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martes 13 abr 2021 | Actualizado a 15:21

Acciones a largo plazo

/ 19 de febrero de 2019 / 03:53

Cuando hablamos de medio ambiente, biodiversidad o naturaleza siempre expresamos nuestro pesar al ver las malas acciones que nosotros los seres humanos le hacemos al planeta, a los ecosistemas, a los animales, plantas, bosques y la tierra en su conjunto. Estamos en constante reclamo y expresamos malestar por las olas de calor, exceso de lluvias, inundaciones, toneladas de basura que se acumulan por todos lados, cada vez menos árboles, menos espacios verdes… en fin, la lista es larga, pero en realidad, está por demás de claro que hay algo que no está funcionando bien.

Cada vez más surgen los cuestionamientos en torno a qué estamos haciendo para las generaciones futuras; sin embargo, los datos muestran que no estamos haciendo grandes acciones que reflejen que verdaderamente nos preocupa nuestro medio ambiente. Para citar un ejemplo, la deforestación al 2017 ha sido bastante elevada comparada con 2015, más de 200.000 hectáreas de incremento. La superficie quemada acumulada en los últimos 10 años abarca más de 36 millones de hectáreas de bosques y pastizales. En promedio, cada año se queman 3,6 millones de hectáreas en todo el país —lo equivalente a seis canchas de fútbol por minuto—, siendo los departamentos de Santa Cruz y Beni los más afectados. Ni hablar de la basura, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en la ciudad de Santa Cruz se generan alrededor de 1.500 toneladas de basura por día.

Desde el año pasado que se intenta la aprobación de una ley que prohíba el uso de bolsas plásticas, hasta hoy no está aprobada. Desde hace varios años la Gobernación de Santa Cruz también emitió una resolución para evitar la entrega de bolsas plásticas en los supermercados. A la fecha, no existe la aplicación real a esta norma. Las organizaciones medioambientales venimos haciendo grandes esfuerzos por concientizar a la población en todos estos temas y casi siempre somos los mismos que nos sentimos sensibilizados, es muy pequeño el incremento de ciudadanos activos y responsables hacia y con el medio ambiente.

En resumen, nuestras acciones hacia y con el planeta son poco constantes. Nos preocupamos y nos sentimos mal cuando eventos extremos como las inundaciones, el humo en la ciudad, la escasez de agua, el exceso de basura se hacen visibles a nuestra cotidianidad, cuando en realidad lo que necesitamos son pequeñas pero verdaderas acciones a largo plazo, que sean sostenibles y que vayan de la mano del crecimiento de nuestro país.

* Directora de Comunicación de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN)

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El cóndor pasa

/ 17 de febrero de 2021 / 03:43

Cuando leí la noticia que 35 cóndores habían sido envenenados, quedé absorta y traté de ser lo más razonable posible, pero no creo que pueda serlo. Que el envenenamiento a estas aves sea justificado por parte de algunos, para el cuidado del ganado, no puede justificar semejante acto atroz hacia cualquier ser vivo. Esto es un verdadero biocidio que no puede ser de ninguna manera aceptado.

Según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el cóndor está declarado como especie amenazada, bordea los 6.700 individuos a nivel mundial y se debe priorizar su conservación. Para Bolivia se registran aproximadamente 1.400 individuos, dato que hoy se ve afectado después de la cruel acción de humanos desatada en Tarija. La comisión del Ministerio de Medio Ambiente y Agua desplazada en el lugar confirmó que fueron 18 machos y 17 hembras.

El Cóndor Andino es una de las especies más grandes del neotrópico, de gran envergadura, imponente y emblemático. El cóndor es monógamo, escoge una pareja y permanecen juntos de por vida. Es una especie que se alimenta de mamíferos muertos de gran tamaño, detecta el olor en descomposición y va hacia ellos. Es así como estos 35 encontraron la muerte y acabaron durmiendo para siempre en Laderas Norte, al sur de Tarija. Esta especie es un símbolo nacional de Bolivia. Está en nuestro escudo en actitud de alzar vuelo y surcar nuestros cielos.

