LR en la Memoria

miércoles 28 jul 2021 | Actualizado a 19:44

Jorge Tuto Quiroga, el ‘yuppie’ que encandiló al general Banzer

Tuto no ha dejado de perder, aunque tenga por consuelo el haber participado de la exitosa conspiración que expulsó a Morales de la presidencia en noviembre de 2019.

/ 13 de junio de 2021 / 02:13

Interesante desafío el de establecer cuál de los referentes paternos de Jorge Quiroga Ramírez ha influido más en esa vida de winner, graduado en universidad texana y regresado a Bolivia para trabajar en el sistema financiero y a continuación ser reclutado por el canciller de la República Carlos Iturralde Ballivián en el gobierno de Jaime Paz Zamora.

El despegue de Quiroga se inicia en el comercio exterior emprendiendo una carrera pública con esa vocación ganadora que se inculca en los reductos de la competencia individualista, desde el colegio La Salle, pasando por la práctica del básquetbol en el Nonis de Santa Cruz de la Sierra y más tarde escalando montañas, wiphala en mano, para demostrarse a sí mismo que si tenía vocación para las maratones y la conquista horizontal del mundo, también podía hacerlo verticalmente, buscando llegar al pico más alto.

Fernando Ramírez Velarde, abuelo materno de Quiroga, fallecido apenas a los 35 años, es autor de Socavones de angustia (1947), novela minera que narra el desgarro y sacrificio cotidiano de esa vanguardia obrera de Bolivia y que, según una reseña crítica de Guillermo Lora (Partido Obrero Revolucionario), apuesta por una visión despolitizada en la que el conflicto visto desde el análisis marxista de las contradicciones de clase no asoma en sus páginas. Para Ramírez Velarde, según Lora, la salvación de los mineros se encuentra en la educación, no en la lucha social. En estos términos, la clase trabajadora nunca fue un asunto que le haya quitado el sueño a este segundo Tuto, porque el primero, su padre, se llama Jorge Joaquín Quiroga Luizaga (1933).

Tuto hijo aprende de su padre, y para verificarlo solo se necesitan deducciones elementales, en la medida en que se constituye en el embajador de la dictadura del coronel-general Hugo Banzer Suárez ante el Consejo Internacional del Estaño con sede en Malasia, país al que se traslada con toda su familia para ejercer dicha representación diplomática comercial, con su hijo mayor transitando de la infancia a la adolescencia.

Si el abuelo materno, escritor de una sola y muy reconocida novela no influye especialmente en la vida de Tuto hijo, sí lo hace Tuto padre que en 1987 forma parte del directorio de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) junto a personalidades como Carlos Morales Landívar, alias Quinciño, el Gral. José Antonio Zelaya, Joaquín Aguirre Lavayén, Iván Guzmán de Rojas y Roger Levy. Dos décadas más tarde, ya en su condición de Vicepresidente del reciclado Banzer a la democracia, Tuto hijo organiza la Unidad de Asuntos Estratégicos de la Presidencia (Unasep), conformada con el mismo criterio por su propio hermano menor, Luis Fernando —luego viceministro de Coordinación Sectorial (Ministerio de Desarrollo Económico)—, José Luis Lupo, Salvador Romero, Raúl Peñaranda, Alberto Valdés y Alberto Leytón.

Los criterios de Tuto padre y Tuto hijo aparecen idénticos: formar equipos en que los apellidos y las calificaciones profesionales queden empatados. La Unasep concebida por el vicepresidente Quiroga se constituye, en esa lógica, en el equipo pensante del segundo gobierno de Banzer con propósitos de alerta temprana, monitoreo, realización de estudios de opinión y de otros métodos investigativos, todo ello apuntando al mejoramiento de los niveles de gobernabilidad.

El eslabón con Banzer

Ya tenemos que el abuelo novelista no deja una huella profunda en el nieto, pero en cambio el padre se erige en el eslabón que le permite, años más tarde, acercarse al Gral. Banzer, que queda muy entusiasmado al haber encontrado a su delfín, a quien llevará en 1997 a la candidatura vicepresidencial. Para Banzer —ese lobo con piel de cordero que de la dictadura se obsesiona con pasar a la democracia y descubre a este ingeniero de sistemas, hijo de un amigo al que hiciera embajador durante el septenio dictatorial—, Tuto es el complemento de nueva generación, y que ya había mostrado sus habilidades contables y organizativas como Subsecretario de Inversión Pública y Cooperación Internacional y como Ministro de Finanzas del gobierno del llamado Acuerdo Patriótico presidido por Jaime Paz Zamora, que tiene al General como socio principal.

Tuto es veloz. Es ministro a los 32 años. Paz Zamora queda encantado con la eficiencia de este yuppie que según alguna leyenda urbana es capaz de sumar mentalmente cifras de ocho dígitos. Todo un prodigio que en 1993 es nombrado jefe de campaña del binomio Banzer-Zamora Medinacelli, en 1995 asume la subjefatura nacional del partido —Acción Democrática Nacionalista (ADN)— y en 1997 forma tándem electoral con el General para llegar al poder con un 22,26% de los votos, con devolución de favores de Jaime Paz Zamora y su partido, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), para acceder a la presidencia. Para entonces, los verdugos banzeristas de la dictadura y las víctimas de la misma, los miristas, ya han cruzado muy juntos y varias veces los que se llamaron “ríos de sangre”, a partir de una coalición que se amplía con la participación de otras tiendas políticas como Condepa (Carlos Palenque), la UCS (Jhonny Fernández), la NFR (Manfred Reyes Villa) y el FRI (Óscar Zamora Medinacelli).

Con la entereza de Forrest Gump, pero con el ego del chico guapo de la fiesta, Tuto llega a la presidencia (2001-2002) porque su mentor y padre político renuncia para morir por un cáncer pulmonar. Con el General enterrado, la historia empieza a cobrar otro vuelo luego de haber formado parte de un gobierno, tres años en calidad de vicepresidente y uno como primer mandatario. A partir de entonces, con el transcurso del tiempo dejará de citar a Banzer, y saboteará al binomio de su propio partido —Ronald MacLean-Tito Hoz de Vila (+)— para las elecciones de 2002, cuando la ADN ha ingresado en la recta final de su existencia, camino a la desaparición. El binomio adenista obtiene un 3,4% de la votación.

El efecto Morales

Transcurridos cuatro años, con la “guerra del agua” como antecedente funesto en términos represivos, Quiroga Ramírez corre y corre, esta vez hacia la fundación de su propia fuerza política, Poder Democrático y Social (Podemos), y en 2005 decide participar en elecciones acompañado por la presentadora de televisión María Renée Duchén como candidata a la vicepresidencia, luego de un estrepitoso final de la llamada noche neoliberal con la salida del poder de Gonzalo Sánchez de Lozada, y más adelante de su sucesor, Carlos Mesa.

Lo que el presidente Jorge Quiroga Ramírez no llega a medir durante su mandato son las consecuencias que le acarreará el haber articulado la expulsión de Evo Morales de la Cámara de Diputados, acusado de asesinatos nunca demostrados en la zona del Chapare, subtrópico cochabambino, expulsión que potencia el liderazgo del dirigente cocalero, uno más de los personajes de la vida política del país que termina beneficiándose de la cultura de la victimización con la obtención del segundo lugar en las presidenciales (2002), resultado que al Movimiento Al Socialismo (MAS) le permite instalar una bancada de 35 senadores y diputados y que termina jugando un rol definitorio en las caídas de Sánchez de Lozada (2003) y Mesa (2005). A partir de entonces, el líder indígena de las federaciones cocaleras se convertirá en la pesadilla que llevará a Tuto del podio de los ganadores en sus estudios universitarios y en la función pública, a la zona de los perdedores electorales más notables de la democracia instalada en Bolivia en 1982.

“¿Quién le gana?… Nadie le gana…” sería un perfecto estribillo para resumir el sentimiento clasemediero conservador-neoliberal en la campaña electoral que conduce a las elecciones presidenciales de 2005 con Tuto candidato a conquistar la presidencia. Al frente tenía a Evo Morales, que según encuestas llegaba a un máximo de 35% de las preferencias para el 18D, porcentaje que pulveriza al alcanzar el 53,7%, destrozando todas las previsiones de los estudios de opinión del momento y que desnuda un alarmante margen de error de 18%.

Evo presidente. Por primera vez, luego del retorno a la democracia producido en 1982, un candidato gana con mayoría absoluta. Y le propina una tunda a su principal adversario, Tuto Quiroga, que obtiene el 28%. En Televisión Boliviana, asociada entonces con el diario El Deber de Santa Cruz, el moderador en pantalla del operativo de cobertura de elecciones se ve obligado a abandonar por unos minutos el set televisivo. Su incredulidad y su indisposición estomacal se han puesto de acuerdo: ¿Evo presidente? Ese mismo conductor termina, transcurridos los años y superados sus espasmos, como embajador del gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) en el Vaticano.

Cuando Tuto Quiroga fue nombrado por el ministro de Planeamiento Enrique García como Subsecretario de Inversión Pública y Cooperación Internacional (1990), la comidilla de economistas y tecnócratas es que se trata de un fuera de serie, perfil que se enaltece cuando Samuel Doria Medina sustituye a García, y el staff del nuevo dignatario de Estado es conformado por José Luis Lupo, Juan Carlos y Mario Requena, Flavio Escóbar y por supuesto este ingeniero hijo de otro ingeniero que sobre Evo Morales llega a decir: “Si este pueblo vota por un ignorante, que lo padezca”.  Ese “ignorante”, como afirmaría Tuto padre (Nuevas elecciones en una nueva Bolivia, NODAL, Lucio Garriga Olmo), se convertirá en el presidente que con su presencia en el poder postergará, parece que ad eternum, la ilusión presidencial de Tuto hijo por la vía eleccionaria.

Contra el progresismo latinoamericano

En su propósito sistemático de restarle autenticidad a los logros de los gobiernos de Evo Morales, Quiroga declara en 2014: “Basta con las mentiras de que la bonanza se debe a la nacionalización. Es absolutamente falso. Hoy el país exporta 10 veces más que hace una década. La nacionalización no tiene nada que ver. Hay bonanza económica por los precios altos. Los vecinos nos compran más materia prima (…) Además, hay dinero por la bonanza del gas que se dio por varios factores… Hay bonanza por el contrato de venta a Brasil que hizo Herbert Müller (su ministro de Hidrocarburos), que estipula los costos y volúmenes con los que hoy se vende; por los gasoductos que se hizo en mi gestión; por la ley de IDH que propuso Hormando Vaca Díez (presidente del Senado) y hay bonanza por la venta de materias primas.”

Para Tuto no hubo nacionalización y por lo tanto ninguna acción transformadora en la relación Estado boliviano-inversionistas extranjeros, tema sobre el cual recibe la siguiente respuesta: El presidente ejecutivo de YPFB, Carlos Villegas, acusó a Jorge Quiroga, candidato del Partido Demócrata Cristiano (PDC) de pretender regalar todo el “gas rico” que hoy beneficia a los bolivianos mediante la nacionalización de los hidrocarburos.

“Usted señor Jorge Quiroga, es el principal promotor de regalar nuestro gas  con todos sus componentes a Brasil”, enfatizó al recordar que en todo el periodo de privatización que vivió Bolivia a fines de la década de los años 1990 y la mitad de la década de 2000, su gobierno, ni otros partidos aliados, realizaron gestión alguna para recuperar las fracciones líquidas contenidas en el gas rico exportado a precios de gas seco.

En función a las gestiones realizadas personalmente por el presidente Evo Morales, a partir de 2006, hemos recuperado, Petrobras acaba de pagar a YPFB $us 434 millones por la deuda de los componentes del “gas rico” y las Plantas de Separación de Líquidos, Río Grande en pleno funcionamiento en Santa Cruz y la nueva Gran Chaco próxima a inaugurarse en Tarija, permiten separar Gas Licuado de Petróleo (GLP) y gasolinas que se quedan y autoabastecen a Bolivia y además facilitar la exportación de excedentes a varios países de la región.

Por otro lado, Carlos Villegas dijo que en las páginas negras de nuestra historia, también está escrito cómo Jorge Quiroga Ramírez remató o privatizó las refinerías Gualberto Villarroel de Cochabamba y Guillermo Elder Bell de Santa Cruz, además de la cesión de mayoristas privados de las atribuciones de comercialización de carburantes en Bolivia.

“Estoy seguro que si no recuperábamos, nuestras refinerías, era inminente en la actualidad una crisis energética de magnitud en Bolivia”, subrayó. (Nota de prensa de 31 de agosto de 2009, YPFB).

En las elecciones presidenciales de 2014 —en las de 2009 no participa—, cuando Tuto ya está encaramado en las redes sociales para emprender una nueva carrera, esta vez de descalificaciones siempre adjetivadoras contra Evo Morales, el MAS y gran parte del  progresismo latinoamericano, Tuto es nuevamente candidato a la presidencia, sin Podemos que no pudo, esta vez con la sigla prestada del vetusto Partido Demócrata Cristiano (PDC) y formando binomio con Tomasa Yarhui, quien fuera su ministra de Asuntos Indígenas en 2002. En esta ocasión, Morales gana con el 61% y Tuto termina tercero con apenas el 9,02% de los votos.

Fiel a su estilo de participar intercaladamente en elecciones, Tuto no figura en la papeleta de 2014 y vuelve a habilitarse para 2020. Entonces la cosa se le pinta mucho peor: las encuestas no le dan más que 1% de las preferencias ciudadanas, muy por debajo de Luis Arce (MAS) e incluso de Carlos Mesa (CC), cruda realidad que lo conduce a bajarse de la candidatura, luego de haber sido estratega fundamental de la interrupción constitucional perpetrada entre el 10 y el 12 de noviembre de 2019 con el indispensable asesoramiento de su abogado y amigo, Luis Vásquez Villamor, aquel que fuera presidente de la Cámara de Diputados y concretara la expulsión de Evo Morales en 2002. Tuto pasea la plaza Murillo el sábado 9 de noviembre y es quien dirige operativos clave como la salida de Evo Morales, luego de su defenestración, con el Alto Mando Militar encabezado por el Gral. Williams Kaliman.

Tuto es el hijo pródigo de la Bolivia en que por clase o casta deben mandar los de arriba. Los de abajo han obedecido históricamente, hasta que aprendieron a ganar elecciones en 2005. Para la memoria histórica es siempre necesario subrayar que cuando se resistían a las instrucciones basadas en el manual de buenos ciudadanos, terminaron masacrados, muertos sin nombre, sin apellidos alemanes o judíos y por lo tanto no merecedores de semblanzas por sus servicios a la nación de parte de los diarios del establishment.

Tuto ingresa hacia la tercera edad con su amigo Raúl Garafulic Lehm, dueño de Página Siete, pidiendo que no se vote por él, porque Mesa representa el voto útil para ganarle al MAS. Garafulic dice que Tuto es el mejor, pero que no ganará, y en la lógica e itinerario vital del heredero de Banzer, lo que cuenta es ganar y desde 2005 ha estado dedicado a perder, y perder contra el MAS queda terminantemente prohibido. Este amigo entrañable de la Embajada de los Estados Unidos no ha dejado de perder, aunque tenga por consuelo el haber participado de la exitosa conspiración que expulsó a Evo Morales de la presidencia el 10 de noviembre de 2019.  

La Razón publica una serie de artículos relacionados con el poder y los medios de comunicación en Bolivia. El periodista Julio Peñaloza Bretel investiga trayectorias de la esfera política con peso específico, así como las relaciones complejas y conflictivas entre personalidades públicas y la estructura mediática urbana dominante en el país. La base de esta propuesta está inspirada en la necesidad de acudir a la memoria para combatir el olvido y el desconocimiento.

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Noviembre 2019-Noviembre 2020: Una transición de persecuciones y masacres

Más allá de lo inconstitucional de su mandato, de no haber observado la sucesión constitucional, a Jeanine Áñez le será dificultoso enarbolar la bandera de sus derechos.

15 de noviembre de 2019, un operativo armado dejó una decena de fallecidos en Sacaba, Cochabamba.

/ 25 de julio de 2021 / 00:48

La discusión acerca de si se produjo o no un golpe de Estado entre el 10 y el 12 de noviembre de 2019 se ha hecho bizantina. Se ha convertido en una cortina de humo con la que “los transitorios” eluden la discusión de fondo acerca de la naturaleza ideológica y las acciones desplegadas por el gobierno de Jeanine Áñez, sobre todo a partir de la administración del aparato coercitivo del Estado con resultados trágicos en materia de respeto a la ciudadanía y a los derechos humanos.

En el contexto en el que se maneja, Áñez debería estar bien enterada de la historia de la persecución política en Bolivia. Debería saber cuáles fueron los motivos para el descuartizamiento de Túpac Katari durante la colonia, cómo los gobiernos del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de 1952 a 1964 del pasado siglo persiguieron, encarcelaron, torturaron y mataron, por izquierda y por derecha, a dirigentes mineros con militancia en el trotskismo y en el Partido Comunista de Bolivia (PCB), y a militantes de la Falange Socialista Boliviana (FSB).

Jeanine Áñez se encuentra encarcelada por el caso Golpe de Estado.

Como exsenadora, expresidenta, y excandidata a la presidencia, está en la obligación de saber en qué consistió esa persecución política como instrumento de control del poder que se caracterizó por el encarcelamiento, la desaparición y el asesinato de bolivianos en las dictaduras militares que rigieron Bolivia entre 1964 y 1980. También debería estar enterada de que ya en democracia, a partir de 1982, los métodos de violencia política a través de la vejación y la eliminación física del adversario dieron paso a una judicialización de la política o a una politización de la justicia. Esto significaba dejar atrás la policía política —el Control Político de Claudio San Román, mastín de oscuros ministros de gobierno—, los campos de concentración y los centros de confinamiento, para circunscribir las persecuciones de unos contra otros a procedimientos operados por el Ministerio Público y un aparato judicial cooptado por el poder político, métodos lamentablemente utilizados en la llamada democracia pactada (MNR-ADN-MIR), por jerarcas del Movimiento Al Socialismo (MAS) especialmente a partir de 2015, pero también, y sin modificar un ápice su modus operandi, por su propio gobierno, ese que debió circunscribir sus acciones al llamamiento a nuevas elecciones en el lapso de tres meses luego de la anulación de los comicios del 20 de octubre de 2019. 

Ahora que Áñez reclama por considerarse víctima de persecución política, tiene que saber, si hasta ahora no hay quién se lo haga notar, que en menos de un año, tratando de dirigir el país desde el viejo Palacio Quemado, los índices de la persecución política en sus variadas formas superaron los de sus antecesores.

Cacería ejecutada

Sin contar los 37 muertos de Sacaba-Huayllani, Senkata y El Pedregal, la cacería anunciada y ejecutada por su principal colaborador, aquel que corregía sus palabras al oído en actos públicos sin pudor alguno, Arturo Murillo, ministro de Gobierno, generó resultados de criminalización de exfuncionarios con montajes sobre presuntos casos de corrupción, encarcelamientos en los que se utilizó la tortura física y psicológica, agresiones físicas callejeras contra supuestos simpatizantes y militantes del Movimiento Al Socialismo (MAS) a cargo de grupos civiles de choque secundados por uniformados de la Policía Boliviana, agresiones, amenazas y acallamiento de medios de comunicación vinculados a organizaciones sociales que salieron a las calles levantando wiphalas. La cifra no confirmada es de 1.500 personas, desde perseguidas hasta encarceladas y procesadas, hasta aquellas con detenciones preventivas y detenciones domiciliarias.

Arturo Murillo, el exministro de Áñez fue detenido en Estados Unidos por soborno y lavado de dinero.

Quien se declara perseguida política y hace menos de un año presidía un gobierno en el que la persecución y la violencia política se instalaron en la cotidianidad, tendrá que encontrar en algún momento alguna explicación congruente de lo que hicieron sus fieles colaboradores que consumaron, entre muchos otros hechos de corrupción, un grosero negociado con la adquisición de materiales antidisturbios que dieron lugar a que su ministro del horror terminara encarcelado en Miami. ¿Será posible admitir que Áñez no sabía a dónde se metía cuando declaró desde Trinidad a la red televisiva Unitel, al final de la tarde del 10 de noviembre de 2019, que llegaría a La Paz a asumir la presidencia del Estado porque le correspondía? ¿Nunca se enteró la presidenta accidental cómo en realidad hacía, pero sobre todo deshacía Bolivia uno de los auspiciadores de su llegada a la silla, el exsenador Arturo Murillo? ¿Será que Áñez nunca ordenó la detención de algún poderoso del MAS, lastimada por la suerte que corrieron parientes suyos de San Joaquín, Beni, acusados de narcotráfico?

Áñez tiene que saber que en 1921 se produjo la primera masacre de la historia republicana en Jesús de Machaca (1) por explotación, expropiación de tierras y abusos del corregidor Luis Estrada. Que en aquella ocasión 1.500 militares asesinaron a 119 pobladores, incendiaron 130 viviendas, robaron ganado y encarcelaron a muchos pobladores. Tendrá que enterarse también que en 1923, en la masacre de Uncía la Federación Obrera se movilizó para pedir la liberación de dos dirigentes sindicales abusados por la Patiño Mines. Otra vez los militares abrieron fuego y se las arreglaron para desaparecer a algunos de los muertos en los hornos de fundición de minerales, que según datos oficiales fueron nueve. Áñez tiene que saber que en 1942 se produjo la matanza de Catavi en el campo María Barzola con 20 muertos y 200 heridos a manos de 200 efectivos militares, tiempos del gobierno de Enrique Peñaranda en que la Patiño Mines pretendía comercializar el estaño, el wólfram y la quinina para involucrar a Bolivia en el bloque de aliados en la Segunda Guerra Mundial, y los trabajadores protestaban por los bajos costos en el mercado internacional de lo que producían.

Áñez tiene que saber que en 1947 se produjo la masacre de Potosí cuando el sindicato de metalurgistas de la empresa Unificada de Mauricio Hochschild movilizó al comando de la Policía de la ciudad que reclamaba por la liberación de dos de sus compañeros, detenidos por órdenes de la Junta de Gobierno presidida por Tomás Monje Gutiérrez. En esta circunstancia, los muertos de los que tampoco se tienen números cayeron del lado minero y también del policial. En 1949, los mineros de Siglo XX se movilizaron por incrementos salariales, cumplimiento de un laudo arbitral, pago por desahucios e indemnización por despidos. La Patiño Mines, respaldada por el gobierno de Mamerto Urriolagoitia, derivó en la detención y el exilio a Chile de la dirigencia minera, lo que provocó una asamblea con toma de rehenes para exigir la liberación de los dirigentes detenidos. Resultado: 1.500 militares intervinieron el campamento minero, lo que produjo un combate y los rehenes terminaron muertos. El 29 de mayo fueron masacrados 40 trabajadores y quedaron heridas 80 personas, entre ellas, mujeres y niños, y el 30 de mayo fueron fusilados entre 200 y 300 trabajadores, y destrozadas sus viviendas.

Áñez tiene que saber que en 1967 se produjo la masacre de San Juan en los centros mineros de Catavi y Siglo XX, ordenada por el dictador René Barrientos cuando los trabajadores celebraban junto a sus familias alrededor de fogatas: 20 muertos, entre 70 y 80 heridos y aproximadamente 200 desaparecidos. Se trataba de reprimir el intento de los mineros de reproducir un movimiento parecido al de la guerrilla del Che Guevara. Trece años después, durante la dictadura de Hugo Banzer, en 1974, se produjeron las masacres de Tolata (16 muertos y 42 desaparecidos) y Epizana (15 muertos y 20 desaparecidos), luego de la devaluación de la moneda de 12 a 20 pesos bolivianos en el tipo de cambio al dólar estadounidense y la generación de la pérdida del poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores.

Áñez tiene que saber que en 1996 se produjo la llamada masacre de Navidad que comprende las localidades de Amayapampa, Capasirca y Llallagua, debido a la oposición de los trabajadores mineros a inversionistas extranjeros, a la defensa de los recursos naturales y sus fuentes de trabajo, y al repudio al nuevo código de minería favorable a los empresarios. La respuesta del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada fue la movilización de 1.000 efectivos militares y policiales que generó 11 muertos y 50 heridos. Según el general Hernán Aguilera, el presidente de la República ordenó la intervención con arsenal de guerra. Más adelante se producirían la “guerra del agua” (2000) en el gobierno democrático del general Banzer por la adjudicación de Aguas del Tunari a manos privadas, y la “guerra del gas” (2003), originada en el gobierno de Jorge Tuto Quiroga, quien planteó la venta de gas a otros mercados a través de Chile, intención que trató de concretar el segundo gobierno de Sánchez de Lozada con empresas transnacionales y que desató movilizaciones ciudadanas que fueron respondidas con el Plan República encarado de manera conjunta entre militares y policías, que dio lugar a la muerte de 65 personas. Ese hecho provocó la instauración de un juicio civil en Fort Lauderdale, estado de Florida, Estados Unidos, por parte de los familiares de las víctimas, cuya sentencia condenatoria conmina a pagar al expresidente la suma de $us 10 millones.

Luego de haber estudiado la carrera de Derecho en la Universidad del Valle de Trinidad es muy probable que Áñez haya tomado algún conocimiento de las guerras del agua y del gas, y por supuesto de la masacre de Porvenir (2008), acaecida en el departamento de Pando, donde murieron 20 campesinos y quedaron heridos 40. Los trabajadores rurales marchaban hacia Cobija, capital del departamento, francamente opuestos a que el prefecto Leopoldo Fernández controlara las instituciones públicas y se impusiera el estatuto autonómico, cuando corría el tercer año de gobierno de Evo Morales.

19 de noviembre de 2019, otros 10 fallecidos por el operativo militar-policial en la zona de Senkata, en El Alto.

Las masacres de las que sí tiene conocimiento Áñez son las de Sacaba y Senkata, más las muertes producidas en El Pedregal de la zona Sur de La Paz y en Montero, Santa Cruz. En aquella oportunidad ella y su equipo de ministros firmaron un decreto (4078) que eximía a las Fuerzas Armadas de responsabilidades penales en caso de que las circunstancias exigieran abrir fuego contra ciudadanos que se movilizaban defendiendo al gobierno y a la permanencia de Evo Morales hasta el final de su mandato previsto para enero de 2020. Con solamente 14 días de vigencia, el 28 de noviembre de 2019, la presidenta transitoria abrogó el decreto “en consideración a que gracias a Dios y a la comprensión de todos los sectores del país, hemos logrado la ansiada pacificación”, declaró y justificó su dictación afirmando que fue aprobado porque “el gobierno tuvo que asumir la medida porque enfrentó acciones violentas que nunca antes habíamos visto”… a cargo de esas facinerosas hordas masistas, como diría alguno de sus colaboradores.

La expresidenta Áñez, constitucional para las clases medias urbanas antievistas, de facto para las organizaciones populares, guarda detención preventiva en el recinto penitenciario de Miraflores de La Paz, como presunta responsable de genocidio, asesinato, lesiones graves, lesión seguida de muerte, asociación delictuosa, privación de libertad, desaparición forzada de personas, resoluciones contrarias a la Constitución y las leyes e incumplimiento de deberes.

Se trata de dos tipos de delitos necesarios de diferenciación a partir del antes y el después de asumida la presidencia del Estado Plurinacional. Las contravenciones al ordenamiento jurídico se refieren a cómo Áñez, en su condición de segunda vicepresidenta del Senado, accedió a la presidencia del Estado, es decir, a partir de un comunicado emanado del Tribunal Constitucional sin carácter vinculante, sin pasar por los requisitos que la Asamblea Legislativa Plurinacional exige, no sujetos a interpretación alguna. Los delitos que habría cometido ya como presidenta en materia de derechos humanos, están relacionados con las muertes de 37 personas y agresiones por parte de efectivos militares y policiales en localidades de los departamentos de Cochabamba, Potosí, La Paz y Santa Cruz.

Este es el cuadro de situación objetivo de la señora Áñez que aduce persecución judicial en una carta enviada a la alta comisionada para los Derechos Humanos de NNUU, Michelle Bachelet. Para decirlo en términos coloquiales, la exsenadora y expresidenta de Bolivia se considera una perseguida política. Por “pensar distinto”, agregarían los adeptos a los lugares comunes, que difícilmente logran explicar qué significa ese “pensar distinto” más allá de un abierto y rabioso antimasismo, y todo lo que signifiquen organizaciones sociales de indígenas, campesinos, obreros y trabajadores agremiados y no agremiados a los que se estigmatiza de corporativistas y autoritarios.

Habrá que esperar la reacción de Áñez ante el informe que ya entregó el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) enviado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el 23 de noviembre de 2020, y sobre el que el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, con el sentido de oportunidad y el descaro que le dicta su experiencia, ya se manifestó el pasado 14 de julio: “un minuto de silencio por los caídos de Sacaba y Senkata”.

Los defensores del ‘fraude no golpe’

Los defensores del “fraude no golpe” encabezados por Áñez, Mesa, Tuto Quiroga, Ortiz, Camacho, Doria Medina ya deben saber que el GIEI incluye en su informe presentado al gobierno constitucional de Luis Arce, y que será vinculante, el resarcimiento a las víctimas (a los familiares de éstas), observaciones a las actuaciones de la Justicia boliviana y a las responsabilidades estatales por la violencia de 2019. Si bien Sacaba y Senkata serán referencias fundamentales, figuran observaciones a los hechos posteriores de las elecciones anuladas del 20 de octubre y a los acuerdos firmados por el gobierno de Áñez para “pacificar el país” hacia la mitad de diciembre de 2019.

La Resistencia Juvenil Cochala, uno de los brazos operativos de la represión en el gobierno transitorio.

Las muertes irreparables, producto de la resistencia popular en defensa de convicciones y valores democráticos son nodales en el informe y por el ello el GIEI considera necesario un plan de reparación integral con fuerte énfasis en el aspecto psicológico e indemnización para los familiares de los caídos, víctimas de la bala militar, así como en los aspectos judiciales con recomendaciones de juicios penales, civiles y administrativos. Quienes vulneraron derechos humanos quedarán mencionados con nombres y apellidos en el informe a partir de distintos grados de responsabilidad penal, así como en materia de preceptos internacionales en la materia, dependiendo de los  grados violatorios a la vida, la libertad, la expresión del pensamiento, el voto e incluso la sucesión constitucional.

Si el viejo lobo Almagro se adelantó a homenajear a las víctimas de Sacaba y Senkata, admitiendo que hubo masacres, la exsenadora, expresidenta y excandidata presidencial Jeanine Áñez ya sabe que su nombre quedará inscrito en la historia de la docena de hechos luctuosos que segaron la vida de bolivianos y bolivianas desde 1921 (masacre de Jesús de Machaca) por defender sus ideales y sus convicciones políticas armados de piedras y palos frente a la bala asesina sobre la que nuestro libertador y fundador Simón Bolívar dijo: “Maldito sea el soldado que apunte sus armas contra su propio pueblo” (grafiti que puede leerse en una esquina de la calle René Moreno de Santa Cruz de la Sierra, a una cuadra de la plaza principal).

Más allá de lo inconstitucional de su mandato, de no haber observado la sucesión constitucional, a Jeanine Áñez le tendrá que ser dificultoso seguir enarbolando la bandera de sus derechos, cuando ya no hay dudas acerca de cómo su gobierno violó los derechos de bolivianas y bolivianos durante su ejercicio del poder con muertos, heridos, perseguidos, encarcelados y torturados. Persecución y violencia política son las marcas fundamentales del régimen que presidió.

(1) Con información obtenida por Mayra Navarro, politóloga e investigadora académica.

La Razón publica una serie de artículos relacionados con el poder y los medios de comunicación en Bolivia. El periodista Julio Peñaloza Bretel investiga trayectorias de la esfera política con peso específico, así como las relaciones complejas y conflictivas entre personalidades públicas y la estructura mediática urbana dominante en el país. La base de esta propuesta está inspirada en la necesidad de acudir a la memoria para combatir el olvido y el desconocimiento.

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En el país de Anabel Angus y Unitel

Tras el Sí a la Constitución en un referéndum y su promulgación, Unitel y la Red Uno habían decidido renunciar a la radical línea opositora que ejercieron hasta 2008

2009. La promulgación de la nueva Constitución fue un parteaguas para las fuerzas empresariales comunicacionales.

Por Julio Peñaloza Bretel

/ 18 de julio de 2021 / 00:41

En el primer año del tercer mandato de Evo Morales (2015), la televisión en Bolivia había cambiado ante la reconfiguración política y social del país, desplazándose hacia las plataformas del espectáculo y el entretenimiento en primer lugar, relegando a la información y al análisis de la actualidad noticiosa informativa a un segundo plano. Se trataba de una decisión estratégica en lo comercial y en lo político.

Considerábamos entonces que se había producido un cambio de prioridades de los medios de comunicación en Bolivia a partir de la puesta en vigencia de la nueva Constitución Política del Estado (CPE), validada en el referéndum del 25 de enero de 2009. Desde ese momento, las fuerzas empresariales comunicacionales inscritas en la lógica del mercado decidieron situarse en zonas en las que la política y el acontecer público nacional con altos niveles de conflictividad dejaran de ser de primer orden, para dar paso a un establecimiento de prioridades comerciales que tienen un primer elemento central en el entretenimiento y que en términos de producción y puesta en el aire audiovisuales pasan por franquicias de reality shows o programas de concursos que por ejemplo a Unitel, red nacional televisiva con más alto rating de entre todas las del espectro nacional, le permitió posicionarse lejos de aquella agenda que pasaba por la defensa intransigente de los intereses hacendales y terratenientes de las tierras bajas, dado que el gobierno nacional penetró en los sectores empresarial agroexportador y ganadero, rayándoles la cancha en la que quedaban separados los negocios de la política.

Lo Gubernamental

«Bolivia Tv consolidó un perfil sesgado y unilateral, casi sin pluralidad de voces»
21F. El referéndum de 2016 contó con la intervención de una atinada red político mediática.

LÍNEA.

En la misma línea de lecto-escritura de la realidad boliviana, que la apropiada por la red de la familia Monasterios (Unitel) desde una lógica estrictamente mercantil y de fabricación de necesidades de consumo, la Red Uno del grupo Kuljis emuló a su más inmediata competencia y decidió apostar también por el entretenimiento de los eventos concursables de danza y canto con marca internacional, emitiendo un inequívoco mensaje al poder político cuando decidió despedir a su principal conductor, Enrique Salazar (mayo de 2015), por haber irrespetado a la ministra de Comunicación, Marianela Paco, en el programa Que no me pierda. De esa manera lo periodístico noticioso terminaba siendo desterrado de las prioridades del medio y a cambio se entronizaba el show y el espectáculo como aspecto prioritario de su programación.

“No queremos pelear con el gobierno” era el mensaje de fondo, por lo que se decidió un rumbo informativo levemente diferenciado entre las emisiones para el oriente y para el occidente del país, pero muy alejado del estilo crispado y radical con el que se había combatido a Evo Morales y a su gobierno hasta días previos al triunfo del Sí a la nueva Constitución en las urnas. A partir de entonces, cesaría de manera casi terminante la amplificación de los mensajes sesgados y tendenciosos contra el gobierno que fueron moneda corriente entre 2006 y 2008. Cesaría, en términos concretos, el concertado rol opositor de la televisión privada contra el gobierno, encabezado hasta entonces por Unitel con Jimena Antelo como mascarón de proa.

Anabel Angus

Unitel y la Red Uno habían decidido poner el acento en ese precepto que dice que la televisión es en primer lugar un negocio y que más vale jugar a fortalecer la pauta publicitaria con anunciadores privados, renunciando a la radical línea opositora que había ejercido hasta 2008, cuando todavía las formaciones políticas alineadas detrás de los intereses de la clase dominante republicana, en lo político y en lo económico, creían que podían derrocar el proyecto político del MAS que ya llevaba más de una década de vigencia.

Como ya no era posible continuar apostando a las encerronas de dirigentes indígenas y campesinos, para ser triturados en los sets televisivos preparados para excitar el morbo de las clases medias, las dos redes televisivas con mayor alcance en cuanto a señal y captura de audiencia, Unitel y Red Uno, ejecutaron una traslación de contenidos informativo-noticiosos hacia la crónica roja y hacia la descripción superficial de los hechos que producen a diario la política y la economía.

Se trataba entonces de decisiones tácticas coyunturales, mientras el MAS continuara sellando su proyecto político hegemónico, de copamiento y control de las instancias públicas centrales y con tendencia a penetrar también las zonas autonomistas, a través de los municipios en los que la resistencia política de una oposición desparramada e inconexa se presentaba débil y se encontraba desprovista de potencia para la lucha diaria en los intentos de socavar la construcción del proyecto nacional popular en vigencia.

Por eso puede resultar llamativo para quienes tienen práctica en el uso de la Memoria y el Archivo que Unitel y la Red Uno nada tuvieran que ver con lo que el ministro de la Presidencia de entonces, Juan Ramón Quintana, etiquetó como “cártel de la mentira”, a propósito de la instalación mediática del caso Zapata como dispositivo informativo electoral que fue útil en el torpedeo manipulatorio del referéndum del 21F y que inscribió a una radioemisora (Erbol), una agencia de noticias (ANF) y a dos diarios (El Deber y Página Siete) como los presuntos socios promotores de una afinada red político-mediática que habría influido significativamente en las decisiones del Soberano para que el No se impusiera por apenas dos puntos y fracción, neutralizando de esta manera el objetivo de buscar una nueva reelección para el binomio Morales-García Linera en las elecciones que se producirían en 2019 y consiguiendo una primera victoria significativa para la oposición en la última década, en la comprensión de que como a Evo no se le puede ganar en las urnas, era imperativo eliminarlo del ruedo electoral a través de la voluntad popular, no importando si se ganaba por media nariz.

En ese nuevo momento comunicacional que vivió Bolivia, según la lectura estratégica y militar del ministro Quintana, dos medios impresos y una radio de alcance nacional terminaron superando a la televisión en términos de influencia de opinión, cosa que hasta las elecciones de 2014 no había sucedido, debido a que se tenía asumido que los medios televisivos en primer lugar, casi a la par con las radioemisoras de alcance nacional —Erbol, Fides, Panamericana—, influían decisivamente en los criterios de las audiencias y potenciales electoras del país, quedando en lugar de incidencia menor, en términos masivos, los diarios y las páginas web.

Para que esto fuera posible, la irrupción de las redes sociales fue fundamental porque una cuenta de Facebook o Twitter hace a cada ciudadan@ un periodista sin cartón académico, pero capaz de generar círculos de debate y opinión que se retroalimentan y que tenían, por ejemplo, en la Agencia de Noticias Fides (ANF), en los diarios Página Siete y El Deber y en la red Erbol (el “cártel de la mentira”) los traductores mediáticos de los contenidos políticos que a la oposición le interesaba masificar —viralizar en las redes— con el propósito de influir terminantemente en los criterios de esa misma clase media, por lo menos en una porción significativa y decisiva de ella a la hora del voto, que apostó a quebrar la democracia pactada y el canon neoliberal dominante en el país durante dos décadas (1985-2005) con la elección de un político —Evo Morales— con paradigma ideológico y visión de país opuestos a los esgrimidos por los hasta entonces actores intercambiables del neoliberalismo.

La televisión que ayudaría a hacer contrapeso a las grandes cadenas antigobierno, adquirida por empresarios supuestamente sintonizados con el oficialismo —ATB y PAT—, no jugó el rol paraestatal que se le atribuyó, utilizando como argumento el favorecimiento de la pauta publicitaria gubernamental a dichas televisoras. Se trata de canales de televisión que en algunos sentidos privilegiaron la agenda gubernamental y de la gestión pública en sus distintas expresiones, pero en su manejo general de programación de formas y contenidos siguieron respondiendo a una visión comercial en la que impera el sexismo, el entretenimiento frívolo sin contenidos ideológicos y el periodismo noticioso-informativo “neutro”, tan “independiente” en forma y fondo como los medios que se proclaman defensores de un periodismo que rechaza los supuestos rasgos gubernamentales, autoritarios y violatorios de la libertad de expresión.

En la arena de los medios oficiales, de estructura propietaria estatal, Bolivia TV fue la televisora que acentuó su rol de transmisor en directo de los eventos gubernamentales masivos, con prioridad en la agenda presidencial de Evo Morales, y consolidó un perfil sesgado y unilateral, donde la pluralidad de voces era prácticamente inexistente. Su fortaleza residía en su potente señal, ya que ésta llega hasta donde el resto de las televisoras privadas no pueden, diseminando así el mensaje rutinario informativo del gobierno sin grandes matices y sin propensión alguna a la deliberación y a la confrontación de puntos de vista.

Cobertura. La transición de Jeanine Áñez acompañada fiel y puntillosamente por Unitel.

La incidencia de las estaciones televisivas con alcances parciales en lo nacional, y las locales departamentales, tiene otras características, en las que coexisten la publicidad estatal en sus distintas expresiones y la vinculada a la iniciativa privada de bienes y servicios. Destacaba por su enfoque apolítico Bolivisión, parte de una cadena de televisoras situadas en distintos países de América Latina, de propiedad mexicana; Radio Televisión Popular (RTP), con su misión-visión de “Comunidad de la vida”, en la que lo originario y ancestral, emparentado con lo ecológico, tienen importancia, lo mismo que el entretenimiento musical popular de las esferas cholas paceñas, mientras que en lo noticioso presentaba un enfoque plural.

Con el panorama hasta aquí descrito tenemos que las redes televisivas de alcance nacional presentaban las siguientes características esquemáticas:

1) Unitel y Red Uno. Prioridad: entretenimiento. Característica informativa dominante: Crónica roja. Información oficial y opositora como fuentes, tratadas de manera epidérmica, sin apuesta por líneas editoriales claras e ideológicamente identificables.

Protagonistas. Óscar Ortiz, Jorge Quiroga, Luis Fernando Camacho y Jorge Gonzalo Terceros.

2) ATB y PAT. Prioridad: entretenimiento. Característica informativa dominante: Agenda abierta con temáticas política, económica, social, de seguridad, y deportes. Línea editorial tenue, privilegiando en algunos capítulos la agenda gubernamental y la gestión pública. Un par de programas con entrevistas fueron sus cartas, con acento oficialista y con agenda híbrida entremezclada, en los que los temas de fondo quedaban tapados por los desfiles y concursos de belleza y el fútbol.

3) Bolivia TV oficialista, sin matices. Útil informativamente hablando, pero sin gran tratamiento periodístico por géneros y formatos. Muy unilateral, sesgada en su manejo de contenidos. Estigmatizada como medio al servicio de la imagen presidencial.

La prueba más rotunda de que la televisión dejó de ser trinchera opositora a ultranza del gobierno es que Evo Morales y Álvaro García Linera se pasearon por todas las estaciones televisivas, participando en programas especiales durante la campaña por el Sí previa al referéndum del 21 de febrero de 2016.

Resignada la televisión privada con altos índices de audiencia a que el MAS gobernaba el país demasiados años en el contexto de los períodos presidenciales bolivianos, Unitel fue perfeccionando sus estrategias de marketing y sofisticando sus puestas en escena, y para ello la figura excluyente se llama Anabel Angus, comunicadora social graduada con nota máxima de tesis, conductora de programas infantiles y juveniles en sus inicios, y estrella indiscutible de Calle 7 (franquicia originada en Televisión Nacional de Chile), un programa inscrito en la onda de los reality shows, en los que jóvenes mujeres y varones concursan por equipos, muestran sus destrezas psicomotrices y exhiben unos muy cincelados cuerpos de gimnasio.

Bolivia Tv. La estatal fue muy sesgada en su manejo de contenidos.

El Contrapeso

«Las televisoras ATB y PAT no jugaron el rol paraestatal que se les atribuyó»

ÁÑEZ.

Anabel tiene más de un millón de seguidores en Facebook y 920.000 en Instagram. Debe ser la envidia de políticos y opinadores pretenciosos que tienen un 50% de seguidores falsos como si fueran verdaderos, muy lejos, por supuesto, de los acumulados por la exitosa Angus. Muchas chicas y chicos de las ciudades quisieran ser como ella: de gran porte, muy empática y carismática como animadora televisiva del show más visto de la televisión boliviana desde 2014, que continúa vigente. Suficiente con caminar por todos los puestos de las Siete Calles, la zona comercial más tradicional y popular de la Santa Cruz antigua para verificar que todos, en distintos tamaños y modelos de televisores, tienen sintonizado el programa de esta heroína que anima escaramuzas diarias de los equipos rojo y amarillo, condimentadas por esas recreaciones melodramáticas selladas por la competitividad y los celos. Solo un milagro permitiría que alguna casera tuviera sintonizada otra estación televisiva.

Anabel era la imagen indiscutida de Unitel, hasta que la estación número uno en audiencia nacional decidió convertirse en transitoria a la par de Jeanine Áñez presidenta. De hecho, la televisora fundada por el emenerrista y terrateniente Osvaldo Pato Monasterios (1926–2011), alguna vez senador cercano a Gonzalo Sánchez de Lozada, nos ha regalado un documento histórico fundamental con la senadora beniana anticipándonos el 10 de noviembre de 2019 que llegaría a La Paz a “asumir la presidencia que le correspondía” (Unitel, Trinidad), cuando todavía ni siquiera la había llamado por teléfono para ofrecerle el cargo el operador electoral de Carlos Mesa, según sus recientes declaraciones ante el Ministerio Público, ahora que se encuentra procesada y con detención preventiva.

La transición de Jeanine Áñez fue acompañada fiel y puntillosamente por Unitel. Se convirtió en la Bolivia TV del golpismo, interrumpiendo su programación habitual para dar paso a cuanta noticia extra o de último momento surgiera “desde el lugar de los hechos”, con intensidad entre el 10 y el 20 de noviembre, cuando Evo Morales se iba del poder y Jeanine llegaba gracias a la coordinación de esos que podrían considerarse los cuatro jinetes del apocalipsis boliviano: Tuto Quiroga, contraparte de la embajada de los EEUU; Gonzalo Terceros, comandante de la Fuerza Aérea; Óscar Ortiz, senador del Movimiento Demócrata Social (Demócratas), y Luis Fernando Camacho, presidente del Comité Cívico de Santa Cruz.

No hay evidencias sobre si Anabel Angus se adscribió o no a la causa “pitita”. A estas alturas parece un ejercicio irrelevante el intentar averiguarlo. Lo cierto es que con la catastrófica derrota electoral sufrida el 18 de octubre de 2020 por “los transitorios”, como les llaman en la misma Santa Cruz, puede estar segura que otra vez vuelve a reinar en Unitel reinstalada en su zona de seguridad: Calle 7 y similares, entreteniendo a las audiencias bolivianas y otra vez prudentemente equidistante de la agenda informativa y noticiosa del país y sus alrededores.

La Transición

«Unitel se convirtió en la Bolivia Tv del golpismo en noviembre de 2019»

La Razón publica una serie de artículos relacionados con el poder y los medios de comunicación en Bolivia. El periodista Julio Peñaloza Bretel investiga trayectorias de la esfera política con peso específico, así como las relaciones complejas y conflictivas entre personalidades públicas y la estructura mediática urbana dominante en el país. La base de esta propuesta está inspirada en la necesidad de acudir a la memoria para combatir el olvido y el desconocimiento.

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El disfraz del embajador

/ 17 de julio de 2021 / 01:03

El pasado 17 de marzo, en su cuenta de Twitter, el exembajador de Jeanine Áñez ante la Unesco Carlos Antonio Carrasco (@cochabambez) reprodujo una fotografía en la que figuran una señora vestida con pollera y sombrero de chola paceña y otra con una falda negra bordada en la parte inferior y un sombrero blanco adornado con uno de esos hermosos textiles del norte de Potosí. Las dos mujeres eran entrevistadas en un programa de la estatal Bolivia TV. En el tuit de la Agencia Boliviana de Información (ABI) reproducido por Carrasco se lee: “Hermana de víctima de Senkata: Querían sacar los cuerpos de la iglesia para esconderlos”, y para contextualizar su punto de vista, el exdiplomático residente en Francia escribe: “Con sus disfraces parece carnaval”.

La despreciativa e indolente apreciación de Carrasco lleva a aplicar el prisma que utiliza sobre estética, a partir de valoraciones sobre indumentarias, para comprobar que este doctor en ciencias políticas y dizque profesor en París suele disfrazarse con pajarita, tipo de corbata que se anuda por delante en forma de lazo sin caídas, seguramente para seguir caminando por la vida enfermo de importancia, como diría Xabier Azkargorta. Otra cosa es el diplomático español Inocencio Chencho Arias que viste ese tipo de adorno sobre el cuello de la camisa con liviandad y simpatía, sin ningún tipo de presunción, sobre el que tiene incluso un libro autorreferencial: Con pajarita y sin tapujos: De la superioridad moral de la izquierda a las ocurrencias de Trump y el problema nacional (Plaza & Janés, 2019).

Nada menos que el embajador en Misión Especial del golpismo ante la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (Unesco) se burla del vestuario de dos mujeres bolivianas en el dramático contexto de las muertes de Senkata producidas por el gobierno al que este doctor representaba durante la transición de facto. Me puse a examinar su cuenta de Twitter y encontré un conjunto de publicaciones que pintan de cuerpo entero al diplomático lambiscón, al hombre que aplaude a su canciller, la señora Karen Longaric, y profiere insultos contra el MAS, sus personajes y alrededores, impropias de un experto en relaciones internacionales, entrenado con manuales de urbanidad y ponderación frente al prójimo. Sería orientador que leyera otro libro de Chencho Arias: Yo siempre creí que los diplomáticos eran unos mamones (2016).

“Con sus disfraces parece carnaval” es una frase que termina sellando la crueldad racista y el supremacismo ahora en boga con Jair Bolsonaro dirigiendo los destinos del Brasil en un contexto internacional en el que la lucha por los derechos de la diversidad humana sigue chocándose contra los muros del conservadurismo, la superioridad blanca y los brotes de organizaciones nazi-fascistas. Así tuvimos que dos secretarios para asuntos hemisféricos del gobierno de los Estados Unidos (O’Reilly y Kozak) y la hija de Donald Trump, Ivanka, visitando al gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, incidieron en el destino político de Bolivia entre julio y noviembre de 2019. Lo hicieron con ese espíritu imperial de control geopolítico de la región caracterizado por la injerencia y el tutelaje, en este caso contra el gobernante que condujo a Bolivia a lo que es hoy el Estado Plurinacional.

Desde embajadores traficantes de autos hasta contrabandistas de alfombras persas, Bolivia ha contado dominantemente con un servicio exterior aquejado por carencias de rigor profesional y de compromiso con los intereses del país. Nuestra Cancillería, ayer y hoy, está lejísimos de escuelas como la brasileña de Itamaraty o la peruana de Torre Tagle, donde los académicos, para ejercer responsabilidades representativas más allá de las fronteras nacionales, constituyen carreras funcionarias con autonomía de quienes encabecen los gobierno de turno.

¿Un diplomático que se pavonea presentándose como representante de su Estado ante cinco países, incluida la de la Ciencia y la Cultura —¡qué contrasentido!—, y que en el intento de ridiculizar a dos mujeres, narrando sus tragedias familiares en televisión, desciende al subterráneo de la condición humana, merecerá considerarse embajador? Supongo que sí para la señora Longaric, que encabezó una política exterior caracterizada por la vulneración de preceptos elementales como el del asilo político, el doctor Carrasco es todo un embajador, disciplinado y cumplidor como ninguno.

Carrasco ha publicado un libro que titula La última confesión de un libertino que, según reseñas, es un autohomenaje relacionado con técnicas de persuasión. Según cualquier diccionario de castellano, libertino es quien actúa con libertad excesiva y abusiva. Releyendo su propio tuit acerca de disfraces de carnaval, llegará a la conclusión de que su libertinaje no es objeto de racismo y otras formas de discriminación.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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Homo ludens

/ 11 de julio de 2021 / 22:53

A la humanidad futbolera le interesaba que a Lionel Messi le llegara el día de alcanzar la felicidad sin límites, después de tantos años de maravillarnos con sus genialidades. Esa felicidad añorada como una retribución en forma de trofeo capitaneando la selección argentina, es el premio a una trayectoria que ha llenado lo ojos y los corazones de quienes apreciamos el juego antes que el resultado, la sociedad de pases perfectos y asistencias, antes que el gol, el diálogo entre compañeros antes que la interna de quién es más competitivo para ganarse la titularidad en cada partido.

Rendidos todos ante la evidencia de que ganar es la última consecuencia de jugar de una determinada manera, Argentina consiguió invertir el orden de las prioridades tácticas: Asociar a Messi con todos, ponerlo a disposición de sus muy jóvenes compañeros, y ya no más que estos jugaran dependiendo de su inspiración. De esa manera, Lionel Scaloni, el subestimado seleccionador de la celeste y blanca, hizo de esa conexión, con la lucidez de un conocedor de la táctica, un ida y vuelta perfecto de dar y recibir, de combinación entre las profundas causas colectivas y el talento personal para sacar de la galera alguna expresión inesperada que garantizara calidad y triunfo.

Messi es el más futbolista de los grandes de la historia en el sentido de su vocación lúdica, de esa ilusión que no pasa por la codicia, sino  por ese primigenio sentido humano de inventar con una pelota trayectos bañados de pasión con destino a la plenitud. Luego de perseverar sin rendirse, celebra el título que le faltaba, y que consigue frente a la Verde Amarilla de Neymar, a la que acaba de asestarle un maracanazo de nuevo siglo.

Argentina y  Messi han obtenido la Copa América 2021 bajo su iluminada conducción que quedará tatuada en la historia de las grandes gestas. Se lo merece con creces, después de todos estos años de habernos sacado con puntualidad semanal de la rutina y el tedio. No fue simple y llanamente una final. Se trató del capítulo que le faltaba a su incomparable historia, y que nos permitió, desde el sábado 10 de junio, ser testigos de una sonrisa que no le conocíamos.

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Aviones, helicópteros y la mala memoria del general Terceros

SACABA. Los aviones de guerra también fueron protagonistas en la ‘masacre’ del 15 de noviembre de 2019.

Por Julio Peñaloza Bretel

/ 11 de julio de 2021 / 09:12

Para quienes suelen treparse a algún púlpito en el plan de ofrecer directrices sobre los deberes del periodismo, es oportuno hacer notar que no todos juegan a la dicotomía del fraude o golpe de Estado, en estos tiempos postraumáticos de interrupción de la democracia y autoritarismo de transición producida entre el 12 de noviembre de 2019 y el 7 de noviembre de 2020.

El 20 de octubre de 2019 pudo haberse generado un fraude electoral y eso no quita que a continuación, como producto de la indignación por aquel hecho, también resultara posible optar por una salida inconstitucional luego de la renuncia del presidente Evo Morales. Una vez producida la sucesión, sobre la que venimos abundando en argumentos acerca de los motivos que nos llevan a afirmar que la asunción de Jeanine Áñez estuvo caracterizada por la ilegalidad, el gobierno que la exsenadora encabezó disponía de todos los instrumentos, incluido el año de ejercicio del poder, para encontrar pruebas reales e incontrastables sobre el presunto fraude. No sucedió aquello. El informe vinculante de la OEA, admitido en esos términos por el gobierno de Evo Morales, nunca llegó a demostrar técnica y jurídicamente en qué consistió con precisión y detalle el proceso fraudulento, esto es, en qué mesas electorales se habría producido, con la manipulación de qué y cuántas actas para fraguar los resultados planeados a la medida del binomio del MAS, y así sucesivamente para llegar a la conclusión de cuántos votos o qué porcentajes fueron finalmente los registrados como fraudulentos.

En consecuencia, lo que tenemos hoy siguen siendo consignas: “Fraude monumental” o “no fue golpe, fue fraude”, y otras frases de prosapia republicana, trasladadas a las redes sociales con las que no se demuestra absolutamente nada. En cambio, sobre la sucesión inconstitucional los datos verificables son cada vez más evidentes en los planos político (Asamblea Legislativa), militar (sugerencia de renuncia y movimientos de efectivos), policial (motines y represión callejera) y ciudadano: civiles “haciendo justicia” por mano propia como la Unión Juvenil Cruceñista y la Resistencia Juvenil Cochala. Supongo que a eso, un personero de la corporación de opinadores que publica a control remoto le llama “formidable convergencia de fuerzas sociales e institucionales”.

TERCEROS. Capturados el pasado 3 de julio los excomandantes de la Fuerza Aérea Jorge Gonzalo Terceros y de la Armada, almirante Gonzalo Jarjuri, conviene recuperar algunos indicios sobre la participación del primero en la administración de aeronaves militares entre el 9 y el 12 de noviembre de 2019, días en los que Evo Morales dejó el gobierno para ser sustituido por la senadora JeanineÁñez.

En la edición del 20 de junio de esta serie periodística (Memoria y Archivo, Los senadores que impusieron la presidencia de JeanineÁñez) publicamos la siguiente versión con respecto de los contactos que mantenía Tuto Quiroga con el entonces comandante de la Fuerza Aérea, Jorge Gonzalo Terceros: “Tuto Quiroga se encargó de comprometer al comandante de la Fuerza Aérea, Gral. Jorge Gonzalo Terceros, para que tal condición (la salida de Evo Morales del país), previa a cualquier diálogo, se cumpliera. Las representantes del MAS que conversaron con Quiroga entre el lunes 11 y el martes 12 (Salvatierra, Morales, Rivero) no sabían que cuando Evo Morales, Álvaro García Linera y Gabriela Montaño aterrizaron en Chimoré (domingo 10 por la noche), estaban siendo inicialmente conducidos a la zona militar del aeropuerto muy probablemente para ser detenidos, decisión cambiada por el piloto de la nave ante una advertencia hecha por García Linera que dijo que con la marea cocalera que esperaba en la plataforma principal podía generarse una tragedia espeluznante. Una vez en tierra, los exmandatarios y la exministra de Salud fueron envueltos por sus compañeros hasta ser internados monte adentro, donde policías y militares no pudieran llegar para capturarlos”.

ALIADOS. Ortiz, Murillo y Núñez, los excolegas de Áñez que la llevaron al poder e impulsaron su candidatura. Foto. La Razón-archivo

En su edición del miércoles 7 de julio, producto de una entrevista concedida a la red Uno de televisión, el diario El Deber apunta siete mentiras establecidas por Álvaro García Linera con respecto de la declaración informativa ofrecida por el Gral. Terceros al fiscal Omar Mejillones (3 de julio, hs. 23.17) en calidad de sindicado. Entre ellas figura la relacionada con nuestra versión periodística que queda confirmada: “García Linera dijo que Terceros mintió al decir que se reunió con Evo Morales el 10 de noviembre; también aseguró que el exjefe militar ordenó guardar el avión presidencial para que no traslade a Morales de El Alto a Chimoré y que, una vez en el Chapare, los hizo aterrizar en el hangar militar y no en el aeropuerto. Opinó que su intención era detener al exmandatario y al exvicepresidente.” Esta información ya se conocía gracias a una conversación sostenida en diciembre de 2019, en Buenos Aires, con una fuente confiable, ciudad en la que Evo Morales, en su calidad de refugiado político, en entrevista ofrecida a la emisora televisiva C5N, el 15 de ese último mes del año, apuntó al Gral. Terceros como “principal golpista”.

Leída con detenimiento y detalle su declaración informativa ante la Fiscalía, es evidente que el excomandante de la Fuerza Aérea Boliviana no fue preguntado por el episodio del hangar militar de Chimoré. Habría sido interesante tener alguna respuesta para comprobar hasta qué punto el ahora jubilado militar estaba diciendo la verdad. Cuando se le consultó si conocía a JeanineÁñez, a líderes cívicos y a otros políticos, fue tajante: “No conozco a nadie”. Pero cuando el fiscal, a continuación, requiere respuesta sobre si entre el 10 y el 12 de noviembre de 2019 habló con Tuto Quiroga, dice textualmente: “No recuerdo haberme comunicado con él”. Si se comparan ambas afirmaciones, la una es rotunda e indiscutible, mientras que la otra es de esas en que para no mentir, se decide salir por la tangente, pretextando olvido. Lo interesante de esta parte de la conspiración que terminó con la caída de Evo Morales es que Quiroga no desmintió autorizaciones de vuelos y llamados por celular que el lunes 11 de noviembre se produjeron para que una vez convenida la salida de Evo en avión mexicano, vía Paraguay, las representantes masistas aceptaran sentarse a conversar en la Universidad Católica con quienes fueron durante 48 horas dueños del destino constitucional del país, sin sustento representativo y jurídico alguno, por obra y gracia de la jerarquía eclesiástica que convocó a una primera reunión el mismo domingo 10 de noviembre.

Para que no haya ni la más mínima duda acerca de la actuación de Tuto Quiroga, LA RAZÓN se encargó de recordárnoslo en su edición digital del 7 de julio: “ Tras la dimisión del presidente Evo Morales, el exmandatario Jorge Tuto Quiroga admitió, el 12 de noviembre de 2019, que gestionó con autoridades de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) el vuelo del jefe del MAS rumbo a México, donde estuvo asilado por un mes (…). ‘A todos ustedes quiero pedirles disculpas, que comprendan que ayer tuve que hacer algo que nunca pensé que iba a tener que hacer, gestiones con la Fuerza Aérea Boliviana para que el tirano salga de Bolivia, a fin de que pacifiquemos el país’, comentó en un video que fue difundido en redes sociales, pero luego fue retirado”.

SALUDO. La llegada de Morales a México, tras una odisea en Bolivia. Foto. La Razón-archivo

MÉXICO. En este contexto, en mi columna Contragolpe del 5 de diciembre de 2020, afirmé lo siguiente: “… decirle cobarde a Evo Morales por haber salido del país en noviembre del año pasado, cuando fue él (Tuto) quien intercedió ante el Gral. Jorge Terceros, comandante de la Fuerza Aérea, ya que del puñado de golpistas entre los que por esas horas se movía (…) era el más lúcido: ‘Si Evo Morales se queda en el país, el nuevo gobierno no aguanta’, pensaba, por lo que era aconsejable que se le diera el visto bueno para salir hacia México vía Paraguay.” Con este significativo dato, quienes afirman que el lunes 11 de noviembre, Evo y Álvaro todavía mandaban sobre las Fuerzas Armadas, buscan vanamente desvirtuar los hechos conspirativos aquí descritos.

Dice Terceros que solo estuvo para la foto en la conferencia de prensa ofrecida por el Gral. Williams Kaliman cuando “sugirió” a Evo Morales renunciar. En otras palabras se trataba, según su declaración jurada, casi de un convidado de piedra, ante lo que cabría preguntarle: ¿Quién autorizó los vuelos de los aviones T-33 el 9 de noviembre sobre Achacachi y Viacha? ¿Quién ordenó los vuelos rasantes sobre La Paz de los aviones K-8 el 11 de noviembre en plan de amedrentamiento? La respuesta a esta última pregunta la dio el propio Kaliman a radio Fides en diciembre de 2019: Él mismo junto a sus comandantes. Sigamos. ¿Quién facilitó el helicóptero H425Z-9 Harbin para que Jeanine Áñez y Óscar Ortiz pudieran llegar hasta el Colegio Militar de Ejército de La Paz el lunes 11 de noviembre, a objeto de reunirse minutos después con Luis Fernando Camacho, que los esperaba en el hotel Casa Grande? Se sabe que ese mismo helicóptero, el H425, es el que se utilizó para disparar sobre la población civil en Senkata el martes 19 de noviembre. Estas preguntas llevan a una conclusión incontrastable: había una coordinación civil militar que facilitaba tareas y en ese contexto encaja perfectamente el rol jugado por el padre de Camacho (José Luis) que se habría acercado a militares y policías “para que no salieran a reprimir al pueblo” o, dicho de otro modo, para que se insubordinaran violando la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas contra su Capitán General, Evo Morales.

Los comandantes de los regimientos Calama, Ingavi, Bolívar, Bilbao la Vieja, Lanza, Ayacucho y del Batallón Vidaurre decidieron no intervenir en la crisis porque consideraban peligrosísimo entrar en acción sin un panorama con órdenes expresas. En ese contexto, es el mismo Terceros quien declaró ante el Ministerio Público que el Gral. Gróver Rojas increpó a Kaliman pidiéndole que “ordene que salgan a los militares para defender al pueblo”, a lo que el Comandante en Jefe respondió “qué pueblo vamos a defender, porque los dos que se están enfrentando son el pueblo.” Este panorama deja en claro las tensiones instaladas entre comandantes y Estado Mayor, estructura de la que formaba parte el Gral. Rojas, el Gral. Luis Fernando Valverde (con detención preventiva por los hechos de Senkata desde el 1 de abril) y el Gral. Sergio Orellana, que sucedería en el Comando en Jefe a Kaliman, una vez consolidada la presidencia de Áñez. En la actualidad, Orellana, el “desaparecido en acción” en noviembre de 2020, se encontraría en algún lugar de Colombia debidamente camuflado por los habitantes de alguna ciudad populosa.

CONFERENCIA. El Alto Mando militar, cuando ‘sugirió’ la dimisión de Evo Morales. Arriba, de azul, el comandante Jorge Terceros.

En los últimos 15 días, el brazo mediático que jugó un rol determinante de consolidación del gobierno de JeanineÁñez patalea duro y parejo en el frenético intento de querer tapar el sol con un dedo.

Quiere instalar la idea de que Evo pretendía incendiar La Paz con 2.000 personas. Que García Linera dijo que 15.000 campesinos generarían un baño de sangre si no permitían el despegue del avión hacia México. Que Evo debe declarar ante la Fiscalía por pirómano. Que la Iglesia Católica les ofreció la presidencia a una senadora y a una diputada del MAS. Que esto. Que aquello. Y lo de más allá. Es decir, convirtiendo el ejercicio periodístico en un manojo de conjeturas, del dice que dice, cuando las verdades materiales de lo acontecido se encuentran en los hechos consumados, no en las suposiciones o en las interpretaciones forzadas de los colaboracionistas del golpe o de los analistas de manual. Será por la insosteniblidad de sus pretendidos argumentos que varios de ellos dejaron de redactar esos penosos panegíricos en forma de columnas de opinión y emprendieron la retirada, una vez recuperada la democracia a través del voto popular.

ORTIZ. Los militares no iban a tomar el poder, aunque a Luis Fernando Camacho una junta civil militar le pareciera la mejor fórmula.

Una decisión de semejante vuelo significaba un golpe al estilo de los años 70, por lo que había que maquillar con un delgado revestimiento “lo más cercano a la Constitución”, la resolución final luego de conseguido el derrocamiento de Evo Morales. En ese contexto, el jugador decisivo se llama Óscar Ortiz Antelo, senador del Movimiento Demócrata Social (MDS), que preguntó a Adriana Salvatierra y Susana Rivero el martes 12 de noviembre “¿qué hacen ustedes aquí? (Universidad Católica) Esto hay que resolverlo en la Asamblea.” Se sabe que en las reuniones auspiciadas por curas y embajadores, Ortiz ni se sentó en la mesa. No abrió la boca. Su discreción era estratégica.

¿Quién pregunta hoy por Ortiz? Nadie. Puede darse el lujo de tomar café con el editor de un diario cruceño a media mañana de un día cualquiera en un café del Tercer Anillo. Puede escribir y publicar sobre la ausencia de Estado en el diario paceño de la derecha, cuando es bien sabido que quien condujo todo el operativo en el Senado para colgarle la banda presidencial a Jeanine Áñez sin posesión en la Asamblea fue él, con el acompañamiento de su colega y entonces amigo Arturo Murillo, quien pasaría al frente de las acciones gubernamentales a partir del 13 de noviembre cuando fue posesionado como ministro de Gobierno.

Ortiz acompañó en helicóptero militar a Jeanine para aterrizar en Irpavi (Colegio Militar de Ejército) y reunirse con Camacho, el macho alfa de la revuelta cívica “pitita”. Lo suyo era el razonamiento con vistas a quitarle la personería jurídica al MAS, pero eso hubiera sido encaminado si Áñez no se tragaba la versión de que el plan de su colega era generar un par de movidas en el Senado para reemplazarla poco tiempo después en la presidencia, intriga a cargo del murillismo, que impuso el estilo atrabiliario y represivo que le significó un desgaste que permitió la recuperación de la musculatura masista. En buenas cuentas, Ortiz tenía un proyecto político, y Murillo un proyecto personal —por eso está preso en Miami, ya se sabe con detalle— que terminó siendo funcional a los intereses del partido azul.

Ortiz continuó como senador, probablemente barajando posibilidades acerca de su influencia en el gobierno transitorio hasta que la pandemia trastocó los planes de la propia presidenta y de su mano derecha que sin pudor le corregía al oído frente a cámaras, y que obligaron a la reorientación gubernamental, al extremo de que el propio Ortiz quedó fuera de combate aquejado por la enfermedad que lo postró durante aproximadamente un mes. Cuando estuvo listo para volver, Murillo ya se había consolidado como el Taita del poder y las ambiciones ideológicas y estructurales de Ortiz habían quedado en el canasto. Todo se había reducido a perseguir, encarcelar y extorsionar a masistas y a quienes lo parecieran; de hacer negocios con barbijos, respiradores, gases lacrimógenos, y con lo que se pudiera, al punto que el senador cruceño terminó destituido del cargo de ministro de Economía por la presidenta a la que él había encumbrado a la silla, al declararse contrario a la privatización de la Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica Cochabamba (ELFEC), gestión en la que, por supuesto, también mandaba Murillo. Los esfuerzos civiles y militares terminaron desembocando en una desastrosa transición que terminó con el regreso del MAS al gobierno, más temprano de lo previsto, producto de una suma de atropellos y atrocidades.

LA RAZÓN publica una serie de artículos relacionados con el poder y los medios de comunicación en Bolivia. El periodista Julio Peñaloza Bretel investiga trayectorias de la esfera política con peso específico, así como las relaciones complejas y conflictivas entre personalidades públicas y la estructura mediática urbana dominante en el país. La base de esta propuesta está inspirada en la necesidad de acudir a la memoria para combatir el olvido y el desconocimiento.

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