sábado 19 sep 2020 | Actualizado a 06:06

‘Queda mucho Chaco por narrar

/ 16 de septiembre de 2020 / 07:32

El director de cine Diego Mondaca habla de boleros de caballería, del abuelo que luchó en las cañadas, de los colores más hermosos que jamás haya visto, de los soldados aymaras y quechuas que ayer pelearon y hoy siguen en el Chaco, de ese dolor que nos dejó la guerra y no se va todavía

Una docena de soldados bolivianos de la Guerra del Chaco sobrevive aún. Han pasado 85 años del final de la contienda bélica que enfrentó absurdamente a dos pueblos hermanos, el boliviano y el paraguayo. La herida de la “guerra estúpida” (Augusto Céspedes dixit) sigue impregnada en el alma de todos y todas a través de los relatos de familia. La memoria pisa fuerte. El cine, el teatro, el cómic, la música y la literatura no dejan de volcar sus miradas —aunque sea a cuentagotas— sobre los fortines del Chaco Boreal. El cineasta orureño Diego Mondaca alista el estreno de su tercera película, Chaco. La pandemia retrasó su estreno en Bolivia previsto para marzo. Eso también nos quitó el maldito virus.

—¿Cuándo nace Chaco?

—Chaco nació como un murmullo. Con la memoria de un murmullo de bolero de caballería, ese sonido ronco y cansino que retumba en los barrios de La Paz, en centros mineros, en movilizaciones sociales. A mí me remite directamente al funeral de mi abuelo, quien fue un soldado en la guerra y probablemente experimentó lo que la película expone.

Mientras tapiaban la tumba sonaba un bolero de caballería, esa música que se usó en la guerra para despedir o recibir a los soldados, o a sus cuerpos. Desde ese recuerdo partió Chaco. Este sonido del bolero es algo que todos los bolivianos reconocemos, porque, de una u otra manera, lo tenemos incrustado en la memoria y en el cuerpo.

—¿Cómo has filmado el “infierno verde” y todos sus colores?

—El bosque del Chaco es muy cambiante, por zonas y estaciones del año. Contiene una belleza rara, nueva para mí y quizás única en el mundo. Al mismo tiempo tiene la carga del olvido y el silencio. Es como si el exterminio que significó la guerra aún pese en el aire del Chaco. El rodaje fue muy intenso, cargado de una ritualidad hermosa. Todos entendimos que estábamos haciendo una película sobre nuestros muertos, entonces cada escena se construía como un pequeño homenaje, un ritual ante esas almas que aún penan y deambulan por el Chaco. Eso para mí es inolvidable y muy conmovedor. Marcó el ritmo del trabajo todos los días, de cada escena y cada detalle. En general, tenemos aún un imaginario del Chaco y la guerra en colores de blanco y negro, o sepia. Esto es por el registro que se tiene y circula de la guerra. Sin embargo ahí existen colores maravillosos, diversos y muy extraños, nuevos. Debe ser uno de los lugares más hermosos que vi, por eso mismo nos fuimos acercando y registrando imágenes y sonidos con mucho respeto, sin engolosinarnos ni subestimando su potencia.

—¿Dónde hallaste a tu particular elenco para una película coral como Chaco?

—Me empeñé en buscar personalmente a cada uno de los actores, busqué principalmente en el teatro. Me interesa mucho el trabajo corporal que se hace desde ahí; esa conciencia del cuerpo y espacio que ejercitan, su intensidad expresiva. Todo el cuerpo, de cada uno de los actores, debía expresar esa descomposición psicológica que buscábamos. El cuerpo humano como presa de sí mismos, y del Chaco. Esto era muy importante para todos, tanto para los actores principales: Raymundo Ramos, Omar Calisaya, Jorge Arias, Mauricio Toledo y Fabián Arenillas, como para todos los extras y figurantes que los seleccionamos con la ayuda de Javier Cuéllar, el director de arte. Trabajamos con los soldados que estaban cumpliendo su servicio militar en Ibibobo. Grata fue nuestra sorpresa al constatar que la gran mayoría de ellos provenían de las zonas de las minas y del altiplano, lo mismo que sucedió hace más de 80 años. La historia siempre se repite.

El cruce de idiomas, sobre todo el aymara y quechua, son parte central de la propuesta estética de la película, de modo que esto era clave para el casting. Un 90% de nuestros actores habla aymara o quechua como lengua materna y así está en la película. También está reflejada esa perversa intención de anular el idioma del otro, de ejercer violencia, minimizándola o ridiculizándola. La violencia que se ejerce sobre el hombre también se ejerce sobre su idioma. 

—¿Por qué elegiste a un alemán que a todos nos hace recuerdo a Kundt como personaje central al frente de la tropa indígena?

