Voces

Sunday 19 May 2024 | Actualizado a 00:26 AM

Comidas adictivas de peligro

/ 13 de enero de 2016 / 04:03

De acuerdo con representantes del Ministerio de Salud y del Colegio de Nutricionistas, tres son los alimentos más adictivos presentes en la dieta de los bolivianos: las gaseosas, el pollo a la broaster con papas fritas y las sopas instantáneas.

El problema es que estos alimentos, además de contener sustancias que producen sensaciones de placer similares a las drogas (generando de esta manera dependencia entre los consumidores), conllevan serios riesgos para la salud. En efecto, además de caries, se sabe que las bebidas azucaradas provocan diabetes, una enfermedad silenciosa con terribles efectos para la salud, responsable de la mayoría de los casos de ceguera en el país y de la amputación de los miembros inferiores, amén de causar la muerte en sus etapas avanzadas, luego de un prolongado y doloroso deterioro de todo el organismo.

Por otro lado, por culpa de las frituras como el pollo a la broaster y las papas fritas, la obesidad y el sobrepeso han dejado de ser un problema de salud público exclusivo de los países industrializados, y ahora también aquejan a cientos de miles de bolivianos. Por último, no sobra recordar que el excesivo consumo de sal, presente en las sopas instantáneas y en otras comidas procesadas, está detrás de padecimientos tan graves como los infartos, pasando por problemas en los riñones y cáncer de estómago.

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Lynch

/ 19 de mayo de 2024 / 00:20

Cuando se erosiona la institucionalidad democrática y la población descree de ésta, es que el síndrome del caos y el río revuelto se convierte en la gran oportunidad de politiqueros y personas sin escrúpulos. Estos grupos que hicieron de la política una forma de enriquecimiento ilícito y ascenso social, en otras palabras, un emprendimiento empresarial vaciado de contenidos ideológicos y programas, convertido en una vulgar actividad comercial, son los beneficiarios directos. De estos jubilosos practicantes está plagada la política y los cargos ejecutivos en los gobiernos. La democracia ha democratizado, paradójicamente, la mediocridad y la banalidad mercantil para desgracia de las mayorías. Es una democracia al revés, se elige para representarnos a la mayoría a supuestos ciudadanos probos para que estos, por artilugios leguleyescos, se conviertan en minoría dictatorial. Eso ocurre en la Asamblea, salvando contadas excepciones que son engullidas sin piedad.

La ausencia del Estado en las múltiples poblaciones de Bolivia es una presa mucho más fácil de controlar por clanes familiares y grupos incrustados en pequeñas bandas que conforman auténticos consorcios delincuenciales que se dedican al contrabando, el narcotráfico, los robos a pequeña escala, entre otros delitos que siempre quedan impunes ante la ausencia de una autoridad que articule controles mínimos para una convivencia pacífica o por lo menos tolerable. Eso no ocurre porque las autoridades son devoradas y más bien se convierten en los principales organizadores de estos atropellos, con la ventaja que representan la autoridad del Estado.

No es sorprendente que un jefe de Diprove, dirección encargada de prevenir y luchar contra el robo de vehículos, se convierta en narcotraficante en poco tiempo, porque ambos delitos están conectados. Estas oficinas que están en la ciudad de La Paz reflejan físicamente los contubernios y tratos oscuros entre los “investigadores”: si es un automotor viejo te piden una serie de documentos para que pierdas tu tiempo obteniéndolos y escapen los ladrones; en tanto, si se trata de un automotor último modelo todo marcha muy rápido porque hay una recompensa extra que tú no puedes ofrecer y tu automotor aparece porque el “investigador” conoce a los delincuentes especialistas en cerebros electrónicos. Para el primero no hay esperanza, nunca aparece el automotor ni siquiera “charqueado” en la feria de la 16 de Julio o el Puente Vela. Esas oficinas donde se cocinan estos tratos funcionan casi a media luz, con el techo muy bajo; en un recoveco de las laderas del oeste. Por allí desfilan los ingenuos que aún creen en la eficiencia de la Policía y de su letrero: “Todos somos iguales ante la Ley”.

