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Saturday 20 Apr 2024 | Actualizado a 01:15 AM

Juan y el Fondo Solidario de Pensiones

Tuvo la fortuna de trabajar en un sector que le brindó estabilidad laboral en mucho tiempo

/ 2 de abril de 2024 / 06:23

Hace unos meses, Juan cumplió los 35 años de aportes para poder jubilarse con el límite máximo de la Pensión Solidaria de Vejez, pagada con recursos del Fondo Solidario. Tuvo la fortuna de trabajar en un sector que le brindó estabilidad laboral en mucho tiempo: el magisterio. Juan comenzó a trabajar desde sus 25 años y ahora, a los 60, alcanzó el límite máximo.

Asistió a jubilarse y se enteró que, con su actual ingreso salarial de Bs 7.400, tendría que jubilarse casi con Bs 5.200, que representa casi el 70% del promedio de los últimos dos años de salario. Sin embargo, hasta que se apruebe el proyecto de ley de mejora de los límites solidarios solamente recibirá Bs 4.200. Veamos qué hizo Juan.

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Al enterarse de esa limitación, Juan acudió a la Gestora para averiguar cuánto debía recibir y cómo podía acceder al 70% del promedio de sus últimos 24 salarios. También intentó averiguar cuánto sería su jubilación si no dependiera de los llamados límites solidarios.

En la Gestora, le explicaron que con los aportes que ha realizado, sin la ayuda del Fondo Solidario, recibiría alrededor de Bs 1.800 al jubilarse. Juan reaccionó indignado y preguntó cómo es posible esto. Le explicaron que se debe a varios factores, como los aportes que realizó mensualmente en su vida laboral (que solo es del 10%); el reducido nivel salarial que tuvo al inicio, que si bien fue mejorando en sus 35 años de trabajo, incidió en el monto acumulado; y su expectativa de vida que podría llegar a 25 años porque no cuenta con familia, aunque podría nombrar un derechohabiente.

Cuando calcularon los montos, le dijeron que, recibiendo una pensión mensual de Bs 1.800 (incluido el aguinaldo), el monto que recibiría por año es de Bs 23.400. En los 25 años de jubilación, llegaría aproximadamente a los Bs 600.000, empero, sus aportes no llegan a pasar los 300.000. A esto último, él reclamó y preguntó cómo era posible si lleva 35 años de aportes y que ahora gana Bs 7.400.

Le explicaron que de los 35 años de aportes que ha realizado desde 1988 hasta 2023, casi 18 años corresponden a salarios muy bajos entre 1988 y 2005. Fue recién desde 2006 que los salarios aumentaron de manera considerable. En promedio, en estos últimos 17 años y algunos meses, había ganado en promedio Bs 4.500, mientras que en los 18 años previos su salario promedio apenas llegaba a Bs 900. Considerando que el aporte en Bolivia es solo de 10% del salario, sus aportes en esa época fueron en promedio de Bs 90 al mes. Fue recién en el periodo posterior a 2006 que sus aportes mensuales aumentaron a un promedio de Bs 450.

Ante esto, Juan reflexionó y comprendió que los incrementos salariales desde 2006 habían hecho que olvidara los ingresos bajos que tenía entre 1988 y 2005. Preguntó si había alguna forma de cambiar esa situación.

Le respondieron que precisamente en 2010 se creó el Fondo Solidario para reducir ese impacto negativo y mejorar las pensiones de la mayoría de los trabajadores. Eso le ayudaría a lograr los Bs 4.200, lo que significa que, en esos 25 años de expectativa de vida, podía recibir más de Bs 1 millón. Al escuchar esta explicación, Juan quedó con otro estado de ánimo y preguntó si la aprobación del proyecto de ley de mejora de los límites solidarios podía mejorar aún más su jubilación.

La respuesta fue afirmativa, ya que con esa ley su jubilación podía llegar hasta los Bs 5.200, lo que significa un aumento mensual de Bs 1.000. Esto se traduciría en Bs 1.690.000 en los 25 años de expectativa de vida. Al ver estas cifras, Juan quedó sorprendido, especialmente cuando le dijeron que el pago de su pensión sería hasta el día de su fallecimiento y que, por eso, supera fácilmente los montos que ha aportado, comprendiendo con esto que la mayoría de los trabajadores reciben más de lo que aportan gracias al Fondo Solidario.

