Voces

domingo 23 ene 2022 | Actualizado a 08:05

Cumplir los plazos

/ 30 de noviembre de 2019 / 00:19

Con la publicación de la convocatoria y el reglamento para la elección de vocales del TSE, corren plazos y se activa la cuenta regresiva para la realización de los nuevos comicios y, en especial, la posesión de las autoridades electas. En esa temporalidad debe concluir, en caso de prorrogarse, el mandato del Gobierno provisorio, que por su naturaleza es solo de transición.

Según los plazos de la Ley de Régimen Excepcional y Transitorio para realizar elecciones generales, los vocales nacionales deben ser elegidos por la Asamblea Legislativa y estar posesionados hasta el 20 de diciembre. Esa nueva sala plena del TSE, incluido el vocal designado por el Órgano Ejecutivo, tiene 48 horas para convocar a las elecciones. No hay tiempo que perder.

Si asumimos un calendario electoral de 120 días, plazo máximo previsto en la ley, la votación debiera realizarse el domingo 19 de abril, y el cómputo nacional, una semana después. Hay cinco días adicionales para la entrega de credenciales a las autoridades electas y un plazo máximo de 15 días para su posesión. El 15 de mayo, entonces, Bolivia tendrá Gobierno electo en las urnas.

En caso de que haya segunda vuelta, la votación sería el 31 de mayo. Y en estricto cumplimiento de plazos, la posesión de autoridades y representantes debiera hacerse como máximo el 26 de junio. Ni un solo día más de gobierno provisorio. Quienes alegremente hablan de “entrega de mando el 6 de agosto” están planteando una prórroga no solo ilegal, sino francamente inaceptable.

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¡Adiós a los palacios y con casas propias!

/ 23 de enero de 2022 / 01:25

La inauguración de la Casa Grande del Pueblo (CGP) el 9 de agosto de 2018 y la del nuevo edificio de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) el 2 agosto de 2021 marcan hitos muy importantes en la vida política del país. ¿Qué significa sustituir a los antiguos palacios de arquitectura colonial por otros edificios contemporáneos? La oposición política y sus allegados sociales han vociferado diciendo que son construcciones del Estado plurinacional, que es “el edificio del Evo”, que no se justifica su edificación por el excesivo gasto ocasionado, etc.

Si hacemos alguna comparación ¿cómo son las viviendas donde habitan estas personas que protestan por la construcción de las casas de la ALP y la CGP? Estoy seguro de que sus domicilios son verdaderos palacios y de gran costo, además de tener lujos, estar adornados de costosos mobiliarios traídos del extranjero, etc. El caso de la CGP ha despertado una serie de reacciones, desde las más reflexivas hasta los más racistas que dicen “que no es bueno porque fue ideada su construcción por un indio”, refiriéndose al expresidente Evo Morales. Aunque otro grupo de ciudadanos/as pide que se reconozca al “palacio quemado” como un lugar histórico patrimonial y creo que eso está implícito cuando se anuncia que se convertirá en un museo y su acceso al público. Lo más importante de la CGP y ALP es haber logrado la desvalorización de un lugar central y colonial de la ciudad de La Paz: la plaza Murillo.

La ubicación y la construcción de la CGP y ALP, a pesar de estar en el centro histórico, han puesto en crisis la típica simbolización de la ciudad: el kilómetro cero de la plaza Murillo. Hay que recordar que su trazado, como el de muchas otras ciudades latinoamericanas fundadas por los españoles, alberga a la plaza principal o plaza mayor, cercada por la Catedral católica, la Gobernación y la Asamblea Legislativa. Para los que reclaman que ya no hay actividad del Poder Ejecutivo en el “palacio quemado”, es importante precisar que las ciudades latinoamericanas fueron fundadas sobre otras ciudades más antiguas, sobre las wak’as o lugares sagrados ancestrales, como Tenochtitlán en México, Cusco en Perú y Chuqiyapu Marka en La Paz.

Para los colonizadores, Abya Yala o América Latina apareció como un continente casi vacío, casi sin población y sin cultura, que en la idea de los españoles era totalmente desdeñable. Así se constituyó la mentalidad fundadora, es decir, se implantaba casi todo sobre la casi nada, sobre una naturaleza que se desconocía, sobre una sociedad ancestral que se aniquilaba, sobre una cultura que se daba por inexistente. La ciudad se convirtió en un reducto europeo en medio de la nada. Así se organizó el sistema político y administrativo colonial, los usos burocráticos, el estilo arquitectónico, las formas de vida religiosa, las ceremonias civiles, de modo que la nueva ciudad comenzara cuanto antes a funcionar, como si fuera una ciudad europea extendida, ignorante de su contorno, indiferente al mundo subordinado de los indios, de los mestizos conscientes y de los negros al que se superponían.

