Voces

Monday 24 Jun 2024 | Actualizado a 08:57 AM

El machismo es contrarrevolucionario

/ 26 de mayo de 2024 / 00:26

Cuando decimos que las mujeres somos la mitad de cada pueblo, estamos visibilizando la importancia del trabajo político con las mujeres, valga la redundancia. Es con subes y bajas la oscilante relación de los hermanos, con los compromisos de incluir a las mujeres como parte de la militancia del proceso de cambios. Hemos visto cómo al menor descuido los compañeros olvidan sus promesas de cambiar su machismo y rápidamente vemos que las discusiones, las visibilizaciones en testeras y las decisiones políticas, las van tomando en grupos de compañeros donde las mujeres no tienen lugar, no tienen voz, no les preguntan su posición o finalmente se rodean de mujeres que no representan la madurez política y los aportes construidos desde las organizaciones sociales de mujeres.

La lucha contra el machismo es la batalla más difícil de realizar, porque no se logra parir la comprensión del por qué es importantísimo y fundamental asumir el machismo como comportamiento contrarrevolucionario. Es vital para cualquier revolución entender la dimensión de las relaciones interpersonales, como el lugar de las alianzas históricas, que son las que transformarán un sistema de opresión, dominaciones y violencias que hacen sufrir a la humanidad y a la madre naturaleza, es un sistema tan finamente construido que no nos damos cuenta y permanentemente se recicla en nuestras relaciones cotidianas, sirve cambiar y derrocar gobiernos dictatoriales y de derecha, sin duda que sirve, pero si no derrotamos al macho dictadorcillo en nosotras y nosotros, entonces el sistema se vuelve a reciclar y aparecen los nuevos dictadores.

Si un pueblo para luchar, antes de ir a la batalla se corta un brazo, se está boicoteando a sí mismo y va a ir a la derrota. Tenemos que ir a las luchas con los dos brazos de nuestros pueblos y cada brazo es igualmente importante. Un brazo son todos nuestros hermanos y compañeros luchadores, el otro brazo somos todas las mujeres y compañeras luchadoras. El feminicidio, la discriminación de las mujeres, el acallamiento y la manipulación de las verdaderas dirigentes mujeres, lo que hace es cortar un brazo del pueblo, brazo tan importante como el otro para las luchas del proceso de cambios revolucionarios.

Entendamos de una vez por todas que por eso es que finalmente logran derrotarnos y caemos nomás en remiendos al sistema capitalista caduco. Es necesario de una vez relacionar los comportamientos machistas con las complicidades con un sistema patriarcal que es colonialista, capitalista, neoliberal que se construye sobre los cuerpos de las mujeres.

Cuando nuestros compañeros consideran que lo que las mujeres opinamos no es importante, están descalificando a su propio pueblo, el Feminismo Comunitario de Abya Yala tiene esta tarea fundamental, la formación política de las mujeres y la organización para la defensa del “vivir bien” en comunidad y la construcción de la Comunidad de Comunidades.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Cuál democracia

/ 23 de junio de 2024 / 00:03

En la soberbia colonialista que impera hasta hoy en día, se asevera que el sistema de gobierno que la democracia legitima sería el mejor medio para —dicen— elegir a los gobiernos que se encargarán de administrar una nación, apoyados en el voto popular.

Pero no son solo esos elementos anteriormente citados, en realidad es un conjunto de medidas, instituciones y símbolos que lo que pretenden es legitimar el gobierno de unos pocos sobre la mayoría. En ese llamado camino de las prácticas democráticas, en un inicio las mujeres y quienes no tenían bienes, es decir los hombres pobres o empobrecidos, no tenían derecho a participar, ni elegir ni ser elegidos. Eso estamos hablando en Europa, en la llamada Revolución Francesa.