Ante la ausencia de una autoridad confiable, la furia y la irritación empiezan a confluir entre las poblaciones que, más bien, se sienten amenazadas por la Policía misma y surge la emotividad comunal dejando atrás el racionamiento, y explota la complicidad linchando a delincuentes sin juicio previo, porque tampoco la Justicia es una garantía creíble, sino todo lo contrario. Esta terrible práctica que viola todos los derechos humanos es un fiel reflejo de la decadencia de los valores y de la capacidad de los dirigentes mundiales que, en sesiones rimbombantes, pregonan el año de los derechos humanos, del niño, de la naturaleza, pero es evidente que la humanidad no ha avanzado, mientras la tecnología nos aleja más de estos valores elementales de convivencia.

El coronel Ch. Lynch (1738-1796) tuvo el trágico honor de convertir su apellido en verbo mortífero, cuando durante la Guerra de la Independencia de Norteamérica mandaba tropas a reducir sin juicio previo a colonos leales a la Corona inglesa. En ese ambiente belicoso sin reglas, estos grupos consideraban actos éticos frente a una población desguarnecida. Bolivia pareciera que estuviera en estado de apronte por el lenguaje belicoso, cargado de odio que destilan los asambleístas frente a sus ocasionales rivales que, se supone, son también hombres y mujeres probos que nos representan, pero la impulsividad atávica de violencia verbal los atrapa y muchas veces se convierte en agresión física. Tal vez no tienen la capacidad para percibir que los estamos observando y piensan que sus actitudes de una supuesta fiscalización no son otra cosa que un instrumento para objetivar su grado de radicalidad que nos hace un profundo daño y puede recalar en escenarios más peligrosos.

 Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Coordinación regional en eventos internacionales

/ 19 de mayo de 2024 / 00:19

En pocas ocasiones del pasado la situación internacional fue tan compleja como en esta época de predominio de la geopolítica en las relaciones internacionales, profundas innovaciones tecnológicas con impactos relevantes en los modos de producir, consumir, entretenerse y también de hacer la guerra, y todo eso en medio de graves repercusiones del calentamiento global y sus efectos devastadores en varias zonas del mundo.

Además de todo eso, también es preciso mencionar, por una parte, la situación de endeudamiento extremo que registran algunos países como consecuencia de la pandemia del COVID- 19, así como la nueva intensidad que adquieren las migraciones internacionales, por otro.

Pero quizás la mayor novedad de esta época consista en que todas las calamidades mencionadas se difunden todos los días en tiempo real a una gran mayoría de la población del planeta, por los diferentes medios de comunicación o por las redes sociales. En efecto, nunca en la historia pasada la gente en los diferentes países ha compartido la misma información proporcionada por las grandes cadenas mediáticas o intermediada por megamonopolios tecnológicos tales como Apple, Google, Amazon, Meta (ex Twitter), Microsoft y TikTok.

Así vistas las cosas, se comprende la necesidad de que exista una regulación internacional relacionada al menos con los propios contenidos de la información que se difunde, así como respecto de la tributación efectiva y justa de las enormes ganancias de los monopolios tecnológicos y comunicacionales.

Ningún país por sí solo está en condiciones de regular con eficacia este conjunto de aspectos que caracterizan la situación global hoy. Es imprescindible por consiguiente que existan instancias multilaterales con potestades efectivas para generar las respectivas normas y acuerdos sobre el financiamiento destinado a combatir el calentamiento global, la atención humanitaria de las migraciones y la renegociación de la deuda de los países altamente endeudados, entre otros temas.

Están programados para este año varios eventos internacionales que tratarán los temas del financiamiento global con participación de los bancos multilaterales de desarrollo, las reformas del sistema de las Naciones Unidas y el desbloqueo en que se encuentra por el momento el Consejo de Seguridad.

En tal contexto, resulta totalmente inconveniente que los países latinoamericanos carezcan de una posición compartida sobre dichas materias. La transición hacia un nuevo orden internacional será probablemente larga y superará con creces los usuales períodos presidenciales entre cuatro y seis años, motivo por el cual sería recomendable que se establezcan mecanismos con mandatos largos para que los países de América Latina puedan presentar sus posiciones comunes y defender sus intereses compartidos en las negociaciones que se avecinan.