A pesar del proceso del colonialismo triunfalista, el peligro de un levantamiento de los indios se mantuvo latente en muchas ciudades y obligó a sus pobladores a mantenerse en pie de guerra. Por eso crearon la ciudad-fuerte, la ciudad- fortín, que les garantizaba la unión de grupo colonizador, la continuidad de sus costumbres y ese ejercicio de la vida “noble” que se había grabado en su memoria de emigrados.

En síntesis, así se construyó la sociedad barroca colonial, escindida en privilegiados y no privilegiados. La idea de ciudad-fortín también fue aplicada en su cabalidad a La Paz, ¿acaso no se convirtió en fortín frente al levantamiento de Tupaj Katari-Bartolina Sisa en 1781 y movilizaciones indias y populares contemporáneas? Esa idea de ciudad-fuerte fue el justificativo para que los indios no ingresen a la plaza Murillo. A aquellos que se lamentan que el viejo palacio de gobierno ya no se utilice ¿añoran estas causas coloniales y racistas? ¿Por qué no existe un monumento a Tupaj Katari y Bartolina Sisa en la plaza Murillo? Esta plaza debería albergar las estatuas de Bartolina Sisa y Gregoria Apaza, porque en esa plaza fueron humilladas cruelmente por los españoles. En plena esquina, hoy Museo de Arte, otrora domicilio donde estuvo presa Bartolina.

Este desmarque de la CGP y la ALP no solo es físico ni arquitectónico sino fundamentalmente es descolonizador frente a un emblema que hasta hace poco representaba el ejercicio del poder político central fundado por la colonización y continuado por sus seguidores.

El expresidente Morales había abierto al público la visita a la CGP, esa labor tiene que continuar y algo similar tendrá que ocurrir con la ALP, para que no se vuelva repetir el uso y la exclusividad de esas nuevas casas solo para los funcionarios, los diputados, senadores y visitantes extranjeros. Las visitas guiadas en nuestros idiomas ancestrales le darían un marco diferente para que la ciudadana/o común conozca, de qué lugar administran el país los políticos. Los antiguos palacios habría que convertirlos en museos de la memoria, para que no se reproduzca el colonialismo. Sería plausible que se retire al Regimiento Colorados que hoy la custodia. Estos vetustos palacios tienen que albergar documentación, libros, fotografías, periódicos antiguos, que con diseños llamativos permitirá conocer el país colonial, que hoy estamos transformándolo por nuestros thakhi/ñan o caminos de la descolonización profunda.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Tolata y Epizana: 29 de enero de 1974

/ 23 de enero de 2022 / 01:21

Tiempos hubo en nuestra historia en que las masacres no eran investigadas, ni enjuiciados sus autores materiales e intelectuales. Tal es el caso de la que pasó a llamarse la Masacre del Valle, ocurrida bajo la dictadura de Banzer.

Desde que se instaló en el gobierno el 21 de agosto de 1971, con sus aliados del MNR y la Falange, no hubo un solo día que cesara la represión: detenciones arbitrarias sin forma ni figura de juicio, aplicación de torturas, ejecuciones, desapariciones y exilios forzosos. Cuando ya no tenían argumentos, los inventaban a través de novelones como Plan “Zafra Roja”, Plan “Loto Rojo Tachai” y otros parecidos.

Sin embargo, la represión no dejaba de ser selectiva, buscaba enemistarse lo menos posible con el sector campesino al que consideraba como manipulable base social de apoyo.

El conocido manual de Historia de Bolivia de los Mesa-Gisbert le dedica apenas un párrafo de seis líneas a los sucesos de Tolata y Epizana, sobre la antigua carretera Cochabamba-Santa Cruz. Dicen que “las manifestaciones fueron respondidas con disparos dejando un saldo de algunos muertos y varios heridos”. En realidad se trató de un gigantesco operativo militar para desbloquear unos 100 km de vías ocupadas por campesinos que así se sumaban a la resistencia de minas y ciudades, en rechazo a medidas económicas que afectaban a todo el pueblo trabajador y con particular rudeza a los trabajadores del agro, puesto que se congelaban los precios de sus productos mientras se duplicaban los de productos agroindustriales.

