Sunday 26 May 2024 | Actualizado a 20:49 PM

Idiomas oficiales

Farit Rojas

/ 22 de enero de 2024 / 07:30

Bolivia, en tanto país con pluralismo lingüístico, reconoce 37 idiomas oficiales, el castellano y los 36 idiomas de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, que son aymara, araona, baure, bésiro, canichana, cavineño, cayubaba, chácobo, chimán, ese ejja, guaraní, guarasu’we, guarayu, itonama, leco, machajuyai-kallawaya, machineri, maropa, mojeño-trinitario, mojeño-ignaciano, moré, mosetén, movima, pacawara, puquina, quechua, sirionó, tacana, tapiete, toromona, uru-chipaya, weenhayek, yaminawa, yuki, yuracaré y zamuco.

Esta enumeración se encuentra en el artículo 5 de la CPE, que establece que el gobierno plurinacional y los gobiernos departamentales deben usar al menos dos idiomas oficiales, siendo uno de ellos el castellano. Asimismo, el artículo 234, en su numeral 7, señala como uno de los requisitos para el acceso a la función pública hablar al menos dos idiomas oficiales. Además, la disposición transitoria décima señala que este requisito —de hablar al menos dos idiomas oficiales para el desempeño de funciones públicas— será progresivo.

Muchas veces se pretende encontrar en el artículo 5 de la CPE, que enumera los idiomas oficiales de Bolivia, el número de pueblos indígenas que existirían en Bolivia; al respecto, el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) realizó la siguiente aclaración en su sentencia SCP-0007/2019, del 13 de febrero de 2019: «De acuerdo a los datos otorgados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), sobre el Censo de Población y Vivienda del 2012, dio como resultado del ejercicio del derecho a la autoidentificación cultural, del total de declaraciones de pertenencia a Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinas (NPIOC), se tiene un número de ciento veintidós pertenencias culturales declaradas, datos que todavía no fueron analizados cualitativamente por las instituciones competentes a fin de determinar el número de identidades culturales existentes en el Estado Plurinacional de Bolivia; sin embargo, la cifra nos da una idea de la gran diversidad cultural que existe, más allá de las treinta y seis naciones o culturas que se asumen de una errada lectura del art. 5 de la CPE, puesto que, la citada disposición constitucional refiere a los idiomas oficiales y no así al número de naciones en el Estado» (sic).

De acuerdo con el TCP, tampoco se puede aseverar que sean 122 naciones y pueblos indígenas, sino que solo se trata del dato que el INE habría dado para el Censo de 2012. Pero la certeza que nos da el TCP es que el artículo 5 no trata del número de naciones, sino de idiomas que se hablan en Bolivia, y muchos de estos idiomas se extienden por toda Latinoamérica; así existen muchas naciones y pueblos indígenas que hablan el quechua, pero que tienen otro etnónimo.

Farit rojas T. es docente investigador de la UMSA.

Libre determinación

Farit Rojas

/ 13 de mayo de 2024 / 11:31

La historia de la formación de los instrumentos internacionales de derechos humanos de pueblos indígenas está atravesada por el debate sobre el reconocimiento del derecho a la libre determinación.

Los trabajos preparatorios del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) así lo revelan, pues mientras los pueblos indígenas reclamaban a la OIT por el reconocimiento del derecho a la libre determinación, los Estados se negaban a ello, al punto que una parte del debate retrata la negativa de los representantes estatales a denominar “pueblos” a las poblaciones indígenas, por el temor de que si se los denomina “pueblos”, ellos, los indígenas, se atreverían a exigir el derecho a la libre determinación. Esta tensión la podemos ver en la manera en que quedó redactado el numeral 3 del artículo 1 del Convenio 169 de la OIT, que señala que: “la utilización del término pueblos en este Convenio no deberá interpretarse en el sentido de que tenga implicación alguna en lo que atañe a los derechos que pueda conferirse a dicho término en el derecho internacional” (sic).

