de Sousa Santos escribió: “El poslulismo y el lulismo no pueden coexistir. De algún modo, el PT es rehén de Lula y Lula es rehén… de Lula”. Estaba en curso el escandaloso lafware contra el expresidente Lula con el fin expreso de inhabilitarlo como candidato. Era la segunda parte del golpe parlamentario-judicial iniciado con el impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff. La derecha haría lo que sea para retomar el poder.

La afirmación de Santos era impecable. Y añadía: “No es fácil encontrar en la historia contemporánea otro líder carismático que logre ampliar su aceptación popular a pesar de estar preso y tras sufrir una campaña de demonización mediática y judicial sin precedentes”. Impecable, ya, pero prematura, como se demostró en la historia corta. Sin Lula/lulismo se allanó el camino para esa tragedia llamada Bolsonaro. “Los rojos” del PT, sin autocrítica e incapaces de renovarse, fueron neutralizados.

Cuatro años después, Lula es la única alternativa de articulación de las fuerzas de izquierda, democráticas y progresistas en Brasil para frenar la continuidad del fascismo/ bolsonarismo. Todas las señales y encuestas anticipan que Lula (“un líder con genio político”) ganará las elecciones presidenciales de octubre, quizás en primera vuelta. El poslulismo, pues, y la renovación, tendrán que esperar. O mejor: deben construirse, en especial en el ámbito del petismo.

¿La reflexión de Boaventura aplica para Bolivia? Hagamos el ejercicio de extrapolación: “El posevismo y el evismo no pueden coexistir. De algún modo, el MASIPSP es rehén de Evo y Evo es rehén… de Evo”. Qué tal. A la luz (o la sombra) de los recientes excesos verbales en el seno del partido-instrumento político, el razonamiento podría funcionar. Cierto que no hay un Bolsonaro a la vista en la oposición, pero es innegable un severo problema interno de coexistencia.

No creo que el debate hoy en el campo plurinacional popular sea entre evismo versus posevismo. Ni siquiera como anticipo de la gran decisión pendiente en el partido azul sobre el binomio presidencial para las elecciones 2025. La cuestión central, más allá del discurso de los “renovadores”, es si lograrán reconstruirse manteniendo la unidad que todos proclaman (ni hablemos de plataforma programática). Y, en su caso, si tal binomio podrá repetir la victoria mayoritaria en las urnas.

En los comicios 2020, con Evo fuera de cancha, la derecha política y mediática, que desde hace tres lustros es incapaz de ganar una elección, buscó proscribir al MAS-IPSP. Fracasó. Hoy apuestan por su pronta “implosión” como profecía autocumplida. Tendrán que esperar.

FadoCracia odiadora

1. El intento de magnicidio contra Cristina Fernández generó diferentes reacciones que exhiben la llamada “grieta” argentina, pero también el accionar de personajes miserables, incluidos periodistas. 2. De un lado (sin etiquetar) están quienes condenaron el atentado y denunciaron sus raíces de odio construidas larga e intencionalmente. 3. Del otro, están los que optaron por el silencio, el negacionismo y/o el lamento. 4. Silencio cómplice de quienes tuitean hasta defendiendo a empresarios estafadores, pero no dijeron ni una sola palabra. 5. Negacionismo de los que, pese a las innegables evidencias, titulan “supuesto” ataque o, peor, sin sonrojarse, hablan de “autoatentado”. 6. Lamento canalla de quienes destilan: “una pena que la bala no haya salido”. O peor, de periodistas como el boliviano Marcelo Suárez R. que, desde su impune trinchera en El Deber, considera que al criminal que disparó contra Cristina “le faltó ensayar” (sic). 7. Para preservar el oficio, el gremio periodístico debiera pronunciarse. Cuidado que las cloacas mediáticas y sus roedores terminen carcomiéndonos.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Las cosas pequeñas

/ 4 de septiembre de 2022 / 00:24

Ojalá fueran aquellas pequeñas cosas a las que canta Serrat. Esas cosas que, desde el recuerdo/ nostalgia, “nos hacen que lloremos / cuando nadie nos ve”. Pero no, señorías. Es más bien el tiempo de las cosas pequeñas que agobiaba a Sergio Almaraz mientras registraba el derrumbe de la Revolución Nacional. Pues bien, estamos en una coyuntura polarizada cuyas principales causas-cosas son pequeñas, incluso diminutas. Y a ello le dedicamos gran parte de la conversación pública.

