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Wednesday 28 Feb 2024 | Actualizado a 07:19 AM

¿CSUTCB en la ruta de Genaro?

Genaro Flores Santos, nacido en la comunidad Atipampa, falleció en agosto de 2019.

/ 25 de junio de 2023 / 00:24

El movimiento campesino boliviano tiene como uno de sus hitos fundamentales la creación de la CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia), cuya base social es muy variada y multiforme. Cabe recordar que el evento fundacional fue un primer congreso nacional realizado hace 44 años, el 27 de junio de 1979. Si bien contaba en lo inmediato con el apoyo y los auspicios de la COB, no es menos cierto que era el resultado de un largo proceso de maduración y de enconadas luchas parciales por conquistar la autonomía organizativa que rompa con el manoseo ejercido desde el Estado, primero por los gobiernos del MNR y después por los regímenes militares.

En esa etapa juega un rol muy destacado el líder aymara Genaro Flores Santos, elegido como máximo dirigente de la CSUTCB en tres congresos consecutivos (de 1979 a 1987). Rebasando la camisa de fuerza de la estructura “sindical”, Flores encarnó una visión autóctona de reivindicación étnico-cultural expresada en la recuperación de las figuras míticas de Túpac Katari y Bartolina Sisa, el uso cada vez más frecuente de la wiphala y la pugna por ampliar los espacios de participación campesina en el seno de la COB. En tales circunstancias, se produce el golpe de Estado narcofascista de García Meza que frena este curso y desmantela el directorio de la COB. Genaro quedó al mando de un pequeño núcleo clandestino de la resistencia que es detectado y avasallado por el aparato represivo, que lo hiere de un disparo al momento de capturarlo (19 de junio de 1981), dejándolo sin poder caminar por el resto de su vida. Genaro Flores Santos, nacido en la comunidad Atipampa, provincia Aroma del departamento de La Paz en septiembre de 1942, falleció en agosto de 2019. Que sepamos no existen plazas, calles ni sitios geográficos que lleven su nombre.

Los sindicatos agrarios son una realidad, especialmente allí donde las comunidades fueron debilitadas o destruidas por el sistema de haciendas, así como también subsisten autoridades originarias en muchísimas comunidades. Ni los unos ni las otras son formas de organización químicamente puras. En muchas partes los sindicatos actúan como gobierno comunal y han heredado formas de funcionamiento típicas del ayllu como la rotación anual y las asambleas comunales, a su vez no es de extrañar que muchas autoridades originarias asuman modalidades aportadas por los sindicatos agrarios por ser más apropiadas para su intervención en el ámbito municipal. Puede decirse entonces que a nivel local se mezclan y complementan estas formas organizativas. Pero no ocurre lo mismo a nivel supracomunal donde a través de subcentrales, centrales o federaciones departamentales, tiene supremacía la estructura sindical y, de hecho, la CSUTCB ejerce la máxima representación a nivel de todo el país.

Desde que, en 1995, un congreso de la CSUTCB tomó la decisión de forjar un instrumento político propio, ha corrido mucha agua bajo los puentes. El llamado “Pacto de Unidad” surgido en 2002 articuló a todas las organizaciones campesino indígenas del país: CSUTCB, Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígena Originarias “Bartolina Sisa” (CNMCIOB-“BS”), Confederación Sindical de Comunidades Interculturales Originarias (CSCIOB, excolonizadores), Confederación de los Pueblos Indígenas del Oriente Chaco y Amazonía (CIDOB), Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyo (Conamaq). No se crea que este acuerdo es una taza de leche, hubo conflictos, contradicciones, salidas y entradas, recomposiciones y paralelismos a granel. Pero es dable sostener que la CSUTCB es la organización de mayor peso político, la columna vertebral del proyecto y por tanto la que tiene mayores responsabilidades a la hora de salvar la unidad, tanto al interior del “pacto” como con el conjunto de organizaciones populares que sostienen el proceso de cambios iniciado en 2006 y que en la actualidad está atravesando sus peores momentos.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Estos carnavales… quién inventaría

/ 18 de febrero de 2024 / 01:18

El asunto me resulta curioso. O cuando menos anecdótico. Prominentes fechas se juntaron este mes de febrero para supuestamente no complicarnos la vida, sino para darnos colorido y alegría. El dios Momo con su estela carnavalera; la Pachamama con su prometida fertilidad de cosechas y embarazos; la Virgen de la Candelaria, transformada en Mamita del Socavón por su raigambre minera, sus festividades propias se realizan el 2 de febrero, fecha que este año cayó en el inicio del Carnaval. Y para el cierre, la efeméride cívica de Oruro, la llamada capital folklórica de Bolivia, que es casi como decir la capital boliviana del carnaval.

