Wednesday 29 May 2024 | Actualizado a 20:25 PM

Menos millones y más cojones

Economía Las cifras del fútbol son de locura, desde lo que perciben de salario los astros hasta una entrada para un partido

/ 29 de abril de 2013 / 04:00

Los jugadores del Real Madrid han tenido que tragarse la indignación de sus parciales que les espetaron en el aeropuerto de Barajas por la goleada soportada ante el Borussia Dortmund “menos millones…más cojones” en clara y directa alusión a los millonarios ingresos que perciben que para el caso contrastan, según la afición, con el poco empeño puesto frente a los alemanes por semifinales de Champions con los que se vuelven a medir en las próximas horas y a los que deben hacerles por lo menos tres goles y no recibir ninguno si quieren llegar a la final.

6.202.700 son las personas desempleadas hoy en España lo que significa el 27,16% de la población económicamente activa que seguramente viven ajenas a la burbujeante irrealidad en la que las cifras del fútbol son de locura, desde lo que perciben como salarios sus grandes astros, pasando por lo que cuesta una entrada a un estadio y lo que se eroga en materia de derechos de televisión con un 50% que se lo llevan sólo dos equipos —Barcelona y Real Madrid— y el otro 50 que es repartido entre los 18 restantes, porque si hay una liga bicéfala es esta con dos grandes instituciones y todas las demás en distintos peldaños más abajo, aunque los méritos de las que llegan en tercer, cuarto, quinto y sexto lugar en la tabla final para clasificar a la Champions y a la Europa pretendan convencernos que se trata del fútbol español, dicho así en genérico.

El gran fútbol que se juega en España, el que ha podido desplegar en estos últimos cinco años, se lo debemos a la cantera del Barcelona, al afán obsesivamente ganador del Real Madrid que tiene una política de contrataciones cercana al delirio y a las individualidades que han sabido producir las divisiones menores del resto de los clubes para lograr dos Eurocopas y una Copa del Mundo a nivel de selecciones nacionales, pero así como la inequidad se manifiesta en todos los ámbitos socioeconómicos del país, esta misma se reproduce en la estructura de la Real Federación si se miran las cifras que diferencian a los supuestos más grandes clubes del mundo, por estas horas puestos en entredicho, con las otras, las restantes, el relleno del torneo para muchos.

La liga española entonces termina convirtiéndose en la más insultante expresión de la inequidad y la inconexión con el ciudadano de a pie, pues los que pueden asistir al Santiago Bernabéu o al Camp Nou, o los que pueden adquirir las camisetas del equipo y consumir toda la oferta del merchandising representan un ínfimo porcentaje frente a aquellos que deberán resignarse a mirarlo siempre todo por Tv o a escucharlo por radio, allí donde la calidad de los grandes futbolistas termina siendo inversamente proporcional a la calidad de vida general de las mayorías.

El capitalismo tiene estos horrorosos contrasentidos: Los mejores futbolistas del planeta juegan y amasan sus fortunas en el país más destrozado económicamente de Europa y que sigue sin encontrar las fórmulas, encajonado en un recetario neoliberal inservible. Pero todo ese panorama que tiene desconsolados a culés y madridistas podría cambiar porque uno de los principales códigos de este juego pasa por eso que se llama revancha. El martes y el miércoles, entonces, los oncenos que reciban a los alemanes deberán efectivamente conseguir equipararse a sus rivales en temperamento en primer lugar si de verdad creen que es posible la proeza de revertir las goleadas sufridas en Munich y en Dortmund.

Mientras Mourinho es cada vez más claro en las señales que refieren su partida hacia el Chelsea, Vilanova ha sido ratificado en el Barça para la próxima temporada y con esas noticias ha transcurrido la semana más crítica que hayan podido vivir en los últimos años estos dos equipos que se han convertido en los más universales de toda la historia del fútbol por la enorme cantidad de seguidores con que cuentan en todo el planeta.

Julio Peñaloza Bretel es periodista y asesor de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

Los alemanes rehúyen los festejos adelantados

El Bayern Múnich y el Borussia Dortmund tendrían que jugar desastrosamente para dejar escapar las inmejorables posibilidades que tienen de producir una final alemana en la Champions.

Consecuentes con su seriedad en eso de ir paso a paso, evitando festejos prematuros, saben que deberán aplicarse del mismo modo en que lo hicieran de locales, pero tienen claro también que el Real Madrid y el Barcelona entrarán a jugar con otra predisposición anímica, en lo posible más encendidos y enchufados para intentar contrarrestar la superioridad de unos desempeños basados en la reciedumbre, en la eficacia de la marca y en la rapidez para pasar a la ofensiva.

El fútbol tiene estas cosas maravillosamente imprevisibles: Los nombrados mejores futbolistas del mundo, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, han debido vivir la semana más desdibujada de todas sus trayectorias si se tiene en cuenta la inteligencia con la que sus rivales los borraron en los partidos de ida de estas semifinales que acabaron en estrepitosas goleadas.

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Sin sentido del momento histórico

Postfacio del libro“Las limitaciones históricas y políticas del Proceso de Cambio, ¿Fin de ciclo?” de José Manuel Llorenti Rocha.

