Voces

lunes 8 mar 2021 | Actualizado a 14:35

Roberto Savio: La segunda guerra fría está llegando

Nadie debiera ilusionarse suponiendo que las cosas serán diferentes porque han cambiado a un ‘forajido’ por un ‘decente’.

/ 24 de enero de 2021 / 01:31

Como era de esperar, el discurso de posesión del nuevo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, hizo mayor hincapié en los asuntos internos habida cuenta de la apabullante crisis sanitaria por la que atraviesa el país debido a la pandemia, la crisis económica signada por la subida vertical del desempleo en paralelo al cierre de cientos de miles de pequeños y medianos negocios y, a su vez, los desaguisados políticos heredados del gobierno de Donald Trump, nada fáciles de resolver.

No obstante, la cuestión internacional no podía estar ausente en tan solemne circunstancia. Al subrayar Biden las soluciones a los problemas internos, planteó implícita y expresamente que esto llevaría a la recuperación del tradicional rol hegemónico de los Estados Unidos a nivel mundial, para lo cual instó al restablecimiento de viejas alianzas.

Vayamos por partes. Hay un tufo nacionalista y patriotero sobre las reiteradas acciones militares estadounidenses encubiertas casi siempre en la “defensa de la libertad y la democracia”. La realidad es muy distinta, sin embargo. Basta repasar la cadena de intervenciones de los EEUU en zonas proveedoras de hidrocarburos o de rutas estratégicas para transportarlos, y en regiones que considera sus áreas naturales de influencia. América Latina, por ejemplo, como su patio trasero.

Demócratas o republicanos desarrollan las mismas políticas. Nadie debiera ilusionarse suponiendo que ahora las cosas serán diferentes porque han cambiado a un “forajido” por un “decente”. Nuevo presidente que, sin embargo, no dijo que acabaría alguna de las interminables guerras y guerritas desatadas por administraciones anteriores, tampoco habló de disminuir el número de bases militares yanquis que por más de un millar están esparcidas a lo largo y ancho del planeta o, menos aún, de poner fin al abusivo bloqueo a Cuba que ya lleva más de 60 años. Lo posible es que en estos rubros solo se produzcan pequeñas diferencias de matiz. Pero no puede negarse tampoco que en lo que se refiere al cambio climático hay un importante viraje: el regreso de los EEUU al Tratado de París (implica un cierto retorno a las prácticas multilaterales), decisión asumida entre los primeros decretos firmados por Biden el mismo día de su posesión.

Pero lo que sí se producirá en plazos breves es un reajuste muy significativo de los ejes estratégicos de la política mundial. Las pataletas de Trump en sus guerras comerciales serán reemplazadas por una política global de contención de China que involucra la formación de bloques político-militares, cuyas piezas fundamentales para EEUU son Europa, Japón, el Asia del Pacífico y América Latina. En el caso nuestro buscarán matar dos pájaros de un solo tiro: por una parte buscarán arrinconar definitivamente los esfuerzos de integración autónoma que en su tiempo impulsaron Lula, Chávez, Fidel y Raúl, Correa, los Kirchner y Evo.

Por otra parte, tratarán de romper la unidad latinoamericana con el señuelo del Pacífico (estarán en la mira Chile, Perú, Ecuador, Colombia y México). Es muy probable que pronto se anuncie la reanudación del TPP, proyecto labrado pacientemente por la administración de Barack Obama y que Trump desbarató, dando tiempo a China para formar su propio bloque de más de 15 países, sin los Estados Unidos.

Como dice el destacado periodista ítalo-argentino Roberto Savio, en un artículo publicado en diciembre pasado en el Wall Street International, La segunda guerra fría está llegando. (http://www.other-news.info/noticias/2020/12/la-segunda-guerra-fria-esta-llegando/#disqus_thread)

Obrar en consecuencia sería no enrolarse en ninguno de los bloques y comenzar a reflotar el movimiento de países no alineados. ¿Qué tal?

