LR en la Memoria

Sunday 14 Aug 2022 | Actualizado a 01:01 AM

Noviembre 2019: Inventario de una transición de gobierno irregular y represiva

En síntesis, Luis Fernando Camacho, Jorge Quiroga, Óscar Ortiz y la propia Jeanine Áñez actuaron a cara descubierta, cada uno a su estilo, para derrocar a Evo Morales.

/ 5 de septiembre de 2021 / 00:29

El 10 de noviembre de 2019, el intento de reproducción del poder a la cabeza de Evo Morales terminó de desmoronarse, como todo proceso forzado que se empeña en querer mostrar transparencia en decisiones vinculadas a veredictos inconstitucionales. El voluntarismo con el que el MAS participó de manera antirreglamentaria de las elecciones de octubre de 2019 condujo al país no a un gobierno de transición rutinario y enmarcado en obligaciones específicas de restitución de la voluntad popular para elegir un nuevo gobierno, sino a una presurosa y angurrienta toma del poder azotada por la pandemia, la represión militar y policial, también protagonizada por organizaciones civiles irregulares. El gobierno-bisagra se caracterizó además por continuos actos de corrupción y en el orden simbólico e identitario, en la negación de la existencia del Estado Plurinacional por parte del Ejecutivo formalmente encabezado por Jeanine Áñez, pero fácticamente a cargo del ministro de Gobierno, Arturo Murillo.

Militares en la masacre de Sacaba, en noviembre de 2019, durante el gobierno de Áñez.

El actor fundamental de los acontecimientos producidos entre el 21 de octubre y el 12 de noviembre de 2019 como se ha podido examinar en esta serie periodística, Memoria y archivo, que cerramos hoy en un primer ciclo, se llama Luis Fernando Camacho y es ahora gobernador electo del departamento de Santa Cruz. A la cabeza del Comité Cívico pro Santa Cruz y de los cabildos callejeros organizados alrededor del Cristo Redentor, fueron su determinación y frontalidad en la búsqueda de la renuncia de Evo Morales las que produjeron una suma de acciones táctico-estratégicas —civiles, militares y policiales— de desobediencia al orden constituido. Camacho está orgulloso de lo que hizo. Cada vez que se le pregunta por el tema, dice que el objetivo principal fue cumplido: Sacar del poder a un presidente que quería atornillarse en la silla para siempre. Lo que el ahora jefe de la agrupación Creemos no podía calcular es en qué consistiría el gobierno transitorio. No imaginó que el oscuro y autoritario desempeño de Áñez y los suyos se convertiría en funcional al partido azul que desembocaría en el retorno del MAS al poder en el lapso de 361 días. No estaba en sus manos el manejo del gobierno, aunque en principio contara con actores que se cuadraban ante él (ministros de la Presidencia y Defensa, y presidencia de Entel) y por ello cuando se destapó el escándalo de lavado de dinero y sobreprecios para materiales antidisturbios que tiene privado de libertad a Murillo en Miami (mayo, 2021), Camacho dijo entonces que “la lucha del pueblo boliviano en 2019 fue traicionada por los viejos políticos que se apropiaron del poder” e incluso pidió su extradición y la de sus cómplices.

El momento de la posesión de Jeanine Áñez. Foto: Oscar Ortiz.

Así como Camacho está convencido de que el derrocamiento de Evo sienta un precedente para quienes se animen a violentar las decisiones ciudadanas en las urnas (referéndum de febrero de 2016), Jorge Tuto Quiroga y Óscar Ortiz también actuaron con claridad en la línea para conseguir el objetivo de sacar a Morales de la presidencia. El exmandatario fue clave en tareas de coordinación para acelerar la salida del renunciado presidente fuera del país, y aunque para buscar el aplauso “pitita” le llamara “cobarde que solamente pensaba en escapar”, el criterio de Tuto era estratégico: Mantener a Morales en el país podía dar lugar a la imposibilidad de una exitosa instalación del gobierno transitorio que en términos “procedimentales” se produjo a través de un ardid pensado por su amigo y abogado de confianza Luis Vásquez Villamor, que inventó el ipso facto basado en la sucesión a la que accedió el propio Tuto en 2001 para reemplazar al general Banzer, pero que no figura en la nueva Constitución Política del Estado y tampoco en el reglamento del Senado. A continuación les tocaba operar a los materializadores del artefacto de Vásquez Villamor en forma de comunicado institucional, el trío de senadores conformado por Jeanine Áñez, Óscar Ortiz y Arturo Murillo. De los tres, quien controlaba en esos álgidos momentos los accesos al edificio de la Asamblea Legislativa con participación civil, militar y policial era Ortiz, que el lunes 11 de noviembre había acompañado a Áñez en helicóptero militar para reunirse en un hotel de la zona Sur de La Paz con el que se constituyó en la encarnación de Banzer de la conspiración: Luis Fernando Camacho.

En síntesis, Camacho, Quiroga, Ortiz y la propia Áñez actuaron a cara descubierta, cada uno a su estilo. El primero, gritón y desafiante rodeado de guardaespaldas extranjeros, el segundo muy estructurado y preciso en sus actuaciones, el tercero con el sigilo de la discreción y la que sería presidenta transitoria efectuando una declaración ante la red Unitel el domingo 10 al final de la tarde, desde Trinidad, que anticipaba su llegada a la presidencia, y cuando todavía continuaba como segunda vicepresidenta del Senado, reuniéndose con curas católicos y embajadores, propiciadores de las reuniones en la Universidad Católica, usurpando el despacho de la presidencia de la Cámara Alta. También Arturo Murillo y Marco Pumari, presidente del Comité Cívico Potosinista, como indiscutidos protagonistas del derrocamiento, fueron de frente contra Evo y el MAS manejándose bajo el mismo registro de los principales operadores de la conspiración con acciones de hecho caracterizadas por la violencia callejera, y más adelante por las masacres de Sacaba y Senkata, perpetradas contra adeptos a Evo Morales que rechazaban rotundamente su defenestración, que quedaron debidamente registradas en el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) enviado a Bolivia por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Camacho, cuando era cívico de Santa Cruz y lideró las protestas que derrocaron a Evo Morales en noviembre de 2019.

Hay una segunda fila de personajes de esta conspiración que tiene como al más visible de sus actores de reparto a Carlos Mesa, el candidato presidencial de Comunidad Ciudadana (CC) que utilizando la disparatada decisión tomada por el tribunal electoral de interrumpir el conteo rápido no oficial de votos el mismo 20 de octubre de 2019, gritó “fraude monumental” e instigó a la sociedad civil a acudir a los tribunales departamentales que derivaron en incendios y episodios vandálicos. El mismo Mesa, cuando se producían las reuniones del 11 y 12 de noviembre moderadas por la Conferencia Episcopal presidida por monseñor Eugenio Scarpellini, había decidido desconocer el artículo 169 de la Constitución acerca de la sucesión constitucional, oponiéndose a que “alguien del MAS asuma el gobierno transitorio”. En la misma línea secundaria intervino Samuel Doria Medina, el que refirió el Plan B a las representantes del MAS en las reuniones de la Católica (Salvatierra, Rivero, Teresa Morales) que consistía en “Áñez presidenta.” Dicho sea de paso, Doria Medina escribió en su cuenta de Twitter hace siete días que “La Razón publica un artículo (El día en que el banzerismo derrocó a Evo Morales) lleno de imprecisiones y falsificaciones (no argumenta cuáles serían éstas) para defender su posición política a costa de la honra de las personas (lo escrito en dicho artículo lleva mi firma, compromete mi criterio y visión, y no necesariamente la de este diario). Se dice por ejemplo, mintiendo, que traje a un periodista español al país. Pura retórica ‘golpista’ sin asidero de la realidad”. En el artículo aludido por Doria Medina no hay alusión alguna contra “la honra de las personas”, y con respecto del “periodista español” el texto señala: “La armonía ideológica que se había logrado, contaba incluso con la participación de un exmirista como Samuel Doria Medina que ayudaría a un pseudoperiodista español de apellido Entrambasaguas en su ingreso a Bolivia como operador de persecuciones mediáticas contra dirigentes del MAS…” Si trajo o no Doria Medina a Entrambasaguas resulta un asunto menor. Lo cierto es que hay fotografías sobre sus encuentros públicos en los que se advierte que congeniaron de maravilla —armonía ideológica—. que entre otras actividades dio lugar a una entrevista que el español le hiciera el 25 de enero de 2020 y que el jefe de la extinta Unidad Nacional (UN) anunciaba: “A las 18:00 estaré en la Utepsa (Universidad Tecnológica Privada de Santa Cruz) en el seminario político para ser entrevistado, con público, por el periodista Alejandro Entrambasaguas sobre: Crisis, Transición y nuevo ciclo.” Muy en ese conocido estilo de mirar para otro lado cuando se lo sindica de ciertas responsabilidades en la conspiración de octubre-noviembre de 2019 —“a mí me llamó Héctor Arce para participar de las reuniones de la Católica”—, es necesario recordar que Doria Medina es el propiciador del ingreso de Arturo Murillo a la actividad política como diputado de Unidad Nacional (elecciones de 2005). Y para completar su hoja de vida, queda también para el registro que fuentes confiables aseveran que Samuel ofreció acompañar a Carlos Mesa como candidato a la vicepresidencia. La respuesta inmediata fue no. Pocos días después, quien lo visitó en su oficina para ofrecerle acompañar en binomio a Jeanine Áñez fue nada menos que su criatura política, el mismísimo Arturo Murillo. De ahí en más ya sabemos lo que sucedió, Samuel sumaría un contraste más en su dilatada trayectoria de derrotas políticas, cuando las encuestas le informaban que la candidatura de Jeanine se había desplomado y tocaba emprender la retirada, otro factor que contribuyó al regreso del MAS al poder con nuevos actores en el binomio electoral.

Bolivia, como el resto del mundo, tuvo que someterse a las cuarentenas rígidas como resultado de la llegada del coronavirus que puso en emergencia a un precario sistema de salud pública. Comenzaron los contagios y se empezaron a producir muertos como resultado de la pandemia. El gobierno de Áñez concedió un bono de Bs 500 que con el nombre de Universal beneficiaba a ciudadanos y ciudadanas sin fuente laboral y sin renta estatal alguna, utilizando el mismo argumento que los gobiernos del MAS para hacer del rentismo una fuente de alivio a las carencias económicas de muchas familias en el país. Paralelamente, grupos de fiscales actuaban arrinconando a extrabajadores del Estado a los que se acusaba de hechos de corrupción o a los que se les armaba casos con el propósito de extorsionarlos. Si en el gobierno de Evo hubo persecuciones políticas, en el de Áñez se pasó de una persecución selectiva y muy puntual a la caza indiscriminada de masistas y no masistas, reducidos a las categorías de hordas, sediciosos, narcotraficantes y delincuentes, todo esto en medio de una caótica y opaca gestión institucional con compras de respiradores con sobreprecios que nunca funcionaron y barbijos con costos multiplicados en ocho a 10 veces más que lo señalado por sus precios reales.

Jeanine Áñez, flanqueada principalmente por Yerko Núñez, Arturo Murillo y Óscar Ortiz.
Jeanine Áñez, flanqueada principalmente por Yerko Núñez, Arturo Murillo y Óscar Ortiz.

La persecución practicada por el Ministerio de Gobierno y un aparato de fiscales se había extendido a la sociedad civil. Ciudadanos y ciudadanas de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz decidieron organizarse para instalar sus pititas en vigilias retribuidas con comida chatarra, con cercanía a viviendas de quienes pudieran haber pensado en ponerse a buen recaudo. Tal cosa sucedió con el apartamento del exministro de Gobierno Carlos Romero en Sopocachi y con la residencia de la Embajada de México en La Paz en La Rinconada, zona Sur, donde se encontraban refugiados expersoneros de alto nivel del depuesto gobierno de Evo Morales. Algo parecido, pero con altos niveles de violencia se suscitó en Vinto, Cochabamba, cuando la Resistencia Juvenil Cochala decidió agredir y humillar públicamente a su alcaldesa Patricia Arce,  así como la Unión Juvenil Cruceñista desencadenó persecuciones desenfrenadas y capturas de militantes del MAS y a quienes aparentaban serlo en Montero y en Yapacaní. En todos estos casos, la Policía que se había amotinado contra el gobierno de Evo Morales, fue permisiva en unos casos y cómplice en otros para instaurar un sistema de interrogatorios en los que además de obligar a los detenidos a incriminar a quienes habrían sido sus jefes, se agredía físicamente y en los casos de varias mujeres, incluso sexualmente, tal como el mismo informe del GIEI lo subraya.

Hay un caso reciente que termina siendo paradigmático en materia de persecución y violencia política. Es el protagonizado por Róger Revuelta, de la Resistencia Juvenil Cochala, que ha sido condenado a 12 años y seis meses de cárcel por tentativa de homicidio contra el periodista Adair Pinto, que recibió tres puñaladas por haber denunciado actos de corrupción cometidos por el gobierno de Áñez. Si hay una historia de conducta paraestatal es ésta. Podrían preocuparse por conocerla a fondo (Periodista se salvó de la muerte a manos de un miembro de la Resistencia Juvenil Cochala, La Razón, 28 de agosto de 2021), quienes intentaron utilizar el término para criminalizar a medios de comunicación supuestamente afines al MAS, esos que de tanto fustigar de paraestatales a medios de supuesta identificación con el partido azul, terminaron convirtiéndose en verdaderos agentes —paraestatales— de persecución política y mediática.

Hay documentos con estatus multilateral y de organizaciones académicas estadounidenses y europeas que han permitido, en las últimas semanas, establecer conclusiones objetivas y concluyentes: La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha dicho oficialmente que el derecho a la reelección no puede ser conceptuado como derecho humano, por lo que la candidatura de Evo Morales, basada en ese argumento, no era procedente. La auditoría practicada por la Organización de Estados Americanos (OEA), ampliamente cuestionada por el MAS y contrastada con otros estudios, sirvió para que las elecciones de octubre de 2019 fueran anuladas, pero no para demostrar categóricamente los alcances precisos del supuesto fraude electoral. El informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) manejó dos coordenadas fundamentales: la primera, coyuntural, dice que en el gobierno de Jeanine Áñez se perpetraron masacres y se violaron sistemáticamente los derechos humanos. La segunda, estructural, apunta a que el sistema judicial boliviano está penetrado por la corrupción, la lentitud y la cooptación política, y recomienda una gigantesca tarea de reformas que debiera implicar la incorporación de nuevos actores. El llamado telefónico de un ministro a un fiscal o a un juez para apretar a un adversario que interfiere en sus planes debiera ser una rarísima excepción y no la regla.

Carlos Mesa, el protagonista del discurso del «fraude monumental» que derivó en el asedio y vandalismo contra los tribunales electorales.

En caso de que a Jeanine Áñez le sea otorgada una detención domiciliaria y en el mejor de los casos libertad irrestricta para defenderse, la expresidenta deberá estar consciente de una posible condena que la obligaría a quedar privada de libertad ya no unos meses de manera preventiva, sino varios años, por algunos o todos los delitos por los que ha sido imputada. Acerca del falso debate sobre si lo que se produjo en noviembre de 2019 fue fraude electoral o golpe de Estado, debe quedar claro que un fraude queda plenamente demostrado, como es el caso del que se produjera en 1978 con la candidatura del general Juan Pereda Asbún por la Unión Nacionalista del Pueblo (UNP), cuando aparecieron 50.000 votos que superaban el número de inscritos para votar. Sobre si hubo o no golpe de Estado, el hecho objetivo es que se violó la línea sucesoria estipulada por la Constitución y a ello se suman elementos sobre la inobservancia del procedimiento camaral para convertir en presidenta a Áñez, sin el establecimiento de una sesión formal del Senado y sin la elección de una nueva directiva, requisito previo a la designación presidencial tal como sucediera en las transiciones de Tuto Quiroga (2001), Carlos Mesa (2003) y Eduardo Rodríguez Veltzé (2005), quienes juraron al cargo conforme a ley, en el hemiciclo parlamentario.

La fotografía de la coyuntura no podía ser más patética: los mismos que respaldaron el derrocamiento de Evo Morales en noviembre de 2019, salen a protestar en defensa de los derechos de Áñez, quien en su gobierno vulneró derechos a diestra y siniestra: Curas católicos, políticos golpistas, candidatos perdedores y activistas de derechos humanos VIP. Mientras tanto, la Organización de Estados Americanos (OEA) dirigida por Luis Almagro no se inmuta ante los reclamos bolivianos por la injerencia y las distorsiones generadas en un país enrarecido por una crisis de Estado que debe superarse, en primer de los lugares, con el respeto innegociable de la voluntad ciudadana expresada libremente en las urnas, sin pataleos de última hora tocando puertas de cuarteles para fabricar una nueva aventura civil militar, tal como sucedió luego del triunfo de Luis Arce y David Choquehuanca en octubre de 2020, a cargo de los grupos más reaccionarios y fascistoides, a los que tragedias como las de Sacaba y Senkata no les provocan ni el más mínimo de los remordimientos.

La Razón publica una serie de artículos relacionados con el poder y los medios de comunicación en Bolivia. El periodista Julio Peñaloza Bretel investiga trayectorias de la esfera política con peso específico, así como las relaciones complejas y conflictivas entre personalidades públicas y la estructura mediática urbana dominante en el país. La base de esta propuesta está inspirada en la necesidad de acudir a la memoria para combatir el olvido y el desconocimiento.

Comparte y opina:

El Presidente y la historia

/ 13 de agosto de 2022 / 00:35

Ya no sorprende ni alarma que cuando aparece un esfuerzo por la retrospectiva histórica, las reacciones informativa y analítica pasen por el ninguneo. El presidente Luis Arce ejercitó, como pocas veces sucede con discursos de recordación histórica, una interesante retrospectiva acerca de nombres y hechos que perfilaron la independencia y la fundación de la República. Rescato cinco párrafos de su discurso pronunciado el pasado 6 de agosto desde la Casa de la Libertad de Sucre:

Entre las insurrecciones más importantes contra el abuso, la angurria y corrupción colonial, está la del joven orfebre, Alejo Calatayud, en Cochabamba, el año 1730. Pese a su triunfo inicial, la gesta terminó con el asesinato de Calatayud y de sus seguidores Tomás Gamboa, Diego Amburgo y Nicolás Flores. La sublevación de Calatayud y aquellas que se produjeron como consecuencia de su muerte, son solo una parte de la línea de rebeliones que cubren la historia durante la invasión colonial.

El año 1780, Tomás Katari y Kurusa Llawi en Chayanta, Túpac Katari y Bartolina Sisa en La Paz, en acción coordinada con Túpac Amaru y Micaela Bastidas en Cusco, lideraron la rebelión más importante del continente, que hizo temblar los cimientos del dominio colonial.

La prohibición de que los indígenas tuvieran armas de fuego, fue decisiva para que, pese a ser mayor en número, fueran derrotados. La ejecución perversa y el descuartizamiento de Túpac Katari, pervive en la memoria de nuestro pueblo, como ejemplo de la rebeldía contra la dominación, explotación, discriminación y el saqueo de nuestra Patria.

También reconocemos la lucha de Dámaso y Nicolás Katari, Tomás e Isidro Acho, Tomás Callisaya, Pascual Ramos, Bonifacio Chuquimamani, Pascual Alarapita, Isidoro Mamani, Pedro Obaya, Juan de Dios Mullupuraca, Diego Cristóbal Túpac Amaru y Miguel Bastidas, quienes, entre otros, condujeron aquella gesta.

Mujeres indígenas como Gregoria Apaza, Isidora Katari, María Lupisa, Isabel Huallpa, Tomasina Silvestre, Manuela Tito Condori y Tomasina Tito Condemayta, tuvieron un rol protagónico en aquellas luchas anticoloniales y merecen nuestro máximo respeto y gratitud.

La primera parte de la alocución presidencial pronunciada con motivo del 197 aniversario de la fundación de Bolivia es una guía introductoria para acercarnos a los orígenes de la república colonial. Por supuesto que cita a Bolívar, a Sucre, a Juana Azurduy, describe las características de la colonialidad, el sojuzgamiento y el saqueo, para luego de examinar dichos orígenes, ingresar en una recapitulación de lo producido por su gobierno inaugurado en noviembre de 2020.

Conclusión mediática: “El Presidente no habló del Censo” y como no habló de la “coyuntura” —horrible palabra—, producto del conflicto suscitado por el diferimiento de su realización, todos los medios de comunicación, ojalá que con alguna honrosa excepción, se pasaron por el forro la pertinencia de las citas hechas por Arce relacionadas con acontecimientos y protagonistas de la lucha contra la colonia y la guerra de la independencia.

Para decirlo pronto y claro, el discurso presidencial contiene un recorrido histórico por la construcción nacional que se ha hecho gracias a la capacidad de sublevación, de lucha, de defensa del territorio y sus riquezas a cargo de indígenas, campesinos y clase obrera, nutrida gran parte de ella por hombres y mujeres originarios de tierras altas y tierras bajas. Explica de dónde y cómo pasamos de la República a la creación del Estado Plurinacional para finalmente exponer datos de lo que se hace hoy con la economía a partir de un modelo que tiene redimensionados los tamaños del Estado, del mercado interno y externo y de la sociedad en su variedad étnica y cultural.

Desde su gestión como ministro de Economía y Finanzas Públicas, Arce ha sido invariablemente sistemático e informativo, y como su formación académica gestada en Bolivia y en Inglaterra lo han conducido por el camino del rigor en el uso de los datos, es que ha logrado caracterizar su presidencia por la sobriedad y la precisión en el uso de los datos. Será por ello que aparece primero en todas las encuestas, en las propias y en las ajenas, en las oficialistas y en las opositoras, en materia de aprobación ciudadana con un promedio de 40%.

El Estado Plurinacional de Bolivia tiene nada más que 13 años de existencia. La República colonial ha prevalecido 184 años y es el conocimiento de la historia de esa República colonial la que puede conducirnos a encarar mejor, con los menores márgenes de error posibles, la construcción de un Estado inclusivo en que lo indígena originario pueda lograr vigor en todas las esferas del ejercicio de la ciudadanía. Para asumir conciencia de todo esto, son los discursos como el pronunciado por Arce Catacora este último 6 de agosto.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

Comparte y opina:

De loca no tiene nada

/ 30 de julio de 2022 / 02:59

“Soy loca con mi tigre, cuantas más rayas mejor”, canta Shakira. “Yo no quiero volverme tan loco”, canta Charly García. Rita Lee va más allá, reclama que quien llama loco a alguien no es feliz: “Dizem que sou louca por pensar assim. Se eu sou muito louca. Por eu ser feliz. Mais louco é quem me diz. E não é feliz, não é feliz”. Astor Piazzola y Horacio Ferrer compusieron Balada para un loco, de cuya letra rescato tres fragmentos: “Ya sé que estoy pianta’o (loco en lunfardo), pianta’o, pianta’o ¿No ves que va la luna rodando por Callao? Que un corso de astronautas y niños con un vals me baila alrededor. Bailá, vení, volá. Ya sé que estoy pianta’o, pianta’o, pianta’o. Yo miro Buenos Aires del nido de un gorrión. Y a vos te vi tan triste; vení, volá, sentí el loco berretín que tengo para vos. Loco, loco, loco. Cuando anochezca en tu porteña soledad. Por la ribera de tu sábana vendré. Con un poema y un trombón a desvelar tu corazón. Loco, loco, loco. Como un acróbata demente saltaré. Sobre el abismo de tu escote hasta sentir. Que enloquecí tu corazón de libertad, ya vas a ver”.

Vayamos ahora a la historia. Juana la loca era Juana I, reina de Castilla, y de Aragón y Navarra durante la primera mitad del siglo XVI. Se casó con Felipe de Castilla, a quién le llamaban Felipe el Hermoso. O sea una señora de la realeza española aquejada por una enfermedad mental que contrajo nupcias con un príncipe de fina estampa. Una esquizofrénica enamorada de un joven guapo que murió a los 28 años escupiendo sangre.

La locura fue sometida a disciplinamiento, a vigilancia y control, como lúcidamente lo explicara Michel Foucault. Locos y locas deben quedar sometidos a encierro porque amenazan con desordenar las calles, las plazas y la vida cotidiana de la normalidad humana (Hombre mirando al Sudeste, película de Eliseo Subiela), pero la palabra es de una riqueza polisémica inacabable, así que loco o loca no es solo demencia, sino también, como acabamos de revisar, música, poesía, creatividad, historia trágica o película develadora, que expone talentosamente el lado B de la condición humana y que nos advierte que todos estamos hechos de rasgos de comportamiento visibles, así como por conductas, actitudes, gestos situados por fuera de lo previsible, de lo normal.

“Messi está loco pa”, dice mi hijo de 19 años y con eso quiere relievar su talento, su capacidad para sacar del pie izquierdo una maniobra impensada con el balón, un disparo con destino de red que solo él es capaz de ejecutar. Esto es, la locura asociada a la genialidad, a la habilidad inigualable, y por eso el “está loco” o “está loca” funciona con distintas intencionalidades, para realzar virtudes o para condenar atrocidades como el exterminio de judíos en Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial o para reprobar manías persecutorias estalinistas.

Sirva toda esta retrospectiva que forma parte de la historia de la cultura y de las artes, para llegar a la conclusión de que la alcaldesa Eva Copa no tiene ni por asomo rasgos de locura, en ninguna de las acepciones: No es cantante, no es poeta, no pertenece a familia real alguna con problemas mentales, no es personaje de ningún tango memorable, no ha inspirado hasta ahora personaje alguno digno de ser representado cinematográficamente, no presenta características de personalidad que le permitan convertirse en una criatura literaria, es decir, de loca no tiene nada porque no exhibe comportamientos de demencia y menos rasgos de genialidad alguna.

Eva Copa es una ciudadana alteña con gran sentido de la oportunidad. Fue presidenta del Senado durante el gobierno de facto de Jeanine Áñez y dispuso del funcionamiento de la Vicepresidencia del Estado y de sus reparticiones durante ese nefasto periodo, sin estar avalada por atribución constitucional alguna, debido a que por renuncia, el cargo de segundo mandatario del país había quedado acéfalo. Es también sabido que la señora Copa, junto a sus colegas Omar Aguilar y Efraín Chambi, tuvo diálogo con quien fuera su colega, Arturo Murillo, cuando éste ya se había convertido en el político más poderoso de Bolivia al mando de un Ministerio de Gobierno tenebroso y delirante.

Todo esto significa que Copa no tiene merecido el estatus de loca. No lo es en sentido alguno. Es una gran ganadora electoral que se convirtió en Alcaldesa de El Alto, una ciudad en la que hay que trabajar mucho para conseguir que algún día pueda alcanzar desarrollo urbano con todas las características que exige una ciudad del siglo XXI, que pueda ofrecerles a sus ciudadanos calles limpias, sin baches, bien iluminadas, plazas para que los niños puedan salir a entretenerse con comodidad y seguridad, viviendas con todos los servicios básicos en todas sus zonas, y centros comerciales, desde ferias tradicionales hasta modernas edificaciones que satisfagan necesidades y demandas en materia de tiempo libre recreativo.

En buenas cuentas, quien diga que Eva Copa está loca, está loco.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

Comparte y opina:

Yanquis golpistas

/ 16 de julio de 2022 / 02:27

A confesión de parte relevo de prueba. John Bolton, consejero de Seguridad Nacional en el gobierno de Donald Trump, ha afirmado muy suelto de cuerpo, con el cinismo que le permiten los años, que había “ayudado a planear” golpes de Estado en varios lugares del mundo, que una tarea de esa magnitud exige mucho trabajo y que para tales propósitos, los encargados de materializar dichas acciones extraterritoriales, tan características de la autocomplacencia unipolar planetaria de la que todavía se ufanan los yanquis imperiales, no habían sido lo suficientemente competentes para alcanzar el éxito. Se refería, por supuesto, a la torpeza sistemática con la que la administración norteamericana quiso convertir en presidente a Juan Guaidó en un experimento de creación de algún universo paralelo, en el que se inventó una presidencia venezolana for export reconocida por una cincuentena de países, mientras Nicolás Maduro, su gobierno y las Fuerzas Armadas cerraban filas para combatir los intentos de derrocamiento finalmente fracasados.

A los golpistas les irrita que les llamen golpistas. Que se les recuerde a qué y cómo juegan para alcanzar el poder. Que se les refriegue por anverso y por reverso que sin posverdades y noticias falsas diseminadas por redes sociales no estarían en condiciones de erigir esas iglesias evangélicas fundamentalistas, alérgicas al progresismo y sustentadas en la ignorancia supina de lo que significa en nuestros países lo nacional popular o el nacionalismo de izquierda en que el Estado detenta el control y la administración para que el mercado se ponga al servicio de la sociedad, y no al revés, como sucedió durante la década de los 90 en que los ciudadanos tenían que bancarse gasolinazos con precios que repercutían en la canasta familiar, determinados por la oferta y la demanda, y que por supuesto castigaban con severidad a los que menos tienen, a los pobres, a nuestros pobres, los explotados, los excluidos, los ninguneados desde tiempos coloniales hasta nuestros días.

La confesión de Bolton se produjo dos días antes de que Donald Trump anunciara su retorno a la arena política, para intentar una nueva aventura electoral, en tiempos en que su admirado Jair Bolsonaro —Bolton y Trump recibieron con beneplácito su elección presidencial en Brasil—, emite señales de inquietud ante el inminente regreso de Luiz Inácio Lula da Silva al Palacio de Planalto a través, nuevamente, de la vía eleccionaria. En este contexto, en entrevista concedida a un diario argentino, Evo Morales ha afirmado que los Estados Unidos han perdido preeminencia en América Latina y deslizó entre líneas la idea de que en lugar de leer la geopolítica con el prisma de los nuevos tiempos, lo siguen haciendo con anteojeras setenteras cuando imperaban la Guerra Fría, la Doctrina de la Seguridad Nacional y el Plan Cóndor.

A mediados de 2019, tres meses previos a las elecciones presidenciales de ese año, ya se había decidido en una reunión producida en la Embajada de Estados Unidos en La Paz, con presencia de políticos opositores, que en Bolivia se produciría un fraude. Es decir, el fraude estaba consumado antes de que se produjeran las votaciones en las urnas. En esa tarea, habrá que distinguir los esmerados servicios del entonces encargado de Negocios, Bruce Williamson, diplomático de vasta experiencia que se fue de nuestro país luego de haber cumplido tareas en la línea trazada por Bolton: Redes sociales trabajando a full, incendios en la Chiquitanía para estigmatizar a Evo como ecocida, médicos que fueron capaces de tumbar el nuevo Código Penal y que dieron lugar a que el país siga funcionando bajo el imperio de los códigos Banzer, policías descontentos con el tratamiento que recibían del gobierno y mandos, altos y medios de las Fuerzas Armadas, que se apoderaron del funcionamiento del país entre el 10 y el 20 de noviembre para consolidar la presidencia de facto de Jeanine Áñez. Si a esto sumamos las acciones de la OEA, de la Unión Europea, de las embajadas de Brasil y de Gran Bretaña, el golpe a la boliviana, por dentro y por fuera, estaba servido.

Un rockero “pitita” que forma parte de la corporación opinadora de la derecha ha definido con la siguiente genialidad el golpe producido en Bolivia: “La sensatez de un grupo de líderes e instituciones de alto prestigio condujo a la sucesión constitucional”. Otro astronauta que divaga por ese universo paralelo, ese mismo que hizo a Guaidó presidente encargado de Venezuela, mientras a Bolton no le hace ascos llamar a las cosas por su nombre: Golpe de Estado. Caradura, pero de probada honestidad intelectual que no anda inventando explicaciones forzadas para recordarnos que en el país de la libertad y la democracia modélica, se fabrican conspiraciones cuando se trata de gobiernos respondones que no quieren saber más de agendas impuestas desde Washington.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

Comparte y opina:

Percy

/ 2 de julio de 2022 / 02:15

“En el puente de la Villa hice un juramento, defender al Movimiento en todo momento”, le cantó Percy Fernández alguna vez a Evo Morales. Se trata del inicio de la canción Siempre, emblemática identificación musical del MNR de Víctor Paz Estenssoro, partido en el que militó el gobernante boliviano que más tiempo, de manera discontinua y continua, ejerció un cargo a través del voto, en este caso, al frente de la Alcaldía de Santa Cruz de la Sierra.

Percy cantó, bailó, recitó, increpó, insultó, gritoneó, hizo chistes en los más variados tonos, gobernó con intensidad e irreverencia, y en todo ese trayecto comandó la construcción de la Santa Cruz moderna que conocemos hoy. En la actualidad, aquejado por enfermedades, vive retirado y es muy probable que ya no sepa que las generaciones del Instagram y el TikTok no lo conozcan, que ni siquiera tengan una vaga idea de quién es este personaje al que se debe observar y evaluar con luces y sombras en toda su dimensión histórica.

Si las nuevas generaciones de cruceños ya no saben quién es Percy como hacedor de su ciudad, menos deben saber que fue ministro de Integración del gobierno de la Unidad Democrática y Popular (UDP) encabezado por Hernán Siles Zuazo entre 1982 y 1985, que fue presidente de la Corporación de Desarrollo de Santa Cruz (Cordecruz), las cooperativas CRE, Saguapac y Cotas, también presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz, senador de la República en 1989 y candidato vicepresidencial formando binomio con Juan Carlos Durán en 1997.

Su paso por la Alcaldía cruceña impresiona en tanto ejerció el cargo en tres gestiones, cada una de dos años (1989, 1991, 1993) y luego en tres gestiones de cinco años, entre 2005 y 2020. No pudo concluir su último mandato aquejado por problemas de salud para dejarle la posta a Angélica Sosa, que fue alcaldesa entre 2020 y 2021. Hechas las cuentas, Fernández gobernó la capital de departamento más poblada de Bolivia durante 21 años. En el tiempo que dejó el cargo de burgomaestre, fue concejal municipal entre 1996 y 2004, lo que significa que estuvo formalmente vinculado al municipio cruceño durante prácticamente tres décadas.

Las escuelas públicas y los gigantescos parques construidos dentro los anillos de la ciudad son obra de Percy Fernández. Se trata de infraestructura para estudiantes de escuelas y colegios con un diseño-tipo caracterizados por la amplitud y la comodidad, y de parques extensos en que la vegetación y los espacios para la recreación son su marca. La Santa Cruz de antaño, un pequeño pueblo con casas y corredores techados en las aceras, resulta ahora una especie de pequeña isla frente a las grandes extensiones conformadas por círculos (anillos) urbanos que la han extendido de manera descomunal y la hacen contigua con el norte integrado conformado por Warnes y Montero. En la edificación de la nueva ciudad está presente, de manera decisiva, este cruceño de 83 años, graduado con honores como ingeniero en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.

Percy Fernández, militante del MNR durante toda su existencia y en el último tramo de su carrera pública, fundador de la agrupación ciudadana Santa Cruz para Todos, con la que fue reelegido para la gestión 2015-2020, fue pieza fundamental para la gestación de la participación popular y la descentralización administrativa que abrió las puertas al redimensionamiento de la importancia e incidencia en la vida ciudadana de los gobiernos municipales. En otras palabras, Fernández formó parte de un equipo estratégico que transformó la organización político-territorial del país.

Fernández ha sido reiteradamente cuestionado por algunos incidentes, producto de su sentido del humor y un grado de machismo con situaciones grabadas en video que tiene miles de reproducciones en las redes sociales. Fue duramente criticado por las logias y el conservadurismo cruceño por una supuesta alianza política con el Movimiento Al Socialismo (MAS) a partir de una relación con Evo Morales que él mismo se encargó de hacerla amigable y útil para su gestión como alcalde.

Una charla de aproximadamente dos horas sostenida con Marco Peredo, abogado, dirigente de fútbol del club Blooming, pero en este caso, amigo cercanísimo a Percy, me ha permitido conocer como periodista una serie de aspectos nunca publicados acerca de su profunda identificación y compromiso con Santa Cruz. En esa misma charla estuvieron presentes dos de los hijos del alcalde, que me refirieron aspectos muy coloridos de un personaje público que había sido un gran lector y estudioso permanente de su realidad urbana. Su personalidad, su trayecto como gestor público, algunas excentricidades que le permitían zafar siempre del traje acartonado y formalote, para reírse con la gente a mandíbula batiente, exigen el desafío de registrar su vida y obra para la memoria histórica de Santa Cruz y de Bolivia.

 Julio Peñaloza Bretel es periodista.

Comparte y opina:

Toranzo, el extraviado

/ 18 de junio de 2022 / 02:35

El extravío de la corporación opinadora, principalmente atrincherada en Página Miente, ha conducido a sus articulistas a redactar textos sobre la crisis de 2019 con prescindencia de los hechos objetivos. Han optado por convertir su antimasismo en un asunto de diván colectivo, en una obsesión que pone en absoluta evidencia su disonancia cognitiva.

Entre otros, Carlos Toranzo, otrora mandamás del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS), ha contraído la obligación de demostrarles a sus lectores en qué consistió exactamente el fraude con el que él y sus amiguetes de la que fuera “Izquierda de Sopocachi” se llenan las bocas para justificar la llegada de Jeanine Áñez a la presidencia.

A la señora Áñez se la ha sentenciado con 10 años de privación de libertad por resoluciones contrarias a la Constitución y a las leyes con casi una centena de pruebas a la mano, producto de la convergencia acusatoria del Ministerio de Gobierno, el Senado y la Procuraduría General.

¿Creían Toranzo y Cía. que la retardación de justicia y la chicanería llevarían este proceso judicial hasta las calendas griegas? Parece que se les pasó por la cabeza que en lugar de resolverse judicialmente este grave asunto del quebrantamiento del Estado de derecho producido en Bolivia en noviembre de 2019, acabaría en nada y así, parte de los culpables intocados alcanzaban esa hipócrita y frívola reconciliación con la que buscan salir del paso, para tratar de quitarse la chapa de golpistas.

Carlos Toranzo era un académico sensato y reflexivo hasta que llegó el día en que sus ínfulas intelectuales no encajaban en las coordenadas de la renovación de lo nacional popular a partir de lo indígena y campesino, de la izquierda que venía acompañando técnicamente desde algunas oenegés a ese sujeto histórico ahora inscrito en el Estado Plurinacional. Ni Toranzo, ni sus círculos de arrogantes todólogos tenían cabida en el nuevo escenario boliviano con la irrupción del Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (IPSP) y el Movimiento Al Socialismo (MAS), que desde 2005 no se cansa de propinar palizas electorales a sus adversarios reciclados con otras siglas provenientes del neoliberalismo y la democracia pactada.

“Infamia consumada” le ha llamado Toranzo a la sentencia dictada contra Áñez en esa característica actitud de subestimación de la inteligencia y la claridad política de los de abajo. Infamia es haber fulminado el artículo 169 de la Constitución, vulnerando la línea de sucesión presidencial. Infamia es haber emitido el Decreto 4078 que les otorgó licencia para matar a los militares, cosa que hicieron en Sacaba-Huayllani, Senkata y El Pedregal: Esa es la “pacificación” que nos regalaron Áñez y sus secuaces, con los aplausos de sus “intelectuales”, y por lo tanto, jugando al colaboracionismo con el que actuaron para socapar acciones violatorias de los derechos humanos que tenían destino de olvido e impunidad.

Toranzo, y todo el resto de la corporación opinadora de la derecha, debería pedirle cuentas a la señora Áñez por haber malversado su excluyente misión transitoria hacia nuevas elecciones. Fue ella, por su ambición como candidata, atosigada por la voracidad y el revanchismo fascistoide de Arturo Murillo, la que escribió involuntariamente un manual para el retorno triunfante del MAS al poder. Traicionó las ilusiones de los clasemedieros conservadores que creyeron que con su acoso callejero con policías y militares como guardaespaldas, el acabose del partido azul quedaba a la vuelta de la esquina.

El juicio por la vía ordinaria contra Áñez y miembros del mando militar está plenamente sustentado por el hecho de que su procesamiento se produjo en función de los delitos perpetrados antes de que asaltara la presidencia del Estado, momento a partir del cual, efectivamente, le corresponde ser sometida a un juicio de responsabilidades, por ejemplo, para responder por los casi 40 muertos que cayeron entre el 10 y el 19 de noviembre de 2019.

“Su condena llena de orgullo al poder, pero llena de vergüenza a nuestra historia”, dice Toranzo en su panegírico en favor de Áñez que, por supuesto, no será juzgado por deshonestidad intelectual, figura inexistente en cualquier ordenamiento jurídico, pero sí quedará registrado como el defensor de lo indefendible, como el abogado de causas perdidas de una presidenta que para llegar al cargo pulverizó la Constitución Política del Estado.

Ese antimasismo ya enfermizo debería intentar sanar, convirtiéndose en propuesta política alternativa. Es lo que estos asesores del antiguo establishment no quieren comprender desde el día en que se hicieron actores secundones de la historia. Hay que lamentarlo por Toranzo y Cía., que han dejado carcomer su inteligencia por el odio.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

Comparte y opina: