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Tuesday 9 Aug 2022 | Actualizado a 10:35 AM

Marx, 200 años después

Muchos coinciden en que los análisis de Marx sobre el funcionamiento del capital son plenamente válidos

/ 6 de mayo de 2018 / 12:55

Carlos Marx nació en la ciudad alemana de Tréveris el 5 de mayo de 1818. El aniversario 200 de su nacimiento ha merecido una serie de conmemoraciones en su ciudad natal y en muchas partes del mundo. Pero también ha significado la reanudación de antiguos debates acerca de la validez y actualidad de su obra. “Sus estudios sobre la mercancía, el capital, la plusvalía, la acumulación originaria del capital, la tendencia descendente de la tasa de ganancia y las crisis capitalistas fueron referencia obligada de economistas y pensadores sociales del continente durante todo el siglo pasado”, dice Hernán Camarero, historiador argentino, profesor de la Universidad de Buenos Aires.

Tal “referencia obligada” se ha extendido también hacia nuestros días como lo pone en evidencia, entre otros muchos ejemplos, el libro que titula, parafraseando a El Capital de Marx, El Capital en el Siglo XXI, del economista inglés Thomas Piketty, quien no llega a la conclusión marxiana de la necesidad de sustituir el sistema capitalista, pero arranca sus principales formulaciones de las premisas del pensador alemán, sobre la creciente concentración de la riqueza en pocas manos y sobre las cada vez más acentuadas desigualdades en la sociedad. La obra de Piketty, traducida a varias lenguas y de gran difusión en años recientes, desató ardorosas polémicas que obligaron a desempolvar viejos textos y pusieron a Carlos Marx de nuevo en la palestra.

Para muchos, su pensamiento había caducado y se comprobó como básicamente erróneo luego del fracaso de los experimentos socialistas y la desaparición de la Unión Soviética. Se consideraba al marxismo como una reliquia del siglo XIX que tuvo efectos perniciosos a lo largo del siglo XX. Más todavía, en muchas regiones el marxismo era considerado como una manifestación foránea, “eurocéntrica”, distante de nuestras realidades.

Sin embargo, muchos ahora comparten la convicción de que los geniales análisis de Marx sobre el funcionamiento del capital son plenamente válidos y de gran actualidad para comprender las complejidades del sistema capitalista y sus periódicas crisis. La Ley del Valor enunciada por Marx, según la cual el valor de una mercancía está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla, sigue siendo, dice Camarero, “la única forma de explicar los procesos actuales de concentración del capital y de generalización de relaciones sociales capitalistas en todo el orbe”.

Algo similar puede decirse de las denuncias de Marx, en especial en el capítulo sobre la acumulación originaria del capital, sobre el exterminio la población aborigen bajo el régimen colonial, perfectamente en línea con el pensamiento y acción de los próceres de la independencia americana y con los planteamientos actuales de la autodeterminación de los pueblos y el rechazo a formas neocoloniales de dominación.

Resaltan diversos autores que Marx no solamente hizo minuciosos estudios y escribió una obra portentosa, sino que además dedicó una parte importante de su tiempo a organizar y educar a los proletarios de la época, junto con su entrañable amigo y correligionario Federico Engels, artífices de la creación de la Asociación Internacional de los Trabajadores, llamada también Primera Internacional. Piedra angular del pensamiento de ambos es la tan conocida tesis de que “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

Otra cosa es, y muy distinta por cierto, que el pensamiento de Marx haya sido deformado, convertido en dogma, vulgarizado y aplicado en su nombre a contrapelo de sus valores supremos de libertad e igualdad Es muy sabido que el propio Marx criticó reiteradamente a los simplificadores y vulgarizadores de sus tesis, y hasta llegó a confesar que, si eso que se hacía con su obra era marxismo, él no se consideraba marxista.

Es periodista.