Lea: Inconstitucional

La tensión respecto al reconocimiento del derecho a la libre determinación de los pueblos indígenas continuó durante los años 90 de finales del siglo XX, en los debates de las comisiones de Naciones Unidas dedicadas a la formación de la declaración sobre los derechos de pueblos indígenas. Si revisamos los trabajos preparatorios de esta declaración, el debate se concentra sobre el alcance del derecho a la libre determinación, es decir, si el mismo puede, o no, poner en riesgo la unidad de los Estados que cobijan pueblos indígenas; las respuestas de los representantes de pueblos indígenas coinciden generalmente en mencionar que lo que se busca es el reconocimiento de las naciones indígenas y con ello el reconocimiento a su autogobierno y su autonomía, es decir, a sus sistemas de autoridades y sus sistemas de resolución de conflictos que se reflejan en el reconocimiento del pluralismo jurídico y político en un Estado que ya no puede ser un Estado nación, sino un Estado Plurinacional. La Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de pueblos indígenas se aprueba en 2007, y en su artículo 3 se señala que: “los pueblos indígenas tienen derecho a la libre determinación”, asimismo, en el artículo 9 se indica que “los pueblos y los individuos indígenas tienen derecho a pertenecer a una comunidad o nación indígena”.

La libre determinación se constituye, así, en el derecho más importante para comprender la formación de los Estados plurinacionales como Ecuador y Bolivia, y la referida Declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de pueblos indígenas de 2007 se constituye en el punto de partida para una nueva comprensión, compleja e intercultural, de los derechos humanos.

(*) Farit Rojas es docente investigador de la UMSA

Temas Relacionados

Comparte y opina:

‘Amathia’

Farit Rojas

/ 29 de abril de 2024 / 12:30

Para Sócrates, la ignorancia no es solo la carencia de saber, sino la existencia, hasta el hartazgo, de opiniones erróneas con las que se ha llenado el lugar que debía ocupar el saber. Para entender este tipo de ignorancia recordemos lo que Platón nos narra en la llamada Apología de Sócrates.

Se nos cuenta que Querefonte, viejo amigo de Sócrates, había preguntado al oráculo de Delfos si había en Atenas hombre más sabio que Sócrates, a cuya pregunta el oráculo respondió que no. Pero Sócrates, que no se consideraba sabio, empezó una búsqueda de hombres más sabios que él. Comenzó con un político que se decía sabio, es decir, que creía que era sabio pero, luego de un examen al que Sócrates lo sometió, no lo era, simplemente creía que sí lo era y exhibía como sabiduría una colección de opiniones erróneas que llenaban su aparente saber. Luego Sócrates visitó a los poetas y pese a que estos escribían hermosos poemas y profundas composiciones, no lograban dar razón de los mismos, lo cual llevaba a pensar que esos poemas y esas composiciones eran fruto de la inspiración y no de la sabiduría. Finalmente, Sócrates buscó a los artesanos, quienes sabían sobre su arte, pero este conocimiento los llevaba a creer que sabían de todo, lo cual no era cierto y oscurecía lo poco sabían. Entonces, Sócrates se dio cuenta de la existencia de una ignorancia mucho más compleja que la sola carencia de conocimiento, esta ignorancia se la nombra como amathia y consiste en creer que se sabe cuando no se sabe, es decir, estar lleno, hasta el hartazgo, de un saber que no es saber y estar convencido tercamente de que sí lo es. Fue entonces que Sócrates comprendió su sabiduría: sabía que no sabía, mientras los otros no tenían ese conocimiento.

Lea: Izquierda

La enseñanza de Sócrates consiste en que la ignorancia no es, en muchos casos, la falta de educación, sino que también una mala educación puede ser la culpable de una ignorancia grosera y altanera, pues si solo se dijera “no sé”, no habría mayor problema que empezar a aprender, pero responder con un “sí sé” cuando no se sabe, obliga a que la educación deba comenzar por una fase crítica de desaprender antes de empezar a aprender, y ésta es justamente la tarea de una enseñanza y un pensamiento crítico.

Los ignorantes, resultado de la amathia, eran muy peligrosos para los griegos, pues estos están llenos de ideas falsas y no preguntan ni investigan, pues solo repiten lo que creen saber, y lo más temible es que podían ejercer cargos sensibles para la existencia de la polis, desde ser maestros hasta ser gobernantes. Este tipo de ignorantes siguen siendo muy peligrosos hoy en día, pues al igual que el temor que tenían los griegos hoy podemos temer que muchos puedan acceder a cargos, funciones y puestos tanto públicos como privados.