¿Cosas pequeñas? La disputa por la fecha del Censo, luego de dos paros convocados por la élite cruceña, se envileció tanto que la más reciente acción es minúscula: el gobernador decidió no invitar a ninguna autoridad del Gobierno nacional a los actos de la efeméride. Ya el año pasado había prohibido la iza de la wiphala. Cosa pequeña, pues (no hablo de la autoridad, sino de su actitud). Sería entendible si el señor no invita a su cumpleaños. ¿Pero a un aniversario departamental?

Luego de cinco semanas de movilización y enfrentamientos entre dos dirigencias de los productores de coca de los Yungas, y tras malogrados intentos de mediación/diálogo, el ministro sin nombre convocó a un encuentro. Cosa pequeña: enviar una carta para la reunión (el miércoles a las 16.00), pero no decir dónde. Si no fue algo premeditado, es señal de inutilidad extrema. La respuesta, por supuesto, también es pequeña: como la invitación fue informal, no asistimos.

Cositas. ¿En serio la conversación pública puede empequeñecerse tanto que le dedicamos cuatro días, en especial en redes y medios, a “debatir” y especular sobre el robo del celular de un expresidente, empezando por las conjeturas del propio expresidente? Feíto que te hurten el celular en un evento con los tuyos. Más feíto pretender que ese delito particular se convierta en asunto de Estado. Hay ocasiones en las que el silencio es más digno —y sensato— que el ruido.

Y en el ámbito institucional, el premio a la pequeñez se lo lleva la Asamblea Legislativa Plurinacional, incapaz de construir, por quinta vez, el arreglo político requerido para elegir Defensor del Pueblo. Pequeña la mayoría que solo busca imponer una decisión. Diminuta la minoría cuya “victoria” es bloquear toda/cualquier decisión por dos tercios. ¿Cuántas millas hay del “vergonzoso que no se pongan de acuerdo” al “no nos representan” y, de ahí, al “que se vayan todos”?

En la historia corta, creo recordar que hubo un tiempo (pos)constituyente con espacios deliberativos sobre el ejercicio de derechos, la refundación estatal, el horizonte de país. ¿Hubo? La fractura-2019 nos ha dejado polarizados, enojados y pequeños, demasiado pequeños.

FadoCracia ilegítima

1. Tras dos años de clausura “por falta de quorum” (son más dignos el cierre por derribo y la suspensión por mal tiempo), la APLP volvió a la vida, se miró en el espejito- espejito y convocó a votar. Enhorabuena por el gremio periodístico. 2. El problema de las resurrecciones es que el organismo regresa, pero mantiene intactas sus enfermedades y vicios. 3. Así, la Asociación de Periodistas tuvo elecciones. Es un decir, pues con una sola fórmula, se trató más bien de un acto fallido e indecoroso (como las primarias presidenciales de 2019). 4. Y persiste un serio déficit de legitimidad: de más de un millar de afiliados, el nuevo directorio fue votado por menos de 80 habilitados (una cuarta parte ellos mismos). Si eso es “alta participación”, ¿cómo será la baja? 5. Cuando una institución se degrada tanto, no basta vivir de las viejas glorias. Hay que transformarla. 6. Ahora que volvió, maltrecha desde hace más de una década, el reto es abrir la APLP: que sea menos pasanaku instrumental y más casa común de las y los periodistas. 7. Los odios andan sueltos. Que la democracia y el pluralismo, colegas, empiecen por casa.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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