La amenaza constante hacia la biodiversidad debe de alguna manera parar, nuestra actitud hacia los demás seres vivos debe cambiar. Otro ejemplo es el caso del jaguar, otra especie vulnerable por el interés de comercializar su piel, por depredar ganado doméstico y, por supuesto, sus colmillos, valuados en miles de dólares en el mercado negro.

Estamos convencidos de que la población debe conocer su biodiversidad para realmente tomar consciencia sobre su importancia y así protegerla. No existe conciencia ambiental, los eventos que ocurren, sean ecocidios o biocidios, muestran el escaso o ningún conocimiento sobre el valor de los seres vivos y nuestros recursos naturales. Espero que el hecho sucedido en Tarija no quede en una noticia más, sino que realmente exista una acción judicial hacia los responsables de semejante atrocidad.

Estamos totalmente ciegos frente a todo lo que está pasando. Los verdaderos animales carroñeros somos nosotros, biocidas, ecocidas, egoístas que solo buscamos actuar para nuestro propio beneficio. De algo estoy segura, nosotros sí vamos a desaparecer, de alguna u otra manera la naturaleza es sabia y siempre se protegerá.

Fueron 35 cóndores que surcaron nuestros cielos, y como dice la canción El cóndor pasa, “el cielo al ver su marcha sollozó, y volvió su llanto a gris cuando se fue”.

   Karina Sauma es directora de Comunicación de la FAN.

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Dos caminos que traza el cine

/ 28 de octubre de 2020 / 04:27

¿Existe algo más evidente que las imágenes? Tenemos la costumbre de decir, una imagen vale más que mil palabras. Me apropio de esa frase para transportarlos hacia la magia de lo que las imágenes y el sonido pueden lograr en el inconsciente del ser humano y cómo a través del cine, por ejemplo, se pueden lograr grandes cambios en la educación y sensibilización. El cine conmueve, razona, valora, transforma, construye, influye, pero sobre todo transporta hacia realidades y ficciones que pueden generar movimientos y respuesta ciudadana.

El cine tiene el poder de mostrarnos dos caminos: el de la razón, que nos muestra historia, problemas y amenazas; el del corazón, ese deseo interno que nos lleva a soñar, a imaginar, llorar, reír, vivir experiencias únicas a través de la pantalla grande. También a valorar la vida y todo lo que nos rodea. Las oportunidades de un desarrollo sostenible alcanzable van de la mano por ambos caminos. La razón por un lado que nos dice lo que está pasando y el corazón por el otro, que impulsa el deseo de soñar.

En este mundo globalizado hemos llegado al extremo de una obsolescencia programada, con un consumismo sin límites y donde como sociedad, tenemos la responsabilidad y compromiso de actuar y dejar de ser ciudadanos pasivos. Estamos viviendo una crisis global. La pandemia del COVID-19 nos dejó sin respiración y aliento, junto a todo lo que ya veníamos pasando: cambio climático, hambre, guerras, desigualdad y ahora tenemos el gran desafío de mirar a un futuro donde tomemos decisiones acertadas en beneficio de todas y todos, sin diferencias sociales ni raciales. Por esto y más, vuelvo a apoyarme en el cine para que, a través de imágenes, sonidos, historias, animaciones logremos abrir mentes y corazones que nos inspiren a ser mejores personas, a tomar decisiones ambientalmente responsables y que quizás, en algún momento, juntos unamos esfuerzos por cambiar esta realidad que nos tiene tan distantes.

La memoria que nos dejan documentales, largometrajes, películas y cortos son realmente una herencia que es muy difícil calcular su valor, son una verdadera fuente de conocimiento y sabiduría que no podemos dejar de lado. La libertad de las ideas mediante la imagen y la palabra son su mayor registro.

Abramos corazones, inspiremos caminos innovadores, hagamos que una imagen, un sonido, una melodía puedan cambiar la forma de pensar o actuar, o que reafirmen que el camino y las decisiones que tomamos, sean responsables con uno, el entorno y el planeta.

