Voces

Sunday 14 Jul 2024 | Actualizado a 10:35 AM

Gobierno del pueblo

/ 25 de junio de 2023 / 00:17

Se suele manejar, comúnmente, como sinónimos las palabras Estado, poder y gobierno, sin embargo, es vital comprender las diferencias fundamentales entre cada una, diferencias muy útiles, pues nos servirán cuando en nuestras luchas —como pueblos— busquemos transformaciones profundas. No tengo la pretensión de agotar en una columna el tratamiento de estos conceptos, sin embargo, este momento de la historia de nuestro territorio queremos acabar con las relaciones que oprimen, dominan y explotan a quienes vivimos en Bolivia, incluida la madre y hermana naturaleza que tan pródigamente nos da recursos para “vivir bien” con todas y todos.

Proceso de cambios revolucionarios que busca acabar con el impuesto y heredado Estado político del manejo de las relaciones de poder. Estado instaurado desde la colonia en favor de un pequeño grupo, que modificó actores, instituciones y nombres a través de la historia de Bolivia y, sin embargo, el Estado jerárquico de usufructo y dominio de un grupito —principalmente hombres— no cambió. Ese Estado de relaciones de poder fue afinando su ejercicio hasta la actualidad.

El Estado del poder en Bolivia sufrió una sacudida esperanzadora a partir del proceso de cambio que comenzó con más fuerza en 2003. Este proceso puso en cuestión la existencia misma del Estado republicano como representante de esos intereses de grupito de explotadores y conservadores. Fue un gran logro plasmar en la letra del artículo 1 de la nueva Constitución el concepto de Estado Social Comunitario que, en base a una profunda discusión, argumentación y disputa política, da inicio a un periodo de profundas transformaciones del Estado del poder en nuestro país. El poder, entonces, es esa relación que se establece y a veces se impone del grupo dominante sobre el resto de las personas, usando diferentes mecanismos para legitimar y legalizar su ejercicio a través de instituciones y aparatos como la educación, las leyes, los medios de comunicación, la Policía. El grupo dominante usa estos mecanismos y relaciones para crear un imaginario de dominio hegemónico legal y legítimo.

En ese sentido, el gobierno es el administrador del poder en favor de quienes tomaron el Estado; en el caso del proceso de cambio se trata de un Estado que propicia el cambio revolucionario para devolver el poder constituido al pueblo a través de los y las representantes de las organizaciones sociales vivas en nuestro país. Entonces, mal podemos estar peleándonos —como organizaciones sociales digo— por el gobierno en sí. Es decir, pelearnos por lo que comúnmente se llama pegas o prebendas, cuando en realidad los y las dirigentes deberían estar haciendo propuestas para enraizar el Estado Social Comunitario en nuestro país. Entonces, el cómo camina el gobierno no depende del gobierno en sí. En el proceso de cambios revolucionarios es fundamental que funcione y se amplié el Conalcam y el Pacto de Unidad, pero cuando los y las dirigentes de las organizaciones sociales no cumplen con sus tareas históricas, tenemos desastres y retrocesos contrarrevolucionarios que traicionan las luchas históricas y la confianza del pueblo.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Urgentes medidas económicas

/ 7 de julio de 2024 / 00:04

En este momento necesitamos un plan económico con medidas urgentes que nos muestren el camino para salir de la crisis económica en la que nos encontramos y que la estamos sufriendo. No es lo más importante saber si fue Auto o si fue Gol, para eso debe haber una investigación seria y transparente. No tenemos tiempo para ver capítulos de ninguna telenovela, necesitamos salir de esta inseguridad y angustia sobre nuestro día a día de la canasta familiar. Eso es lo más importante.

Desde el Feminismo Comunitario de Abya Yala siempre lo estuvimos diciendo: el presidente Arce debe acabar su mandato y en las próximas elecciones debe candidatear el hermano Evo Morales, que es el líder histórico de nuestro pueblo, eso está claro para nosotras.