—Kundt representa esa figura de “salvador” que reaparece constantemente en varios periodos de nuestra historia, como aquel caudillo que con su sola presencia resolverá nuestros problemas, conflictos y encaminara al “verdadero” progreso. Es también esa figura de poder, patronal, que se empeña en hacernos creer que lo sabe y domina todo, y trata de ocultar sus debilidades sacrificando a sus propios seguidores o afiliados. Es también ese foráneo al que buscamos inútilmente para imitar o parecernos, creyendo que es mejor que nosotros y nos reducimos ante él/ella renunciando o negando lo que somos y anulando nuestras posibilidades propias de salir adelante.

—Las artes plásticas, la música, la literatura y el periodismo a través de la crónica se ocuparon y ocupan de la guerra. ¿Por qué el teatro y el cine llegaron tarde y a cuentagotas?

—Es muy buena pregunta. No entiendo por qué el cine y el teatro demoraron tanto en atender un tema tan importante y determinante. Quizás sea por lo complejo de la guerra, por el dolor que significa. No lo sé. Lo que no ha podido hacer el cine lo ha hecho la literatura y la música, que tienen la posibilidad de ser más incisivas, y por eso llegan primero, con más precisión y profundidad. Construir imágenes a partir de esa desolación y muerte que dejó la guerra requiere tiempo y reflexión, además de una voluntad colectiva y políticas de Estado que las fomenten e incentiven. Pese a nuestro país abigarrado y asfixiado, la literatura siempre ha sabido reaccionar rápido y con claridad, no solamente en torno a la Guerra del Chaco, sino a lo largo de la historia de Bolivia.

—¿Quedan aún vetas por explotar?

—Sobre la Guerra del Chaco y sus alrededores todavía hay mucho que recuperar y explorar. Muchas historias y miradas que narrar. Es para festejar, por ejemplo, que el Teatro de Los Andes se pose sobre esta memoria. El Chaco es un territorio habitado por comunidades de las que podemos aprender mucho. Lo importante es no instrumentalizarlas ni avasallar sus espacios con maniqueísmos ni romanticismos que sabemos, o al menos debiéramos saberlo, entorpecen y crean mayores distancias o desencuentros. Hay mucha y nueva producción literaria desde el Chaco, ellas y ellos narrando sus historias y reflejando su complejo mundo, un mundo distinto, y que siempre estuvo ahí.

—Tus dos primeras películas (La Chirolay Ciudadela) fueron documentales. ¿Cómo ha sido esta primera experiencia en la ficción?

—Ha sido muy exigente y a la vez gratificante como mis trabajos previos. Chaco me posibilitó experimentar narrativas y formas desde otro lugar, con otro tiempo y ritmo. Exigencias nuevas que fueron muy retadoras. Remontarme al pasado para intentar entender o develar un presente fue un reto enorme, pero lo sentí muy necesario y urgente. En mis tres películas hay, al menos en un par de instantes, en los que se diluyen completamente esas líneas o criterios de documental o ficción. Todo es una ilusión. Lo que fui aprendiendo y experimentando con La Chirolay Ciudadela lo intenté aplicar a Chaco, algunas cosas funcionaron y otras no tanto. Pero surgieron otras nuevas, renovadas, y que evolucionaron maravillosamente, como, por ejemplo, el trabajo sonoro que comenzamos a experimentar y jugar desde La Chirola, que avanzó en Ciudadelay que ahora, en Chaco, consigue un resultado envolvente e inquietante del que estamos muy felices. La película fue concebida desde el sonido, y pudimos ser fieles a esas emociones iniciales, hasta el final. Chacoes una película elaborada con mucha meticulosidad, hay muchos detalles y “cositas” pequeñas que se entretejen, creando un gran mosaico con distintos tonos y niveles.

—Chaco está teniendo un periplo feliz por certámenes internacionales desde su debut en Rotterdam. ¿Es necesario este “aval” de los festivales antes de estrenar en Bolivia?

—Estoy muy agradecido que el trabajo que desarrollamos con mis compañeros y compañeras  continúe teniendo buena recepción de un público diverso, y que lo ha ido apreciando y explorando desde distintas disciplinas. Por otro lado, no creo que los festivales pretendan o puedan establecerse como la ‘última palabra’, para eso están los públicos; pero sí considero que los festivales de cine son espacios importantes donde nuestro trabajo se exhibe por primera vez, se discute ante la crítica especializada y colegas de todo el mundo. Son espacios de validación y para compartir, para ver aquello que se considera importante y nuevo.

—El tráiler de la película es un gran plano general fijo, teatral y casi silencioso. Podría ser una secuencia de Sanjinés, Malick o Herzog. A ratos, Chaco podría ser vista como un viejo western del abuelo John Ford y su “patrulla perdida”. ¿De qué otras referencias has bebido?