Karina Sauma es directora de Comunicación de la Fundación Amigos de la Naturaleza.

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¡Entreguemos pasión!

/ 4 de agosto de 2020 / 09:24

Todavía no llegamos a levantar las cenizas de los incendios del año pasado en la Chiquitanía y hoy vemos cómo el fuego se expande otra vez en el país. Somos un país tan rico en biodiversidad que en vez de tomar acciones sabias cometemos grandes errores de seguir dañando y destruyendo. Si al menos tuviéramos una pequeña reflexión sobre la importancia de conservación de nuestro Patrimonio Natural, estoy segura que otros serian los escenarios.

Para darnos cuenta de esta gran riqueza, Bolivia cuenta con 17.758 especies entre plantas vasculares y vertebrados. Nuestros bosques alcanzan el 3,5% de los bosques del mundo. Yungas, Amazonía, Gran Chaco, Bosques Interandinos y el Bosque Chiquitano, único en el mundo por su estado de conservación, habitan en nuestro territorio, que comprende 7 biomas, 36 regiones ecológicas y 205 ecosistemas, siendo uno de los 15 países más megadiversos del planeta. Bolivia tiene aproximadamente 14,8 millones de hectáreas (ha) declaradas como sitios Ramsar, encabezando la lista mundial con la mayor extensión de humedales de importancia internacional.

Cerca de la mitad de la superficie del territorio está cubierto por bosques, unas 40 millones de hectáreas se encuentran en las tierras bajas. Tenemos 22 áreas protegidas nacionales que constituyen el 17% del territorio, además de las áreas protegidas departamentales y municipales. Bolivia tiene 34 naciones y pueblos indígena originario campesinos. Tanta riqueza natural y cultural nos hace realmente sentirnos privilegiados de contar con tanto capital, que en vez de proteger y conservar, dejamos que sea destruido por nuestras propias manos.

Las presiones y amenazas afectan el funcionamiento de los ecosistemas y ocasionan alteraciones importantes de los bienes y servicios que éstos proporcionan.  Recordemos que el año pasado se quemaron 6,4 millones de hectáreas de bosques y pastizales, o sea 6 canchas de fútbol por minuto. En el periodo 2015-2018 la deforestación alcanzó 440 mil ha/año, es decir, 50 canchas de fútbol por hora.

Tanta riqueza natural nos exhorta a pensar qué estamos haciendo por la conservación de nuestro Patrimonio Natural. Se debe dar prioridad nacional a políticas que permitan un desarrollo con conservación. Es el momento de tener un Estado que priorice una agenda ambiental. Dejemos de lado el oportunismo y la imagen, entreguemos pasión a este país que tanto nos da.

Karina Sauma es directora de Comunicación de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN)

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Tu mejor opción

Mientras sigamos destruyendo nuestra biodiversidad, más perdidos estaremos como seres humanos

/ 26 de mayo de 2020 / 06:05

Este año, el lema para el Día Internacional de la Diversidad Biológica, que se conmemora el 22 de mayo, pone énfasis en el hecho de que “nuestras soluciones están en la naturaleza”. Y es que en tiempos como el que estamos viviendo, la solidaridad y la esperanza nos convocan a trabajar juntos por un mundo más sano y empático.

La diversidad biológica incluye a los seres humanos, pues somos fruto de la diversidad que nos rodea. Y ésta a su vez es fruto de nuestras acciones, sociedades y culturas, que viven en simbiosis con ambientes diversos. Bolivia es uno de los 15 países con mayor biodiversidad del planeta. Por lo cual deberíamos tener motivos para celebrar. Sin embargo, no reconocemos ni valoramos nuestra riqueza natural y cultural, no comprendemos que perder biodiversidad implica perdernos a nosotros mismos; es decir, una parte de nosotros.

