Voces

Sunday 3 Mar 2024 | Actualizado a 12:55 PM

Radiografía de un conflicto

Yuri Torrez

/ 12 de febrero de 2024 / 10:46

A un año de las elecciones presidenciales y parlamentarias, se proyecta que las tensiones en las entrañas del Movimiento Al Socialismo (MAS) van a ir in crecendo, sobre todo con el propósito de apoderarse del control partidario. De allí definir a los postulantes presidenciales para las elecciones de 2025. El conflicto, de fines de enero e inicios de febrero, puso en vilo al país. Desde la perspectiva de las correlaciones de fuerza, éste se erigió en una muestra de la conflictividad que se avecina. Pero, al mismo tiempo, proporciona datos interesantes para el análisis prospectivo.

Este conflicto exhibió los recursos de poder y sus límites de los diferentes actores estratégicos en el ruedo de la disputa por el poder al interior de la estructura partidaria oficialista. No debemos olvidar, la crisis de la coyuntura política de inicios de 2024 arrancó con la no convocatoria de las elecciones judiciales que derivó inclusive en un proceso de desinstitucionalización del Poder Judicial con efectos innegables para la democracia boliviana.

La convocatoria a las judiciales coincidió con las disputas al interior de la estructura partidaria oficialista. En rigor, el ala evista asumió que era un momento adecuado para poner piedras en el camino del gobierno de Luis Arce y en esa conducta política, por razones instrumentales, se sumó la oposición parlamentaria al MAS para dilatar la elección. Por su parte, el ala arcista percibió que la continuidad, específicamente de los magistrados del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), podría ser funcional a sus propósitos políticos, a sabiendas que esta instancia judicial anteriormente se acomodó a los intereses políticos del gobierno de turno desde el referéndum constitucional, a pesar que existía un veredicto popular imposibilitando la reelección de Evo Morales; pero el TCP, urdiendo el discurso de “derecho humano”, allanó la senda al entonces mandatario para postularse a una nueva elección presidencial. Luego, en el curso del golpe de Estado, a través de un comunicado oficioso e ilegal, refrendó la ruptura constitucional en 2019.

Efectivamente, el gobierno de Arce no se equivocó porque al filo de su mandato constitucional, en diciembre de 2023, el mismo TCP que habilitó anteriormente al expresidente Morales, en esta nueva coyuntura política lo inhabilitó para una nueva elección presidencial. O sea, el TCP actuó en concordancia con los propósitos políticos internos del arcismo de relegar a Morales de la refriega interna para ser el futuro candidato a la presidencia del MAS.

Hasta inicios de enero de 2024, el evismo solo era consciente que sus recursos de poder se reducían al control partidario del MAS y su bancada parlamentaria al interior del hemiciclo de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP). Ante este escenario, el evismo asumió desplegar otro recurso de poder que hasta ese momento era incierto en su efecto político: el bloqueo de caminos.

En esa lógica, el evismo decidió poner a prueba su capacidad de movilización de sectores campesinos allegados al expresidente. El bloqueo de caminos en el eje central, especialmente en el departamento de Cochabamba, adquirió un efecto geopolítico: paralizó el país. O sea: existió un efecto territorial. Además, se esgrimió el discurso de la prórroga inconstitucional de los magistrados; el evismo demostró un nuevo recurso de poder. Empero, esta estrategia política tiene un límite: el desgaste político. Entonces, el conflicto volvió a su cauce original, el escenario de la ALP: los actores se obligaron a pactar.

Yuri F. Tórrez es sociólogo.

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Lluvias, lluvias y más agua, pero se deja rebalsar…

/ 3 de marzo de 2024 / 00:57

Entre los meses de octubre y noviembre de 2023 había mucha preocupación, sobre todo en los ayllus y las comunidades andinas por la posible sequia de este 2024, ya que no habían caído las primeras lluvias, como suele suceder para realizar las primeras siembras agrícolas. Se realizaron muchos ritos para que llueva, por ejemplo, visitando a las wak’as con cánticos de los niños. Incluso algunos grupos evangélicos se aprovecharon para “ganar almas” en su fe, incorporando las rogativas para que llovizne.

