Voces

martes 20 abr 2021 | Actualizado a 16:22

Jeanine y el trío del poder

/ 27 de marzo de 2021 / 02:35

 El que fuera senador Edwin Rodríguez (Movimiento de Organizaciones Populares, MOP), recordó en un programa de radio hace siete días (Al límite, Illimani-Patria Nueva) que había quedado abierta la posibilidad para que el 12 de noviembre de 2019, a través de un acuerdo con la mayoritaria bancada del MAS, pudiera asumir la presidencia del Senado y de ese modo dar paso a una genuina sucesión constitucional, una vez renunciados Evo Morales, Álvaro García Linera, Adriana Salvatierra y Víctor Borda.

En plena campaña electoral, el senador potosino estaba convencido de que había que concentrar el voto por un solo candidato para ganarle al MAS, y por ello desistió de su postulación junto a Óscar Ortiz. Pues bien, cuando el Plan B (Áñez presidenta) notificado por Doria Medina en la Universidad Católica a representantes del MAS (Adriana Salvatierra, Susana Rivero, Teresa Morales) ya había entrado en funcionamiento, el propio Ortiz, Arturo Murillo y Jeanine Áñez en ágil movida, habilitaron a la suplente de Rodríguez, Reina Isabel Villca Huayllani, quien en su momento firmó una carta dirigida al presidente de EEUU Donald Trump, pidiendo intervenir Bolivia. Con esta indebida habilitación, a Rodríguez se le impidió el ingreso a la Asamblea Legislativa, lo mismo que a senadores y diputados del MAS, ante el riesgo que suponía para este trío de senadores, la instalación reglamentaria de la sesión.

En contacto con otra radioemisora (Centro de Producción Radiofónica, CEPRA), Rodríguez declaró que al haberse distanciado de la derecha boliviana, es decir, de su propia bancada, y entablado contactos con senadores masistas, se hacía probable que asumiera como presidente de la transición hacia nuevas elecciones, por lo que los senadores en cuestión —repitamos, Ortiz- Murillo-Áñez— decidieron omitir el procedimiento constitucional y de ese modo se generó la autoproclamación de la segunda vicepresidenta del Senado violando el art. 169 de la Constitución y el reglamento del Senado, quien ya había anunciado el mismo domingo 10 por televisión que llegaría a La Paz para asumir una presidencia que “le correspondía”.

Completo, con éste, una cincuentena de textos periodísticos publicados desde fines de diciembre de 2019 (Hasta aquí llegamos Evo, www.debatesindígenas.org), relacionados con la sucesión inconstitucional de Áñez que dio lugar a un gobierno de facto, autoritario, represivo y corrupto. Hasta aquí se han registrado datos, argumentos, citas, declaraciones y comportamientos, todo esto en el marco de una detallada recolección de los hechos producidos entre noviembre de 2019 hasta estos días en los que tenemos a la autoproclamada expresidenta guardando detención preventiva por cargos de conspiración, sedición y terrorismo, a los que se van agregando otros relacionados con su ejercicio en el poder, entre ellos, responsabilidades por las muertes de Sacaba y Senkata.

Lo que queda más claro que el agua es que Jeanine sabe lo que hizo. Que junto con sus colegas Ortiz y Murillo tomaron el gobierno por asalto. Si los descontrola que se le llame Golpe de Estado, pueden ponerle el nombre que menos molesto les resulte, al final de cuentas, el transcurso del tiempo ayudará a establecer la verdad histórica superando las narrativas.

Un breve diálogo de uno de estos senadores con un funcionario de la Asamblea Legislativa en momentos tan decisivos para la preservación de la constitucionalidad del país, me permite asegurar que eran conscientes de lo que estaban haciendo:

—Senador, lo que están por hacer es ilegal…

—Sabemos que sí, que es ilegal, pero tenemos el apoyo del pueblo. Y actuaremos con esa legitimidad.

Ortiz, Murillo y Áñez sabían que estaban violando la ley, pero su animalidad política les decía que en ese momento “su legitimidad” mandaba, que con las fuerzas militares y policiales reprimiendo las movilizaciones populares que derivarían en masacres, y con la furia de las clases medias profundamente antimasistas que supieron saltar de las redes sociales a las calles, encontraron que los uniformes y las armas de fuego protegían esa “legitimidad” que según el senador X justificaba la violación a la legalidad. De las calles, las carreteras y los bloqueos nació el MAS-IPSP, y en esas calles y carreteras se lo reprimió y masacró para dar lugar a un inconstitucional gobierno de transición promovido con exacerbación.

Jeanine Áñez, consciente de haber violado la ley para hacerse de la presidencia, ha recibido desde la lejanía de los Estados Unidos un “fuerza amiga, estamos del lado correcto de la historia y será ella la que nos juzgue” de parte de Arturo Murillo. En cambio, Óscar Ortiz, que terminó rompiendo con el gobierno, con Áñez y Murillo, y con los Demócratas, parece no estar tan conmovido con el destino de quien fuera usada para la toma del poder y hoy se encuentra en estado de melodramática victimización.

 Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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Obituario de los Nadies (*)

/ 10 de abril de 2021 / 02:05

Mientras la corporación periodística de la derecha no deja de mirarse el ombligo, esta vez porque alguien osó “desprestigiar” a una de sus agremiadas por una consultoría resumida en un informe de 18 páginas, examino la lista de los muertos, consecuencia de la “pacificación” emprendida por Jeanine y Murillo. Mientras la presidenta de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos defiende a capa y bastón a los policías y militares que decidieron traicionar el orden constitucional en noviembre de 2019, observo que gran parte de los muertos son cocaleros de las seis federaciones del Chapare y jóvenes estudiantes de El Alto. El promedio de edad de los masacrados oscila entre los 25 y los 30 años.

Mientras el Comité Nacional de la Democracia (Conade) fundado contra la dictadura de García Meza, sale profiriendo alaridos por la detención preventiva de la autoproclamada Áñez, leo en los reportes del Centro de Documentación e Información Bolivia (Cedib) que los caídos en el puente de Huayllani (Sacaba) se fueron de este mundo por traumas torácicos y encefalocraneanos, hemorragias internas, laceraciones cardiacas y disparos de armas de fuego.

Mientras la corporación de opinadores del conservadurismo gruñe, ansiosa, desesperada por querer demostrar que no hubo golpe de Estado, compruebo, otra vez, que efectivos militares pretenden justificarse diciendo que se detectaron “elementos extranjeros” entre los movilizados, que se encontró una munición 7.65 que no tienen las Fuerzas Armadas bolivianas, o que “se dispararon entre ellos”. Releo las informaciones y ya no me quedan dudas de la naturaleza fascistoide del gobierno de facto que para blindar a los blindados, les regala el Decreto 4078 con el que los exime de responsabilidades penales en su misión de restablecimiento de la ley y el orden, dicho de manera brutal, les confiere licencia para matar.

Los familiares de los Nadies no compran diarios. Y menos se les ocurriría publicar avisos necrológicos de sus muertos. Los Nadies apellidan Jamachi, Paniagua, Posto, Mamani, Ticona, Quisbert, Tenorio, Patty, Zenteno, Huanaco, Vásquez, Carballo, López, Calle, Colque, Sipe, Sánchez, Sejas, Vargas, NN, Larico, Callizaya, Callisaya, Taco, Ledezma, Jarata, Condori, Conde, Soria, Guzmán, Rojas y Salinas. En medio de esta nueva tragedia nacional en forma de masacre política es justo no dejar de mencionar a Mario Salvatierra y Marcelo Terrazas que en fuego cruzado murieron en Montero, Santa Cruz, el uno como parte de un grupo irregular y el otro como militante del Movimiento Al Socialismo (MAS). Hay también un sargento de policía, Juan José Alcón Parra, que pereció en los disturbios callejeros producidos en El Alto y el comandante de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP), Cnl. Heyberth Antelo, que falleció producto de un accidente automovilístico, dicen que en el intento de evitar un cachorro de dinamita.

Suficiente con recontar los muertos y verificar sus procedencias. La mayoría es aymara y quechua. Muchos de ellos, militantes de organizaciones sociales vinculadas al MAS, pero no todos, porque ya se sabe que entre los muertos, los 31 heridos de Senkata y los 115 de Sacaba-Huayllani, no faltan los de siempre, “los que pasaban por ahí” y a quienes les llegó una bala perdida o que sin saber leer ni escribir fueron pateados en el suelo por efectivos de uniforme verde olivo.

Esta es la pacificación que le ha regalado Jeanine Áñez y sus secuaces a Bolivia en noviembre de 2019. Este es el marco en el que se propone “borrón y cuenta nueva”. Fácil, como no son “sus” muertos… a olvidar el “fraude”, el golpe de Estado y a construir un país para todos. Qué tipos geniales. Tuvieron casi un año completo para generar una proposición acusatoria debidamente documentada con el objetivo de demostrar que hubo un cambio “sospechoso” en la tendencia del conteo preliminar no vinculante de las elecciones del 20 de octubre. ¿Qué hicieron? Perseguir masistas y afines. Criminalizarlos. Cazarlos como lo confesó sin tapujos Murillo, el ministro de la muerte. Y aquí debemos añadir: Extorsionarlos vía fiscales, ofrecerles pegas a cambio de testificaciones inventadas contra sus jefes, pedirles astronómicas sumas de dinero a cambio de libertad. Eso hicieron. A eso se dedicaron, y también al armado de torpes negociados, entre otros, con el coronavirus.

La corporación periodística, la corporación de opinadores, la Asamblea de la “derecha humana” y el torcido Conade, callan sobre los muertos de Sacaba, Senkata-Huayllani, El Pedregal y Betanzos, quienes otra vez ofrendaron sus vidas convencidos de un profundo sentido de nación. Gracias infinitas a todos ellos y a sus familias. Aunque no alcance. Que a la jerarquía eclesiástica y a algunos embajadores les quede siempre claro que el dolor humano es intransferible.

   (*) “Los Nadies, que cuestan menos que la bala que los mata” (Eduardo Galeano, 1940)

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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Escapistas

/ 13 de marzo de 2021 / 01:56

Se abre un nuevo capítulo de la política y la gestión pública con unas elecciones subnacionales en las que al Movimiento Al Socialismo (MAS) no le ha ido bien; primero, por el traumático antievismo manifestado en las urnas que padece la Bolivia conservadora-neoliberal; segundo, por la caótica e inorgánica manera en que el único partido con alcance nacional definió candidaturas, varias de ellas equivocadas vistos los resultados; y tercero, por inexistentes estrategias de campaña de varios de sus principales actores, muchos de ellos casi seguros de obtener triunfos antes de salir a pelear en la cancha.

En ese contexto, esos histéricos opinadores autoproclamados demócratas, así, a secas, tienen que estar contentos porque sus referentes golpistas (noviembre, 2019) han obtenido triunfos significativos que buscarán blindajes desde el poder ante procesos judiciales por haber tentado y convencido a oficiales militares y policías de perforar el orden constitucional entre motines e indebidos pedidos de renuncia al Presidente del Estado, acusado entonces de montar un fraude hasta ahora no demostrado, ni siquiera con la ventaja de controlar el país los 11 meses que tuvo el principal persecutor del masismo, Arturo Murillo, para alentar una investigación por anverso y reverso, y de esa manera encontrar las pruebas que justificaran procesos penales contra los presuntos delincuentes electorales.

De persecutor político, Arturo Murillo pasó al oficio de escapista que consiste en crear problemas y a continuación huir de ellos, en este caso, antes de que la exasperante lentitud de nuestro sistema judicial encontrara los cargos para acusarlo por los desmanes cometidos y auspiciados en su autoritario ejercicio como Ministro de Gobierno. Seguramente para uno de esos opinadores, digamos que el más histérico por su vocación para el agravio y por el padecimiento de alucinaciones con el presidente Arce, Murillo, creación política de Doria Medina, debe ser otro “demócrata” como él, lo mismo que otros persecutores mediáticos, también auspiciados por Samuel, el gran perdedor de la historia electoral del país forever in the life.

En el mismo club de escapismo hay que contemplar al Gral. Sergio Orellana, ese que en su calidad de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, flanqueado por varios de sus camaradas, se dirigió en traje de combate a la Asamblea Legislativa Plurinacional para arrancarle a Eva Copa la aprobación de ascensos. Eran momentos en que se podían encontrar tanquetas circulando por las calles de nuestras ciudades, para garantizarnos que no nos enfermaríamos de coronavirus, si se considera cuán efectiva puede ser una metralleta en el combate contra una pandemia. No le fue bien a Orellana, que tuvo que volver sobre sus pasos y con el rabo entre las piernas. Alguien ya ha debido informarle que lo único que quedaba de institucionalidad democrática en ese breve tiempo de botas y charreteras, eran las cámaras de Senadores y Diputados, escenario del que rebotó olímpicamente hasta llegar, dicen que a Colombia, luego de imitar el escapismo de Murillo, seguramente agobiado por sus responsabilidades.

Es probable que Orellana sufra pesadillas con Senkata, Sacaba y El Pedregal, pero sobre todo sueñe con el Decreto Supremo 4078 firmado por la presidenta de facto Jeanine Áñez y sus ministros, que en su artículo 3 dice: “El personal de las FFAA que participe en los operativos para el restablecimiento del orden interno y estabilidad pública estará exento de responsabilidad penal cuando, en cumplimiento de sus funciones constitucionales, actúe en legítima defensa o estado de necesidad, en observancia de los principios de legalidad, absoluta necesidad y proporcionalidad, de conformidad con el Art. 11 y 12 del Cód. Penal. Ley 1760 y el Código de Procedimiento Penal.”

El que no juega al escapismo y es capaz de ganar una elección con más del 50% de los votos es el candidato de Creemos a la Gobernación de Santa Cruz, que lo de macho lo lleva hasta en el apellido, el cual honra sin un ápice de remordimientos, cuando junto con su papá acudieron a gestionar el golpe con policías y militares, tal como lo cuenta hinchado de orgullo en un video hiperviralizado en las redes, convencido de ser la reencarnación del Cristo Redentor de la Monseñor.

En esta apertura de un nuevo episodio en nuestra literaria vida política, algunos legisladores del MAS, sin orientación sobre competencias, piden las renuncias de los ministros de Gobierno y de Justicia por haber permitido la huida del excomandante Orellana, como si a estos dignatarios de Estado les correspondiera actuar en esta materia y para que más temprano que tarde vuelva a acusarse al partido de gobierno de persecución política como en los peores momentos del último gobierno de Evo Morales, mientras el Ministerio Público duerme el sueño de los justos.

  Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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Eva son dos

/ 27 de febrero de 2021 / 01:29

El 19 de diciembre de 2020 me referí en esta misma columna al coraje demostrado por Eva Copa para preservar el único bastión institucional democrático con el que contaba el país, luego de que Jeanine Áñez entrara por la ventana a la presidencia del Estado, acción inconstitucional persistentemente defendida por la estructura mediática urbana de la derecha boliviana.

Vislumbré en la expresidenta del Senado el convencimiento por una causa que en realidad había consistido en cierto instinto político y no en la defensa de unas convicciones ideológicas y partidarias, y por ello, cuando destaqué su comportamiento al haber desafiado al ministro Murillo, luego impidiendo la concreción de un crédito con el FMI y rechazando la presión militar para que el Senado procediera a aprobar la lista de ascensos en las Fuerzas Armadas, me estaba refiriendo a una Eva enfrentada a un gobierno que hacía aguas debido al craso error que significó convertir en candidata a la presidenta transitoria, y la comunidad internacional, incluidos los Estados Unidos de Donald Trump, concluyeron que entre el autoritarismo, la persecución política, la ineptitud y la corrupción solo faltaba que el demonio llegara para escoger.

Eva Copa no había sido lo corajuda y consecuente que nos figurábamos quienes advertimos esos gestos caracterizados por la valentía y el espíritu de lucha, y digo esto porque la presidenta del Senado que en primera instancia encontró su oficina ocupada por “mediadores” diplomáticos y de la Iglesia Católica, fue colaborada por algunos de sus colegas, senadores y diputados, que se convirtieron en soplones de los golpistas en la primera etapa del gobierno de facto. En alguna oportunidad Arturo Murillo, entre su repertorio de desfachateces, se mandó la siguiente afirmación: “Parece que Eva está enamorada de mí”. Es obvio que tal cosa es producto del ego mal esculpido del exministro, pero lo que se sabe es que cuando fueron colegas en el Senado, y no existían atisbos de un golpe de Estado, Copa y Murillo se reunían en plan muy amistoso, risotadas de por medio.

La llegada del activista de derechos humanos de Argentina Juan Grabois, que junto con una comitiva de observadores arribó al país 19 días después del golpe, fue inicialmente respaldada por Eva Copa en su condición de presidenta del Senado. Una vez arribados al país, luego de ser amedrentados y amenazados en el aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra, la ahora candidata a alcaldesa por la agrupación Jallalla La Paz en la ciudad de El Alto, decidió no abrirle la puerta a Grabois y a sus acompañantes, dejándolos librados a su suerte. La brillante conclusión de un editorial sobre este grupo de activistas es que “hay un desagradable complejo de superioridad de la izquierda argentina” (El fallido informe de Juan Grabois, Página Siete, 9 de diciembre de 2019), pero lo cierto es que estos supuestos agrandados que llegaron desde Buenos Aires, fueron de los primeros en empezar a preguntar qué había sucedido en Sacaba y en Senkata.

Evo Morales llamaba a diferentes celulares desde México y Argentina pidiendo hablar con Eva Copa, quien en principio aceptaba las comunicaciones hasta que en determinado momento habría decidido no contestar más y de esta manera el nexo entre el refugiado expresidente y la titular del Senado fue interrumpido hasta el día en que el escenario político nacional fue revertido por el triunfo del MAS en las elecciones del 18 de octubre. Cuando la incomunicación ya era un hecho sostenido, los efectivos de la seguridad policial de Eva fueron sustituidos con el propósito de impedirles el paso a quienes mantenían línea directa con México y Buenos Aires. Se trataba de cortar relaciones con todo lo que quedaba de masismo operativo en la Asamblea Legislativa.

Tenemos entonces una Eva real y una Eva mediática. La real dice que se acomodó lo mejor que pudo cuando Jeanine iniciaba su presidencia. La mediática, a la que me referí hace dos meses, era la valiente contestataria que con un par de gestos logró posicionarse en el escenario alteño, según las cuestionadas encuestas, como la mejor opción del MAS para llegar al municipio en las elecciones del 7 de marzo. No sabemos si por errónea evaluación política, por legítima indignación o por las dos cosas, Evo Morales y quienes decidieron las candidaturas, la sacaron del ruedo. Según la información de esos mismos estudios de opinión, la señora Copa no ganará: Arrasará. Y si el partido azul logra un concejal en la nueva composición edil alteña, será mucho. Hay quienes piensan que el Concejo íntegro quedará en manos de Jallalla La Paz, el partido del recientemente fallecido Felipe Quispe, el Mallku, tardío maestro de Eva en las últimas horas de su vida.

Alteños y alteñas están convencidos de que Eva Copa es una heroína. De lo que no hay duda es de su notable cintura política para acomodarse a cada circunstancia. ¿Cuál es la verdadera Eva?

    Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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El diario escribir de la historia

‘Reportaje a la democracia’ es una apuesta por el periodismo elevado a categoría de registro histórico

/ 17 de febrero de 2021 / 11:20

Reportaje a la democracia, (Memoria periodística, Bolivia 1969 -2019) es el libro que quedó guardado en depósitos a partir del 10 de noviembre de 2019, producto de la crisis política que desembocó en el golpe de Estado que obligó a la renuncia del presidente Evo Morales. Debió estar en las calles justo ese domingo y fueron unos pocos ejemplares los que se dispusieron para su venta en la tienda de LA RAZÓN del Megacenter de la zona de Irpavi de La Paz, comercialización que se interrumpió debido a la ocupación callejera protagonizada por policías, militares y civiles enardecidos y eufóricos que decidieron adoptar el despectivo denominativo de pititas, ocurrencia del propio Evo.

Con el generoso respaldo editorial de LA RAZÓN, se trata de un trabajo de ensamblaje periodístico y de producción de nuevos textos para dar cuerpo a las ideas de democracia que dieron pie al inicio de una nueva era que privilegiara el Estado de derecho y, más adelante, la participación ciudadana en el funcionamiento institucional del país, pero que tiene antecedentes imposibles de soslayar como la breve presidencia de Luis Adolfo Siles Salinas que sucedió al accidentado y fallecido Gral. René Barrientos Ortuño. Archivo y memoria son los dos conceptos e instrumentos inspiradores de esta propuesta, gracias al cuidado con el que fui organizando y guardando el trabajo que realizo en el oficio, precisamente desde 1982, año en el que el maestro de maestros, Gabriel García Márquez, obtuviera el premio Nobel de literatura.

El primer antecedente de este trabajo se encuentra en Bolivia en Democracia 1982-2012, que editó el Ministerio de Culturas cuando nuestro país cumplía treinta años de democracia; aquí, este periodista ejercita un recuento analítico sobre las constituciones, el problema marítimo en democracia y las presidencias democráticas. Lamentablemente, una inexistente política de difusión y comercialización de los auspiciadores me obligó a repensar y a ampliar el proyecto que dio origen a esta edición más vigorosa y completa, en la cual, en diez partes se compendia desde mi  perspectiva periodística e ideológica treinta y ocho años de democracia en el país: Predemocracia (1969-1982), Democracia postdictadura (1982-1985), Democracia (neo)liberal y representativa (19851989), Democracia pactada I y II (1989-1997), Democracia autoritaria (1997-2002), Democracia represiva (2002-2003), El fin de la Democracia neoliberal (2002-2003), y Democracia y nuevo Estado I, II y III (2006-2019).

Reportaje a la democracia es un libro periodístico, escrito con el desafío que supone llegar a todos los públicos con el objetivo de convertirse en una fuente de consulta informativa sobre cómo se fue construyendo la institucionalidad del país a través de sus políticas económicas y sociales, la creación de sus aparatos públicos, con los tropiezos y vicisitudes que esto implica en un entramado social en el que la persistencia por la autodeterminación y la liberación nacional marcaron a fuego las manifestaciones de los colectivos sociales; pero todo ese contexto, fundamentalmente concebido a partir de su cultura presidencialista y de actores situados en los oficialismos y las oposiciones de cada coyuntura.

Se trata de una apuesta por el periodismo elevado a categoría de registro histórico, en la convicción de que para trascender la siempre imperfecta elaboración de cada versión del momento, se hace necesaria la espera que con el transcurso de los años permite una reescritura acerca de hechos consolidados que ingresan en el imaginario colectivo, más allá de versiones disímiles que se construyen desde los lugares en los que se mira. Es una obviedad necesaria decir que no se encontrarán aquí muchísimos hechos producidos en el último medio siglo, en tanto la mirada de este periodista privilegia temáticas, en este caso, las relacionadas con momentos que explican cada período presidencial.

Los textos originales que dieron lugar al montaje de este libro en formato tabloide de 175 páginas se publicaron en las revistas Perspectiva, Criterio, Correo del Alba, Asuntos Indígenas del Grupo Internacional de Asuntos Indígenas (IWGIA); en los diarios Última Hora, LARAZÓN, Página 12 Buenos Aires (Argentina); en el quincenario El juguete rabioso; en los libros Fútbol y punto y Bolivia en democracia, 19822012y en las estaciones televisivas Periodistas Asociados Televisión (P. A.T.), Bolivia TV y Abya Yala Televisión.

Para complementar este reportaje a cincuenta años de la historia política de Bolivia, he concluido Contragolpe, persecución política y gobierno de facto en Bolivia (2019-2020) con una cuarentena de textos publicados en LA RAZÓN y Noticias para América Latina y el Caribe (NODAL, Buenos Aires, Argentina) a lo largo del oncemesino gobierno de Jeanine Áñez, tiempo de interrupción de la democracia en Bolivia, y que será motivo de un nuevo emprendimiento editorial.

Conversaciones periodísticas

Cultivar la entrevista periodística, primero para medios impresos y luego en televisión, me ha permitido un acercamiento directo a los protagonistas que desde sus experiencias y los lugares que ocuparon en la esfera pública han influido en la construcción de nuestra democracia. En el libro se encuentran entrevistas con los expresidentes Gonzalo Sánchez de Lozada, Hugo Banzer Suárez, Carlos Mesa (dos entrevistas en su calidad de líder de opinión), Eduardo Rodríguez Veltzé y Evo Morales Ayma; el exvicepresidente Álvaro García Linera (dos entrevistas); con los líderes de opinión Carlos Palenque (luego jefe de un partido, Condepa) y Eduardo Pérez Iribarne; con dirigentes políticos como Antonio Aranibar, Óscar Eid Franco, Miguel Urioste; con exministros como Alfonso Revollo, Irving Alcaraz, Héctor Arce, Carlos Romero, Juan Ramón Quintana y Luis Arce Catacora; con el experto en asuntos electorales, Salvador Romero Ballivián; con el académico, doctor en literatura, Javier Sanjinés; con el exseleccionador de fútbol de Bolivia, Xabier Azkargorta,  y el exembajador de Estados Unidos, Curtis Kamman.

En las dos conversaciones televisivas con Álvaro García Linera, primero como panelista del programa El Pentágono y luego como Vicepresidente del Estado Plurinacional, compartimos escenario con la feminista comunitaria Julieta Paredes y los periodistas Mario Espinoza, Freddy Morales, Gabriel Romano y María Luz Vaca.

(*) Julio Peñaloza Bretel es periodista

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La batalla de las narrativas

Las ‘narrativas’ pertenecen a la esfera de la ficción literaria, no a la vida diaria de la gente.

/ 13 de febrero de 2021 / 00:27

Rashomon de Akira Kurosawa (Japón, 1950) rompe moldes de la narrativa cinematográfica porque presenta tres versiones distintas —tres finales a elegir por el espectador— de una violación y de un asesinato. La película tiene un soporte de guion tan extraordinariamente sólido, que cualquiera de las tres podría asumirse como un final verosímil. No es el caso de la política boliviana en la que domina la tosquedad de unos operadores político mediáticos que para despercudir sus conciencias, machacan con versiones que buscan rebatir la verdad de lo sucedido el 10 de noviembre de 2019.

En esa carrera por buscar la expiación de sus pecados, quienes se aferraban al justificativo del fraude para sacar a Evo Morales del gobierno, la OEA y las investigaciones del Ministerio Público en organismos electorales departamentales, no han permitido una versión con las debidas pruebas que nos informen que el fraude que se habría perpetrado en las elecciones del 20 de octubre le permitió a Evo Morales aparecer con dos, tres o más puntos de los debidos sobre el segundo, Carlos Mesa. No hay nada de eso, a 15 meses de los acontecimientos desatados por las precipitadas y tendenciosas declaraciones del jefe de la misión de observadores del organismo interamericano, Manuel González, que se refirió a un sospechoso cambio de tendencia en los números de la votación, en el momento en que los vocales del Tribunal Supremo Electoral decidieron suspender el conteo rápido no oficial, que derivó en el asalto a las sedes de tribunales departamentales, varios de ellos incendiados, a partir de la instigación del propio Mesa, que nunca admitirá, ya lo sabíamos, que en esa elección perdió, probablemente no por la diferencia necesaria para evitar la segunda vuelta, pero así de claro y terminante: perdió.

No se trata entonces de oponer las narrativas del fraude y del golpe. Se trata de aceptar la verdad histórica a partir de hechos concretos y objetivables, y si hay algo que los viabilizadores del gobierno de transición no podrán rebatir jamás, incluidos los chambones columnistas de la prensa que en ese momento se hizo golpista, es que la Constitución Política del Estado fue violada en sus artículos 169 y 170, lo mismo que el Reglamento de la Cámara de Senadores con la fabricación de una Minuta de Comunicación del Tribunal Constitucional que se pasó por el forro la Carta Magna. En suma, no se trata de narrativas, esto es, de versiones de acuerdo con el color del cristal con que se mire, sino más bien de una serie de acontecimientos que del golpe de Estado nos llevan al gobierno de facto cuando se producen masacres como las de Senkata, Sacaba y El Pedregal; cuando se persigue, encarcela, criminaliza y extorsiona a ciudadanos afines de organizaciones sociales al MAS, cuando se decide utilizar la crisis sanitaria contra la pandemia para policializar y militarizar zonas urbanas y rurales a fin de cazar a “sediciosos”, “terroristas” y “narcotraficantes”.

El fraude no ha sido demostrado, aunque se hayan encontrado hechos irregulares propios de cualquier proceso eleccionario, subrayando, como corresponde, las torpezas irreparables cometidas por el Tribunal Supremo Electoral. Pero de lo que sí hay abundantes pruebas es de la suspensión del Estado de derecho, producto de una sucesión ilegal, encabezada especialmente por el ministro de gobierno, Arturo Murillo, que en lugar de buscar caminos de auténtica pacificación, adoptó el matonaje político como sello gubernamental de la decorativa presidenta Áñez, en su doble condición de presidenta y candidata, razón por la cual el edificio de la derecha se vino abajo en un abrir y cerrar de ojos con el propio Mesa afirmando que la habilitación de Jeanine para la carrera electoral, daba lugar a pensar que efectivamente se habría tratado de un golpe de Estado. Sería bueno para el dos veces derrotado candidato de Comunidad Ciudadana que lograra ponerse de acuerdo consigo mismo.

Las “narrativas” pertenecen a la esfera de la ficción literaria, no a la de la vida diaria de la gente, pero como se impone la tendencia de ponerles nombres pretendidamente sofisticados a las cosas en tiempos de posverdad, resurge la conocida tropa de agentes mediáticos en el propósito de marear la perdiz. No hay narrativa del fraude, ni fraude. No hay narrativa del golpe, y sí un golpe de Estado comprobable que hizo de Bolivia, para decirlo condescendientemente, como lo afirmara The Economist, una democracia “híbrida”, con solamente la Asamblea Legislativa Plurinacional como bastión institucional de la resistencia popular que logró, con movilizaciones y bloqueos, la realización de nuevos comicios para el 18 de octubre de 2020.

    Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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