Permanentemente destruimos nuestra biodiversidad. De muchas maneras maltratamos a nuestra Madre Tierra, la que nos da el aire, los alimentos, y la vida. En los últimos tres años hemos deforestado en promedio 440 hectáreas por año, según datos de la FAN, a pesar de que sabemos que nuestros bosques son los mejores pulmones que cualquier especie puede tener. No satisfechos, el año pasado se quemaron más de 6 millones de hectáreas de bosques y pastizales. Y por si esto no fuera suficiente, tal parece que estos trágicos acontecimientos no nos han marcado, pues en lo que va del año hemos generado más de 15.000 focos de calor.

Está claro que aún no hemos asimilado el hecho de que mientras más sigamos destruyendo nuestra biodiversidad, más perdidos estaremos como seres humanos. El camino está en nosotros, en mirarnos y en darnos cuenta que la naturaleza puede solucionar nuestros problemas. Pero nuestra soberbia y falta de empatía nos lleva a mirar desde la acera del frente, lo que nos vuelve ciegos frente a esta realidad.

El resto de este 2020 debería servirnos para reflexionar sobre nuestras acciones y las de nuestro entorno. La naturaleza hoy está en crisis, está amenazada por la pérdida de biodiversidad, el calentamiento global y la contaminación. Debemos tener presente que al momento de tomar una decisión nuestra mejor opción es apostar por el cuidado de la naturaleza. No actuar ahora significa fallarnos a nosotros mismos. Nosotros somos biodiversidad.

Karina Sauma, directora de Comunicación de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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Reconocer la crisis ambiental

/ 3 de septiembre de 2019 / 01:10

Todos los años en esta época sentimos dolor y hacemos un mea culpa al ver cómo los incendios forestales arrasan de manera violenta y sin control parte de nuestra Madre Tierra. Hoy, la Chiquitanía es un escenario oscuro y triste, con miles de hectáreas quemadas y comunidades indígenas afectadas por el fuego. Según estimaciones de la FAN, hasta el 27 de agosto, los incendios forestales han arrasado aproximadamente 2,1 millones de hectáreas en toda Bolivia, principalmente en Santa Cruz y Beni.

Este panorama aún persiste. La sequía, los fuertes vientos y la baja humedad en la vegetación aumentan el riesgo de incendios para los próximos meses. Empero, podemos ver el lado positivo de este escenario, por fin nos damos cuenta de que estamos poniendo en riesgo el planeta con nuestros hábitos de vida, de consumo; y que el insaciable e insatisfecho vivir del ser humano es un reflejo de todo lo que está pasando.

En efecto, los incendios han develado una crisis ambiental que, hoy más que nunca, desnuda el gran daño que le estamos causando a la Tierra. Es en estos momentos cuando debemos confluir en un mismo objetivo, sin colores ni aspiraciones personales; debemos ponernos de acuerdo en buscar intereses comunes y no aspiraciones personales. Urge comprender que los bosques nos necesitan, que estos pulmones verdes, que hoy están siendo dañados, necesitan de sus habitantes para sobrevivir.

Hoy nos sentimos más afectados porque el escenario es mediático. Sin embargo, es tiempo de trabajar por una gestión integral del bosque, con acciones y actores conectados, que impulsen un proceso de restauración holístico y sostenible. No se trata de ser “sostenibles” hoy, sino de desarrollar una vida sostenible en todo sentido, y reconocer que los problemas ambientales son nuestros problemas. Por otra parte, debemos entender que una conciencia ambiental implica temas tan simples como la basura que dejo en la calle, hasta asuntos más complejos como el cambio climático, que está desencadenando sequías, inundaciones, incendios y otros eventos extremos.

Por último, debemos reconocer que nuestra supervivencia no depende del crecimiento económico, sino que debe basarse en aprender a vivir bien dentro de los límites ecológicos del planeta, bajo un modelo de desarrollo en el que prime la calidad y no el nivel de vida. Los recientes incendios forestales son una llamada de atención gigante, que debería impulsarnos a desarrollar acciones de prevención y a estar preparados para eventos climáticos de semejante magnitud, bajo la premisa de que si bien contamos con la capacidad técnica para enfrentar este desafío, nos hace falta articular esfuerzos y la gestión entre todos.

* Directora de comunicación de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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