El camino en nuestro país no fue diferente, también la democracia sirvió a unos pocos. La democracia caminó por los mismos pasos, los que votaban eran los doctores y los propietarios. Las mujeres, los y las indias no votaban y peor, tampoco podían aspirar a ser elegidos. Claramente en 1952, con la movilización popular se pretendió cambiar las cosas. Fruto de una guerra, la del Chaco, donde mi abuelo —indio aymara— Basilio Paredes luchó en Boquerón y fue declarado héroe, así muchos hermanos, abuelos y padres, fueron a luchar en una guerra que permitió a esa juventud tomar conciencia de la magnitud de lo que era Bolivia y lo que significaban los rancios resabios del feudalismo colonial. Claramente también, la movilización no tuvo como resultado democratizar ni el gobierno, ni la riqueza, ni los derechos sociales, se lo repartieron. Se encumbró a la rosca de los nuevos doctorcitos, que crearon un populismo clientelar.

Desde ahí para adelante, los grupos modernizadores del Estado boliviano se tentaron a construir una nación en el sentido capitalista y burgués, pero fracasaron, cayeron en las garras del imperialismo norteamericano y de ahí en adelante, nuestra querida Bolivia se manejó a gusto y paciencia de los gringos colonialistas, afincados en el norte de nuestro hermoso continente. Cuando les convenia a los gringos había elecciones y con candidatos de su gusto, pero cuando las cosas estaban poniéndose a favor del pueblo, obviamente no les convenia y ahí vinieron los golpes de Estado.

Fue nuestro pueblo, hombres y mujeres que logramos poner a nuestro hermano Evo, que es un símbolo de lo que estábamos buscando desde nuestros antepasados, eso es autogobernarnos. Con todos nuestros errores, este proceso de cambios revolucionarios rompió con ese ciclo. Entonces, todas estas jugarretas del tribunal electoral y del gobierno del presidente Arce dan pena, rabia y vergüenza que caigan en semejantes contradicciones; el enemigo no es el de al lado. No hay un proyecto que recoja la voluntad de participar y decidir con deliberación y propuestas, eso no hay. Un solo ejemplo, pregunto: ¿qué vamos a hacer con los cooperativistas mineros que envenenan los ríos? y ¿qué vamos a hacer con la banca privada que gana de sentada? La democracia tiene que servir para participar, proponer y decidir.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Urge un plan

/ 9 de junio de 2024 / 00:03

Nuestro país, Bolivia, es un territorio muy hermoso que abriga una historia larga que recoge las energías ancestrales de planes de vida que se han ido puliendo y forjando en medio de miedos, esperanzas, errores, aciertos, indignaciones y proyecciones que nos han hecho sentir orgullosas y dignas de llamarnos bolivianas y bolivianos. La historia reciente que se abre desde 2003, como un libro, para escribir entre todas y todos quienes participamos y apostamos por el proceso de cambios revolucionarios.

La madurez de haber estado en las calles desde muy joven me permitió saber que las revoluciones requieren mucha paciencia y humildad. No abrimos la historia de la nueva Constitución entendiendo que, de ahí para adelante, todo sería victoria y éxitos. No. Y esa convicción marca nuestra actitud madura ante lo que fue el golpe, madurez política que nos permitió, con una férrea organización, revertir en un año el dolor de haber perdido hermanos en las calles ante la resistencia a un fascismo de nuevo tipo que creció en nuestras narices, con la arrogancia de débiles y caprichosas pititas esparcidas por las calles de nuestro territorio.

El actual Gobierno fue fruto de nuestras luchas y por mucho dedazo que estuvo en medio, debemos reconocer que le dimos nuestra confianza. En estos años, permanentemente desde esta columna, estuvimos señalando con cuidado y respeto los agujeros que cada día abrían en nuestro proceso de cambios, la ineficiencia, la deshonestidad, la soberbia, la falta de consecuencia y ética revolucionaria funcionaron como taladro. Hoy sabemos que nuestro pueblo está sufriendo una crisis muy grande, necesitamos actuar y tomar medidas. Ahí el problema, no vemos propuestas sobre qué hacer, no hay un debate político de propuestas para comenzar una recuperación sostenida y no simples remiendos temporales.

Siempre fuimos claras al entender que el hermano Evo, con todos sus errores —que esperamos los corrija—, es el símbolo presidencial de la continuación del próximo tiempo de nuestro proceso de cambios revolucionarios. También afirmamos que este proceso lo llevan adelante las organizaciones y movimientos sociales que deben dejar de ser levantamanos para ser hermanos y hermanas que proponen, que se preparan, que tienen un cariño y respeto por nuestro pueblo. Lejos de posiciones prebendales, chantajistas y de lucro. Sin duda también lejos del machismo, que anula la mitad de la fuerza revolucionaria de nuestro pueblo, que somos las mujeres.