Juan ahora no comprende por qué algunos cuestionan algo tan importante como el Fondo Solidario de Pensiones, que permite mejorar a este nivel la jubilación de muchas personas que todavía tienen que lidiar con lo que son las consecuencias de la política salarial y el sistema de pensiones neoliberal que duró hasta 2005. Ahora espera que los trabajadores de hoy sepan cuidar el futuro de este sistema integral de pensiones con su fondo solidario para las futuras generaciones.

(*) Edmundo Nogales Arancibia es abogado y analista político

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Los anhelos conservadores en Bolivia

Bolivia ha cambiado mucho y sigue cambiando en un contexto crítico para la economía mundial

/ 21 de julio de 2023 / 23:19

El 12 de julio fue publicada una columna en El Deber titulada En esto termina el populismo SS XXI, con varios argumentos sin fundamento respecto a la realidad boliviana y los cuales cuestionamos para dar la posibilidad de contrastar enfoques, evaluemos sus principales argumentos:

a) Los 16 años del populismo masista, dirigidos desde Cuba, han dejado trágicas secuelas en Bolivia. La vertiente que llama a los gobiernos de izquierda o progresistas en América Latina como gobiernos sometidos a “dictaduras de Cuba y Venezuela” tiene origen en la corriente anticomunista formada desde Estados Unidos luego de la revolución cubana, desde aquel entonces Estados Unidos financió varios movimientos para “frenar la amenaza comunista” y continúa haciéndolo con su política de intervencionismo disfrazada de “apoyo a la democracia”.

b) El rasgo más trágico es la destrucción de la verdadera democracia, que el pueblo de Bolivia recuperó de las sangrientas garras del Plan Cóndor en 1982. El autor no dice que la política anticomunista norteamericana organizó y financió el Plan Cóndor, tal como lo señala este fragmento publicado en New York Times el 12 de abril de 2019 por Ernesto Londoño: “Estados Unidos apoyó en distintos niveles las juntas militares que tomaron el poder en América Latina durante la Guerra Fría. Los oficiales militares latinoamericanos recibieron capacitación en técnicas violentas de contrainsurgencia en la Escuela de las Américas mientras Washington acudía a esos gobiernos aliados para detener el paso de movimientos comunistas en la región”.

c) Hoy existen más de 250 presos, perseguidos y refugiados políticos, que luchan por la libertad de la patria. Esa línea anticomunista llama “héroes” a quienes perpetraron los crímenes y masacres cometidas en 2019 por parte del gobierno de facto y del que fueron autores gente como Luis Fernando Camacho, basta ver el informe final de la CIDH  (2021), el cual concluye que hubo ejecuciones sumarias y masacres, estas deben ser sancionadas y los autores procesados, no es poco lo que señaló Camacho al confesar públicamente que su padre negoció con el Ejército el amotinamiento para pedir la renuncia del Presidente.

d) Bolivia es un país al borde de la bancarrota, como lo demuestran las diferentes calificadoras internacionales de riesgo. Ninguna de las calificadoras de riesgo señaló que el país estuviera cerca a la bancarrota, pero sí enfocaron el bloqueo interno a la gestión económica, y un elemento que permite ver la solvencia económica del país son las evaluaciones de organismos internacionales que viabilizan créditos a nuestro país, entre ellos el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento. Otro dato dato importante es el de la deuda externa, que ahora representa el 29,2% del Producto Interno Bruto (PIB), en contraste a 2020 que llegó al 31,1%, esta reducción responde al crecimiento del PIB, ya que la deuda se mide en proporción a ese indicador.

e) En lo social tenemos el segundo país más pobre de Sudamérica. Bolivia es el país en América Latina que más ha reducido la pobreza extrema y moderada; en 2005 el índice de pobreza llegaba al 39,6% y la pobreza extrema al 22%, en 2021 esos indicadores bajaron al 10,2% y 3,9%, respectivamente, y estos son datos de la CEPAL abiertos a libre consulta en su página oficial.

Otro indicador ilustrativo para evaluar la pobreza lo expone Vaclav Smil, profesor emérito en la universidad de Manitoba de Canadá, en su texto Los números no mienten señala que la mortalidad infantil es un indicador importante para evaluar el nivel de pobreza y calidad de vida porque reúne varias condiciones críticas, atención sanitaria, atención prenatal, perinatal y neonatal adecuadas, nutrición de la madre e hijo, condiciones de vida y sanitarias, acceso a asistencia social en un periodo crítico de la vida, el primer año.

En ese indicador Bolivia refleja la mayor reducción de mortalidad infantil en la región, en 2005 la tasa de mortalidad de bebés era de 43 por cada mil nacidos vivos, en 2021 bajó a 20 por cada mil nacidos vivos.

Estos elementos conducen a las siguientes conclusiones, primero, el movimiento antiprogresista que representa el autor no expresa ideales democráticos sino ultraconservadores que no reconocen los avances y transformaciones de nuestro país; segundo, su lectura sesgada de la realidad le lleva a interpretar una situación de crisis que es útil a ese tipo de movimientos para tratar de proponer una agenda neoliberal.

Bolivia ha cambiado mucho en estos años y sigue cambiando en un contexto crítico para la economía mundial y eso también debe ser enfocado hacia la población.

Edmundo Nogales Arancibia es abogado y analista.

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BRICS vs. G7

/ 1 de agosto de 2022 / 00:58

Es interesante cómo dos abreviaturas pueden sintetizar el futuro económico del mundo y las nuevas disputas globales geopolíticas y económicas, desde una globalización unipolar decadente hacia un mundo multipolar, en un escenario que ya estaba en crisis por el COVID desde fines de 2019 y que se agrava con el conflicto entre la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y Rusia en territorio ucraniano.

La alianza militar intergubernamental OTAN fue creada en 1949 por Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial para imponer su dominio militar en el mundo; como respuesta, la Unión Soviética creó el Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, luego de la disolución de la URSS, varios Estados de esta alianza se incorporaron a la OTAN, la cual continuó expandiéndose como brazo militar de EEUU para mantener su hegemonía unipolar.

Sin embargo, a inicios de este siglo surgió la posibilidad de un cambio hacia un mundo multipolar con la articulación económica y política de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) como economías emergentes que asumieron líneas de integración que se mantuvieron hasta los encuentros más recientes, ratificando su apoyo a Rusia en este contexto.

El 16 de febrero, el Presidente de Brasil se reunió con el Presidente de Rusia antes de comenzar la guerra en Ucrania, por su parte China amplió la compra de gas con Rusia y firmaron uno de los acuerdos bilaterales más importantes también en febrero, previamente a su incursión en territorio ucraniano, con temas que van desde desarrollo conjunto, en ciencia y tecnología, integración cultural, articulación financiera internacional, cooperación productiva y comercial, así como cooperación en temas militares y políticas conjuntas en el escenario internacional.

Con esa articulación en torno a los BRICS anterior a la guerra, Rusia se adelantó a las represalias que el G7 (EEUU, Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) tomaría en cuanto comenzara la ofensiva rusa ante el avance de la OTAN en territorio ucraniano para frenar esa expansión hacia sus fronteras; con ello Rusia reposiciona la posibilidad de que los BRICS desplacen al G7.

La respuesta de Estados Unidos a la ofensiva rusa fue la aplicación de sanciones económicas y la presión a la Unión Europea para que se sume a esas sanciones; sin embargo, las consecuencias no resultaron como esperaban en Washington; si bien Rusia está afrontando pérdidas económicas importantes, las consecuencias terminaron golpeando más a Europa con una crisis de precios en combustibles por haber perdido al mejor de sus proveedores de gas, lo que se suma al incremento de precios del petróleo por la guerra, y el desabastecimiento de granos, cereales y fertilizantes que provocaron crisis en sus economías nacionales.

Para Israel y Estados Unidos el resultado de las sanciones económicas fue favorable desde el enfoque comercial, ya que ahora venden gas a Europa a precio más alto del que lo hacía Rusia, mientras la factura la paga la población europea con un costo de vida que se disparó en un proceso inflacionario que redujo a niveles históricos el valor del euro.

Hace poco se reunió el G20 (creado luego de la crisis financiera internacional de 2008), conformado por las 20 economías más grandes, entre las que se encuentran el G7 (que también se reunió previamente lanzando un mensaje de unidad frente a la “brutal guerra” iniciada por Rusia) y los BRICS (que tuvieron previamente una reunión virtual convocada por Beijing, en la que dieron el mensaje de que Rusia no está sola).

La reunión del G20 no concluyó en posiciones conjuntas, el 17 de julio Indonesia, país anfitrión, emitió un comunicado ante la imposibilidad de un consenso debido a las diferencias entre los bloques al interior del G20, en el comunicado señala respecto a la guerra que varios Estados “están de acuerdo en que la guerra de Rusia contra Ucrania ha ralentizado la recuperación de la economía global que, en consecuencia, se enfrenta a un fuerte revés”.

Con esa postura el G7 queda frenado en sus posiciones mientras va perdiendo peso en la economía a nivel global, recordemos que en 1975 cuando se creó, representaba el 70% del PIB mundial, en 2000 el 55% y hoy representa el 46%.

Por su parte los BRICS, que a inicios de 2000 contaban con el 8% del PIB global, hoy cuentan con más del 22% y el 42% de la población a nivel mundial, en este escenario van tomando fuerza en el plano geopolítico con una proyección de superar económicamente al G7 en la próxima década y abren la posibilidad real de un mundo multipolar, con la reciente declaración de ampliar la participación de varios Estados al bloque.

Como dice una de las canciones del grupo uruguayo Los Iracundos, “el mundo está cambiando y cambiará más…”

Edmundo Nogales Arancibia es abogado.

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No fue efecto rebote

/ 28 de junio de 2022 / 02:50

Las recientes publicaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el semanario inglés The Economist, con relación a la inflación mundial, mostraron a Bolivia como uno de los pocos países con inflación controlada en el mundo, ahora se suma una publicación de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), que expone que Bolivia será el Estado que más reducirá la pobreza en América Latina y el Caribe. Estos estudios son oportunos para mostrar que los indicadores económicos positivos no son resultado de un “efecto rebote”, sino atribuibles a la gestión económica implementada.

Cuando salieron las cifras positivas expuestas a finales de 2021 sobre los resultados en la gestión económica por parte del Gobierno, analistas y economistas, que cuestionan el Modelo Económico Social Comunitario Productivo, atribuyeron ese resultado a un “efecto rebote” que sería resultado del retorno a la seminormalidad en las actividades económicas, después de las primeras olas de la pandemia por el COVID-19. Ese argumento lo ejemplificaron comparando el crecimiento económico de algunos países vecinos, como Chile o Argentina, indicando a la opinión pública que nuestro “efecto rebote” fue más bajo que el de esos países.

Pero, cuando el FMI y The Economist publican el resultado de los análisis de inflación en el mundo, muestran que nuestra economía cuenta con la inflación más baja en la región y que está entre las más bajas a nivel mundial; pese a ello, esos analistas continuaban cuestionando el rol interventor del Estado en la economía por las medidas implementadas para cuidar el mercado interno. Ambas publicaciones dejaron desfasados a los analistas porque expusieron que los resultados positivos de la inflación controlada son resultado de ese rol del Estado, que cuidando a la población interviene para evitar que los fallos del mercado, agravados con la crisis, carguen en el pueblo el elevado costo de combustibles y cereales que están agobiando al mundo.

Ahora se suma el informe de CEPAL titulado Repercusiones en América Latina y el Caribe de la guerra en Ucrania: ¿cómo enfrentar la nueva crisis? (publicado el 6 de junio), el cual muestra que, de 17 países evaluados en América Latina y El Caribe, 12 incrementarán sus niveles de pobreza, uno mantendrá esos niveles y solamente cuatro reducirán la pobreza, entre ellos Bolivia es el que más avanza en ese margen con 1,4 % de reducción, mientras que los otros tres reducirán el indicador de pobreza menos de 1 punto. Con ello va quedando atrás el cuestionamiento del llamado efecto rebote, ya que, a más de un año y medio de la posesión del Gobierno, dos resultados que no pueden negarse a nivel internacional, que son inflación controlada y reducción de la pobreza, en un contexto de continuidad de pandemia y de crisis internacional que estalló con la guerra en Ucrania, muestran la capacidad del Modelo Económico Social Comunitario Productivo de lograr avances en la reconstrucción económica.

Seguramente cuando se instale el debate sobre este análisis publicado por CEPAL saldrán argumentos a favor y en contra, pero estos últimos tendrán que alejarse de ese llamado “efecto rebote”, ya que, viendo los hechos, no se pueden negar los resultados de la gestión económica del Gobierno. Al fin y al cabo, no se dejó la economía a la mano invisible del mercado, situación en la cual la realidad económica sería como de la mayoría de los países en crisis y recién valdría la calificación de “efecto rebote”.Edmundo Nogales Arancibia es abogado.