Ahora, el problema hermano Evo es que demuestres que eres nuestro compañero y hermano, aquel que tuvo que renunciar en el golpe de 2019 para cuidar la vida de nuestro pueblo, para que no nos maten. Sabemos que las y los golpistas igual nos mataron a 38 compañeros. Hermano Evo, te repito, tú eres el líder histórico de nuestro pueblo, eres lo que tenemos. Esto no quiere decir que no tengas errores y nosotras lo hemos señalado en su momento, porque esa es la responsabilidad de las organizaciones sociales, señalar los errores para que los corrijas y no ser llunkus, aduladoras y busca pegas. En este momento necesitamos tu madurez y la sabiduría de todo tu camino de dirigente: primero está el pueblo. Estamos pidiéndonos a la Pachamama y a nuestros y nuestras ancestras para que nos muestren el camino, hermano Evo, y puedas tener la humildad de caminarlo con tu pueblo, hermano.

El presidente Arce está cercado y confundido, no vamos a esperar por eso humildad; ojalá que sí, por el bien de Bolivia. Pero quien está en un hueco —a veces— por angustia, va a cavar más para abajo en vez de mirar para arriba, en vez de pedir ayuda y aceptar la mano para superar la caída. Repito, ojalá que Luis también entienda, que más allá de la familia, los amigos y amigas, está el pueblo que votamos por él, esperando y confiando que haga una buena gestión. Esperando que gobierne para recuperar nuestro proceso de cambios revolucionarios arrebatado por la derecha internacional y nacional, que hoy están felices de ver que nos estamos destruyendo entre nosotros y nosotras.

El Estado Plurinacional, Social y Comunitario, por el que luchamos para construir el “vivir bien” plasmado en nuestra nueva Constitución, es lo que está en peligro. La embajada norteamericana, los angurrientos del litio y las riquezas de Bolivia, son quienes tienen sus infiltrados e infiltradas de un lado y del otro, esos canallas imperialistas y continuadores del colonialismo son quienes aprovechan nuestros errores y planifican la derrota de nuestro pueblo. Las organizaciones sociales somos responsables de estar en ch’ampa guerra en vez de proponer salidas a la crisis económica. Sabemos que el actual Poder Judicial, autoprorrogado, no va a hacer una investigación transparente, pero el principio constitucional y revolucionario es que los militares no deberían ni deben salir a las calles para apuntar sus armas contra el pueblo, sea por ensayo, sea de a deveras, sea para dar consejos, mucho menos para dar golpe. Los militares no deliberan políticamente.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria

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Cuál democracia

/ 23 de junio de 2024 / 00:03

En la soberbia colonialista que impera hasta hoy en día, se asevera que el sistema de gobierno que la democracia legitima sería el mejor medio para —dicen— elegir a los gobiernos que se encargarán de administrar una nación, apoyados en el voto popular.

Pero no son solo esos elementos anteriormente citados, en realidad es un conjunto de medidas, instituciones y símbolos que lo que pretenden es legitimar el gobierno de unos pocos sobre la mayoría. En ese llamado camino de las prácticas democráticas, en un inicio las mujeres y quienes no tenían bienes, es decir los hombres pobres o empobrecidos, no tenían derecho a participar, ni elegir ni ser elegidos. Eso estamos hablando en Europa, en la llamada Revolución Francesa.

El camino en nuestro país no fue diferente, también la democracia sirvió a unos pocos. La democracia caminó por los mismos pasos, los que votaban eran los doctores y los propietarios. Las mujeres, los y las indias no votaban y peor, tampoco podían aspirar a ser elegidos. Claramente en 1952, con la movilización popular se pretendió cambiar las cosas. Fruto de una guerra, la del Chaco, donde mi abuelo —indio aymara— Basilio Paredes luchó en Boquerón y fue declarado héroe, así muchos hermanos, abuelos y padres, fueron a luchar en una guerra que permitió a esa juventud tomar conciencia de la magnitud de lo que era Bolivia y lo que significaban los rancios resabios del feudalismo colonial. Claramente también, la movilización no tuvo como resultado democratizar ni el gobierno, ni la riqueza, ni los derechos sociales, se lo repartieron. Se encumbró a la rosca de los nuevos doctorcitos, que crearon un populismo clientelar.

Desde ahí para adelante, los grupos modernizadores del Estado boliviano se tentaron a construir una nación en el sentido capitalista y burgués, pero fracasaron, cayeron en las garras del imperialismo norteamericano y de ahí en adelante, nuestra querida Bolivia se manejó a gusto y paciencia de los gringos colonialistas, afincados en el norte de nuestro hermoso continente. Cuando les convenia a los gringos había elecciones y con candidatos de su gusto, pero cuando las cosas estaban poniéndose a favor del pueblo, obviamente no les convenia y ahí vinieron los golpes de Estado.