La recuperación de la profunda crisis en la que estamos en nuestro país requiere de propuestas, de un plan que debe empezar ya. Ojo, en principio no estoy hablando de acortar mandato, debemos tener cuidado al respecto. Pero sí estoy hablando que si el actual Gobierno no tiene un plan, pues de cara al pueblo, el Instrumento político MAS-IPSP debe presentar esas medidas que se articulen al próximo gobierno de 2025. No son los votos de la derecha en el parlamento lo que esta garantizando el cambio de rumbo en el Gobierno, y claro, los miopes de la derecha juran que son ellos, nada que ver, es la cancha de los ampliados del MAS de un lado y del otro los que están inclinando la balanza, no nos engañemos.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria

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Tenemos la palabra

/ 12 de mayo de 2024 / 00:53

Una de las enseñanzas de mis mayores estaba dirigida a responsabilizarme de lo que hago y lo que digo. “La palabra es lo único que tenemos los pobres”, me decía mi abuela, en un afán de inculcarme esa parte de la herencia de nuestro pueblo, de la educación en la oralidad.

Hoy la palabra sale de mi boca esa boca que aprendió a masticar los sonidos, con cuidado

para oír aquellos disparos con los que lastimaron los oídos de mis mayores. ¡Somos su continuación! 500 siglos de estridencias, cientos de años de violencias

que estremecieron la piel que guarda, la música de nuestra memoria

disimulando los latidos de nuestro amor y compasión por la tierra.

Quisieron se diluya, nuestro ser y existencia en el silencio de las tumbas

pero desde ahí volvimos armadas de palabras.

Tengo la palabra mi abuela me entrenó la lengua desde muy niña hice los ejercicios de las 5 vocales para afilar las consonantes de un idioma que invadió nuestras bocas.

Hoy tengo los sonidos en los labios hoy tengo los signos en la mano escribo en la lucha de pueblos ancestrales, por eso mi mano está firme los sonidos del corazón que ritman esperanzas y marcan el tiempo de nuestro cambio.

Mi palabra, que es lo único que tengo promete a mis hijas e hijos que no descansaré, hasta acabar con todo tipo de opresiones y plantar las semillas de la comunidad de comunidades.

¡Hermanas y hermanos, ya es hora de decir lo que soñamos!

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria

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Protección del territorio

/ 14 de abril de 2024 / 00:11

El capitalismo se posiciona en el mundo derrocando, la concepción feudal y monárquica de gestionar y administrar —desde relaciones de poder— la vida de los pueblos y la Madre Tierra. El oscurantismo de las familias del poder feudal impedía las energías creativas de los pueblos. Los conocimientos, saberes e inventos encontraban en el control monárquico y feudal sino la muerte, la cárcel, las torturas y el exilio.

Los burgueses capitalistas eran un grupito de acumuladores, avarientos usureros y explotadores, que poco a poco van imponiendo sus patrones de vida, robando el trabajo ajeno, en la explotación y la acumulación, aprovechándose de diversas circunstancias de la propia vida. Amontonaban el resultado de sus delitos en los bancos o en nuevos pillajes, denominados inversiones. Impusieron la mentira de que todo es susceptible de ser mercadería y tiene un valor para su intercambio. Tenemos que recordar que en Europa había otras formas de organizar la vida y la sociedad que querían derrotar también al feudalismo, pero no eran burgueses capitalistas.

Los actuales ladrones capitalistas herederos de esa tradición, hoy ya son invisibles, mimetizados en el carácter transnacional y neoliberal del actual capitalismo se escondieron y diluyeron de nuestra vista, pero siguen ahí robando y conspirando contra la vida y las luchas de los pueblos. De vez en cuando algún brabucón muestra la cara, como lo hizo Elon Musk, este gringo capitalista nacido en Sudáfrica, que en Bolivia lo conocimos cuando apoyó el golpe de Estado, Musk, hablando como dueño de Tesla, la transnacional de las baterías para carros eléctricos cuya materia prima es el litio, desfachatadamente dijo: “Nosotros damos golpes de Estado a quien queramos”. Este gringo es también dueño de Twitter, hoy X, y desde esta red social quiere continuar con su caprichito de “nosotros hacemos lo que queramos”.

