Friday 12 Jul 2024 | Actualizado a 23:47 PM

La Reina del Plata fue la cuna

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 28 de abril de 2024 / 23:25

“Buenos Aires, la Reina del Plata, Buenos Aires mi tierra querida…” Carlos Gardel tenía 26 años y asomaba a la fama grande cuando nació en su ciudad la Copa América. El torneo abrió los ojos en ese conglomerado cosmopolita donde vivían casi tantos extranjeros como nacionales.

La cuna del tango era un faro de cultura que irradiaba a toda América Latina. Y ya despuntaba como una urbe impactante, de definido estilo europeo, con subterráneo -el primero de Iberoamérica- y una amplia red de ferrocarriles.

Era pleno invierno austral de 1916. Una Argentina próspera celebraba con pompa el primer centenario de su independencia y, entre los muchos actos del jubileo, el Gobierno de entonces encargó a las autoridades futbolísticas que organizaran un torneo internacional, tal como se había realizado con éxito allí mismo en 1910, entre Argentina, Chile y Uruguay, siendo campeón el anfitrión.

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El fútbol estaba esperando algo así

Ese prefacio del ’10 no se considera oficial, no había sido fundada aún la Confederación Sudamericana de Fútbol. En 1913, el deportista José Claudio Susán, futbolista y directivo del club Estudiantes de Buenos Aires (no de La Plata), elevó una propuesta formal para crear un certamen sudamericano que se denominaría Copa América, la cual se publicó el 16 de octubre de ese año en el diario La Argentina: 
“La Asociación Argentina de Football resuelve realizar anualmente un concurso de football instituyéndose al efecto la Copa América. Serán invitadas a adherirse a este proyecto las ligas uruguaya, chilena y brasileña, debiendo enviar en caso afirmativo un equipo para disputar la Copa. Este torneo se efectuará en Buenos Aires. Si alguna de las ligas adherentes desea que el torneo se realice en el lugar de su asiento, deberá solicitarlo en la reunión de delegados que se efectuará durante la época de juego del año anterior. Es entendido que cada liga en tal caso correrá con la organización y gastos que el torneo demande”.

Le cabe, pues, a Susán, el derecho de autor de esta maravillosa saga. Su proyecto y los dos certámenes primigenios -1910 y 1916- celebrados en Buenos Aires y por iniciativa argentina, le otorgan al fútbol albiceleste la indiscutible patente de impulsor de la idea. Muy visionario: aún no existían los Mundiales ni la Eurocopa, y los Juegos Olímpicos estaban suspendidos por la Primera Guerra Mundial. Incluso la FIFA era un bebé que daba sus primeros pasos.

La entonces Asociación Argentina de Football envió en octubre de 1913 un telegrama a sus pares de Brasil, Chile y Uruguay invitándolas a disputar el trofeo “Campeonato Sudamericano de Football”. El diario La Argentina, del 26 de octubre de 1913, en su página 8, daba cuenta de la respuesta afirmativa de la conductora del fútbol oriental: “La Liga uruguaya ha comunicado a la Asociación Argentina de Football su adhesión al campeonato sudamericano que esta organiza, y para cuyo concurso el ministerio de relaciones exteriores y culto ha donado una magnífica copa. La nota de la Liga Uruguaya dice:
“Montevideo, octubre 23 de 1913. -Señor presidente de la Asociación Argentina de Football.- la Liga se ha enterado de que el ministerio de relaciones exteriores de la República Argentina ha donado un trofeo destinado al campeonato sudamericano de football, y que será disputado por uruguayos, brasileños, chilenos y argentinos todos los años. En respuesta tengo el placer de expresar a usted que la comisión de la Liga ha resuelto prestar todo su concurso, a fin de que ese nuevo campeonato obtenga todo el éxito que le corresponde por su carácter. (Firmado) -Abelardo Vescovi, presidente”.

Debido a las divisiones internas en el fútbol de Brasil y Chile que impedían su participación, el torneo no se pudo concretar sino hasta 1916.
Por entonces, Buenos Aires era la única capital de Sudamérica que poseía escenarios capaces de albergar decenas de miles de espectadores. Que los hinchas argentinos le llaman cancha, como en Uruguay se denominan parque y en el resto del continente, estadio. Se realizó en Palermo en el, para la época, formidable recinto a la inglesa de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (de nuevo: no de La Plata), capaz de acoger a 25.000 personas.

La Gran Guerra ya se había cobrado nueve millones de vidas en Europa. Los campos de Francia eran un gigantesco charco de sangre. El 1° de julio de 1916 se desató una carnicería humana al norte de París: la sanguinaria Batalla del Somme. Fue una catástrofe: sólo las tropas británicas sufrieron ese primer día 57.740 bajas, la mayor pérdida en combate del Reino Unido en toda su historia bélica, que no es breve.

Veinticuatro horas después, a 11.000 kilómetros hacia el sudeste, diez mil aficionados entusiastas acudían para ver Uruguay 4 – Chile 0, el primero de los 837 partidos que componen la Copa América hasta ahora. Alaridos desgarradores allá, alborozados gritos de gol acá. Hoy, más de un siglo después, parecerá increíble, pero miles de uruguayos cruzaron el río color de león para ver a la Celeste. Se viajaba en el Vapor de la Carrera, que salía de Montevideo a las 10 de la noche y llegaba a Buenos Aires a las 7 de la mañana. Sólo se precisaba el boleto, no se hacía migraciones entre Uruguay y Argentina. “Era como tomar el tranvía”, describió el genial Diego Lucero.

El de ese primer año fue un torneo realizado por la Asociación Argentina, en el que intervinieron cuatro de las cinco asociaciones existentes hasta el momento: la anfitriona y sus colegas de Brasil, Chile y Uruguay. Paraguay era como Santa Marta, tenía tren, pero no tranvía, pues ya había sido fundada la Liga Paraguaya, sin embargo, no conformaba todavía una selección.

Justamente, a raíz de ese cónclave internacional nació la entidad matriz del balompié continental. El 9 de julio, reunidos en medio del certamen, los delegados de las selecciones participantes decidieron crear la CONMEBOL por iniciativa del político y periodista uruguayo Héctor Rivadavia Gómez, presidente del Montevideo Wanderers. Y entre todos acordaron dar continuidad anual a la competencia que se estaba disputando, la que en adelante se denominaría Campeonato Sudamericano de Fútbol Copa América, como había propuesto Susán. Se encargó a una joyería del centro porteño la realización del trofeo, la bella pieza de orfebrería que conocemos, en plata con base de madera.

Nació popular la Copa, porque el fútbol de clubes divide, el de selecciones une. Se colmó el estadio desde el primero hasta el último día de esa versión bautismal. Enseguida la fiebre por su disputa se propagó en todo el continente. Pero fue un virus alegre, vivificante, que no requiere mascarillas. Su disputa era un acontecimiento festivo y social en los pueblos donde se jugaba. Y así seguiría hasta el presente, 108 años después. Tras aquel alumbramiento en 1916 llegarían los Mundiales, la Copa Libertadores y otras nuevas contiendas internacionales, sin embargo, la Copa América mantuvo su lozanía y atractivo hasta hoy. Eso remite a su magnetismo.

En octubre de 2006, Joseph Blatter nos concedió una entrevista exclusiva en Asunción; le obsequiamos el libro de la Copa América que realizamos en Conmebol hace unos años; ojeando las fotos de aquella edición de 1916 quedó asombrado y acuñó una frase para los tiempos: “De Europa siempre se dice que es el Viejo Continente, pero en fútbol el Viejo Continente es Sudamérica”.

(28/04/2024)

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Opinión

Una Copa sacatécnicos

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 12 de julio de 2024 / 23:06

En los años noventa algunas selecciones acudían a la Copa América con equipos alternativos, muchos jugadores que actuaban en Europa “gambeteaban” el convite, los entrenadores decían que era un buen tubo de ensayo para las Eliminatorias. No la tomaban muy en serio. Eso cambió por completo. El grado de exigencia ha aumentado extraordinariamente. El prestigio de la Copa da alto reconocimiento a quienes la ganan o a quienes cumplen buen papel.

Esta Copa es redentora para James Rodríguez, que volvió a sus estándares del Mundial 2014 y alcanzó niveles de superhéroe en Colombia. Jeyland Mitchell, el zaguero costarricense que se devoró a Vinicius ante Brasil ya fue fichado por el Feyenoord de Holanda. Y cuatro técnicos fueron cesados por la mala actuación de sus equipos. Tales indicadores reflejan la importancia actual de la Copa.

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* Disyuntiva. El interés y la significación alcanzada por la centenaria competencia lo ratifica una declaración de Orlando Ascensio, subeditor de Deportes del diario El Tiempo. Se le preguntó qué elegirían hoy los hinchas colombianos si tuvieran una sola opción: ganar esta Copa América o ir al Mundial. “Creo que la mayoría prefiere ser campeón de América”. Un sondeo en Twitter lo ratificó: un 78% escogió ganar esta Copa, que sería un logro histórico, consagratorio para el fútbol colombiano, por el momento del equipo, por la escalera de rivales (Brasil, Uruguay, Argentina) y por las formas: jugando un gran fútbol.

* Adiós. Las pobres campañas de sus selecciones y el descontento de los hinchas provocó el despido o la renuncia de cuatro de los dieciséis entrenadores que llegaron al torneo: Greg Berhalter (Estados Unidos), Daniel Garnero (Paraguay), Félix Sánchez Bas (Ecuador) y Heimir Hallgrímsson (Jamaica). La Federación de EE.UU. fue concisa y clara: “No se cumplieron las expectativas”. Eso vale para todos. A su vez, quedaron malheridos Jaime Lozano (México) y Dorival Junior (Brasil). Y muy tocados Antonio Zago (Bolivia) y Jorge Fossati (Perú). El 50% cesanteados o cuestionados. Ahora, la Copa no perdona.

* Cachet. Se especula que Shakira, que cantará mañana en el entretiempo de Argentina-Colombia como telón de la Copa América, cobrará alrededor de 500.000 dólares por sus diez minutos de actuación. En comparación, sería bastante más que los 667.000 que percibió por partido cada selección en la primera fase del torneo. No es que Shakira cobre mucho, los equipos reciben poco.

* Precios. Argentina-Messi es el equipo más convocante del mundo y Colombia tiene una colonia de inmigrantes gigante en el país de Washington. El Hard Rock Stadium de Miami, escenario de la final, tiene aforo para 75.540, pero no alcanzará para la expectativa despertada. Está claro que, si hubiese un estadio para 300.000, rebalsaría igual. Y los precios son estratosféricos. La entrada más económica para el choque por el título en el sitio oficial de venta concesionado por la Conmebol -Ticketmaster- es de 2.249,48 dólares y la más elevada 11.903,95. Sólo quedaban unas pocas. En reventa seguro se podrán conseguir todavía, pero a costos mucho más onerosos. La taquilla, como todos los demás rubros, será ultramillonaria. Tantos ingresos no tienen correlato con la pobre recompensa que se llevan las selecciones.

* ¿Popular…? Ir a un solo partido de la Copa por intrascendente que éste sea, al menos en Estados Unidos, supone un gasto gigantesco en boleto, transporte y comidas. No sólo va el que quiere sino el que puede. La comercialización del futbol ha cambiado radicalmente, ya no es un deporte para el pueblo. En Europa no se permite poner cualquier número al valor de las localidades, hay límites. Por eso la Eurocopa es mucho más democrática y accesible. Hay cuatro niveles para la final de Berlín: 300 euros, 600, 1.000 y 2.000. La taquilla en Alemania tal vez no llegue ni a la mitad de la de Estados Unidos.

* Clima. Se prevé una temperatura media de 28 grados a las 8 de la noche del domingo en Miami. Tolerable. Sin embargo, las altas temperaturas fueron uno de los puntos inquietantes de esta Copa. El pasado sábado 6 se registró en California un pico de 53 grados. En Arizona llegó a 45. Ambas ciudades albergaron partidos de la Copa América. La FIFA, que ha enviado una delegación para estudiar los distintos aspectos de esta competencia, seguro lo tendrá en cuenta y es posible que solicite climatizar todos los estadios para el Mundial 2026. Eso le obligaron a hacer a Catar en 2022, además de cambiar la fecha de disputa.

* Edad. Los finalistas están parejos en promedio de edad: Colombia (28 años y 2 meses), Argentina (28,5). El fútbol está signado actualmente por la intensidad y no es posible competir con posibilidades sin frescura física. Lo acaba de explicar Ricardo Gareca, al comentar por qué decidió excluir de la Selección Chilena a Arturo Vidal, Gary Medel y Charles Aránguiz: “El recambio siempre es algo que se da naturalmente, no porque uno quiera. Tiene que ver con el rendimiento y otras cosas puntuales, porque si contás con mayoría de muchachos de 36 ó 37 años, hay un promedio de edad que sí o sí tenés que bajar, porque si no se complica el nivel de competencia. Si te cargás de gente demasiado grande, lógicamente vas a tener problemas a la hora de disputar con intensidad en la parte física, más allá de que lo técnico también importa”.

* Candidato. Colombia ha jugado claramente mejor que Argentina en lo que va de la Copa, incluso enfrentó rivales más complejos, no obstante, en todas las casas de apuestas la Albiceleste casi dobla en favoritismo a su rival de mañana: El once de Scaloni paga en casi todas 2,10 ó 2,15 por cada dólar apostado, Colombia devuelve entre 4,15 y 4,33.

* Despedida. La de Uruguay, entre golpes, corridas y broncas. Del Mundial de Catar se fue con varios futbolistas increpando gravemente al árbitro, rompiendo la cabina del VAR que utiliza el juez, casi tomando del cuello a un juez de línea. Era la rabia por no concederle un penal. De esta Copa América sale envuelto en un disturbio pleno de violencia en el que los jugadores pelearon con hinchas colombianos. Se argumenta que agredieron a sus familiares. Es posible, pero es una antigua costumbre. Un fútbol respetado, admirado y hasta temido como el uruguayo no se puede ir de los torneos entre agresiones cada vez que pierde. Hay 11 futbolistas celestes sumariados por la Conmebol. En Sudamérica, por lo general las sanciones quedan en nada.

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La batalla de Charlotte

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 11 de julio de 2024 / 21:20

Uruguay es el cuco del campeonato, Colombia el que mejor juega, se sabe que es una final anticipada porque son los dos mejores del momento.

Brasil es un bello recuerdo, Argentina no está como en el Mundial. Colombia, si gana la partida, debe tener una escalera real en la mano: Brasil, Uruguay, Argentina. Terrible prueba, nunca una corona habrá costado tanto. Ya pasó a la Verdeamarela. Toca Uruguay, que tiene asustados a todos.

Vuelan estos celestes, atacan como no lo hicieron en más de cien años. Aunque ante Estados Unidos se olvidaron del bielsismo y ganaron ahí nomás, con un gol discutido.

Y ante Brasil se acordaron que son Uruguay y metieron leña como para un invierno entero. Ahora prometen más, aunque no estará Nández, capaz de hachar un bosque él solo.

Las tribunas son un gran mosaico amarillo con puntos celestes. Son 70.644 que han pagado boleto. Esta Copa es un negocio pingue para muchos, menos para los animadores, los que entrarán al campo. Los que ya se fueron a casa se llevaron dos milloncitos de dólares.

Hay clima de fiesta, aunque todos saben que en el rectángulo habrá roces, empujones, broncas, palabrotas, amenazas, o sea, el variado menú sudamericano en este juego de la pelota.

Tocan los clarines, se enarbolan las banderas y empieza la lid. Conociendo a Bielsa, es obvio que Uruguay mandaría la caballada al frente, conociendo a Lorenzo era seguro que no se achicaría. Y el primer café lo sirve Muñoz: centro de Luis Díaz, cabezazo apenas desviado del mejor lateral del torneo. Era para gol.

Pero Uruguay es joven, fuerte, se siente favorito y ese potro indomable que es Darwin Núñez se escapa tres veces seguidas, a los 17, 21 y 27 minutos y tira las tres afuera desde buena posición. Tino Asprilla le había arrojado unos dardos en la previa (“Se controla solo, necesita que le pongan seis balones para meter uno”, había dicho). Y Núñez parece querer responderle con un par de goles, pero tiene el caño de la escopeta torcido. Siguen 0 a 0.

Colombia contesta a los 33’ con otro cabezazo, esta vez de Córdoba, que se le va por centímetros. Y cuando las agujas de Cronos daban los 39’, gol de Colombia. Perdón, golazo. Córner de James, el mejor centrador del mundo, a la cabeza de Jefferson Lerma, porque James hasta te elige el parietal. Lerma es el Coloso de Rodas, se eleva imperial entre Ugarte y Josema Giménez, y mete el cabezazo perfecto, de pique al suelo, como dictan las sagradas escrituras del fútbol. Se mete por un estrecho hueco entre el arquero Rochet y el palo.

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Ugarte no salta, Giménez sí, pero poco, y Rochet no sale. Entre los cuatro decretarían que Uruguay pase a perder. Es un gol de gladiador el de Lerma. Un gol psicológico. Uruguay lo sintió como un palo en la nuca, no entraba en sus cálculos. Como el boxeador que va dominando el combate, se nota confiado y de pronto recibe un gancho al hígado que lo paraliza.

Inmediatamente después llega la acción que daría un vuelco a la historia. En una reyerta de las varias, Ugarte le da un pellizcón en la cintura a Daniel Muñoz y este reacciona enfurecido con un codazo. Ugarte cae retorciéndose y Muñoz recibe tarjeta roja. Inesperado. Resulta sorprendente la reacción de Muñoz, sobre todo teniendo amarilla, pero hay que estar ahí, en ese mar de nervios y emociones fuertes.

Ugarte, el rey del pase atrás, es un jugador menos que discreto, pero un virtuoso en el arte de calentar rivales a la vieja usanza. Lo hizo con Messi y De Paul en cancha de Boca. Le dijo a De Paul “mamadera de Messi”. Enloqueció a ambos. Messi, fuera de sí, tomó del cuello a Mathias Olivera, capitán uruguayo. No lo echaron porque es Messi. Ugarte sonrió, los sacó del partido, Uruguay ganó 2-0.

Se iba el primer tiempo y millones pensamos lo mismo: no va a aguantar Colombia un tiempo entero con un hombre menos, esto es mucho Uruguay. Néstor Lorenzo, el mayor descubrimiento mundial a nivel de dirección técnica junto con Scaloni y Xabi Alonso, rearmó el equipo: salió John Arias, volante mixto, y entró Santiago Arias, lateral puro.

El gol ya estaba hecho, había que defenderlo. Pero ¿cómo…? Uruguay vendría con toda metralla. Y vino. Dominó, empujó, cascoteó, convirtió el partido en el Sitio de Alejandría. Colombia, amurallado, tirando aceite hirviendo desde las torres. Lorenzo refrescó el equipo, exhausto de tanto rechace. Sacó al 9, John Córdoba, y puso un 2 neto, Yerry Mina, un metro 95, un individuo que puede estar una semana cabeceando sin parar. Colombia alineó cinco atrás, casi tocando al arquero, y otros cuatro delante de ellos. Una línea Maginot.

Bielsa sacó del armario a Luis Suárez: “entrá y arreglá esto”. Y el Pistolero, apenas ingresado, mandó un pelotazo al palo. En Colombia casi muere la mitad de la población. El dramatismo aumentaba por minuto. Era el ansia contra el aguante. Y era hermoso, la belleza tiene muchos rostros y esto hacía rato había dejado de ser un cotejo de fútbol para convertirse en una batalla. Uruguay con flechas, con palos, con piedras lo intentó todo, pero Colombia no aflojó nunca. Cuando ya el reloj se acercaba a los 90 todos intuíamos que podría caer un gol uruguayo, no podía resistir más Colombia. Pero a medida que lo peloteaban, más se agrandaban los de amarillo. Nunca la habíamos visto tan aguerrida. Lo que jugó el lateral izquierdo Johan Mojica fue antológico. Ponerle 10 puntos es casi insultar su esfuerzo, su moral, regó todo el campo con su sangre.

El juez mexicano (ecuánime, por cierto) dio 7’ de adición, una vida para los corazones colombianos. ¿Soportaría siete más…? Lo hizo, sin problemas. El arquero colombiano Camilo Vargas no tuvo una sola parada de riesgo, fueron tiros por arriba, centros conjurados por Yerry Mina o Dávinson Sánchez, pelotas muy pasadas o mal dirigidas… Colombia tuvo tres en que era más difícil errar el gol que hacerlo, dos de ellas en los pies de Matheus Uribe.

Respetamos todas las opiniones, adoramos el pasado, pero esta es la mejor Selección Colombia que este cronista vio. Tiene todo: fútbol, garra, fuerza, carácter, mente, gol, individualidades, pasión, resistencia. Extraordinario finalista. Por si acaso, que no venga el Tino Asprilla a decirnos que ellos jugaban mejor. No, Tino.

Reflexiones finales… El mejor duelo de la Copa América. Y de la Eurocopa también. Tuvo emociones, drama, juego, tensión. Los partidos no tienen que terminar 5 a 4 para que el fútbol guste. Con 1 a 0 sobra si tiene los ingredientes necesarios. Excepcional triunfo de Colombia. Es por mucho el equipo sobresaliente de esta Copa América hasta aquí. Uruguay no sabe ser favorito, para ganar tiene que ir de punto. Ojalá veamos una final para la historia.

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Messi y Argentina quieren más

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 10 de julio de 2024 / 21:35

Francia fulmina a Mbappé por su lamentable Eurocopa (L’Equipe lo calificó con un 2 ante Portugal y con un 3 frente a España). Romario y Ronaldo le dieron duro a Vinicius (“no es ese jugador del que dices ‘si juega bien, Brasil será campeón’, no es un joga bonito”). Bellingham no brilla en Inglaterra pese a marcar un par de goles.

 Los tres candidatos al Balón de Oro 2024 se deshilachan a nivel selección, pero asombra Lamine Yamal, siendo la luz que más ilumina la Eurocopa ¡con 16 años…! A la edad en que todavía un chico le pide permiso a su madre para ir a jugar a la placita, Lamine le mete golazos a Francia para llegar a la final. Y cruzando el océano, con 21 años más, Messi también llega a otra definición por el título, una más, la número 43 de su inigualable carrera. La palabra impresionante queda chica en él. Messi ya no debe ganar el Balón de Oro, pero los que vienen reclamando el trofeo no hacen mucho por ganarlo.

* Trabajoso. Así ha sido el camino de Argentina para llegar a buscar un nuevo título. Triunfos sin brillo ante Chile, Perú, Canadá, empate dramático con Ecuador… Está claro que no es el mismo equipo que ganó el Mundial de Catar. Han pasado veinte meses, y eso es bastante en fútbol. Así como Uruguay y Colombia están en subida, Argentina está en bajada. Se nota. Y no es una crítica, le sucede a cualquier grupo que ha logrado altos objetivos. Se llega a la cima y luego comienza el descenso.

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* Oficio. Con ese atributo sacó adelante la semifinal contra Canadá. Un equipo que parece menos de lo que realmente es. Por algo llegó ahí, complica, batalla. Un delicioso pase profundo de De Paul a Julián Álvarez que el joven del City finalizó por debajo de las piernas del arquero Crepeau decidió tres cuartas partes del juego, porque el equipo de la hoja de arce. Sintió el impactó. Ese gol machacó su ilusión. El segundo fue más producto de la insistencia que de la virtud.

* Previsible. Mantiene el carácter, pero se ha convertido en un equipo desabrido, sin chispa, sin frescura, sin cambio de ritmo, ya no tan potente adelante y sí más vulnerable atrás, aunque ese fenomenal arquero que es Dibu Martínez disimula dificultades. No tiene recambio de jugadores. Scaloni se ha cansado de buscar, pero no aparecen cracks nuevos como reemplazo inmediato. Los que dan garantías son siempre los mismos. La formación titular es igual a la del Mundial. No tiene nombres afuera que deban estar. Son esos y no hay más. Deberá levantar mucho si quiere ganar en la final. Es, sobre todo, un equipo cansado. Y ya hay varios que están grandes. Messi, Otamendi, Di María, De Paul…

* Poco. “Hoy apoya sus ilusiones en el arquero, el Cuti Romero y el respeto que sigue imponiendo Messi… pero es poco. El medio perdió músculo e ideas”, opina con acierto Héctor Pérez, consumado tuitero. “McAllister bajó el nivel que supo mostrar. De Paul y De María tienen muchísimos kilómetros encima y Enzo Fernández está volviendo de una operación, aunque nunca fue un imprescindible. Tendrá que apelar a la garra si quiere repetir el domingo. Con lo exhibido hasta acá no creo que le alcance”.

* Sin magia. “Argentina tendrá 24 horas más de descanso que su rival para la final. Ante Canadá fue un partido tranquilo, suave, de intensidad intermedia. Creo que ese es un plus que físicamente lo pondrá en condiciones más equilibradas para la final, pero es un equipo que se ve repetido, agotado y sin magia”, dice Andrés Magri, director de la revista Fútbol Total, de Colombia.

* Penales. Scaloni es joven, aunque con la sabiduría de un anciano. Y es consciente de que ganar en los 90’ será complicado. Con cualquier rival le costará horrores. Incluso llegar a penales no sería una pretensión descabellada. Y en esa instancia tiene un arquero mágico.

* Convocatoria. En el rubro que aplasta Argentina es en público. Ninguna selección se le acerca siquiera. Juegue donde juegue, es a estadio completo. En sus cinco cotejos vendió 366.200 entradas a un promedio de 73.240 por juego. Con este desglose: Canadá (70.564), Chile (81.106), Perú (64.972), Ecuador (69.456) y Canadá (80.102). No vende más por la capacidad de los estadios. Conste que es apenas la decimoquinta colonia de inmigrantes en Estados Unidos. Antes están México, Puerto Rico, El Salvador, Dominicana, Guatemala, Colombia, Ecuador, Venezuela, Perú, etcétera.

* Mérito. A lo largo de 108 años y 48 ediciones, la Albiceleste llega por 30ª. vez a la definición del torneo, es récord. En 15 fue campeón, en 14 subcampeón, queda por dilucidar la del domingo. Eso se llama grandeza.

* Camino I. “Siempre le acomodan la ruta para que llegue a la final a Argentina, es la mimada de la Conmebol y la FIFA”, insisten. Muy por el contrario, siempre le ha sido adverso. Sólo basta recordar dos ejemplos. Los Mundiales de 1986 y 1978. En el Mundial de México, Argentina debió enfrentar a cuatro campeones del mundo: Italia, Uruguay, Inglaterra y Alemania. Único caso. Y ganó el título.

* Camino II. Peor fue lo del Mundial ’78. Como todo anfitrión, se esperaba un sorteo sencillo, sin embargo, nunca un local debió sortear tantos escollos. Cayó en un grupo terrible: una poderosa Italia, que le ganó 1 a 0 y que obtendría el Mundial siguiente, con Zof, Scirea, Gentile, Cabrini, Causio, Bettega, Paolo Rossi; la Francia de Platini, Lacombe, Giresse, Rocheteau, Bossis, Battiston, Genghini, Six, Tressor. Con esa camada lograría la Eurocopa 1984. Y la última Hungría fuerte después de los Magiares Mágicos. En adelante debió vérselas con la Polonia que deslumbró en Alemania, la de Lato, Szarmach, Deyna, Zmuda, Tomaszewski. Y ante un Brasil con Zico, Dirceu, Batista y otros guitarristas. Luego, enfrentar a un Perú pleno de figuras como Cubillas, Cueto, Velásquez, Oblitas, Muñante, Chumpitaz… Aunque a este lo agarró cansado y ya eliminado. Y en la final, la Naranja Mecánica, una Holanda tremenda de juego y carácter, que había arañado el título cuatro años antes sin ser menos que Alemania. Conservaba ocho titulares de 1974: Jongbloed, Krol, Jansen, Suurbier, Neeskens, Haan, Rep y Rensenbrink. Un noveno -Rijsbergen- quedó en el banco. Con el agregado de René y Willy Van der Kerkhof, los mejores gemelos que el fútbol haya visto. También dio la vuelta olímpica Argentina.

* Protagonismo. Desde el 2000 hacia acá, Argentina ha llegado a 2 finales mundialistas, a 6 de Copa América, a 2 de Juegos Olímpicos y 3 del Mundial Sub-20. Algún mérito debe tener.

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Enviado especial

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 9 de julio de 2024 / 20:07

“Estoy en el aeropuerto de Kansas, hago conexión en Las Vegas para llegar a Fort Lauderdale a las 9 de la noche porque el próximo partido de Perú es en Miami y estaré cerca. Esto es muy agotador, dormí en el aeropuerto y hace diez horas estoy acá”, contaba Fernando Jiménez, director de Todo Sport, de Lima, cuando lo llamamos por WhatsApp hace dos semanas.

Fernando es uno de los pocos kamikazes que se arriesgó a ir a Estados Unidos a cubrir está Copa América esparcida por catorce ciudades en un gigantesco país de 9.147.593 km2. Faltó darle un partido a Alaska y otro a Hawái. Los periodistas, o sea los encargados de difundir el torneo, se quejan de desatención, desamparo, desorganización, falta de comodidades mínimas para desarrollar su trabajo. Las selecciones tampoco están muy contentas de viajar miles y miles de kilómetros.

Es el anticoncepto de torneo, como si los Juegos Olímpicos se anunciaran en París, pero el atletismo tuviera sede en Moscú, las regatas en Suecia, la natación en España y las pesas en Turquía. No hay carácter aglutinador.

Las grandes cadenas esquivaron el bulto. ESPN eligió la Eurocopa antes que la Copa América y mandó todas sus estrellas a Alemania, con Mariano Closs y Diego Latorre a la cabeza. Caracol y RCN, dos enormes conglomerados periodísticos, toda la vida acompañando a la Selección Colombia, compraron los derechos, pero no enviaron un equipo, relator y comentarista cubrieron las alternativas desde estudios en Bogotá como hicieron casi todos los canales latinoamericanos.

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Va un reportero, el que está en las puertas del estadio y le hace notas a los hinchas que van llegando enfundados en su camiseta. La logística en Estados Unidos es imposible y cara. La inversión no tenía retorno, hubiese sido todo a pérdida. En cambio, en Alemania las distancias son cortas y les permite a los periodistas ir a todos los estadios y pintar el espectáculo.

Vuelve Fernando Jiménez: “Para que tengas una idea, el partido de Perú y Canadá, en Kansas, terminó a las 7 de la tarde, hasta escribir, las ocho, hasta salir, las nueve, un calor infernal de 39 grados, pedimos un Uber que demoró unos quince minutos, nos fuimos a un parque a hacer un poco de tiempo y llegamos al aeropuerto a las diez y media de la noche. Vacío totalmente el aeropuerto. Dormimos como pudimos ahí en bancos porque el vuelo salía 9,40 de la mañana para Las Vegas, una hora de vuelo en un avión pequeño. No hay tantos vuelos. Esperar allí unas tres horas y trasbordar para Fort Lauderdale, donde llegamos 8 y 30 de la noche. A cuarenta minutos de allí, en Miami, iba a jugar Perú con Argentina. Así es todo en esta Copa. No te permite nada, es un agotamiento total. Yo vi los tres partidos de Perú y nada más, ni Eurocopa ni otros de Copa América, estoy en blanco. Y en los hoteles, llegas y quieres ver un partido y no lo pasan en la televisión abierta ni en el cable, debes comprarlo aparte”.

El enviado especial como se estiló siempre, que llega a un torneo, acompaña a los equipos, hace entrevistas y cuenta lo que ve desde adentro para trasladarlo al público de su país, aquí no existe, no tiene la menor posibilidad física ni económica de hacerlo. Perdería todo su tiempo en viajes sin mayor sentido. La Copa es una suerte de conejillo de indias del Mundial, que es el premio gordo. Estados Unidos albergará 78 de los 104 encuentros del Mundial 2026. “Acá hay muchos aspectos que no están bien en el torneo y es difícil solucionarlos porque no hay una cultura futbolística ni siquiera mínima en la ciudadanía. Los que no son latinos no saben ni lo que es el offside. Pienso que la FIFA va a arreglar algunas cosas porque tiene mayor autoridad y trae un ejército de gente. Como el tema de las canchas. Se ufanan de poder cambiar el piso sintético por el de césped en un día, pero luego los panes se levantan. Hay infinidad de cosas como esas para resolver y mejorar”, dice Sergio Levinsky, periodista argentino que también asistió a la Copa y lamenta haberlo hecho.

Estados Unidos es un país maravilloso, no tiene la cupa de ser tan vasto. Y lo bueno es que siempre está dispuesto a montar un torneo cuando las demás naciones no tienen posibilidades de organizarlo. Sólo hay que llevar al trapecista, el domador y los leones. Tiene la infraestructura lista y, por la peculiaridad de albergar 65 millones de inmigrantes latinoamericanos, puede llenar los escenarios. Pone la casa y se queda con la recaudación que dejan los invitados, pero de la parrilla y el asado que se encarguen otros. Ese no es su problema, no organiza estos torneos ni los pide, se los ofrecen, aunque este le vino de perlas como preparativo del Mundial de Clubes 2025 y del de selecciones 2026. El negocio grande lo hacen los dueños de los equipos de fútbol americano, que por lo general son propietarios de los estadios. No se puede jugar en la calle, hay que ir al pie de ellos y se llevan la tajada gruesa.  

No hay clima de Copa porque la Copa es un evento más entre miles en Estados Unidos. El señor que vive enfrente del estadio en Houston o en Kansas no sabe por qué están las luces prendidas ni qué hace toda esa gente allí. Tal vez piense que es un recital de rock. Distinto a cuando se juega en Sudamérica, que es una fiesta popular y el país entero está inmerso. Los organizadores venden los derechos de televisación, una empresa envía las imágenes al mundo y ahí, más o menos, termina todo. Es un torneo de televisión. Pero dados los volúmenes de dinero que genera en Estados Unidos es posible que no vuelva a Sudamérica.

“Los pasajes no son caros si los sacás con anticipación, pero ocurre que la Conmebol te avisa un día antes si estás acreditado”, dicen los cronistas, que son pocos en relación a otras copas anteriores. Lo mismo los fotógrafos. “En una semifinal o final de los Mundiales somos entre 600 y 800 fotógrafos en campo y otros 300 en tribuna, acá no pasamos de cuarenta porque es muy difícil todo y finalmente no vienen”, dice Rafael Crisóstomo, ex del Washington Post. “No hay un centro de prensa general. En los estadios ponen una mesita con un mantelito y un voluntario detrás. Y unas mesas para trabajar. Hasta el más humilde centro de prensa de nuestros países es un lujo al lado de esto”, cuentan los colegas sudamericanos.

La prensa ha ofrendado al fútbol cientos de miles de millones de páginas de diarios y revistas, miles de millones de horas de radio y televisión, han fabricado la popularidad que este deporte tiene. Y lo han llevado a ser un negocio colosal, tan grande como el petróleo, el turismo, las finanzas. La organización del fútbol le ha soltado la mano, la ha abandonado.

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Canadá, el 48 del ránking

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 8 de julio de 2024 / 21:23

“No es nada”, nos dice un amigo y colega de años. Habla de Canadá, de su fútbol. No coincidimos: es algo. Para empezar, tiene dos tremendos cracks que envidiarían muchas otras selecciones: Alphonso Davies, el arrasador lateral del Bayern Munich que quiere llevarse el Real Madrid, y Jacob Shaffelburg, el bajito pero bravo y desequilibrante extremo derecho que arrancó como suplente y ya es uno de los principales destaques del torneo.

A diferencia de algunas asociaciones sudamericanas que siguen vegetando, hay un plan en Canadá: primero profesionalizó su futbol, creó academias juveniles y en 2019 creó su primer torneo, la Canadian Premier League, que cuenta con 8 equipos.

Curiosamente, por su arranque tardío, los tres mejores clubes del país ya jugaban desde mucho antes en la Major League Soccer de Estados Unidos y ahí siguen: son el CF Montreal, Toronto FC y Vancouver Whitecaps.

* Oro. Canadá es el actual campeón olímpico de fútbol… femenino. Las mujeres son más victoriosas que los hombres en este deporte, pero los varones no se quedan atrás: en su primera Copa América son semifinalistas y hoy chocarán con los campeones del mundo por un sitio en la final. Catorce de estos jugadores canadienses militan en la MLS estadounidense, la liga vecina que ha hecho crecer futbolísticamente al país de la hoja de arce.

Otros trece se desempeñan en el fútbol europeo. La organización del fútbol canadiense es bastante nueva y pequeña, tampoco le sobra tradición, pero futbolistas tiene. El arquero Maxime Crépeau, el zaguero Moïse Bombito, el delantero Jonathan David y los mencionados Alphonso Davies y Jacob Shaffelburg son sus principales figuras. Canadá es el tercer plantel más joven de esta Copa: 25 años y 4 meses; Argentina el tercero más viejo: 28 años y 5 meses.

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* ¿Puede ganar…? Todo partido de fútbol se puede ganar y todo partido se puede perder. Así como el Titanic, el barco más grande del mundo, el insumergible se hundió en su primer viaje, este deporte está salpicado de ejemplos de que todo puede suceder. Uno de los primeros campanazos de la historia se dio en el Mundial de Brasil, en 1950. Estados Unidos, cuando aún no era nada, con un equipo de taxistas, estibadores y camareros, venció a la que se creía la primera potencia del mundo: Inglaterra. Cuenta una anécdota que un operador de cables de la United Press recibió en Londres un escueto parte que decía simplemente “Mundial de Football: Estados Unidos 1 – Inglaterra 0”; sin inmutarse, con toda la flema británica, el inglés dio una bocanada a su pipa y respondió a su par en Brasil: “Resultado equivocado-stop-repetir”. El telegrafista brasileño le debe haber dicho: “Equivocado nada-stop-perdieron”. Veremos esta noche, pero ya Canadá le dio un sofocón a Argentina en el juego inaugural de la Copa. Estando 0 a 0, ese titán llamado Dibu Martínez salvó los muebles ante un cabezazo de Stephen Eustáquio. Se habían paralizado los corazones argentinos…

* Otra cosa. Hoy se miden el 1° del Ránking Mundial frente al 48°. En cualquier otra disciplina deportiva casi no tendría sentido el cotejo, pero esto es otra cosa, es el espectáculo más grande del mundo.

* Experto. César Arturo Ramos, el árbitro mexicano que arbitrará mañana la semifinal Uruguay-Colombia “no se achica con los grandes, tiene un gran estado físico y aplica el reglamento a rajatabla”, dice el periodista azteca Fernando Schwartz. Ramos dirigió el partido Brasil 0 – Costa Rica 0. “Es de lo mejor que hay acá”, confirma Marcelo Assaf, periodista argentino de larga radicación en la patria del Chavo. Ramos tiene amplísima experiencia y ha dirigido copiosamente en los Mundiales de Rusia 2018 y Catar 2022. En este último le tocó la semifinal Francia-Marruecos. Va a necesitar toda su capacidad y oficio para lo que puede ser el partido más difícil de la Copa.

* Dorival. La imagen del técnico de Brasil, Dorival Junior, excluido por sus jugadores de la ronda previa a los penales, verdaderamente penosa, recorrió el mundo. Nadie logra dar crédito a semejante destrato. ¿Los jugadores decidieron quién debía patear…? Geir Jordet, psicólogo noruego, profesor de la Escuela de Ciencias del Deporte de su país y autor del libro “Presión: lecciones de psicología en la disputa del penal”, quien tildó a Dibu Martínez como “el Maquiavelo del fútbol”, abordó el tema: “Los jugadores aparecen para rematar porque creen que tienen que asumir la responsabilidad, no necesariamente porque son los mejores. Es como si antes del partido el entrenador preguntara a los deportistas sobre su alineación. Es algo absurdo”. ¿Cuánto durará Dorival al frente de su selección…?

 * El nuevo Uruguay… “Es el viejo Uruguay”. Ya frente a Estados Unidos se desdibujó ciertamente el “código Bielsa”. Y ante Brasil volvieron a ser los antiguos uruguayos de hacha y tiza, más hacha que tiza. Cometió 26 faltas el equipo de Bielsa, récord absoluto de esta Copa América y también de la presente Eurocopa. Frente a Brasil, sobre todo, volvió a sudar, raspar, pelear, algunos de sus verbos históricos. Tendrá dos bajas la Celeste ante Colombia: Nández, suspendido por su expulsión, y el zaguero Ronald Araujo, con una lesión muscular que seguramente lo despide del torneo. Las sentirá, son dos líderes de la defensa. Colombia, por su parte, recupera a Jefferson Lerma, su centrocampista que es un coloso físico. Lo necesitará.

* Palabra. “Ganarla, el objetivo es ganarla. Claramente vamos partido a partido y salimos a ganar en cada juego, nosotros planteamos jugar para buscar el resultado. No vamos a jugar para ver qué pasa, vamos a jugar para ganar”. Lo dijo Néstor Lorenzo, DT de Colombia, el 16 de junio de 2023. Un año después, la propuesta de Colombia avala sus dichos. Luego, si se da o no es parte del juego y sus imponderables.

* Entradas. En diferentes sitios estadounidenses de venta de boletos se ofrecen, para la final del domingo, dos lugares juntos, en excelente ubicación, a 14.000, 17.000 y hasta 20.000 dólares por dos tickets. “Visión clara comprobada. Ustedes se sentarán juntos”, dice el anuncio. El Hard Rock Stadium de Miami tiene aforo para 75.540 espectadores. Estará hasta la bandera.

* ¿Dónde irá…? Es costumbre antigua que el presidente de la FIFA, en este caso Gianni Infantino, antes Joseph Blatter, antes Joao Havelange, asista a la final de la Copa América y también a la de la Eurocopa. Esta vez se juegan ambas el mismo día: ¿dónde estará el astuto Infantino el domingo…?

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