Voces

martes 15 jun 2021 | Actualizado a 11:55

Escapistas

/ 13 de marzo de 2021 / 01:56

Se abre un nuevo capítulo de la política y la gestión pública con unas elecciones subnacionales en las que al Movimiento Al Socialismo (MAS) no le ha ido bien; primero, por el traumático antievismo manifestado en las urnas que padece la Bolivia conservadora-neoliberal; segundo, por la caótica e inorgánica manera en que el único partido con alcance nacional definió candidaturas, varias de ellas equivocadas vistos los resultados; y tercero, por inexistentes estrategias de campaña de varios de sus principales actores, muchos de ellos casi seguros de obtener triunfos antes de salir a pelear en la cancha.

En ese contexto, esos histéricos opinadores autoproclamados demócratas, así, a secas, tienen que estar contentos porque sus referentes golpistas (noviembre, 2019) han obtenido triunfos significativos que buscarán blindajes desde el poder ante procesos judiciales por haber tentado y convencido a oficiales militares y policías de perforar el orden constitucional entre motines e indebidos pedidos de renuncia al Presidente del Estado, acusado entonces de montar un fraude hasta ahora no demostrado, ni siquiera con la ventaja de controlar el país los 11 meses que tuvo el principal persecutor del masismo, Arturo Murillo, para alentar una investigación por anverso y reverso, y de esa manera encontrar las pruebas que justificaran procesos penales contra los presuntos delincuentes electorales.

De persecutor político, Arturo Murillo pasó al oficio de escapista que consiste en crear problemas y a continuación huir de ellos, en este caso, antes de que la exasperante lentitud de nuestro sistema judicial encontrara los cargos para acusarlo por los desmanes cometidos y auspiciados en su autoritario ejercicio como Ministro de Gobierno. Seguramente para uno de esos opinadores, digamos que el más histérico por su vocación para el agravio y por el padecimiento de alucinaciones con el presidente Arce, Murillo, creación política de Doria Medina, debe ser otro “demócrata” como él, lo mismo que otros persecutores mediáticos, también auspiciados por Samuel, el gran perdedor de la historia electoral del país forever in the life.

En el mismo club de escapismo hay que contemplar al Gral. Sergio Orellana, ese que en su calidad de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, flanqueado por varios de sus camaradas, se dirigió en traje de combate a la Asamblea Legislativa Plurinacional para arrancarle a Eva Copa la aprobación de ascensos. Eran momentos en que se podían encontrar tanquetas circulando por las calles de nuestras ciudades, para garantizarnos que no nos enfermaríamos de coronavirus, si se considera cuán efectiva puede ser una metralleta en el combate contra una pandemia. No le fue bien a Orellana, que tuvo que volver sobre sus pasos y con el rabo entre las piernas. Alguien ya ha debido informarle que lo único que quedaba de institucionalidad democrática en ese breve tiempo de botas y charreteras, eran las cámaras de Senadores y Diputados, escenario del que rebotó olímpicamente hasta llegar, dicen que a Colombia, luego de imitar el escapismo de Murillo, seguramente agobiado por sus responsabilidades.

Es probable que Orellana sufra pesadillas con Senkata, Sacaba y El Pedregal, pero sobre todo sueñe con el Decreto Supremo 4078 firmado por la presidenta de facto Jeanine Áñez y sus ministros, que en su artículo 3 dice: “El personal de las FFAA que participe en los operativos para el restablecimiento del orden interno y estabilidad pública estará exento de responsabilidad penal cuando, en cumplimiento de sus funciones constitucionales, actúe en legítima defensa o estado de necesidad, en observancia de los principios de legalidad, absoluta necesidad y proporcionalidad, de conformidad con el Art. 11 y 12 del Cód. Penal. Ley 1760 y el Código de Procedimiento Penal.”

El que no juega al escapismo y es capaz de ganar una elección con más del 50% de los votos es el candidato de Creemos a la Gobernación de Santa Cruz, que lo de macho lo lleva hasta en el apellido, el cual honra sin un ápice de remordimientos, cuando junto con su papá acudieron a gestionar el golpe con policías y militares, tal como lo cuenta hinchado de orgullo en un video hiperviralizado en las redes, convencido de ser la reencarnación del Cristo Redentor de la Monseñor.

En esta apertura de un nuevo episodio en nuestra literaria vida política, algunos legisladores del MAS, sin orientación sobre competencias, piden las renuncias de los ministros de Gobierno y de Justicia por haber permitido la huida del excomandante Orellana, como si a estos dignatarios de Estado les correspondiera actuar en esta materia y para que más temprano que tarde vuelva a acusarse al partido de gobierno de persecución política como en los peores momentos del último gobierno de Evo Morales, mientras el Ministerio Público duerme el sueño de los justos.

  Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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Jorge Tuto Quiroga, el ‘yuppie’ que encandiló al general Banzer

Tuto no ha dejado de perder, aunque tenga por consuelo el haber participado de la exitosa conspiración que expulsó a Morales de la presidencia en noviembre de 2019.

/ 13 de junio de 2021 / 02:13

Interesante desafío el de establecer cuál de los referentes paternos de Jorge Quiroga Ramírez ha influido más en esa vida de winner, graduado en universidad texana y regresado a Bolivia para trabajar en el sistema financiero y a continuación ser reclutado por el canciller de la República Carlos Iturralde Ballivián en el gobierno de Jaime Paz Zamora.

El despegue de Quiroga se inicia en el comercio exterior emprendiendo una carrera pública con esa vocación ganadora que se inculca en los reductos de la competencia individualista, desde el colegio La Salle, pasando por la práctica del básquetbol en el Nonis de Santa Cruz de la Sierra y más tarde escalando montañas, wiphala en mano, para demostrarse a sí mismo que si tenía vocación para las maratones y la conquista horizontal del mundo, también podía hacerlo verticalmente, buscando llegar al pico más alto.

Fernando Ramírez Velarde, abuelo materno de Quiroga, fallecido apenas a los 35 años, es autor de Socavones de angustia (1947), novela minera que narra el desgarro y sacrificio cotidiano de esa vanguardia obrera de Bolivia y que, según una reseña crítica de Guillermo Lora (Partido Obrero Revolucionario), apuesta por una visión despolitizada en la que el conflicto visto desde el análisis marxista de las contradicciones de clase no asoma en sus páginas. Para Ramírez Velarde, según Lora, la salvación de los mineros se encuentra en la educación, no en la lucha social. En estos términos, la clase trabajadora nunca fue un asunto que le haya quitado el sueño a este segundo Tuto, porque el primero, su padre, se llama Jorge Joaquín Quiroga Luizaga (1933).