Era el despertar de una nueva y joven dirigencia campesina que experimentó en carne propia la dureza dictatorial y descubrió que sus mejores aliados no eran precisamente los elementos uniformados que se autonombraban sus “líderes”. Enero de 1974 marcó el comienzo del derrumbe definitivo del “Pacto Militar Campesino” y puso al desnudo las fisuras y contradicciones en el interior del bando castrense. Mostró la perfidia de Banzer que, por un lado envía a su representante personal para dialogar con los campesinos, por el otro manda despejar la vía con tanques y ametralladoras.

La masacre del Valle, una documentada publicación, acompañada de impactantes fotografías, sigue siendo hasta ahora la más contundente denuncia de la gravedad de los hechos, va mucho más allá de los 13 muertos reconocidos por las fuentes oficiales. Fue elaborada por la Comisión de Justicia y Paz conformada por sacerdotes y laicos de la Iglesia Católica. Según se supo, disgustó tanto a Banzer esta publicación que no solo la prohibió y persiguió, sino que se dio modos para doblarle la mano al cardenal Maurer y obligarlo a disolver Justicia y Paz. Supongo que es por eso que el ejemplar que poseo, una tercera edición fechada en La Paz el año 1979, está suscrito por la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia.

En todo caso los autores de este material histórico eran gente acuciosa y prevenida. Trabajaron con más de 70 informantes, muchos de ellos testigos oculares de los hechos, 30 campesinos de los que seis eran dirigentes principales, ocho oficiales y soldados, otros seis testigos ocasionales, doce sacerdotes, dos médicos y tres periodistas.

Además nos proporcionan un dato precioso: “El material original, debidamente documentado, se ha archivado en lugar seguro para que pueda estar al servicio de investigadores serios, cuando se den las adecuadas condiciones de seguridad y objetividad”.

A 48 años de los hechos y a casi 40 de vida democrática, se supone que existen las “adecuadas condiciones” para ubicar ese “lugar seguro” y retomar la investigación. Es un desafío para los/las jóvenes de hoy, tanto periodistas como historiadores. Y también, por qué no, para religiosos/as. ¿Algún día lo asumirán?.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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De carnet, libertades y antivacunas

/ 23 de enero de 2022 / 01:17

Este es el momento perfecto para llevar al parlamento una propuesta de ley de despenalización del aborto. Podríamos fácilmente congregar a una ciudadanía movilizada, convocándola bajo la consigna “mi cuerpo, mi decisión”. Claro, tendríamos primero que hacer una tramposa campaña de desinformación para desligar la frase del movimiento feminista y convencerlos de que se trata de una campaña en defensa de sus libertades.

Como nunca antes, he oído voces indignadas frente al atropello del Estado que quiere inocular una vacuna en su cuerpo. ¿Serán ahora estas personas más empáticas con las mujeres que luchan contra un Estado que te fuerza a tener un hijo? He escuchado con paciencia los argumentos particulares que han asumido el “diverso” movimiento antivacunas boliviano, pues seguramente podemos encontrar sentidos sociales a los que apelar cuando las mujeres demandamos el derecho a un aborto legal, seguro y gratuito.

Sin duda vivimos un momento histórico de sentidos sociales difícil de comprender. Analizando el contexto norteamericano, nos encontramos frente a una paradoja histórica, con un perverso sentido del humor: en el preciso momento en que la Corte Suprema de Justicia podría revertir el histórico fallo que hace 50 años legalizó el aborto, la derecha estadounidense se ha obsesionado con la autonomía corporal y ha adoptado el lema “Mi cuerpo, mi decisión” en relación con las vacunas y el uso de barbijos.

Varias narrativas antivacunas tiene en el centro de su demanda la defensa de la libertad. Empuñan como argumento incuestionable el derecho sobre sus cuerpos para elegir si se vacunan o no. Para replicar sus argumentos, tratamos de utilizar la ciencia; pero creo que el tema de fondo es acerca de lo que realmente entendemos por libertad.

Y es que sin duda la libertad es una palabra que puede ser estirada como un chicle. Esa caprichosa libertad que en nuestra historia va y vuelve en una permanente espiral de resignificación, en Bolivia es parte de nuestros valores más profundos. Por ello cantamos con especial emoción “Es ya libre, ya libre este suelo, ya cesó su servil condición”. Pero en lo que no nos detenemos a analizar es de qué concepto de libertad estamos hablando.

El “bloque antivacunas” de Bolivia congrega un espectro de actores políticos que, por decirlo de manera amable, es sorprendente: gremiales, juntas vecinales, maestros rurales, organizaciones sociales, profesionales de clase media (¡entre ellos algunos médicos!) se encuentran con iglesias evangélicas y católicas, así como con los diputados Caleb Villarroel (Creemos) y José María Salazar (CC) en su lucha contra la política de salud pública de exigir el carnet de vacunación en espacios donde puede existir riesgo de contagio.

Algunas de estas personas y sectores sociales plantean argumentos que conjugan ideas morales, supersticiosas o religiosas, pero que en el fondo son profundamente egoístas y adscriben los principios liberales de que somos dueños de nuestra libertad y nada ni nadie puede interferir en nuestra vida. Pero esa libertad para elegir, para hacer lo que nos plazca, no puede ignorar al otro. La libertad no es egoísta. Como sostuvo John Stuart Mill, somos libres mientras no hagamos daño a otros.

Y el caso de la vacunación es un hecho que contrapone nuestros valores individuales con el bien común. Vacunarse es simplemente entender la libertad y su vínculo ineludible con la responsabilidad hacia uno y los demás. Veo en las pancartas de los grupos autovacunas la consigna “no hay vida sin libertad” y me pregunto ¿no será que la mayor libertad del ser humano es estar vivo? En una pandemia, nos vacunamos para protegernos y para proteger a los demás.

Lourdes Montero es cientista social.

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¿Qué hay más allá de la paridad?

/ 23 de enero de 2022 / 01:13

La paridad es un dispositivo político- institucional. Expresa una conquista de derechos de las mujeres. Es también un valioso resultado (al menos numérico). Antes de la paridad hubo cuotas: acciones afirmativas que, en su momento, pese a los límites, significaron un avance respecto a la exclusión. Ha sido, continúa siendo, un largo camino sembrado de obstáculos. Y después de la paridad, ¿qué hay?, ¿qué sigue? Hay una buena idea, sigue un horizonte en construcción.

De esta cuestión trata ampliamente el informe La paridad más allá de la paridad. Participación política de las mujeres en el largo camino hacia la democracia paritaria intercultural en Bolivia, que acaba de publicarse. El estudio propone no solo una puesta al día en la materia, sino una apuesta radical: que la paridad sea intercultural, que la interculturalidad sea paritaria. Ello implica articular la equivalencia de condiciones y la demodiversidad, principios ineludibles.

Claro que para trascender la paridad se requiere asumir desafíos que abonen un proyecto de transformación política. Un proyecto con igualdad sustantiva en el que converjan las luchas de despatriarcalización y de descolonización. Un proyecto para transformar las relaciones de poder. Nada menos. Cierto que hay avances, pero las barreras persisten. Las normas, en camino incremental, produjeron resultados. No bastan. Es necesaria una nueva generación de reformas.

Allende las reglas, prevalecen obstáculos que limitan el acceso y la permanencia de las mujeres en el campo político. Ahí continúan, impunes, el acoso y la violencia. Pesa también el trabajo de cuidados, sin corresponsabilidad. Y los prejuicios sobre las mujeres políticas: son sensibles, carecen de experiencia, se pelean entre ellas, en fin, no son “merecedoras”. En el núcleo, teñidos de androcentrismo, están los partidos muralla. Y en las asambleas la paridad tropieza en su ejercicio.

Celebramos la paridad democrática, que llegó para quedarse. ¿Y después? Cuenta el para qué. Importa el después. Y es aquí donde el informe impulsado por Oxfam en Bolivia, la Coordinadora de la Mujer y el CESUUMSS quintuplica la apuesta. El camino andado ha sido largo y difícil, el camino por venir también: ir más allá de la paridad, ocupar nuevos espacios, despejar obstáculos, democratizar las organizaciones políticas, generar condiciones paritarias. Tenemos luchas para rato.

Más allá de la paridad habita una buena idea. O mejor: un horizonte en construcción (y en disputa) llamado democracia paritaria intercultural. Hay que radicalizar la paridad. Es imprescindible radicalizar las democracias.

FadoCracia antivacunal

1. A la primera dosis le sigue, obviamente, la segunda. Por si fuera poco, se inventaron una tercera, dizque de refuerzo. Luego piensan inyectarnos un chip. Ah, cabrones. Y al final nos van a robotizar. 2. Todas estas vacunas aparecieron en tiempo récord: millonario negocio de las farmacéuticas. Y experimentan con nosotros. ¿Qué carajo somos? ¿Sus ratones de laboratorio? 3. Uno se vacuna para no contagiarse. ¿No ve? Pero igual el bicho te cae encima. Ahora quieren que nos vacunemos apenas para no morir. 4. Nuestro cuerpo es sagrado. Dios lo hizo así. Y no quiere que lo profanemos con agujas. Vade retro, marca de la bestia. 5. Los gobiernos nunca hicieron nada por nuestra salud. Ahora están ansiosos por vacunarnos. Hay un complot mundial. No les creemos. 6. Es mi decisión personal. Nadie puede obligarme. Respeten mi libertad. Con mis hijos no te metas. 7. La vacuna no protege. Prefiero la inmunidad natural, el consumo diario de dióxido de cloro, la covirginidad. Que su carnet de vacunación se vaya un poquito a la mierda. Y amén.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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‘Querido antivacunas’

/ 23 de enero de 2022 / 01:09

Espero que estas palabras lleguen a ti antes que el virus. Aquí, postrado en cama, con la cabeza atormentada por la fiebre, el cuerpo martirizado por dolor y la garganta bloqueada por unas flemas que me impiden respirar como antes, me pregunto cuáles son las razones que te impulsan a exponerte en las calles y gritar tus consignas contra la vacunación.

Tal vez crees que el coronavirus es un invento y que eres inmune porque hasta ahora no te has contagiado. Pero déjame decirte que el virus es real y puede meterse en tus pulmones el rato menos pensado; más si persistes en marchar junto a otras personas sin cubrebocas y en patota, más si no te has inmunizado.

Te diré cómo se siente. En mi caso, empezó con un ardor en la garganta y jaqueca. Como si estuviera resfriado. Luego sentí un cansancio repentino, de esos que te impiden mantenerte de pie por más de un minuto… para que me entiendas, es como el agotamiento que sentirías si marcharas todo el día desde la Ceja hasta la Pérez Velasco, ida y vuelta, sin descanso.

Intenté contrarrestar el malestar con analgésico y antigripal, pero era tarde. Estaba infectado. Una muestra rápida de antígeno comprobó lo que trataba de evitar: di positivo. Te puede resultar difícil de creer, pero en ese momento comenzaron unos padecimientos adicionales peores que la enfermedad en sí.

Me imagino que como pasas buena parte del tiempo en las protestas negacionistas, no trabajas. ¿Sabes? La gran mayoría de los dependientes debemos tramitar de la Caja Nacional de Salud una “baja médica” cuando nos aqueja una dolencia que impide asistir a la fuente laboral. Para obtenerla, en estos días de “cuarta ola”, debes formar fila de pie y en la calle durante horas junto a otros infectados que, al igual que uno, sienten suplicios indescriptibles en las extremidades. Cuando llega tu turno, unas enfermeras irritadas por tanto trabajo te gritan que debes volver horas más tarde a recoger la baja y una receta prescrita a ciegas… nunca ves al médico.

Al recoger los fármacos (paracetamol, aspirinas e ibuprofeno), debes igualmente esperar a que cada licenciada llene y selle cuatro copias distintas de la receta.

Escuché tus estribillos y tus argumentos. Afirmas que “el pueblo ya se ha inmunizado porque usa plantas medicinales”. De verdad te digo, el consumo de mates no frena el avance del virus. Una vez que se introduce en tu cuerpo, destroza tus defensas, obstruye tus vías respiratorias, altera tu digestión y obnubila tu mente hasta causar episodios de amnesia. Se siente una tortura sórdida y lacerante; no puedes ni gritar…y lo que es peor…no sabes sin has transmitido el mal a tus amigos, seres queridos y personas con las que interactuaste.

Es un tránsito directo al suplicio de la fiebre y el temor a morir. Hasta que comienzas, como por milagro, a recuperar la lucidez y el sosiego porque algunos de los ramalazos disminuyen. Tu cuerpo reacciona ante el ataque viral y se atrinchera en las defensas que obtuvo gracias, ¿sabes a qué?, sí, ¡gracias a las vacunas!

Esas dosis de inmunización que condenas salvan vidas. Los datos demuestran que ocho de cada 10 personas que fueron a dar a Unidades de Terapia Intensiva no estaban inoculadas. Es decir, cuando bloqueas y rechazas las vacunas, pides que más gente caiga indefensa y expuesta ante un virus que ya mató a más de cinco millones y medio de personas en el mundo.

Respeto tu derecho a pensar y expresarte libremente. Pero creo que ese ejercicio debería permitirte también usar el pensamiento en relación al derecho que tienen otras personas como tú, a vivir.

José Antonio Aruquipa Z. es periodista y abogado constitucionalista.

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