(*) Farit Rojas es docente investigador de la UMSA

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Izquierda

Farit Rojas

/ 15 de abril de 2024 / 07:07

Una de las distinciones que realiza Norberto Bobbio, en su libro Derecha e Izquierda, se refiere a la diferencia entre estos dos términos en sus expresiones y derivas políticas. Para Bobbio, la diferencia se encuentra en la manera en la que se trata la idea de “desigualdad”. Si se considera que la mayoría de las desigualdades entre los hombres son construcciones sociales, políticas, económicas y, ante todo, históricas, se admite que frente a ellas se pueden desarrollar iniciativas sociales, políticas y económicas para desmantelarlas, y así arribar en distintos tiempos a una igualdad. Si se piensa así estamos en la llamada izquierda, que varía entre los métodos para lograr la igualdad y los matices de lo que se entiende por igualdad. Por otro lado, si se considera que la mayoría de las desigualdades, por no decir todas, son naturales y, en consecuencia, vienen dadas por la suerte o una especie de lotería natural, se admite que por mucho que se intente cambiarlas el ser humano no puede ir contra natura, es decir, las desigualdades son y serán imposibles de eliminar, al punto que ni siquiera se debe perder el tiempo en pensar en políticas y alternativas para lograr la imposible igualdad, sino en fórmulas para la convivencia entre desiguales. Si se piensa así, estamos en la derecha, que varía entre los métodos para lograr la convivencia entre desiguales y los matices de lo que se entiende por desigualdad.

También lea: Platt, ‘in memoriam’

Una idea similar la encontramos en la historia que se cuenta sobre el acto de ocupar la izquierda o la derecha. Se dice que en la sala de la asamblea francesa, en agosto de 1789, los conservadores y leales al rey que defendían las desigualdades que no deberían cambiar, entre ellas la sobrevivencia de la monarquía, la nobleza y el clero, se sentaron a la derecha, en cambio, los revolucionarios que consideraban que se debía llevar a cabo un cambio radical que tenía como horizonte la igualdad de todos los hombres, se sentaron a la izquierda. Es curioso que la expresión “hombres”, en 1789 aún excluía a las mujeres, y no era un término genérico que las incluía. Sin embargo, la idea de la izquierda, si bien aún patriarcal, buscaba la eliminación de las distinciones sociales y se abría al cuestionamiento de la desigualdad.

La tarea de la izquierda, si se siguen las distinciones de Bobbio y las sugeridas por los revolucionarios franceses del siglo XVIII, sería la de denunciar las desigualdades existentes y naturalizadas y proponer las formas y procedimientos para desmantelarlas y superarlas, por ello, en distintos momentos, la izquierda encontró alianzas y traducciones de sus demandas de igualdad en las reivindicaciones feministas, indígenas, inmigrantes, del precariado laboral y de varios otros grupos humanos que viven en desigualdades naturalizadas.

(*) Farit Rojas es docente investigador de la UMSA

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Platt, ‘in memoriam’

Farit Rojas

/ 1 de abril de 2024 / 07:00

Tristan Platt escribió uno de los textos fundamentales de la historiografía boliviana: Estado boliviano y Ayllu andino. La reedición de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB) cuenta con un prólogo de Silvia Rivera que brinda información sobre las circunstancias de redacción del texto y otorga datos sobre la reconstitución de los ayllus en los años posteriores a la publicación de la primera edición del libro de Platt, retratando la importancia de su trabajo para la organización de las primeras asociaciones de ayllus y la creación del Conamaq.

El libro de Platt hace un recorrido por la historia de las relaciones entre Estado y Ayllu, desde los pactos de reciprocidad de origen colonial —mediante los cuales las comunidades indígenas pagaban un tributo y, a cambio, el régimen reconocía a las autoridades tradicionales de los ayllus, sus jurisdicciones y el manejo autónomo de la tenencia de la tierra—, la exvinculación de tierras de 1874, hasta la reforma agraria de 1953 y sus efectos.

Lea también: Política, sesgos e ideología detrás de la CIJ

El libro nos permite comprender que si bien Bolívar había abolido el tributo indígena, la medida no duro más de un año, en 1826 se restituyó el tributo indígena y en 1842 mediante la figura de la enfiteusis los indígenas pasaron a ser una suerte de inquilinos de la tierra. En 1874 se promulgó la ley de exvinculación que cambió el régimen de tenencia de tierras y, por ello, Platt la denomina la primera reforma agraria. Mediante esta ley se elimina el reconocimiento de mallkus, curacas y caciques como autoridades, y se obliga a las comunidades indígenas a que busquen un apoderado que gestione sus intereses en la ciudad. Los apoderados engañan a las comunidades y se produce una serie de resistencias y movilizaciones entre 1899 y 1921.

