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Sunday 3 Mar 2024 | Actualizado a 06:19 AM

Y llegó el shock externo adverso

El problema son las fluctuaciones de los precios básicos, su alta volatilidad, con subas y bajas de sus cotizaciones

Gabriel Loza

/ 7 de febrero de 2024 / 07:45

Y llegó el adverso shock externo que anunciaba desde agosto del año pasado mientras se vivía el jolgorio del récord del superávit de la balanza comercial de más de $us 2.000 millones, puesto que, según el INE, con datos a noviembre de 2023, el déficit comercial es de 400 millones y probablemente sobrepase los $us 500 millones para todo el presente año, más del 1% del PIB.

¿Qué es un shock externo adverso? Es un evento exógeno a la economía de un país con efectos desfavorables y pueden ser choques comerciales y financieros. El shock de comercio se da con una contracción de la demanda externa y/o por una caída de los términos de intercambio debido al descenso de los precios de exportación. Los choques financieros se expresan en alzas súbitas de las tasas de interés y por salidas netas de flujos de capital. 

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Analizaremos ahora solo el choque comercial. El volumen del comercio mundial es un indicador de la demanda externa, que según el FMI, de un crecimiento del 5,2% en 2022 se precipitó a un 0,4% en 2023, prácticamente a un estancamiento. Por su parte, las exportaciones bolivianas, con datos a noviembre de 2023 cuya tendencia no cambiaría con diciembre, nos muestran una caída en el valor total de más del 20% con relación al mismo periodo en 2022. Este desplome es el cuarto en importancia en el presente siglo, después de la crisis de los commodities en 2015 (31,5%), la crisis financiera y del comercio en 2009 (22,3%) y la crisis del COVID-19 (20,6%).

La contracción de la demanda mundial se refleja en el deterioro de los precios de los productos básicos que exporta Bolivia, que a su vez tiene impacto en el déficit comercial. El Índice de Precios de los Commodities, que calcula el Banco Mundial, muestra que con relación a 2022 la caída en 2023 fue del 24,2%, que es la tercera caída en magnitud de las cotizaciones de materias primas en el presente siglo, después de la gran contracción del comercio en 2009 (33,4%), la crisis en 2015 (36,7%) y la crisis del COVID-19 (20,1%). Esta fuerte caída en los términos de intercambio no fue alertada ni es analizada por los organismos internacionales como la CEPAL.

El problema son las fluctuaciones de los precios básicos, su alta volatilidad, con subas y bajas de sus cotizaciones con relación al precio de las manufacturas. Sin embargo, dependerá del commoditie en cuestión, para verificar si se cumple la famosa ley de Prebisch del deterioro de los términos de intercambio, que curiosamente dio origen a la CEPAL que ahora anda en otros temas más importantes. 

En todo caso, una característica del shock externo es si éste se manifiesta en todos los sectores de exportación o solo en algunos productos. Según el Banco Mundial, en el caso de los combustibles, ya que somos importadores netos y nos afecta por el lado de las exportaciones y las importaciones, la caída fue del 29,9%. En cambio, los precios de los productos agropecuarios tuvieron una caída del 7,2% mientras que en el índice de precios de minerales y metales el descenso fue del 9,6%. Por el contrario, los precios del oro y la plata, considerados metales preciosos, siguen al alza y crecieron en 7,7%. El precio del oro volvió a romper la barrera psicológica de los $us 2.000 la onza troy fina.

El shock externo se manifestó lamentablemente en todos los sectores de exportación del país y en la mayoría de los principales productos de exportación. En el sector hidrocarburos, las exportaciones de gas, nuestro segundo producto exportador, descendió en 31,6%

Las exportaciones del sector agropecuario cayeron en 26% y, por ejemplo, la castaña disminuyó sus ventas externas en 45%. Cayeron también las exportaciones de los principales alimentos como soya y derivados (19,5%) y derivados de girasol (7,4%).

Las exportaciones de minerales bajaron en 11,3%, con el zinc, nuestro cuarto producto de exportación, con un descenso del 23,1%. En los metálicos, tenemos la caída del emblemático oro, primer producto de exportación que pese a la subida del precio el valor de exportación descendió un 14,1%, habrá que exigir una explicación a los cooperativistas. También le acompañaron en la rodada el estaño metálico (24,6%) y hasta la plata metálica (5,3%).

Lo que está claro es que los astros no se alinearon en 2023, que hubo una caída casi simultánea en los principales productos de exportación y que parece que no todo se debe a la mala suerte sino también a malas políticas (tarea para la casa), porque pese a buenos precios cayeron las exportaciones de los preciosos metales.

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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El ciclo del gas: buena suerte o buenas políticas

Políticas de Estado y la buena suerte influyeron en el ciclo del gas. Va a ser necesario también para el ciclo del litio

Gabriel Loza

/ 21 de febrero de 2024 / 07:05

En el país la tendencia de los análisis económicos, tanto a nivel oficial como no oficial, ha sido de dar más importancia al tema de la renta de hidrocarburos, al take government, es decir a los ingresos fiscales obtenidos por la nacionalización del gas y a su repartición. Pero antes de los ingresos fiscales, primero están los ingresos de divisas provenientes de las exportaciones de gas y, mucho antes, están los gaseoductos para exportar y, previamente, la exploración y explotación de los yacimientos de gas entre pozos viejos (San Alberto con el pozo SAL-X9 descubierto por YPFB en 1990) y nuevos pozos (el campo Margarita fue descubierto a finales de los años 90 y entró en producción en 2003), y a partir de 2010 con la concreción de un nuevo contrato con el mercado argentino, se impulsó el desarrollo del campo Margarita-Huacaya que se convirtió en el principal productor de gas natural con el 32% del total. Así, el 78% del gas proviene de cuatro campos descubiertos antes de 2005.

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Es decir, se trata de resultados de políticas estatales de largo plazo y que para no remontarnos muy lejos, a la Guerra del Chaco, nos remitimos solo a hace más de 30 años, a las políticas aplicadas en los años 90 y que recién empezaron a dar frutos a partir de 2000 cuando las exportaciones de gas solo representaban el 12,1% de las exportaciones totales. Durante el boom de los commodities llegaron a subir a un máximo de participación en el total exportado de 54% en 2013 y para luego declinar hasta llegar al 19% de incidencia en 2023, muy cercano al 17,3% de la participación respecto al total exportado que registró en 1992, volviendo de esta manera a principios del ciclo del gas de los 90.

Sin las exportaciones de gas nos hubiera golpeado muy fuerte la crisis global financiera cuando empezaron a caer las reservas internacionales a mediados de 2009, pero llegaba al Banco Central mensualmente la factura del gas por cerca de $us 300 millones y así hasta agosto de 2022, y luego empezaron a bajar a $us 200 millones en enero de 2023 y a $us 170 millones en diciembre, a lo que se sumaron los pagos pendientes por parte de Argentina.

Sin embargo, el tema no solo es el nivel de las exportaciones sino la propiedad y la renta de hidrocarburos. Con la Ley de Hidrocarburos de mayo de 2005, se recuperó la propiedad de los hidrocarburos en boca de pozo para el Estado Boliviano y estableció el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) con una alícuota del 32% del total de la producción de hidrocarburos, el cual sumado a la regalía del 18% daba una renta directa del 50%. La ley estableció que esta sumatoria “no será en ningún caso menor al cincuenta por ciento (50%) del valor de la producción de los hidrocarburos en favor del Estado Boliviano” (sic). Con base en esta norma, la llamada nacionalización de los hidrocarburos del 1 de mayo de 2006, el Decreto Supremo “Héroes del Chaco” no dispuso ninguna expropiación, sino una firma obligada de contratos de exploración y explotación y su aprobación en el Congreso, que cambió las anteriores condiciones que tenía Bolivia con las empresas petroleras. Dispuso la obligación de entregar en propiedad a YPFB la producción de hidrocarburos y su comercialización tanto para el mercado interno como externo. Estableció un adicional 32% a través de una participación adicional para YPFB hasta el 82%, y el saldo de 18% para las compañías.

Es decir, hubo un cambio político en la disposición del uso del excedente desde 2004, pero también los astros se alinearon puesto que después de que los precios de los commodities se mantuvieron en un bajo nivel entre 1992 y 2003, llegaron a triplicarse con el llamado boom del precio de los commodities (2004-2014), el cual primero se desinfló con la caída de los precios de la minería en 2011 y después con la caída de los precios del petróleo a partir de 2015. Esta fase declinante duró hasta el COVID-19 en 2020, para luego recuperarse los precios de los commodities en 2021 hasta mediados de 2022, cuando empezaron de nuevo a declinar hasta fines de 2023.

En conclusión, políticas de Estado y la buena suerte influyeron en el ciclo del gas. Va a ser necesario también para el ciclo del litio.

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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¿El fin de la Renta o Excedente Comercial de Hidrocarburos?

Por su posible agotamiento, los recursos hidrocarburíferos ya no están para salvarnos de la pluricrisis que empezó en 2022.

/ 18 de febrero de 2024 / 06:59

OPINIÓN

El dato del INE del déficit comercial de $us584,7 millones, equivalente a 1,2% del PIB, en todo 2023 ha impactado pese a que el país viene ya desde septiembre de 2022 hasta la fecha, registrando por 13 meses, de los 16 meses, saldos mensuales negativos comerciales por un acumulado de $us1.080,4 millones.

Sin embargo, en julio de 2022, en mi artículo publicado en LA RAZÓN “¿La recesión mundial a la vuelta de la esquina?”, pronosticaba que: “El impacto en nuestra economía se sentirá más en el segundo semestre de 2022 por lo que deberíamos estar preparados con todo el instrumental de la política económica y los mecanismos disponibles de financiamiento externo o, toquemos madera”. La recomendación en julio de 2022 no sirvió de mucho, ni siquiera tocar madera, puesto que se seguía resaltando el récord histórico de las exportaciones y el superávit comercial de 2022 durante gran parte del año pasado, mientras continuaban los saldos mensuales comerciales negativos casi consecutivos hasta culminar con el famoso déficit de 2023. https://www.larazon.com/voces/2023/07/26/desequilibrio- externo-transitorio/

El problema de los déficits comerciales no es algo nuevo. Recordemos que una de las críticas al modelo neoliberal fue justamente la de los déficits comerciales consecutivos. Por ejemplo, entre 1992-2003, por 11 años la balanza registró un saldo negativo promedio de $us 438 millones, puesto que en ese periodo el Índice de Precios de Commodities (Ipcom), con base 2010 igual a 100, tuvo un promedio de 35,8, lo que quiere decir un tercio del nivel alcanzado en 2010.

Gracias al gas y al boom de los precios de los commodities, cuyo índice subió en promedio a 99,3, es decir tres veces del periodo anterior, Bolivia registró entre 2004-2014 superávits promedio de $us 798,4 millones. El fin del boom de los precios de los commodities, si bien empezó en 2011 en la minería, se acentuó en 2014-2015 con la crisis del petróleo, habiéndose desplomado los precios de commodities de un nivel de 130 alcanzado en 2011 a 63,1 en 2020, equivalente a una caída de cerca del 50% de las cotizaciones, en pleno COVID.

Con la recuperación poscovid, los precios de los commodities subieron del bajo nivel de 63,1 alcanzado en 2020 hasta un máximo de 142 en 2022, registrando la balanza comercial un superávit promedio de $us 1.359 en esos tres años. Sin embargo, la caída del nivel de precios de los commodities empezó en el segundo semestre, después de haber alcanzado un máximo de 158,1 en junio de 2022 para terminar con un nivel de 102,1 en diciembre de 2023, reflejando un desplome de más del 35% en las cotizaciones de materias primas (Gráfico 1). Es decir, el país atraviesa desde el segundo semestre de 2022 por un shock externo severo en la caída de sus precios de exportación de sus productos básicos.

Sin embargo, el problema del déficit comercial no termina aquí, sino que la historia continúa, puesto que otro factor que influyó fue nuestro propio shock interno, producto de una caída consecutiva del volumen de producción de hidrocarburos en 2022 de 9,5% según el índice del INE y de 13,4% hasta noviembre de 2023. En contrapartida, aumentó el volumen de importación de combustibles (gasolina y diésel) desde 2021 con niveles estimados en 2023 en torno 1.803 miles de metros cúbicos en el caso del diésel.

Esta situación se refleja en el saldo comercial de la balanza de combustibles, que mide por un lado el valor de las exportaciones de gas natural y las importaciones de diésel y gasolina. En 2021 todavía teníamos un saldo favorable de la balanza de combustibles de $us 623,3 millones y en 2022 dejamos de ser exportadores netos y pasar a importadores netos con un saldo desfavorable de $us 100,2 millones y en 2023 con un déficit más alto de $us 895 millones, superior a saldo negativo total que fue $us 584,7 millones.

El hecho es que la reversión del saldo comercial de combustibles de favorable a desfavorable es un hecho emblemático dada la situación actual de escasez crítica de reservas internacionales.

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En el análisis económico tanto oficial como no oficial se le ha dado más importancia a la Renta de Hidrocarburos, al take government, a los ingresos fiscales obtenidos por la nacionalización del gas. Pero antes de los ingresos fiscales primero están los ingresos de divisas provenientes de las exportaciones de gas, que empezaron a ser relevantes a partir de 2000, cuando representaban el 12,1% de las exportaciones totales, para subir a un 54% en 2013 y después declinar hasta llegar al 19% en 2023. Sin las exportaciones de gas, la balanza comercial del país siempre hubiera sido permanentemente deficitaria de 2000 a 2023.

Una forma de medir la Renta Comercial generada por el sector hidrocarburos es el resultado de la diferencia de exportaciones e importaciones de combustibles desde el año 2000 hasta 2021. Este saldo positivo comercial acumulado fue de $us 42.957,4 millones, casi equivalente al PIB del país en ese año. Así, fue el excedente del sector de hidrocarburos el que alimentó principalmente el stock de las RIN, así como su caída y reversión de este excedente comercial explica la declinación de las RIN (Gráfico 1).

La Renta o Excedente comercial del sector hidrocarburos nos permitió enfrentar la crisis de 2008 y 2009, así como el fin del boom de los commodities que empezó en 2022 y se acentuó en 2014 con el desplome de los precios del petróleo. Sin embargo, el posible agotamiento de sus recursos de hidrocarburos, explicado en la caída de los volúmenes de producción, ya no está para salvarnos de la pluricrisis que empezó sus efectos a manifestarse a mediados de 2022 y que aún continúa a nivel global. Los astros ya no están alineados, ya no hay buena suerte y no hubo buenas políticas de sustitución de exportaciones, por lo que es probable que vuelvan los tiempos del déficit comercial hasta que un producto surja para salvarnos.

Gabriel Loza Tellería Economista, cuentapropista y bolivarista

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El mega-ajuste de Milei

En el Foro Económico de Davos, la opinión de muchos asistentes fue que el FMI estaría a la izquierda de Milei

Gabriel Loza

/ 24 de enero de 2024 / 06:59

Siguiendo el artículo de la economía de Milei publicado en La Razón, en esta entrega se analiza cuál es el enfoque global de las medidas propuestas; es decir si corresponden al clásico programa de ajuste estructural del FMI y, por lo tanto, la viabilidad de su financiamiento y apoyo.

El programa económico de Milei se encuentra en las 10 primeras medidas anunciadas el 12 de diciembre de 2023 por el ministro de Economía, en las 360 disposiciones del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU 70/2023), denominado Bases para la Reconstrucción de la Economía Argentina (que elimina derechos laborales, deroga la ley de alquileres, de góndolas y de abastecimiento, habilita la privatización de empresas públicas, modifica el sistema de salud y el código civil), y en los 664 artículos del proyecto de Ley Ómnibus (Ley de Bases y Puntos de Partida para La Libertad de los Argentinos), que en un solo paquete contiene varios proyectos separados, con tres anexos sobre las empresas públicas a estatizar, incentivos a las grandes inversiones y la ley de defensa de la competencia.

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El programa tiene como piedra angular la eliminación del déficit fiscal y su financiamiento mediante la emisión monetaria del BCRA, con el objetivo de alcanzar un equilibrio fiscal financiero en 2024. Otros componentes son la eliminación de regulaciones, restricciones y trabas burocráticas, y la corrección de precios relativos, en especial el tipo de cambio. Solo así se podría conseguir el restablecimiento del equilibrio externo. Un elemento clave es el saneamiento de la hoja de balance del BCRA, puesto que gran parte de la expansión monetaria para financiar al Tesoro Nacional fue esterilizada mediante la elevada emisión de pasivos remunerados del BCRA, que se denomina el déficit cuasi-fiscal. 

Así, el logro de equilibrios básicos en los frentes fiscal y externo, junto con la eliminación del crédito del BCRA al sector público, constituirán los cimientos de la estabilidad macroeconómica futura. El centro es el área fiscal: disciplina fiscal, reorientación del gasto público, la reforma impositiva, la privatización de las empresas públicas y la eliminación del crédito del Banco Central al sector público. Las medidas contemplan además la eliminación de los subsidios a las tarifas del transporte, luz, agua y gas, y de la fórmula que establece los aumentos jubilatorios, con el objetivo de barrer de un plumazo cinco puntos del PIB y alcanzar el equilibrio fiscal en 2024.

En cuanto a la política cambiaria, contrariamente a lo que parece después una megadevaluación del tipo de cambio oficial de 400 a 820 pesos argentinos, el BCRA (2023) señala que es una medida transitoria puesto que se tenderá gradualmente a un tipo de cambio unificado y competitivo. Así, el BCRA mantuvo el sendero de deslizamiento para el tipo de cambio de 2% por mes, el crawling peg, de manera de proveer un ancla nominal que se extienda más allá del periodo de sinceramiento de precios relativos. Por tanto, no está inicialmente aplicando la liberalización cambiaria o tipo de cambio flexible, ni tampoco el libre movimiento de capitales (libre financiamiento externo) que postula el FMI y el Consenso de Washington de segunda generación. Parte de las medidas fueron el mantenimiento del Impuesto PAIS a las Importaciones y de los derechos a las exportaciones. Respecto a la liberación financiera, contrariamente a lo esperado de dejar libre la tasa de interés, el BCRA redujo y fijó la tasa de interés de política monetaria de 133% a 100%. En lo que respecta a la flexibilización laboral, que está entre las medidas del DNU, la justicia laboral suspendió la aplicabilidad del Título IV del DNU 70/23.

Lo esperado fue que el día mismo que se dictaron las primeras medidas, 12 de diciembre, salió la Declaración de la Portavoz del FMI sobre Argentina respaldando las medidas anunciadas. El 10 de enero de 2024, el personal técnico del FMI y las autoridades argentinas anunciaron un acuerdo a nivel de personal técnico para la séptima revisión del acuerdo del Programa de Facilidades Extendidas (SAP, por sus siglas en inglés), que está sujeto a la aprobación del directorio ejecutivo del FMI, para tener acceso a unos $us 4.700 millones. Las metas para fines de 2024 son alcanzar un superávit fiscal primario de 2% del PIB, emisión monetaria cero y una acumulación de reservas de $us 10.000 millones. En el Foro Económico de Davos, la opinión de muchos asistentes fue que el FMI estaría a la izquierda de Milei, mientras que en Bolivia algunos economistas se ubicarían a la derecha de Milei.

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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¿La economía de Milei?

El pensamiento de Milei correspondería a la Escuela Austriaca que surgió en 1871, que inicialmente se llamó ‘marginalismo’

Gabriel Loza

/ 10 de enero de 2024 / 10:52

Después del primer impacto como resultado del triunfo de Milei, que para explicarlo se barajaron factores incluso psico-patológicos (ver La Razón), es necesario focalizarnos en el tema económico tratando en lo posible de hacer abstracción de otros factores que pueden enturbiar el análisis para poder determinar qué tipo de programa económico empezó a aplicar Milei desde diciembre pasado. 

Esta tarea es difícil, puesto que incluso pareciera que dentro de la propia coalición política que gobierna, e incluso dentro del equipo económico de Milei, aparentemente no se tiene consenso sobre el programa y el rumbo a seguir.

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En los medios de comunicación circuló la primera versión de “la economía de Milei” y los distintos calificativos de anarco capitalista, libertario individualista, populista libertario, neoconservador y ultraliberalista. Sin embargo, ahora en el campo político, como resultado de las recientes medidas se lo califica de liberalismo autoritario, bonapartista, extrema derecha o revolución reaccionaria. Pareciera una tendencia a un liberalismo económico con un autoritarismo político; una combinación tipo Pinochet en Chile o tipo Fujimori en el Perú.

Como el tema de Argentina es complejo y el gobierno de Milei está dando sus primeros pasos, se analizará su política económica por entregas, según el desenvolvimiento de las medidas y su realización.

Pasada la primera impresión centrada en la ridiculización de las propuestas económicas de Milei, como la de cerrar el Banco Central o el anti-Estado, es necesario examinar el trasfondo de dichas propuestas, puesto que corresponden a varios pensadores económicos que han influido o influyen en sus planteamientos.

Una forma de hacerlo fue siguiendo el nombre de los cachorros o perros de Milei, como lo hace Peter Jacobsen; Robert y Lucas, en homenaje al fallecido economista Robert Lucas y los otros dos llamados Milton y Murray, en conexión con los economistas/libertarios Milton Friedman e Murray Rothbard (https://rothbardbrasil.com/milei-odeia-o-estado-isso-sera-o-suficiente/). 

Sin embargo, Jacobsen señala que Rothbard tenía a Friedman como un adversario porque “no odiaba al Estado”. Rothbard considera al Estado «una banda depredadora de delincuentes”; tenía la convicción de que «el Estado es enemigo de la humanidad» y planteó ya en 1992 la eliminación del Sistema Federal de Reserva (Fed) de los EEUU. Recordemos que Friedman justificaba al Estado y al Banco Central en el manejo de la política monetaria para el control de la cantidad de dinero en la economía. Para ayudar a decidir si uno odia al Estado, Rothbard propone una hipótesis imaginaria simple: si hubiera un botón mágico que, al presionarlo, aboliera el Estado, ¿lo presionarías tan fuerte que te quedaría una burbuja en el dedo, o harías un análisis de costo-beneficio? Para Jacobsen, Milei odia al Estado y sería capaz de apretar el botón.

Jeffrey A. Tucker concluye que: “La victoria presidencial de Javier Milei en Argentina coloca al frente del Estado al primer autoproclamado ‘anarcocapitalista’ de la historia moderna” (https://rothbardbrasil.com/que-es-anarco-capitalismo/). Para Tucker, “lo central de la idea es que la sociedad no requiere una entidad arraigada de compulsión y coerción legalizada, llamada Estado, para hacer cumplir los derechos de propiedad, los contratos, la defensa y la sociedad comercial en general”. 

David Howden (https://mises.org/es/power-market/la-economia-de-javier-milei) señala que Milei escribió un capítulo titulado Capitalism, Socialism, and the Neoclassical Trap, que es una crítica mordaz de la teoría neoclásica del crecimiento. En ese capítulo, Milei concluye: “cuando quede claro que la corrección de los fallos del mercado por parte del gobierno, tal y como propone el paradigma neoclásico, es conceptualmente inválida, teniendo en cuenta que los únicos que pueden internalizar esos efectos son los individuos, una vez eliminada la separación artificial de los procesos de toma de decisiones, ya no habrá razón para la intervención gubernamental, lo que no sólo detendrá el avance socialista, sino que nos permitirá contraatacar”.

El pensamiento de Milei correspondería a la Escuela Austriaca que surgió en 1871, que inicialmente se llamó “marginalismo”, aunque se derivaría de Von Mises (1912), denominado de la tercera generación y de Hayeck (1944), denominado de cuarta generación. Empero, estaría más directamente influido por el de Murray Rothbard (1926-1995), de la quinta generación, que sería el padre del libertarismo moderno, al que llamó anarcocapitalismo.

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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Crisis o desequilibrio externo

El adverso shock externo que empezó a manifestarse desde agosto de 2022 se acentuó en 2023

Gabriel Loza

/ 27 de diciembre de 2023 / 07:44

Hacer un breve recuento del desempeño económico de Bolivia durante el año que se va, no es una tarea fácil ni agradable por dos razones. La primera, por la disponibilidad de los datos macroeconómicos, en su mayoría hasta el primer semestre de 2023 y la segunda, por la alta divergencia entre la versión oficial, que considera que vamos bien y que “nos encontramos entre las tres primeras economías de la región”, y que hay “toda una artillería” para hacer creer que hay crisis en el país, y la opinión de los economistas de la oposición que consideran que “el país atraviesa por una crisis económica profunda”.

Si los datos económicos deberían hablar por sí solos, lo más probable es que hablarían después en forma desfasada y no oportuna. Cuando la mayoría de la región está con datos del PIB al tercer trimestre, nosotros estamos con datos al primer semestre. No es que sean datos “amañados” sino atrasados. Y el INE nos dice que el PIB creció al segundo trimestre en 2,2% y la CEPAL proyecta esta tasa para todo 2023, mientras que el FMI la baja a 1,8%. Estaríamos entre las cuatro economías de América del Sur. En todo caso, la economía creció, y otros países como Chile y Perú están alrededor del estancamiento o cero de crecimiento, mientras que Argentina estaría en recesión (-2,5%).

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Los datos de inflación del INE sí son oportunos. A noviembre, la tasa anualizada de inflación es de 1,60% y sería la más baja después de Ecuador (1,53%) en América del Sur, pero si miramos más arriba encontramos que Costa Rica está en deflación (-1,65%). El INE tiene su metodología y si no le creen deben hacer como la Fundación Getulio Vargas en Brasil que saca su indicador independiente de los datos del Instituto de Estadísticas (IBGE).

Los datos del empleo son un poco rezagados. Al tercer trimestre estábamos con una tasa baja del 3,6%, la más baja en los últimos 10 años después de que en el tercer trimestre de 2020 llegó a 10,8%, además menor si se compara con otras economías como Chile que está en 8,9% y Perú, que tiene un fuerte sector informal similar al país, que está con 5,1%. Siempre se cuestiona la tasa de desempleo, pero es la que registra el INE y continuamente se toca el problema del sector informal que fue tradicionalmente alto en el país, especialmente desde 1985.

Donde no se profundiza el análisis es en el sector externo, que es donde se origina la crisis. La balanza de pagos está con datos al primer semestre de 2023 y registra un déficit de 0,6% del PIB comparado con el superávit del 3,1% del PIB en igual periodo de 2022. Según el BCB hubo una disminución de los activos de reserva de $us 1.272 millones. La balanza comercial a octubre de 2022 registró un déficit comercial de $us 177,4 millones, equivalentes a un 0,4% del PIB, por lo que es muy posible que en todo 2023 el déficit sea mayor, de esta manera es probable que tengamos un déficit en balanza de pagos y continúe la pérdida de reservas.

Debido a que la elevada inflación y el aumento de los tipos de interés pesan sobre el comercio y la producción en las economías avanzadas, y la desaceleración de China, la OMC espera que el crecimiento del volumen del comercio mundial de mercancías se ralentice hasta el 0,8 % en 2023 (frente a la estimación anterior del 1,7 %), antes de repuntar hasta el 3,3 % en 2024, tasa todavía menor a la registrada en el periodo precrisis (2013-2019), del 3,4% en promedio. (factsheet_dec23_e.pdf wto.org)

La contracción de la demanda mundial se refleja en el deterioro de los precios de los productos básicos que exporta la región, que a su vez tiene impacto en el déficit comercial. Con relación al promedio anual de 2022 respecto al promedio enero-noviembre de 2023, la disminución fue del 23,8% y en el caso de los combustibles —ya que somos importadores netos nos afecta por el lado de las exportaciones y las importaciones —, la caída fue del 29,5%. Por el contrario, los precios del oro y la plata siguen al alza y crecieron en 14,2% respecto a noviembre de 2022. El precio del oro volvió a romper la barrera psicológica de los $us 2.000 la onza troy fina. En cambio, los precios de los productos de la agricultura tuvieron una caída del 7,1%. En el índice de precios de minerales y metales el descenso fue del 9,5%.

En síntesis, el adverso shock externo que empezó a manifestarse desde agosto de 2022 se acentuó en 2023, provocando un fuerte desequilibrio externo de la economía boliviana, que sin embargo mantuvo un crecimiento con baja inflación y bajo desempleo.

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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