/ 26 de mayo de 2024 / 06:49

El Punto Sobre la i

“ Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.”

Castro Ruz, Fidel; diario Granma, 01 de mayo de 2001

Crítica y autocrítica es lo que ha plasmado José Daniel Llorenti Rocha en “Las limitaciones históricas y políticas del Proceso de Cambio, ¿Fin de ciclo?”, un ejercicio infrecuente en los inorgánicos partidos políticos de Bolivia, y que en el Movimiento al Socialismo – Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (MAS–IPSP), resulta más complejo y entreverado, dada su composición de fuerza política conformada por mayorías nacionales caracterizadas por un sindicalismo multiforme, en primer lugar campesino e indígena.

Leyendo con dedicación y subrayados el texto de Llorenti, se concluye que a contracorriente del lúcido derrotero que propone Fidel Castro para hacer de una revolución, instrumento indestructible, nos encontramos en un momento de sin sentido del momento histórico.

Pareciera que hasta ahora la gran mayoría de la militancia masista no hubiera asumido conciencia acerca de la dimensión de lo que significó ganarles a los partidos del establishment oligárquico con su propio instrumento, el voto, ese que ya se utilizaba en Esparta a.C. y se convirtió en el mecanismo para organizar políticamente las sociedades europeas desde mediados del siglo XIX. Así, el MAS–IPSP se convirtió en el nuevo paradigma de la política boliviana sin disparar un solo tiro para derribar a la derecha con su propio instrumento legitimador del orden democrático. Desde 2005, ganó elecciones con el 53,7% primero, con el 67,43% en el referéndum que de revocatorio al binomio Morales – García Linera se convirtió en ratificatorio (2008), a continuación (2009) con el 61,43% (puesta en vigencia de la Constitución Política del Estado Plurinacional), en elecciones presidenciales de 2009 con el 64,22%, y en las de 2014 con el 61,36%. El promedio de estos cinco actos eleccionarios y plebiscitarios es apabullante: 61,62%.

El MAS–IPSP hizo del voto el primer instrumento revolucionario y transformador que debiera exigirnos una profunda y detallada investigación sobre la demografía electoral del país, produciendo un resultado eleccionario conceptual en el que llegaba primero al gobierno, para una posterior toma del poder con capacidad de edificar hegemonía política. Después de 180 años de vida republicana, una vez determinado con lucidez el sujeto histórico indígena originario campesino, se rompieron las cadenas mentales que llevaron a indias e indios a votar por sí mismos, a pensar en autogobernarse sin los complejos y los temores producidos por siglos a partir de la supremacía blanca y racista, considerando las características de líder carismático que reunía Evo Morales.

Luego de convertido el voto en instrumento para el inicio de la construcción del Proceso de Cambio, y ateniéndonos a la muy interesante formulación del autor de este libro (de próxima aparición), acerca de la etapización de lo que se llama Revolución democrática y cultural, se produjo una segunda gran decisión que terminó por consolidar el perfil ideológico político del MAS-IPSP con la expulsión de Philip Goldberg, embajador de los Estados Unidos de América (2008), acusado de respaldar una conspiración cívico prefectural con epicentro en la entonces llamada Media Luna (Santa Cruz, Beni, Tarija y Pando), produciendo la decisión más antiimperialista que haya conocido nuestra historia. Superado el temor a usar el voto para plantarles cara a los blancoides neoliberales, se logró también superar el miedo al amo del Norte, a ese que nos hicieron creer durante todo el siglo XX que sin su ayuda y su tutelaje, sin su cooperación para el desarrollo y sus condicionamientos para meterles mano a nuestros recursos naturales como se les pegara la gana, Bolivia estaba condenada a languidecer hasta desaparecer. Transcurridos 16 años de la salida del Virrey norteamericano, las relaciones bilaterales continúan sin embajadores, a la cabeza de Encargados de Negocios.

En apenas tres años, el MAS-IPSP resignificó el uso del voto, cumplió con la llamada Agenda de Octubre determinada en 2003 luego del derrocamiento de Gonzalo Sánchez de Lozada , con la nacionalización de las empresas estratégicas del Estado (multiplicando la renta hidrocarburífera hasta llegar al récord de $us 15 mil millones de reservas internacionales en 2014) y la fundación de un Estado fuerte y distinto a través de la puesta en vigencia de una nueva constitución aprobada por voto popular, con características de plurinacionalidad como expresión definitiva de ciudadanización de la diversidad étnica de pueblos y naciones originarias, encajonados hasta entonces en una forzada mestización producida desde la revolución de 1952 para que todos nos creyéramos la fábula de una igualdad que sólo servía a la hora de favorecer con el voto a la pequeña burguesía política organizada a través del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), más tarde coludido con las dictaduras militares que dominaron la mitad de los 60 y casi toda la década de los 70.