—Mis referentes fílmicos no han variado esencialmente, y por ahí sigue rondado el trabajo de Sanjinés y el Grupo Ukamau, Glauber Rocha, Werner Herzog y varios otros. Pero sobre todo es la literatura la que sigue siendo mi referente y asidero más potente. Desde allí he podido imaginar y acercarme a la posibilidad de una imagen para el Chaco, lo que es muy complejo dadas las escasas referencias de imágenes (fotografías o imágenes en movimiento) y sonidos que se tienen tanto del período de la guerra como del espacio mismo, además sin perder de vista que las fotografías que circulan sobre la guerra fueron realizadas por el Ejército y oficiales de ese entonces, una élite criollo mestiza, con su mirada sesgada hacia el indígena, que en los años treinta aún seguía siendo pongo o esclavo. Esa élite que retrató la guerra más trataba de narrar una aventura épica y patriótica, o lo pintoresco que les resultaba ver a un indígena aymara vestido de militar, que aportar un testimonio de lo que verdaderamente sucedía. 

Por suerte ese no fue el caso de la pintura, que sí se acercó mucho más y narró el horror de la guerra, el abandono y padecimiento de los soldados, como también evidenció las diferencias de clase y privilegios en el Ejército. Ahí están los ejemplos de Cecilio Guzmán de Rojas o Raúl G. Prada, entre otros.

Puedes ver el trailer de «Chaco» en esta dirección:  https://www.youtube.com/watch?v=H10O4onSZOA

De Hollywood a ‘Boquerón’

La Guerra del Chaco todavía no ha terminado y Hollywood ya tiene la película. No es una broma. En abril de 1935, dos meses antes de la firma de la paz, la Universal Pictures estrena Storm Over the Andesdel director Christy Cabanne, un antiguo asistente de dirección del legendario D.W. Griffith. La película es presentada bajo la leyenda: The terrific drama of love and Chaco War in the clouds. Tiene dos versiones, una en inglés protagonizada por la estrella Jack Holt en el papel de un piloto boliviano y otra en castellano titulada Alas sobre el Chaco, con los españoles José Crespo y Antonio Moreno junto a la mexicana Lupita Tovar. Nada más arrancar la contienda, en diciembre de 1932, se estrena en Buenos Aires En el infierno del Chacodel argentino Roque Funes —operador del Ejército paraguayo. Es un gran éxito durante el conflicto en los cines de Asunción.

En 1936 (el 29 de septiembre, martes) se estrena en La Paz en el Cine París La Guerra del Chacodel cochabambino Luis Bazoberry García. Es un fracaso total.

Nadie quiere ver la derrota en pantalla grande. La película pasa también sin pena ni gloria por el Princesa, el Mignon y el Teatro Municipal. En 1962 se reestrena con el título de El infierno verdeen el Cine Tesla. El mediometraje tiene imágenes de batallas en movimiento propias de un documental de guerra y fotos fijas (Bazoberry fue fotógrafo profesional y trabajó en la Aviación como aerofogrametrista).

La película fue sonorizada en Barcelona y montada por el editor catalán Joan Pallejá con plata del propio Bazoberry. Se recuperó gracias a su hijo odontólogo que donó la cinta a Cinemateca Boliviana y se reestrenó con una copia restaurada en 2015 en la propia Cinemateca donde estuvo un mes en cartelera. También se exhibió en Cochabamba, Santa Cruz, Oruro, Potosí y Trinidad.

Temática. El afiche de la película de Luis Bazoberry, de 1936, que pasó sin pena ni gloria

Más cintas sobre la guerra

Otras películas sobre la guerra son:  Hacia la gloria (1932) de Mario Camacho, Raúl Durán, José Jiménez y Arturo Borda; La Guerra del Chaco(1932) del paraguayo Agustín Carron Quell; La Campaña del Chaco(1933) de Juan Peñaranda Minchín; En la tierra del Guarán(1934) de la productora argentina Lumiton Cinematográfica; Guerra en el infierno verde (1935, producción alemana de la UFA); Hijo de hombre del argentino Lucas Demare y con el español Paco Rabal de protagonista (1961 con guion de Roa Bastos, también llamada Choferes del Chaco); Khunuskwi, recuerdos del porvenir(1990), de Silvia Rivera Cusicanqui; La última batalla(1992), de Rodrigo Ayala Bluske; Cachorros de león (1997) del paraguayo Manuel Cuenca;  Réquiem por un soldado (2002, ficción) de la paraguaya Galia Giménez; Hamaca paraguaya(2006) de su compatriota Paz Encina; Iyambaé en la Guerra del Chaco(2006) de Jürgen Riester; Desde el fondo (2008) de Adriana Montenegro; Boquerón(2015) de Tonchy Antezana; La redención(2017) del paraguayo Hérib Godoy sobre la batalla de Nanawa y Fuertes(2019), de Óscar Salazar y Franco Traverso. Actualmente el cineasta Joaquín Serrano prepara para 2022 el primer largometraje paraguayo de animación, Alas de gloria, sobre el primer combate aéreo de la guerra.

