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Friday 19 Apr 2024 | Actualizado a 16:09 PM

¿Desequilibrio externo transitorio?

El uso o disminución de las reservas internacionales en un trimestre fue el más alto desde 2020

Gabriel Loza

/ 26 de julio de 2023 / 07:29

Un indicador clave para el análisis del desequilibrio externo de uso tradicional es la balanza de pagos de un país y, en especial, el saldo de la balanza de pagos en cuenta corriente. Este indicador salió en julio mediante el documento Avance de Cifras I Trimestre 2023, del Banco Central, que muestra como principales resultados: balanza comercial casi equilibrada ($us -2 millones), récord histórico de las remesas ($us 377 millones), Inversión Extranjera Directa Neta de $us 60 millones, por tercera gestión positiva.

Es necesario aclarar que la “balanza comercial” a la que se refiere el “Avance” es el balance de bienes (FOB) y no incluye fletes y seguros, a diferencia de la información del INE que registra un déficit comercial de $us 214 millones en el primer trimestre de 2023.

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Por mi parte, de las cifras de balanza de pagos resaltaría, en primer lugar, el saldo de la balanza de pagos en cuenta corriente, que incluye bienes, servicios y transferencias, que pese a un contexto externo desfavorable muestra una balanza “casi equilibrada” equivalente a un déficit de 0,7% del PIB. Este indicador es el más utilizado para determinar si hay un equilibrio externo, si este es persistente y es el que deberían seguir las calificadoras de crédito internacionales. Con los datos del Avance de Cifras, se observa que desde 2019 hasta 2022, la balanza en cuenta corriente tuvo un superávit promedio del 0,2% del PIB, con dos años en superávit (2021 y 2022) y dos de déficit (2019 y 2020).   

En segundo lugar, destacaría el resultado final de la balanza de pagos que incluye tanto a la cuenta corriente como a la cuenta financiera, la cual comprende a la inversión directa extranjera y a la inversión en cartera y a la “otra inversión”. En forma textual, el Avance de Cifras concluye que: “Por su parte, la Cuenta Financiera sin considerar el flujo de Activos de Reserva presentó de igual forma una salida neta de recursos. El resultado de ambas cuentas conllevó al uso de Activos de Reserva ($us 857 millones)”. Este resultado es equivalente al 1,9% del PIB, según el BCB.

En este contexto, cabe enfatizar que el uso o disminución de las reservas internacionales en un trimestre fue el más alto desde 2020 y mayor al promedio anual desde 2019-2022, que da una variación negativa de $us 561 millones.

La explicación del resultado, ahora en julio de 2023, según el Avance de Cifras fue “debido a las repercusiones del contexto internacional desfavorable marcado por incrementos en el nivel de precios de los combustibles y aumentos en las tasas de interés a nivel global, desencadenando mayores presiones sobre el uso de divisas para la importación de carburantes y pago del servicio de la deuda externa”.

Sin embargo, hace un año aproximadamente, en julio de 2022, en mi artículo publicado en La Razón ¿La recesión mundial a la vuelta de la esquina?, pronosticaba que: “El impacto en nuestra economía se sentirá más en el segundo semestre de 2022 por lo que deberíamos estar preparados con todo el instrumental de la política económica y los mecanismos disponibles de financiamiento externo o, toquemos madera”.

Pareciera que la recomendación en julio de 2022 no sirvió de mucho, ni siquiera tocar madera, puesto que se seguía resaltando el récord histórico de las exportaciones y el superávit comercial, el cual no obstante a partir de agosto empezó a registrar déficits mensuales consecutivos hasta marzo de 2023, con un acumulado de $us 1.408 millones equivalentes a 3% del PIB.

En noviembre de 2022, en mi artículo de La Razón Contra todo pronóstico, alertaba advirtiendo que “Los países emergentes y en desarrollo han estado capeando los efectos de las crisis pero sus impactos ya se han manifestado con la salida de capitales atraída por las altas tasas de interés de los países adelantados, fuertes depreciaciones de sus monedas, pérdidas de reservas internacionales, aumento de sus deudas externas y del spread o diferencial de sus bonos soberanos en 48% en lo que va del año”. Y no nos dimos por aludidos y las autoridades no vieron venir la “crisis de liquidez” en el primer trimestre de 2023 y los problemas con las RIN, que ahora está mostrando el informe del Banco Central sobre Balanza de Pagos y Posición de Inversión Internacional.

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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China: ¿En la trampa de ingresos medios o de EEUU?

Según las estadísticas de la OMC (2024), China ocupa en 2023 el primer lugar como exportador en el mundo

Gabriel Loza

/ 17 de abril de 2024 / 11:05

La semana pasada, dos tópicos llamaron la atención sobre China: el primero, el riesgo que corre China de caer en la “trampa de los ingresos medios”, nada menos de Nouriel Roubini, y el segundo, la declaración a Bloomberg de la Secretaria del Tesoro de EEUU, relativa a que “la aceleración de la industria china está distorsionando la economía mundial: Yellen”.

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Roubini (2024, abril), uno de los pocos que anticipó la crisis financiera de 2008, aunque hasta el presente todavía no registró otro éxito similar, advierte la trampa de ingresos medios para China: “¿Será China la excepción? Después de más de 30 años de tasas de crecimiento cercanas al 10%, su economía se desaceleró bruscamente en esta década; incluso el año pasado —cuando experimentó un fuerte rebote después de la era de la ‘política de cero COVID-19’— su crecimiento según los indicadores oficiales solo fue del 5,2%. Aún peor es que según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional su crecimiento caerá al 3,4% anual para 2028, y teniendo en cuenta sus políticas actuales muchos analistas prevén que la tasa de crecimiento potencial solo será del 3% para fines de esta década. Si eso ocurre, China habrá efectivamente caído en la trampa del ingreso medio”.

En 2007, el Banco Mundial sugería que Asia Oriental pronto se convertiría en una región de ingresos medios y planteaba la idea de la «trampa de los ingresos medios», concepto que no definió. En 2011, Homi Kharas y Harinder Kohli (2011) profundizaron en el concepto, especificando que cuando un país escapa de la trampa de la pobreza en la etapa de desarrollo de bajos ingresos y entra en la fase de desarrollo de ingresos medios, puede enfrentar un estancamiento del crecimiento y la incapacidad de seguir ascendiendo en la escala hacia el rango de ingresos altos.

Shaojie Zhou y Angang Hu precisan que: “…cuando un país entra en la categoría de país de ingresos medios desde la etapa de desarrollo de ingresos bajos, pierde las ventajas comparativas de un costo de mano de obra más barato y se vuelve menos competitivo en las exportaciones de manufacturas frente a los países de ingresos bajos y bajos salarios debido al aumento de los costos laborales (What Is the “Middle Income Trap”).

De esta manera, para salir de la supuesta trampa de ingresos medios había que ser más competitivos en las exportaciones totales, en las de manufacturas y en productos de alta tecnología.

Según las estadísticas de la OMC (2024), China ocupa en 2023 el primer lugar como exportador en el mundo con una participación del 14,4% del total y en el segundo lugar EEUU, con un 8,3% del total mundial. En las exportaciones de manufacturas, China tiene el primer puesto, así como, por ejemplo, en las exportaciones de equipo de oficina y telecomunicaciones, en cambio EEUU está en tercer lugar como exportador de manufacturas y en el sexto puesto en exportaciones de equipo de oficinas y telecomunicaciones. Es en las exportaciones de automóviles que EEUU está en segundo lugar, mientras que China en el quinto lugar, según la OMC (2024).

Lo cierto es el meteórico ascenso de China en el sector manufacturero, de un 5% de la cuota de la producción bruta mundial en 1995 subió a un 35% en 2020, mientras que EEUU, que en 1995 participaba con el 22% de la producción mundial manufacturera, cayó de importancia en 2020 a un 12%.

En este contexto hay que situar las declaraciones de la Secretaria del Tesoro de EEUU, que en nombre de todos los países y las instituciones encargadas de velar las reglas multilaterales acusa que “el exceso de capacidad de China distorsiona los precios y los patrones de producción mundiales y perjudica a las empresas y los trabajadores estadounidenses, así como a empresas y trabajadores de todo el mundo”. Es la primera vez que se acusa a un país por tener exceso de capacidad industrial y se cuestiona su política industrial.

¿Qué tienen entonces que hacer los países con sus políticas industriales y tecnológicas? Esperar el visto bueno de EEUU, una especie de “certificación mundial”. Me imagino a la India, dentro de unos pocos años, puesto que es el séptimo exportador mundial de productos y el tercer exportador mundial de servicios digitales. En conclusión: ¿No seria mejor denominarla la trampa de EEUU? 

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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¿La economía de Biden o de Trump?

Actualmente, la economía de EEUU creció un 4,9% y un 3,2% en el tercer y cuarto trimestre de 2023

Gabriel Loza

/ 3 de abril de 2024 / 07:12

En tiempo de elecciones, la situación o estado de la economía pareciera que juega un mayor papel que los economistas, ya sean candidatos o asesores, como en el caso de los Estados Unidos.

Es mundialmente conocida la famosa frase utilizada por Bill Clinton, candidato de los demócratas, contra Busch padre en 1992, candidato de los republicanos: “La economía, estúpido”, que le permitió ganar la carrera presidencial y la cuestión, ahora, es si Biden la utilizará después de que la economía de EEUU capeó una posible recesión o si en cambio ganará de todas maneras Trump, como señalan algunas apuestas en Wall Street.

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Generalmente se da por sentado que los problemas económicos o el estado de situación de una economía es muy esencial para definir al candidato ganador como, por ejemplo, en el caso reciente de Milei en Argentina. Sin embargo, utilizando la conocida cita del economista Dany Rodrik: depende.

En un estudio econométrico sobre los presidentes de EEUU y su economía, Alan S. Blinder y Mark W. Watson concluían que: “La economía estadounidense se ha comportado mejor cuando el presidente de Estados Unidos es demócrata que republicano, casi independientemente de cómo se mida el rendimiento. En el caso de muchas medidas, incluido el crecimiento del PIB real (en el que nos centramos), la brecha de rendimiento es grande y significativa. Este artículo se pregunta por qué. La respuesta no se encuentra en cuestiones técnicas de series temporales ni en una política monetaria o fiscal sistemáticamente más expansiva bajo los demócratas. Más bien, parece que la ventaja demócrata se debe principalmente a shocks petroleros más benignos, un desempeño superior de la productividad total de los factores (PTF), un entorno internacional más favorable y quizás expectativas de consumo más optimistas sobre el futuro a corto plazo”.

Tradicionalmente, antes y después de un proceso electoral se muestra la reacción de los mercados bursátiles como un indicador relevante sobre el candidato en cuestión, puesto que hay candidaturas más favorables y otras menos proclives al mercado. Así se tiene que el desempeño del Standard & Poor’s desde 1945 muestra que en promedio su rendimiento fue mejor con los Demócratas (11,2%) que con los Republicanos (6,9%). Esta diferencia se supone que se ampliaría si se toma el rendimiento récord hasta el primer trimestre de 2024.

También tenemos que desde 1945, el PIB de EEUU creció un promedio de 4,1% bajo los demócratas, en comparación con el 2,5% bajo los republicanos, debido a que muchas expansiones económicas han muerto durante las administraciones republicanas. Diez de las últimas 11 recesiones, que se remontan a la década de 1950, comenzaron durante una Casa Blanca dirigida por el Partido Republicano, ojalá no se cumpla esta regla para 2024 con Trump, que fue el primer presidente en no ser reelegido a pesar de ocupar el cargo durante tiempos ampliamente prósperos.

Actualmente, la economía de EEUU creció un 4,9% y un 3,2% en el tercer y cuarto trimestre de 2023 y a febrero de 2024, el desempleo está en 3,9%, la inflación en 3,2% y el crecimiento de los salarios reales ha vuelto a su tendencia alcista previa a la pandemia.

Con el triunfo de Biden sobre Trump en 2020, se pensó que iba a cambiar su política exterior agresiva y en especial su política comercial neoproteccionista. Sin embargo, Biden no solo continuó la política de seguridad nacional de Trump, sino que la profundizó, estableciendo, por ejemplo, en su estrategia nacional como objetivo explícito contener a China.

El neoproteccionismo de Trump, basado en parte en la aplicación de aranceles y restricciones para proteger a algunos productores, se amplió creando oportunidades para construir proyectos, contratar trabajadores y fabricar equipos necesarios para fortalecer las cadenas de suministro nacionales con la aplicación de más de 20 incentivos tributarios, dentro de la llamada Inflation Reduction Act.

Al final, parece que América Latina y el Caribe seguirán esperando, como siempre, algunos cambios de la política exterior de EEUU hacia su patio trasero, que ahora cuenta con un interesado como es China y posiblemente, en un corto plazo, con el arribo de la India.

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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¿Hay o no burbuja financiera?

La exuberancia reciente en las bolsas se relaciona con las empresas tecnológicas y en particular con la IA

Gabriel Loza

/ 20 de marzo de 2024 / 06:38

Hace un año ocurrió en EEUU una crisis bancaria o minicrisis que se gatilló con la caída del Silicon Valley Bank, uno de los principales prestamistas de las empresas tecnológicas estadounidenses, el décimo sexto banco en el ranking de EEUU y el primer banco grande en desplomarse después de la gran crisis financiera de 2008. Desató una clásica corrida bancaria relacionada con las empresas start up tecnológicas y el colapso del Signature Bank, un banco regional que se había centrado en los activos digitales al convertirse en uno de los pocos bancos que aceptaban criptodepósitos.

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El gobierno de EEUU actuó rápidamente y después se hicieron algunos cambios regulatorios. Sin embargo, Paul Davies en Las crisis financieras son una característica del sistema estadounidense, no un defecto, en Blomberg, señala que ha transcurrido un año desde los descalabros de Silicon Valley Bank y Signature Bank con los gritos renovados de “nunca más”, pero que los esfuerzos de las autoridades no solucionarán esencialmente el problema de la banca ni dejarán sin crédito a la economía. Concluye que “se trata de simples retoques de acuerdos políticos y sociales de largo plazo, en un país donde el sistema bancario se construye a partir de un equilibrio entre el poder de los grupos de interés para reclamar acceso a los créditos, la habilidad de los banqueros para ejercer presión en favor de sus protecciones y beneficios, y las necesidades de endeudamiento de los propios gobiernos”.

En este contexto del supuesto aterrizaje suave y de condiciones financieras relativamente más laxas, llama mucho la atención la efervescencia de algunos mercados financieros. Así tenemos el ascenso del Standars & Poors 500, uno de los índices bursátiles más representativos, desde un nivel cercano a los 4.000 hace un año hasta escalar a 5.117 el viernes de la semana pasada, equivalente a una suba del 28%

La exuberancia reciente en las bolsas se relaciona con las empresas tecnológicas y en particular con la Inteligencia Artificial. Parece que el capitalismo en su sobrevivencia, pese a fuertes perturbaciones y crisis, encuentra distintos salvavidas y drogas que le permiten alargar su vida y gozar de buena salud hasta ahora.

Según Reuters, el índice de referencia S&P 500 ha subido más del 25% en los últimos cinco meses, un fenómeno que ha ocurrido solo 10 veces desde la década de 1930. En un avance liderado por las sorprendentes ganancias del fabricante de chips Nvidia, el S&P ya ha alcanzado 16 máximos históricos este año, la mayor cantidad en cualquier primer trimestre desde 1945.

Es justamente la exuberancia del mercado, y en especial el boom de empresas como Nvidia (cuyas acciones han subido más del 80% este año después de triplicarse en 2023) lo que hace recordar con crisis pasadas cuando los precios de los activos se dispararon a alturas insostenibles solo para desplomarse, como la crisis de las puntocom de 1999 y los repuntes de las acciones meme (acción que gana popularidad entre los inversores minoristas a través de las redes sociales y generalmente se basa en memes de internet) de 2021.

El problema del auge de S&P 500 está en su alta relación con el desempeño de algunas empresas como Nvidia, aunque hace unos años estaba relacionado con el desempeño de las acciones de Tesla, llegando a decir JPMorgan: «Advertimos a los inversores que es probable que esta relación funcione a la inversa cuando la euforia de la IA alcance su punto máximo».

Adicionalmente, está el auge del Bitcoin (BTC) con un precio rondando los $us 70.000, cuando hace un año estaba en $us 28.000, como resultado de la aprobación en la bolsa de valores, en enero de 2023, del ETF (Exchanged Trade Fund) de Bitcoin, que es un instrumento de inversión que, aunque regulado, funciona como una acción en función del rendimiento del Bitcoin.

En conclusión, es muy difícil predecir si este auge es una burbuja y cuándo va a estallar. Ex post se dice que Roubini predijo el estallido de la crisis subprime en 2007-2008, pero desde hace tiempo sigue insistiendo en una crisis financiera y de deuda. Como ya no existen el oráculo de Delfos ni Nostradamus, las predicciones de los economistas han perdido aceptación y lo que único que podría decir, desde que empecé en mercados financieros internacionales con el Efecto Tequila, en el Banco Central, es que en el ambiente de los mercados financieros algo huele mal.

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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La otra cara del dólar

Hay que poner un nuevo blindaje acorde con los misiles de esta megacrisis y corregir nuestros errores o tocar madera

/ 10 de marzo de 2024 / 06:46

OPINIÓN

Como de costumbre, cuando se enfrenta un problema la idea no es tanto enfrentarlo sino el arte es echar la culpa a algo o a alguien. En el caso del fuerte desequilibrio externo que atraviesa la economía boliviana, expresada en una elevada escasez de divisas no tan transitoria porque lleva más de un año, aprovechando los datos del INE apareció el culpable, el déficit comercial en 2023 a diferencia del superávit de 2022 y en especial la balanza deficitaria de combustibles. Sin embargo, estos déficits son solo una parte del problema, un lado de una moneda de un dólar.

Como no tenemos los datos de balanza de pagos a diciembre de 2023, con base al tercer trimestre de 2023 podríamos analizar otros componentes; como el pago de intereses por deuda ($us 407 millones) y la remisión de utilidades al exterior ($us 394 millones), que al no ser compensadas por las remesas ($us 809 millones), la balanza de pagos en cuenta corriente presenta un saldo deficitario de $us 457 millones equivalente al 1% del PIB, mientras que en el mismo periodo en 2022 teníamos un superávit de $us 815 millones (Gráfico 1). Lo más probable es que para todo el año, dado además el déficit comercial a diciembre, el saldo negativo en cuenta corriente de la balanza de pagos sea mayor al 1,5% del PIB.

Todo este párrafo quiere decir simplemente que además del problema con la balanza comercial, el país tiene salidas netas negativas de divisas por concepto de servicios financieros, que no son compensadas por el ingreso neto de remesas del exterior, lo que ha ocasionado un déficit en cuenta corriente. Así, el saldo negativo de la cuenta corriente representa el endeudamiento neto (déficit) de la economía frente al resto del mundo. No obstante, este déficit es manejable y menor al de otras economías de la región, dado que las señales de alerta están en torno al 4% del saldo negativo respecto al PIB y, justamente, existe el financiamiento para apoyo de desequilibrios de balanza de pagos por parte del FLAR y el FMI. Cabe recordar que Colombia, Perú y Chile recurrieron al FMI con anticipación en 2022 justamente por los efectos de la pluricrisis. Hace un año exactamente, el 8 de marzo de 2023, en mi artículo de

La Razón (https://www.la-razon.com/voces/2023/03/08/los-efectos-de-la-guerra-y-las-opciones-de-politica/), advertí oportunamente: “El impacto más notorio en la economía boliviana de esta pluricrisis fue en el desequilibrio del sector externo, el cual se puede enfrentar con mayor endeudamiento externo, modificación del tipo de cambio y con uso de las Reservas Internacionales Netas (RIN). Bolivia optó por las RIN, las cuales, en enero de 2020, antes de la primera crisis, eran de $us 6.374 millones y que, a enero de 2023, como resultado de la pluricrisis, cayeron a $us 3.616 millones, mostrando una pérdida acumulada de $us 2.758 millones”. Si actualizamos la caída a $us 1.708,6 millones a diciembre de 2023, la pérdida acumulada desde el inicio de la pluricrisis es de $us 4.665.4 millones, equivalente a un 9,7% del PIB (Gráfico 2).

Empero, además de la cuenta corriente, el problema de fondo de la economía boliviana está en la cuenta financiera que registra “las transacciones relativas a los activos y pasivos financieros que tienen lugar entre residentes y no residentes”, la cuenta financiera mide la forma como se financia el endeudamiento neto según el VI Manual de Balanza de Pagos del FMI. Según el Banco Central (BCB): “La Cuenta Financiera registró un resultado equivalente a -4,7% del PIB ($us 2.142 millones), debido a desembolsos netos de deuda externa pública y el uso de Activos de Reserva, este último por las repercusiones del contexto internacional marcado por incrementos en el nivel de precios de los combustibles respecto al primer y segundo trimestre de 2023 y las tasas de interés a nivel global aún elevadas, desencadenando mayores presiones en el uso de divisas para la importación de carburantes y pago del servicio de la deuda externa”.  Sin embargo, el financiamiento externo neto fue mínimo y todo el ajuste recayó en la pérdida de RIN, puesto que el BCB señala que: “Por su parte, la Cuenta Financiera sin considerar el uso de Activos de Reserva presentó un financiamiento neto del exterior igual a 0,2% del PIB ($us 99 millones), principalmente por el aumento de pasivos en la Cuenta Otra Inversión por préstamos del gobierno general”.

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Empero, el reporte de Balanza de Pagos del BCB no hace mención escrita sobre la partida errores y omisiones, solo presenta sus cifras en el balance de pagos en forma separada de la Cuenta Financiera, donde aparece al tercer trimestre de 2023 el dato negativo de $us 1.688 millones, equivalente a un 3,5 % del PIB. El problema es que este saldo siempre ha estado presente en la economía boliviana históricamente (Gráfico 3). Según el FMI, “un valor siempre NEGATIVO para los errores y omisiones netos podría indicar que los asientos de crédito están sobreestimados o los asientos de débito están subestimados”, es decir, son saldos no registrados, ya sea de las transacciones corrientes, como por ejemplo el contrabando o de las transacciones financieras, como la salida de capitales.

Por tanto, podemos concluir que los problemas del desequilibrio externo en 2023 no solo están relacionados, por un lado, con el déficit comercial sino también, por otro lado, la Cuenta Financiera (amortización de la deuda, inversión directa extranjera e inversión en cartera) de y sus servicios (interés de la deuda y remisión de utilidades), a la que se añade un lado oscuro, un lado oculto, que es el monto significativo de la partida de Errores y Omisiones.

En síntesis, estamos frente a un desequilibrio estructural de varios componentes en los flujos comerciales y financieros, legales y no legales, que no responden a una coyuntura determinada ni son transitorios, sino que expresan problemas latentes gatillados por la conjunción de varias crisis desde 2020.  

Para terminar, reitero desanimadamente lo señalado hace un año: “En consecuencia, hay que poner un nuevo blindaje acorde con los misiles de esta megacrisis y corregir oportunamente nuestros errores o tocar madera”.

https://www.la-razon.com/voces/2023/04/05/incrementar-la-liquidez-en-moneda-extranjera/

Gabriel Loza Tellería Economista, cuentapropista y bolivarista

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Derrotar la inflación y el mediano plazo

Resulta que el FMI prescribe adoptar medidas monetarias contractivas para derrotar ‘definitivamente la inflación’

Gabriel Loza

/ 6 de marzo de 2024 / 06:35

A fines de febrero, en la reciente reunión en San Pablo de los ministros de Hacienda y las autoridades de los bancos centrales del G20, que reúne a las economías más avanzadas tanto desarrolladas como emergentes, la directora del FMI repitió las Perspectivas de la Economía Mundial de enero de 2024, en el sentido de que “tras varios años de shocks, prevemos que el crecimiento mundial se sitúe en 3,1% este año, con la inflación a la baja y mercados laborales estables. Esta resiliencia sienta una base para dirigir la atención hacia las tendencias a mediano plazo que están definiendo la economía mundial”.

Entre los economistas es tradicional la discusión entre el corto plazo y el largo plazo. Se hace generalmente mal uso de una cita de Keynes, en diciembre de 1923: “A largo plazo todos estamos muertos”, puesto que no se completa dicha frase y no se dice el contexto, ya que Keynes continúa señalando que “los economistas se plantean una tarea excesivamente fácil e inútil si en las épocas tempestuosas solo pueden decirnos que cuando la tormenta haya pasado de largo, el océano volverá a estar calmado”. Y lo dijo en su Tratado del dinero, cuando los economistas creían que los brotes de inflación se agotaban por sí solos y el mercado volvía al equilibrio inicial o a lo que unos ahora llaman “la nueva normalidad”, a la tasa del 2% de inflación.

Lea también: Buena suerte o buenas políticas

Las palabras de la directora, como el informe del FMI, huelen un poco a los planteamientos de los monetaristas de hace un siglo. Hacen, implícitamente, una separación entre corto y mediano plazo como si fueran dos momentos distintos en el tiempo y no una continuidad, estableciendo un corte entre las acciones que hacemos ahora sin considerar sus consecuencias en el mediano plazo. Así recomienda que “además de adoptar medidas monetarias y fiscales que sienten bases sólidas, las autoridades tienen que abordar con urgencia los factores que impulsan el crecimiento a mediano plazo”. La receta es adoptar medidas monetarias restrictivas y la “consolidación fiscal”, y una vez derrotada la inflación dirigir la atención a los problemas del crecimiento.

Resulta que el FMI prescribe adoptar medidas monetarias contractivas para derrotar “definitivamente la inflación” evitando “una moderación prematura o demasiado rápida de las tasas”. En este contexto, alaba la política del Banco Central de Brasil, de la cual no está de acuerdo el presidente Lula, porque fue uno de los “primeros Bancos Centrales en elevar su tasa de política monetaria, y luego relajar la política conforme la inflación retornaba a su meta”. Lo cierto es que, si bien fue uno de los primeros en subir su tasa hasta alcanzar el 11,75%, equivalente a una tasa real de 7,2 %, 4 puntos porcentuales por encima de la inflación, es casi uno de los últimos en bajar, como sucedió recién en febrero de este año, al reducir su tasa de política monetaria solamente al 11,25% nominal. En el ranking de las altas tasas de interés positivas (por encima de la inflación) está justamente el elogiado Banco Central de Brasil, con la tasa más alta do mundo después de Rusia (a la que por supuesto no alaba el FMI). 

La discusión, que ya se ha iniciado y que seguirá por mucho tiempo, es si los Bancos Centrales actuaron correctamente elevando simultáneamente sus tasas de interés. Para Stiglitz: “El aumento de las tasas de interés no resolvió el problema que enfrentamos: la inflación del lado de la oferta y del desplazamiento de la demanda. En todo caso, la desinflación se ha producido a pesar de las acciones de los Bancos Centrales, no gracias a ellas”.

Una posición más conciliadora es la de Joseph E. Gagnon (PIIE) al concluir que: Los resultados… sugieren que los shocks de oferta fueron los principales culpables, pero que la demanda probablemente jugó un papel de apoyo, especialmente en Estados Unidos.

No sé si esta famosa conclusión absuelve a los Bancos Centrales o los termina de condenar. Si así fuera, ¿se justificaría que, para enfrentar este simple papel de apoyo de la demanda, los Bancos Centrales en forma simultánea hayan desplegado semejante batería disparando sus misiles de elevadas tasas de interés, arengados por la general en jefe del FMI hasta derrotar la inflación?

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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