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martes 24 may 2022 | Actualizado a 12:00

Transición energética y el rol de los minerales

/ 26 de enero de 2022 / 00:24

Con el Acuerdo de París en la COP21 del 12 de diciembre de 2015, cerca de 200 países se comprometieron reducir de forma sustancial las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y limitar el aumento global de la temperatura a 2 grados Celsius, al tiempo que buscaba limitar la subida a 1,5 grados.

En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) —celebrada en Glasgow el 12 de noviembre de 2021—acordaron limitar el aumento de la temperatura media mundial a 1,5 grados Celsius y, por primera vez, se pidió a los países que reduzcan progresivamente la energía del carbón y las subvenciones ineficientes a los combustibles fósiles.

Los análisis internacionales señalan que la descarbonización de los sistemas energéticos globales estimulará la demanda y un cambio estructural en la priorización geopolítica de las reservas de hidrocarburos hacia a los minerales críticos que sustentan la energía solar, eólica, geotérmica, así como los vehículos eléctricos, como en los casos del aluminio, cobre, plomo, zinc, estaño, plata, tierras raras, litio, tantalio y cobalto, entre otros.

Estiman que la producción mundial de algunos de estos minerales tendrá que aumentar por un factor de 3 a 44 para cumplir los objetivos de energía renovable y emisiones establecidos por el Acuerdo de París (COP 21). El FMI proyecta que, en un escenario de emisión cero de carbono, la relación entre oferta y demanda de metales será insuficiente: en el litio la oferta mundial cubriría solo un tercio de la demanda potencial, mientras que en el cobre un 60% y el 80% en los casos del cinc y la plata.

Los países exportadores de minerales jugarán un rol importante en la transición de la energía verde, pero se observa que es un mercado con alta concentración en pocos productores y pocos países. En el caso de la producción de litio, según datos del Servicio Geológico de los EEUU para 2020, cuatro países (Argentina, Australia, Chile y China) concentraban el 95% de la producción mundial y tenían el 72% de las reservas mundiales (parte de las reservas base que se podrían extraer o producirse económicamente en un momento determinado). En cambio, en lo que se entiende como la identificación de recursos de litio, el Servicio Geológico de los EEUU estima 86 millones de toneladas de las cuales Bolivia tendría identificadas 21,1 millones, Argentina 19,3 millones y Chile 9,6 millones, concentrando el 60% de los recursos mundiales de litio.

Estos minerales son claves para viabilizar la transición energética pero también son críticos para la proyección de poder militar, por lo que aumentarán tanto su importancia económica como estratégica.

Pero el problema es que a su vez los recursos minerales tienen una “naturaleza saqueable”. Su explotación genera rentas supra normales, la famosa renta ricardiana y su actividad y comercialización están sujetas a impuestos y regalías. A su vez, los depósitos de minerales se consideran parte de la herencia geológica de un país y, por tanto, los gobiernos demandan una fracción de la riqueza generada por su explotación. Por último, los recursos minerales son no renovables, son agotables en un momento del tiempo y las nuevas generaciones contarían con menos recursos o con menor calidad de ellos, por lo que debe racionalizarse su uso.

El problema de la transición energética es que la explotación de recursos minerales tiene un elevado impacto negativo ambiental directo, por lo que el cálculo de la emisión neta cero de carbono en 2050 para la transición a energías limpias debe tomar en cuenta los costos de una mayor contaminación ambiental debido a la explotación intensiva de los minerales.

Es así que ha retomado la importancia de los impuestos verdes y el de la aplicación de royalties a la minería, como en el caso del Programa de Gabriel Boric, presidente electo de Chile y, tal vez, ha llegado la hora de que la integración sea más focalizada y efectiva. Así, por ejemplo, el caso del litio entre Bolivia, Chile y Argentina puede ser muy emblemático en cuanto a la armonización de políticas tributarias a la industria extractiva y en el tratamiento a la inversión extranjera en un marco de armonía con la Madre Tierra y con una adecuada captación del excedente económico para un Buen Vivir.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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¿Estancamiento con inflación?