Una de las escenas de la cinta de Mondaca

El Montículo, idilio de piedra y naturaleza

Es una montaña sagrada para los aymaras. Fue diseñado en 1940 por Mario del Carpio y ganó fama entre los enamorados con el tango ‘Illimani’; el lugar es un baúl de patrimonios

/ 16 de septiembre de 2020 / 07:34

La puerta de San Jerónimo es el ingreso principal al Montículo de Sopocachi y pesa 20 toneladas

Aquí nos vamos a casar pronto y en fecha par”, decreta Mariela Ramírez, mientras sostiene la mano de su novio Jaime Elio. Ambos pasean por el lugar, como muchas de las parejas que visitan el emblemático sitio, y esperan que pase la pandemia para planificar sus nupcias. “Éste es uno de los lugares más lindos y románticos de la ciudad”, dice la joven, respecto al Montículo. ¿Por qué el Montículo es un sitio tan idílico en el imaginario paceño? Eduardo Machicado, quien nació en el barrio de Sopocachi hace 80 años, indica que el tango Illimani, de Néstor Portocarrero, fue el que cimentó esa fama, generación tras generación, y desde luego provocó que los colegiales en afanes románticos acudan a pasear por este espacio natural disfrutando su querer. No en vano, el lugar fue bautizado precisamente con el nombre del autor.  

“El Montículo fue la expansión de la ciudad, en un barrio (Sopocachi) planificado por parte del partido de los liberales. Este sitio es un apu, según la cultura aymara (una montaña divina), y la plaza España era una laguna. El tranvía 2 salía del Montículo y bajaba la Ecuador. Sapa cachiquiere decir cerro solitario y el nombre del barrio se basa en el Montículo”, agrega Machicado.

El sitio, tal como lo conocemos ahora, fue diseñado por el arquitecto Mario del Carpio en 1940. El cerro se alza a una altura de 3.635 metros sobre el nivel del mar en medio de árboles, vegetación natural y atesora esculturas patrimoniales de gran valor como el portón de San Jerónimo, tallado en piedra en1776. No es la única joya, ya que la capilla que se erige es una de las más requeridas para las bodas, decenas de recién casados pasaban por ese templo en las épocas anteriores a la pandemia. En ella yacen los relojes más antiguos de la urbe, y aún funcionan; el lugar está cerrado por ahora.

Otra impresionante obra escultórica es una plazoleta circular con una fuente ornamentada con la figura de Neptuno, la cual data de 1928 y está tallada en mármol de Carrara. Eso no es todo, como una ventana al infinito se dibuja un mirador con vistas al este, el sur de la ciudad y con el nevado centinela de fondo. “Desde allí se podía ver el solsticio de verano, que es cuando sale el sol del Illimani se asienta. Esto se da el 21 de diciembre. Es un espectáculo que pocos ven”, remarca Machicado, quien es hijo del  creador de Las Flaviadas, sesiones de música clásica que se realizan desde 1916, y que donó una escultura de Mozart en 1970 que está siendo restaurada.

La fuente de Neptuno

La iglesia Inmaculada Concepción

El sitio es uno de los preferidos por las parejas en la ciudad de La Paz

La efigie de Neptuno

La plazoleta

El mirador que muestra gran parte de la ciudad

De inspiración para el arte

El Montículo enamora, por eso no es casual que los destacados pintores Cecilio Guzmán de Rojas y Arturo Borda lo hayan visitado constantemente. También el poeta y escritor surrealista Jaime Sáenz, en su libroImágenes Paceñas, describió a este espacio de la siguiente manera: “Es éste el más paceño de los parques… donde se ofrece el más imponente panorama”.

El músico Néstor Portocarrero, a quien le debe su nombre este sitio, es quien resuena en el canto de varias generaciones que entonan y entonaron Sopocachi, de mis sueños juveniles, 15 abriles, quién volviera hoy a tener, tango que escribió mientras participaba en la guerra que se desencadenó contra Paraguay en 1932, en las calientes y secas tierras del Chaco, golpeado por las vicisitudes del conflicto bélico y la nostalgia de estar lejos de su amada ciudad.

“Como dije, el sitio es visto como amor desde que salió el tango Illimani. Recuerdo que nos llevaban de excursión del colegio Alemán. Pero allí fue un sitio de combate para la Revolución Nacional de 1952, en la posdictadura de Hugo Banzer (19711978) se talaron árboles, ya que eran bosques”, afirma un nostálgico Machicado.

Así en este parque, con senderos serpenteantes que suben y bajan, se esconden promesas de amor que van desde un primer beso hasta un matrimonio bendecido en una iglesia. Los testigos de estas historias son las piedras talladas y la naturaleza del lugar que viven en idilio perpetuo y arman el escenario ideal para que florezcan los amores más profundos.