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Del sesqui al bi-centenario (1975-2025)

/ 7 de agosto de 2022 / 00:54

El 6 de agosto de 1825 es la fecha que nos une a la totalidad de bolivianos y bolivianas, independientemente de distintas miradas que podamos tener sobre el pasado y el presente de este país. Llama la atención que la fecha en sí misma nos remite a un hecho poco significativo y nada glorioso, la suscripción del Acta de la Independencia por un conjunto de representantes de los “señores notables”, la mayoría de los cuales militaban en el bando realista hasta muy poco antes. Se eligió la fecha para conmemorar el primer aniversario de la Batalla de Junín (6 de agosto de 1824), en la que los ejércitos patriotas al mando de Bolívar derrotaron a los realistas abriendo el cauce a la batalla definitiva de Ayacucho (9 de diciembre de 1824).

Con todo y eso, la fecha ha quedado enraizada En los hechos, marca un hito en la historia de este pedazo del mundo ubicado en el centro de Sudamérica. Es el punto de partida de la construcción de un nuevo Estado, en lo que fue la región de la colonial Charcas, con el portentoso Potosí como su núcleo aglutinante. Una construcción por cierto llena de vicisitudes, exclusiones, conflictos y contrastes a veces arrastrados por siglos.

Nos tocó vivir el “sesqui” (un siglo y medio, 1975) y estamos en las vísperas del “bi” (dos siglos, 2025). Momento propicio para recordar algunos sucesos con los que se inicia el periodo.

Vivíamos el auge de la dictadura de Banzer. El movimiento popular resistía las medidas dictatoriales y había conseguido algunos logros en el sector minero con la recuperación de sus directivas sindicales y la mantención de sus radioemisoras.

El 13 de enero de 1975, en una operación nocturna tipo comando, los agentes del gobierno apresaron a algunos dirigentes y destruyeron las cuatro emisoras de la región: “21 de Diciembre” de Catavi, “Llallagua” de Llallagua, La “Voz del Minero” y “Pío XII” de Siglo XX (esta última propiedad de la Iglesia Católica). La respuesta espontánea de los trabajadores fue una huelga de 15 días que le dobló el brazo a la dictadura: los dirigentes fueron puestos en libertad y se arrancó el compromiso firmado de resarcir los daños a los equipos de comunicación (obligación que, mal que mal, tuvieron que cumplir).

Por esos mismos días en La Paz, Alcira Cardona Torrico fue detenida por haber publicado un periodiquito de Alasitas burlándose de la ruidosa campaña oficialista del Sesquicentenario, rebautizándolo como el Questicentenario (questi, o quisti en aymara significa sucio, tiznado, empañado). Una rápida movilización solidaria de artistas, poetas y escritores, comandada por Antonio Paredes Candia, consiguió la libertad de la destacada poeta orureña.

Por último, asoma en la memoria la fabricación de una moneda de oro de circulación restringida, que por su alto costo solo pudieron adquirirla coleccionistas adinerados y los altos funcionarios del régimen. Se dijo que en una segunda etapa el Banco Central pondría en circulación unidades de corte menor para uso generalizado. La dichosa moneda llevaba a un lado la efigie del Libertador Simón Bolívar y al reverso… habíase visto mayor atrevimiento… ¡la del mismísimo Banzer! Como reguero de pólvora por aquellos días de agosto de 1975 circuló la respuesta popular ante semejante osadía: “Bolívar la cara de la moneda, Banzer el culo”. Por esa reacción o por alguna otra razón desconocida, no hubo segunda etapa del proyecto numismático de la dictadura. Ahí quedó.

Abrigamos la esperanza de que las futuras generaciones tengan recuerdos más simpáticos y agradables del bicentenario boliviano que ya se viene. ¿Qué tal?

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Sobre las muertes de Almaraz, Torres, Quiroga y Zavaleta

/ 24 de julio de 2022 / 00:35

En la vida de los pueblos, cuando determinados sucesos no tienen una explicación coherente y verosímil, surge la tentación de atribuir su origen a una conspiración. Sin embargo, la temprana desaparición de cuatro destacados líderes políticos bolivianos en la segunda mitad del siglo anterior, dos de ellos víctimas de salvajes asesinatos, inevitablemente conduce a pensar en que algún poder omnímodo pudo haber articulado estas prematuras muertes para privar al país del valioso concurso de sus líderes naturales. Por el momento no hay manera de comprobar esto documentalmente, pero vale la pena dejar sentada por lo menos una fundada sospecha.

Sergio Almaraz Paz. Brillante escritor y periodista, defensor insobornable de los recursos naturales. Sus tres libros: Petróleo en Bolivia (1958), El poder y la caída, el estaño en la historia de Bolivia (1967), Réquiem para una república (1969, edición póstuma), además de sus numerosos artículos, conferencias y entrevistas, ejercieron marcada influencia en la formación de la conciencia nacional en medios sindicales, intelectuales e incluso en sectores militares. La nacionalización de los hidrocarburos y la fundición del estaño fueron resultado directo de su constante prédica. Murió internado en una clínica de La Paz siete meses antes de cumplir 40 años (1 de diciembre 1928-11 de mayo 1968). Al parecer la intensidad con la que vivía los problemas del país y la deficiente atención médica hicieron que falleciera a raíz de una úlcera no incurable.

Juan José Torres González. Oficial de extracción humilde, ascendió por méritos propios a general del Ejército. Rompió con la doctrina de la “seguridad nacional” y propugnó una alianza entre obreros, campesinos, estudiantes y militares para encaminar al país en una senda patriótica y progresista. En el gobierno de Alfredo Ovando se desempeñó como comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, cargo del cual fue apartado por presión de los sectores castrenses de derecha. Consumado el golpe contra el propio Ovando, Torres se rebeló y con el apoyo popular multitudinario asumió la presidencia (7 de octubre 1970), siendo derrocado por otro golpe que instauró el gobierno fascista de Banzer (21 de agosto 1971). Exiliado en Argentina fue secuestrado, torturado y asesinado por una banda anticomunista local. Tenía entonces 56 años (5 marzo de 1920-2 de junio 1976).

Marcelo Quiroga Santa Cruz. Escritor, periodista y carismático líder político de notable elocuencia, irreductible defensor de los recursos naturales, los derechos humanos y la democracia. Como diputado entabló juicio de responsabilidades a Barrientos, lo cual le valió desafuero, confinamiento y exilio. Hizo lo propio contra Banzer, lo que significó una sentencia de muerte ejecutada en el asalto a la sede de la COB, acribillado en las graderías del edificio, al parecer fue rematado más tarde en el gran cuartel de Miraflores (cayeron también en esa ocasión Carlos Flores Bedregal y Gualberto Vega Yapura). Marcelo tenía 49 años (13 de marzo 1931-17 de julio 1980).

El escritor uruguayo Carlos Martínez Moreno, en una semblanza escrita en 1985, dice no haber conocido seres intelectualmente tan bien dotados y ninguno más talentoso que René Zavaleta Mercado. Su obra abarca libros, ensayos diversos, artículos periodísticos, entrevistas, conferencias, discursos, fragmentos literarios, poesía y otros apuntes. No fue menos importante su trabajo docente y de investigación en universidades del Reino Unido, Francia, Canadá y México, país donde radicó sus últimos años y en el que fue el primer director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), dejando una profunda huella en los estudios sociales. Cuando se aprestaba a cumplir su viejo sueño de retornar a Bolivia, contrajo un mal incurable que acabó con su vida, tenía solo 47 años cumplidos (13 de julio 1937-23 de diciembre 1984).

En vez de dudas se acrecentaron las certezas sobre cuatro vidas ejemplares. ¡Sale y vale!

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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‘Apague la televisión y encienda un libro’

/ 10 de julio de 2022 / 01:11

Un antiguo comerciante de libros usados puso un vistoso letrero en su puesto de venta callejero con el lema que hoy va como título de esta columna.

¿Es que acaso el libro puede competir con las pantallas que en la actualidad circulan por millones en una gran variedad de artefactos electrónicos como televisores, teléfonos móviles y otros receptores y a la vez emisores de señales de imagen, texto y sonido?

Definitivamente, no. El libro perdería por goleada. No se trata pues de que compitan, sino de que se complementen. Soportes distintos, el uno físico (papel impreso) y el otro virtual o digital, pero ambos basados en el proceso común de la lectura. Sin lectura ninguno funciona o, en el mejor de los casos, funciona a medias.

El 29 de abril de 2013 fue promulgada la Ley del Libro y la Lectura “Oscar Alfaro” en homenaje al gran poeta y escritor tarijeño comprometido con la niñez. Posteriormente, el Gobierno decretó el 5 de septiembre como el “Día plurinacional de la lectura”, recordando su onomástico. El sistema educativo en todas sus instancias y niveles realiza en torno a esa fecha una gran variedad de actividades, para motivar e impulsar la lectura. Sin embargo, la participación de los gobiernos municipales es todavía escasa y dispersa, y salta a la vista que no hacen lo suficiente por articular iniciativas conjuntas con distintos organismos del Estado y de la sociedad civil, sobre todo en la creación de bibliotecas públicas y telecentros comunitarios.

En relación con el tema, está circulando una convocatoria para inscribir a promotores y promotoras de lectura. Abarca a maestros y maestras de entidades educativas de todo tipo y a estudiantes de últimos cursos de formación superior. El plazo para inscribirse vence indefectiblemente el próximo domingo 17. Por supuesto, ofrecen los correspondientes certificados para mejorar puntajes. No está mal. Pero lo importante sería que ésta sea apenas una de las múltiples actividades a desarrollar en una verdadera campaña “Bolivia lee 2022” en todo el país.

A continuación, un texto de Darío Busch Barberí (alias Gregorio), joven cruceño muerto en la guerrilla de Teoponte en 1970. Léalo hasta el final.

Así que…

—Señor… señor… este… ¿tiene libros? El señor que tenía libros lo miró y dijo secamente:

—Sí, tengo libros. ¿Le interesa?

—Sí, sí, sí me interesa; me han dicho que explican cosas, que ahí están las explicaciones, las ideas, las soluciones de los problemas y que uno aprende… este… y yo necesito aprender, es para algo que quiero hacer, pero no estoy seguro y tengo que aprender primero, ¿no? Eso me han dicho… así que… ¿tiene libros?

—Evidentemente —respondió el de los libros— lo que le han dicho es así. Mire… yo represento a la Editorial “El libro” y le diré, tenemos un completo stock de enciclopedias, textos de estudio; obras completas… tororó… tororó… y las facilidades de pago, son de lo más convenientes, pues, usted sabe, o sabrá que los pagos son trimestrales y resulta muy cómodo, ya que las formas de pago tororó… tororó… tororó… es una ganga realmente.

—Pero… —entonces lo interrumpió el que pedía libros—, las ideas, las explicaciones, todo eso… ¿se venden?

—Claro, los libros se venden, ¿no lo sabía? …dijo el vendedor sorprendido.

—No, no lo sabía. ¿Y por qué se venden?

Al vendedor de libros jamás se le había preguntado “¿Por qué?” se vendían los libros, y, ahora, alguien que quería saber a través de ellos, le disparaba un “¿por qué?” así nomás. “Realmente —pensó— ¿por qué se venderán las explicaciones? Yo lo hago para comer, pero, en general, las ideas no deberían venderse ¡es injusto!, ¡está mal!, no se deben vender”. Miró al que pedía libros. Sacó diez volúmenes y se los ofreció diciendo:

—Le regalo uno. Elija.

El señor que pedía libros, miró con curiosidad los libros y dijo:

—Elíjame uno usted. Yo no sé leer…

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Aunque no lo crea: hay poesías que matan

/ 26 de junio de 2022 / 03:02

— La poesía es un ingrediente fundamental de la cultura humana.

— Ni tanto, hay pueblos que la pasan muy bien sin recursos poéticos, es decir sin poesía y sin poetas…

— No lo creo, eso es imposible, donde menos se piensa saltará la liebre.

— ¿No será que la poesía solamente alcanza a una reducida cantidad de personas caracterizadas por una sensibilidad especial hacia la belleza del lenguaje escrito?

— ¡Momento! ¡Momento! Hay culturas poco extendidas en la escritura pero que tienen riquísimas manifestaciones poéticas, la incaica o la guaraní, sin ir lejos.

Palabras más, palabras menos, esos eran el fondo y el tono de la discusión al interior de un grupo de jóvenes periodistas y también algunos poetas, reunidos en la antigua casona de la calle Ingavi donde por muchísimo tiempo había funcionado una agencia bancaria y en cuyo segundo piso funcionaba entonces, todavía muy precariamente, la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia y, si mal no recuerdo, las academias bolivianas de la Historia y de la Lengua. Se trataba de un “vino de honor” en el que se celebraba la aparición de un nuevo libro o algo así, y luego del brindis los concurrentes formaron grupos en los que se conversaba y discutía diversidad de temas como el mencionado rol de la poesía. En determinado momento, intentando hacer aterrizar a mis contertulios les lancé la provocación:

— A ver, díganme, ¿la poesía puede matar? Casi todos se pronunciaron por la negativa, salvo quizá que como efecto colateral haya empujado al suicidio a algún romántico desesperado. Les dije que la cosa no va por ahí, que en Bolivia tenemos un caso de muerte por efecto directo de la poesía. Y les relaté lo que sabía acerca de lo ocurrido en la ciudad de Sucre a raíz de una conmovedora poesía declamada por su autor, Jorge Calvimontes, condenando la masacre de la noche de San Juan en junio de 1967. Por aquellos días se reunía en la ciudad capital un encuentro nacional de poetas.

En cierto momento, por pura casualidad, descubrí en otro grupo de invitados a Héctor Borda Leaño y pedí a los incrédulos muchachos que preguntáramos a un testigo directo de cuanto había ocurrido. Dicho y hecho, el gran poeta orureño relató que el encuentro fue convocado y organizado por otro grande de la poesía, el chuquisaqueño Eliodoro Ayllón (autor del celebrado poema Pido la palabra…), que concurrieron celebridades de la poesía boliviana como Yolanda Bedregal y Alcira Cardona, y que se expresó una corriente plenamente solidaria con los trabajadores mineros masacrados.

En cierto momento notamos que una señora desconocida para todos, se había aproximado al grupo y seguía con interés el animado diálogo. De pronto, se animó a intervenir:

— Perdonen que interrumpa. El fallecido en el paraninfo universitario de Sucre era mi hermano. Se llamaba Miguel Ángel Turdera Pereyra, era maestro de profesión y estaba a punto de terminar sus estudios de abogado. Era una persona robusta y sana y sin antecedentes cardiacos. Simplemente el poema leído por Calvimontes lo emocionó tanto que no pudo resistir…

Con estos y otros datos proporcionados por la familia e incluso una fotografía de Miguel Ángel, publiqué una nota en el suplemento cultural El Duende del periódico La Patria de Oruro. Publicación que no conservo en archivos pues en una de las últimas llegadas de Jorge a La Paz, desde México, tuve que obsequiársela.

Como lo dijo Ramiro Barrenechea: “…la poesía fue el primer lenguaje que nos diferenció del resto de la naturaleza, es decir que nos hizo humanos” (en el interesantísimo ensayo introductorio de Ardientes profetas de la aurora, compilación de poesía escrita por grandes líderes, libro de casi 300 páginas, que no lleva fecha, lugar de edición, ni depósito legal).

Conclusión, no subestimar a la poesía, puede ser una herramienta eficaz para recuperar la memoria y para vencer a la impunidad.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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¿Cuándo se jodió el movimiento estudiantil universitario?

/ 12 de junio de 2022 / 01:03

Volvemos sobre el tema no solamente porque todavía hay mucho por desembuchar, sino también porque con la “detención preventiva” de unos pocos peces gordos se habrían tranquilizado las conciencias y el asunto tendería a salir de la agenda de los debates públicos dejando las cosas, poco más o menos, tal como estaban.

No pensamos en el fácil expediente de que siempre lo pasado fue mejor. No dudamos de que desde etapas muy anteriores hubo granujas sin principios y sin moral que lucraron a costa de la educación superior o la hicieron víctima de sus manejos políticos sectarios. Pero aun así no primaban los aspectos negativos, tenían mayor peso acciones como la defensa del propio régimen autónomo, la lucha contra las dictaduras y en pro de la democracia, la defensa y recuperación de los recursos naturales, la solidaridad con mineros, campesinos y otros sectores populares. Podemos destacar en ese contexto a presidentes de la Confederación Universitaria Boliviana (CUB) como Adolfo Quiroga Bonadona, sacrificado en la guerrilla de Teoponte en 1970, y a Jorge Ríos Dalenz, asesinado en Chile por la dictadura pinochetista en 1973. Todo ello y mucho más le daba brillo a la universidad, sin menoscabo de su misión esencial de formar profesionales, desarrollar las bases científicas y la conciencia para el desenvolvimiento del país en su conjunto.

¿Cuándo comenzó a invertirse la balanza a favor de la truculencia negativa? Por cierto el cambio no se dio de la noche a la mañana, tuvo lugar en procesos que, a nuestro juicio, tentativamente son los siguientes:

El lastre del sometimiento al modelo neoliberal que comenzó a implantarse con las dictaduras y tuvo su apogeo desde 1985.

El crecimiento siempre ascendente de la matrícula. Por ejemplo, tomando en cuenta a todo el sistema (universidades públicas, privadas y especializadas) entre 2010 y 2020 (10 años) se incrementó en un 36%. Desde algo más de 350.000 a casi medio millón de estudiantes (curiosamente en esta última cifra el porcentaje de mujeres es ligeramente superior al de los varones). Salta a la vista que las instituciones universitarias, especialmente las del sector público, nunca tuvieron las condiciones suficientes para absorber a tamaña explosión de la matrícula.

Y, un tercer factor, quizá el más gravitante, la entronización de un concepto mal llamado “poder estudiantil”, introducido por una corriente ultraizquierdista que ya no está de moda, pero que dejó perniciosas secuelas difíciles de erradicar. Del mismo modo que la idealización del rol de vanguardia del proletariado en el plano político social, se quiso convencer a todos que en la universidad el “estamento” estudiantil debía tomar el poder en sus manos para operar los cambios necesarios y barrer con todas las lacras que le afectaban. En otras palabras, los estudiantes debían tener el control mayoritario sobre las grandes y pequeñas decisiones con derecho a veto, imponiéndolas al “estamento” docente y subordinando al “estamento” administrativo. Se trata, ni duda cabe, de una distorsión disparatada del co-gobierno docente estudiantil. Con tal lógica en los hechos, los núcleos dirigentes del estudiantado pasaron sutilmente a ejercer labores administrativas, que antes les correspondía vigilar; en la práctica la participación y el control social estudiantil fueron remplazados por una suerte de gestión ineficiente absolutamente inapropiada. Administrativos y docentes, bien gracias, la impertinencia estudiantil les permite eludir responsabilidades y negociar las partidas presupuestarias en base a prebendas. En ese caldo de cultivo nacieron los dinosaurios.

Experimentamos en carne propia esas formas aberrantes de funcionamiento cuando ejercíamos la Dirección de Canal 13. Muchos ejemplos podíamos contar.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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