Tuto hijo aprende de su padre, y para verificarlo solo se necesitan deducciones elementales, en la medida en que se constituye en el embajador de la dictadura del coronel-general Hugo Banzer Suárez ante el Consejo Internacional del Estaño con sede en Malasia, país al que se traslada con toda su familia para ejercer dicha representación diplomática comercial, con su hijo mayor transitando de la infancia a la adolescencia.

Si el abuelo materno, escritor de una sola y muy reconocida novela no influye especialmente en la vida de Tuto hijo, sí lo hace Tuto padre que en 1987 forma parte del directorio de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) junto a personalidades como Carlos Morales Landívar, alias Quinciño, el Gral. José Antonio Zelaya, Joaquín Aguirre Lavayén, Iván Guzmán de Rojas y Roger Levy. Dos décadas más tarde, ya en su condición de Vicepresidente del reciclado Banzer a la democracia, Tuto hijo organiza la Unidad de Asuntos Estratégicos de la Presidencia (Unasep), conformada con el mismo criterio por su propio hermano menor, Luis Fernando —luego viceministro de Coordinación Sectorial (Ministerio de Desarrollo Económico)—, José Luis Lupo, Salvador Romero, Raúl Peñaranda, Alberto Valdés y Alberto Leytón.

Los criterios de Tuto padre y Tuto hijo aparecen idénticos: formar equipos en que los apellidos y las calificaciones profesionales queden empatados. La Unasep concebida por el vicepresidente Quiroga se constituye, en esa lógica, en el equipo pensante del segundo gobierno de Banzer con propósitos de alerta temprana, monitoreo, realización de estudios de opinión y de otros métodos investigativos, todo ello apuntando al mejoramiento de los niveles de gobernabilidad.

El eslabón con Banzer

Ya tenemos que el abuelo novelista no deja una huella profunda en el nieto, pero en cambio el padre se erige en el eslabón que le permite, años más tarde, acercarse al Gral. Banzer, que queda muy entusiasmado al haber encontrado a su delfín, a quien llevará en 1997 a la candidatura vicepresidencial. Para Banzer —ese lobo con piel de cordero que de la dictadura se obsesiona con pasar a la democracia y descubre a este ingeniero de sistemas, hijo de un amigo al que hiciera embajador durante el septenio dictatorial—, Tuto es el complemento de nueva generación, y que ya había mostrado sus habilidades contables y organizativas como Subsecretario de Inversión Pública y Cooperación Internacional y como Ministro de Finanzas del gobierno del llamado Acuerdo Patriótico presidido por Jaime Paz Zamora, que tiene al General como socio principal.

Tuto es veloz. Es ministro a los 32 años. Paz Zamora queda encantado con la eficiencia de este yuppie que según alguna leyenda urbana es capaz de sumar mentalmente cifras de ocho dígitos. Todo un prodigio que en 1993 es nombrado jefe de campaña del binomio Banzer-Zamora Medinacelli, en 1995 asume la subjefatura nacional del partido —Acción Democrática Nacionalista (ADN)— y en 1997 forma tándem electoral con el General para llegar al poder con un 22,26% de los votos, con devolución de favores de Jaime Paz Zamora y su partido, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), para acceder a la presidencia. Para entonces, los verdugos banzeristas de la dictadura y las víctimas de la misma, los miristas, ya han cruzado muy juntos y varias veces los que se llamaron “ríos de sangre”, a partir de una coalición que se amplía con la participación de otras tiendas políticas como Condepa (Carlos Palenque), la UCS (Jhonny Fernández), la NFR (Manfred Reyes Villa) y el FRI (Óscar Zamora Medinacelli).

Con la entereza de Forrest Gump, pero con el ego del chico guapo de la fiesta, Tuto llega a la presidencia (2001-2002) porque su mentor y padre político renuncia para morir por un cáncer pulmonar. Con el General enterrado, la historia empieza a cobrar otro vuelo luego de haber formado parte de un gobierno, tres años en calidad de vicepresidente y uno como primer mandatario. A partir de entonces, con el transcurso del tiempo dejará de citar a Banzer, y saboteará al binomio de su propio partido —Ronald MacLean-Tito Hoz de Vila (+)— para las elecciones de 2002, cuando la ADN ha ingresado en la recta final de su existencia, camino a la desaparición. El binomio adenista obtiene un 3,4% de la votación.

El efecto Morales

Transcurridos cuatro años, con la “guerra del agua” como antecedente funesto en términos represivos, Quiroga Ramírez corre y corre, esta vez hacia la fundación de su propia fuerza política, Poder Democrático y Social (Podemos), y en 2005 decide participar en elecciones acompañado por la presentadora de televisión María Renée Duchén como candidata a la vicepresidencia, luego de un estrepitoso final de la llamada noche neoliberal con la salida del poder de Gonzalo Sánchez de Lozada, y más adelante de su sucesor, Carlos Mesa.

Lo que el presidente Jorge Quiroga Ramírez no llega a medir durante su mandato son las consecuencias que le acarreará el haber articulado la expulsión de Evo Morales de la Cámara de Diputados, acusado de asesinatos nunca demostrados en la zona del Chapare, subtrópico cochabambino, expulsión que potencia el liderazgo del dirigente cocalero, uno más de los personajes de la vida política del país que termina beneficiándose de la cultura de la victimización con la obtención del segundo lugar en las presidenciales (2002), resultado que al Movimiento Al Socialismo (MAS) le permite instalar una bancada de 35 senadores y diputados y que termina jugando un rol definitorio en las caídas de Sánchez de Lozada (2003) y Mesa (2005). A partir de entonces, el líder indígena de las federaciones cocaleras se convertirá en la pesadilla que llevará a Tuto del podio de los ganadores en sus estudios universitarios y en la función pública, a la zona de los perdedores electorales más notables de la democracia instalada en Bolivia en 1982.

“¿Quién le gana?… Nadie le gana…” sería un perfecto estribillo para resumir el sentimiento clasemediero conservador-neoliberal en la campaña electoral que conduce a las elecciones presidenciales de 2005 con Tuto candidato a conquistar la presidencia. Al frente tenía a Evo Morales, que según encuestas llegaba a un máximo de 35% de las preferencias para el 18D, porcentaje que pulveriza al alcanzar el 53,7%, destrozando todas las previsiones de los estudios de opinión del momento y que desnuda un alarmante margen de error de 18%.

Evo presidente. Por primera vez, luego del retorno a la democracia producido en 1982, un candidato gana con mayoría absoluta. Y le propina una tunda a su principal adversario, Tuto Quiroga, que obtiene el 28%. En Televisión Boliviana, asociada entonces con el diario El Deber de Santa Cruz, el moderador en pantalla del operativo de cobertura de elecciones se ve obligado a abandonar por unos minutos el set televisivo. Su incredulidad y su indisposición estomacal se han puesto de acuerdo: ¿Evo presidente? Ese mismo conductor termina, transcurridos los años y superados sus espasmos, como embajador del gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) en el Vaticano.

Cuando Tuto Quiroga fue nombrado por el ministro de Planeamiento Enrique García como Subsecretario de Inversión Pública y Cooperación Internacional (1990), la comidilla de economistas y tecnócratas es que se trata de un fuera de serie, perfil que se enaltece cuando Samuel Doria Medina sustituye a García, y el staff del nuevo dignatario de Estado es conformado por José Luis Lupo, Juan Carlos y Mario Requena, Flavio Escóbar y por supuesto este ingeniero hijo de otro ingeniero que sobre Evo Morales llega a decir: “Si este pueblo vota por un ignorante, que lo padezca”.  Ese “ignorante”, como afirmaría Tuto padre (Nuevas elecciones en una nueva Bolivia, NODAL, Lucio Garriga Olmo), se convertirá en el presidente que con su presencia en el poder postergará, parece que ad eternum, la ilusión presidencial de Tuto hijo por la vía eleccionaria.

Contra el progresismo latinoamericano

En su propósito sistemático de restarle autenticidad a los logros de los gobiernos de Evo Morales, Quiroga declara en 2014: “Basta con las mentiras de que la bonanza se debe a la nacionalización. Es absolutamente falso. Hoy el país exporta 10 veces más que hace una década. La nacionalización no tiene nada que ver. Hay bonanza económica por los precios altos. Los vecinos nos compran más materia prima (…) Además, hay dinero por la bonanza del gas que se dio por varios factores… Hay bonanza por el contrato de venta a Brasil que hizo Herbert Müller (su ministro de Hidrocarburos), que estipula los costos y volúmenes con los que hoy se vende; por los gasoductos que se hizo en mi gestión; por la ley de IDH que propuso Hormando Vaca Díez (presidente del Senado) y hay bonanza por la venta de materias primas.”

Para Tuto no hubo nacionalización y por lo tanto ninguna acción transformadora en la relación Estado boliviano-inversionistas extranjeros, tema sobre el cual recibe la siguiente respuesta: El presidente ejecutivo de YPFB, Carlos Villegas, acusó a Jorge Quiroga, candidato del Partido Demócrata Cristiano (PDC) de pretender regalar todo el “gas rico” que hoy beneficia a los bolivianos mediante la nacionalización de los hidrocarburos.

“Usted señor Jorge Quiroga, es el principal promotor de regalar nuestro gas  con todos sus componentes a Brasil”, enfatizó al recordar que en todo el periodo de privatización que vivió Bolivia a fines de la década de los años 1990 y la mitad de la década de 2000, su gobierno, ni otros partidos aliados, realizaron gestión alguna para recuperar las fracciones líquidas contenidas en el gas rico exportado a precios de gas seco.

En función a las gestiones realizadas personalmente por el presidente Evo Morales, a partir de 2006, hemos recuperado, Petrobras acaba de pagar a YPFB $us 434 millones por la deuda de los componentes del “gas rico” y las Plantas de Separación de Líquidos, Río Grande en pleno funcionamiento en Santa Cruz y la nueva Gran Chaco próxima a inaugurarse en Tarija, permiten separar Gas Licuado de Petróleo (GLP) y gasolinas que se quedan y autoabastecen a Bolivia y además facilitar la exportación de excedentes a varios países de la región.

Por otro lado, Carlos Villegas dijo que en las páginas negras de nuestra historia, también está escrito cómo Jorge Quiroga Ramírez remató o privatizó las refinerías Gualberto Villarroel de Cochabamba y Guillermo Elder Bell de Santa Cruz, además de la cesión de mayoristas privados de las atribuciones de comercialización de carburantes en Bolivia.

“Estoy seguro que si no recuperábamos, nuestras refinerías, era inminente en la actualidad una crisis energética de magnitud en Bolivia”, subrayó. (Nota de prensa de 31 de agosto de 2009, YPFB).

En las elecciones presidenciales de 2014 —en las de 2009 no participa—, cuando Tuto ya está encaramado en las redes sociales para emprender una nueva carrera, esta vez de descalificaciones siempre adjetivadoras contra Evo Morales, el MAS y gran parte del  progresismo latinoamericano, Tuto es nuevamente candidato a la presidencia, sin Podemos que no pudo, esta vez con la sigla prestada del vetusto Partido Demócrata Cristiano (PDC) y formando binomio con Tomasa Yarhui, quien fuera su ministra de Asuntos Indígenas en 2002. En esta ocasión, Morales gana con el 61% y Tuto termina tercero con apenas el 9,02% de los votos.

Fiel a su estilo de participar intercaladamente en elecciones, Tuto no figura en la papeleta de 2014 y vuelve a habilitarse para 2020. Entonces la cosa se le pinta mucho peor: las encuestas no le dan más que 1% de las preferencias ciudadanas, muy por debajo de Luis Arce (MAS) e incluso de Carlos Mesa (CC), cruda realidad que lo conduce a bajarse de la candidatura, luego de haber sido estratega fundamental de la interrupción constitucional perpetrada entre el 10 y el 12 de noviembre de 2019 con el indispensable asesoramiento de su abogado y amigo, Luis Vásquez Villamor, aquel que fuera presidente de la Cámara de Diputados y concretara la expulsión de Evo Morales en 2002. Tuto pasea la plaza Murillo el sábado 9 de noviembre y es quien dirige operativos clave como la salida de Evo Morales, luego de su defenestración, con el Alto Mando Militar encabezado por el Gral. Williams Kaliman.

Tuto es el hijo pródigo de la Bolivia en que por clase o casta deben mandar los de arriba. Los de abajo han obedecido históricamente, hasta que aprendieron a ganar elecciones en 2005. Para la memoria histórica es siempre necesario subrayar que cuando se resistían a las instrucciones basadas en el manual de buenos ciudadanos, terminaron masacrados, muertos sin nombre, sin apellidos alemanes o judíos y por lo tanto no merecedores de semblanzas por sus servicios a la nación de parte de los diarios del establishment.