El libro finaliza con la llamada segunda reforma agraria, la de 1953 motivada por la Revolución Nacional, que si bien determina que los indígenas son propietarios de la tierra que poseen (artículo 57 del decreto 3464 de Reforma Agraria, del 2 de agosto de 1953), condiciona la restitución de ésta a una reglamentación especial (artículo 42 del referido decreto). En 1954, la reglamentación especial privilegia a los pequeños propietarios y al solar campesino, así la restitución únicamente procede ante la asimilación de tierras de grandes terratenientes. Platt nos muestra las maneras en las que los ayllus y las comunidades indígenas tuvieron que resistir frente a un Estado sordo y ciego respecto a una parte mayoritaria de su población.

El trabajo de Platt constituye una importante veta para una historia del Derecho boliviano aún pendiente, pero que no podrá dejar de lado sus trabajos, pues nuestras reformas jurídicas, en apariencia liberales y sociales, en el fondo fueron una continuidad de la mirada colonial sobre el indígena.

(*) Farit Rojas es docente investigador de la UMSA

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Discursividad jurídica

Farit Rojas

/ 18 de marzo de 2024 / 07:23

En 1969, en una conferencia titulada ¿Qué es un autor?, Michel Foucault habló de un determinado grupo de autores bastante singulares que cumplen la función de «fundadores de discursividad». Estos autores tienen en particular haber abierto la posibilidad de formación de corrientes de pensamiento, una especie de continuidad discursiva que se inaugura con su obra. Foucault mencionó a Marx y a Freud como ejemplos de estos fundadores de discursividad.

Hace unos años participé en una comisión destinada a elegir los textos para un curso propedéutico de ingreso a la Carrera de Derecho, fue entonces que, con un grupo de profesores de Derecho, nos cuestionamos qué libros deberían ser los que consideramos fundadores de discursividad para la disciplina del Derecho.

Lea también: Desnudez

Mi lista, completamente arbitraria pero que intento justificarla, comprendía al opúsculo de Immanuel Kant titulado Fundamentación a la metafísica de las costumbres, pues en este breve texto Kant ofrece la explicación más sencilla de la idea de «deber ser», fundamental para el estudio del Derecho, y la relación del «deber ser» con la libertad, diferente a la noción de deber ser jurídico expuesta por Hans Kelsen. A continuación, me parece que deberían estar los Fundamentos de la filosofía del Derecho de G.W.F. Hegel, pues en este árido texto Hegel funda la reflexión sobre la sociedad civil y el Estado, e inaugura una filosofía del Derecho en tanto disciplina. Dando un salto de casi 100 años me parece que la llamada Teoría Pura del Derecho de Hans Kelsen ocupa un lugar central en la reflexión del saber jurídico, si bien no funda al llamado positivismo jurídico (cuyos orígenes se encuentran en el siglo XIX), ayuda a darle una forma abstracta y fundadora de la llamada lógica del Derecho, siendo su reflexión sobre la norma jurídica la más fina y lograda explicación del Derecho desde el lenguaje y la lógica jurídica. Finalmente considero que hay dos obras igual de importantes para pensar el Derecho: El concepto del Derecho de H.L.A. Hart, una obra de 1961 en la que pone el acento en los tipos de normas que hacen en sí al Derecho, y fundamenta la importancia de la llamada norma secundaria, es decir las normas jurídicas que versan sobre otras normas jurídicas y su clasificación en reglas de reconocimiento, cambio y adjudicación. El último lugar de mi selección personal de discursividad jurídica lo reservé para una obra de teoría política, pero con implicaciones muy importantes en el Derecho, me refiero a la Teoría de la Justicia de John Rawls, la exposición más lúcida sobre la relación del diseño de instituciones racionales con la justicia. Se trata de un canon occidental del Derecho, pero necesario para comprender y tratar de dar la respuesta a la pregunta de qué es el Derecho.

(*) Farit Rojas es docente investigador de la UMSA

Temas Relacionados

Comparte y opina: