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Sunday 26 May 2024 | Actualizado a 19:52 PM

Tesla es menos moderna

Por Ezra Dyer

/ 11 de marzo de 2023 / 00:34

Durante un tiempo, Tesla me había convencido de que era una empresa genial. Fabricaba coches que realizaban espectáculos navideños animatrónicos con sus luces y puertas eléctricas. Creó el “modo perro” (un sistema de climatización que sigue funcionando para los perros en un auto estacionado), una suspensión de aire conectada al GPS que recuerda dónde están los reductores de velocidad y eleva el coche de forma automática, así como el “modo pedo” (en el que el coche hace sonidos de flatulencias).

Y, en esencia, sus coches no tenían competencia. Si querías un auto eléctrico que recorriera más de 400 kilómetros entre cargas, Tesla era tu única opción durante la mayor parte de una década. El director ejecutivo de la empresa, Elon Musk, daba la impresión de ser torpe y excéntrico: se podían fabricar autos grandiosos y nombrar cada modelo de tal forma que la línea se deletreara “Sexy”.

Sin embargo, mientras más trataba con Tesla como periodista —antes de que Musk despidiera a todo el personal de relaciones públicas que trabajaba ahí—, más escéptico me volvía. Cada vez que hablaba con alguien de Tesla, tenía la sensación de que les aterrorizaba decir algo equivocado o, incluso, decir cualquier cosa.

Eso fue en 2017. En los años que han pasado desde entonces, Tesla se ha vuelto incluso más irritable, mientras que su competencia se ha relajado. La percepción pública todavía no se ha puesto al día con la realidad de la situación. Si quieres trabajar para una empresa flexible y moderna, no solicites empleo en Tesla. Trabaja en Ford y sus 120 años de historia.

Los nuevos vehículos que Tesla ha prometido desde hace tiempo, como la Cybertruck y una nueva versión de su Roadster, también se siguen postergando. La Cybertruck fue develada en 2019 y, en la conferencia de resultados más reciente de Tesla, Musk admitió que no estará en producción este año, lo que se está convirtiendo en un estribillo anual. Por supuesto que Ford vendió solo 15.617 pickups eléctricas F-150 Lightning en 2022, pero con eso supera las ventas de la Cybertruck por, veamos, 15.617. Además de quitarle a Tesla su participación de mercado en las camionetas, Ford también le está robando su picardía corporativa: cuando presentó el Mustang Mach-E eléctrico, Ford demostró su capacidad para hacer convivios en el auto al llenar su maletero delantero drenable (frunk en inglés) de camarones. Los “camarones en el frunk” se convirtieron en un meme que seguramente atormentó al emperador de las publicaciones forzadas en redes sociales, Elon Musk.

Hablando de eso: Twitter. Me arriesgaré a decir que la compra valuada en $us 44.000 millones de Twitter que realizó Musk no ha contribuido precisamente a pulir la reputación de Tesla. Además de mostrar la cuestionable toma de decisiones inherente a pagar esa cantidad por Twitter, el perfil exacerbado de Musk en la plataforma no le ha hecho ningún favor. Por ejemplo, cuando la mayor parte de las ventas de tu empresa de automóviles se realizan en estados demócratas, ¿es útil tuitear: “Mis pronombres son Juicio a/Fauci”? Además, uno pensaría que el autoproclamado payaso de las corporaciones estadounidenses al menos se esforzaría por hacer una broma que evitara la construcción desgastada “mis pronombres son/me identifico como”. ¿Tal vez solo con decir “Me quiero vacunar contra un Fauci”? Elon, trabajemos juntos en esto la próxima vez.

Tal vez la previsibilidad no esté de moda, pero, si compras un auto nuevo es probable que quieras pensar que su fabricante no bajará el precio de $us 13.000 a la siguiente semana, destruyendo así el valor de reventa de tu auto. Y tal vez esperes que las funciones por las que pagas funcionen el día en que las pagas y no en una fecha futura no especificada. Tal vez quieras el auto de una empresa cuyo director ejecutivo no esté indeleblemente asociado con el producto.

Acabo de comprar un Jeep y no tengo ni idea de quién es el director ejecutivo. Me parece bien.

 Ezra Dyer es columnista de The New York Times.

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Los vehículos eléctricos necesitan dejar de ser tan aburridos

Una aceleración potente solía ser emocionante por sí misma, pero los vehículos eléctricos han amortiguado ese aspecto

Por Ezra Dyer

/ 12 de abril de 2024 / 07:00

Estamos en un punto de inflexión del optimismo en torno a los autos eléctricos. En los últimos años, debido a que las ventas de vehículos eléctricos aumentaron de manera significativa y las automotrices anunciaron una avalancha de nuevos modelos impulsados por baterías, parecía que los autos eléctricos eran una inevitabilidad a corto plazo. No obstante, a pesar de todas las promesas, parece que el entusiasmo por los vehículos eléctricos se ha enfriado.

Hace poco, Ford anunció que está recortando los objetivos de producción de la Lightning, su camioneta eléctrica. Tesla proyectó que el crecimiento de las ventas en 2024 sería “notablemente inferior” al de años recientes. Hertz está vendiendo alrededor de una tercera parte de sus autos eléctricos y Audi está ralentizando su transición a los vehículos eléctricos. Hay bastantes obstáculos evidentes para los vehículos eléctricos: el costo, la autonomía y la infraestructura de recarga (o la falta de ella). Sin embargo, también hay un problema más sutil que no se resolverá con facilidad: los autos eléctricos son demasiado aburridos.

Consulte: Tesla es menos moderna

Puede parecer una queja absurda y estoy de acuerdo. En la lista de cosas que están mal en el mundo, “los autos eléctricos son aburridos” no es una de las cinco primeras. Me encanta poder cargar con paneles solares mi miniván Pacifica híbrida enchufable de Chrysler y creo que los vehículos eléctricos son la respuesta a las necesidades de transporte a largo plazo de la humanidad. No obstante, también creo que la experiencia anestésica de conducir un auto eléctrico es un obstáculo real para la adopción generalizada de la tecnología, debido a que casi todos los compradores potenciales de vehículos eléctricos crecieron con la rica experiencia sensorial de la combustión interna.

El acto de conducir, tal y como lo conocíamos antes de la llegada de los autos eléctricos de consumo masivo, hace poco más de una década, involucraba rituales familiares que se hicieron un lugar en nuestra psique colectiva. Girábamos una llave o presionábamos un botón, sentíamos un rugido de vibraciones a través del asiento y el volante, poníamos una transmisión en marcha y escuchábamos cómo subían y bajaban las revoluciones al cambiar de velocidad. Muchos aprendieron a conducir con una transmisión manual, con los pies bailando entre el embrague y el acelerador mientras elegían qué velocidades meter, con dificultades al principio, pero, con el tiempo, se labró un surco en la memoria muscular. Tal vez haya olores no tan agradables, a aceite y gasolina o diésel, pero tampoco del todo desagradables.

Para los amantes de los autos e incluso para quienes no lo son esta inundación de retroalimentación sensorial está asociada con la libertad y los viajes por carretera, las primeras citas y las idas apresuradas al supermercado.

Los autos eléctricos implican una ruptura definitiva con todo eso. Si te subes a un auto eléctrico, a menudo no hay una llave que girar ni un botón de arranque que presionar, simplemente está encendido. Hay poco ruido, salvo el tono de aviso para peatones que exige la ley, el cual a menudo suena como si Trent Reznor estuviera componiendo una tonada de Nine Inch Nails con un sintetizador espeluznante en algún lugar detrás del parachoques delantero. Algunos de ellos tienen un modo de “un pedal” que ni siquiera requiere tocar el pedal del freno la mayor parte del tiempo. Es como conducir en una cámara de privación sensorial. Para los pasajeros, es lujoso. Para los conductores, es aburrido.

Claro, algunas versiones del Air de Lucid y del Model S de Tesla pueden alcanzar los 240 kilómetros por hora en menos de 10 segundos, pero eso es tan importante como que los relojes sean sumergibles a una profundidad de 300 metros: un alarde para ricos pesados. La Cybertruck de Tesla, con su forma de meme poligonal y su piel de acero inoxidable, en esencia es la réplica más visible del mundo al problema de los vehículos eléctricos aburridos. Sin embargo, si se presiona el acelerador, se comporta como cualquier otro auto eléctrico, es decir, con rapidez y sin corazón.

Una aceleración potente solía ser emocionante por sí misma, pero los vehículos eléctricos han mercantilizado y amortiguado ese aspecto del rendimiento. Un auto eléctrico rápido es tan común como un día soleado en Los Ángeles, una agradable normalidad de punto de partida que por lo general se da por sentada.

Tal vez sea cierto que muchos autos son aburridos en general, independientemente de qué los impulse, inofensivos a propósito en nombre del atractivo para las masas. Y quejarse del sonido y el carácter puede sonar a queja inútil de un grupo demográfico criado con muscle cars y autos manuales de cuatro velocidades: “Boomers” sobre ruedas. No obstante, tengo malas noticias para las automotrices que esperan que la próxima generación se sume al movimiento de los vehículos eléctricos.

Mis hijos tienen 11 y 13 años y no sienten un entusiasmo manifiesto por los autos eléctricos. Cuando juegan “Forza” en Xbox, oigo los chirridos de los Lamborghinis y el rugido de los Raptor de Ford que emanan de la habitación. Me gano la vida probando autos y el favorito de los niños de los últimos años fue el Challenger Black Ghost de Dodge, una máquina de 807 caballos de fuerza que chupa hidrocarburos y representa el último aliento del trueno V-8 sobrealimentado de Dodge. En realidad, es un auto estúpido, el máximo de los imbéciles, un grito de exceso mezquino. No obstante, su brutalidad mecánica analógica activa un lóbulo primario en lo más profundo de nuestro cerebro, el que cataliza el ruido en adrenalina. El último Challenger V-8 salió de la línea de producción el 22 de diciembre del año pasado, otro dinosaurio que destruyó el asteroide de los vehículos eléctricos.

Las automotrices intentan averiguar cómo recuperar la personalidad distintiva de los autos como el Black Ghost en la era de los vehículos eléctricos. Dodge imagina un sistema de altavoces estruendosos para sus futuros muscle cars eléctricos, que imiten el ruido de los tubos de escape. BMW busca ser futurista con una banda sonora desarrollada por Hans Zimmer: pisas el acelerador y el modelo iX se llena del ruido hecho con sintetizador del torcimiento de una nave espacial. Toyota está desarrollando un emulador de transmisión manual para autos eléctricos, con el fin de devolver parte del involucramiento al volante. O eso esperamos.

(*) Ezra Dyer es columnista de la revista ‘car and driver’

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