Voces

Sunday 4 Dec 2022 | Actualizado a 14:43 PM

De Silvestre a Silveria

/ 5 de junio de 2022 / 00:27

En estos últimos días se abordó en clave de polarización el cierre temporal del bioparque Vesty Pakos, en la paceña Mallasa. El cierre por 15 días fue decisión de la municipalidad para que se despliegue la investigación institucional, además del caso que abrió la Policía por los decesos de 89 animales refugiados luego de la denuncia por biocidio de la activista animalista Silveria Laureano junto a otras dos personas contra la administradora del bioparque, Geraldine Durán, y otras personas. En la cadena de responsabilidades, los siguientes eslabones son el Director de Medio Ambiente y el Alcalde de La Paz. Papita para el lorito. Estamos ante un caso grave que no escapará a las estrategias políticas para caerle al municipio o bien atacar al MAS porque no se ocupa de los posibles incendios forestales, si seguimos el tosco ballet de las redes sociales.

Los animales, afortunadamente, no son ni pititas ni masistas, ni tienen una agenda oculta en esta nueva confrontación. Pero son las principales víctimas. Biocidio, mala administración, despido de funcionarios por el cambio del color político que ganó en la Alcaldía, falta de recursos, todo está sobre la mesa de evaluación que el propio Iván Arias se ocupó de organizar y comunicar. Son 88, 89 o 90 animales (según diferentes reportes) en cautiverio que murieron en lo que va del año. Las autoridades competentes negaron negligencia al tiempo de pedir un asesoramiento de expertos para mejorar el espacio. Reestructuración total, dicen desde Mallasa; investigación y sanción, dicen los defensores de los animales que murieron y de aquellos que en este mismo momento sufren un cautiverio que en la mayor parte de los casos es la cola de una vida de maltrato, de tráfico, de sufrimiento.

Silvestre Pakos fue el naturalista que le puso el nombre a este exzoológico, parque que se mudó del ruidoso centro paceño a un prometedor campo en la sureña Mallasa para convertirse en un centro de custodia de fauna silvestre. Vesty no imaginó en su vida dedicada, en gran parte, al amor hacia todo tipo de animales que volveríamos a repetir errores, mejor dicho, horrores con estos seres inocentes que dependen de nuestra bondad, de nuestra madurez como colectividad. En este reciente escándalo desatado por la ineficiencia, dejadez y falta de swing de los responsables en esta última gestión municipal se escucha de todo. Y mientras se argumenta que los animales ya habían llegado al refugio en penosas condiciones, mientras se apunta a la inexperiencia de los funcionarios, mientras se denuncia la falta de profesionales una vez retirados dos de tres veterinarios y retirados seis de siete biólogos, mientras políticos y medios complacientes buscan consuelo repitiendo que la mayoría de los animales muertos eran lagartijas (pobres lagartijas, ninguneadas en titulares de periódicos con aspiración a ser “independientes”), los maltratados huéspedes de Mallasa solo amanecen y anochecen sobre la cama de nuestra irresponsabilidad y peor todavía, de nuestra indolencia.

Solo queda esperar que el Comité Científico de Planificación y Seguimiento a las actividades del bioparque proponga varios nombres de profesionales con capacidad y con un noble corazón. Sería tan alentador contar con un comité científico o un comité de “corazones de oro” (como decía el Compadre Palenque) para evaluar otros centros de este tipo en el país; para sobrevolar la feria 16 de Julio en El Alto y poner un alto al tráfico insensible de perros, gatos, loros, conejos y otros que son ofrecidos como objetos en minúsculas jaulas; para patrullar en los barrios e identificar las viviendas donde maltratan a las mascotas; un comité que prohíba poner zapatos a los perros; un comité que sancione a quienes abandonan en la calle a sus animales, un comité que nos recuerde cada día que estos seres inocentes, cargados de ternura, leales a toda prueba son nuestros maravillosos acompañantes en este tren de la vida. Nos custodian en las buenas y en las malas, ponen color a nuestras soledades, sufren a nuestro lado en las guerras o confrontaciones que nos expulsan de nuestras casas, nos guían en deslizamientos de tierra o terremotos, nos abrigan cuando se van nuestros hijos o rompemos con nuestra pareja, limpian la energía de nuestro entorno, nos encantan con sus sorpresas, nos curan con sus miradas, nos vuelven mejores con su presencia. Porque todas las especies merecen nuestro respeto, nuestra empatía y nuestro reconocimiento, ayúdenme a gritar: ¡Justicia y amor para todos los animales del Vesty Pakos! ¿Cuándo? ¡Ahora! ¿Cuándo, carajo? ¡Ahora, carajo!.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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Stéphanie, Manuela, Camila

/ 4 de diciembre de 2022 / 00:48

Stéphanie Frappart fue la primera mujer árbitra (y no árbitro, con o) en un Mundial. Solo por este hecho que marca en la historia del fútbol y en la historia a secas, me instalé frente a la tele 15 minutos antes del pitazo de Stéphanie. No le iba ni a Alemania ni a Costa Rica en ese 1 de diciembre a las 14h45; le iba a las mujeres que alcanzan sus sueños y rompen el celofán del arco para que miles las sigan. No les dije nada a las amigas feministas porque es posible que muchas piensen que el fútbol es el universo macho que no tiene por qué estar en el campo de consideraciones de las luchas de las mujeres. Y de repente, con lo anterior solo confirmo prejuicios. El caso es que las mujeres ya votan; las mujeres ya pueden ir a la escuela; las mujeres ya pueden soñar y hacer estudios universitarios; las mujeres ya se ganaron puestos en la dirección de empresas, de organismos internacionales, ya son presidentas de países, ya son ministras, ya son directoras de cine, ya son directoras de orquestas, ya hacen volar aviones y desde el pasado jueves, ya imparten justicia en los mundiales de fútbol. Sin permiso de nadie, a punta de querer, luchar y lograr. La emoción que esas páginas de Extra y después LA RAZÓN despertaron con la noticia de Frappart se parece mucho a la que hizo sentir mi ahijada Manuela Paz con sus primeras atajadas en el arco y con su amor por el fútbol. Vamos, que se puede.

Así, por el debut de Stéphanie, quedó a un lado ese espectacular encuentro España y Japón. Esta francesa de 38 años ya dirigió la final de la Supercopa de Europa 2019 y fue parte de la Champions League. No llegó a este impredecible Alemania-Costa Rica sola. Llegó, para satisfacción de todas las mujeres que miramos este partido, acompañada por Karen Díaz y la árbitra asistente Neuza Back. Emocionante. Prometedor. Vamos, que se puede.

Disculparán las y los lectores futboleros, pero esta A amante recién esta semana tomó conciencia del papel fundamental del arbitraje. Tenía razón aquel árbitro entrevistado en la transmisión de Marcas cuando lamentaba que el álbum de fútbol no haya contemplado a los árbitros. Tienen un papel definitivo y su función requiere la fuerza de un elefante y la delicadeza de un colibrí. Estar omnipresente y al mismo tiempo hacerse imperceptible para el inesperado giro del juego en la cancha. Y cómo hay que correr. A la par de todos los jugadores. Esa tarde de jueves, ahí estaba la Frappart, más bien pequeña, más bien menuda, corriendo sin hacerse sentir en medio de veintidós hombres, luchando desenfrenadamente, hambrientos de un gol, con sus países sobre las espaldas. Por fuera de la cancha, corría también la mexicana Karen Díaz, más que firme señalando las fronteras y la brasileña Neuza Back, despejando dudas en los instantes más tensos. Las tres chicas impartiendo justicia en el mundo que erróneamente se creyó para hombres. Todavía escucho a mi papá, una tarde familiar, hace algunos años: “¡Cómo vas a tener una mujer columnista en Marcas! ¡Qué saben de fútbol las mujeres!” Saltó como resorte la respuesta y la defensa de la columnista Camila Urioste. Su mirada femenina, su pluma siempre perceptiva me acercó al fútbol y hoy me pregunto por qué cuernos no la volvimos a invitar. ¿Camila? ¿Estás por ahí? Sería un honor volver a leerte en esta casa de papel. Vamos, que se puede.

Volvamos al Alemania-Costa Rica. Por unos minutos, los del 2-1, Costa Rica fue inmensamente Rica y el latir latinoamericano fue un corazón concentrado en esa cancha de césped, como si la historia pudiera ajustar tantas cuentas pendientes en un partido de 90 minutos, como si un gol nos aliviara de siglos de heridas. Alemania vivía una pesadilla y salían chispas de cualquier contacto físico entre los jugadores. Ahí vimos a Stéphanie, con autoridad, sin aspavientos, poniendo orden cuando la cosa desbordaba. Cuando se anuló un gol alemán y luego hubo que desdecirse, la Frappart no mostró ni un pelo de debilidad. Cero quejas del arbitraje. Vamos, que se puede.

Qué tarde. España, tan futbolera, tan Real Madrid, tan Barça, tan tan, perdía frente a un Japón esmerado, esforzado, ordenado y talentoso. Del otro lado, Costa Rica puso contra las cuerdas a los alemanes, nos emocionó hasta que la fuerza alemana salió como sea para irse con un triunfo a casa. De infarto, todo. Infantino, con impecable traje y más impecables zapatillas blancas, miraba el primer tiempo en un estadio y el segundo tiempo, en el otro. Infantino, miraba con cara de póker. En esas mismas horas, muchas mujeres vivimos esa tarde inédita con la más orgullosa de las alegrías, con la más grande de las sonrisas. Las alegrías tienen nombres de mujeres. Stéphanie, Manuela, Camila… Vamos, carajo.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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La pelota no se mancha

/ 20 de noviembre de 2022 / 00:40

Estas últimas semanas el país giró en torno al mismo centro: el Censo. Que el 2023 o muerte, que la argumentación técnica, que la politización, que las reuniones, que los portazos, que los bloqueos, que los cercos, que la violencia, que los muertos, que las agresiones a las mujeres, que los titulares a medida, que los cabildos, que las noticias falsas, que los proyectos de ley, que el cansancio en las calles.

Pero el mundo es redondo y da vueltas. La pelota también y, encima, no se mancha. A partir de ahora, los espacios y pesos del conflicto serán otros. En el país vecino, la ministra de Trabajo argentina dijo que bajar la inflación no es la prioridad, que eso puede esperar, que lo “primero es que Argentina salga campeón”. No es que el mundo se detiene. Es más bien que mira a otro lado. Mira a Catar. Y Catar se deja ad/mirar.

Pasó con cada país que fue sede del Mundial: vestidos de lentejuelas listos para recibir a los visitantes, ya que pocos acontecimientos logran concentrar los lentes de las inmensas estructuras mediáticas. Lo explica con claridad y sin titubear Jorge Barraza, en una de sus últimas columnas de LA RAZÓN: se busca cautivar al mundo. Sin olvidar que está desde el ejemplo de Italia que “tiró el país por la ventana” hasta el otro extremo, un Estados Unidos que fue más utilitario que creativo. De cumplir, cumplieron, pero hasta ahí, los norteamericanos.

Este 2022, Catar abre las puertas del país de Nunca Jamás porque lo que hoy se inaugura es inédito incluso para los especialistas. Este espectáculo futbolero no se puede comparar con ninguna experiencia anterior. Un país con dos millones de habitantes que recibe un número parecido desde estos días. Un pedacito de planeta, con una asombrosa historia, una extraña estructura política, una economía de composición singular, un cóctel cultural y religioso que despierta agudos cuestionamientos, un pedacito de planeta que dedicó dinero, esfuerzos y tiempo en construir impresionantes instalaciones y tejer negociaciones del más alto nivel para celebrar desde hoy la más costosa fiesta del fútbol.

Sin embargo, el emirato está bajo el dedo índice de Occidente. Comencemos con las más preocupantes acusaciones que, poco tiempo anterior a este domingo, tuvieron sonoros ecos de los grandes medios europeos. Barraza recuerda una pancarta que resume el espíritu del dedo acusador: “15.000 muertos por 5.760 minutos de fútbol… ¡Qué vergüenza!” En efecto, un asunto que debe ser esclarecido porque está en cuestión la muerte de trabajadores y condiciones inhumanas. Por ahora no hay una investigación que certifique las cifras que medios publican. Se dice que organizaciones de derechos humanos siguen recolectando pruebas. Habrá que esperar y habrá que exigir que estas denuncias no queden en ámbitos periodísticos. Con este mismo entusiasmo, se podría evaluar también la organización de la final de Champions en París que dio paso a ejércitos de delincuentes y atracadores que en una noche hicieron estragos. Con la misma firmeza podríamos preguntarnos también si el tiempo de guerra que hoy llena las páginas informativas (que le costó la expulsión a Rusia) es compatible o decoroso con la fiesta del deporte más popular. Por ahora, Francia está decidida en sus acciones: siete ciudades francesas, París incluida, no transmitirán los partidos en pantallas gigantes. El argumento es que Catar se ha convertido en un desastre humano y ambiental. Très bien. Con todo, si se trata de defender principios, sería más lindo ir hasta el final: ¿en Francia se pensó en la posibilidad de que no participe su selección, como clara señal de protesta? ¿Liberté, égalité, sin Mbappé?

El punto es que éste parece ser un momento privilegiado para lanzar dardos mediáticos desde Occidente olvidando que el abuso o el patriarcado no tiene fronteras. Mientras tanto, figuras de la música para las masas como Shakira ya dieron el portazo a Catar. La batalla solo comienza. De una canción emocionante y contagiosa puede depender la madre de las batallas. O pregunten a Piqué cómo una canción pesa en la balanza de las percepciones. Los-fe-li-ci-to-qué- bien-ac-túan...

Eduardo Galeano, en uno de sus cortos y cortantes relatos, visibilizaba: “Mohammed Ashraf no va a la escuela. Desde que sale el sol hasta que asoma la luna, él corta, recorta, perfora, arma y cose pelotas de fútbol, que salen rodando de la aldea paquistaní de Umar Kot hacia los estadios del mundo. Mohammed tiene once años. Hace esto desde los cinco. Si supiera leer, y leer en inglés, podría entender la inscripción que él pega en cada una de sus obras: esta pelota no ha sido fabricada por niños”. A espaldas de niños como Mohammed, el mundo sigue girando. Las pelotas no dejaron de rodar. La explotación, la pobreza y la hipocresía, tampoco.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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Los diccionarios

/ 6 de noviembre de 2022 / 00:34

El espíritu de estas líneas se origina en un pequeño restaurante que ofrece un buen y económico almuerzo en el paceño barrio de San Miguel. Todo estaba claro y delicioso en ese desfile: se entraba con una jarrita de limonada, un salpicón de pollo, seguía una irreprochable sopa de sémola, se coronaba un medio lomito montado por su huevo (ahí mi plato sufrió un pequeño asalto en el que perdí tres papas fritas) y se clausuraba el menú con una compota tibia de manzana. Fue en ese momento cuando mi hijo preguntó: “¿Qué es eso?” Compota. “¿Qué es compota?” Señalé el postre. “¿O sea?”. Toc, toc, toc a Google: Alimento de consumo habitual. Consiste en cocer poco tiempo la fruta entera o cortada en trozos con azúcar. Sonrió triunfante el asaltante de mis papas al verme arrinconada leyendo una definición para terminar con el acoso adolescente. Remató con dulzura: “¿Muy guasito?”

Guaso: Coloquial despectivo. América del Sur. Persona de modales rústicos, sin educación. Grosero. Mi compañero de almuerzo no fue guasito. Quienes sí estuvieron muy guasitos son algunos bloqueadores en la ciudad de Santa Cruz, en estos últimos días, que entraron a negocios para determinar el cierre de puertas. Si el paro es voluntario, mal se ven los que se las dan de policías insultando y dando órdenes de cierre de un café, de un restaurante o de una tiendita. O esos otros que clausuran vías durante el paro y encima hacen cobros a peatones o a taxis. Ahora, quienes bloquean las vías sin respetar el paso de las ambulancias o quienes se desplazan ruidosamente en grupo y pretenden imponer sus medidas de paro con palo en mano dejando un cadáver a su paso, como ocurrió con el funcionario Pablo Taborga, de la Alcaldía de Puerto Quijarro, quien murió por golpes en la cabeza, ya no son guasitos. Son violentos.

Violento, violenta. Que usa la violencia o es propenso a fomentar conflictos. Dentro de esta definición de diccionario podemos poner también a miembros de la Unión Juvenil Cruceñista que supuestamente intentaban evitar el ingreso de una columna de campesinos en La Guardia y destrozaron el Comando Policial del municipio, dañaron seis coches patrulla que dejaron con marcas de bala. O sea, había por lo menos una persona armada. Esta definición también le abre las puertas al Subgobernador de la Chiquitanía que, torso descubierto, gorrito de machito, movimientos de caporal, agredió a látigo a mujeres ayoreas a quienes insultó con evidentes muestras de racismo. Están los videos en nuestros teléfonos. Violencia y abuso.

Abuso: Acción de abusar. Abusar: Hacer uso excesivo, injusto o indebido de algo o de alguien. Bajo esta definición pueden entrar todos los que ponen en una lista de traidores a quienes no comulgan con sus ideas. El Gobernador de Santa Cruz aludió en días pasados a una “lista de traidores” cuyo único destino es la muerte civil. En la lista desfilaron (en redes sociales, ojo) la Ministra de la Presidencia, el Alcalde de Santa Cruz, el Vocero Presidencial, algún periodista de pelaje indeterminado y otros actores más. El número es lo de menos, la lista es lo de más. Habrá que ver, sin embargo, la verificación de este tipo de informaciones en redes. La mala es que las noticias de varios medios pueden generar más preocupación que las guasadas, las violencias o los abusos porque traen una palabra más: la falsedad.

Falsedad: Falta de verdad o autenticidad. Falta de conformidad entre las palabras, las ideas y las cosas. Que el paseo en moto de Evo Morales con la hermana de Lima Lobo, que el hijo de Taborga desmiente que su padre haya muerto por golpes en la cabeza (ni siquiera era el hijo), que todo campesino es asociado con el oficialismo, que la Policía acompaña marchas, que los actos violentos son mayoritariamente del MAS… así, mucha gente se contamina de prejuicios, de falsedades, de odio. Y terminamos viendo masivos bloqueos en Brasil acompañados de numerosos grupos tocando las puertas de los militares. “Hubo fraude”. “No queremos el comunismo de Lula”. Las falsedades nos llevan a la distorsión.

Distorsión: Acción de torcer o desequilibrar la disposición de figuras en general o de elementos artísticos, o de presentar o interpretar hechos, intenciones, deformándolos de modo intencionado. Además de algunos titulares, en esta bolsa entra la versión peruana alterada de Collita: “Lindas montañas te vieron nacer, el Titicaca tu cuna meció y la kantuta su alma te dio, kullawita tenías que ser”. El grupo Los Tattas está mamando.

Mamar:…

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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Paceñochukutacochalacollacamba

/ 23 de octubre de 2022 / 00:08

Esta columna verá la luz en el segundo día del paro indefinido en Santa Cruz; tres días después del aniversario 474 de Nuestra Señora de La Paz y de repente lo que parece desconectado no lo está tanto.

“La Paz, mi ciudad: eres llok’alla lavando autos, eres matraca con su moreno” es uno de los fragmentos del Manuel Monroy que más paceñamente evoca esta ciudad de doble identidad. Cada vez que nuestro columnista Édgar Arandia es entrevistado sobre el tema repasa con marcador grueso las líneas que dividen al mismo tiempo que costuran La Paz y Chuquiago Marka. Cuando un viernes compramos pescado fresco cerca del Cementerio General y rematamos la compra con una gelatina/chantillí, estamos en Chuquiago Marka. Cuando correteamos a las doce de un domingo detrás de las últimas salteñas picantes de carne en Calacoto, cerca de la iglesia de San Miguel y nos enfrascamos en la discusión de si la salteña lleva o no aceituna, estamos en La Paz. Ambos universos son maravillosos a condición de no confundir, señoras y señores. Estas dos ciudades se codean, se empujonean, se sobreponen, se pelean, se miran feo, se besan, se casan y se divorcian todos los días.

A días de que el capitán Alonso de Mendoza suscriba en 1548 el acta de fundación en Laja, la Señora de La Paz es trasladada al valle de Chuquiago. La razón fue la de todos los tiempos, el valle ofrecía agua y abrigo de los vientos y los fríos del Altiplano. Hay otra razón, no menor: Pedro de la Gasca, presidente de la Real Audiencia de Lima, ordena a don Alonso fundar una ciudad que simbolice la paz entre españoles enfrentados en su guerra civil, pero sobre todo, que pueda proteger el comercio entre el centro costero de Arequipa, Cusco, La Plata y Potosí. El comercio desde ese 1548 y antes, mucho antes, era ya el núcleo existencial de nuestra entrañable ciudad. Entre ríos y riachuelos la ocupación inca había dejado ya su huella. Y si retrocedemos, era también el centro articulador de pequeños pueblos dedicados al pastoreo de llamas y alpacas. Centro articulador de variadas ecologías, centro aurífero. El comercio entre distantes, la articulación entre actores diferentes, la incansable relación con ese otro han sellado sin duda la identidad de esta ciudad de dos nombres, de dos fuerzas, de dos plazas (la de españoles, la de indígenas). La cara actual o mejor, el doble rostro de este espacio contemplado por el Illimani sigue respondiendo a todas estas coordenadas históricas. Arandia dijo y escribió que es difícil encontrar a paceños por derecha e izquierda. Cierto. Esta A, por ejemplo, tiene dos abuelos paceños, una abuela cochabambina, un abuelo beniano-cruceño, por no citar más ramas del mismo mestizaje. Papa, ispi, caya, charque, cordero, sábalo, yuca, todos los colores de ajíes y el carácter de mi abuela cochala definieron mi esencia. Esencia que un domingo como éste sigue vibrando con la celebración paceñochukuta del 20 de octubre y, al mismo tiempo, trata de flotar en la confusión que provocó ese audio que se hizo viral en esta semana preparatoria del paro cruceño. Se trata de una voz camba que suena como la de mi abuelo, papi César, que de niña me cantaba repentinamente: “cunumicita linda/ que tienes ojos de guapurú”; una voz camba que en mi celular repite: “son los collas de mierda que nos roban a nosotros los cambas (…) nos roban, nos asaltan, ladrones, asaltantes, corruptos, delincuentes, todingos los políticos (…) collas de mierda carajo”. Quien habla en ese audio, además de maltratar con sus adjetivos a una mujer a la que pretende sacar de la sala a punta de disparates, se declara descendiente de Rómulo Herrera Justiniano. “Fue el primer rector de esta universidad”, remata la voz mientras yo me esfuerzo en recordar la otra voz, la voz camba, la voz cálida, la voz generosa de mi abuelo, Julio César Parada Callaú, combatiente de la Guerra del Chaco, Héroe del Kilómetro 7, amante de su mandolina, amante de su patria Bolivia, una gran nación.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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La guitarra con su Manuel

/ 9 de octubre de 2022 / 05:41

Manuel es primero Manuelito. Este chiquito con sus rulos nace inevitablemente enganchado a la guitarra. Claro, nieto del músico Andrés Chazarreta, pero sobre todo hijo de la gran concertista Ana Chazarreta, ya puede hablar de una carrera artística a sus siete años. En la Zamba para Anita está el Papirri recordando a su mamá que lo dejó “tan wawita, abrazado a su guitarra”, una de las canciones más sentidas, la canción para el “angelito de colores alegrándole la infancia”. Anita llena de flores las nostalgias de Manuel. La nostalgia de su mano tibia en la almohada del pequeño. “¿Será que esta mi pluma tan mundana alcanza?” pregunta el niño. Tu pluma alcanzó para contar el gran milagro de ese amor, Manuel. Pero no solo eso. Tu pluma y los acordes maternales alcanzaron para más. Cada canción alcanzó.

Alcanzó “para sacudirse las penas, como arvejas de la falda”. Muchos sabemos, desde entonces cómo “planchar el corazón con chichita bien helada”. Y antes, en el año 80, ya había alcanzado para hacer frente a las traiciones desgarradoras del corazón. “Hasta ahora no entiendo, hasta ahurita no engrano, por qué agujero de tu alma se fue chorreando mi amor”. Grave fue cantar ésta. Por suerte seguiste componiendo. Solo así pudimos olvidar a los olvidables gracias a los vientos del olvido: “En las mañanas tengo que aspirar polvos del olvido, la única manera es para vivir, estornudo tu amor, achís, para que ni yo ni tú te acuerdes de mí”. Por suerte seguiste cantando y andando. Solo así pude (pudimos tantos) recobrar la esperanza, la ilusión, para levantar la bandera arco iris del amor que renace: “Estoy camote de vos, pucha que me haces feliz, es tu presencia que me hace vivir, estoy camote hasta el fin. Parece que no me crees, mi bien, te lo digo en japonés”. Wataschi camote des.

Alcanzó cada canción para enamorarse, todavía más, de La Paz. “La Paz, mi ciudad, eres llok’alla lavando autos, eres matraca con su moreno, eres mi pena con su alegría, eres la coca de los obreros, eres la casa que nunca tuve, eres la cuna de libertarios”. Personajes paceños saltan de una historia a otra, como Maribel que se casó con ese sordo del alma, el exminero que escucha en su estéreo si juega Etcheverry, la Margarita sentada en la oreja de la cabeza de Zepita, aspirando tíner. Y en las faldas de ese mismo Illimani, jopo de la ciudad, sube y baja las calles el pepino sin traje, el que busca pega, con chamarra de cuero, en la Yungas. Desde que le cantaste a la Alasita, Papirri, otra cosa es salir el 24 de enero a dibujar los sueños, entre pastel con api y el choclo con queso. Otra cosa.

Alcanzó para bailar. “Por apretarme a tu cinturita ya dices que soy papá”. Bailar con alegría paceña, bailar con alegría de pueblo, bailar con sangre aymara reinando en los carnavales. Para esta A, el Pepino pandillero fue la canción oficial del baño tibio, desde que nació, de mi paceñísimo Julián. La guitarra te alcanzó para patinar con tanta gracia entre ritmos y hacernos bailar la morenada/nada, la Saya del Chocolatín, la kullawada Alaracamente, o la cumbia Chutis.

También alcanzó la chacota, y hasta sobró, para rimar y reír. “Qué tal, metal; normal, Pascual; ya sé, José; qué te pasa, calabaza; salud, mamut; okey, Mickey”. Se abrió entre tus dedos para no cerrarse never in the life el libro de las metafísicas populares. Todos tienen sus favoritas. No hacen más que multiplicarse, como los panes del milagro: “Bien preocupado estoy pero qué me importa/ andá clausurá la inaugurashón/ si sale osbcuro, clarito va a ser/ese médico es bien paciente/tu celular suena apagado/se pintan casas a domicilio/no te olvides de hacerme recuerdo/ bien inteligente es este cojudo.”

Pucha, Papirri, para todo alcanzó. Sin embargo falta que sigas componiendo. Tu canto aún está incompleto. Así que nada de cansarse, che. La lucha es el descanso. Ni las enfermedades, ni los odios, ni la distancia que hoy te separa de tu Chuquiago Marka, pueden quitarte impulso, como cuentas estas semanas en la columna de LA RAZÓN, tu casa. Nos quedan quichicientos capítulos por vivir, por sufrir, por amar; las batallas hacen cola, pero la hacen también las victorias y las alegrías. ¿Quién le va a poner letra y música al futuro si te cansas? Nos alegraremos, Papirri. Chicos, vamos al concierto del Manuelito hoy en el Teatro Municipal y le haremos sentir que lo queremos, que lo admiramos. Bien “este” se está poniendo con su edad, con su “no sé cuándo nos veremos” (yaaaaa), con su “serán estos jóvenes y niños quienes interpretarán mis canciones en mi ausencia” (yaaaaaa). Na que ver. A seguir creando, cuate, a seguir cantando, que lo mejor está por llegar, Manuel.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista

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