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1963 no debe ser un recuerdo frío

Soñábamos con un torneo de las grandes selecciones extranjeras en los estadios

/ 30 de marzo de 2013 / 04:00

A veces creo que el Campeonato Sudamericano de 1963 —en aquellos tiempos no se hablaba de Copa América— es como esos monumentos perdidos entre los árboles, amenazados por el pasto y el olvido.

Y no me gusta esa imagen.

Sé que es difícil poner al lector de hoy en la necesidad de interpretar lo que pasó entonces.

Han pasado los años. Casi todo es diferente. Las heroicas transmisiones radiales de entonces parecen pequeños intentos de aficionados al lado de la pantalla de Tv, que en colores, y desde todos los sitios del mundo, nos muestra todo el fútbol.

Apareció la Liga. Subsisten con esfuerzo las Asociaciones.

Y, sobre todo, en 1993 Bolivia ganó el derecho de ir al Mundial de Estados Unidos y desde ese momento deslumbrante los sudamericanos, las Copas de la Conmebol, y nuestros torneos domésticos pasaron a segundo o tercer plano.

Desde 1994 no hay otro sueño mayor que volver a la Copa Mundial de la FIFA. Ese sueño de ver a la Verde entre las grandes del mundo nos obsesiona, nos ilusiona o nos desalienta según rece la tabla de los torneos clasificatorios.

Más aún: creo que si la selección hubiese ganado la Copa América (el Sudamericano) de 1997 esa alegría sería secundaria.

PORQUE EN 1963…

Pese a las críticas previas y posteriores —especialmente de los perdedores— Bolivia gozó del fútbol como nunca había ocurrido hasta entonces.

Consiguió organizar un certamen de esa naturaleza —en los que participaba con muy pocas satisfacciones desde 1926— y fue un triunfo entre cívico y futbolístico después de haber oído o leído, de lejos, lo que sucedió en casi 20 campeonatos anteriores efectuados en otros sitios de Sudamérica.

Soñábamos —como ahora se sueña con volver a un Mundial— con un torneo de las grandes selecciones extranjeras en estadios nacionales.

Albergábamos la esperanza de ver al Brasil bicampeón, aunque ya habíamos tenido la suerte de ver a Pelé.

Nos aferrábamos a la ilusión de ver jugar a una Argentina de nombres rutilantes.

No todo se consiguió, pero la ilusión tenía fecha (marzo de 1963) y el campeonato Sudamericano se jugaría aquí, en La Paz y Cochabamba: solamente faltaba cumplir un deseo tímido —que la selección verde peleara arriba y no abajo— y marzo de 1963 cumplió ese anhelo.

A RAÍZ DEL TORNEO

Las permanentes rencillas entre Cochabamba (que albergaba la Federación todopoderosa) y La Paz fueron olvidadas, y dirigentes de ambas asociaciones y del máximo organismo se unieron, por lo menos durante un tiempo.

Se dividieron los cotejos entre el Siles y el Capriles. El partido inaugural en Miraflores, el último cotejo en Cala Cala.

Fue una paz poco duradera, ahora lo sabemos, y —lo que es más triste— se perdió la oportunidad de trabajar para el futuro.

El triunfo boliviano pudo llevar al fútbol a otra época; a crear muchas cosas que nos faltaban (nos faltan todavía); a trabajar seriamente para que los héroes (Camacho, Ugarte, Ramírez, Castillo) tuviesen sucesores; para que los clubes promovieran la aparición y formación de nuevas generaciones.

Aprovechar, en fin, aquellos días tan lindos y aquel delirio, para pensar el fútbol en serio.

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Jueces aburridos

/ 18 de febrero de 2013 / 04:00

Sin haber recurrido a un congreso supersecreto en el que pudiesen intercambiar opiniones y aflicciones, los árbitros  de todo el mundo se han puesto  de acuerdo. Están aburridos.

Hartos de que la televisión, cada vez con un número mayor de cámaras, analice y exhiba sus defectos. Y que los periodistas, verbalmente o por escrito, hagamos leña del árbol caído y muy pocas veces —imágenes en mano— reconozcamos sus aciertos.

Están cansados de algunas reglas que les exigen tomar ciertas medidas y que los futbolistas, al vulnerarlas una y otra vez, acaben con toda posibilidad de disciplina.

Durante la semana anterior, vimos agarrones descarados en las áreas, luchas cuerpo a cuerpo de defensores y atacantes, convirtiendo cada tiro libre y cada córner en un “sálvese quien pueda”, pero, ojo, sálvense los jugadores de que no los vean porque los jueces quedan expuestos a todas las críticas. Y esto pasa en nuestra América, claro, pero también en Europa, donde los partidos de Copa cuentan con  árbitros adicionales junto a los arcos.

Aburridos de esas escenas que se repiten 30 o 40 veces por cotejo, los árbitros han alzado los brazos. Se limitan (antes de la ejecución del tiro) a llamar la atención de una pareja muy escandalosa; y si la infracción es clamorosa, a sancionar un penal. En el noventa y tantos por ciento de los casos, ojos que no ven, corazón que no siente.

No nos asombremos. Ya sucedió con la ejecución de los penales, esa burla sin remedio.

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El fútbol de 2013

/ 14 de enero de 2013 / 04:00

El campeonato que ha comenzado marcó el alejamiento de sus clubes de dos jugadores integrantes de la selección nacional: Jhasmani Campos y José Luis Chávez, tentados desde Rusia y México, respectivamente, dos buenos escenarios por lo menos desde el punto de vista económico.

Y el certamen puede marcar el retorno de dos futbolistas que siempre fueron figuras en nuestro medio: Joselito Vaca (seguro en Blooming) y Joaquín Botero (probable en Bolívar).

Ambos dejaron de actuar como ligueros en 2011: Vaca en Oriente (luego fue a Colombia) y Botero en San José, donde no pudo ser el que antes era. Creo recordar que los dos formaron parte del grupo de jugadores que en cierto momento soñó con un exilio dorado en Asia.

Es interesante la vuelta de Mauro Machado (Aurora), al que equivocadamente dimos por jubilado después de su paso por Real Potosí  y Wilstermann, equipo que fue dirigido por Neveleff, técnico que ahora comanda a los celestes de Cochabamba.

No deja de ser llamativo el retorno de Carlos Lampe a las filas de San José, aunque durante el primer semestre jugará solamente los partidos de la Copa Libertadores de América. Parece haber sido una buena decisión del arquero porque en Bolívar no parecía tener futuro.

Ya me he referido a la vuelta de William Ferreira a Bolívar. El uruguayo comprendió a tiempo que “más vale pájaro en mano…” y volvió al equipo en el que brilló en tres certámenes consecutivos.

Cuando escribo esto, parecía ser un hecho otro regreso al fútbol liguero: San José habría conseguido los servicios (y los goles) de Diego Aroldo Cabrera, delantero que en los últimos tiempos jugó más en Colombia que en su país.

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Opinión

Lo que vendrá

/ 1 de octubre de 2012 / 07:27

El campeonato de entrecasa ingresó el sábado en un paréntesis (20 días) y ya saben ustedes que en las dos siguientes semanas habrá un solo tema (selección), aquí y en todas partes de Sudamérica: preparémonos para la catarata de informes técnicos, trabajos reservados, declaraciones calenturientas, figuras que se lesionan, promesas, exageraciones previas y todo lo que conocemos de memoria.

Entretanto, el fútbol de Liga sufre. Unos dicen (o dirán) que el intervalo ha sido fructífero; otros dicen (o dirán) que el paréntesis resultó perjudicial, según como les vaya a fines de este mes.
El campeonato Apertura repite lo ocurrido en anteriores torneos (ocho equipos en cinco o seis puntos) aunque la tabla es mentirosa porque hay dos cotejos pendientes de Bolívar con Aurora y San José, y las cosas pueden cambiar.

¿Sirven las posiciones que ayer vieron en MARCAS?

Permitan estos recuerdos sobre tablas de primeras ruedas:
Apertura 2009: La Paz FC y Nacional Potosí con 21, Real Potosí con 20, Universitario 18, Bolívar 16. Fue campeón Bolívar dirigido por Quinteros con 40 puntos.
Clausura 2010: Real Potosí y Bolívar con 20; Aurora 18 y Oriente con 17. Fue campeón Oriente Petrolero de Quinteros con 40 puntos.
Fundadores de la Liga 2011: Oriente con 25, Bolívar 21 y The Strongest 19. Fue campeón Bolívar de Hoyos con 40 puntos.

Clausura 2012: Blooming 23 puntos; San José 19; Nacional Potosí 18, Oriente 17. Fue campeón por diferencia de goles The Strongest de Mauricio Soria (38 puntos) y en dos puntos se colocaron cinco planteles. Al término de la primera rueda, los atigrados tenían 12 puntos…

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Tarjetas

/ 27 de agosto de 2012 / 04:00

El entrenador de Aurora, Julio César Baldivieso, les dijo a los compañeros de “MARCAS” que en el reciente partido con Oriente el juez Gery Vargas “andaba amenazando a mis jugadores, a la primera palabra les decía que los iba a echar, los condicionó, y los futbolistas no pudieron rendir al máximo de su capacidad”.

Casi al mismo tiempo, un respetado colega, Eduardo Arévalo Tineo, que no dejaba de criticar la tarea del referí, se refería a las expulsiones de los auroristas Villaba y Machado, y afirmaba:

“Ambos correctamente sancionados por el juez por juego brusco. Suponemos que el directorio los sancionará”.
Si bien es difícil saber exactamente lo que ocurre (lo que se dice) en la cancha —aunque muchas veces los gritos son oídos por nuestros colegas de campo— no es aventurado afirmar que los futbolistas, incluso algunos muy jóvenes, reclaman y hacen gestos que se advierten claramente en las imágenes de televisión.

Gestos y palabrotas (innegables) que el juez debe soportar permanentemente, porque se discute todo: una falta, un saque de costado, una tarjeta amarilla…

Se multiplican las expulsiones (la mayoría de ellas plenamente justificadas) pero eso no frena las reacciones de muchísimos jugadores, alentados por el apoyo indisimulado de sus técnicos y de sus dirigentes. No habrá remedio para esto si los clubes siguen lamentándose de las amonestaciones que cuestan plata y de las tarjetas rojas que originan perjuicios, y no adoptan medidas sinceras con su personal remunerado.

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Advertencias

/ 13 de agosto de 2012 / 04:00

El jueves, Blooming y Oriente Petrolero fueron eliminados en la primera fase de la Copa Sudamericana. Esos dos resultados adversos tuvieron menos eco del esperado, quizás porque los Juegos Olímpicos acaparaban titulares, porque The Strongest pasaba al primer lugar de la tabla, o porque Petrolero de Yacuiba jugaba su primer partido como dueño de casa.

Pero fueron dos advertencias que llegaron “de afuera” y que no deberían caer en saco roto. La alarmante irregularidad de nuestros conjuntos ligueros —y Oriente Petrolero y Blooming no son los de menores ambiciones— se puso de manifiesto en el pasado torneo Clausura y se repite, calcada, en el actual Apertura. Se gana, se pierde o se empata según el adversario y la mayor o menor capacidad para el gol, pero el rendimiento colectivo deja mucho que desear (ya no hablo del espectáculo porque “lo que importa es ganar” está por encima de todo, y si se pierde “hay que seguir trabajando” y basta de análisis y autocríticas).

Oriente empezó con el pie derecho como visitante —y entonces abundamos en elogios— y días después naufragó en su propia casa, y el malhumor reemplazó a las explicaciones. Y conste que para nuestros clubes avanzar a la siguiente ronda en estas Copas internacionales es el gran objetivo, porque llegan dólares adicionales…

Rechazamos las advertencias, y tal vez Aurora o Universitario logren dentro de unos días el resultado siempre anhelado: de ser así volveremos al optimismo que tiene pies de barro.

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