/ 18 de mayo de 2022 / 03:14

Después de más de 40 años, la economía mundial se vuelve a preguntar si estamos ad portas de una fase de estancamiento del producto mundial junto con un proceso sostenido de aumento de precios llamada estanflación.

Los últimos datos de la economía de EEUU para el primer trimestre parecen confirmar esta situación al registrar una tasa de crecimiento negativa del PIB de – 1,4 %, la cual no significa técnicamente una recesión puesto que debe registrarse por dos trimestres consecutivos para ello. En cambio, la tasa de inflación, a 12 meses, a abril de este año fue del 8,3%, la cual sin el alza de los combustibles y alimentos, la denominada inflación subyacente, sigue siendo alta, del 6,2%, comparada con las tasas tradicionales del 2% anual.

Estos datos preocupantes se dan en un contexto de una etapa post-COVID-19 con una recuperación más rápida que la esperada, aunque a diferentes velocidades, del producto mundial y de los principales países avanzados en un contexto de baja inflación. Sin embargo, las pugnas geopolíticas y la estupidez de los líderes de las potencias mundiales nos han llevado a una crisis autoinfringida, ya que no podemos echar la culpa a virus exógenos sino a la fatal inoperancia del sistema multilateral.

Como alerté en anteriores artículos sobre la guerra y sus sanciones, los eventos económicos escapan del control del laboratorio de simulaciones y pronósticos de los organismos mundiales y nacionales, pues mutan constantemente en función de las deficiencias inmunológicas de la economía global y de cada país. Los agentes económicos o los spirit animals no son racionales ni tienen espíritu, son más parecidos a los animales puesto que reaccionan en manada frente a la presencia de riesgos. Como dijo Keynes, sus actividades “dependen más del optimismo espontáneo que de una expectativa matemática, ya sea moral, hedonista o económica”.

Hasta el viernes 13, los agentes económicos reaccionaron con fuertes caídas en las principales bolsas del mundo, por ejemplo el Standard and Poor’s (S&P500) cayó un 10% respecto a su nivel alcanzado hace un mes. Además, las crisis financieras empiezan por los activos más riesgosos del cual tratan de desprenderse los agentes “racionales”, como ocurrió con el mercado de las llamadas criptomonedas o monedas digitales sin respaldo de bancos centrales. Así la BBC Mundo tituló El criptomercado ya tiene su propio Lehman Brothers, en alusión al Fondo de Inversión detonante de la crisis financiera iniciada en 2007 con la “crisis de las hipotecas tóxicas”. En efecto, la principal moneda virtual, el Bitcoin, de un nivel registrado en noviembre de 2021 de $us 68.000 llegó a caer a $us 27.000 la semana pasada, reflejando una caída del 60% de su valor.

Estas perturbaciones financieras en las bolsas y en los activos más riesgosos se dan en un nuevo contexto derivado de la inflación, que se suponía transitoria, como es el aumento de las tasas de interés por una parte de los bancos centrales, como en el caso de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) que ya realizó dos ajustes elevando de un nivel cercano a cero a 1%, sumado al anuncio de que subirá en los próximos meses. Adicionalmente, la cereza del postre, la Fed apunta a una reducción de $us 1 billón (o 11%) en sus tenencias del Tesoro durante el próximo año con un impacto negativo en la deuda pública del Tesoro que se suma a los elevados gastos fiscales asociados a la reactivación y a los gastos militares; Daniel Arbess estima que “el déficit presupuestario federal actual de $us 3 billones aumentaría en casi un 20%, compensando con creces los ahorros del final de los ‘pagos de impacto económico’ de COVID”.

Así, los resultados económicos de las decisiones políticas tienen efectos que no se pueden prever y escapan al control de los líderes del G7 que están más preocupados en sancionar a la novia de Putin.

En cambio, en el país, nosotros estamos preocupados de otros temas mucho más importantes y ni siquiera miramos de reojo a los ciudadanos de países vecinos que están viviendo un aumento diario en el precio del pan, de los alimentos y de los combustibles. Parece que las cosas solo se valoran cuando se pierden.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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El día del trabajo virtual

/ 4 de mayo de 2022 / 01:35

El trabajo virtual, también llamado trabajo remoto, a distancia o teletrabajo, es el que se efectúa fuera de la oficina o empresa para realizar tareas utilizando herramientas tecnológicas, como una conexión a internet, una computadora y un teléfono celular. Si Marx se despertara después de cerca de 140 años ¿se sorprendería en encontrar empresas casi vacías, reducidas con pocos empleados y obreros accionando las máquinas con un botón?

El primero de mayo (1886), Día Internacional de los Trabajadores —aunque en EEUU el labor day es el primer lunes de septiembre—, es un día para meditar los tremendos cambios que se han dado en el modelo de trabajo no solo por mejores salarios sino por las condiciones de trabajo y la lucha por la jornada laboral de ocho horas. Así, durante la segunda revolución industrial, dadas las extenuantes jornadas que prevalecían a principios del siglo XX, se empezó a imponer la jornada de ocho horas, pero incluido el día sábado. El Convenio internacional de la OIT en 1919 limitó el trabajo a ocho horas al día y 48 horas a la semana. En 1926, Henry Ford, que revolucionó la forma de trabajar en sus instalaciones con el Método Ford, adoptó la jornada de ocho horas con dos días de descanso e incluso vacaciones pagadas y, contra lo esperado, aumentó la productividad del trabajador. La tendencia en los países adelantados fue a la reducción de las horas trabajadas; según la OIT, en 1913 se trabajaba entre 2.500 y 2.600 horas al año, mientras que para 2000 se trabajaba menos de 2.000 horas al año y en algunos países como Francia, Países Bajos y Alemania, se trabajaba 1.500 horas al año.

La reducción de la jornada laboral en los países adelantados se utilizó para combatir el desempleo y aunque su adopción se mantuvo lenta, en EEUU el 5% trabajaba una semana más corta; la pandemia ha generado un replanteamiento como política de empleo. Alemania es la pionera con una semana de 35 horas, Suecia con la reducción a seis horas la jornada laboral e Islandia, con la semana laboral de cuatro días con 36 horas.

Según la BBC Mundo, “existen diferentes modelos de semana laboral de cuatro días: desde recortar una jornada, reducir la jornada laboral y cobrar el mismo salario; a jornadas laborales intensas, en las que cinco días de trabajo se acumulan en cuatro turnos más largos”.

Si bien la Recomendación Nº 116 (1962) de la OIT se refiere a las 40 horas semanales, en los países de la región, según la OIT (2022), predominan aún las jornadas semanales de 48 horas, el máximo de horas por semana está entre 49 y 59, y en algunos casos es superior a 60 horas. En Bolivia no excederá de ocho horas por día y de 48 por semana (artículo 46, Ley del Trabajo), mientras que Chile tiene una jornada de 45 horas dividida en nueve horas diarias, y una propuesta en el Congreso para reducir la jornada a 40 horas semanales. Los asalariados en el sector privado representaban un 59% del total de los ocupados en Chile, mientras en Bolivia llegaban a 26,7%.

Con motivo de la pandemia se aceleró el teletrabajo en la región, empero, según la OIT, la legislación sobre teletrabajo es reciente y presenta una gama amplia de situaciones que van desde la mantención de la jornada pactada en el contrato, pasando por la posibilidad de pactar jornadas flexibles, llegando incluso a dar al trabajador la autonomía para distribuir la jornada laboral de acuerdo a sus necesidades.

El problema del teletrabajo es que, por un lado, la organización del tiempo de trabajo tiende a ser más flexible para quienes teletrabajan, mientras que, por otro lado, se alarga la jornada de trabajo. Para la OIT (2022), “El teletrabajo hace que los límites entre las horas habituales y las extraordinarias sean menos nítidos (…) Esto ha llevado a plantear la necesidad de establecer con claridad un periodo de desconexión —un derecho, en rigor— que permita un descanso efectivo del trabajador”.

Si Marx resucitara se preocuparía con el alargamiento y la intensificación de la jornada laboral que aumentan la plusvalía absoluta, y se reafirmaría en que la tecnología es a la vez una fuente potencial de emancipación de la sociedad y un medio para aumentar la explotación del trabajador.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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Los efectos de la guerra y las sanciones

/ 20 de abril de 2022 / 02:57

Cuantificar los efectos de la guerra entre Ucrania y Rusia parece fácil utilizando modelos macro multisectoriales para medir el impacto negativo en el crecimiento del PIB mundial, en torno al 1%; los efectos en el aumento de la inflación mundial, un 2,5%, e incluso los impactos de una suspensión total de las importaciones de Alemania de gas desde Rusia, en torno al 2% del PIB alemán.

También EEUU utilizó modelos para cuantificar la cantidad de tropas y armamentos para ganar la guerra de Vietnam, pero aunque los modelos se han ido sofisticando, la terca realidad no es fácil de imitarla en los mejores modelos de simulación. Empero, la mayoría de los informes de organismos internacionales tratan de cuantificar los efectos comerciales y financieros de la guerra utilizando distintos modelos.

El problema es que la crisis mundial que atravesamos es mucho más compleja de lo que creemos los economistas, puesto que en realidad ya estábamos viviendo una crisis pospandémica cuando la mayoría de los países no se habían recuperado y vino el coletazo tremendo del contagio en Shanghái, el centro financiero de China, que tendrá efectos negativos en su economía y en el mundo puesto que se estimaba iba a crecer en 5% para 2022. Adicionalmente, se sumó una crisis autoprovocada resultante de la guerra entre Rusia y Ucrania, que generó inicialmente una crisis alimentaria y en los combustibles, pero con impactos aún no conocidos en las cadenas globales de suministros ni sus efectos en cascada en países y sectores. Por último y aún en forma latente, está en ciernes una crisis resultante de la “normalización monetaria”, es decir del fin de las tasas de interés bajas o cercanas a cero prevalecientes en los últimos años, que tendrá impactos en la elevada deuda mundial y en la de los países en desarrollo y emergentes.

El problema de jugar con fuego en el polvorín de la guerra puede ser el posible default provocado o no pago obligado del servicio de la deuda por parte de Rusia debido a las sanciones financieras del congelamiento de $us 350.000 millones, resultante de la suma de sus activos emitidos en euros, dólares y libras que representan el 55% del total de las reservas internacionales que posee el banco central de Rusia.

Es necesario recordar que la crisis de la deuda externa en 1982 se inició con el anuncio unilateral de México de una moratoria de los pagos de su deuda externa, a la que se fueron sumando más de 30 países imposibilitados de honrar sus compromisos de deuda gatillados por el abrupto y fuerte incremento de las tasas de interés internacionales que generaron un proceso largo de condonaciones y renegociaciones.

El mundo financiero no es transparente, es opaco y la información es asimétrica. La irracionalidad es parte inherente de los mercados financieros, como la exuberancia irracional que dio lugar a la burbuja “punto-com” de fines de los 90 y a la crisis financiera de 2008 y que, incluso, se manifestó en las primeras reacciones de pánico en marzo de 2020 con la crisis del COVID-19. Resulta que, en entornos complejos, inciertos y volátiles como el que vivimos, se magnifican las respuestas irracionales en las decisiones de los agentes económicos, puesto que las decisiones humanas se pueden apartar sistemáticamente de aquellas que predice la teoría económica tradicional, como en el caso del comportamiento de manada que significa replicar los movimientos de un grupo. El problema de los riesgos elevados para la deuda soberana, ya alertó el FMI, postulando un enfoque cooperativo global para alcanzar una resolución ordenada de los problemas de deuda y prevenir los incumplimientos. Por tanto, pareciera que están todos los ingredientes para que una sola chispa pueda detonar el arsenal de la deuda.

Lo que necesitamos es que vuelva Keynes, pero no para ayudar a aumentar el gasto militar sino para que les diga a los gobernantes de EEUU, Reino Unido, Europa y Rusia, como sucedió con el Tratado de Versalles en 1919 que condenó a Alemania a pagar las reparaciones de la guerra, que sus decisiones son equivocadas. Es necesario que los organismos internacionales alerten de los peligros de la barbarie militar, humana, ecológica y económica a la que nos están empujando y no se limiten solo a cuantificar algunos impactos en el PIB, la inflación y el comercio. ¡No a las invasiones ni sanciones!

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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No a las sanciones económicas

/ 6 de abril de 2022 / 02:29

Como resultado de la invasión de Rusia a Ucrania, los Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido han establecido, a una escala nunca vista anteriormente, sanciones comerciales y financieras, equivalentes a un “ataque nuclear no violento,” con el objetivo de dañar la economía rusa.

En un contexto de prédica de las bondades del libre comercio y de los flujos financieros, las “sanciones” no aparecen en ningún manual de economía ni siquiera como “distorsiones”, como muestra de su poca relación con lo que sucede en el mundo real.

Sin embargo, según El Economista, la historia de las sanciones se remonta cuando Napoleón en 1806 prohibió a los países europeos comerciar con Londres y cuando EEUU aprobó su primera ley de embargos en 1807 con la Embargo Act. Durante la Primera Guerra Mundial, el Reino Unido impuso el bloqueo comercial a Alemania y en la Segunda Guerra Mundial “también se imponen numerosas sanciones” pero “difíciles de ejecutar, ante la falta de un dominio claro sobre los mares”.

En la posguerra, la tendencia en EEUU fue por las sanciones por razones ideológicas como contra Corea del Norte, Cuba, Irán y Venezuela. Sin embargo, Anne Krueger hace notar que en 1990 las Naciones Unidas participaron en el embargo financiero y comercial contra Irak, por la invasión a Kuwait. Encuentra, además, que “en 2020 los EEUU han impuesto sanciones a más de 10.000 entidades, diez veces más que en 2000”.

El Departamento del Tesoro de los EEUU tiene la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), la cual administra y aplica sanciones económicas y comerciales basadas en la política exterior y los objetivos de seguridad nacional de los Estados Unidos contra países y regímenes extranjeros específicos, terroristas, narcotraficantes internacionales, aquellos involucrados en actividades relacionadas con la proliferación de armas de destrucción masiva y otras amenazas a la seguridad nacional, la política exterior o la economía de los Estados Unidos.

Como se observa, EEUU tiene un poder amplio y unilateral en la imposición de sanciones y las Naciones Unidas juegan un papel secundario, apoyando en algunas sanciones como a Irak y reclamando otras veces como contra el embargo a Cuba.

El problema actual es que cuando se multilateralizan las sanciones, los impactos en la economía mundial no son predecibles, puesto que han trastocado las cadenas globales de valor, las cadenas de suministros y en el sistema de pagos internacional, afectando la débil recuperación mundial y avivando las presiones inflacionarias, empero, hay ganadores con la guerra y también, si llega la paz, con la futura reconstrucción.

En el campo financiero, las sanciones perturban los flujos financieros, como el hecho de excluir a Rusia del sistema de pagos internacionales denominado SWIFT (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication), donde alrededor de 300 instituciones financieras rusas lo utilizan. El SWIFT cuenta con más de 11.000 miembros en 200 países, es copropiedad de más de 2.000 bancos y está gobernado por un consejo compuesto por ejecutivos financieros globales. Puede utilizar, eso sí, el sistema alternativo que tiene China denominado CIP S (China’s Cross-Border Interbank Payments System), pero es una disrupción en el mercado global financiero.

Por su parte, Putin declaró: “He decidido implementar lo antes posible una serie de medidas para transferir los pagos por nuestro gas natural por parte de los llamados países inamistosos en rublos”. Tiene una lista de países inamistosos que incluye incluso a Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, Singapur y Taiwán. Es muy difícil convertir al rublo en una divisa de aceptación mundial, aunque en el corto plazo Alemania va a tener que buscar rublos para pagar el gas.

Los efectos de la crisis geopolítica en Bolivia son indirectos en términos de las sanciones y se beneficia relativamente del aumento del petróleo, de los precios de los alimentos que exporta y, hasta marzo, de los precios del oro y de los minerales que seguían subiendo.

En todo caso, nuestra consigna debería ser: ¡No a las invasiones militares. No a las sanciones económicas!

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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Las consecuencias económicas de la paz

/ 23 de marzo de 2022 / 01:18

No está equivocado el título, puesto que no trato de examinar las consecuencias económicas de la guerra, que actualmente es producto de informes de organismos internacionales y de analistas, sino se refiere al nombre del libro que escribió hace más de un siglo, en 1919, el economista inglés John Maynard Keynes como producto de su participación en la delegación de su país, como representante oficial y su posterior retiro de las conversaciones que dieron origen al Tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919, que estableció las exigencias económicas o reparaciones extremadamente duras que las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial (Estados Unidos, Francia, Reino Unido) impusieron a Alemania.

Keynes se opuso a las cláusulas de las reparaciones y trató de demostrar la imposibilidad económica de Alemania para hacer frente a los compromisos que, en su afán de destruirla, estaban perdiendo una oportunidad de construir una salida estable y viable a Europa. Su pronóstico fue correcto, a diferencia de los que hacen los economistas, puesto que Alemania no cumplió y creó las condiciones para el triunfo del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial con consecuencias económicas y humanas peores que las de la Primera Guerra Mundial. Los aliados con el Tratado de Versalles ignoraron y no tomaron en cuenta la importancia de la unidad europea como fórmula para garantizar la paz y, por el contrario, fue un incentivo para el retorno de la guerra.

Keynes no solo hizo un análisis adecuado sino propuso un programa con los siguientes temas: la revisión del Tratado incluyendo una zona de libre comercio y la comisión del hierro y el carbón, el arreglo de las deudas interaliadas, un empréstito internacional y las relaciones de Europa Central con Rusia.

La validez y relevancia actual de Keynes es muy pertinente en los momentos actuales de una conflagración que va más allá de un simple conflicto entre dos países: Ucrania y Rusia, puesto que hay una intervención directa e indirecta de EEUU y los países de la OTAN, y también de China. Lamentablemente se observa una abundancia de análisis sobre lo mismo, basados en la información mediática y según el guion con los buenos (Biden y Zelenski, Boris Johnson), el malo (Putin) y el feo (China), y que nos dicen que hay invasiones “buenas” (Libia, Siria, Afganistán, Irak,) y “malas” (Ucrania), que mientras los buenos cometen “daños colaterales” los malos son criminales de guerra.

Lo que no nos dicen es que esta guerra justamente apareció cuando la OTAN estaba en crisis, según Macron con “muerte cerebral” y según Trump “obsoleta”, y que ahora Finlandia y Suecia que no eran miembros están considerando unirse. Lo que estaría pasando, según Cristina Cifuentes, que después de 30 años los países del Occidente han formado alianzas inéditas y se ha modificado “el consenso global post guerra fría”, y se estaría en presencia de un cambio de paradigma político.

El problema de la unidad de Europa, acentuado con el Brexit de Boris Johnson, es que está muy subordinada militarmente a los EEUU con el tratado de la OTAN, aspecto que es una traba para una independencia real de Ucrania y un riesgo para Rusia. Si se quiere una solución de fondo, el escenario ideal sería que EEUU deje de ser el gendarme mundial amparado en su superpoderío militar-nuclear, salga de Europa y se tienda a un mundo multipolar no solo en lo económico, como existe actualmente, sino fundamentalmente en lo militar con la autonomía de Europa. Sin embargo, un escenario de una Europa autónomamente militar significaría lo que ahora estaría pasando en forma desapercibida, el retorno al poderío militar de Alemania con un aumento anual de la inversión en defensa de 2% del PIB, estigma que tiene dos guerras mundiales a sus espaldas.

¿Y quién se beneficia con la guerra? Hay toda una industria global de la guerra, de empresas y de mercenarios que se benefician aparentemente de la “estupidez” de algunos líderes e instituciones mundiales.

No sé si podemos ser optimistas como Keynes en 1919 al decir: “Podemos tener todavía tiempo para meditar nuestros pasos y para mirar el mundo con nuevos ojos”, y tratar de lograr una solución duradera y no mediática en un nuevo orden global más balanceado, más justo.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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