En Brasil, el Supremo Tribunal Federal, que en Bolivia llamaríamos Tribunal Constitucional, incluyó a Musk en la investigación de las milicias digitales que participaron en el intento de golpe a Lula en enero de 2023. El brabucón se quiere cortar un huevo de la rabia y vocifera. Será muy importante que en nuestro territorio de proceso de cambios revolucionarios del pueblo, protejamos también nuestro Alajpacha, que es todo lo que está encima, parte de la soberanía de los pueblos que habitamos el territorio ancestralmente. No solo es espacio aéreo, es vida e implicaciones para la vida que tenemos que proteger, somos nosotros y nosotras que solucionamos nuestros problemas, ningún gringo debe venir a hacer lo que quiera en nuestro territorio.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Elecciones sí o sí

/ 17 de marzo de 2024 / 00:02

En la Francia de 1789, cuando se posicionó el régimen burgués con toda la parafernalia de la libertad, igualdad y fraternidad, era la igualdad, la libertad y la fraternidad para hombres propietarios, por lo tanto la mayoría de los hombres y todas la mujeres no participaban de los derechos del ciudadano y la democracia.

En la Revolución Francesa se instauró una forma nueva de relaciones con el trabajo, la producción y la madre naturaleza. Las relaciones de poder a partir de ese momento irían a servir a la producción de más capital y como el capital es un valor creado desde el capital, en base a la explotación del trabajo y de todas las relaciones que tienen que ver con el mundo del trabajo, hoy vivimos en un sistema capitalista que espera que todo se pueda comprar, puesto que para los y las capitalistas todo tiene precio y se puede vender.

Bueno, ese es el contexto del sistema capitalista que ha posicionado en el imaginario social que la democracia es el método para lograr cambios en el sistema. Ganar las elecciones y tener un gobierno, que es el Ejecutivo a cargo de la administración de las riquezas de un pueblo. El gobierno es vigilado y controlado por un parlamento o representantes de las territorialidades del pueblo; en Bolivia es la Asamblea Plurinacional que va a redactar las leyes. Esa es una parte.

Otra parte es la de la aplicación de las leyes, es decir, podemos hablar bien bonito en la redacción de la letra de las leyes y constituciones, pero el tema se va a definir el momento de aplicarlas y hacerlas cumplir. Y eso lo hace el aparato judicial, que puede manipular la interpretación de la letra y ahí es donde siempre estuvimos arruinados las y los empobrecidos por el capitalismo.

Entonces, como pueblo boliviano desmitificamos la democracia y sabemos que con el voto popular podemos controlar efectivamente ese tercer mecanismo, que estaba en manos de las oligarquías. Sin duda que la inexperiencia de elegir a las máximas autoridades del aparato judicial se hizo sentir y tuvimos graves errores, por cierto, todos subsanables.

Querer evitar las elecciones hoy es complotar contra el proceso de cambios revolucionarios del pueblo. Y es muy peligroso, pues los movimientos y organizaciones sociales no estamos dispuestos a mirar de palco cómo se manipula sinvergüenzamente por parte de algunos asambleístas. No se trata de que este gobierno se vaya a su casa, pues es un gobierno que les guste o no, fue elegido por nuestro voto, entonces hay que ser responsables de nuestro proceso mismo si el gobierno de Lucho se está pisando su propia manguera. Nosotros y nosotras, “como pueblo”, debemos cuidar el objetivo histórico del MAS-IPSP.

Cuidado con que quieran usar que hay pocas mujeres como postulantes para querer maniobrar y suspender las elecciones judiciales. Nada que ver, se tienen que hacer con las y los que hay. Y elegiremos entre todos y todas a las y los mejores. Por lo tanto, la discusión ahora no es si hay o no hay elecciones judiciales. La discusión tiene que ser cómo vamos a conocer mejor a las y los candidatos, para esta vez no equivocarnos. 

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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