Momo, originado en la mitología griega, sería ahora “la personificación del sarcasmo, las burlas y la agudeza irónica”. Fue considerado guardián de escritores y poetas, pero en el transcurrir de los siglos diversas urbes latinoamericanas y europeas lo fueron adoptando como el dios de los carnavales, aunque es verdad que en los últimos tiempos perdió terreno, sirve aún para justificar el exceso y los desmanes en los que muchas personas incurren en estas fechas.

La Pachamama, Madre Tierra, reconocida de palabra en el ámbito oficial, incluso en la nomenclatura del aparato gubernamental (viceministerios, direcciones y secretarías “de la Madre Tierra”), tiene sus festividades propias en agosto, pero como no podía faltar, le han hecho un campito en la semana carnavalera, el Martes de Ch’alla, con extensos rituales que abarcan dulces, alcohol, fuego, fetos de llama y otros variados elementos según las regiones.

La Virgen de la Candelaria recupera la versión bíblica de que María, la madre de Jesús, a los 40 días del parto y con el niño en brazos se presentó por primera vez en el templo en lo que se consideraba un acto de purificación. El culto tiene su origen en Tenerife, España, y con matices propios y enriquecido con las culturas locales se ha extendido a muchas regiones del mundo. Es experta en suntuosos homenajes de un creciente amasijo de devotos y devotas, entre ellos: diablos, china supays (diablesas), morenos, osos, pepinos y otros, y se le ha construido en Oruro un gigantesco monumento.

Sebastián Pagador y sus secuaces iniciaron un movimiento libertario de criollos, mestizos e indios en 1781 (el mismo año de Túpac Amaru en Cuzco y Túpac Katari en La Paz), lamentablemente la unión no fue duradera y se desbarató el proyecto, pero el 10 de febrero quedó como una fecha para las evocaciones cívicas de la región (Fernando Cajías escribió un monumental ensayo histórico sobre el acontecimiento).

En síntesis, hemos tenido un carnaval movido y muy bien nutrido que ojalá nos sirva como una catarsis, una especie de purificación que nos permita sin dejar de lado la fantasía del Carnaval, volver renovados a la compleja realidad que estamos viviendo:

— En Bolivia, después de unos amagos de sequía (enero poco), llegó la avalancha de lluvias ( febrero loco) matando gente, destruyendo caminos y carreteras, destrozando cultivos y provocando deslizamientos y derrumbes de viviendas. Y en materia económica, política y social, un vergonzoso y estúpido enfangamiento de todas las dirigencias que impide acuerdos imprescindibles, aspecto que podría llevarnos a situaciones peores.

— En el resto del mundo, guerras por aquí y por allá, dos de ellas, Ucrania y Palestina, al rojo vivo donde la sangre corre a raudales. Confrontaciones anunciadoras de los reacomodos geopolíticos que están en curso cuyos resultados son todavía imprevisibles. Incendios forestales y otras muchas señales del cambio climático que a no muchos años puede hacer de la Tierra un planeta inhabitable.

Carlos Soria Galvarro es periodista. 

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Hay libros que esconden tesoros

/ 4 de febrero de 2024 / 05:31

Dar testimonio de haber participado en determinados acontecimientos o por lo menos haberlos vivido de cerca. Con tal motivación, en esta columna y también como parte de nuestro último libro (Recordatorio, La Paz/Cochabamba, 2022), hicimos un aporte a la memoria del país rememorando el conflicto desatado el año 1959 por el artículo “Caos en las nubes”, publicación de la revista Time de Nueva York que proponía la desaparición de Bolivia, apoyándose en una supuesta declaración de un funcionario diplomático estadounidense que nunca identificó. La reacción fue masiva, contundente y vigorosa. Abarcó a todas las instancias nacionales: estudiantes, trabadores agrupados en la COB, campesinos, empleados públicos, partidos políticos, presidente (Hernán Siles Zuazo), gabinete de ministros, parlamento, arzobispado y otros. Como lo relata en un artículo el conocido escritor indianista Fausto Reinaga, la publicación del Time cayó en Bolivia como una “bofetada en pleno rostro”. Dicho artículo también fue recogido en el mencionado libro (pág. 109).

Como es natural, el unánime repudio suscitado en Bolivia contra la provocación del Time, tuvo repercusiones internacionales. Varios gobiernos latinoamericanos emitieron mensajes de solidaridad con el pueblo boliviano y con su gobierno. El tema llegó incluso hasta altas esferas de la OEA, con sede en Washington. Lo que no sabíamos es que también el asunto tuvo resonancias en Asia, concretamente en la República Popular China. La noticia la obtuvimos en un libro. ¡Albricias! ¿Dónde más podía ser?

Se trata de China: Gigante despierto (La Paz, 1960) de Germán Quiroga Galdo, escritor, diplomático y político boliviano de larga trayectoria en el siglo pasado (nació en 1908 y falleció en 1998). Agradecemos a Juan Coronel Quiroga, sobrino del autor, el habernos enviado desde Santa Cruz una fotocopia rudimentaria, pero legible, de este libro, muy simpático por donde se le mire. Pertenece al género de relatos de viaje, pero no se limita a contar lo que ve, introduce comentarios, interpretaciones, comparaciones y referencias contextuales de la milenaria historia china. También incorpora predicciones, la mayoría de las cuales se han cumplido a plenitud y explican el sitial que China ocupa hoy en el escenario mundial, apenas medio siglo después. Algunas no funcionaron, claro está, como es el caso de las comunas populares en las áreas rurales, ni tampoco se podía predecir las recomposiciones en el poder, lo que significó la llamada “revolución cultural”, la apertura a occidente y la política de puertas abiertas a las inversiones y al desarrollo del capitalismo. A 10 años del triunfo revolucionario China soportaba una brutal cuarentena y su representación en las Naciones Unidas era suplantada por Taiwán.

En la sobremesa de una recepción diplomática a la que Germán Quiroga había sido invitado, el presidente de la Asamblea Popular Nacional, el legendario mariscal Zhu De (o Chu Teh) le pidió sentarse a su lado e inició una conversación a la que se sumaron varios invitados con sus correspondientes traductores en español y francés. El personaje fue el comandante en jefe del Ejército Popular de Liberación y era parte de la más alta cúpula dirigente encabezada por Mao Zedong (o Mao Tse-Tung). Zhu De reafirmó la solidaridad china con las luchas populares en América Latina, mencionó a Cuba y Panamá (empeñado esas épocas en izar su bandera en la zona del Canal). Al referirse a nuestro país dijo: “…seguimos con emoción los incidentes provocados por una torpe publicación contra Bolivia aparecida en la revista Time. El pueblo boliviano conquistó la admiración del mundo con su viril reacción en defensa de su dignidad”.

Más claro, agua.

Por si fuera poco, el libro que comentamos tiene alrededor de un centenar de ilustraciones salidas de la mano maestra del gran dibujante y pintor boliviano Walter Solón Romero, ocasional “compañero de viaje” de Germán Quiroga Galdo. No sabemos si juntos o separados, hicieron sendos retratos, uno en texto, el otro en imagen, del despunte de lo que vino en llamarse la Nueva China.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Bloqueos (loqueos): cuanto peor, mejor

/ 21 de enero de 2024 / 00:17

El horno no está para bollos. Cualquier tema noticioso que quisiéramos abordar en estos momentos está impregnado del contexto mundial, complejo, confuso, enigmático y aceleradamente cambiante. Lo que hoy parece cierto y valedero, mañana podría ser reputado como falso, alevosamente mentiroso y rufianesco. Lo único rescatable sería, entonces, que algo se está moviendo, como se mueve la lava en las entrañas de la Tierra antes del estallido volcánico. Algo está sucediendo en el plano geopolítico. ¿Cómo se reconfigurarán las nuevas polaridades? ¿Ingresaremos a una nueva “guerra fría” similar a la que vivimos por casi medio siglo? ¿Vamos hacia un mundo multipolar? Varios dirigentes con inmenso poder en sus manos parecen más bien inclinados a resolver sus diferencias por medio de las armas que, en esta ocasión, podrían incluir también armas atómicas. Algunos ni se inmutan al admitir esa posibilidad.

Ante semejante panorama, mejor ocuparnos de nuestras cuestiones “domésticas”. Aunque vistas bien las cosas, la situación aquí no es menos desoladora, contradictoria, y hasta podría decirse disparatada: el espectáculo está a cargo de un puñado de políticos incapaces de ponerse de acuerdo en lo más mínimo mientras se ahogan en un vaso de agua.

La locura de los bloqueos. Es para no creer, se interrumpen vías con extrema facilidad y con las más diversas y a veces ridículas demandas. Que un alcalde no rindió cuentas oportunamente; que un docente maltrató a un grupo de estudiantes; que no se asfaltó un tramo de carretera; que al centro de salud no se le provee de un médico especializado; que no están de acuerdo en el pago conjunto de las tarifas de la basura y el alumbrado eléctrico y… así cuestiones baladíes por el estilo. Pero también suelen figurar en los bloqueos, aunque con menos frecuencia, demandas sectoriales de grupos de poder (“cooperativistas”, transporte pesado, comerciantes minoristas u otros) o estrictamente políticas, como lo fueron la exigencia en pro de la Asamblea Constituyente, por la realización de elecciones, o como las que estos días intenta implementar uno de los sectores del MAS.

Cabe un par de reflexiones. La convicción generalizada de que no hay ningún mecanismo que no fuera el bloqueo, para hacerse escuchar y obtener la satisfacción de cualquier demanda. Con cierto grado de resignación, a sabiendas de los perjuicios que ocasiona un bloqueo, algunos de los mismos protagonistas suelen decir: la única forma de que te escuchen y atiendan tu reclamo, es bloqueando pues, no hay más remedio. Por eso, cuanto más dañino el corte de vías, tanto más contundente y triunfante resulta. El éxito de este tipo de movilizaciones, que las más de las veces involucran a pequeñísimos grupos sociales, se mide por el volumen de pérdidas ocasionadas a productores y transportistas, por las molestias y sacrificios provocados a ocasionales viajeros. Y también, en no poca medida, por el deterioro de la imagen del país, que es visto por propios y extraños con la huella profunda de la inestabilidad.

¿Soluciones? Los empresarios han elevado la voz y exigen al Gobierno tomar medidas para mantener expeditas todas las rutas por las que, según ellos, circulan diariamente aproximadamente 1.500 camiones. Dirigentes del ámbito laboral repiten el viejo argumento de que poner atajo a los bloqueos sería “criminalizar” las luchas sociales. Partiendo de la Constitución, existe abundante normativa al respecto, no hacen falta nuevas leyes ni decretos. Solo faltan acciones proactivas para construir consensos que permitan aplicarla. Y a la vez mejorar la gestión pública para adelantarse a estallido de los conflictos. ¿Será mucho pedir?

Carlos Soria Galvarro es periodista. 

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2023: Perú no podía faltar del recuento

/ 7 de enero de 2024 / 05:26

En esta primera nota del nuevo año debo confesar ante lectores y lectoras que en el espacio de la quincena anterior cometí un “lapsus”. Cierto, esta palabra, obviamente proveniente del latín y definida en los diccionarios como “falta o equivocación cometida por descuido”, es lo que explica a cabalidad lo que pasó. Al hacer el recuento de lo que había sucedido en torno nuestro en el año recién fenecido, omití “por descuido” al Perú. Y no es que no haya pensado en el país vecino. Lo hice, y me quedé sorprendido de la escasa y difusa información que aquí circula sobre lo que pasa allí, y viceversa, la exigua o casi ninguna información que allí se conoce sobre lo que aquí sucede. Al seguir con el recuento dejé pendiente a Perú con la intención de ampliar las fuentes y despejar algunas dudas. ¡Malaya, mi suerte! Dejé abierto el resquicio por el que penetró el “lapsus” para hacer de las suyas. Perú quedó fuera, inopinada e injustificadamente. Pero, como suele decirse, no hay mal que por bien no venga, eso nos da la oportunidad de ampliar las referencias hacia nuestro pariente más cercano.

El golpe de Estado de diciembre de 2022 contra el poco coherente e inexperto presidente Pedro Castillo aparentemente se fue consolidando, no obstante la tenaz resistencia popular proveniente en especial de las zonas del sur andino. Protestas que dejan entrever matices de un reivindicacionismo étnico quechua-aymara, por influencia de los cambios que han tenido lugar en Bolivia, según algunos analistas que así explican la prohibición de las autoridades al ingreso de Evo Morales a territorio peruano. Las movilizaciones se reaniman periódicamente y tienen como blanco principal al Congreso, mediocre, desprestigiado y corrupto hasta la médula, que se muestra incapaz de encausar una salida política a la situación de crisis. Entretanto, la represión militar- policial cobró ya más de medio centenar de víctimas mortales, tema que se incorpora a la demanda popular como una fundada exigencia contra la impunidad.

En resumen, Perú no es por el momento una taza de leche y sus tensiones internas pueden llevarlo a cambios políticos inesperados, situando al país a uno u otro lado de la contienda: progresismo de izquierda, patriótico y antiimperialista con servicios públicos eficientes, o ultraderecha, liberalismo rampante, empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores, pérdida de la soberanía y de los recursos.