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Una crítica al desprestigio

/ 3 de junio de 2022 / 02:46

En mayo, el señor Carlos Cardozo escribió algunas columnas de opinión en medios de comunicación escritos respecto al tema económico, las cuales llaman la atención por el estilo de redacción de desprestigio que imprime contra quienes escribe.

En uno de esos artículos utilizó el término de “buronomistas” (Buronomistas, artículo de opinión de la primera semana de mayo), rotulando de esa forma a las autoridades de gobierno a cargo de la conducción económica del país con las siguientes palabras: “economistas a sueldo que escriben columnas defendiendo ideologías cual evangelios movidos por mera fe, aunque esta fe sea una simple retribución a la pega en cuestión”. Sin embargo, ese peculiar estilo de ataque podría llegarle a él por la forma en la que defiende el neoliberalismo como un dogma, asumiendo que parafraseando a algún autor liberal esas ideas son verdades absolutas, sin ver los males que provocó la aplicación del programa neoliberal en los países de América Latina.

Jacques Rogozinski, exasesor y gerente en el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Interamericana de Inversiones, respecto a las medidas que plantea el Fondo Monetario Internacional (FMI) expone críticas que fue desarrollando en la experiencia de su trayectoria profesional, las cuales muestran por qué nuestros países cuestionaron a esa institución neoliberal: “los países desarrollados, de Estados Unidos a Gran Bretaña, de Francia a España, ¿han llegado a donde están practicando las fórmulas y recetas que predican? La respuesta es no”. Ese tipo de cuestionamientos a las recetas del FMI son parte de su libro Mitos y mentadas de la economía mexicana (2012), agradable a la lectura con una redacción sencilla.

Esta crítica al neoliberalismo es también expuesta por Ha-Joon Chang, economista y profesor de la Universidad de Cambridge, en su libro Pateando la Escalera, en el que responde cómo llegaron los países desarrollados hasta donde están y cómo mantienen su sitial: “los países desarrollados no llegaron donde están por medio de las políticas y las instituciones que ahora recomiendan a los países en desarrollo. La mayoría de ellos aplicó de manera activa ‘malas’ políticas comerciales e industriales, tales como la protección a la industria naciente y subsidios a la exportación, prácticas que hoy en día son mal vistas, e incluso explícitamente prohibidas por la Organización Mundial del Comercio”.

En la experiencia como país, tenemos el intento de los economistas neoliberales en los años 2000 que trataron de convencer a la población que el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) era bueno para nuestros países. Entre los acuerdos que se planteaban estaba la prohibición de que nuestras naciones subvencionen al agro, mientras Estados Unidos mantenía las subvenciones que tiene su país, dejando a nuestros productores en competencia desigual. Este tipo de elementos nos permite contrastar los argumentos con los hechos.

Volviendo al estilo de Cardozo, en otro artículo que publicó la segunda semana de mayo (Los impuestos son un robo), ataca el hecho de que el Estado cobre impuestos; sin embargo, en él mostró algo de su forma de pensar respecto a la población: “el impuesto al apropiarse de los ingresos o riqueza de forma indirecta o directa, se ha transformado en una costumbre que no puede ser cuestionada, el precio de la certidumbre que el Estado brinda a los poco orientados, desinformados y analfabetos ciudadanos espantados por el desconocido funcionamiento de la economía es suficiente para que éste se prorrogue en el tiempo”. Si bien su crítica era a los impuestos calificándolos como “robo”, sin darse cuenta termina calificando de una forma desdeñosa a los ciudadanos.

Esa forma de escribir y ponerse por encima de la población para la cual aparentemente escribe, hace que le lleguen algunos de los adjetivos que él mismo dedica a sus fichados objetivos, como él dice, tal vez tenga que “bajarse de su trono” (expresión que usó en uno de sus recientes artículos), y exponer sus argumentos sin desprestigiar a aquellos contra quien escribe, al fin y al cabo, en el escenario político y social es importante el debate de ideas, los argumentos son los que deben confrontarse y no las personas y menos caer en el desprestigio.

Edmundo Nogales Arancibia es abogado.

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