El MAS–IPSP había logrado convencer de su proyecto a una parte de las clases medias urbanas, que por su naturaleza económica y social han carecido siempre de proyecto histórico. Con ese cualitativo porcentaje de clasemedieros, renovó entre 2005 y 2014 la confianza para seguir gobernando, luego de haberse dado el lujo, inclusive, de derrotar militarmente a las fuerzas empresariales reaccionarias del agroexportador y ganadero departamento de Santa Cruz, con el descabezamiento de los conspiradores parapetados en el Comité Cívico Pro Santa Cruz, la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo (CAINCO) y la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO).

Obtenidos los dos tercios para dominar numéricamente la Asamblea Legislativa Plurinacional, el MAS-IPSP, más precisamente el entorno que se había ganado la confianza del presidente Morales, incentivó un diálogo con las fuerzas empresariales cruceñas para generar acuerdos pragmáticos relacionados con intereses económicos que los alejaran de cualquier activismo político opositor. De esta manera, y con la comodidad de manejar vertical y horizontalmente al parlamento, dio lugar a que ese entorno se convirtiera en más gravitante que las organizaciones sociales que forman parte del llamado Pacto de Unidad, y que constituyen el Sentido Común del Proceso de Cambio o de la Revolución Democrática y Cultural. Como en tiempos de la Unidad Democrática y Popular (UDP) con la presidencia de Hernán Siles Zuazo (1982 – 1985), rodeado de un entorno que hacía y deshacía (Félix Rospigliosi, Mario Velarde Dorado, Tamara Sánchez Peña), Evo Morales comenzó a moverse en arenas donde se gestaba lo que en este libro se aborda como Culto a la Personalidad, y que para nuestra historia emancipatoria latinoamericana se denomina caudillismo, lo que significó un encaminamiento hacia un progresivo extravío en que el Sujeto Histórico, colectivo por esencia desde las identidades comunitarias, terminó convirtiéndose en sinónimo de un líder que por sus cualidades carismáticas fue mutando en mesiánico por obra y gracia de ese entorno que primero se convenció a si mismo que Evo Morales era irremplazable o insustituible. Había llegado a apoderarse de todas esas mentes, el pánico a la derrota (electoral) y fue así que a dos años de obtenido un tercer triunfo electoral (2005, 2009, 2014) se decidió llamar a un referéndum fijado para el 21 de febrero de 2016 en el que se preguntaría si se validaba la posibilidad de una nueva postulación en las siguientes elecciones presidenciales. El resultado se constituyó en la primera derrota de Evo Morales en las urnas desde que asumiera el gobierno, una década atrás.

Asumido el No a la repostulación con la que se producía la primera señal de ruptura de la confianza de la clase media “apolítica” con Evo Morales, esa que le permitió ganar por mayoría absoluta a partir de 2005, tuvieron que transcurrir veinte meses (de febrero de 2016 a noviembre de 2017) para que a través de una burda maniobra ejecutada por el Tribunal Constitucional, quedara habilitado como candidato a las elecciones de 2019, invocando su postulación como un derecho humano erróneamente sustentando en el Pacto de San José, – -argumento desestimado cuatro años después por la Corte Interamericana de Derechos Humanos—.

Si el voto popular de 2005 se había constituido en un instrumento de liberación nacional, ahora Evo Morales se había atrevido a depreciar la importancia estratégica e histórica de ese mismo voto en la vida ciudadana, desconociendo el referéndum del 21F de 2016, esto es, desconociendo la decisión soberana del voto para correr hacia una candidatura que aceleró un desgaste que desembocó en su derrocamiento exactamente dos años después, luego de caminar penosamente hacia una campaña electoral dinamitada por acciones orquestadas por la derecha a través de la llamada “Revolución de colores”, a partir de la deslegitimación que significaba haber desconocido de manera inaceptable una decisión ciudadana producida en las urnas.

Como si no hubiera sido suficiente equivocar el camino imponiendo una candidatura viciada de nulidad, en pleno proceso electoral (octubre, 2019) fue suficiente un imperdonable error táctico suspendiendo la publicación de la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) de la elección en la que Evo Morales ganaba pero sin llegar al 50% de los votos, lo que dio lugar a que se ejecutara el tiro de gracia acusándolo de fraude con la activa participación internacional de la OEA y las calles inflamadas de indignación, ocupadas por las clases medias a las que dos años antes se les había robado el voto.

A partir de entonces, con un año de gobierno erigido anticonstitucionalmente, a través de un golpe de Estado cívico-policial-militar, empezó a gestarse la pérdida del sentido del momento histórico con un Evo Morales fastidiado por no poder ser nuevamente candidato para las elecciones que se llevarían a cabo en 2020, aceptando a regañadientes al binomio Arce – Choquehuanca por él mismo impuesto, convirtiéndose en jefe de campaña desde Buenos Aires, ciudad de la que retornó desde el exilio para convertirse a muy pocos meses de asumido el gobierno por el otra vez triunfante MAS-IPSP (55.10% de la votación) en el principal detractor de la presidencia a la cabeza de quienes habían sido sus ministros (Economía y Relaciones Exteriores) con mayor tiempo en el ejercicio de sus cargos.

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La maquinaria electoral que el bloque popular había sabido utilizar entre 2005 y 2014 con el cualitativo aporte porcentual de las clases medias urbanas, se convirtió en el artefacto democrático perforado por esa conducta en la que convergen la superlativización de un personaje público en la política: culto a la personalidad, caudillismo, mesianismo.

El momento administrativo-burocrático del MAS-IPSP en esta cuarta presidencia, ya no a la cabeza de Evo Morales, marcaría lo que Llorenti caracteriza como Fin de Ciclo. Pasado el tiempo de la épica transformadora, nos encontramos ahora en un tiempo de transición que en el contexto internacional tiene a las fuerzas políticas de la extrema derecha queriendo comerse el mundo, para aplastar de una buena vez y para siempre, las ambiciones de justicia social sin admitir matices de las distintas tonalidades de izquierda que abarcan lo nacional popular hasta un socialismo más radical, que por cierto, está cada vez más lejos de ser realidad en estos tiempos de tecno política en que las grandes decisiones-digitaciones del poder económico transnacional pasan por la mensajería socio digital.

Los errores estratégicos y los pasos tácticos en falso nos informan que este ciclo del MASIPSP ha concluido. La división y el enfrentamiento, generadores de incertidumbre cotidiana, no nos permiten vislumbrar por ahora si habrá tiempo- espacio para su reinvención.

 (*)Julio Peñaloza Bretel es periodista

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Nación Menotti: Un espectáculo para pensar

El 5 de mayo falleció el entrenador argentino César Luis Menotti, Julio Peñaloza recupera un texto que hizo sobre la visión de este estratega

Por Julio Peñaloza Bretel

/ 19 de mayo de 2024 / 06:45

Pep Guardiola se convirtió en la confirmación de todo cuanto César Luis Menotti pregonaba desde los años 70 sobre el juego a partir de una militancia, de una visión del mundo. Definió que el catalán era el Che Guevara del fútbol. Fue en 2014 que el más talentoso pedagogo de la palabra futbolera en castellano pronunció las últimas palabras, tajantes e irrebatibles: Jugar bien puede ser una cosa para unos y muy distinta para otros. De lo que ya no hay duda es de en qué consiste jugar lindo. La inteligencia, la claridad conceptual y el buen decir fueron características de este que nos enseñó a amar el fútbol como manera rotunda y lúdica de amar la vida. Extrañaremos tanto al Flaco, con la certidumbre de que siempre estará entre nosotros. A continuación el texto (originalmente publicado en 2014 y ahora con algunas actualizaciones) que homenajea a ese flaco, fumador empedernido que partió a los 85 años, víctima de una anemia severa:

Cómo le pega Leonardo Pisculichi de media distancia. Para disparar al arco o para enviar centros perfectos a sus compañeros mejor habilitados.  Cómo le pega  Neymar Jr. que le hizo el segundo al PSG con la clase de los que saben, desde fuera del área y con el ligero efecto que hace del remate, pelota inatajable. Cómo le pega Marcelo Martins que anotó uno de bolea en su cierre de temporada para ser nombrado el mejor extranjero del Brasilerao. Pisculichi estaba de regreso de Qatar con 30 años y el ojo clínico de Marcelo Gallardo sirvió para que un jugador en retirada se convirtiera en la manija de River Plate para conquistar la Copa Sudamericana. Pasar bien y recibir bien son fundamentos ineludibles con los que debe contar un buen futbolista, pero pegarle con precisión y puntería pueden encausar triunfos como el obtenido por los de la banda roja frente a Atlético Nacional de Colombia, o el Barcelona dando vuelta un marcador en partido de Champions, o el Cruzeiro cerrando la temporada con un año fabuloso para el más importante jugador boliviano fuera del país.

El entrenador argentino César Menotti con Pep Guardiola
El entrenador argentino César Menotti con Pep Guardiola

Siempre convencido de que el buen trato de la pelota es el que marca las diferencias de calidad entre unos y otros —para pasarla, para gambetear, para pegarle de lejos—, me reencontré con los orígenes que me convencieron de que el fútbol es un espectáculo para pensar. Esos orígenes están exclusivamente vinculados a mis ávidas lecturas de El Gráfico en 1978 cuando César Luis Menotti, además de ser el seleccionador argentino, fue el locuaz narrador de una aventura entremezclada por jugadores bonaerenses con otros de provincia, que terminaría con la obtención del primer título mundial para la albiceleste.

Pues bien, el número de El Gráfico del último mes de 2014 se presenta con un primer plano del Menotti actual (76 años), canoso, surcado en su rostro por el transcurso del tiempo, quien ofrece respuestas a 120 preguntas y cero cigarrillos luego de haber sido fumador empedernido, que lo confirman como al entrenador que nos enseñó que el fútbol es jugar bien, pero que para ello, aparece como casi imprescindible contar con el maravilloso instrumento de la palabra para vehicular una manera de comprender y explicar el juego, y para eventualmente rebatir tantos falsos debates acerca de la asociación que se hace entre buen fútbol y resultado.

