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Monday 15 Apr 2024 | Actualizado a 03:31 AM

La lección de AMLO

Andrés Manuel se irá a su casa en donde solo quiere vivir en paz, dijo. Que no lo busque nadie, ni para pedirle consejo, advirtió

Javier Bustillos Zamorano

/ 19 de febrero de 2024 / 10:03

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es un político carismático y del tipo popular que tiene un liderazgo basado en lealtades. El afecto que le tienen sus seguidores es proporcional al odio de sus detractores. Los que lo odian, lo odian a muerte y los que lo quieren, estarían dispuestos a todo por él.

El actual presidente de México nació en un pueblo de Tabasco rodeado de agua y pantanos, al que solo se llegaba en lancha. Desde niño conoció la pobreza, aunque nunca se dio cuenta, pues sus amigos, hijos de lancheros, pescadores, campesinos e indígenas chontales, vivían como él.

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En 1973 se fue a estudiar Ciencias Políticas y Sociales en la UNAM, donde tuvo como maestros a exiliados bolivianos, chilenos y argentinos que dieron sustento a sus convicciones y fortaleza a la hora de enfrentar al régimen autoritario y antidemocrático mexicano, al que Mario Vargas Llosa calificó en los años 90 como “la dictadura perfecta”.

Fue candidato a la presidencia en tres ocasiones, 2006, 2012 y 2018. En la primera elección le hicieron un fraude, científicamente comprobado, y en la segunda perdió porque el gobierno de entonces gastó cientos de millones de pesos en la compra de votos. La tercera fue la vencida, y con un nuevo partido, Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), ganó con el 53,19% de los votos.

El lema del gobierno de AMLO es “por el bien de todos, primero los pobres”, porque después de 40 años de neoliberalismo, más de 60 millones de mexicanos habían caído en la pobreza, en un país desmantelado, corrupto y sometido a una oligarquía depredadora que evidenció los extremos: hasta hace poco, el hombre más rico del mundo era el mexicano Carlos Slim, con una fortuna de $us 100.000 millones, según Bloomberg.

A la cabeza de un movimiento transformador, López Obrador obligó a los empresarios a pagar impuestos, estableció una política de austeridad, limpió de corruptos el aparato público y encarceló a millonarios que habían estafado al Estado. Con el dinero recuperado instauró apoyos económicos a campesinos, jóvenes, discapacitados y ancianos. Con los bienes confiscados, creó el “Instituto para devolver al pueblo lo robado”, de donde salen otro tipo de ayudas. Saneó la economía mexicana sin préstamos, sin subir impuestos, sin devaluaciones y subió casi al triple el salario mínimo.

En octubre de este año dejará la presidencia con un 73% de aprobación y conservando, según Morning Consult, el segundo lugar como líder mundial más popular, después de Narendra Modi de la India. En cada lugar al que va, la gente le pide que extienda su mandato: “seis años más” le gritan y él tiene que calmarlos, también a gritos, diciéndoles que su ciclo acabará, que no hay imprescindibles, que nadie es más importante que el proyecto político; que su afán no es el poder, que no cree en la reelección y en los líderes únicos e irremplazables. Que el movimiento transformador de México debe continuar sin él.

En 2019, firmó un documento ante notario público en el que se comprometió a no buscar la reelección. «… no quiero que le pongan mi nombre a ninguna calle, a ningún parque, que no me hagan ningún monumento, que no le pongan mi nombre a ningún ejido, a ninguna colonia, a nada… tengo palabra, lo más importante en mi vida es mi honestidad; no soy un ambicioso vulgar… uno de los principales errores de los dirigentes es no saber retirarse a tiempo… Un buen dirigente tiene que ser autocrítico y tener capacidad para rectificar. No se puede caer en la autocomplacencia… cuando se acepta el error, es imprescindible ofrecer disculpas y rectificar, con humildad”, ha dicho y ha escrito en sus libros.

Andrés Manuel se irá a su casa en donde solo quiere vivir en paz, dijo. Que no lo busque nadie, ni para pedirle consejo, advirtió. Quizás ahí, por fin, tenga la calma necesaria para disfrutar esa canción de Silvio Rodríguez que tanto le gusta y que pareciera estar dedicada a esos dirigentes que han perdido el rumbo. La que se titula Ese hombre, que en su último párrafo dice: “Ese hombre que por hechos o por dichos es amado tanto/ Ese hombre que por dichos o por hechos es alabado tanto/ Se cuide de sí/ Se cuide de él solo/ Porque hay un placer perverso en creer merecerlo todo/ Se cuide de sí/ Se cuide de él solo/ Porque el mismo don que lo levantó puede ahogarlo en lodo”.

(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista

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¿Qué ocurrirá en Haití?

La historia registra a Jean Bertrand Aristide como el único presidente haitiano democráticamente elegido desde 1804

Javier Bustillos Zamorano

/ 1 de abril de 2024 / 06:57

Lo que desde hace varias décadas ocurre: un grupo de países, con Estados Unidos a la cabeza, invadirá de nuevo el país con tropas para someter a los insurrectos, conformarán un gobierno transitorio y… pondrán a un nuevo gerente que cuide sus intereses. Con el tiempo, este nuevo gerente será repudiado porque los haitianos ya no quieren más intervenciones extranjeras, habrá nuevas revueltas, otras intervenciones, y así.

Siguen haciendo creer al mundo que los haitianos no pueden gobernarse solos. Francia y Estados Unidos, los mayores saqueadores de este país, no les perdonan aún su atrevimiento de llevar a cabo la primera revolución exitosa de esclavos en América, en 1791, y la primera independencia, en 1804. La rebelión de esclavos que echó de su territorio a Francia y cimbró al gobierno esclavista estadounidense que, tras varios intentos de represión, se vio obligado a abolir la esclavitud en 1863. Desde esos tiempos los castigan imponiéndoles títeres que no gobiernan para ellos, sino para los invasores. Francia invadió Haití en 1697 y se quedó casi 100 años; Estados Unidos, cuatro veces: 1915-1934, 1994-1995, 2004-2017 y 2017-2019.

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Haití tuvo 65 gobernantes, la mayoría militares, que llegaron al poder no a través de elecciones, sino mediante golpes de Estado financiados desde el exterior. Por eso, según Jake Johnston, investigador del Center For Económic and Policy Research, Haití, más que un Estado fallido, es un “Estado dependiente”, un Estado separado de la gente, con un contrato social roto que no representa a la población en sí porque no controla la economía, pues un 80 % de los servicios públicos están en manos de organismos privados, la mayoría conectados con empresas extranjeras.

La historia registra a Jean Bertrand Aristide como el único presidente haitiano democráticamente elegido desde 1804. Fue dos veces presidente, en 1991 y 2001. Fue de los pocos que vio por su pueblo y el único que se atrevió a desafiar de nuevo a Francia: le reclamó la devolución de esa millonaria indemnización que le cobró a la nueva república de Haití, luego de su independencia. Y no le pidió todo, solo $us 21.000 millones para ayudar a su empobrecido país. Lo tacharon de loco y lo único que logró fue un golpe de Estado y una nueva invasión estadounidense que lo sacó del gobierno en 2004.

Ese año, Estados Unidos, Francia y Canadá ocuparon la isla con una nueva coartada: la Minustah  (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití),  “para apoyar al Gobierno de Transición a fin de garantizar un entorno seguro y estable…” ¿Le suena la frase? Se quedaron hasta 2017. Después, estos mismos países, volvieron a invadir Haití en 2017 con la Minujusth (Misión de las Naciones Unidas de Apoyo a la Justicia en Haití) “que busca transitar…” Se quedaron hasta 2019.

¿Qué buscan hoy estos países, cobijados por la ONU y ahora con la complicidad de otras naciones del Caribe? Lo mismo, incluso con las mismas palabras: “Un Consejo Presidencial de transición, integrado por representantes de los diferentes sectores del país, que…”

Pero además de todo, y ya para finalizar con el tema, Estados Unidos, Francia y Canadá tienen otras 20.000 millones de razones para no dejar que los haitianos se gobiernen solos.

En 2012, Dieuseul Anglade, exfuncionario de la agencia minera de Haití, denunció que empresas estadounidenses y canadienses descubrieron nuevas vetas de oro, plata y cobre por unos $us 20.000 millones en colinas que antes no habían sido exploradas. Según una investigación de la organización Haití Grassroots Watch, son las canadienses Eurasian Minerals y Majestor, y las estadounidenses Newmont Mining y VCS Mining que, junto a sus subsidiarias locales, ya habían comprado licencias de explotación y otros permisos, y ya realizaban perforaciones.

En 2023, estudios realizados en otra zona de Haití, conocida como el macizo norte, donde están las localidades de Morne Bossa, Faille B y Grand Bois, descubrieron otros tres grandes yacimientos de oro de unas 26. 800 toneladas, junto a otros de cobre, aluminio, lignito, plata y carbonato de calcio. También petróleo e iridio. Las mineras canadienses y estadounidenses tienen actualmente la concesión de un 15% del territorio haitiano. ¿Se entiende ahora por qué seguirá la intervención extranjera en Haití?

(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista

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Haití, el precio de la libertad

La antigua Perla del Caribe está hoy en manos de un grupo de pandilleros que amenazan con desatar una guerra civil

Javier Bustillos Zamorano

/ 18 de marzo de 2024 / 07:19

Según un concepto estadounidense inventado en los años 90, luego de la caída de la Unión Soviética, Haití es un Estado fallido porque ya no tiene control de su territorio, sufre un vacío de poder, no puede satisfacer las necesidades básicas de su población y sus instituciones son frágiles. Lo que no dicen es que esto se debe, en gran medida, al saqueo que perpetraron España, luego Francia y después Estados Unidos, de toda la riqueza natural de este país que hace dos siglos era el más próspero del continente y precursor de libertades en América.

Fue el primer sitio al que las hordas españolas llegaron en 1492 y exterminaron a la población nativa de arawaks, que de ser 300.000 fueron reducidos a 200. Robaron todo el oro y mármol que pudieron y establecieron ahí su primera base militar. 150 años después llegaron los franceses que repoblaron el lugar con esclavos traídos de África para la explotación de algodón, café y azúcar. Esclavos que difícilmente llegaban a los 21 años de edad, por el agotamiento y los trabajos forzados en las plantaciones, los castigos brutales y la falta de descanso.

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Fue el tiempo, finales del siglo XVIII, en que esta isla se convirtió en el lugar más próspero del continente, tanto que desde esos días era conocida como la Perla del Caribe. Llegó a tener 600.000 habitantes, 90% esclavos y 10% colonos blancos que detentaban el 80% de la riqueza y todo el poder en el territorio. Más de 100 años duró el despojo, hasta 1791, cuando la poderosa Francia sufrió el revés más humillante que jamás imaginó: al mando de cientos de peones, el líder negro llamado Toussaint Louverture encabezó la primera revolución triunfante de esclavos en América que echó a los franceses de su territorio. 13 años después, otro dirigente, Jean Jacques Dessalines, concluyó la tarea y logró que Haití fuera el primer país de América Latina en independizarse, en 1804.

Dolida por la pérdida de su colonia más productiva, Francia exigió a la nueva república de Haití el pago de una indemnización por la pérdida de sus propiedades. ¿Cuánto? el equivalente a $us 560 millones actuales. ¿No tienen dinero? No hay problema, nosotros les prestamos. Haití tardó 70 años en pagar su deuda a los bancos franceses.

Quedó destruida económicamente y con una población empobrecida. Fue cuando entró en acción el otro imperio, el estadounidense, que invadió el país en 1915 con el pretexto de “no dejar a su suerte a un país muy pobre y demasiado inestable”. El entonces secretario de Estado norteamericano, Robert Lansing, dijo que la ocupación era una misión civilizatoria “para poner fin a la anarquía, salvajismo y la opresión”. Lo que no dijeron, y aún ahora lo esconden, es que un año antes, en 1914, enviaron a un grupo de marines que sacaron del banco nacional de Haití cajas con $us 500.000 en oro que de inmediato fueron trasladadas a las bóvedas del National City Bank que, años después, se convirtió en el actual Citigroup.

Según una investigación del The New York Times (junio de 2022), fue este banco estadounidense que ordenó la invasión de Haití y se apoderó de su administración financiera, con préstamos y otros mecanismos. Estados Unidos se quedó 19 años, asesinando y trasladando dinero haitiano a bancos de Wall Street. Se fueron en 1934, pero siguieron expoliando financieramente otros 13 años más, con la complicidad de dictadores como Francois y Jean Claude Duvalier. ¿Se explica ahora por qué Haití es el país más pobre de Latinoamérica?

La antigua Perla del Caribe está hoy en manos de un grupo de pandilleros que amenazan con desatar una guerra civil y un genocidio. Tienen tomado casi todo el país, atacaron el aeropuerto, liberaron a más de 3.500 delincuentes y obligaron a la población a refugiarse en escuelas y oficinas públicas, y a renunciar al exprimer ministro Ariel Henry. La prensa muestra muertos en las calles y ya hay escasez de alimentos…

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”, hizo decir Miguel de Cervantes a Don Quijote. Pero para los haitianos tuvo un precio muy alto.

(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista

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Hijos de la misma madre

¿En qué se parecen el exdictador nicaragüense Anastasio Somoza y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu?

Javier Bustillos Zamorano

/ 4 de marzo de 2024 / 09:53

¿En qué se parecen el exdictador nicaragüense Anastasio Somoza y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu?

1.- En 1838 Nicaragua se convirtió en una república soberana e independiente y 55 años después, en 1893, cayó dentro de la órbita estadounidense que buscaba apropiarse de sus recursos naturales: oro, plata, cobre, café y banano. En 1912, el ejército estadounidense ocupó el país e impuso un gobierno títere que, entre otras cosas, permitió el establecimiento de una base naval, derechos exclusivos para la construcción de un fallido canal interoceánico y el control de la United Fruit Company sobre la industria del banano. Se quedaron hasta 1933, cuando fueron echados por las tropas revolucionarias encabezadas por el general Augusto César Sandino quien, un año después, sería asesinado por órdenes del embajador estadounidense Arthur Bliss Lane.

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Quien lo mató, mediante un sicario, y reprimió sin piedad a sus seguidores, fue un aventurero, hijo de ricos, que había vivido desde chico en Estados Unidos y de regreso al país, se había convertido en cómplice de los invasores que lo premiaron nombrándolo jefe de la Guardia Nacional. Tres años después, ascendió a testaferro de los norteamericanos, mediante un golpe de Estado. Ya en el poder, Anastasio Somoza García inició una dictadura familiar que duró 43 años.

Gobernó a sangre y fuego, dio manga ancha a empresas norteamericanas y convirtió a su gobierno en una gerencia de Estados Unidos. Pero sobre todo se hizo multimillonario no solo con la explotación del oro, sino con la apropiación de los principales recursos económicos del país como el café, azúcar y el transporte, encarcelando, torturando o desapareciendo a quien se le opusiera. Se convirtió en el hombre más rico del continente.

Un día le preguntaron al entonces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, que porqué protegía a un corrupto y sanguinario como Somoza, a lo que él contestó: “Si, puede ser que Somoza sea un hijo de puta; pero es nuestro hijo de puta” (revista Time, noviembre, 1948).

2.- A finales del siglo XIX, a un periodista austrohúngaro llamado Theodor Herzl, se le ocurrió la idea de crear un Estado judío y buscó sitios donde instalarlo. Primero pensó en Uganda, Chipre, Kenia, Mozambique, el Congo y Argentina, pero se decidió por Palestina y bautizó a su proyecto con el nombre de sionismo. En ese entonces, Palestina estaba bajo el dominio del imperio otomano, región a la que ya le habían echado el ojo Francia y Gran Bretaña que en 1916, habían firmado un tratado secreto: al término de la Primera Guerra Mundial, Francia se quedaría con Siria y Líbano y Gran Bretaña con Jordania Irak y Palestina. Pero no esperaron al cese de fuego y, en 1917, Gran Bretaña invadió Palestina.

Herzl, que ya había creado la Organización Sionista Mundial, buscó de inmediato el apoyo de banqueros ingleses y otros personajes, que, tras una serie de negociaciones, finalmente le ayudaron a convencer al gobierno británico de establecer  “un hogar nacional judío en Palestina”. Lo que los británicos no sabían es que el sionismo no sólo buscaba ese hogar judío, sino también una limpieza étnica del territorio.

Así, comenzó la colonización blanca que, como la humedad, fue avanzando tan rápido que en 1947 Gran Bretaña se lavó las manos de la masiva expulsión de palestinos, pasando la estafeta a Estados Unidos, que se había convertido en mandamás de la naciente Organización de Naciones Unidas. La ONU emitió una resolución que dividió en dos el territorio, una parte judía y otra árabe, cosa que los sionistas no respetaron y en 1948 declararon unilateralmente la creación del Estado de Israel, con la complicidad estadounidense que desde ese año, le proporciona armas, protección política y una ayuda económica que, a la fecha, suma más de $us 130.000 millones. Los palestinos que, de ser dueños de todo el territorio, acabaron amontonados en la franja de Gaza y Cisjordania. El resto es historia que ya conocemos.

Cuando medio mundo le dice al gobierno de Estados Unidos que lo de Palestina no es una guerra, sino un genocidio; que ya van más de 30.000 muertos, la mayoría mujeres y niños; que Netanyahu debe ser juzgado como un criminal, Washington contesta como sabe: Si, puede ser que Netanyahu sea un hijo de puta; pero es nuestro hijo de puta.

(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista

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Made in USA

¿Casualidad? No, en política las casualidades no existen. Es el juego estadounidense que ha comenzado

Javier Bustillos Zamorano

/ 5 de febrero de 2024 / 09:51

Corría el año de 1971 en Estados Unidos y su presidente, Richard Nixon, tenía dos problemas que no lo dejaban dormir: el movimiento hippie que había seducido a gran parte de su población juvenil y los negros que exigían respeto a sus derechos civiles. No le importaba que los melenudos se dedicaran al amor libre y a la mariguana; lo que lo enfurecía era su abierta oposición a la guerra de Vietnam y a la Guerra Fría; su carácter abiertamente anticapitalista. Eso, junto al Movimiento del Poder Negro (Black Power), constituía una amenaza que había que eliminar. ¿Pero cómo?

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La solución se la dio uno de sus asesores: asociar a los hippies con la mariguana y el LSD y a los negros con la heroína. Luego, criminalizarlos a través de los medios de comunicación y finalmente intervenirlos y desarticularlos sin violar la ley. A ese plan Nixon le llamó la “Guerra contra las drogas”. Así nació ese gran engaño internacional estadounidense que le sirve de coartada para su política injerencista en Latinoamérica. El propio asesor de Nixon, John D. Ehrlichman, entonces consejero de Seguridad, lo reconoció años después en una entrevista:

 “La Casa Blanca tenía dos enemigos: la izquierda antiguerra y la población afro-estadunidense… Sabíamos que no podíamos convertir en algo ilegal estar en contra de la guerra o ser negro, pero lograr que el público asociara a los hippies con la marihuana y a los negros con la heroína, y después criminalizarlos severamente, podríamos irrumpir en esas comunidades, arrestar a sus líderes, catear sus casas, disolver sus reuniones y vilipendiarlos noche tras noche en los noticieros. ¿Sabíamos que estábamos mintiendo sobre las drogas? Por supuesto que sí”. 

Con ese mismo retorcimiento de la verdad, el gobierno de George W. Busch, inventó después la “guerra contra el terrorismo”. Engañó al mundo al decir que Irak poseía armas de destrucción masiva e invadió el país con la mira puesta en sus grandes reservas de petróleo. No le importó matar a 650 mil iraquíes. Y así con sus guerras contra el comunismo y ahora contra el narcotráfico. Hoy, que el águila norteamericana tiene una garra metida en Ecuador, lo que sigue es su plan regional latinoamericano para tomar por asalto su petróleo, oro, cobre, litio, agua dulce y demás recursos naturales, que la propia jefa del Comando Sur, Laura Richardson, anunció meses atrás, cuando habló de un “juego” que su gobierno debía empezar frente al avance de Rusia y China en la región. Y ya empezó a mover sus alfiles y peones:

1.- convulsionan Ecuador y meten miedo a su población con montajes como los de su canal de televisión; el gobierno habla de un “enemigo interno” al que califica de “narcoterroristas”; declara estado de sitio y acepta una intervención extranjera.

2.- El gobierno estadounidense envía de inmediato a sus estrategas políticos y a la Jefa del Comando Sur, para que establezcan allá “acuerdos de cooperación militar que permitan intercambio de información de inteligencia y operaciones conjuntas contra las amenazas del crimen organizado”. ¿Es todo? No, porque al día, siguiente, en una entrevista con el periódico ecuatoriano Primicias, a Laura Richardson se le fue de nuevo la lengua: Estados Unidos hará una transferencia de equipos militares y otros insumos por un valor de 93.4 millones de dólares; que soldados ecuatorianos irán a capacitarse y de allá vendrán tropas de fuerzas especiales; que habrá más presencia de agentes del FBI…Y la cereza del pastel: “Queremos ayudar a Ecuador a través de esto, y no es solo Ecuador, sino también todos los demás países de la región que están siendo desafiados por estas amenazas criminales, el cambio climático, la sequía, la inseguridad alimentaria, respuesta a desastres, migración irregular. La inseguridad y la inestabilidad. Entonces, ¿cómo ayudamos con eso como región? ¿Cómo pueden todos los países trabajar mejor juntos?” 

3.- Perú y Ecuador, dos gobiernos claramente pro estadounidenses, convocan a una reunión urgente de la Comunidad Andina y en menos de 24 horas, nace en Lima la “Red andina de seguridad” integrada por Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú que buscarán formar una  “Alianza Latinoamericana Antinarcóticos”…

¿Casualidad? No, en política las casualidades no existen. Es el juego estadounidense que ha comenzado.

(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista

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¿Fue un montaje?

Javier Bustillos Zamorano

/ 22 de enero de 2024 / 07:44

Eran casi las siete de la mañana de ese 9 de diciembre de 2005. El noticiero matutino de Televisa interrumpió la barra de comerciales para anunciar en voz de su locutor la transmisión en vivo de un operativo de la policía mexicana. “Atención, estamos a punto de ver en vivo y en directo un duro golpe contra la industria del secuestro”, decía, mientras las imágenes mostraban a un grupo de uniformados entrando a una casa, con los fusiles de asalto apuntando a uno y otro lado. Un reportero que los seguía de cerca, agitado, decía “¡tenemos información de que aquí están tres personas secuestradas y dos de los secuestradores!” “¡Al parecer están armados!”

Las imágenes mostraron el ingreso de los policías a una habitación donde ya se encontraban dos personas, una tendida en el piso y otra sentada, cubierta con una manta. La cámara mostró dos ametralladoras y el reportero dijo “aquí están sus armas”. Luego enfocó el rostro de los detenidos, a quienes el reportero gritaba ”¡cómo se llama, cómo se llama!” y otras preguntas.

Sin cortes y con la narración sobrecogedora del reportero se informó que los dos pertenecían a la banda de secuestradores “Los zodiaco” y que ahí tenían a tres personas, una menor de edad, que “¡gracias al gran operativo policial fueron rescatadas sanas y salvas!”

La exclusiva de Televisa fue un campanazo mediático que fue reproducido por los demás medios mexicanos. El gobierno emitió spots que hablaban de “lucha frontal contra el crimen”, “acabar con los delincuentes”…

Dos meses después, se sabría que todo fue una farsa, un montaje, que todo fue actuado y que todos lo sabían: el gobierno, la policía, el canal de televisión, el locutor, el reportero y los supuestos secuestrados. Fue el caso de la ciudadana francesa Florence Cassez y del mexicano Israel Vallarta.

Al ver el video completo de la toma del noticiero ecuatoriano y lo que vino después, no pude dejar de pensar en que esto, también, podría ser un montaje: 13 muchachos se meten al set de televisión, se hacen colocar micrófonos inalámbricos y se pasean frente a la cámara, ¿para qué? ¿Hacerse ver, nada más?, porque en ningún momento exigen algo. Uno de ellos dice “con la mafia no se juega”. ¿Mafiosos armados con revólveres antiguos, un arma larga que se parece a una escopeta de balines por su cañón ancho; una granada, un envoltorio y un cartucho de dinamita, cuando los sicarios de verdad usan ametralladoras Browning de 700 tiros por minuto, fusiles Barrett que perforan blindajes y lanzagranadas? ¿Mafiosos “con armas de guerra”, según CNN y otros medios ecuatorianos, que no huyen y permanecen hasta que la policía llegue y los capture así de fácil? ¿Una cámara que, según dijeron, fue abandonada en una toma fija pero que en un momento del video gira hacia la puerta del set, por donde de un momento a otro entrará la policía? ¿Un video presentado con música de suspenso?

¿Un locutor de ese mismo canal que casi simultáneamente relata en exteriores la entrada de la policía y, sin venir al caso, habla de temores en la población y dice que varios negocios, oficinas, tiendas comerciales y otros cerraron sus puertas? ¿Motines en cárceles donde dicen que fueron secuestrados más de 100 funcionarios y que a las pocas horas son liberados, sin ninguna exigencia ni reclamo de parte de los reclusos? ¿Cárceles en donde, luego de su revisión, se encontraron mayormente electrodomésticos y licores?

¿Un gobierno que impone un estado de sitio y al día siguiente propone subir el IVA de 12 a 15%? Y lo más sospechoso: ¿la jefa del Comando Sur del ejército estadounidense, Laura Richardson, va de inmediato a ofrecer su “ayuda”? ¿Esa que hace poco dijo que Sudamérica era importante para la seguridad nacional de Estados Unidos por sus recursos naturales, petróleo, cobre, oro, agua dulce, litio y tierras raras? ¿Y que por eso el gobierno de su país debería empezar “su juego”? ¿Ya empezó? ¿Se reinstalará la base militar estadounidense de Manta, que en el gobierno de Rafael Correa fue retirada? ¿Entrarán las tropas norteamericanas a Ecuador, tal como lo anunció ya el presidente Daniel Noboa, que nació en Miami y desde su juventud se formó en escuelas y universidades de Estados Unidos?

La Razón da la bienvenida a nuestro nuevo columnista Javier Bustillos Zamorano. Tenemos la certeza de que sus opiniones enriquecerán la pluralidad de visiones que habitan estas páginas. Sus textos se publicarán cada 15 días.
Esta casa periodística sigue creciendo.

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