Parece que las plegarias tuvieron sus grandes efectos, porque hoy en la región andina boliviana llueve a cántaros, pero también en la Amazonía. Aunque en algunas regiones del valle alto de Cochabamba realizaron bombardeos para que llueva. Para la gran región de los Andes no es ninguna novedad que llueva mucho o que haya sequía. A lo largo de muchos años los pobladores andinos se enfrentaron a estas climatologías extremas y aprendieron a diseñar estrategias para que ambos efectos no golpeen a los pobladores. Varias prácticas siguen vigentes, como el uso de las qhutañas o el almacenamiento del agua para un mejor uso, posterior a la época de las lluvias.

En tiempos de la escasez de agua se abren nuevamente la gran pregunta, no solo para las sociedades ancestrales, sino para todos los habitantes, incluidas las ciudades: ¿Cómo fue antes, cómo es ahora y cómo debería ser a futuro la relación del agua con los pobladores?

¿Qué pasa hoy en las ciudades como La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca y Cochabamba? Presenciamos dramáticamente el crecimiento de varios ríos y las consecuencias de la fuerte precipitación pluvial que terminan en riadas, inundaciones, mazamorras, etc. Está claro que un primer aspecto es el olvido de esa antigua relación equilibrada entre seres humanos y la lluvia.

Hace unos días escuché la declaración del interventor de EPSAS, entidad gubernamental que administra el agua potable en la ciudad de La Paz. Utilizando la metáfora del vaso que se llena de agua y se derrama inevitablemente, justificaba el desperdicio de las aguas de las represas que se llenaron. Oír a una autoridad del agua, en una ciudad como La Paz después de la difícil experiencia de 2016 cuyas consecuencias aún se sienten cada año, totalmente desatinada. La gran pregunta del año es si no habrá racionamiento del agua por falta de lluvias y de políticas adecuadas por parte de los niveles de gobierno. Afirmar con la metáfora citada es no entender de la escasez de agua y tampoco de sus posibles soluciones. Lo mínimo que esperaría de la autoridad citada es que las aguas de las represas que están al tope sean muy bien utilizadas. Por ejemplo, su traspaso a otras represas o destinarlas para el riego de algunas comunidades agrarias. Esta absurda declaración hace pensar que el Gobierno central y otras autoridades del agua casi nada han hecho para contar con más represas y su mejor uso en momentos difíciles.

Lo más preocupante, urge trabajar en torno a la relación profunda de los seres vivos con el agua, su uso adecuado, su almacenamiento o cosecha concreta e incluso sobre las formas de solidaridad que genera. Recuerdo que en 2016, varias comunidades aledañas a la ciudad de La Paz fueron muy fraternas, posibilitando el acceso, es decir, autorizaron el uso de sus manantiales para el consumo en la urbe. Pero hoy, la ciudad cuenta con el agua al tope en sus diques y solo se mira el rebalse, que es una forma de desperdicio.

Para la Amazonía e incluso para los valles que se han inundado también con el agua, urge recuperar las técnicas hidráulicas de los pueblos moxeños que supieron controlar la gran cantidad de agua. Hoy la ciudad de Cobija aparece casi llena de agua, urge preguntarse: ¿cómo adaptar esa técnica moxeña para ciudades que crecen sin tener en cuenta estas consecuencias de fuertes precipitaciones pluviales? Jichha maraxa walipunirakiwa jalluntawayxi. Lup’iñasawa kunjamsa uka jallu uma katuqsna ¿ jach’a qhuthañakaru? mach’a pachanxa uka jallu umxa, suma apnasqnaxa ¿ janicha?