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A Menotti le debemos infinitas reflexiones, incontables ejemplos, ácidas comparaciones y rivalidades que vale la pena sostener, en el convencimiento de que siempre será un buen ejercicio intelectual combatir a los detractores del discurso creativo, los portavoces y hacedores de la practicidad, del camino vertical y simplificado, de la espera antes que de la búsqueda, del ponerse a buen resguardo antes que arriesgar, de los cultores de la falta táctica para anular la inventiva del otro, en la medida en que se carece de prosa o poesía propias. Y es justamente en estas coordenadas que el fútbol seguirá invariablemente siendo juego antes que  botín político, —a pesar de haberse convertido en un negocio descomunal— ese que el propio Flaco calificó alguna vez: “Amo el fútbol, pero su entorno me pudre”.

Menotti fue mi maestro por entregas semanales de la legendaria revista argentina. Me enseñó a mirar el juego apreciando la sensibilidad de los artistas que terminan dominando la pelota con todos sus misterios de trayectorias o inexplicables desapariciones, y es a partir de él que pude entender mejor lo que hizo Brasil del 70, Holanda del 74 y el Barcelona de la prodigiosa década de la santísima trinidad, Messi, Xavi e Iniesta. Justamente en esta conversación con el periodista Diego Borinsky encontramos, como si se tratara del hallazgo que nos faltaba para completar el rompecabezas de nuestras convicciones, el siguiente criterio sobre lo hecho por Josep Guardiola en La Masía y el Camp Nou: “Lo de Guardiola fue un huracán devastador, arrasó con toda la trampa y la mentira, los aniquiló de tal manera que ahora hasta los italianos quieren tener la pelota y jugar. El único que cada día juega peor es Brasil.” Y como para hacer más ilustrada tan rotunda afirmación, completemos el panorama con esta otra: “Fueron asesinados por Guardiola. Felizmente asesinados, los decapitó, les cortó la cabeza, las patas, se acabó, no se puede hablar más, porque ahora Guardiola va a Alemania y mete 7 goles, o como el otro día, que su equipo hizo 35 toques y la empujaron adentro del arco. Se acabó. Esto no quiere decir que no se pueda ganar de la  otra manera, eh, pero eso que ello pregonaron de que no se puede ganar jugando lindo, eso que hay que ganar y punto, se acabó. Ahí tenés a Guardiola: juega lindo, te ganó 16 títulos, les rompió el culo a todos, inventó a un montón de jugadores. A Piqué lo trajo por dos mangos de Zaragoza, Puyol decían que era un burro que no podía jugar y la rompió. Iniesta era suplente. Se acabó. Los decapitó.”

Diego Armando Maradona

¿Qué más? Para fines de comprensión del contexto boliviano es bueno recordar algunas frases convertidas en eslogans, proferida por algunos jugadores de nuestra liga: “No importa si jugamos mal, lo importante es que ganamos” o “hay que ganar como sea”. Listo. Son esos mismos jugadores los que culpan al sol, la luna, las estrellas, la lluvia, el estado del campo, los árbitros y cuantas excusan encuentren en el camino para justificar su mediocridad o las limitaciones inocultables de sus desempeños. He aquí entonces la explicación de por qué inicio este texto refiriendo las virtudes de tres futbolistas —Pisculichi, Neymar Jr, Martins— que demuestran lo que son con la pelota y no por lo que no pudieron conseguir en la vida. He aquí la explicación de por qué en Bolivia no hablamos de fútbol como nos lo propone Menotti, porque puede resultar incómodo el desmontaje de escuálidas propuestas tácticas basadas en la espera y en el contraataque tal como consiguió en gran medida The Strongest su tricampeonato: Jugando a lo Tigre, con valentía, tantas veces feo y casi siempre pensando primero en el cero en arco propio. Así de pobre es nuestro “profesionalismo”, en el que se debate sobre la filosofía de la papa frita y casi nada sobre cómo tratan la pelota nuestros equipos.

Han transcurrido 46 años desde que Argentina ganara en el Monumental de Buenos Aires su primera Copa del Mundo, y la marca rosarina de Menotti sigue indeleble, así como las de paisanos suyos, igual de valiosos por su inteligencia y claridad conceptual para comprender el juego como Marcelo Bielsa, Jorge Valdano, Lionel Messi, o Norberto Fontanarrosa. Así, con personajes de tan grande credibilidad, el fútbol, continúa siendo una extraordinaria aventura a descubrir y conquistar todos los días en el verde césped.

Texto: Julio Peñaloza Bretel

Fotos: Internet

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Fútbol siete

/ 18 de mayo de 2024 / 00:23

Algún día aprendí que un equipo de fútbol se organiza de atrás para adelante, que la defensa se planifica y el ataque puede improvisarse. Que los centrales deben ser algo así como la guardia pretoriana de un onceno, los laterales deben ser primero vigilantes y si se puede, una vez liberada la zona de riesgo, combatientes de toque-ataque, de frente y costado (cómo no recordar a Cafú y Roberto Carlos), y que los delanteros están para inventar el desastre que pueda despatarrar a la defensa contraria, que al igual que la propia debe estar conformada por gladiadores dispuestos a evitar que pelota y rival pasen, y las posibilidades de que la portería propia no sea batida sean apreciablemente grandes. Defender es planificar, atacar es inventar, defender es recuperar la pelota de los pies del adversario, atacar es manejar la pelota para que el rival no pueda robarla y así enfilar hasta el otro arco y marcar.