Fue nuestro pueblo, hombres y mujeres que logramos poner a nuestro hermano Evo, que es un símbolo de lo que estábamos buscando desde nuestros antepasados, eso es autogobernarnos. Con todos nuestros errores, este proceso de cambios revolucionarios rompió con ese ciclo. Entonces, todas estas jugarretas del tribunal electoral y del gobierno del presidente Arce dan pena, rabia y vergüenza que caigan en semejantes contradicciones; el enemigo no es el de al lado. No hay un proyecto que recoja la voluntad de participar y decidir con deliberación y propuestas, eso no hay. Un solo ejemplo, pregunto: ¿qué vamos a hacer con los cooperativistas mineros que envenenan los ríos? y ¿qué vamos a hacer con la banca privada que gana de sentada? La democracia tiene que servir para participar, proponer y decidir.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Urge un plan

/ 9 de junio de 2024 / 00:03

Nuestro país, Bolivia, es un territorio muy hermoso que abriga una historia larga que recoge las energías ancestrales de planes de vida que se han ido puliendo y forjando en medio de miedos, esperanzas, errores, aciertos, indignaciones y proyecciones que nos han hecho sentir orgullosas y dignas de llamarnos bolivianas y bolivianos. La historia reciente que se abre desde 2003, como un libro, para escribir entre todas y todos quienes participamos y apostamos por el proceso de cambios revolucionarios.

La madurez de haber estado en las calles desde muy joven me permitió saber que las revoluciones requieren mucha paciencia y humildad. No abrimos la historia de la nueva Constitución entendiendo que, de ahí para adelante, todo sería victoria y éxitos. No. Y esa convicción marca nuestra actitud madura ante lo que fue el golpe, madurez política que nos permitió, con una férrea organización, revertir en un año el dolor de haber perdido hermanos en las calles ante la resistencia a un fascismo de nuevo tipo que creció en nuestras narices, con la arrogancia de débiles y caprichosas pititas esparcidas por las calles de nuestro territorio.

El actual Gobierno fue fruto de nuestras luchas y por mucho dedazo que estuvo en medio, debemos reconocer que le dimos nuestra confianza. En estos años, permanentemente desde esta columna, estuvimos señalando con cuidado y respeto los agujeros que cada día abrían en nuestro proceso de cambios, la ineficiencia, la deshonestidad, la soberbia, la falta de consecuencia y ética revolucionaria funcionaron como taladro. Hoy sabemos que nuestro pueblo está sufriendo una crisis muy grande, necesitamos actuar y tomar medidas. Ahí el problema, no vemos propuestas sobre qué hacer, no hay un debate político de propuestas para comenzar una recuperación sostenida y no simples remiendos temporales.

Siempre fuimos claras al entender que el hermano Evo, con todos sus errores —que esperamos los corrija—, es el símbolo presidencial de la continuación del próximo tiempo de nuestro proceso de cambios revolucionarios. También afirmamos que este proceso lo llevan adelante las organizaciones y movimientos sociales que deben dejar de ser levantamanos para ser hermanos y hermanas que proponen, que se preparan, que tienen un cariño y respeto por nuestro pueblo. Lejos de posiciones prebendales, chantajistas y de lucro. Sin duda también lejos del machismo, que anula la mitad de la fuerza revolucionaria de nuestro pueblo, que somos las mujeres.

La recuperación de la profunda crisis en la que estamos en nuestro país requiere de propuestas, de un plan que debe empezar ya. Ojo, en principio no estoy hablando de acortar mandato, debemos tener cuidado al respecto. Pero sí estoy hablando que si el actual Gobierno no tiene un plan, pues de cara al pueblo, el Instrumento político MAS-IPSP debe presentar esas medidas que se articulen al próximo gobierno de 2025. No son los votos de la derecha en el parlamento lo que esta garantizando el cambio de rumbo en el Gobierno, y claro, los miopes de la derecha juran que son ellos, nada que ver, es la cancha de los ampliados del MAS de un lado y del otro los que están inclinando la balanza, no nos engañemos.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria

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El machismo es contrarrevolucionario

/ 26 de mayo de 2024 / 00:26

Cuando decimos que las mujeres somos la mitad de cada pueblo, estamos visibilizando la importancia del trabajo político con las mujeres, valga la redundancia. Es con subes y bajas la oscilante relación de los hermanos, con los compromisos de incluir a las mujeres como parte de la militancia del proceso de cambios. Hemos visto cómo al menor descuido los compañeros olvidan sus promesas de cambiar su machismo y rápidamente vemos que las discusiones, las visibilizaciones en testeras y las decisiones políticas, las van tomando en grupos de compañeros donde las mujeres no tienen lugar, no tienen voz, no les preguntan su posición o finalmente se rodean de mujeres que no representan la madurez política y los aportes construidos desde las organizaciones sociales de mujeres.

La lucha contra el machismo es la batalla más difícil de realizar, porque no se logra parir la comprensión del por qué es importantísimo y fundamental asumir el machismo como comportamiento contrarrevolucionario. Es vital para cualquier revolución entender la dimensión de las relaciones interpersonales, como el lugar de las alianzas históricas, que son las que transformarán un sistema de opresión, dominaciones y violencias que hacen sufrir a la humanidad y a la madre naturaleza, es un sistema tan finamente construido que no nos damos cuenta y permanentemente se recicla en nuestras relaciones cotidianas, sirve cambiar y derrocar gobiernos dictatoriales y de derecha, sin duda que sirve, pero si no derrotamos al macho dictadorcillo en nosotras y nosotros, entonces el sistema se vuelve a reciclar y aparecen los nuevos dictadores.

Si un pueblo para luchar, antes de ir a la batalla se corta un brazo, se está boicoteando a sí mismo y va a ir a la derrota. Tenemos que ir a las luchas con los dos brazos de nuestros pueblos y cada brazo es igualmente importante. Un brazo son todos nuestros hermanos y compañeros luchadores, el otro brazo somos todas las mujeres y compañeras luchadoras. El feminicidio, la discriminación de las mujeres, el acallamiento y la manipulación de las verdaderas dirigentes mujeres, lo que hace es cortar un brazo del pueblo, brazo tan importante como el otro para las luchas del proceso de cambios revolucionarios.

Entendamos de una vez por todas que por eso es que finalmente logran derrotarnos y caemos nomás en remiendos al sistema capitalista caduco. Es necesario de una vez relacionar los comportamientos machistas con las complicidades con un sistema patriarcal que es colonialista, capitalista, neoliberal que se construye sobre los cuerpos de las mujeres.

Cuando nuestros compañeros consideran que lo que las mujeres opinamos no es importante, están descalificando a su propio pueblo, el Feminismo Comunitario de Abya Yala tiene esta tarea fundamental, la formación política de las mujeres y la organización para la defensa del “vivir bien” en comunidad y la construcción de la Comunidad de Comunidades.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Tenemos la palabra

/ 12 de mayo de 2024 / 00:53

Una de las enseñanzas de mis mayores estaba dirigida a responsabilizarme de lo que hago y lo que digo. “La palabra es lo único que tenemos los pobres”, me decía mi abuela, en un afán de inculcarme esa parte de la herencia de nuestro pueblo, de la educación en la oralidad.

Hoy la palabra sale de mi boca esa boca que aprendió a masticar los sonidos, con cuidado

para oír aquellos disparos con los que lastimaron los oídos de mis mayores. ¡Somos su continuación! 500 siglos de estridencias, cientos de años de violencias

que estremecieron la piel que guarda, la música de nuestra memoria

disimulando los latidos de nuestro amor y compasión por la tierra.

Quisieron se diluya, nuestro ser y existencia en el silencio de las tumbas

pero desde ahí volvimos armadas de palabras.

Tengo la palabra mi abuela me entrenó la lengua desde muy niña hice los ejercicios de las 5 vocales para afilar las consonantes de un idioma que invadió nuestras bocas.

Hoy tengo los sonidos en los labios hoy tengo los signos en la mano escribo en la lucha de pueblos ancestrales, por eso mi mano está firme los sonidos del corazón que ritman esperanzas y marcan el tiempo de nuestro cambio.

Mi palabra, que es lo único que tengo promete a mis hijas e hijos que no descansaré, hasta acabar con todo tipo de opresiones y plantar las semillas de la comunidad de comunidades.

¡Hermanas y hermanos, ya es hora de decir lo que soñamos!

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria

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