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Obligada ‘cohabitación’ en ciernes

/ 7 de marzo de 2021 / 00:28

Asistimos hoy, por tercer año consecutivo, a un comicio electoral, esta vez de carácter inapropiadamente denominado “subnacional” (a nuestro juicio ese término no encaja con el declarado carácter “plurinacional” del Estado, pero ese es otro asunto). Ahora elegimos autoridades departamentales y municipales: gobernadores y alcaldes, cada cual con su respectiva instancia de fiscalización, integrada por asambleístas la una y concejales, la otra. Aunque ciertamente el panorama se complejiza, tanto por la autonomía regional vigente en el Gran Chaco, como por las autonomías indígenas de las que muy poco se habla, pese a la importancia que poseen precisamente para identificar al Estado como “plurinacional”.

Por otra parte, según denuncias que se han conocido, el principio constitucional de la equidad de género estaría siendo incumplido por varias de las fórmulas participantes, lo cual podría derivar incluso en un retroceso de los niveles de participación que las mujeres habían alcanzado en eventos anteriores. Del mismo modo, llama la atención la enorme e inusitada dispersión de las candidaturas, pareciera que a cualquier hijo de vecino, comprando o prestándose una sigla se le ha ocurrido postular, sin tener propuestas ni programas conocidos, menos agrupaciones sociales o políticas que los respalden.

Sin embargo, por encima de estas consideraciones y otras que puedan plantearse, se hace necesario resaltar el enorme significado que tienen las urnas para el funcionamiento del sistema democrático, también en los espacios regionales y locales. Más aún si partimos del hecho de que se arrastra la crisis desde el colapso de 2019. En tal sentido, lo que está ocurriendo hoy a lo largo y ancho del país podría considerarse otro eslabón fundamental en la recuperación y consolidación de la democracia, con el agravante de que tal proceso tiene lugar en medio de una pandemia con sus mortíferos efectos sobre la salud, la economía y el estado de ánimo de las personas.

No se necesita ser adivino para pronosticar algunos resultados gruesos que producirá la votación el día de hoy. El más importante de ellos será sin duda la no repetición mecánica de lo ocurrido en octubre de 2020. El partido de gobierno no logrará el 55% y tendrá una representación disminuida en departamentos y municipios con mayor densidad demográfica, pero podría obtener notables triunfos en áreas rurales y en ciudades intermedias. De hecho, esto plantea un escenario de obligada “cohabitación” o “convivencia” pluralista de unos y otros. Estuvo mal que algunas autoridades y el propio presidente Arce dijeran que si la gente vota por las candidaturas del oficialismo la coordinación entre los diferentes niveles sería más fácil y fructífera. Pero sería mucho peor, una pésima señal, si no se esfuerzan por hacer llevaderas las relaciones del Gobierno con gobernadores y alcaldes eventualmente opositores. Y éstos, a su vez, tendrían que abstenerse de utilizar sus puestos para enfrentar al Gobierno desde posiciones radicalmente opositoras. Se sabe que es el pueblo el único perdidoso a raíz de estos conflictos y rivalidades, a veces atizados artificialmente.

En la recuperación económica, en la batalla contra el COVID-19 y en la adaptación del sistema educativo a las nuevas condiciones existentes, el país tiene al frente enormes desafíos. Y las tareas no consisten solamente en pedir, reclamar y si es necesario incluso protestar (sin paralización de servicios esenciales). También hay que participar de forma activa y comprometida, acción que no se acaba cumpliendo el deber de votar. Especialmente debemos rescatar los espacios municipales para hacer nuestras propuestas en la planificación participativa y para ejercer el verdadero control social, aspectos que ninguna pandemia puede hacernos olvidar.

 Carlos Soria Galvarro es periodista.

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La legitimidad es un bien perecible

/ 20 de febrero de 2021 / 23:46

Cien días es un plazo muy breve para definir los rumbos de una gestión de gobierno de cinco años. Pero en términos simbólicos permite detectar algunas señales, positivas o negativas, que a la larga pueden convertirse en tendencias que marcarán todo un período. ¿Cuál el balance que puede hacerse de dichas señales en los primeros 100 días del gobierno de Luis Arce Catacora?

Obviamente, el sello inicial es de legitimidad. Es el comienzo de una nueva etapa del llamado Proceso de Cambio iniciado en 2006, tras el inobjetable triunfo del MAS encabezado por Evo Morales en las elecciones de diciembre del año anterior. Pero el tiempo no transcurre en vano, con sus luces y sus sombras median casi 15 años entre uno y otro comienzo (enero 2006 – noviembre 2020).

Muchas cosas cambiaron en ese lapso. Para comenzar, las condiciones internacionales son bastante distintas, estamos en las puertas de una nueva “guerra fría” que implicará la conformación de dos bloques enfrentados. Vivimos los peores momentos de una asoladora pandemia que afecta a la humanidad entera y cuya aparente receta para combatirla, la vacuna, está sujeta no solo al afán de lucro del mercado, sino también a los vaivenes de la política externa confrontacional de los países poderosos. El proyecto latinoamericano de integración soberana tiene a un Brasil en manos de la derecha, una Venezuela atravesando una dramática crisis económica y social, una estoica Cuba afrontando inmensas y acumuladas dificultades y, un Estados Unidos revitalizado, dispuesto a restablecer sus políticas de dominación. Sobre estas temáticas el Gobierno boliviano no ha emitido todavía ninguna señal perceptible.

En lo interno, el resultado de las medidas de reactivación económica adoptadas está por verse. Hay esperanzas pero nada concreto todavía, excepto el freno a las desmesuradas pretensiones de la banca privada y la reversión de algunas tierras ilegalmente concedidas a personajes del gobierno “transitorio”. Pareciera que ciertos niveles gubernamentales apuestan únicamente a que se repita el auge de los precios de los hidrocarburos y minerales, como en la década anterior. No asoma un necesario debate sobre cómo superar el modelo extractivista, primario exportador dentro del cual nos movemos.

Pero, de donde provienen las señales menos positivas es desde los temas Justicia y Salud, rubros cuyos déficits se arrastran desde varios años atrás.

Ya no hay palabras gruesas para describir el funcionamiento del sistema judicial. Como cualquier hombre de la calle, tentados estamos de recurrir a los epítetos más groseros para calificar a jueces y magistrados. Incluidas sus madres, seguramente en su mayoría inocentes. El Gobierno, en vez de proceder a una pronta reforma judicial, lo que hizo fue frenarla hasta no se sabe cuándo y, mientras tanto, utiliza a la Justicia para limpiar de polvo y paja a todos sus adherentes encausados y para amenazar y perseguir a sus oponentes.

En el tema salud, lo propio. Ha sido incapaz de reconocer y enmendar los errores de la no priorización anterior, no ha podido desarmar a ciertos dirigentes que, haciendo gala de un prepotente corporativismo, confunden al grueso de profesionales y trabajadores en salud. La falta de información completa y transparente, la ausencia de un verdadero y franco diálogo con las bases del sector en el tratamiento de la Ley de Emergencia Sanitaria, han llevado a una situación sumamente perjudicial para la lucha contra la pandemia y para las gestiones multilaterales que el Gobierno debe realizar con este motivo.

Si a lo dicho antes añadimos algunos desmanes en el uso de recursos públicos en la campaña electoral y declaraciones escandalosas de ciertos bocones, el cuadro negativo se completa.

Y es así como la legitimidad recuperada puede irse perdiendo inexorablemente.

   Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Que las luces de los ausentes nos iluminen

/ 7 de febrero de 2021 / 00:03

Tristemente memorable mes de enero del año 21 del siglo ídem. El país ha superado los picos más altos de las cifras de contagiados y fallecidos de la primera ola. La pandemia a estas alturas tiene ya en su haber más de dos millones de víctimas mortales en todo el mundo. En Bolivia las muertes de enero, directa o indirectamente resultantes del virus COVID-19, nos han golpeado con particular rudeza porque involucraron a personalidades públicas, cuya ausencia se hace muy notoria, siendo como somos un país pequeño. Figuran en esa lista macabra, Ramiro Barrenechea, poeta, político revolucionario y docente; Felipe Quispe, líder insurgente aymara; Gil Imaná, pintor de máxima excelencia; Edgar ‘Huracán’ Ramírez, esclarecido líder obrero y trabajador de la memoria; Rolando Villena, defensor incansable de los Derechos Humanos; Juan Carlos Pinto, escritor y activista del cambio social; José Nogales, Iván Miranda y Edwin Flores, consagrados en el periodismo y la docencia. Y, de seguro, la lista podría continuar.

Hacer el intento de analizar algunos elementos de la coyuntura implica sobreponerse a estas y otras pérdidas en las que hay familiares, compañeros, amigos, conocidos y desconocidos. Quizá por eso el primer tema que nos viene a la mente es el de los conflictos, su manera de plantearlos y su forma de atenderlos.

Empecemos diciendo que la sociedad boliviana es altamente conflictiva, está plagada de acciones reivindicativas que con frecuencia desembocan en enfrentamientos. Conflictividad que no siempre posee una connotación negativa. Por el contrario, suele poner al desnudo problemas reales que demandan soluciones urgentes de parte de instancias del Estado, sean éstas ministerios, gobernaciones, municipios u otras. Por lo demás, el surgimiento de demandas muestra una sociedad civil activa y potencialmente participativa incluso en la propia solución de los conflictos. El problema se complica cuando impera la desmesura y cuando un pequeño conflicto local alcanza niveles regionales o nacionales. Podrían citarse decenas de casos en los cuales campean las desproporciones, por ejemplo, el pedido de renuncia de un alcalde rural, un concejal o algún director de educación o salud, deriva en un bloqueo de una ruta interdepartamental o internacional, ocasionando enormes daños a la economía y sufrimientos indecibles a pasajeros atrapados en los caminos.

Se ha desarrollado en el país una perversa cultura del conflicto que tiene como herramienta principal la interrupción del paso por calles y carreteras. La contundencia de estas “medidas de presión” se mide por el daño ocasionado. En cuanto mayor sea el perjuicio y mayor el número de personas afectadas la medida será más “contundente”. Se apela al derecho constitucional a la protesta, olvidando deliberadamente otros principios constitucionales que consagran derechos y libertades.

Con o sin nueva normativa, trabajadores de la salud, transportistas, trabajadores del rubro energético y de servicios esenciales, debieran abstenerse de paralizar sus labores y menos aún participar en bloqueos, lo que no supone abandonen sus demandas y dejen de hacer escuchar sus protestas y propuestas. Y por otra parte, las autoridades en todos los niveles debieran vencer la modorra burocrática o el sectarismo político, atender las demandas sin esperar que se conviertan en conflictos y, dejando de lado la chicanería barata, cumplir lealmente los acuerdos alcanzados.

Todo ello por lo menos mientras dure la emergencia sanitaria que padecemos. ¿Prédica en el desierto?

     Carlos Soria Galvarro es periodista.

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La vida entre la política y la literatura

Homenaje a Ramiro Barrenechea Zambrana, político y poeta, exministro de Trabajo, exdiputado. Murió hace una semana

Ramiro Barrenechea Zambrana

Por Carlos Soria Galvarro

/ 13 de enero de 2021 / 14:56

Me conmovió tanto la lectura de este libro que no sabía por dónde empezar a escribir un comentario. Lo leí con enorme placer, disfruté de una lectura atractiva y subyugante por su calidad literaria. Pero además, porque me sentí muchas veces próximo a —o involucrado en— situaciones dramáticas o anecdóticas que abundan en el texto. No en vano entre el autor y yo existe una amistad de más de medio siglo.

Acostumbrados a pensar a Ramiro Barrenechea como poeta —y a la vez político— no siempre advertimos que su destreza en el manejo de la palabra le permite producir una prosa deslumbrante, poética si se quiere, para construir las memorias de su vida, una historia individual cargada de contexto. Porque en él se juntan sensibilidad y talento le ha sido posible alcanzar el nivel de calidad y madurez literaria de esta obra.

Por ello, Dos alas de un mismo vuelo es un libro que viene avalado por una extensa trayectoria de su autor, precisamente en los dos planos a los que alude el título, en la política y en la literatura. Además, sus dos primeros fragmentos, Nota preliminar y El tiempo capturado, lo dicen todo: “Temáticas y motivaciones espontáneamente recogidas en un texto”, “sin plan ni concierto”, “memoria de las cosas sencillas que le ocurrieron a un hombre”. Aunque en el “estilo de nadie”, se reconoce próximo a Confieso que he vivido de Neruda o a Vivir para contarla de García Márquez, sin descartar a Galeano.

Dos alas de un mismo vuelo es el retrato íntimo, al modo fantástico, de la historia boliviana en la segunda mitad del siglo XX, construido por quien vivió esos años intensamente, abrazó los ideales de transformación social y les dedicó con pasión una buena parte de su existencia. 

Una persona no exenta de errores, contradicciones y enredos a los que a veces suele conducir la lucha política. Alguien que no perdió la agudeza de su ingenio y el mágico poder de su palabra aun en las más complicadas situaciones de la vida.

Un poeta capaz de despertar el fervor de los jóvenes cuando declamaba su Ordalía inconclusa en una asamblea multitudinaria de universitarios, en momentos en que comenzábamos a sacar la cabeza luego de la larga noche la clandestinidad que nos impuso la dictadura de Banzer.

Yo asistí a uno de tales eventos y siempre me he preguntado si para un poeta puede haber mayor satisfacción que la que obtuvo Ramiro Barrenechea: el público de pie le ovacionaba y le pedía que repita sus versos, como a un auténtico cantautor.

Un hombre que se lució en la cátedra universitaria. Que hizo notables aportes académicos trátese de la historia del libro, de la sociología o del derecho agrario. Contribuciones que no se reconocen, se ignoran o se trata de ahogar en el mar viscoso de la mediocridad rampante, de los prejuicios y las envidias que reinan en nuestras casas de estudios “superiores”.

Un líder político cuya proyección se truncó por una madeja de situaciones insondables. Que quizá está en deuda consigo mismo y con sus seguidores, pues todavía están en suspenso balances de sentido crítico, y también autocrítico. Se espera de él la chispa que encienda antiguos y necesarios debates que ayuden a explicar la génesis y la perspectiva de los procesos actuales y, de paso, apacigüen las angustias de quienes no hemos cambiado de bando, ni nos arrepentimos de haber entregado lo mejor de nosotros a la lucha por un cambio revolucionario y por una democracia avanzada que lo haga posible ¿Sirvió de algo la resistencia a las dictaduras? ¿Cuál es nuestro principal aporte a este país como generación de revolucionarios? ¿Qué hicimos bien, en qué nos equivocamos y qué dejamos de hacer en el camino que emprendimos desde muy jóvenes?

Dos alas de un mismo vuelo es un multifacético y apasionado collage boliviano que podríamos entender como una provocación a reabrir esas reflexiones ineludibles.

Al no tener el rigor del documento estas memorias no valen como testimonio historiográfico, dice Ramiro Barrenechea. Pero en eso se equivoca. ¡Qué sería de la Historia sin los matices, las percepciones, las visiones y el sello individual aportado por sus protagonistas!

(*) Prólogo escrito por el autor al libro Dos alas de un mismo vuelode Ramiro Barrenechea Zambrana,  publicado en agosto de 2010.