Veo al Bolívar de Flavio Robatto perder por goleada contra el Flamengo de Tite, y lo primero que puede percibirse es que la Academia está organizada exactamente al revés: de adelante para atrás. Tiene los mejores delanteros del fútbol boliviano, un punta como Fran da Costa siempre con el arco entre ceja y ceja, mientras sus diabólicos muñecos-amuleto, Chucky y su novia Tiffany, descansan en el vestuario haciendo vigilia o brujería, quién sabe, para que Shico (así se pronuncia en el sur del Brasil) esté en condiciones de descoserla y anotar. Sus compañeros son Patricio Rodríguez (su sobrenombre, Patito, no le hace justicia a su temperamento), extremo izquierdo de gran movilidad que incursiona por la banda hacia adentro, lo mismo que hace por derecha Bruno Savio con la misma disposición escurridiza y eficacia para ingresar en el área rival, y él mismo, o alguno de sus socios estratégicos, hacer goles sin atenuantes.

Da Costa-Rodríguez-Savio conforman uno de los mejores frentes de ataque de Sudamérica, como se puede comprobar en esta Copa Libertadores en pleno desarrollo, y si a ellos le sumamos la conexión con Ramiro Vaca que abastece muy bien la zona combustible de Bolívar, respaldado por Justiniano y Saucedo en la mitad de la cancha, Bolívar con la pelota tiene necesariamente que ser protagonista, por iniciativa y calidad, y por ello no es casual que encabece la tabla de posiciones en su grupo y esté a medio paso de clasificarse por segundo año consecutivo a octavos de final. 

De vanguardia, con características de excelencia, Bolívar es un equipo inversamente proporcional hacia atrás, con una retaguardia que puede terminar de darle la razón al colombiano Faustino Asprilla que afirmó con desconsideración e irrespeto que “los bolivianos son de madera”. Bueno, en realidad, de madera podría ser uno que no es boliviano, Orihuela, central uruguayo que pifió una pelota a título de despeje y que ocasionó el segundo gol de Flamengo. Al minuto de iniciado el partido, Saavedra, que de lateral tiene nada, había dejado expedita la banda izquierda en la que debía estar para cubrir a Gerson, que anotó la apertura e inició el festival que concluyó con un 4-0 sin discusiones y que parece no incidirá en la inminente clasificación bolivarista, a falta de una fecha para la conclusión de la fase de grupos.

Con Orihuela, o mejor dicho, sin Orihuela, uno menos. Con Saavedra improvisado como lateral izquierdo, dos menos. Con Sagredo de lateral derecho, tres menos. Y con el recientemente recuperado de una lesión, el ecuatoriano Ordóñez, cuatro menos. Dos centrales y dos laterales que le hacen transpirar la gota fría al portero Carlos Lampe, que ataja muy bien, pero al que se le cuestiona por no saber manejar los pies. A rezar bolivaristas, el equipo más campeón del fútbol boliviano y con más participaciones en torneos internacionales puede contar con siete futbolistas que garantizan calidad y eficacia, pero, lamentablemente, con una base defensiva a la que puede poner en problemas el Fla, pero también el principiante y flamante campeón San Antonio de Bulo Bulo. Si se sabe atacar a Bolívar, la chapa de gran equipo se le puede terminar oxidando.

Hay que ser justos y memoriosos: con Roberto Carlos Fernández, que se fue al Baltika Kaliningrad de Rusia, y Diego Bejarano, que ahora está en Oriente Petrolero luego de una salida con portazo incluido, Bolívar contaba con laterales solventes y experimentados, y con otro uruguayo, el indisciplinado y violento Bentaberry, había más solidez en la zaga junto a Sagredo (no sé cuál es José y cuál Jesús, disculpas por mi desinformación, pero los gemelos pueden confundirnos). Para decirlo pronto y fácil: Bolívar tiene un equipo de siete, no de 11 futbolistas. Son el portero, los mediocampistas y el tridente ofensivo. La línea de fondo, habitualmente línea de cuatro, es un lamento boliviano. El presidente del club, Marcelo Claure, anuncia reajustes o refuerzos cuando se abra el libro de pases. Es justo y necesario. Un equipo con la historia y las ambiciones de Bolívar, necesita 11 futbolistas en el campo. No siete.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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El yerno de la Embajada de México

/ 4 de mayo de 2024 / 00:47

Dice el escritor chileno Ariel Dorfman que al presidente de Ecuador, Daniel Noboa, le hubiera sido suficiente con leer El derecho de asilo (1979) de Alejo Carpentier para no decidir el asalto policial a la Embajada de México en Quito con el objetivo de llevarse a las rastras al exvicepresidente Jorge Glas por hechos de corrupción. De esta manera, el autor del célebre Para leer al Pato Donald, escrito junto a Armand Mattelart (1972), ejemplifica la indisimulable falta de lecturas de la que hacen gala los líderes de nuestro continente, eventualmente gobernantes en cada uno de nuestros países.