Y hablando de la relación Perú-Bolivia, cabe subrayar lo mucho que hizo el historiador Gustavo Rodríguez Ostria, en su condición de embajador boliviano en Lima, por acercar a ambos pueblos. Nadie como él contribuyó tanto a resaltar la herencia cultural común perú-boliviana y a demoler algunos arraigados prejuicios que se arrastran desde la Guerra del Pacífico de 1979, originados muchas veces en acciones inconsecuentes de las oligarquías dominantes de ambos países. La ciudadanía peruana, por ejemplo, recibe desde la escuela la versión de que los desmanes cometidos por los chilenos solo fueron posibles gracias al incumplimiento de los acuerdos por parte de Bolivia. Y en el país nuestro no son pocos los que piensan que Perú facilitó a Chile la innoble tarea de dejar a Bolivia sin acceso al mar. Mucho por investigar, interpretar, aclarar, explicar, difundir… y esa fue la misión que Gustavo puso sobre sus hombros, hasta el momento en que los y las asaltantes del poder impidieron que cumpla su labor (noviembre 2019).

 Carlos Soria Galvarro es periodista.

 

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Balance 2023: escaso lugar a la esperanza

Solo nos queda la esperanza, lo último que se pierde, de que el año que comienza sea menos malo que el que se va.

/ 24 de diciembre de 2023 / 00:23

Para todos y todas, pero particularmente para quienes nos consideramos “adultos mayores”, hacer un recuento de los principales acontecimientos del año transcurrido resulta poco menos que una obligación. Casi automáticamente empieza a fluir la evocación de los hechos recientes con el aditamento de que pareciera que sucedieron raudamente apenas ayer.

Intentamos aquí nuestro propio recuento a sabiendas de las limitaciones de espacio, del desgaste de las “antenas” para captar las señales que vienen de la realidad, y con la certeza de que varios de estos enfoques no coinciden con lo que piensan muchos de nuestros amables lectores y lectoras.

En el panorama mundial: subsiste estancado el conflicto bélico Rusia-Ucrania- OTAN, y la confrontación Palestina-Israel ingresó a una fase particularmente violenta. Sin ser los únicos, estos dos focos de tensión son los más perturbadores y en ambos casos los Estados Unidos aparecen nítidamente como el principal instigador, sea republicano o demócrata el titular de la Casa Blanca. En el trasfondo, el cambio climático se alza como un fantasma generador de muchos discursos y todavía pocas acciones efectivas.

En el ámbito latinoamericano la característica son las evidencias de que no hay procesos irreversibles, todos pueden cambiar en uno u otro sentido. En Chile no pudieron sacar adelante una nueva Constitución que reemplace a la pinochetista; en Brasil se reafirmó el retorno de Lula ante el fracaso de Bolsonaro, pero quedan en pie serias amenazas al sistema democrático; en Colombia, el gobierno progresista se muestra decidido a cumplir su programa con el apoyo popular; en Venezuela asomaron los primeros indicios, apenas atisbos, de atenuación de la crisis interna y de los insensatos bloqueos externos; Ecuador, asolado por la violencia del crimen organizado, eligió un gobierno de la oligarquía; Cuba resiste estoicamente el gravísimo endurecimiento del cruel bloqueo yanqui; Nicaragua flota en un mar de dudas conjeturales y Argentina ha ingresado a una etapa de agresivo ajuste estructural que hace tabla rasa con derechos y conquistas del pueblo trabajador.

Y, ¿cómo andamos en casa?

En el plano político, el rasgo más sobresaliente es la fractura del MAS-IPSP. Aunque volvieran a juntarse, algo inverosímil, por cierto, jamás alcanzarían las votaciones superiores al 50 % que obtenían desde 2005. Todo indica que acabó el “proceso de cambio”, quedando dos fracciones minoritarias que se disputan a pedazos el poder y configurarán para ello nuevos liderazgos e inéditas alianzas. Así como van las cosas, la oposición de derecha tendrá a su disposición los dos arcos contrarios completamente desguarnecidos, sería imposible que no ganen por goleada, aunque, conociéndolos, todo puede ser…

El gobierno de Arce Catacora, pese a la costosa propaganda electoral triunfalista con la que envuelve su gestión, las tuvo muy duras a lo largo del año 2023, especialmente por haberse quedado sin mayoría parlamentaria y las tendrá aún más duras el año 2024, vísperas de elecciones y con síntomas de descontrol económico financiero, cuyo tratamiento podría tener inevitables secuelas sociales y políticas. A esto hay que sumar que ha seguido sin cumplirse el lema de “cero tolerancia a la corrupción” y quedó demostrada la escandalosa incapacidad de hallar una salida concertada a la crisis judicial (oficialismo y oposición se aplazaron en esta materia).

Y así de seguido, los elementos negativos predominan en el balance. Solo nos queda la esperanza, lo último que se pierde, de que el año que comienza sea menos malo que el que se va.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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