(**) Carlos Soria Galvarro es periodista e historiador

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Barrenechea, un legado múltiple a ser valorado

Che: Revolución absoluta’ viene a ser un testamento político en clave poética de este incansable luchador

/ 9 de enero de 2021 / 23:09

Hace ya bastante tiempo decidí no escribir semblanzas sobre las personas amigas que, saliendo de la sala de preembarque en la que nos hallamos, emprenden el viaje definitivo. Asomaba el riesgo de convertirme en el escribidor oficial de obituarios de una generación que está en vías de extinción natural. No retrocederé en esta ocasión por el reciente y sorpresivo deceso de mi entrañable camarada y amigo: Ramiro Barrenechea Zambrana. Más aún si ya en 2010 escribí una suerte de perfil humano sobre él y su obra, como prólogo de uno de sus libros (Dos alas de un mismo vuelo, Santa Cruz, 2010. Prólogo: Historia y Literatura reconciliadas, CSG). Añadiremos solamente unas pinceladas sobre sus últimas publicaciones, posteriores a la fecha indicada, y recogeremos al vuelo de las redes sociales expresiones de personas que lo conocieron.

Confirmando sus talentos para la poesía y la política (sus dos alas), Barrenechea dejó en esta última década: Cantares de Gesta: Poesía revolucionaria de Bolivia. Antología (La Paz, 2015, ¡534 páginas!) y Ardientes profetas de la aurora: Poesía escrita por grandes líderes-comandantes de la Revolución. (Santa Cruz, s/f, 2017 ¿?).

Y desde el ámbito político, Imperdonables: Crímenes ocultos de la democracia, (Santa Cruz, 2016), libro que gira en torno al tema de los Derechos Humanos con materiales producidos en su gestión parlamentaria y un anexo con valiosa documentación al respecto. Y por último, Che: Revolución absoluta (Segunda edición, Santa Cruz de la Sierra, agosto 2018) que contiene unas dos primeras partes con sugerentes, aunque discutibles, consideraciones sobre la acción del Che Guevara en Bolivia y su frustrada proyección continental (I. La escena del crimen, II La otra cara del espejo). Más otras dos partes, una de reflexión teórica muy actual y pertinente, y otra de propuesta política, construida desde su ligazón con el Eje Pachacuti (III. Frente al capitalismo absoluto: la revolución absoluta y IV. Hacia una sociedad comunitaria post estatal). Este libro viene a ser un testamento político en clave poética de este incansable luchador, poeta, escritor, parlamentario, ministro, asesor de organizaciones campesinas y populares, y docente universitario. Notable en la diversidad de actividades en que incursionó, incluida una novela que hace poco dijo estar a punto de concluir y una nueva edición de Ordalía inconclusa, acompañada de un disco de la muy recordada cantata que el poema inspiró.

De las redes sociales:

Andrés Canedo, artista, director de teatro y escritor: “Hoy murió un amigo muy querido, maravilloso poeta, excelente narrador, infatigable luchador por la justicia y la equidad para los seres humanos. Compartimos muchos momentos juntos, compartimos también muchos sueños. Asistí a la presentación de varios de sus libros, él tuvo la enorme generosidad de presentar una de mis novelas. Las palabras son siempre escasas e insuficientes, frente a hechos de esta magnitud. A pesar de ello, del dolor que siento, que sentimos, he querido expresar aunque sea este homenaje a Ramiro Barrenechea a quien ya extrañaba desde hace tiempo y a quien seguiré extrañando mientras me toque continuar. Sé que la luz que siempre nos entregó permanecerá en mi memoria y en la de todos aquellos que disfrutaron de su amistad, su talento y ternura”.

Juan Antonio Alvarado Kirigin, científico y docente universitario: “No quiero que tu recuerdo esté asociado a otros temas que no sean tu rebeldía e inconformismo con la injusticia. Tu poesía juvenil doliente por los conflictos de Cliza y Ucureña y la lucha contra las dictaduras militares. La resistencia contra el banzerismo y el agradecimiento a quien me desveló la poesía de Bertold Brecht. No quiero paz en tu tumba, sino la llama rebelde que ilumina la difícil trocha que lleva a construir un escalón superior de justicia social fraternidad civil entre ciudadanos iguales e inclusivos. Honor y Lucha camarada Ramiro!!!”.

Carlos Soria Galvarro es periodista

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