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Pequeña historia marcada por la guerra

/ 3 de marzo de 2024 / 00:54

Es sabido que la historia de un país o región no es la suma inconexa de historias individuales o familiares, de microrregiones o de sucesos aislados y circunstanciales. Sin embargo, todo historiador sabe muy bien que tales fragmentos pueden jugar el rol de referencias útiles, de ejemplos aleccionadores o de pistas para la investigación. Ilustran y enriquecen el relato histórico, haciéndolo más ameno y asequible.

Preámbulo ineludible para contar esta pequeña historia.

Nació en Uncía, entonces la ciudad más poblada del norte de Potosí, un 26 de febrero de 1913, el año anterior al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Sus progenitores: Natalio y Pilar, provenían de los valles cochabambinos. El conjunto familiar era parte de la avalancha migratoria provocada por el auge de la minería del estaño. No solamente atraía fuerza física de las áreas rurales, sino también personal salido de las capas medias y artesanales de las ciudades, medianamente instruido para los puestos subalternos de la cadena administrativa. Sacrificando sus minúsculas fortunas o sus medianas o pequeñas propiedades muchos se lanzaban tras las huellas de Simón I. Patiño, el empresario triunfante al que todos admiraban y querían imitar. Por cierto, la inmensa mayoría quebraba y unos pocos terminaban de simples empleados de las empresas. Ese era el caso de Natalio, padre de nuestro personaje, que llegó a ocupar el cargo de Jefe de Pulpería de una de las empresas de Patiño. Eran épocas en que todo viajero que se respete, portaba en su equipaje un “cateador”, herramienta manual con pico puntiagudo para escarbar las rocas aledañas a los caminos con la ilusión de encontrar una veta como la que halló Patiño.

Nuestro biografiado, llamado Carlos Eduardo, circulaba entre Caraza, Quillacollo y la ciudad de Cochabamba, donde estaban sus raíces y Uncía, en el norte potosino, donde había nacido y crecía junto a nuevos campamentos y maquinaria moderna.

Emprendió estudios de topografía y agrimensura que abandonó para enrolarse en el servicio militar al cumplir 19 años. Unos meses más tarde estalló la Guerra del Chaco. Marchó directamente del cuartel ubicado en la frígida Challapata, hasta las candentes arenas del Chaco boreal.

Después de más de dos años de campaña, herido y enfermo fue evacuado a La Paz, donde recibió atención médica. Parcialmente recuperado, retornaba al sudeste, cuando terminó la guerra (junio de 1935). Comenzaron para él nuevas batallas.

La artritis reumática dejó un daño irreparable en su sistema circulatorio, el corazón le comenzó a fallar.

Se casó con Gabriela, vecina de una de las casas gemelas en Catavi. Ella había perdido a sus dos hermanos varones, el uno no retornó del Chaco y el otro falleció en una clínica paceña cuando se aprestaba a recibir tratamiento especializado de las secuelas del conflicto bélico.

Carlos Eduardo incursionó en la ruta empresarial. Compró arboledas para producir callapos, troncos de madera para apuntalar los socavones mineros. Le fue bien hasta que una temporada lluviosa inundó el valle y se llevó todo el material listo para ser embarcado al tren en la estación de Vinto. Quedó completamente arruinado. Afortunadamente consiguió un trabajo asalariado de cajero contable en la Hacienda Pairumani (actual propiedad de la Fundación Patiño). Casi cinco años después, buscando mejorar los ingresos probó suerte en la empresa constructora de la carretera Cochabamba a Santa Cruz, trabajo que concluyó cuando la obra quedó terminada en 1955.

Carlos Eduardo y Gabriela tuvieron ocho hijos, tres varones y cinco mujeres (una de las cuales no sobrevivió a la coqueluche). Los últimos años de su vida fueron los más penosos para él: enfermo (sin seguro médico alguno), desempleado absoluto (sin ninguna propiedad o renta proveedora de ingresos), situación agravada por la crisis económica reinante, la hiperinflación y las duras medidas de estabilización monetaria.