Tuto ingresa hacia la tercera edad con su amigo Raúl Garafulic Lehm, dueño de Página Siete, pidiendo que no se vote por él, porque Mesa representa el voto útil para ganarle al MAS. Garafulic dice que Tuto es el mejor, pero que no ganará, y en la lógica e itinerario vital del heredero de Banzer, lo que cuenta es ganar y desde 2005 ha estado dedicado a perder, y perder contra el MAS queda terminantemente prohibido. Este amigo entrañable de la Embajada de los Estados Unidos no ha dejado de perder, aunque tenga por consuelo el haber participado de la exitosa conspiración que expulsó a Evo Morales de la presidencia el 10 de noviembre de 2019.  

La Razón publica una serie de artículos relacionados con el poder y los medios de comunicación en Bolivia. El periodista Julio Peñaloza Bretel investiga trayectorias de la esfera política con peso específico, así como las relaciones complejas y conflictivas entre personalidades públicas y la estructura mediática urbana dominante en el país. La base de esta propuesta está inspirada en la necesidad de acudir a la memoria para combatir el olvido y el desconocimiento.

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Óscar Ortiz, el logiero que hizo presidenta a Jeanine Áñez

Ortiz ya nada tenía que ver con Tuto Quiroga en 2009 y comenzó a trabajar con Samuel Doria Medina, mientras Costas estructuraba a los “Verdes” que se convertirían en el Movimiento Demócrata Social (MDS).

Jeanine Áñez y Óscar Ortiz, en el juramento del cruceño. Foto: La Razón-archivo

/ 6 de junio de 2021 / 08:37

Cuando una tarde de sábado pasé por la heladería de la plaza de Concepción (Chiquitania, provincia Ñuflo de Chávez, Santa Cruz), jamás hubiera imaginado que quien esperaba unos conos de chocolate y frutilla, Óscar Ortiz Antelo, hubiera formado parte en sus jóvenes años de iniciación de la agrupación de laicos católicos conocida en Bolivia como Cristiandad, con jóvenes que salían a las calles con rectangulares estandartes color escarlata y un león dorado tatuado con una cruz roja erguido en dos patas, preparado para la cacería, a advertirnos sobre los peligros que se cernían sobre nuestras cabezas si nos dejábamos tentar por el diablo.

En realidad, la organización católica fundada en 1960 no se llama Cristiandad. Lleva el nombre de Tradición, Familia y Propiedad que según su fundador, el brasileño Plinio Correia de Oliveira, “no es un lema cualquiera. Es el lema anticomunista por excelencia, que atrae las simpatías de todos aquellos que aman la civilización cristiana, y provoca aversión, cuando no odio, en todos aquellos que se han dejado infectar por el virus del comunismo”.

No habrá sido casualidad, sino algo así como un alineamiento simbólico, el haber encontrado a Ortiz comprando helados (año 2010), mientras su familia esperaba en una 4×4, exactamente a una cuadra del museo histórico que originalmente fue la casa de Hugo Banzer Suárez, concepcioneño de origen alemán que gravitaría en la política boliviana durante tres décadas (1971-2001), de cuyo gobierno democrático este administrador de empresas graduado en la UPSA formó parte como asesor de comercio exterior e inversiones, y de vivienda y servicios básicos entre 1997 y 1999.

De Ortiz dicen varios que lo conocen, los que le tienen aprecio y los otros, que era lo que se conoce desde el estereotipo, un nerd, es decir un estudiante aplicado, obsesivo en el propósito de alcanzar metas, y algo retraído socialmente, lo que en alguna medida resulta contradictorio para alguien que decide hacerse anticomunista y salir a gritar su filiación católica conservadora a la plaza 24 de Septiembre, y años más tarde convertirse en un seguidor del banzerismo/adenismo/ tutismo, lo que nos confirma que este operador de la cruceñidad (*) era anticomunista por fe religiosa y más tarde, por adscripción ideológico-partidaria, es decir anticomunista aquí en la tierra como en el cielo.

PODEMOS. Si Ortiz parecía un nerd, seguramente esa pinta era lo que menos le importaba a este hijo de médico prestigioso y respetable familia tradicional, que entre 2008 y 2009 fue presidente del Senado durante el primer mandato de Evo Morales, cuando el masismo afirmaba que había alcanzado el gobierno pero que todavía no había conquistado plenamente el poder. En ese momento representaba a Poder Democrático y Social (Podemos), al que fue invitado por Jorge Tuto Quiroga, que en 2005 había perdido las elecciones frente al MAS y que llegaba de una larga relación partidaria con Banzer en Acción Democrática Nacionalista (ADN) formando binomio presidencial y a quien sucedió por muerte, producto de un cáncer que acabó con el General.

El haber llegado a gerente de la Cámara de Industria y Comercio (Cainco) posicionó a Ortiz como a un nítido representante de los Caballeros del Oriente, logia caracterizada por el pragmatismo en sus acciones, que además controlaba la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), varios colegios profesionales y la Cooperativa de Telecomunicaciones de Santa Cruz (Cotas), envuelta en escándalos de corrupción en el último lustro. Era la época en la que el gerente de la Cainco recibía un plus —refuerzo salarial le llamaríamos en castellano— de todas las instituciones y empresas afiliadas, lo que le permitía un ingreso anual de banquero transnacional.

Hasta aquí estaba claro que visto desde una estrategia de marketing, Óscar Ortiz era un producto programado para un trayecto reglamentario de ascenso religioso, económico y político, que supo diagramar una agenda propia con el respaldo del gobernador Rubén Costas, quien lo convirtió en hombre de confianza como asesor de asuntos institucionales, aunque se hubiera equivocado desde la lógica del Consejo Nacional Democrático (Conalde) articulado por los gobernadores de la llamada “media luna” conformada por Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, primero con el alargamiento de la Asamblea Constituyente (2006- 2008) y luego con la puesta en vigencia de la Ley de Revocatoria de Mandato que lo convirtió en “enemigo de Santa Cruz” según quienes consideran que esa decisión generaría un impacto negativo en la agenda paralela de poder que se había iniciado con el referéndum autonómico cruceño el 4 de mayo de 2008, realizado por fuera del ordenamiento electoral boliviano.

Dicho y hecho, la ley del referéndum revocatorio se materializó en una aplastante ratificación plebiscitaria el 10 de agosto de ese mismo 2008, que le valió al binomio Morales-García Linera el 67,43% de los votos, mientras que los gobernadores de La Paz, José Luis Paredes, y de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, tuvieron que dejar sus cargos producto de derrotas que oscilaron entre el 16 y el 29%.

Eran tiempos de polarización entre el MAS, que seguía camino hacia la concreción de una hegemonía política y de la “media luna” sindicada de separatista-independentista que dio lugar a los bullados casos Terrorismo I y II, sostenidos por más de una década durante la administración de Morales y que finalmente fueron cerrados durante el régimen de facto presidido por Jeanine Áñez, gobierno del que Ortiz sería gestor y protagonista indiscutido.

A pesar de sus significativos traspiés, Rubén Costas veía en Óscar Ortiz al operador ideal que representa intereses económico- empresariales, considerando sus habilidades como organizador de campañas y administrador de agendas de medios en óptimas relaciones con televisoras como Unitel. Costas no dubitó en romper acuerdos con Germán Antelo, que representaba a Nuevo Poder Ciudadano y era respetado miembro de la otra logia cruceña, Toborochis. Al exgobernador se lo conoce en los círculos influyentes cruceños como a alguien que ha estado muchas veces dispuesto a no cumplir con su palabra.

Ortiz ya nada tenía que ver con Tuto Quiroga en 2009 y comenzó a trabajar con Samuel Doria Medina, mientras Costas estructuraba a los “Verdes” que se convertirían en el Movimiento Demócrata Social (MDS). A partir de ese momento, Ortiz dejaría un pie en occidente a través de su relación con Unidad Nacional (UN) y pondría el otro en la Gobernación de Santa Cruz. Era el momento en que el vampirismo político del gobernador invisibilizaría al mismísimo Germán Antelo y a otra figura del movimiento cívico cruceño, Carlos Dabdoub, que alguna vez pensó y propuso una “Nación Camba”.

El apabullante triunfo de Evo Morales en las elecciones de 2009 (62%) daría lugar a la desaparición de la “media luna”, al repliegue de actores como Óscar Ortiz a su cuartel regional para relanzarse en 2014 con la supuesta conformación de un frente amplio promovido por Doria Medina, cosa que en los hechos nunca sucedió, articulándose otro artefacto que con el nombre de Unidad Demócrata (UD) cobijó a los “Verdes” del MDS, UN y hasta a facciones marginales del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).

Rubén Costas es considerado “el epítome de la sobrevivencia política” como gobernador de Santa Cruz. Sus principales detractores hacen la siguiente comparación: Desde 1957 (conquista del 11% por regalías), el departamento más extenso y económicamente más pujante del país dispuso de $us 750 millones, esto es durante casi cuatro décadas. Entre 2006 y 2021, es decir solamente en 15 años, Costas dispuso de $us 2.600 millones, contexto en el que se lo acusa de haber transado una agenda con el gobierno del MAS por debajo la mesa, mientras Óscar Ortiz se erige, como se dice en clave de modismo, en “el mandado de la cruceñidad”.

OPERADOR. El declive de la gestión de Costas comenzaría a producirse cuando éste dejó de apoyar a los distintos gremios en un escenario en el que continuó funcionando a fuerza de agrupaciones ciudadanas sin características de estructuras partidarias orgánicas. En ese marco, Óscar Ortiz es el último gran operador en un ámbito considerado, por los más críticos analistas cruceños, de promiscuidad política en la que no hay actores formales ni reglas nítidas. Con la expiración de lo que algunos llaman “Rubenato”, se sabe hoy que Santa Cruz ya no es más el departamento en el que todo se decide desde un comité cívico, dos logias y tres cooperativas.

El departamento más grande del Estado Plurinacional de Bolivia tiene hoy aproximadamente tres millones y medio de habitantes con un alto grado de movilidad social y étnica, en el que personajes que desde muy jóvenes creyeron en “Cristiandad”, ya no encajan en su lógica, ni están a la altura de los nuevos desafíos. El cabildo del 4 de octubre de 2019 señalaba el inicio de la carrera en las preferencias de la clase media cruceña de Luis Fernando Camacho, hoy gobernador, con el que generacionalmente Ortiz no tiene mucho que ver. En ese cabildo, la Cainco y la CAO ya no tuvieron prácticamente incidencia alguna.

En todo ese recorrido de la mano de Tuto primero, de la de Samuel más adelante, pero sobre todo del brazo derecho de Rubén Costas, Óscar Ortiz desplegó una andadura en la que se las arregló para acceder a la presidencia de la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA), a la vicepresidencia de la Unión Democrática Internacional (IDU) y a convertirse en miembro del Patronato de la Fundación Internacional para la Libertad, además de haber promovido la creación de la Fundación Nueva Democracia. Ortiz mantiene nexos con sectores conservadores de los Estados Unidos y con reductos formativos españoles vinculados al Opus Dei que “ayuda a encontrar a Cristo en el trabajo, la vida familiar y el resto de actividades ordinarias”. Mejor conectado que en estas condiciones, muy difícil.

PRESIDENCIABLE. Wikipedia define al reaccionario como a quien “es partidario de mantener los valores políticos, sociales y morales tradicionales y se opone a reformas o cambios que representan progreso en la sociedad.” La aplicación de esta definición diría que Óscar Ortiz se ha distinguido por defender una visión-acción excluyentes, en la que el conglomerado plurinacional boliviano no figura como sujeto de sus desvelos y es en ese cuadrilátero electoral que finalmente alcanzó la candidatura presidencial para las elecciones de 2019, representando al Movimiento Demócrata Social (MDS) por el que Rubén Costas sacaba pecho en tanto lo exhibía como un partido serio y orgánico “con proyección nacional”.

A partir del momento en que Ortiz se hizo presidenciable, apartando de en medio a Samuel Doria Medina, el más perdedor de todos los candidatos perdedores frente al MAS, había que replantearse la vida entera, por lo que sus asesores de imagen le aconsejaron que archivara la cabellera postiza para sustituirla por un implante capilar que le otorgaría un aire remozado con raíces de cuero cabelludo rejuvenecido. A esas alturas, Ortiz lucía mejor y conforme iba avanzando su campaña, se animaba a sí mismo diciendo que subía y subía en las encuestas.

El resultado obtenido el 20 de octubre de 2019 fue lapidario: Alcanzó apenas el 4,24% de los votos a nivel nacional, catástrofe porcentual amortiguada por la anulación de dichos comicios por presunto fraude y que tuvo como consecuencia la caída del presidente Evo Morales.

Había llegado la hora de ejecutar ágiles movimientos para gestar una transición gubernamental a la medida de sus expectativas y ambiciones, y es en ese escenario que Ortiz cometió la proeza, junto a su colega senador Arturo Murillo, de fabricar en medio de la violencia y el desconcierto nacional la presidencia del Estado para su colega del Beni, Jeanine Áñez. Si se considera que Áñez ya se había autoproclamado por televisión el mismo 10 de noviembre y se ponía en ejecución el “plan B” referido por Doria Medina entre el 11 y 12 en reuniones en la Universidad Católica, la verdad material dice que Óscar, Arturo y Jeanine armaron el triángulo perfecto para violar el ordenamiento de la sucesión constitucional: los Demócratas se habían hecho del poder en 48 horas a sabiendas de las consecuencias jurídico-legales por las que hoy debe responder, en primer lugar, la autoproclamada e inconstitucional presidenta/ candidata de la transición.

Ortiz continuó como senador durante casi la mitad del gobierno de facto, pero apenas iniciado éste, se perfiló como pieza clave de la nueva maquinaria de poder, aunque se sabe que siempre apocado por el temperamento arrasador de Murillo de quien se había hecho compinche desde que fueran electos en 2014. Era el amigo sumiso del capo de la cuadra.

Orgulloso de sus tareas fiscalizadoras contra hechos de corrupción del gobierno del MAS, alguno de ellos comprobado, Ortiz había investigado el manejo del Fondo Indígena, CAMC y Gabriela Zapata, barcazas chinas, taladros en YPFB, y las habituales prácticas de contratación directa. El 8 de mayo asumió el Ministerio de Desarrollo Productivo y exactamente dos meses después llegó al de Economía y Finanzas Públicas. Desde allí continuaría enganchado en plan cacería junto a sus colegas Murillo y Yerko Núñez, ministro de la Presidencia, para acusar, por ejemplo, al presidente del directorio de la empresa de seguros Pro Vida, Marcelo Hurtado, de haber sacado del país $us 15 millones sin el conocimiento de la autoridad en el rubro, sin que dicha acusación pudiera probarse en lo más mínimo.

“He presentado una denuncia frente al Ministerio de Economía, en la cual pido que se realice una investigación sobre la transferencia que ha hecho la empresa Provida, de $us 15 millones, a un banco en Estados Unidos; $us 15 millones que corresponden a los seguros previsionales que forman parte del seguro”, afirmó Ortiz el 15 de enero de 2019 cuando todavía era senador.

Según responde el acusado Hurtado, se trata de una falsedad que lo ha decidido a procesar penalmente a Ortiz. En buenas cuentas, a Hurtado, que además forma parte de la estructura propietaria de las televisoras ATB y PAT, le montaron un caso que lo despachó durante nueve meses al penal de San Pedro por el que en primera instancia le pidieron $us 3 millones para dejarlo en paz y luego le rebajaron el monto a la mitad. No cedió ante las presiones. Este fue el modus operandi con el que el gobierno que fabricó Ortiz junto a Murillo se dedicó a perseguir, criminalizar, encarcelar y extorsionar.

“La virtud de Óscar es la moderación”, dice alguien que lo percibe desde la buena fe. ¿Sabrá el exsenador, exministro, despedido del gabinete de Áñez el día de su cumpleaños (28 de septiembre de 2020), si su contabilidad diaria lo da como ganador o perdedor? En la actualidad, luego de haber renunciado como militante de los Demócratas, conduce el streaming Óscar Ortiz de frente. En su última emisión se refirió al “Estado corrosivo”.

Quienes conocen muy bien a Ortiz, dicen que no le interesan las audiencias nacionales. Lo que busca es sostener su prestigio más allá de nuestras fronteras, donde no se conoce su carrera hacia el poder. Donde no saben que por ahora ha dejado la política, luego del estruendoso fracaso del transitorio gobierno de facto, obra de su creación.

(*) La Asamblea de la Cruceñidad es la instancia suprema de decisión conformada por el Comité Cívico pro Santa Cruz, el Comité Cívico Femenino y la Unión Juvenil Cruceñista. También participan directores y delegados de cada sector institucional, así como los presidentes de las instituciones provinciales y subcomités.

LA RAZÓN inicia hoy la publicación de una serie de artículos relacionados con el poder y los medios de comunicación en Bolivia. El periodista Julio Peñaloza Bretel investiga trayectorias de la esfera política con peso específico, así como las relaciones complejas y conflictivas entre personalidades públicas y la estructura mediática urbana dominante en el país. La base de esta propuesta está inspirada en la necesidad de acudir a la memoria para combatir el olvido y el desconocimiento.

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Yo no fui, fue Teté

/ 5 de junio de 2021 / 01:51

Hay operadores disfrazados de neutrales que se han especializado en usar reflectores a partir de sus fobias y a mirar para otro lado cuando se trata de encarar asuntos que pueden incomodar sus fijaciones. Es eso lo que está sucediendo con la detención de Arturo Murillo en una cárcel de Miami, acusado de haber lavado dinero obtenido por la compra con sobreprecio de gases lacrimógenos en tiempos en que a los militares se les había fabricado una licencia en forma de decreto (4078) para dispararle a la población civil que no les acarreara consecuencias penales.

Dicen que no sabían y que ahora saben. No es cierto. Estaban debidamente informados de cómo venía la mano con Murillo a la cabeza del aparato represivo del Estado. El 31 de mayo de 2020, Junior Arias, de Gigavisión, sin otra protección que la de sus convicciones periodísticas destapó el caso, lo que le valió persecución y amenazas del régimen. Explicó con detalles las relaciones de Murillo con los Berkman, sus amigos de juventud de Cochabamba, pero tal era el estado masturbatorio de algunos opinadores que se hacían los despistados con el acoso callejero a masistas y no masistas que jamás tensaron pititas, que las hay de varios colores para información de quienes dicen que eso es una simplificación, y que conformaron una suerte de grupúsculo colaboracionista y persecutor.

Jeanine Áñez sabía quién y cómo era su colega senador antes de nombrarlo ministro. También lo sabía su dócil compinche, Óscar Ortiz, que acabó expulsado del gabinete el mismísimo día de su cumpleaños por mostrar su desacuerdo con un intento de devolución de acciones a la Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica de Cochabamba (ELFEC) ¿Promovido por quién?… Por quién más podría ser. Por Arturo Murillo, el omnipresente del régimen de facto.

Todos quienes formaron parte y avalaron la forma en que se concibió e instaló el gobierno de transición, sabían quién y cómo era Murillo, aunque no recuerden cómo aconsejó a las mujeres a suicidarse, a tirarse de un quinto piso, pero que no atentaran contra las vidas de seres en gestación, no culpables de venir al mundo, en franco respaldo a lo más conservador del catolicismo Pro Vida y antiaborto. Era suficiente con ese antecedente para que una mujer en la presidencia jamás tomara la decisión de entregarle la responsabilidad de administrar la seguridad interna del país.

A Murillo no le interesó jamás construir un proyecto político alternativo al del MAS. Solo quería aprovechar el cuarto de hora que le tocaba para hacer dinero, razón por la que recurrió a un execrable comportamiento cuyo núcleo central es el de la muerte de bolivianos en Sacaba-Huayllani, Senkata y El Pedregal, culpando a cubanos, venezolanos y “masistas que se dispararon entre ellos”. Lo de la persecución a “sediciosos” y “terroristas”, así como el combate contra la pandemia era nada más que un conjunto de maniobras distractivas para usar el Ministerio de Gobierno como caja chica, pero sobre todo como caja grande.

El actual ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, informó el pasado 18 de mayo que se detectaron adquisiciones irregulares por Bs 156 millones, por las que están siendo procesadas 52 personas contratadas por Murillo que deben responder por 49 procesos. Lo de los gases lacrimógenos es solamente la pequeña muestra de una estructura corrupta, represiva y violenta, de la que dicen miembros de la corporación de opinadores que recién se enteran y que ahora que están informados, no pueden aceptar que la transición haya estado a cargo de “la pandilla de Miami”, cosa que también es falsa.

La transición golpista no fue obra de ninguna pandilla con sede en la Florida norteamericana. Fue facilitada por los mandos militares y policiales bolivianos en forma de motines y pedidos de renuncia a Evo Morales, por Carlos Mesa, Ricardo Paz Ballivián, Carlos Alarcón, Jorge Tuto Quiroga, Luis Vásquez Villamor, Luis Fernando Camacho, Jerjes Justiniano, Samuel Doria Medina, por el cura Eugenio Scarpellini (+), por el embajador de la UE León de la Torre, Rolando Villena (+) y Waldo Albarracín, del Conade, y Juan Carlos Núñez de la Fundación Jubileo. Y fogoneada por animadores de televisión, redactores de noticias, activistas en redes sociales y escribidores de columnas en diarios conservadores. Todos esos actores abrieron las compuertas para, al estilo Evo, “meterle nomás”.

Luego de las reuniones del 11 y 12 de noviembre en la Universidad Católica, la materialización de la investidura de Áñez fue operada en trío senatorial con Murillo y Ortiz. Los autores de la inconstitucionalidad son ellos.

El 10 de agosto de 2020, Murillo le dijo a Fernando del Rincón, de CNN, que “meter bala sería lo políticamente correcto” para desbloquear las carreteras. A confesión de parte, relevo de prueba. El ministro lavandero no le hacía ascos a la idea de volver a abrir fuego como ya se había procedido en noviembre de 2019. Ahora pretenden desmarcarse insinuando que no estaban informados acerca de quién era este personaje. Patéticos impostores.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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El recuento de los daños

/ 22 de mayo de 2021 / 01:32

En los romances más fresas o en los affaires más torrenciales, los rompimientos suelen quedar mínimamente marcados por incidentes y portazos. Todo indica que Evo Morales no cerró bien su relación con Gabriela Zapata y es justamente a partir de ese asunto sentimental sin final cristalino que todo un país terminó sumergido en una crisis de Estado extendida casi cinco años, desde el 21 de febrero de 2016 hasta noviembre de 2020. Una historieta que no debería trascender el culebrón, se convirtió en el principio del fin de un ciclo gubernamental.

1. Las urnas le dicen no a Evo. Estaba convencido de que ganaba, de que podría volver a postularse a la presidencia, pero la telenovela con Zapata marcó la tendencia moralista y sentenciosa del resultado electoral. El 51% le dijo no a Evo y a partir de ese momento el Movimiento Al Socialismo (MAS) quedaba en la obligación de diseñar el recambio de binomio para intentar reproducir el poder.

2. El Tribunal Constitucional le dice sí a Evo. El 28 de noviembre de 2017 quedará inscrito como el vergonzoso día en el que un puñado de abogados decidieron que Evo Morales quedaba habilitado para ser nuevamente candidato. Aduciendo un derecho humano según el Pacto de San José, se estornudaron en la voluntad expresada en el referéndum realizado 21 meses antes, sin prever que las consecuencias serían devastadoras, generando una indignación que transformó la rabia de quienes sintieron que se les arrebataba su derecho al triunfo plebiscitario, en acciones que generaron una polarización expresada a través del odio racista, de la subestimación histórica al “de abajo” que se había convertido en un presidente que se pasaba por el forro la voluntad ciudadana.

3. No al nuevo Código Penal. En diciembre de 2017, los colegios médicos se convirtieron en la primera punta de lanza contra el presidente prorroguista. Se opusieron con terquedad a la puesta en vigencia de un nuevo Código Penal, cuestionando el artículo 205 referido a la mala práctica profesional. A ellos se sumó la Iglesia Católica que cuestionaba ese instrumento que se orientaba a transformar la cultura punitiva de la Justicia boliviana, por su abierto cuestionamiento al aborto respaldado por plataformas ciudadanas. Médicos, curas, católicos y evangélicos habían comenzado las tareas de boicot a la gestión gubernamental.

4. No al Sistema Único de Salud. En enero de 2019, los médicos volvieron a la carga afirmando que no existían condiciones para poner en vigencia el Sistema Único de Salud (SUS). El 11 de ese mes ya se habían inscrito 250.000 personas para acceder a los beneficios de una cobertura de la que jamás dispusieron. El forcejeo se sostuvo por meses, instalándose la idea de que la medida era electoralista, que el gobierno recién pretendía hacer algo por la salud de manera tardía.

5. Cuatro millones de hectáreas incendiadas. En octubre de 2019, el gobierno de Evo Morales, presidente, pero sobre todo candidato, tuvo que extremarse para sofocar el fuego en la Chiquitanía que destruía sin piedad bosques y fauna. Un cabildo en el que se habrían congregado un millón de personas en Santa Cruz de la Sierra, acusó de ecocida al masismo. No se ha llegado a comprobar que los incendios fueran provocados con una inequívoca intencionalidad política: erosionar la candidatura oficialista a la que desde junio ya se la acusaba por anticipado de fraude para las elecciones del 20 de octubre. Al año siguiente, el gobierno de facto de Jeanine Áñez no derogó los decretos sobre los incendios con un millón de hectáreas consumidas por el fuego. Ya no hubo alarma nacional, los ambientalistas de ocasión desaparecieron, los medios conservadores ya no reaccionaron horrorizados. No importaba. El “Evaristo” ya no estaba en el gobierno.

6. La imperdonable interrupción del conteo rápido en elecciones. La interrupción y la reposición intempestivas e inexplicables de la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) fue la decisión más equivocada y destructiva en la historia electoral boliviana desde el retorno a la democracia en 1982. Sucedió entre el 20 y 21 de octubre, y a partir de ese momento la narrativa del fraude fue proclamada victoriosa para provocar la anulación de los comicios que dieron paso al derrocamiento del gobierno con la activa participación del Departamento de Estado norteamericano, la OEA, candidatos opositores, la Policía Boliviana, las FFAA, los comités cívicos, los colegios médicos, los ambientalistas y los curas que se habían encargado de socavar durante casi dos años al gobierno que exhibía su autosuficiencia con un candidato forzado en una mesa de “notables” constitucionalistas.

A continuación, se impone la auditoría de los daños infligidos al país por el régimen de Jeanine Áñez, producto de una sucesión inconstitucional a la que nos hemos referido en este espacio periodístico desde mayo del pasado año. Venga el diablo y escoja.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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Almagro, el amigo-enemigo

/ 8 de mayo de 2021 / 03:40

Tiene potencia simbólica que lleve el mismo apellido que Diego, conquistador del Perú, descubridor de Chile, primer europeo en llegar a lo que hoy es Bolivia. Luis Almagro es en pleno siglo XXI el Virrey del Sistema Interamericano que funciona a través de la Organización de Estados Americanos (OEA), una especie de agencia multilateral digitada por el Departamento de Estado con sede en Washington, para administrar América Latina con los preceptos del neocolonialismo: expulsión de Cuba del organismo, golpes de Estado (Guatemala, 1954; Granada, 1983), injerencia persistente, apoyo a Inglaterra en la guerra de las Malvinas, silencio ante el golpe contra Hugo Chávez en Venezuela (2002), y en Bolivia, con el imperdonable aval del gobierno de Evo Morales, realización de una auditoría vinculante que no correspondía y que dio paso al gobierno de facto presidido por Jeanine Áñez con el argumento de fraude, palabra que no se incluye en el informe final intervencionista, repleto de inconsistencias técnicas.

Hoy Colombia se desangra luego de una reforma tributaria de la que ha retrocedido su presidente, Iván Duque, gracias a masivas movilizaciones que ya han generado una veintena de muertos, 90 desapariciones y 800 heridos, asunto al que, fiel a su estilo, Almagro no se refiere: el silencio suele ser la mejor expresión de los agentes del orden mundial, esos que han hecho de sus responsabilidades funcionarias, prácticas tendenciosas en función de los intereses de quienes les abonan los suculentos salarios anuales que perciben.

Graduado en la maniobra política ejercitada durante por lo menos cuatro décadas, Luis Almagro era blanco y batllista (Partido Nacional, centro derecha) como él mismo se define, para más tarde desembarcar en el Frente Amplio uruguayo y convertirse en Canciller del gobierno de José Mujica. Ya Secretario General de la OEA el haber afirmado en 2018 que no se debía descartar una intervención militar en el conflicto Colombia-Venezuela, le valió la expulsión por unanimidad del Frente, en su breve y oportunista paso por la izquierda uruguaya. Y es que Almagro es eso, alguien que se acomoda con astucia para lograr sus objetivos como el de la reelección al cargo que ejerce en que los buenos están del lado que le conviene y en ese sentido Bolivia es el mejor ejemplo para graficarlo: condenó la repostulación de Evo Morales rechazando categóricamente el argumento del derecho humano para repetirse en la presidencia, para pocos meses después cambiar radicalmente el libreto y aterrizar en el Chapare donde afirmó sin sonrojarse que sería discriminatorio impedirle ser candidato al propio Evo, para nuevamente volver a la carga desde la vereda opuesta y convertirse en el principal artífice de la caída del prorroguista presidente boliviano, enviando a operar a su principal asesor, Paco Guerrero, quien movió los hilos de la misión de observadores para las elecciones de 2019, con la participación de una marioneta como el costarricense Manuel Gonzales Sanz que el 21 de octubre desde La Paz le puso la chapa de fraude a las elecciones realizadas un día antes, con el objetivo de voltear la silla presidencial.

Almagro era malo porque no quería la repostulación de Evo. Se convirtió cuando dijo aquí mismo, en tierras cocaleras, que no había que discriminarlo, porque buscaba el voto boliviano para su propia reelección al mando del organismo interamericano. Y ese mismo, sí, Almagro, Luis, Secretario General de la OEA, con toda la experiencia y el oficio que le dan sus años en el ejercicio de la función pública y el poder, liquidó la presidencia de Evo como principal agente externo de la defenestración con los cipayos de la política criolla, golpistas todos ellos, que se encargaron de completar la operación.

Almagro es un zorro de la política multilateral. Pillé una frase suya como hincha del Nacional de Montevideo, que bien puede aplicarse a cómo maneja su estar y no estar: “No hay nada como aparecer después de una victoria”.

No sabemos exactamente si el excanciller Diego Pary, el exministro de Justicia Héctor Arce, o los dos en coordinación, se dejaron llevar de las narices. Cometieron errores de principiantes cuando creyeron que la bendición del Virrey limpiaba cualquier obstáculo hacia la reelección del insustituible Evo. Así les fue. Pero mucho peor que eso: Así le fue al país entero que ingresó en una crisis de Estado que se prolongó por casi un año y costó casi 40 muertos, 200 heridos y 1.500 perseguidos-detenidos.

Con todo lo acontecido, con la experiencia que avala su ejercicio implacable, no deben quedar dudas de que Luis Almagro seguirá en la línea de abofetear a Bolivia. Como ha demostrado que lo puede hacer con toda la autosuficiencia que le permite su habilidad y pragmatismo.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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