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El colibrí contratenor

La ciencia se maravilló al descubrir a la Estrellita Ecuatoriana, que tiene el canto más agudo entre las aves. Una especie de 14 centímetros de altura cuya vocalización se escucha como un melodioso susurro

/ 16 de septiembre de 2020 / 07:31

Colibrí Contratenor ecuatoriano

Por AFP

Al comienzo confundieron su canto con el susurro del viento, pero la ciencia se maravilló al descubrir que se trataba del contratenor de las aves: un colibrí con un sonido único que habita en los páramos de Ecuador.

Conocida comúnmente como Estrellita Ecuatoriana, esta especie de 14 centímetros de altura tiene el canto más agudo entre los pájaros. El Oreotrochilus chimborazo canta con una frecuencia fundamental de 13,4 kilohertzios (kHz) y alcanza notas de hasta 16 kHz, según un estudio divulgado en julio en la revista Science Advances. El resto de aves emiten vocalizaciones que van generalmente de dos a ocho kHz.

«La frecuencia fundamental es importante porque nos muestra la frecuencia a la que vibra la siringe, lo que es el equivalente a nuestra laringe, que es la que produce el sonido», explica Fernanda Duque, neurocientífica ecuatoriana de la Universidad Estatal de Georgia, en Estados Unidos, y autora del artículo.

Aún admirada por su hallazgo tras cinco años de trabajo, esta científica de 32 años señala que algunos colibríes emiten vocalizaciones que llegan a ocho kHz. «Pero es raro escuchar un canto que esté exclusivamente por encima de los 10 y por esto estas vocalizaciones son importantes». Además, la Estrellita Ecuatoriana es el único colibrí que puede vivir a 5.200 metros de altura.

Este tipo de aves desafían el frío extremo de los páramos de Ecuador, un ecosistema vital que actúa como una esponja que retiene agua. El país tiene unas 130 variedades de colibríes, el 40% de las 300 registradas en América, el único continente donde habitan. Los machos de la especie Oreotrochilus chimborazoemiten un canto tan alto que puede superar el sonido que hace el viento al chocar contra el pajonal y las plantas de chuquiragua, su alimento predilecto.

Carlos Rodríguez, de 33 años y quien estudia la evolución del canto de aves en la Universidad de Texas, Estados Unidos, identificó el canto de esta especie de colibrí.

Junto a su esposa, Fernanda Duque, llevaron a cabo el estudio que determinó las características únicas de este animal.

Foto: AFP

«Yo escuché esta vocalización, pero entonces ni siquiera se me ocurrió que pudo haber sido el canto de un ave. Para mí, se escuchaba como el susurro del viento en el pajonal», recuerda el científico ecuatoriano. Incrédulo, pensó incluso que podía tratarse del zumbido de un insecto. «Pero empecé a ver que siempre que escuchaba eso veía al colibrí», relata Rodríguez.

Cuando la Estrellita canta «suena como un susurro, como un ‘sssss’ y en realidad dentro de los sonidos que nosotros estamos acostumbrados a escuchar los susurros son los que tienen frecuencias más altas, más altas que los silbidos», dice.

Con la edad, las personas pierden la capacidad para captar el canto de contratenor del colibrí, explica Rodríguez. El colibrí vive en la reserva natural Chakana, en las faldas del volcán ecuatoriano Antisana (50 kilómetros al sureste de Quito), uno de los lugares donde se hizo el estudio.

En ese hábitat, Efraín Cepeda, funcionario de la Fundación de Conservación Jocotoco, usa un parlante con una grabación del canto para atraer a la Estrellita Ecuatoriana. Es un trabajo de paciencia hasta lograr que una de las aves se aferre con sus patas a la planta de chuquiragua.

Entonces, se abre el espectáculo de la naturaleza: el colibrí entona su canto, su cuello se ensancha y las plumas de la cabeza se mueven como formando una ola que cambia de color por la iridiscencia.

La Estrellita Ecuatoriana tiene una capucha de color que va entre el morado y el azul, según el ángulo de la luz. Precisamente esos colores y el canto son su atractivo.

«Este canto existe con esa función de comunicarse en contextos sociales específicos que son la defensa territorial y el cortejo», explica Duque, quien notó que los machos lo entonaban mientras permanecían suspendidos frente a las hembras.

La investigadora además identificó que machos y hembras de Oreotrochilus chimborazoviven en territorios distintos y que solamente los machos realizan este canto, que es más complejo que otras vocalizaciones que puede realizar la especie.

Estas aves lo usan también para defender su espacio. «Tienden a tener comportamientos agresivos. Empiezan a buscar de dónde viene el sonido con cosas como mover la cabeza, estirar el cuerpo y empezar a acercarse a la fuente del sonido. Algunos atacan el parlante», señala.

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Diana Rigg, la icónica Emma Peel de la serie ‘Los Vengadores’

La actriz, dice su hija, falleció tranquilamente mientras dormía

/ 16 de septiembre de 2020 / 07:30

La actriz Diana Rigg

Por AFP

La actriz Diana Rigg (Londres, 1938), famosa por interpretar a Emma Peel en la serie británica Los Vengadores (1960), a Tracy di Vicenzo en Al servicio de su Majestad (1969) —perteneciente a la saga de James Bond— y a Olenna Tyrell en Juego de Tronos (2011-2016), falleció a los 82 años. La actriz es recordada por las generaciones jóvenes por su manipulador y maquiavélico papel en la serie de fantasía medieval.

Sin embargo, Diana Rigg tuvo un extenso recorrido en las artes escénicas que la llevaron no solo a obtener prestigiosos premios por su “talento luminoso”, como dice el dramaturgo Tom Stoppard, sino también una versatilidad en la actuación: de una “Emma Peel que barrió cuando interpretó a la Medea de Eurípides, a la Martha de Albee, a la Madre Coraje de Brecht”, recuerda el director británico David Hare, informó la agencia AFP.

La actriz, dice su hija, falleció tranquilamente mientras dormía, “murió de un cáncer diagnosticado en marzo, y pasó sus últimos meses reflexionando alegremente en su extraordinaria vida, llena de amor, risas y un profundo orgullo profesional”.

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Disco 60 Aniversario

El disco avanza como gusanito ciempiés, a pasito tun tun, hoy grabar un disco con 11 canciones es una tontería para muchos

/ 9 de septiembre de 2020 / 07:35

Manuel Monroy Chazarreta, El Papirri

Por El Papirri

Había anunciado al mundo mundial la salida de mi nuevo disco online hace un par de meses. El disco avanza como gusanito ciempiés, a pasito tun tun, hoy grabar un disco con 11 canciones es una tontería para muchos. Los colegas músicos, sobre todo los más jóvenes, ya no graban discos, graban cuatro temas y hacen videoclips tremenduferos, los ponen en todas las plataformas digitales y redes regalando su laburo al ciberespacio. Triple crisis: de formato, de concepto y de…dinero.

Yo vengo de la antigua generación, mis primeros dos discos salieron en formato vinilo, eran LP, el disco contenía un Lado A con cinco temas, supuestamente los más fuertes, dabas la vuelta el redondo negro con surcos y veías el Lado B; ambos lados eran picados por las agujitas hermosas del pick up, tenían un ruidito analógico entrañable: ya no tengo esos medios para poder escuchar unos 100 LP que duermen en una repisa.

En febrero, por Baires, pude comprobar que la nueva edición en vinilo de Artaud, el bello disco del Pescado Rabioso de Spinetta de 1973, había vendido 5.000 copias en tres meses a un precio aproximado de 40 dólares el vinilo. Increíble… y con la crisis que tienen… eso es valoración total, apreciación al antiguo formato y apoyo al flaco que se nos fue y que ahora tendría 70 abriles. La tapa es hermosa, rarísima, no es cuadrada, es todo un diseño pop de la época.

Mis dos LP tienen dueño, son de una empresa discográfica de la década de 1980, la empresa nos daba unos mangos y firmábamos contratos leoninos con letra ilegible; recuerdo que se sacaba primero un disco simple pequeñito con una canción por lado para regalar a las radios. Varios discos importantes de la audio/memoria boliviana han quedado en el limbo, pues aquella empresa aun controla y no deja que el autor o los herederos puedan sacar una edición que reviva sus músicas.

Luego llegó el casete, con su cinta entrañable, sus lapiceros haciendo correr cinta, tengo unos 1.000 casetes en cajones. Mi tercer disco Bien le cascaremos (1994), también de propiedad de aquella empresa, es uno de los primeros discos bolivianos que salió en CD, nuevo formato de la década del ‘90. Ese disco salió en casete y en CD. En aquella época empezó a moverse la piratería y a irse al carajo la industria. Recuerdo las campañas de lucha contra la piratería, un vejestorio total.

Mis próximos siete discos salieron en CD y en formato DVD con imágenes de conciertos en vivo. Al ser estos de propiedad mía, era todo un drama financiarlos, pero lo lográbamos con la venta del CD o DVD en los conciertos: el público iba al concierto y compraba su disco. El último DVD, El retorno del Papirri de 2018, todavía recibió el apoyo del público y se pudo autogestionar. Ahora ya no hay conciertos por el virus cabrón. Y para colmo Bill Gates, de la fraternidad Illuminatis, anuncia que se viene un virus peor para el próximo año. ¿Entonces, para que grabar un disco? No sé, che, solo sé que me está dando vida, conmueve el apoyo de todos los músicos amigos que empujan con gran amor la nave al precipicio.

La primera canción que terminamos, Kaluyo del retorno, sale en mis cumpleaños, el 18 de septiembre; el nuevo disco se llama 60 Aniversario.

Hice lo posible por no vivir tanto, pero los espíritus superiores aún me tienen aquí y ahora. Al kaluyo lo compuse en el avión de retorno a Bolivia luego de ocho años de ausencia, fui cantando la melodía despacito a 10.000 metros de altura en el vuelo Quito-Bogotá, mientras mi esposa escuchaba y lagrimeaba a mi lado. ¿De dónde saldría esa melodía con su letra más?… no tenía guitarra para armonizar, el asunto es que en la escala de Bogotá lo grabé en el celular y se quedó ahí. El año pasado me acorde de él cuando fui de visita al taller de mi amigo el artista plástico y compositor sucrense José Carlos Auza, joven talento boliviano y gran kaluyero.

Luego de pasar una tarde de arte volví desesperado a buscar aquel celular, no me acordaba de la melodía. Lo encontré entre las ropas, ocultito, lo prendí, pude revisar los audios, ahí estaba el Kaluyo del retorno aguardando sus alas.

En abril de este año lo llamé a Auza y le mandé la pieza pidiéndole que le haga arreglitos, que le ponga vestidito, mucha serpentina, chichita, guitarra punteada, charanguitos y la nueva incorporación kaluyera, el guitarrón mexicano. Auza me devolvió en mayo la pieza con un sentido planteamiento sonoro que me hizo pecar vía coktelitos de colores. Además de gran pintor y músico, Auza tiene el talento de manejar las nuevas tecnologías, en agosto le pedí por favor haga un video más del kaluyito: ayer lo vi, está entrañable. Es un homenaje a nuestros valerosos migrantes que sueñan con volver a Bolivia, muchos de ellos no cumplen la quimera y sucumben esparcidos por el mundo. El plan, si lo hay, es que el CD 60 Aniversarios alga en físico el 10 de diciembre, aunque no sé bien con qué medios, esta vez no hay conciertos, ni público, ni formato, ni fábrica de discos, ni discos, ni imprentas. Si tienen alguna idea me avisan nomás. Sin motivo es.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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La irreverencia de Charlie Hedbo sobrevivió intacta a la matanza

A cinco años del ataque yihadista al semanario satírico francés que mató a una docena de sus colaboradores, su redacción conserva el tono provocador, en medio del empiezo de uno de los juicios más esperados de los últimos tiempos

/ 9 de septiembre de 2020 / 07:35

Un cuadro cerca de la antigua oficina de la revista satírica, que rinde homenaje a los 12 colaboradores fallecidos en el ataque yihadista de enero de 2015 en París

Por AFP

¿Charlie sigue siendo Charlie? Más de un lustro después del atentado que diezmó su redacción, el semanario satírico francés sigue presentándose como un baluarte de la libertad de expresión y conserva intacto su tono provocador, si bien sus objetos de burla están cambiando.

«Antes decíamos a la mierda Dios, el ejército, la Iglesia, el Estado. Hoy, debemos aprender a decir a la mierda las asociaciones tiránicas, las minorías ególatras, los blogueros y blogueras que nos reprenden como si fueran pequeños maestros de escuela», escribió en enero Riss, director de la redacción, con motivo del quinto aniversario de la matanza.

El 7 de enero de 2015, los hermanos yihadistas Said y Chérif Kouachi irrumpieron en la sede parisina de Charlie Hebdo y mataron a 12 de sus colaboradores, incluidos los conocidos caricaturistas Cabu, Charb, Honoré, Tignous y Wolinski.

Los autores estimaron «vengar» así a Mahoma, después de que el semanario hubiera publicado varias caricaturas mofándose del profeta, de la misma manera que se ríe con frecuencia de las otras religiones, cosa legal en Francia, donde el delito de blasfemia no existe.

La marca de la casa

La línea anticlerical fue marca de la casa desde su fundación en 1970, si bien con el tiempo sus caricaturistas fueron burlándose de todo y de todos, hasta el punto de que las denuncias por difamación de la Iglesia, empresarios, ministros y famosos obligaron a cerrar la publicación durante 11 años, entre 1981 y 1992.

Pero su irreverencia no mermó y las burlas al Islam la convirtieron en blanco de amenazas durante años.

En el atentado de 2015, Charlie Hebdo perdió a varias de sus mejores firmas y algunos otros de los que sobrevivieron se marcharon poco después, traumatizados. Fue el caso de Luz, pilar de la redacción y autor de la caricatura de Mahoma proclamando «Todo está perdonado», del primer número posatentado, del que se vendieron casi 8 millones de ejemplares.

«Cada vez que cerramos un número es una tortura porque los demás ya no están ahí. Pasar noches sin dormir invocando a los desaparecidos, preguntándome qué habrían hecho Charb, Cabu, Honoré, Tignous es extenuante», confió Luz al diario Libération. Desde entonces, el dibujante se dedica a los cómics y entre sus publicaciones destaca Catarsis, donde cuenta cómo se recuperó del atentado, del que escapó por poco.

También se fue Patrick Pelloux por la necesidad de «pasar página». Se quedó el periodista Philippe Lançon, cuyo libro Le Lambeau, en el que narra cómo vivió el atentado y el doloroso proceso de reconstrucción facial al que se sometió tras resultar gravemente herido, se llevó varias de las recompensas literarias más prestigiosas de Francia.

A la cabeza de la redacción está Riss (Laurent Sourisseau), caricaturista del semanario desde hace casi 30 años. Sucedió a Charb tras su muerte en el atentado —él resultó herido en el hombro— y llevó a cabo la renovación de la redacción con la llegada de nuevos periodistas.

«Hoy en día, lo políticamente correcto nos impone una ortografía acorde con el género, nos desaconseja emplear palabras supuestamente incómodas», fustiga Riss, arremetiendo contra los «nuevos censores» que «se creen los reyes del mundo detrás del teclado de su teléfono». «Las llamas del infierno de antaño dieron paso a los tuits delatores de ahora», agrega.

En cuanto a las ventas, el atentado revirtió un periodo financieramente difícil. De unos 20.000 ejemplares semanales vendidos en quiosco y de unos 10.000 suscriptores, Charlie Hebdo, que vive sin publicidad ni subvenciones, se benefició de una ola de solidaridad que le llevó a sumar 240.000 suscriptores en febrero de 2015.

Más adelante, las cifras se estabilizaron y actualmente se venden cada semana unos 25.000 ejemplares, además de unas 30.000 suscripciones. Su volumen de negocios pasó de 5 millones de euros ($us 5,9 millones al cambio actual) en 2014 a más de 8 millones el año pasado ($us 9,4 millones).

Después del atentado, el semanario se convirtió en el primer medio francés en adoptar el estatuto de empresa solidaria de prensa, por lo que se comprometió a reinvertir el 70% de sus beneficios anuales y el resto para autofinanciarse.

El año pasado, Riss, que posee dos tercios del capital de Charlie Hebdo, cedió algunas partes a tres miembros de la redacción, con vistas a preparar un futuro relevo generacional al frente de la publicación.

La frase emblemática ‘Je suis Charlie’ (Yo soy Charlie) se difundió por el mundo para expresar el repudio a lo sucedido

El movimiento policial tras el atentado

Víctimas. (De izq. a der.) El editor en jefe adjunto del semanario, Bernard Maris, y los dibujantes Georges Wolinski, Jan Cabut (alias Cabu), Charb, Tignous y Honore (Philippe Honore)

Un cuadro cerca de la antigua oficina de la revista satírica, que rinde homenaje a los 12 colaboradores fallecidos en el ataque yihadista de enero de 2015 en París

El afiche con los rostros d las víctimas

Comenzó el juicio y el principal acusado alega inocencia

El juicio por los atentados de enero de 2015 contra el semanario satírico Charlie Hebdo y un supermercado de productos kósher, que marcaron el inicio de una serie de sangrientos ataques islamistas en Francia, comenzó el miércoles en París, Francia, en una atmósfera pesada y bajo una vigilancia policial estrecha.

Un total de 14 personas están acusadas por haber brindado apoyo logístico a los tres autores materiales de los ataques, quienes murieron tras cometer sus crímenes. Los atentados dejaron 17 fallecidos entre el 7 y el 9 de enero de 2015 y consternaron a Francia y al mundo.

Con sus rostros parcialmente cubiertos con mascarillas debido a la crisis del COVID-19, los sobrevivientes y los familiares de las víctimas se sentaron en la sala principal del tribunal, frente a los 11 acusados presentes. Los otros tres serán juzgados en ausencia.

Para marcar la apertura del juicio, Charlie Hebdo volvió a publicar las caricaturas del profeta Mahoma que entrañaron la matanza. «En el fondo, de eso se trata el espíritu de Charlie, de negarse a renunciar a nuestras libertades», dijo el abogado de la publicación, Richard Malka.

La reedición de las caricaturas fue condenada por la institución islámica sunita Al-Azhar de Egipto, que la calificó de acto «criminal» y «provocación injustificada».

Ali Riza Polat, acusado de «complicidad» de los crímenes de los hermanos Kouachi y de Amédy Coulibaly, dijo el viernes ser «inocente de los hechos que se me reprochan», El francoturco era amigo de Coulibaly, quien mató a cuatro judíos en una toma de rehenes en un supermercado y abatió a una policía.

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