Voces

Monday 15 Apr 2024 | Actualizado a 07:16 AM

Mirar para otro lado

‘Zona de interés’ aparenta tocar un tema del pasado pero nos habla del presente

Ricardo Bajo

/ 21 de febrero de 2024 / 07:15

Una compañera cuenta en las redes sociales que un chico se acercó a hablarle en Carnavales y se autodenominó como “facho”. También le dijo que dios la amaba y que él la respetaba. La compañera recuerda, retuiteando otro mensaje, que hubo una época en la que ser un “facho hijo de re mil putas” era una vergüenza. (Nota mental uno: y lo sigue siendo).

En esa anécdota estaba pensando después de ver Zona de interés, la película del director inglés Jonathan Glazer, adaptación libre de la novela del recientemente fallecido Martin Amis, también inglés. The zone of interest narra la apacible vida de la familia del comandante de Auschwitz, Rudolf Hoss, en su linda casa con jardín y piscina pegada al campo de concentración nazi.

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¿Cómo te conviertes en un fascista? ¿En un nazi? ¿Por qué miramos para otro lado? ¿Por salud mental? ¿Por mantener nuestros privilegios? ¿Por creernos mejores? ¿Los verdugos/asesinos nazis son monstruos (como han sido dibujados en cientos de películas) o son personas “normales”, como tú y como yo?

Zona de interés es una película alta/profundamente política; también es un inquietante relato de terror/horror psicológico con fundidos en blanco, rojo y negro. Cuando sales de la oscuridad de la sala (está actualmente en cartelera), continúa en tu cabeza, como el buen cine. La peli es una obra (conceptual/experimental) de tesis, es una inmersión a través del sonido, la música y el permanente fuera de campo (no vemos casi los hornos crematorios ni el tristemente «Konzentrationslager» en territorio polaco).

Vamos a escuchar tan solo —en medio de la vida idílica de esa familia feliz— constantes disparos por acá, el ruido de los hornos por allá, una luz roja perturbadora por acullá. Ese omnipresente fuera de campo (todo lo que intuimos que pasa dentro de Auschwitz) exige un espectador activo/pensante, como el buen cine. Sonido e imagen transcurren por conductos separados. Como en El gran movimiento de Mauricio Miguel Quiroga Russo, el sonido es un personaje más.

La puesta en escena marcada por la frialdad y el distanciamiento de la cámara acrecentarán el desasosiego. No pasará nada a lo largo de casi dos horas de metraje. Aunque todos somos conscientes de que al otro lado del muro están siendo asesinados miles y miles de personas. Como hoy en Gaza.

Zona de interés es una película profunda/altamente molesta, juega a eso. El director quiere trasladar a la platea de la sala oscura esa sensación de ansiedad y desazón. Y lo logra. ¿No hacemos nosotros —tú y yo— lo mismo que esos verdugos nazis? ¿No consumimos a diario el horror de los bombardeos sionistas sobre hospitales y escuelas palestinas? ¿No estamos vacunados con dosis de insensibilidad? ¿Nos hemos endurecido y hemos perdido la capacidad de empatía?

La película, con cinco candidaturas al Óscar entre ellas mejor película y mejor dirección, nos habla de la banalidad del mal. Nos habla de este sistema capitalista que nos traga y devora, de esta deshumanización que nos consume a diario. Por cierto, ¿es banal retratar así la banalidad del mal?

Zona de interés (término que usaban los nazis para los campos de concentración y sus alrededores) aparenta tocar un tema del pasado pero nos habla del presente. Nos confronta y nos pone contra la pared. Intenta sacarnos de nuestras zonas de confort. Y lo logra. Nos habla de memoria y de complicidad.

¿Olvidamos los genocidios de ayer para soportar los genocidios de hoy? ¿Estamos anestesiados por las grandes cifras? ¿Cómo somos capaces de ver en nuestras redes sociales cadáveres de niños palestinos colgados sobre la pared después de un bombardeo israelí y luego pasar a videos de gatos y perros? ¿Las víctimas de los campos de concentración no eran personas como nosotros? ¿Los palestinos no son seres humanos?

Todos somos esa mujer que carga la wawa y se concentra en su huerto con verduras, romero y hermosas flores (rosas, amapolas, azaleas, ojos de poeta) mientras asoma un humo asesino por el horizonte. (Nota mental dos: la actriz alemana que interpreta a la anestesiada esposa del jefe nazi de Auschwitz es Sandra Huller, la misma protagonista de esa otra obra maestra —aún en cartelera— llamada Anatomía de una caída).

Todos somos ese hombre (interpretado por el actor alemán Christian Friedel) obsesionado por las cámaras de gas y su eficacia/productividad, catecismo del capitalismo; ese hombre que lee cuentos a sus hijos por la noche; ese hombre que adora a su caballo y ama a los perros (como Hitler). El verdugo eres tú, el verdugo soy yo. Y los fachos perdonavidas que nos hablan en Carnavales y vienen a decirnos con autosuficiencia que dios nos ama. Aunque él (también) mire para otro lado.

(*) Ricardo Bajo es un pinche periodista

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Cinemateca, travesía por el desierto

¿Se acuerdan cuando la Cinemateca era un punto de reunión social? Dejemos de usarla como arma arrojadiza

Ricardo Bajo

/ 3 de abril de 2024 / 07:17

En noviembre del año pasado, centenares de personas firmaron una carta que pedía cuentas a la Cinemateca, “preocupados por el visible y creciente deterioro institucional”. Dos personas (Mauricio Souza y Sergio Calero) impulsaron la misiva. El primero había querido acceder al Archivo en el marco de una investigación. El segundo había cotizado el precio de alquiler de una sala para proyectar su película sobre Pink Floyd. Ambos se quedaron con las ganas; la plata no alcanzaba.

La carta fue respondida por los seis miembros de la máxima autoridad de la Fundación Cinemateca Boliviana, el Consejo de Fideicomisarios. En dicha respuesta, los seis (Carlos Mesa, Ximena Valdivia, Eduardo Quintanilla, Antonio Eguino, Marcos Loayza y Fernando Cajías) anunciaban la apertura de un proceso de invitación a personalidades relevantes del quehacer cultural y audiovisual de Bolivia para que se integrasen como nuevos fideicomisarios (tarea ad honorem, por si acaso).

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Han pasado ya varios meses y el consejo no ha visto incrementar ni su número ni su pluralidad. Ocurrió todo lo contrario: en febrero. Marcos Loayza anunciaba su retiro. El año pasado Mario Castro —por motivos de salud— renunció y Pedro Susz, uno de los fundadores de la Cinemateca, pidió licencia indefinida “entretanto no se proceda a una re-institucionalización seria” (Susz dixit).

La directora de la Cinemateca, Mela Márquez Saleg, fue nombrada en 2010 por un directorio que hace años no se reúne con un consejo de fideicomisarios menguante. La propia Mela y el (ahora) quinteto de fideicomisarios —dominado por Mesa y dos personas de su confianza como Valdivia y Quintanilla— admiten que el edificio de la Cinemateca necesita refacción (los baños, las condiciones de proyección), necesita más personal (el proyeccionista te vende la entrada y las pipocas, abre la sala y corre a proyectar) y más presupuesto.

Es una obviedad que la Cinemateca vivió días mejores y actualmente transita por el desierto (en lenta agonía, a pesar de los esfuerzos titánicos y en solitario de su directora). Los intentos por captar capital privado (y donaciones) han fracasado. No ayuda por supuesto la ausencia de una ley de mecenazgo (cultural y deportivo). A estas alturas, la (única) solución es un convenio de trabajo conjunto con la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia para salvaguardar/mejorar el archivo (entre otras cosas).

La sola sugerencia que la Cinemateca pase a “manos masistas” altera/enerva a partes iguales. Sobre mi cadáver, dicen unos. Antes muertos, que entregar al MAS, dicen los otros. Me recuerda este histerismo a la consigna previa a las últimas elecciones municipales en La Paz: “votaré por cualquiera antes que por un masista”. No importó que ese “cualquiera” no tuviera la capacidad. Años después, por culpa de ese “cualquiera”, llegaron inundaciones y muertes que se podían haber evitado.

Lo triste es saber que algunos fideicomisarios confiesan en petit comité que un convenio con la Fundación Cultural del BCB es la (única) salida. ¿Por qué no defienden esa creencia en público? Por temor a que los más radicales levanten el dedo para acusarlos de la peor enfermedad: (filo)masismo.

Lo paradójico es que la gran mayoría de firmantes de la carta de Souza/Calero (personas muy alejadas de cualquier simpatía masista) fueron hombres y mujeres nada sospechosos de tener empatía con el gobierno. Dice el colega Alfonso Gumucio en un reciente artículo de prensa (La casa del cine) que “si el Estado apoyara la Cinemateca sin mellar su independencia (como en México, Francia y casi todo el mundo) se podría hacer mucho más”. Y añade: “somos muchos los que vamos a defender la independencia de la Cinemateca”.

¿Y si esa “independencia” significa una muerte agónica? ¿Y si mejor deponemos las armas y miramos todos juntos por una de las instituciones más queridas por la ciudadanía? La Cinemateca fue designada por ley como «custodia» del patrimonio nacional de cine e imágenes en movimiento; por tal motivo nos debería interesar a todos y todas. Nota mental: la ley también obliga a la Fundación Cinemateca Boliviana a informar públicamente y de manera regular de su situación.

Se pueden hacer/soñar (tantas) cosas bonitas. Como que todos los y las cineastas sientan esa casa como propia. Como que los estudiantes universitarios vuelvan a pagar la mitad con su carnet. Como que no sea necesario tres personas para ver una “peli”; que vuelvan las charlas; que regrese el café del último piso, la revista, el trato amable con el público cinéfilo… ¿Se acuerdan cuando la Cinemateca era un punto de reunión social? Dejemos de usarla como arma arrojadiza. Salvar la Cinemateca es tarea de todos y todas.

PD: el que esto escribe es un asiduo de la Cinemateca y su maravilloso archivo.

(*) Ricardo Bajo vende escobas

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Norah Zapata, momentos de ceniza

La poeta Norah Zapata-Prill regresa al país desde Lausana-Suiza para presentar tres nuevos poemarios en Cochabamba y La Paz

Por Ricardo Bajo H.

/ 31 de marzo de 2024 / 06:55

Norah se fue a Europa en los setenta. Cochabambina de nacimiento, vivió en La Paz desde los ocho años hasta que llegó la hora de la partida en medio de la dictadura de Banzer. Iba para odontóloga, luego fue profesora de literatura (otro dolor de muelas) y terminó en Italia y Suiza al frente (durante cuatro décadas) de centros de psicogeriatría. Cuando salió al exilio, Norah Zapata-Prill (luego explicaremos ese “extraño” segundo apellido pegado con guion al paterno) ya era poeta. Norah es hoy una de las voces mayores de la poesía boliviana. Y de cuanto en cuanto regresa a Bolivia, como ahora.

Norah Zapata-Prill presentó el miércoles pasado en la Fundación Patiño de Cochabamba su último poemario Eclipses (2023), editorial Letreo (el sello fundado por Benjamín Chávez y Gary Daher). El libro -con prólogo de Vilma Tapia- tendrá este jueves 4 de abril su presentación en La Paz (pizzería Efímera, Sopocachi, 19.00). Sostiene Vilma que “Eclipses trae al lenguaje lo aparecido y develado en la experiencia liminal: en la vivencia del cuerpo malherido, en la sospecha de muerte, en los episodios de dolor y temor extremos y en los sueños, es decir, en la vasta complejidad que define una situación de clínica”.

Después, Norah volverá a su “Llajta” para leer poesía en la librería Atenea el viernes 12 de abril con motivo de la presentación de dos nuevos libros de la Yerba Mala Cartonera (“Crónicas de un desvanecimiento” de la cubana Maielis Gonzáles y los textos ganadores del II Concurso de Cuentos “Crispín Portugal”).

Cinco días después, el miércoles 17, presentará también en Cochabamba otro poemario Ágape, editorial 3600, con prólogo de su colega Marisol Quiroga quien dice en el prólogo: “Ágape no es sólo testimonio, sino también, y fundamentalmente, un darse a sí mismo y, a través de sí, dar el mundo que se atestigua, la ofrenda no puede ser otra que la palabra, lo escrito y lo (aún) no escrito, el salmo y el grito con que se nombra ese amado y efímero mundo interior/exterior y se entrega”.

Presentación del libro en el Espacio Patiño. Norah junto a Vilma Tapia, Benjo Chávez, Melita del Carpio Soriano, Rosalba Guzmán y Alba María Paz Soldán.
Presentación del libro en el Espacio Patiño. Norah junto a Vilma Tapia, Benjo Chávez, Melita del Carpio Soriano, Rosalba Guzmán y Alba María Paz Soldán.

Su ajetreada agenda (que también la ha llevado estos días a Santa Cruz) dice que volverá a finales de abril a la ciudad de La Paz para presentar (el 24) el tercer libro de esta gira 2024: Jadis y ahora (Plural editores) donde “vuelve a confirmar su presencia y contundencia verbal” según dice en el prólogo Mónica Velásquez Guzmán quien añade: “el momento escribiente es el de la ceniza y no el del fuego; el de la vejez y no el de la evocada plenitud; el del silencio y no el del diálogo”. Entre idas y venidas, charlamos con Norah, la poeta que siempre regresa.

– Has vuelto en varias oportunidades (me imagino que no tantas como si hubieses deseado) a Bolivia y sus/tus ciudades (Cochabamba, Santa Cruz y La Paz), ¿cómo han sido esos regresos desde que te instalaras en Suiza en el 78? ¿Han sido dolorosos después de 40 años de ausencias?

– Mi niñez y mi adolescencia han sido difíciles por las emigraciones diversas. Mi juventud, igualmente. Muchos cambios y frustraciones. No siempre se realizan los deseos como uno quiere y esto hace daño. Pero, los cambios significan encuentros, descubrimientos. Algunos bienhechores.  Es el caso de mi emigración a Suiza donde al fin me instalé, tal vez, definitivamente.

– Tu (atrevida/valiente) poesía erótica de los 70 esconde el desencuentro, el desamor, la pérdida del ser amado. Cito un poema tuyo (lo reproducimos en estas páginas) rescatado de Presencia Literaria del 72 que leí el otro día en la hemeroteca: “¡Qué ideas tienes / poner un cuadro obsceno en el pasillo! / y ¿si me desnudara aquí sin más? / ¿me clavarías en tu lecho? / ¿Buscarías la nueva alcoba para mirarme desconocida / buscarías donde recordarme con mis pocas alegrías absurdas? / ¿un encaje en el sostén / una simulada prostitución en el escote de mi blusa?”. Dice el escritor Guillermo Ruiz Plaza (otro boliviano autoexiliado en las Europas, como tú) que el desgarro y el miedo a la perdida son dos grandes temas de tu poesía. ¿Han sido una constante o han apareciendo/desapareciendo?

– Figúrate que no me acuerdo de ese poema. Guillermo Ruiz Plaza (gran poeta y amigo del alma) tiene razón cuando afirma que el desgarro y el miedo son mis temas. Acaso no preferidos pero constantes. Creo que esos temas recurrentes son la motivación de la escritura de toda poeta existencialista.

– Deseo/beso y viaje. Viaje y pasión casi se confunden. Has vivido en Italia donde incluso has organizado festivales de poesía. Vives ahora en Suiza (donde fuiste directora de un centro médico social psico geriátrico de Lausana, hasta tu jubilación). A ratos te imagino como el personaje japonés de la última película de Wim Wenders, perfect days y su lema de vida: “Ahora es ahora y la próxima vez será la próxima vez”. ¿Nunca sentiste tentación por la nostalgia?

– Desconozco al cineasta que mencionas y su película. Pero igual, el tema de la emigración crea un sentimiento de nostalgia inevitable. Sí, soy nostálgica pero no “pasista”.

– Voy a insistir con el exilio, vas a disculpar. ¿En qué formas partir es en cierta manera morir?

– Dije alguna vez en una entrevista: que partir es morir un poco pero también hacer morir un poco. A quienes abandonamos les hacemos sufrir, morir un poco. Recuerdo a mi madre con un pañuelo en la mano secando sus lágrimas cuando me despedí al irme de Bolivia.

– ¿Qué queda de la Norah que con treinta años ganara dos veces el Gran Premio Nacional de Poesía “Franz Tamayo” de la alcaldía de La Paz con De las estrellas y el silencio (1975) y Géminis en invierno (1978)? Con uno de nuestros mejores poetas de todos los tiempos, compañero Oscar Cerruto, entre el jurado, dicho sea de paso.

– La Norah de ahora ha envejecido, pero en el fondo sigue siendo la misma. Claro que recordar esos años y esos premios me dan placer, pero el pasado es el pasado, ¿No? Ah, Oscar Cerruto, gran poeta y amigo, quedará por siempre en mi corazón.

– ¿Te sientes -de alguna forma- pionera al haber unido desde la intimidad con voz de mujer palabra y sexo, labios y escritura? Te cito: “Fue puro azar mi sexo / mi inteligencia, mi pasión por la palabra”.

– Sigo penando lo mismo. En nuestra unicidad somos Eros y Tánatos. Sí, creo que mi sexo y mi inteligencia no lo tengo merecido, sino dado. Lo que sí me pertenece es la fidelidad y mi pasión por la palabra.

– Vuelves para presentar tres poemarios de golpe pero tu obra publicada es escasa (apenas cuatro poemarios y eso sí, varias antologías). ¿Es por ese afán de celebrar más el silencio que la soledad o por una necesidad de revisión permanente?

– Por las dos razones.

– ¿Te preocupa que tu obra publicada sea tan difícil de acceder para el público/lector boliviano? A Eduardo Mitre le pasa lo mismo.

– Claro que me alegraría que los poetas bolivianos de la diáspora sean mas leídos en Bolivia. Acaso falta más difusión y que nosotros mismo no hacemos gran cosa para la publicidad. Pero es difícil hacerla desde afuera.

– El primer poemario de los tres que presentarás en esta gira es Eclipses, tercer libro de la editorial Letreo de los poetas “Benjo” Chávez y Gary Daher. Tiene ilustraciones de Fernando “Nano” Ugalde. Y diálogos con poetas como Pessoa y Pizarnik. Chávez y Daher dicen en la solapa de tapa de tu libro: “el título nos previene de una experiencia de oscuridad temporal que amenaza ser definitiva; transcurso que viaja desde la luminosidad y su pérdida gradual hasta la noche. Tinieblas que exigen distinto modo de mirar el mundo y reclaman otra luz, en este caso, una luz interior para alumbrar las cosas”.

Eclipses es un poemario escrito en dos clínicas suizas donde estuve internada durante seis meses el año pasado a causa de una operación de la columbra vertebral. Fue una experiencia dolorosa. Pero como soy una convencida del valor terapéutico del arte y particularmente de la poesía, gracias a la imaginación convertí los muros blancos de mi habitación en lienzos donde imágenes y palabras ocuparon mi tiempo, mis insomnios, mis delirios Tiene un maravilloso prólogo de Vilma Tapia Anaya.

– Precisamente, Vilma (amiga y poeta) ilumina el concepto esperanza para mirar tu obra. La esperanza del amor que vendrá. La esperanza “en el fondo más desnudo del sollozo”. La esperanza del sobreviviente. “Sé que el sol no tiene sombra / hay que hacerla”.

– Pienso que la acción es creadora y no la pasividad. La confianza del sobreviviente reside en que somos en contínua transformación, seres en devenir, luego, en espera permanente.

– Quiero volver a ese centro de abuelos y abuelas donde has trabajado hasta tu jubilación. ¿Qué te han enseñado sobre la soledad, la locura y la vida?

– En los países del Norte hay una especie de demisión de la comunicación. Mi experiencia con los ancianos dichos “dementes” ha sido capital para mejor comprender la sabiduría oculta en la cual viven. Para mí ellos son reflejos de nuestra condición humana. Aún en sus delirios hay un mensaje. Un mensaje de esperanza. Es como si vivieran protegidos en sus mismidades. Poeta como me siento he penetrado en sus delirios sin ser atrapados por ellos. Lo viví como metáforas de los designios. Nunca fui agredida.

Recuerdo a una viejecita que no podía dormir porque tenía “hombrecitos” en las manos de los cuales no podía desprenderse y a quien le dije con tanta convicción que me los confiara, que los pusiera en mi bolsillo. Se quedó tranquila y tomó su somnífero. ¿Será que un día esos “hombrecitos” salgan de mi bolsillo? Me pregunto de vez en cuando. ¿Ves? Yo veo la singularidad de la metáfora entre la demencia y la poesía.

– ¿Sigue siendo el azul cielo tu color favorito?

– Sí. Por aquello de su inmensidad.

– ¿Qué recuerdos guardas de tu generación poética de los Nisttahuz Parrilla, Shimose, Matilde Casazola, de los que ya no están?

– ¡Guardo bellos recuerdos! Con los medios financieros de la “Casa de Poesía El Cactus” que fundé y poseo en Ostuni-Italia, publicamos una antología bilingüe de poetas bolivianos, en italiano y castellano. Se llamó Il paese degli specchi” (El país de los espejos: Antología de la poesía boliviana de hoy. Incluía a 32 poetas bolivianos.  Para mí fue una manera de honrar a la poesía nuestra, a la poesía que me ha dado tanto. Así pude leerlos traducidos al italiano por Emilio Coco, el antologador y gran difusor de la poesía hispanoamericana. De Jaime Nistahuz no sé nada, ni de Pedro Shimose. Con Matilde Casazola estoy en comunicación permanente por “mails”. Soy muy fiel en la amistad. A los que ya no están los llevo en mi corazón.

– La (pen)última y nos vamos. ¿Te sientes valorada?

– Tengo suerte. Me siento valorada. Amigas y poetas como Mónica Velásquez, María Soledad Quiroga Santa Cruz y Alba Paz Soldán se encargan de difundir mi obra, escribiendo prólogos y artículos.

– La yapita: la curiosidad biográfica, ¿de dónde viene ese Prill pegado al apellido Zapata?

– ¡Es una larga historia! Monseñor Juan Quirós, el editor de Presencia Literaria donde publicaba mis poemas, consideraba que mi nombre de pila era muy largo y no poético. Mi apellido materno es Parrilla. Al volver de los Estados Unidos, una vez me propuso llamarme: Norah Zapata-Grill por aquello de que “grill” en inglés significaba “parrilla”. Publicaron, entonces, en Oruro mis apellidos pero por error, transformado en Prill. Fue la ocasión para que Monseñor me bautice como Norah Zapata-Prill. Fue rocambolesco. Mi madre estuvo decepcionada pensando que la estaba renegando.

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POEMAS

PRIMER POEMA “Grano de arena convirtiendo mi dolor en perla no quiero otro vientre. Esta fértil ofrenda de la esperanza es una almeja que me alberga hasta el parto en nueva luna.” (Diecisiete, del poemario “Eclipses”, 2023).

SEGUNDO POEMA “El lamento de la tarde se abría A la confesión del fuego ¡hacer arder! Volverlo todo un rojo intenso.  Hacer del viento un mechón de cabellos saliendo de tus brazos.  Retorcerte en el fuego y arder arder para consumirte hasta el último grito del sollozo.  Arder para hacerse olvido en la ceniza”.(“Arder”, del poemario “Fascinación del fuego”, 1978).

TERCER POEMA “¡Qué ideas tienes!  ¡Poner un cuadro obsceno en el pasillo! ¿y si me desnudara aquí sin más? ¿me clavarías en tu lecho?.  ¿Buscarías la nueva alcoba para mirarme desconocida? ¿buscarías donde recordarme con mis pocas alegrías absurdas? ¿un encaje en el sostén una simulada prostitución en el escote de mi blusa?.

Me quedo así de espaldas que se me queme la sopa.

No quiero ser un postre que se amasa los ojos con tus lágrimas mientras te niegas en el sexo por costumbre.

No voy a pintarme ni de azul ni de rojo molino de París ni de azul en los sueños.

Estoy cansada de píldoras y cremas para gustarte, estas cansado de tu presencia aquí, sin riesgo.

De hoy en adelante toma tú la píldora, si quieres.

O ve a la peluquería, si quieres.

Yo aquí, noche a noche, día a día más lejos de los escaparates y por eso mismo más cerca de la tarde que te espera volver solo a mi silencio.

Más cerca de este “da igual” que me escuchas diariamente (pero que no es igual sino el acierto de mi grito).

Y ya ves, porque me da igual.

Voy a levantarme y en silencio levemente señalo con el índice lo que está más cerca a nuestros labios.

Sí, me llego a ti para que oigamos juntos que el campanario (también se siente solo asomado en su venta y dobla) como tú, como yo”.  (Fragmento de poema publicado en Presencia Literaria, 1972).

CUARTO POEMA “Voladores en mis cielos de niña pelotas de trapo jugando secretas ilusiones en las calles nubes que viajan mis inocencias mangos columpiando cosmos.

Primeras lágrimas sauces llorando lo que se lleva el tiempo en mis andanzas: Comí de otros panes pero sabiendo que el trigal era tuyo sintiendo que el grano ha madurado entre tus surcos cerros redondos ecos míos.

Llámenme viento de la puna desgrana el huayño dime la razón del hombre al lado de la piedra paja brava Abrázame.

Tierra acéptame desnuda y río nocturna mariposa que no sabe dónde malgastó sus horas.

Dios ¡cuan frágil es el valido de la oveja que a su rebaño vuelve! tierra mía dame la paz del ave que retorna al nido.

(“Retorno” del poemario “Ágape”, 2019).

Texto: Ricardo Bajo H.

Fotos: Alma Tunante, Andrés Laguna y Norah Zapata-Prill.

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Volveremos a las montañas

La montaña siempre está ahí. ¿Qué hay detrás de ella? El poeta chino Han Dong responde: otra montaña

Ricardo Bajo

/ 20 de marzo de 2024 / 06:44

No podría vivir en una ciudad sin montañas. Me siento perdido en las planicies. Sin referencias, sin dioses, huérfano, sin madre. Por eso La Paz, Bilbao, Río de Janeiro. Buenos Aires y Montevideo también me gustan, aunque no tengan montañas. Ellas tienen bibliotecas y librerías. Y escritores que son como montañas. Cuando estoy en una ciudad sin cerros a la vista, trato de inventarlos, soñarlos, escribirlos. ¿Dónde descanso la mirada si no hay montaña a la vista? ¿Dónde fijo mis ojos para no pensar en nada?

Leo un poema del chileno Zurita en el maravilloso ensayo poético del colombiano Santiago Espinosa (El resplandor y la sombra). Habla de montañas que avanzan. Entonces me imagino que los cerros devoran la ciudad de La Paz en una marcha silenciosa y vertiginosa. La “hoyada” queda enterrada, congelada en el olvido. Dicen que cuando alguien muere se despierta la cordillera. (“Hacía el misterio / caen poetas y / montañas”, Oscar Wilde).

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Espinosa inventa una poética de las montañas (también le cambia el primer apellido a nuestro poeta, mi tocayo Ricardo Jaimes Freyre) y sostiene que las montañas están más presentes cuando no se las nombra. Así será cuando todos hayamos desaparecido. Su ensayo, presentado en la última Feria del Libro de La Paz, es un libro sobre poesía y montaña, sobre viajes, sobre la necesidad que tenemos de literatura y monte. Tiene paradas en Chile, Bolivia, Colombia, Argentina, Uruguay, Brasil y por supuesto Colombia (en las montañas de Bogotá y Medellín). Nos habla de sus montañas íntimas, de las tuyas, de las mías.

¿Qué pasará cuando muera la última persona que vea nieve en la punta del Illimani? ¿Se convertirá en montaña? ¿Mirará la hora en los relojes de sol? ¿Se esconderá el tiempo otra vez en los cerros? ¿Aprenderemos entonces el lenguaje las sombras? ¿Recuperaremos esa vieja relación con la naturaleza? ¿Volveremos a las montañas?

(“Solo hay canto porque hay montañas / porque lo que decimos / las montañas lo deforman / Ellas nos enseñaron / a no tener del todo la razón / a suspendernos y esperar”, Fabio Morábito).

El Illimani, el Mururata, el Sajama, el Huayna Potosí y el volcán Tunupa en el Salar de Uyuni tienen algo que nos seduce, que nos empuja a acercarnos a sus pies, a mirarlos, a extrañarlos cuando estamos lejos. El Grillo Villegas se llevó un cuadro del “resplandeciente” de Rosemary Mamani cuando se fue a estudiar música a Buenos Aires. El Illimani te cura de nostalgias. Esa es su magia, su embrujo, amigo.

¿Qué tienen nuestras montañas que tanto las pintamos? Todavía no lo sé. Quizás lo hemos olvidado. ¿Acaso no recordamos que “somos los hijos del padre de todos los dioses/montañas, hijos del padre de todos los ríos”, como dejó escrito el peruano José María Arguedas?

(“Estás hecha / de luz y de montaña / de jirones de piedra / y ríos que te trenzan / al descender”, Blanca Wiethüchter).

La seducción de las cumbres ancestrales nos desafía/reta. Para ser mejores. Para ser nosotros mismos. La montaña —“llena de antiguo orgullo triunfal” como dejó escrito el nicaragüense Rubén Darío— no nos olvida. “Algún día todos nos convertiremos en montaña”, dice Santiago Espinosa.

Para los que hemos nacido y vivido en ciudades con cerros a la vista, la montaña es la medida de todo, es el norte y el sur. Es por donde miras cuando pierdes todo, incluso la mirada. En las ciudades planas con llanuras infinitas, los edificios y las torres de las iglesias me sirven de guía, de faro. ¿Acaso no son esos rascacielos simulacros falsos de montaña? ¿Acaso no son engañosas moradas de dioses?

(“No amo mi patria / su fulgor abstracto / es inasible. / Pero (aunque suene mal) daría la vida / por diez lugares suyos, / cierta gente, / puertos, bosques de pinos, / fortalezas, / una ciudad deshecha, / gris, monstruosa, / varias figuras de su historia, / montañas -y tres o cuatro ríos”, José Emilio Pacheco).

La montaña siempre está ahí. ¿Qué hay detrás de ella? El poeta chino Han Dong responde: otra montaña. Ella nos mira aunque no la miremos. Parece invisible. Estuvo, está y estará. Olvidada. Nuestros cerros fueron observados por Bolívar y Túpac Katari, por el Che y Bartolina; hermanados todos por las mismas piedras. Son las mismas montañas que yo veo ahora. Leales, siempre. Mudas. Inmóviles.

Sostiene Espinoza en su hermoso ensayo que los cerros son la imagen de nuestros ancestros dormidos, suspendidos en el tiempo. Abuelo Illimani, padre viejo. Abuela Tunupa, en perpetuo silencio. Joven (Huayna) Potosí, esperando el relevo. Nos hablan callados, en la lengua antigua de las piedras. Nos susurran que morir es hacernos piedra. Tejidos de roca que nos cuentan historias que hemos olvidado, leyendas que ya no recordamos. ¿Será por eso que andamos extraviados?

(*) Ricardo Bajo vende escobas

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Sanjinés, mecanismo de autodefensa

‘Los viejos soldados’ es un cuento/relato (de amistad/amor) escrito por Sanjinés. En un principio era literatura, ahora es cine

Ricardo Bajo

/ 6 de marzo de 2024 / 06:41

Los viejos soldados arranca con dos planos marca de la casa Jorge Sanjinés Aramayo. Es la potencia visual que aún conserva el maestro. El primero es un plano fijo de una sagrada/gran montaña. El segundo son dos hombres caminando juntos/confundidos entre los arbustos del Chaco Boreal. Así va a terminar también la película. ¿Será la última imagen de su carrera?

En el primero suenan unos sikuris y un dron nos baja a la celebración de un matrimonio aymara. El aspecto técnico/formal del duodécimo largometraje de Sanjinés ha mejorado respecto de sus últimas obras. Y la (magna) producción nos llevará del altiplano al Chaco Boreal, de Sucre a La Paz.

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Unos soldados secuestran y violan mujeres aymaras. Estamos en la Guerra del Chaco y los indígenas son reclutados a la fuerza. Serán carne de cañón, como siempre. La secuencia me hace recuerdo a Yawar Malku y los Cuerpos de Paz estadounidenses esterilizando mujeres quechuas y aymaras. De la comunidad idílica/idealizada a las trincheras del “infierno verde” apenas hay tres pasos al frente.

“Sálvese usted”, dice el soldado raso aymara Sebastián Choquehuanca (¿era necesario colocar el apellido del actual Vicepresidente al protagonista?) al soldado raso “blanco” de Sucre Guillermo Fernández de Córdoba. Entonces, el soldado “blanco” salva y rescata al soldado aymara. Otra vez. La misma historia que hemos visto mil veces. El mismo relato que nos ha enojado en cientos de veces en películas gringas de todos los colores. La condescendencia. El paternalismo. Otra vez.

El guion ha sido uno de los grandes hándicaps de las últimas películas del maestro. Y esta vez no es la excepción con diálogos de vergüenza ajena. Hace rato que extrañamos a otro maestro, Oscar Cacho Soria Gamarra, el hombre más hábil a la hora de trasladar el habla popular a la gran pantalla.

El soldado “blanco” es interpretado por un Cristian Mercado que hace lo imposible por hacer creíble un personaje a ratos inverosímil en un reparto desigual, en especial en su duelo actoral con su colega Roberto Choquehuanca. La dirección de actores (individuales) nunca fue el fuerte de Sanjinés, firme creyente del personaje colectivo. De los roles femeninos, mejor ni hablar.

Los viejos soldados es un cuento/relato (de amistad/amor) escrito por Sanjinés. En un principio era literatura, ahora es cine. Tiene un (evidente) trasfondo autobiográfico. En realidad es la proyección (lo que hubiera soñado hacer y no hizo) del propio director. Hombre “blanco” con «conciencia» quiere colocarse del lado correcto de la historia. Hombre “blanco” con sentimiento de culpa se casa con mujer aymara para vivir felices en la comunidad romantizada donde todos son iguales. Sanjinés es el soldado raso y Beatriz Palacios es la profesora Benedicta. La proyección en psicología es un mecanismo de defensa ante situaciones incómodas o emociones abrumadoras.

“Somos pueblos hermanos, entre bolivianos y paraguayos. La guerra es solo odio, muerte y dolor. No a la guerra, sí a la vida”, grita la profesora a sus alumnos en una escuelita de Sorata. La secuencia no es creíble, así de simple. Como ésta, vendrán media docena más, entre ellas la agresión/insulto (“usted es un racista mierda”) del soldado “blanco” a su jefe militar; la charla socialista en el bar… El didactismo reduccionista, la (mala) apología, la lámina escolar. Otra vez. El esquematismo, sin matices. Otra vez.

El séptimo arte parte de un pacto: creer en el truco, identificarte con los personajes, meterte en la historia y olvidarte del mundo por un rato. Lo peor que te puede pasar en una sala oscura de cine es que se rompa ese pacto.

Los planos fijos del maestro (su habilidad a la hora de colocar la cámara en el sitio correcto), la mejora en los aspectos cinematográficos (es triste resaltar esto a estas alturas) y los saludables esfuerzos en la producción se pierden por los agujeros de la escritura. Nada nuevo bajo el sol en el planeta Sanjinés que ofrece de nuevo un filme desequilibrado/desigual.

“Hay cosas peores que enfrentarse a las balas”, dice el protagonista. Y tiene razón. También hay cosas peores que decepcionarse (otra vez) con una película del maestro (intocable) Sanjinés que se equivoca en la parte más importante, en el final. ¿No era mejor terminar la película cuando Choquehuanca se aleja por la calle Indaburo sin reconocer a su viejo amigo —ahora “indio”— en una metáfora/símbolo del desencuentro y la pesadilla/promesa de la reconciliación? Doctores tiene la santa madre iglesia.

Los viejos soldados es el testamento de un soldado abatido por el paternalismo. Cuando llega el fundido en negro, suena una cueca: “El que ha querido”. Y no ha podido. Sanjinés no puede dejar de ser Sanjinés.

(*) Ricardo Bajo es un pinche periodista

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Cuatro goles y una boda

El 9 de noviembre de 1941 The Strongest logró su victoria más recordada (3 a 1 vs Independiente de Avellaneda). La máxima figura argentina estaba de boda

Una foto del cotejo del Archivo Núñez del Prado

Por Ricardo Bajo H.

/ 3 de marzo de 2024 / 06:19

La gran figura de Independiente de Avellaneda no está en el gran partido. Han pasado cinco días desde que el club The Strongest venciera por tres a uno al campeón argentino y Antonio “El Maestro” Sastre aterriza en el aeropuerto de la ciudad de El Alto en un avión bimotor Douglas de la Panagra procedente de Buenos Aires. Llega con su flamante esposa, una joven porteña. Se han casado el viernes pasado, tiene 27 años de edad.

Su viaje de bodas no será un viaje de bodas. La pareja está de camino a Lima para que Sastre pueda sumarse a la gira de su equipo por el Perú y Chile. ¿Pudo la presencia de Sastre cambiar el resultado en el estadio La Paz? No lo sabremos nunca. Han pasado más de 80 años desde aquel 9 de noviembre de 1941 y todavía se habla de aquel “match” en la ciudad de La Paz. Sastre no era un jugador cualquiera. Era el “hombre orquesta”, era el ídolo de Independiente. Para algunos estudiosos, fue el inventor del fútbol moderno en Sudamérica.

El “Maestro” Sastre —el popular Cuila— lleva 10 años jugando para el “Rojo de Avellaneda”. Ha debutado en 1931. Pasa por todos los puestos (incluso fue arquero) hasta que llega a la posición de “insider” izquierdo. Es el primero que se atreve a dar pausa, a gambetear, crear y marcar goles.

El equipo ganador con la vicuña
El equipo ganador con la vicuña

El Independiente que llega a La Paz en noviembre de 1941 no es cualquier equipo. Viene de ser (bi)campeón de la Argentina en las temporadas de 1938 y 1939. Y de lograr la mayor goleada frente a su histórico rival (Racing). Aquel 7 a 0 de noviembre de 1940 todavía no ha sido superado.

Sastre convierte 115 goles en 32 partidos en el 38 y 103 en 34 “matches” en el 39. Un récord goleador que todavía hoy sigue en pie. La AFA (Asociación de Fútbol Argentino) lo considerará muchas décadas después como “el jugador más completo de la historia del fútbol argentino”.  Incluso será motivo de un tango famoso, aquel compuesto por otro maestro, don Isabelino Espinosa, que dice así: “Antonio Sastre, jugador completo / gran delantero y gran defensor / todos los puestos del fútbol nuestro / él ocupaba y siempre el mejor”. 

El ”Maestro” Sastre también será figura en Brasil, en el Sao Paulo (campeón en el 43, 45 y 46). Todavía hoy un busto suyo da la bienvenida en la entrada del Morumbí. Pelé llegará a decir que Sastre fue mejor que él. Nacido en Lomas de Zamora, panadero en el barrio de Flores y antiguo empleado de una fábrica de jabones, se casa en su mejor momento. Lo hace el primer viernes de noviembre de 1941. El equipo está en receso, a punto de iniciar una gira por Bolivia, Perú y Chile. Pide permiso para perderse el primer partido (en La Paz) y se compromete a viajar directamente a Lima para la etapa peruana y chilena del “tour”. Con él en cancha, Independiente perderá pocos partidos. Por eso, cinco días después de la derrota ante The Strongest, Sastre baja las escalinatas del avión bimotor Douglas de la Panagra en la ciudad de El Alto.

El periodista de El Diario que firma bajo el pseudónimo de “Ele Jota” sube al aeropuerto. Es el único. Fotografía y entrevista al “crack” argentino, vestido con impoluto traje, corbata y sombrero, como manda la moda de la época. Su flamante esposa —una joven porteña— viste un abrigo largo, un sombrero extravagante (no lo era en aquellos tiempos) y una melena rizada de color castaño. Ambos tienen gestos de cariño y complicidad del uno para el otro.

Titular de El Diario el 10 de noviembre de 1941 (arriba). La delantera de Independiente
Titular de El Diario el 10 de noviembre de 1941 (arriba). La delantera de Independiente

Sastre volverá a La Paz exactamente un año después. Esta vez sí llegará al partido y esta vez Independiente no caerá derrotado. Claro está que el rival no será el club The Strongest sino el club Bolívar, que perderá 3 a 7 con dos goles de Sastre. Pero esa es otra historia.

“Fue grande sorpresa la victoria de The Strongest en la hinchada de mi club y en las esferas deportivas bonaerenses. Consideramos que el nivel del foot-ball boliviano ha progresado enormemente ya que llegamos con nuestros jugadores titulares a excepción del centro half Raúl Osvaldo “El Negro” Leguizamón que está lesionado y sin mi persona. Pensamos que la derrota pudo ser por la fatiga del viaje y tal vez por la altura. Aunque yo en ningún momento he sentido ahora la menor alteración por la altura y creo que no es un factor muy importante en el desarrollo del juego. Lamento mucho no haber estado en el partido de La Paz y espero que el club The Strongest nos ofrezca la revancha”, dice Sastre.

El año 1941 no está siendo bueno para The Strongest. En el mes aniversario del club, abril, don Max de la Vega usa por primera vez el calificativo de “Tigres”. El rival del enfrente, el club Bolívar, sale campeón; van ya tres al hilo (desde el 39). Los gualdinegros están en una mala racha después de su último título en 1938.

Los cotejos amistosos internacionales son otra cosa; traerán las únicas alegrías a la hinchada del oro y el negro, incluso una victoria recordada en una y mil noches de nostalgia stronguista. El flamante “Tigre” jugará en el 41 ocho partidos contra equipos extranjeros que visitan La Paz; ganará seis y perderá dos.

La media docena de triunfos arrancan contra Aurora de Arequipa (2 a 1 en abril) y siguen con Nacional de Asunción (4 a 2, en mayo); Universitario de Deportes de Lima (4 a 0, en julio, por la Copa Presidente Peñaranda); Santiago Wanderers de Valparaíso (4 a 0 en septiembre); y la selección de Jujuy (5 a 2, en octubre). La primera derrota llega a finales de octubre contra los azulgranas del Foot Ball Club Piérola de Arequipa (por 2 a 3). El gualdinegro es conocido desde septiembre de 1931 (cuando derrotara a Almagro FBC de Buenos Aires) como el “Derribador de campeones”.  En diciembre caerá también contra Cerro Porteño (por la Copa Nuestra Señora de La Paz, por 2 a 3). Nota mental uno: ¿dónde estará la Copa Presidente Peñaranda?

Estamos ahora en noviembre del 41. Los diarios anuncian repentinamente la llegada del campeón Club Atlético Independiente de Avellaneda. Es el equipo más laureado que ha llegado al país en medio siglo de historia de fútbol boliviano. El “Rojo” va camino de una gira por el Perú (Lima y Arequipa) y Santiago de Chile. Pasa por la ciudad de La Paz y busca rival. Son muchos los equipos que quieren enfrentar al campeón. En un principio se anuncia que el club Bolívar —del gran Mario Alborta— será el elegido para chocar contra los “Diablos Rojos”. 

Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla
Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla

Los periódicos calientan el partido y comienzan a publicar fotografías, palmarés y costo de las transferencias de los grandes jugadores que van a llegar. La lista y los montos apabullan. Arquero Fernando Bello, 29 años. Conocido con el sobrenombre de “Tarzán”. Internacional. Su transferencia costó a Independiente 25.000 pesos argentinos. Ha recibido por concepto de prima 10.000 pesos. Cobra por sueldos y premios un promedio mensual de 800 pesos. Estamos en el inicio del profesionalismo en el fútbol argentino.

Arsenio Erico, “centre forward, 24 años. Transferencia, 50.000 pesos; prima, 10.000 pesos; sueldo y premios, 800 pesos. Vicente De La Mata, “insider” derecho, 23 años. Transferencia, 37.500 pesos. Sabino Coletta, “back” izquierdo, 28 años. Transferencia, 20.000 dólares. Los días siguientes se publican los datos de Manuel Sanguinetti, Celestino Martínez, Juan Maril y José Battagliero.

El periódico El Diario sugiere que el partido del año sea arbitrado por Julio Borelli, a la sazón director de fútbol del Comité Nacional de Deportes y “referee” de amplia trayectoria. Radio Nacional de Bolivia anuncia la transmisión radial del “plato fuerte” de la temporada 1941 mediante sus estaciones C.P. 3 en onda larga y C.P. 2 y C.P. 38 en onda corta. Radio Illimani hace lo propio en la voz del primer gran relator de fútbol, el olvidado “Chalo” Suárez. Finalmente el club elegido por “La Paz Foot Ball Association” (organizadora del “match”) es The Strongest. En un principio, sin refuerzos.

La delegación de Independiente formada por 22 personas sale el cinco de noviembre de Buenos Aires, vía ferrocarril. Se alojarán en el Sucre Palace Hotel del Prado. La organización del partido (visas y alojamiento) tiene un costo de dos mil dólares, al cambio de la época, 120.000 bolivianos. “Para financiar la visita, La Paz Foot Ball Association, ha gestionado un préstamo de dos mil dólares. Si no se obtienen las divisas del Banco Central tendrá que adquirirlos de la bolsa negra”, dice el periódico El Diario. En la ciudad de La Paz está esos días para actuar en el cine Ebro el famoso Trío Calaveras, los “reyes de la canción mexicana”, el conjunto musical que acompaña al mítico Jorge Negrete.

Una foto del encuentro
Una foto del encuentro

En las prácticas del “Tigre” en el estadio La Paz aparecen los primeros refuerzos. Llega el arquero de Club Always Ready el chileno Horacio Amaral (para ser suplente del titular gualdinegro Vicente Arraya) y su compañero del CAR Rosell. Y se presentan jugadores del club Bolívar como el “back” Rojas, los “halves” Calderón, Terrazas y Martín Saavedra y los delanteros Plaza y Romero. Junto a ellos Ríos y Arce. Nadie quiere perderse el acontecimiento. Finalmente se decide que el plantel titular será de puro stronguista y los refuerzos de otros clubes irán a la banca junto a los suplentes gualdinegros para ingresar a lo largo del encuentro.

El “eleven” titular sonará así: Arraya; los “Albertos” en la zaga, Bautista y Achá; Emilio “Chato” Grájeda, Raúl Balderrama y Carlos Morales al medio; “El Negro” Gamarra, Hugo “Pichín” Viscarra (el único sobreviviente del partido contra Almagro del 31), Serapio Vega, “Pisa” Rodríguez y Zenón González. Reservas: Amaral, Rosell, Ezequiel “El Mudo” Calderón, Remberto López, “Calichín” Morales y Plaza.

El Tren Panamericano que trae al campeón argentino llega a las 19.50 a la Estación Central de los Ferrocarriles de Viacha. Han sido tres largos días de viaje. Son recibidos por miles de aficionados y autoridades del Comité Nacional de Deportes, representantes de la Federación Boliviana de Fútbol y “La Paz Football Association”, amén de instituciones públicas paceñas y el cónsul general de la Argentina, Carlos Alberto Goñi Demarchi. El “Negro” Fernández, el hincha número uno del club The Strongest, también se hace presente como buen anfitrión.

El presidente de la delegación de los “Diablos Rojos”, Antonio Jauregui, dice nada más llegar: “estamos encantados de visitar Bolivia y muy agradecidos por todas las atenciones recibidas. Bolivia es un país maravilloso, necesita de una inmigración beneficiosa para alcanzar el progreso que le corresponde. Independiente ha salido de “jira” para colaborar al incremento del fútbol en Bolivia, Perú y Chile. No perseguimos como finalidad el lucro. Eso de la altura me parece exagerado, les diré que me siento muy bien”.

Los vítores a la Argentina y a Independiente se escuchan en toda la estación de Viacha. Los 17 jugadores y el director técnico (y kinesiólogo) José Cuesta Silva (ex boxeador y jugador de rugby) reciben ramos de flores. El flamante fichaje paraguayo Bienvenido Paranza es el último en incorporarse a la “jira” del “Rojo”. En automóviles particulares y del servicio público son trasladados hacia El Alto para luego bajar al hotel Sucre en pleno Prado paceño. Cuando llegan a la Ceja, los argentinos quedan maravillados por el espectáculo de la Hoyada. El arquero Bello declarará después en el hotel: “La Paz es la ciudad que más me ha gustado de todas las que conocí por sus líneas quebradas”.

La venta de entradas va rumbo a toda vela. Se terminarán y el estadio La Paz (inaugurado hace 11 años en 1930 como “Gran Stadium Presidente Siles”) estará repleto. Una foto panorámica del fotógrafo Muñoz (para el estudio de A. Núñez del Prado de la calle Sucre) quedará como documento para todos los tiempos. La hinchada stronguista/paceña agota las entradas que se venden en el Sucre Palace Hotel, en la sede del club Bolívar de la plaza Pérez Velasco, en la plaza Murillo y en el propio estadio miraflorino. La preferencia está a 25 bolivianos con la media a 12; y la General, a 15 con la media a ocho. Se recaudarán 303.686 bolivianos.

Delantera de Independiente: Sastre, Erico y De la Mata
Delantera de Independiente: Sastre, Erico y De la Mata

Conocida la ausencia de Sastre, todos quieren ver al paraguayo Arsenio Pastor Erico Martínez, asunceño de abuelos italianos. La FIFA lo reconocerá —décadas después— como el mejor futbolista de toda la historia del Paraguay. Hasta hoy tiene el récord de máximo goleador de toda la primera división argentina con 293 goles. “El saltarín rojo”, por su potencia a la hora de elevarse para los testarazos, atiende a la prensa deportiva de La Paz en el “hall” del hotel Sucre. “Quiero hacer llegar a los stronguistas las expresiones de mi más cordial afecto y saludar a su hinchada que domingo a domingo contribuye al incremento del foot-ball boliviano”.

Al día siguiente, domingo 9 de junio de 1941, el estadio La Paz ofrece un lleno absoluto: 28.000 personas. Hay gente de pie en los pasillos más altos de la General, hay personas sentadas en el edificio superior a los palcos, se ven hinchas del Tigre trepados al obelisco en la curva norte, hay personas sentadas en los muros que dan a la flamante avenida Capitán Hugo Estrada, la de circunvalación del estadio. Incluso una mujer de pollera hace malabarismos para no caerse en lo más alto de un pilar del edificio central de la cancha. Detrás del arco que defiende Bello, en la Sur, se pueden contar más de 80 personas, la mayoría policías, están prácticamente metido dentro del “field” junto a los dos jueces de gol con pantalón largo blanco.

El árbitro, finalmente, no es Borelli Vitterito. El “referee” se apellida Frankenstein, colaborado por Urquizo y Uría, como “linesmen”. Hans Walter Frankenstein. Nada que ver (más allá de su apellido) con el doctor Frankenstein, “el moderno Prometeo” que creara la escritora inglesa Mary Shelley un siglo y medio antes. Hans Frankenstein había llegado a la ciudad de La Paz unos años antes huyendo de la persecución nazi. Era árbitro, era austriaco y era judío. Después de la “Noche de los Cristales Rotos” del 38, un centenar de árbitros judíos austríacos fueron excluidos de toda competición. Hans Walter y su familia terminan en Bolivia acogidos por el gobierno boliviano. Su hermano, Gregorio Frankenstein, llega a pelear como boxeador en La Paz.

Las buenas actuaciones de Frankenstein como “referee” lo llevan a ser designado el colegiado del partido más importante del año. No por nada, el vienés es uno de los mejores árbitros europeos con más de 20 partidos internacionales de selección dirigidos. Frankenstein se había metido a “referee” tras sufrir una grave lesión como arquero. Llega a jugar en el fútbol austríaco y alemán en clubes como el Vienna Cricket and Foot Ball Club, el Wiener AF y en equipos de Frankfurt y Offenbach.

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A las 15.30 “herr” Hans Walter Frankenstein da el pitazo inicial entre serpentinas, cohetes y bombardas lanzadas desde las graderías. Antes, en el partido de reserva, Bolívar ha ganado por 3 a 1 a Deportivo Ferroviario. “El aspecto es verdaderamente bello, de un lado completamente llenas las tribunas de preferencia y enfrente la peculiar policromía que produce el contraste de los coloridos trajes de nuestras mujeres de pueblo con las vestimentas usuales del resto de la concurrencia. Reina en el ambiente una ansiedad pocas veces vista, una expectativa que por cierto tiene razón de ser”. Así arrancará la crónica de “Jota Ele” en el Diario al día siguiente.

Las escuadras, finalmente, forman así. The Strongest, dirigido por el emblema del club Froilán Pinilla, con Arraya; Bautista y Achá; Grajeda, Balderrama y Carlos Morales; “Pichín” Viscarra (capitán), Gamarra, Serapio Vega, Rodríguez y González. El ”Tigre” cumple, los 11 son todos stronguistas y posan para la prensa con la vicuña, mascota y amuleto del club.

Independiente salta así: Fernando Bello (capitán); Carlos “Cacho” Aldabe y Sabino Coletta; “Pepe” Battagliero, Toledo y Celestino Martínez; Juan Maril, Vicente De La Matta, Arsenio Erico, Jorge “Campolo” Alcalde y Bienvenido Paranza. En el intercambio de regalos, Bello obsequia a Viscarra un gallerdete (ver foto). Nota mental dos: ¿dónde estará ese hermoso recuerdo?

Foto de un gol

Viscarra luce el regalo de The Strongest, un gallardete

Las filas para el ingreso

Desde el palco oficial lo mira todo el mismísimo presidente de la República, el General Enrique Peñaranda del Castillo, nacido en Sorata (La Paz). Lleva año y medio en el cargo y en dos años más será tumbado por el mayor Gualberto Villarroel, nacido en Villa Rivero (Punata, Cochabamba). No sabemos si Peñaranda disfruta a plenitud el partido pues es socio del club Bolívar y desde su llegada al poder es presidente honorario del club celeste. Se alegrará —sin lugar a dudasù cuando tres jugadores de su equipo (Rodolfo Plaza por Gamarra; “Calichín” Morales por Rodríguez; y López por Valderrama) entren al cuarto de hora de iniciado el choque, eso sí, con camisetas gualdinegras.

El primer gol llega en el minuto cuatro. Es un pase de “Pichín” Viscarra para Serapio “Cabecita de Oro” Vega que —con pañuelo blanco anudado en la cabeza— dispara un potente “shoot” contra la valla de un impotente Bello. Rápidamente empata el paraguayo Arsenio Erico, como no podía ser de otra manera. En el espectacular salto del “Hombre de goma”, Grájeda le hace la cama, cae mal y el “crack” se va lesionado. El peruano Alcalde pasará a ser el “centro forward” y en su lugar entrará Coll. Sobre el final de la primera parte, el Tigre se pone delante del “score” de nuevo con gol del “forward” Zenón González.

La segunda arranca igual que la primera, con un gol de Serapio Vega en el minuto uno después de agarrar un rechace de Bello tras disparo de González; es el tercero y último del partido (ver foto). Muchos han llegado a ver a Erico y acaban aplaudiendo a otro goleador de leyenda, el cochabambino de Vinto Serapio Vega Saavedra. “Cabecita de Oro” había llegado ese año al equipo de la calle Colón procedente de Ferroviario tras su paso por The Strongest Catavi, una de las filiales del “Tigre”. No sabemos cuantos goles marcó en los años 40 Serapio Vega, sabemos que saldrá campeón con la oro y negro en 1943, 45 y 46.

En la valla local se luce Vicente Arraya Castro. El “goalkeeper” orureño impide en múltiples ocasiones que las estrellas argentinas acorten el marcador. Es el mejor del “match”, va vestido totalmente de negro. Todavía no le dicen “La Flecha andina”. Faltan tres años para que lo fiche Atlanta de Buenos Aires. Será el arquero indiscutible de la selección boliviana toda esa década de los cuarenta.

Cuando Frankenstein pita el final del “match”, La Paz es una fiesta. La hinchada camina hacia los lugares de diversión de la noche paceña, entre ellos el Lido Grill que acaba de abrir en el Prado. El presidente de la delegación argentina, Antonio Jauregui, comienza a poner excusas: “los muchachos jugaron cansados; faltó Sastre, que es el cerebro del equipo; se lesionó Erico y Alcalde no jugó en su lugar después. De La Matta tuvo que hacer de inter derecho y en su puesto jugó Coll, que no es un “player” experimentado. Nuestro arquero Bello jugó enfermo, lo pudo constatar el presidente de La Paz Foot Ball Association, el doctor Alfredo Mollinedo. Cuando volvamos de Lima queremos revancha”.

El periodista “Ele Jota” es categórico: “The Strongest obtuvo ayer la más grande victoria deportiva para Bolivia. Y obtuvo ese triunfo a base de inteligencia, efectividad de juego, empuje y decisión”. Al día siguiente, en autocarril expreso rumbo al puerto de Guaqui, Independiente abandona La Paz. Toman el vapor “Coya” para atravesar el Lago Titicaca, camino a Puno. En medio de la travesía por el “Lago Sagrado”, los argentinos todavía se preguntan: ¿y si el “Maestro” Sastre no se casaba?

Texto: Ricardo Bajo H.

Fotos: Archivo revista Litoral, estudio Núñez del Prado y periódicos La Razón y El Diario

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