Carlos Eduardo Soria Galvarro Silva, murió el 14 de abril de 1957 de una trombosis coronaria, la guerra le pasó la factura a la edad de 46 años. Era mi padre.

Carlos Soria Galvarro es periodista. 

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La noche oscura del parlamento

/ 3 de marzo de 2024 / 00:50

La semana pasada, la agenda informativa nos ha sometido a un ejercicio de paciencia sin límites. Las bochornosas escenas en la Cámara de Diputados exponen un parlamento que, más que espacio para debatir ideas, se ha trasformado en un cuadrilátero de lucha libre. Este capítulo de la pulseta entre el bloque arcista (que exige debatir primeramente siete créditos externos) y el ala evista, que con CC y Creemos pretenden dar prioridad a las leyes antiprórroga, no tiene la más mínima empatía sobre la sensibilidad cotidiana de las personas. “Los políticos nos tienen hartos” fue la sentencia que más he escuchado estos días.

¿Qué época estamos viviendo? ¿Qué sentido tiene? Con estas jugadas de la política, ¿qué ganamos realmente las mujeres, los jóvenes, los jubilados, los desempleados? Nuestra indignación ¿acaso importa? Y ese es el espíritu que hoy se vive en las calles: el hartazgo de tanta desfachatez. Hay mucho silencio en todos los frentes. Ya nadie discute horizontes de futuro, reformas audaces, cambios posibles… ya todos prefieren seguir su camino, cabizbajos, afanados por llegar a casa, resistiendo para no perder lo ganado, lo ahorrado, ese pequeño mundo de comodidad que 15 años de Estado Plurinacional nos ha brindado.

Se nos presenta un tiempo de lucha contra el despojo y la violencia que, de manera sistemática, amenaza con dejarnos sin ilusiones. ¿Por qué a pesar de tantos esfuerzos para transformar, hoy vivimos un presente del absurdo y un futuro incierto? Toda la energía desplegada en la Asamblea Constituyente se desdibuja hoy frente a la confrontación de todo un ejército de liderazgos chatos, deslucidos; como un conjunto de renacuajos que brotan por la lluvia y amenazan con convertirse en sapos buscando votos en las próximas elecciones.

Mientras tanto el horizonte económico se cierra para favorecer a unos cuantos; y frente al temor del desempleo, cada vez se aceptan sueldos más bajos, condiciones más precarias y extensión de las horas de trabajo. Y la poca transparencia estatal solo genera mayor incertidumbre. La desactualización de la información financiera en la página web del Banco Central de Bolivia, la escasa información sobre el desempeño de las empresas públicas y la opacidad en los contratos del litio nos mantienen en vilo.

Y la vida cotidiana transcurre al margen de ese teatro del horror en que se ha transformado la Cámara de Diputados. Preferimos cambiar de canal para no verles las caras (u otras cosas) y buscamos información sobre hechos importantes, como la conmovedora campaña en redes sociales de guardaparques de todo el país en apoyo a Marcos Uzquiano y Raúl Santa Cruz, enjuiciados por el cooperativista minero Ramiro Cuevas Echave. «En un mundo donde la naturaleza se encuentra amenazada, existen héroes silenciosos que día a día luchan para cuidar nuestras áreas protegidas. Sin embargo, su valentía y dedicación son cuestionadas y se enfrentan a juicios injustos por cumplir con su deber», es la voz de Beatriz Quispe, una de las pocas mujeres “guardas” del país.

Y nuestra atención ahora está en Cobija, que sufre la peor inundación de su historia. El desborde del río Acre ha sobrepasado los 15 metros y más de 900 familias han sido evacuadas a zonas seguras y albergues. Por la magnitud de esta inundación, la Alcaldía de Cobija declaró el miércoles a su municipio como una zona de desastre y la alcaldesa Ana Lucía Reis dijo que no tienen condiciones para enfrentar la etapa posinundación.

Son estos los temas que los diputados y diputadas deben considerar antes de dar un espectáculo que solo genera mayor indignación. En la sede de gobierno, cada vez más nos acercamos a compartir la peligrosa certeza que hace unos años acompañó al pueblo argentino: es mejor “que se vayan todos”.

 Lourdes Montero es cientista social.

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Enemigos íntimos

/ 3 de marzo de 2024 / 00:48

Los tres insultos más frecuentes en la arena política local son “traidor”, “vendido” y, por supuesto, “enemigo”. Aplican para los adversarios y, en especial, con rabia, para los antiguos compañeros de ruta. Traidores son los que optaron por la facción o la disidencia. Vendidos, quienes lo hicieron por beneficio personal o prebenda. Y enemigos, aquellos examigos que, dando la espalda, siguen su propio camino. El factor común, autoritario, es la intolerancia visceral a la crítica.

Estos insultos con cara de acusación (no falta la etiqueta de “transfuguismo”) son moneda común en (casi) todas las organizaciones políticas, extintas y vigentes. Ocurre hoy en las tres fuerzas representadas en la ALP: tanto el MAS-IPSP, en sus dos esquinas, como las alianzas CC y Creemos, tienen sus asambleístas “descarriados” que renegaron de la línea oficial del caudillo/entorno. O asumieron agenda particular. Todos recibieron expulsión sumarísima.

El caso más reciente de declaratoria pública de enemistad surgió por boca del expresidente Evo. No hay novedad. Esta vez, tras deslizar recriminación y sospechas, disparó contra su exvicepresidente: “qué pena, tengo un enemigo más”. ¿Cuál fue la terrible conjura de Álvaro? Haber planteado la necesidad de nuevos líderes y propuestas para una segunda fase del Estado Plurinacional. “Tiempo de desanclar”, dijo. Y mencionó como alternativa el nombre del joven Andrónico.

¿Qué convierte a un amigo íntimo — “éramos una yunta”— en un nuevo enemigo? ¿Cuándo se produce, si acaso, el quiebre? Hace más de nueve décadas, Carl Schmitt sostuvo que la cualidad constitutiva de lo político es la distinción amigo-enemigo. El enemigo político es el otro, el extraño: aquel que se presenta como enemigo absoluto e intensamente hostil. Es un enemigo público al que se debe eliminar o, al menos, someter. ¿El señor GL se ha convertido en enemigo absoluto del señor M?

El problema de quien declara enemistades a granel en política es que termina aislándose en la trinchera. ¿No haces coro conmigo? Enemigo. ¿Estás contra mí? Enemigo. ¿No obedeces de modo incondicional? Enemigo. ¿Coincides con “el imperio, la derecha y la nueva derecha”? Sí, enemigo. Al final del camino, de tanto proscribir “traidores” y “enemigos”, solo queda el abominable espejo. El culto a la personalidad, como el pensamiento único, tienen límites.

No está mal plantear la lucha por el poder en clave amigo-enemigo. Claro que en democracia la enemistad absoluta se convierte en enemistad justa e incluso circunstancial: con adversarios, desacuerdos y conflictos que implican crítica, debate, acuerdos mínimos. Hay que ir más allá del ombligo.

 FadoCracia blanquita

1. En una de sus piruetas verbales, el expresidente Paz Zamora acuñó la expresión “culitos blancos” para referirse a la oligarquía. Aludía a su rival político, luego aliado, Sánchez de Lozada Sánchez Bustamante (ufa). 2. Desde entonces se usa el dicho con fines descalificatorios: “Bolivia no puede ser gobernada por culitos blancos”, como dijo un olvidable Tata. Es la contracara (contranalga, más bien) de los indios. 3. En el gobierno interruptus de Mesa Gisbert, los culitos blancos fueron convocados para agitar “pañuelos blancos”. Debían manifestar su rechazo al bloqueo de los cafecitos. 4. Los blancos culitos también estuvieron activos en la coyuntura crítica de 2019: en una mano, la tricolor; en la otra, tiesa, su pitita. Tocaba quemar wiphalas colorinches. 5. La semana pasada, un diputado de la medianía exhibió su culito blanco en dura batalla por la testera. Lo exhibieron, más bien. Parecía una estatua suplente recién despintada. 6. Luego el propio chico se regodeó: “literalmente soy un culito blanco” (sic). Convirtió así una nadería en su esencia. 7. Papelones/culos aparte, la blanquitud continúa pautando jerarquías y privilegios.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo

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La memoria

/ 3 de marzo de 2024 / 00:44

Hay muchos escritos y dichos sobre la memoria de los pueblos, uno de los más populares es aquel que dice que “un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia”. Sin duda que nos va a quedar claro que la memoria juega un papel importante en la construcción de la identidad, es una parte de nuestras vidas que determina la forma como vamos a enfrentar la propia vida, los problemas, las contradicciones y también las decepciones.

Es tan importante entonces, hermanas y hermanos, que hoy en nuestro territorio de tres culturas mayores, aymara, quechua, guaraní y otras 33 que fueron reconocidas por nuestra nueva Constitución, la reflexión sobre la memoria histórica no solo nos sea útil, sino imprescindible, porque sino fácilmente nos vamos a perder y correremos —como ovejas— tras cantos de pajpakus, que no solo son mentirosos y violentos, sino que hábilmente son ellos y ellas nomás quienes se hacen “a las víctimas”, como decimos en nuestro pueblo.

El mes de febrero ya pasó, pero ahora marzo nos tiene que devolver la memoria y el recuerdo de toda la movilización para el referéndum realizado con el objetivo de preguntar sobre la reelección del hermano Evo. ¡Si! Tenemos que recordar el referéndum y cómo gran parte de nuestra población fue manipulada por la gran mentira de los medios de comunicación y las redes.

A ver, tenemos que recordar que antes del proceso de cambios del pueblo boliviano no existía el referéndum. Aprendimos que el referéndum es preguntar al pueblo qué opina, qué cree y qué decide. Y preguntar a todo el pueblo, no solo a los doctores propietarios de bienes en las ciudades. Cierto, no son las practicas, ni los alcances que la democracia burguesa soñó en 1979 allá en Francia.

Tenemos que recordar nuestras victorias, la victoria de tener el referéndum como instrumento del pueblo. Pero la memoria debe conectarnos también con nuestros errores, y nuestro error fue no leer la capacidad de manipulación de las redes y los medios de comunicación y creo que todavía no tenemos plena conciencia de lo que nos pasó con la política de las redes, que fue creada y está dirigida con el objetivo de hacer entrar en nuestras cabezas las mentiras del grupito dominante.

O sea que tenemos que reflexionar sobre estos nuestros caminos victoriosos, le dimos nuevas funciones a la democracia que, de ser un medio para legitimar la dictadura, el autoritarismo y la imposición de leyes y reglas para la sociedad por parte de la burguesía, pasó a ser un instrumento para legitimar la posibilidad de construir el autogobierno del pueblo, con un hermano indígena Evo Morales como símbolo de esta propuesta revolucionaria.

Tenemos que recordar que, al haber usado la democracia burguesa para legitimar nuestro proceso de cambios revolucionarios, hemos recuperado y visibilizado nuestra capacidad de decidir. Pero para decidir hay que tener posición y análisis político y no solo levantar la mano para votar. Es verdad que a veces podemos confiar y apoyar una u otra posición, pero no podemos eternamente ser segundones, es necesaria la posición propia informada y estudiada. Eso está faltando: formación y discusión política. 

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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