Las circunstancias políticas vigentes en los países de América Latina y el Caribe no permiten abrigar demasiadas esperanzas en materia de sólidos acuerdos en temas globales. Las diferentes expectativas sobre el resultado de las elecciones de noviembre de este año en Estados Unidos forman parte ciertamente de los obstáculos que entorpecen los consensos sobre iniciativas diplomáticas efectivas en temas internacionales.

Sin embargo, se podrían avanzar ciertas iniciativas relevantes en América del Sur, cuyos recursos naturales agregados constituyen una formidable base de negociación frente a actores globales que los tienen en su mira. Se trata por supuesto, en primer lugar, de la Amazonía, pero también de los minerales necesarios para la transición global hacia las fuentes renovables de energía.

Lo mínimo a que se podría aspirar en las actuales circunstancias es a la adopción de algunos principios comunes respecto a la negociación sobre las actividades extractivas y las que se llevan a cabo en los bosques amazónicos.

 Horst Grebe es economista.

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Homenaje póstumo en vida

/ 19 de mayo de 2024 / 00:15

Tal como lo acaba de leer. Es una de las últimas metafísicas de Manuel Monroy Chazarreta. Tan profunda, tan tierna, que se convirtió en el techo de la más reciente presentación en el teatro Nuna de su entrañable La Paz. Convocó al sol y a varios talentos amigos, a testigos de su camino, admiradores de sus características irrepetibles que lo acompañaron y lo sostuvieron en un cuidado y a su vez emotivo aptapi musical, literario, poético… bien lindo shempre.

Antes de que se abra el telón, en mesas y graderías ya se paseaban las leales pizzas, se parquearon en un par de mesas botellas de vino, sin semáforos circulaban jugos, gaseosas. Hasta un postre con chocolate preludiaba un dulce concierto. Cuando de pronto, sin aspavientos, ingresa casi de puntas, acompañado solo por su guitarra, el joven alteño que Manuel ya nos presentó en otros encuentros, Mauricio Segález. No sólo ha sabido entender los ch’enkos del Manuel, no sólo sabe del valor del Manuel, también nos deleitó con una crónica en tono joven, en tono promesa. Tan promesa y presente como la Vero Pérez, que nos hizo cambiar de temperatura con su interpretación de Ego, una canción para ella y sólo para ella. Tan presente y tan consciente como el Christian Benítez, con una potente versión de una de las últimas composiciones papirrescas, Chabela para la revolucionaria Isabel Viscarra, que nos dejó hace poco: “ay, Chabela, Chabelita, compañera de los pobres, de Café Semilla y pan”. Ella se hizo presente en el aire.

Canción tras canción, nuestras almas vibraron exorcizando nuestras penas, saldando cuentas con el pasado, deletreando la luz del presente, sintiéndonos orgullosos de nuestro cantautor, de nuestro sentipensante, de nuestro pequeño Manuel que se quedó tan wawita sin su madre Anita, abrazado a su guitarra, de nuestro “Manuelitoshón” que se graduó bachiller del brazo de la chola Hilaria, su segunda madre y razón de su columna ideológica.

Esa noche de viernes también pusieron algunos punto y aparte. El actor Sergio Caballero revivió, sin huecos, algunas crónicas del Papirri que certifican que la calidad de sus composiciones está a la altura de sus textos. Tan íntimos, tan suyos, tan sinceros, tan entrañables, tan tan que parecen campanas. Con el corazón en la boca, un trago de vino, y a la siguiente canción. Sin embargo, ahora no hay control posible: entra la Tere Morales para romper toda la zona sur con una inigualable Ingratitud. Qué cueca, Tere.

Para los seguidores del Manuel, pocas pueden ser las sorpresas. Así y todo, hay que admitir que fue un regalo inesperado la presencia de Luis García en los teclados. Lo fue porque le dio un color diferente a todo, lo fue porque sus dedos fundiéndose en cada tecla deconstruyeron y reconstruyeron ese mágico teatro, lo fue porque contó cómo desde sus inicios musicales intentaba sacar las canciones de Monroy Chazarreta y no le salían pese a sus jóvenes esfuerzos. Hubo que tomarse muy en serio la formación musical para poder ponerse una prenda de Manuelitoshón. Su música es altamente original, su música es compleja. Su verso es siempre un nacimiento. Y su poesía, ¿de dónde vendrá su poesía? ¿De dónde sale: “esta quimba es la trinchera para fusilar la desconfianza” o “por qué agujero de tu alma se fue chorreando mi amor”? Y sobre todo, ¿cómo hay personas que creen y dicen, sin ruborizarse, que el Papirri no es más que buenas metafísicas y Bien le cascaremos? Mejor vuelvo al chisme de aquella noche en la 21 de Calacoto. Fue una presentación en la que sus alianzas musicales y de vida cuidaron cada pieza de un tiempo y espacio inolvidables: el muy changuito Ruddy García enmarcando con su decidida trompeta, Bilo Viscarra levantando el ánimo, Raúl Flores con un bajo que puso en alto el conjunto, Mauricio Cardona domando con temple su batería y la zampoña valiente de Kicho Jiménez, la alegría a toda prueba de Kicho. Hasta ahurita no entiendo por qué le dice “tío” al Manuel.

Desfilaron sus grandes composiciones (y aún así me faltaron tantas pero tantas canciones imprescindibles para mi vida, para La Paz, para el país). Mecieron como a wawa de pecho cada pedazo musical, cantaron con la fuerza de la tierra, leyeron con el corazón cada palabra, le dijeron al Papirri que es único en sus relatos, en sus composiciones, en sus letras, alumbraron su poesía, le agradecieron su probada generosidad, su versatilidad… bien lindo shempre.

Esta A, que no sabe tocar ni la puerta, no puede poner un punto final a esta columna sin reconocer el plurivalor de Manuel Monroy Chazarreta, el haber puesto música y poesía a mi vida. Y con esta última presentación, haberme enseñado que el verdadero homenaje póstumo es en vida, carajo.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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IA y soledad

Columnista de The New York Times.

/ 19 de mayo de 2024 / 00:14

Cuando estaba informando sobre mi serie sobre tecnología educativa, me topé con una de las cosas más inquietantes que he leído en años sobre cómo la tecnología podría interferir con la conexión humana: un artículo en el sitio de la firma de capital de riesgo Andreessen Horowitz titulado alegremente No es una computadora, ¡es una compañera! Comienza con esta cita de alguien que aparentemente ha aceptado plenamente la idea de tener un chatbot para su pareja: “Lo bueno de la IA es que está en constante evolución. Un día será mejor que una (novia) real. Un día, el verdadero será la opción inferior”. El artículo continúa describiendo casos de uso de “compañeros de IA”, sugiriendo que alguna iteración futura de chatbots podría sustituir a los profesionales de la salud mental o los compañeros de trabajo conversadores.

Esta semana, OpenAI lanzó una actualización de su chatbot ChatGPT, una indicación de que el futuro inhumano predicho por la historia de Andreessen Horowitz se acerca rápidamente. Ha habido muchas comparaciones entre GPT-4o y la película de 2013 Her, en la que un hombre se enamora de su asistente de inteligencia artificial, con la voz de Scarlett Johansson. Si bien algunos observadores no quedaron particularmente impresionados, ha habido mucho entusiasmo sobre el potencial de los chatbots con apariencia humana para mejorar los desafíos emocionales, particularmente la soledad y el aislamiento social.

Ciertamente, existen usos valiosos y beneficiosos para los chatbots de IA. Pero la noción de que algún día los robots serán un sustituto adecuado del contacto humano no comprende lo que realmente es la soledad y no explica la necesidad del contacto humano. Hay desacuerdos entre los académicos sobre el significado preciso de “soledad”, pero para abordarlo como un problema social, vale la pena intentar afinar nuestras definiciones. Eric Klinenberg, sociólogo de la Universidad de Nueva York y autor de varios libros sobre la conexión social, me describió la complejidad de la soledad de esta manera: “Pienso en la soledad como nuestros cuerpos, nos indica que necesitamos conexiones mejores y más satisfactorias con otras personas”. Y, dijo, “el principal problema que tengo con las métricas de la soledad es que a menudo no logran distinguir entre la soledad saludable ordinaria, que nos saca del sofá y nos lleva al mundo social cuando la necesitamos, y la soledad crónica y peligrosa, que impide: no nos levantamos del sofá, y nos lleva a una espiral de depresión y abstinencia».

La razón por la que me preocupa chatear con robots como una posible solución a la soledad es que podría ser un enfoque que atenúe el sentimiento lo suficiente como para desanimar o incluso impedir que las personas den ese paso del sofá para establecer conexiones con los demás. Y algunas investigaciones indican que la falta de contacto humano puede exacerbar los sentimientos de aislamiento.

¿Qué pasaría si incluso una pequeña porción de los miles de millones que se gastan en el desarrollo de chatbots con IA se pudiera gastar en cosas humanas y físicas que ya sabemos que ayudan a la soledad? Como dijo Klinenberg, para ayudar a las personas solitarias y aisladas, deberíamos invertir en cosas como viviendas colaborativas, parques, bibliotecas y otros tipos de infraestructuras sociales accesibles que puedan ayudar a personas de todas las edades a crear conectividad. 

Jessica Grose es columnista de The New York Times.

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El desprestigio de la ‘clase’ política

Guido Romay

/ 18 de mayo de 2024 / 00:26

Una vez más es necesario abordar la temática del rechazo y la indignación que ocasionan los “políticos” en la población y que derivan también en el denominado voto castigo cuando llega el momento de elegir o votar por una determinada opción política o candidatura.

Es lo que está ocurriendo en este último tiempo por ejemplo en la Asamblea Legislativa Plurinacional, donde unos y otros, oficialistas y opositores, evistas y arcistas, están cada vez más desgastados y desprestigiados porque cada quien pretende mostrarse como salvador de la patria, cuando en los hechos ocurre todo lo contrario, porque el común denominador en ellos es su interés personal o de grupo, y demagógicamente dicen defender o trabajar por los intereses de la patria…

Otra situación que origina indignación es la postura de los seguidores del expresidente Evo Morales y de él mismo como resultado de las pugnas y la división de la militancia del partido gobernante, ya que el Movimiento Al Socialismo (MAS) está en el peor momento de su historia y, tal como van las cosas, está camino a su autodestrucción.

A propósito de la facción denominada “evista”, sus portavoces y el mismo Morales en este último tiempo están empeñados en lanzar amenazas y advertencias con expresiones como del dirigente campesino Ponciano Santos, quien entre otras aberraciones dijo: “…correrá sangre en caso de que inhabiliten como candidato a nuestro líder Evo Morales”, y también habló de provocar una “guerra civil” en Bolivia.

Por su parte, el expresidente Morales, en tono amenazante, dijo que “por las buenas o por las malas”, él será nuevamente candidato presidencial y de no ser así, habrá convulsión social en el país, algo de lo que él y sus seguidores —como señaló— no serán los responsables, en cuanto a provocar luto y dolor.

A propósito de esta temática, el líder sudafricano Nelson Mandela sostiene lo siguiente: “Las mentes que buscan venganza, destruyen Estados; mientras que las mentes que buscan reconciliación construyen naciones. Al salir por la puerta de mi libertad supe que si no hubiera dejado atrás toda la ira, el odio y el resentimiento, todavía sería un prisionero. Somos lo que hacemos y no lo que decimos que vamos a hacer”.

En todo caso, cada vez es peor el desgaste, el desprestigio y la desconfianza de la ciudadanía contra oficialistas y opositores, contra evistas y arcistas, y ojo que se trata de señales muy riesgosas no solamente para la denominada “clase” política, sino también para la  democracia en Bolivia.

Guido Romay R. es periodista, profesor y escritor.

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