La Libertadores vuelve a encantar
Imagen: Oswaldo
Jorge Barraza, columnista de La Razón
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“Esto ya parece la Copa Brasil Libertadores”, se quejaban usuarios en Twitter, dada la cantidad de equipos brasileños en octavos de final -seis- y del dominio que últimamente han impuesto los hijos de Pelé.
Pero, finalmente, Palmeiras y Atlético Mineiro se eliminaron entre ellos y Flamengo y Atlético Paranaense cayeron inesperadamente ante Olimpia y el Bolívar. De modo que el cuadro de cuartos de final quedó integrado con 3 brasileños, 2 argentinos, 1 boliviano, 1 paraguayo y 1 colombiano.
El año pasado había quedado reducido a 5 brasileños y 3 argentinos, con lo cual el torneo perdió totalmente interés para la afición de ocho países. Pero esto no es culpa de los que llegan, sino de quienes no evolucionan.
El mejor ejemplo es Bolívar. El club paceño, envuelto en un presente luminoso deportivo e institucional armó un plantel muy calificado y está en cuartos de final. Y pelea. De modo que no es imposible hacerles frente a los poderosos del continente, pero hay que prepararse bien, optimizar recursos y apuntar bien a los refuerzos.
La Copa, además, recompensa con jugosos premios. Vale la pena tratar de crecer.
Seguimos con Bolívar. Había ganado la ida 3 a 1 a Paranaense con solvencia, no por la altura, por juego y por determinación. En Curitiba se plantó bien para mantener la ventaja, pero sufrió una gravísima actuación del árbitro peruano Kevin Ortega. Le anuló un gol perfectísimamente válido que le daba el empate a uno.
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Desde el VAR le dijeron “no vemos falta”, sin embargo, él insistió en que hubo una carga ilícita de Ronnie Fernández a Thiago Heleno. Antes había concedido un penal inexistente al Paranaense por una mano que no se vio del zaguero Bentaberry. El cuadro brasileño ganó 2-0, fueron a penales y ahí Kevin Ortega no pudo hacer nada.
Hubo un solo penal fallado y justamente fue el de Thiago Heleno, que dio en el travesaño. Porque los jueces también suelen influir en los penales. Si un arquero tapa el tiro pueden argumentar que se adelantó. Bolívar deberá enfrentar a Inter de Porto Alegre y no es descabellado pensar que será una serie disputada, pareja.
Otro arbitraje muy cuestionado fue el del uruguayo Andrés Matonte, que no concedió un penal monumental de Enzo Díaz, de River, a Fabricio Bustos, del Inter de Porto Alegre. Iban 0 a 0 y podía resultar decisivo. Pero Matonte, pese a la claridad de la acción, dijo no. Lo que está claro es que, cuando el réferí quiere, no hay VAR que valga, hace la suya.
Todo el mundo vio lo que hicieron Ortega y Matonte. Las próximas designaciones cantarán cómo los analiza el director de arbitrajes, el polémico Wilson Seneme, de Brasil.
Afortunadamente, los groseros fallos arbitrales no impidieron que se hiciera justicia en los dos casos mencionados. Clasificaron quienes habían hecho más.
Boca, en el debut de Édinson Cavani (buenas intenciones y pobre rendimiento), reventó La Bombonera, aunque apenas pudo empatar 2-2 con Nacional de Montevideo (la ida había terminado 0-0) en un duelo excitante entre grandes del Río de la Plata. Boca, de local, es uno de los espectáculos más atractivos que ofrece cada año la Libertadores.
Puede que el juego sea desabrido, pero la fiesta impactante de las tribunas, la adrenalina que hay en cada choque son imperdibles para el hincha neutral. Pese a las continuas contrataciones, Boca no logra afirmarse con juego, no muestra solidez, aún siendo el de menos goles en contra de la Copa, apenas 4 en 8 partidos. No obstante, como diría Perogrullo, “Boca es Boca” y nunca es descarte. La camiseta impone dar lo máximo a todo el que la calce. Y está el respeto que genera en los rivales.
Independiente del Valle, al que todo le sale bien, esta vez la moneda le cayó del otro lado. Fue eliminado por un equipo discreto, aunque luchador y de notable despliegue físico, como el Pereira, un debutante que llegó más lejos de lo que incluso sus propios parciales pensaban.
IDV parecía tener la llave más sencilla de las ocho, quedó fuera ante un Pereira que casi toda la noche puso diez hombres en su área. Eso dificulta la tarea de todos, aunque esto es muy antiguo en el fútbol: dentro del reglamento todo vale y no se puede protestar, cada quien elige la táctica que quiere emplear.
El penal malogrado por Hoyos cerca del final demuestra que los arqueros deben esperar hasta el último instante el disparo. Si es posible, sin moverse. Eso genera dudas en el ejecutante, como quedó claro en este caso. Dudas, aparte de la presión que ya por sí tiene el pateador. Y además, permite arrojarse al lugar donde va la pelota.
En la definición por tiros desde los doce pasos entre Inter-River vimos al arquero uruguayo Rochet (excelente durante el juego) elegir un palo y tirarse antes de que salga pelota. Eso se hacía antes. Los especialistas en parar penales (Dibu Martínez o el fabuloso brasileño Diego Alves, que contuvo el 75% de los remates) tienen una receta: aguantar hasta último momento antes de lanzarse. Si el tiro no es demasiado fuerte o esquinado, lo atajan. La fortuna, la intuición o los reflejos cuentan poco, es método.
El Pereira deambuló casi ocho décadas en Primera División sin poder nunca gritar campeón. Se le dio en diciembre del año pasado. Venció en la final al Independiente Medellín. Y por primera vez también entró en la Copa. Con una nómina modesta le hizo frente a Boca, a Colo Colo, clasificó a octavos y ahora volteó un muñeco que era amplio favorito: IDV. No estaba en los planes de nadie.
El Pereira primero defiende, después defiende y por último defiende. Y pone sobre el césped un valor que no debe faltar en ningún orden la vida si se busca el éxito: actitud. Es su virtud esencial. Claro, ahora le toca Palmeiras y parece como que se le viene encima un cartel que dice “fin del camino”. Pero esto es fútbol y todo puede suceder.
Palmeiras, bicampeón 2020 y 2021, semifinalista en 2022, amenaza llegar alto de nuevo, siempre conducido por el portugués Abel Ferreira. Un equipo durísimo en defensa, que mantiene toda la columna vertebral: su golero Weverton (para este cronista, el mejor de Brasil, por encima de Alisson y Ederson), el gran capitán Gustavo Gómez, Raphael Veiga, Dudú, Rony. Llevan años allí y juegan a ojos cerrados. Es supercandidato a enfrentar en semifinal a Boca o a Racing.
Racing y Olimpia dieron una demostración de grandeza fantástica. Si existe un cuadro copero se llama Olimpia de Paraguay, con tres coronas, siete finales y tantas semifinales. Sin embargo, la noche del jueves le dio a sus hinchas una de las mayores alegrías en sus 64 años de disputas coperas. Mal en el torneo local, sumido en deudas, había perdido ante Flamengo en Río por la mínima.
Se esperaba una fácil clasificación del rubronegro carioca. Y a los 6 minutos en el Defensores del Chaco, gol de Flamengo. Más favoritismo. Pero ahí apareció la estirpe, la garra, el corazón olimpista para darlo vuelta: 3 a 1 bien a la paraguaya, con tres goles de cabeza, aunque el tercero fue de un argentino, Facundo Bruera. Los tres fueron cabezazos matadores, que agrandan la leyenda guaraní en el juego aéreo.
No menos gigantesco y emotivo fue el triunfo de Racing 3-0 sobre Nacional de Medellín, que había ganado la ida en Colombia 4 a 2. Racing salió a pisarlo a Nacional y lo borró del campo. Un 3-0 que tal vez mereció ser más amplio. Honores a la Academia, que seguro jugará dos partidos épicos con Boca.
Está hermosa la Copa. Y no es sólo cuestión de brasileños y argentinos.