Si Noboa hubiera leído a Carpentier, se hubiera enterado por comparación que a Glas le esperaba una reclusión voluntaria con privación de libertad de movimiento, que es la del refugio político, según lo dicta la Convención de Viena acerca del asilo al que tienen derecho quienes son perseguidos y amenazados en sus derechos como ciudadanos. Si el presidente ecuatoriano no hubiera decidido violar de la manera más obscena el derecho internacional, Glas estaría ahora preso, dirían algunos que en una jaula de oro, pero preso al fin, como le sucedió por siete años a Julian Assange que vivió refugiado, vaya qué casualidad, en la Embajada de Ecuador en Londres y al que el presidente Lenín Moreno le quitó la ciudadanía otorgada por su traicionado antecesor Rafael Correa, y por supuesto que el asilo político para que la policía inglesa se lo llevara detenido.

La presidenta de facto Jeanine Áñez estuvo a un paso de cometer abuso parecido, vaya qué casualidad, con la misma Embajada de México, pero en La Paz, cuando el régimen transitorio y golpista comenzaba a vivir una borrachera de poder sin resaca, ordenando instalar reflectores que no dejaban descansar por las noches a exministros y otros colaboradores del gobierno de Evo Morales que se refugiaron en dicha legación diplomática, para de esta manera ponerse a salvo de la cacería encabezada por el ministro de Gobierno Arturo Murillo y la canciller Karen Longaric, que negó la otorgación de salvoconductos a la mayoría de los que estaban allí, seguro que en su pensamiento más íntimo, para sentarles la mano a esos masistas de mierda.

La entonces embajadora mexicana María Teresa Mercado terminó siendo declarada persona non grata, que entre noviembre y diciembre de 2019 honró la tradición histórica mexicana del asilo político, protegiendo a quienes se habían refugiado en su residencia, situada entonces en la exclusiva Rinconada de la zona Sur de La Paz. Quienes estuvimos por allí entre el domingo 10 y el miércoles 13 de noviembre de 2019, apreciamos la profesionalidad y la diligencia hospitalaria con que el personal mexicano boliviano dispuso las cosas para preparar una estadía de más de 10 personas que se prolongó por el año en que gobernó Áñez entre la pandemia, los negociados, las masacres y las violaciones a los derechos humanos de un par de miles de ciudadanos a los que se persiguió, encarceló y torturó por el sacrilegio de haberse manifestado en defensa de la permanencia de Evo Morales en el gobierno hasta que concluyera su mandato.

Es bueno que quienes no lo saben, se enteren ahora que la embajadora Mercado acompañó a Luis Arce Catacora, entonces exministro de Economía, hasta la puerta del avión con el salvoconducto en mano que autoridades policiales pretendían desconocer, con intentos de evitar que el ahora Presidente del Estado pudiera partir hacia Ciudad de México. (Tema del que conversamos en el breve ciclo televisivo Memoria por ATB Red Nacional, el domingo 14 de noviembre de 2021).

La ahora exembajadora en Bolivia —hace poco nombrada Subsecretaria del Ministerio de Relaciones Exteriores con responsabilidades de dirección de la política exterior mexicana con África, Asia Central, Asia Pacífico, Medio Oriente y Europa— trabajó con rigor y firmeza durante esos difíciles días en que sus breves relaciones con la canciller Longaric se hicieron tensas, pero si esto no fuera poco, la visita del yerno del propietario de la casa de la residencia que ocupaba María Teresa Mercado puso en evidencia eso que popularmente se llama aprovecharse del pánico. El solícito yerno del dueño de casa, Raúl Garafulic Lehm, fue a pedir un incremento del 50% del monto mensual del alquiler, con el folklórico detalle de que por el pago mensual del contrato éste no emitiría factura. Para quienes todavía tampoco lo saben, Garafulic, que se mandó a cambiar del país, fue el propietario del desaparecido diario Página Siete que dejó a la vera del camino a sus periodistas y trabajadores impagos por varios meses de salarios y sin la posibilidad de cobrar beneficios sociales.

Entre la falta de experiencia literaria de Noboa, la traición y el atropello de Lenín Moreno y el apriete de Garafulic a la embajadora de México, no puede haber dudas que lo pintoresco y lo cínico pueden terminar convirtiéndose en sinónimos. 

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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LLAKI: un viaje de cuerpo y alma en clave kallawaya

El director Diego Revollo estrenó su película documental el 18 de abril en la Cinemateca Boliviana

La cinta boliviana está dirigida por Diego Revollo y producida por Miguel Nina.

Por Julio Peñaloza Bretel

/ 21 de abril de 2024 / 06:49

Lunlaya es el lugar en el mundo en el que un niño comienza narrando de cuántas vacas dispone su comunidad: 16. Trepa hacia lo más alto de un cerro para revisar si están todas, y en ese trayecto cuenta como el cóndor ataca al ternero y dice que si luego de someter al mamífero van apareciendo más cóndores, significa algo así como el arribo de la destrucción, de la rapiña que destroza y mata. Ese mismo niño juega y ríe con una maquinita entre sus manos, y repite hakuna matata, frase que hiciera universal El rey león, cinta de la poderosísima transnacional del audiovisual Disney. Es muy probable que ese niño de sonrisa luminosa no sepa que hakuna matata significa “no hay problema”, “sé feliz” o “no te preocupes” y que pertenece a la lengua africana suajili (Tanzania, Kenia, Uganda), que la canción de la película de animación que ha circulado por todos los mares y continentes fue compuesta por Elton John y Tim Rice y que con el impulso de la voracidad mercantil, Disney se la apropió, lo que provocó la indignación de sus hablantes originarios.

Si introduzco el abordaje de Llaki con esta referencia a Disney es porque se debe tener presente, ahora más que antes, que prácticamente ya no existe rincón en el mundo que no haya sido penetrado por la dominación informática y tecnológica, pero que a pesar de ello, todavía es posible encontrar una inquebrantable resistencia cultural de los habitantes inmersos en sus orígenes, desde la respiración hasta la piel, exponiendo su granítica identidad, y en este caso, esa notable y casi milagrosa fusión entre la materialidad de la sanación ancestral y la espiritualidad con la que se viaja hacia las profundidades de la naturaleza y sus bondades que alimentan y curan, que conducen al inacabable viaje hacia la comprensión de que sanar significa no necesariamente superar plenamente una enfermedad, sino asumirla desde los límites humanos a partir de un laborioso reaprendizaje de construcción de la identidad/entidad humana hecho de músculo y hueso, pero en primer lugar de pensamiento y sensibilidad.

En un radio receptor popularmente llamado radio canchera, de esos en los que se escuchaban las transmisiones de partidos de fútbol décadas atrás, un locutor hace una mención al “Estado Plurinacional de Bolivia” sin más, único elemento informativo acerca del país del que forma parte la familia kallawaya Ortíz Ramos, que dialoga e interactúa con los Revollo, hijo y padre, cineasta y médico urólogo, formados en universidades convencionales del occidente urbano, que acuden continuamente a Lunlaya sin el mínimo atisbo de ese paternalismo conservador que suele subestimar la vida rural en la que tiempo y espacio difieren de la vorágine del mundanal ruido de las ciudades.

La combinación de fotografía fija, que se constituye en memoria de viaje, con planos generales de un lugar en que la magia no es folklore ni exotismo étnico, y los primeros planos de sus protagonistas, hacen que Llaki pueda sustentar su marca audiovisual a partir del sentido en el que no aparece una intención de “hagamos una película sobre los kallawayas”, sino más bien un viaje existencial que genera como consecuencia un documental en el que la experiencia intercultural de sus participantes enfatiza la riqueza de la comunicación, a través del registro de la calidez de rostros y gestos y la calidad de los testimonios a través de las breves narraciones de esos que son simultáneamente guías espirituales y sanadores.

Diego Revollo, luego de sufrir la pérdida auditiva del oído izquierdo y experimentar una parálisis facial parcial, imposibilitado de encontrar respuestas médicas en la consulta del especialista que trabaja en hospitales y clínicas —la medicina suele no ofrecer soluciones a muchísimos males desde la frialdad científica—, se decide a viajar y escuchar las voces que nacen de otros saberes sobre los procesos de curación que no terminarán resolviendo una limitación física, pero sí le permitirán descubrir una nueva manera de comprender, asumir y cultivar su interioridad humana: Una de las voces abrigada por fuegos de leño nocturnos reflexiona con la sabiduría que da la experiencia acerca de nuestra incapacidad humana para agradecer todo lo que la madre tierra nos provee, que así como nutre puede destruir: el fuego que nos abriga, puede también quemarnos.

Llaki es una experiencia cinematográfica, y por lo tanto, bastante más que sólo una película.  Completa una década de cercanía, y por lo tanto confianza y afectividad, entre el director de la película, su propio padre, su pequeña hija y su equipo en diálogo continuo con la familia Ortíz Ramos, que certifica el valor identitario de la cosmovisión kallawaya en la que su ritualidad cotidiana privilegia espíritu y naturaleza como sentido existencial y es a partir de estos términos que debe ser leída como narración del acercamiento humano y los rasgos esenciales de una cultura que ha trascendido fronteras y ha sido reconocida en sus cualidades originarias.

La palabra con la que se titula la película significa tristeza, melancolía o pesadumbre, pero a partir de su irrupción, con sus hallazgos y certezas, Llaki termina resignificando el renacimiento y el encuentro donde se impone la horizontalidad en la comunicación en clave de respeto por las convicciones mutuas.

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Ficha Técnica

  • Título LLaki. Dirección: Diego Revollo.
  • Fotografía: Miguel Nina y Mauricio Ovando.
  • Música: Jorge Zamora (Zamorita).
  • Casa productora: Transbordador Audiovisual.
  • Con la participación de: Aurelio Ortiz, Juan Ortiz Jiménez, Melisa Ortiz, Valentín Ortiz, Justina Ramos, Apolinar Ramos, Fernando Revollo, Amaya Revollo. Duración: 72 minutos. AÑO: 2023. PAÍS: Bolivia.

Texto: Julio Peñaloza Bretel

Fotos: Transbordador Audiovisual

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