sábado 27 nov 2021 | Actualizado a 02:14

Bolivia tiene derecho a soñar

Jorge Barraza, periodista argentino

/ 17 de octubre de 2021 / 22:37

Según Opta Sports, compañía británica de análisis deportivo, el Colombia 0 – Ecuador 0 del jueves duró 109 minutos, pero se jugaron 44 minutos y 15 segundos de tiempo neto. O sea, 64 minutos y 45 segundos fueron a parar al canasto, eran basura futbolística: discusiones, manoseos, demoras deliberadas, VAR, pelotas afuera, simulaciones, festejos inútiles… Todo muy sudamericano, muy Libertadores años ’80. En el palco, en Barranquilla, estaba Gianni Infantino, presidente de la FIFA, quien degustaba bocaditos y sonreía como diciendo “¡Qué partidazo…!”. ¿Qué va a decir…? Él viene a buscar los votos para hacer el Mundial cada dos años, tiene que disimular. Pero lo que vio de lo que fuera antiguamente el reino del buen fútbol y los jugadores geniales lo debe haber dejado pensativo.

Las Eliminatorias nunca fueron poéticas, son guerras sin muertos; ahora hay menos broncas y tensiones que antes, pero se está jugando feo y mal. Y salvo en Brasil y Argentina, no hay paz en ninguna parte. En todos lados llueven críticas. Va un relevamiento…

* ¡Bem vindo, Raphinha…! El zurdo del Leeds es la gratísima revelación de Brasil. En tres partidos se metió a la torcida y la prensa en el bolso. Brasil está virtualmente clasificado, le sobran puntos, pero el entusiasmo pasa más por haber descubierto a este crack, un volante fino que juega por derecha, con mucha llegada al arco rival. Entró frente a Venezuela cuando perdían 1 a 0 y arregló todo enseguida con dos asistencias. Bien ante Colombia (Ospina le sacó un zurdazo que iba adentro y luego le puso un pase-gol a Antony), y dos goles ante Uruguay. Un hallazgo de cara a Catar 2022.

* Alta cosecha. Seis puntos en septiembre -más el partido interrumpido por Brasil que seguramente le dará otra victoria en el tribunal-, y 7 en octubre, diez goles a favor y uno en contra (de penal). Con el fallo de la FIFA se iría a 28, ya tiene asegurado el boleto al Mundial. En su caso, las noticias son dos: 1) la confirmación de que encontró un zaguero notable en Cristian Romero, un extraclase con anticipo, quite, firmeza, prestancia, salida, cabezazo y determinación. Le da para diez años de selección. 2) La sensacional actuación ante Uruguay, lujosa y contundente, que alimenta esperanzas para Catar. Aunque no pudo repetirla ante Perú.

* Encaminado. El empate conseguido en Barranquilla le permitió a Ecuador no ser superado por Colombia y seguir en excelente posición. Si consigue siete puntos de los nueve que se juega ante Venezuela, Perú y Paraguay habrá dado un paso gigante para clasificar. A causa de la campaña arrolladora de Brasil y Argentina y de la mayor cantidad de empates en este premundial, es factible que alcance con menos puntos que en Eliminatorias anteriores. Se pensaba que serían necesarios 27 ó 28 puntos para lograr el objetivo, ahora podría ser con 25, incluso 24.

* No gana, pero sube. Pese al descontento general, Reinaldo Rueda lleva ocho partidos invicto desde su asunción en Colombia, con dos triunfos y seis empates. No brilla, le falta generación de juego y convierte muy poco (tres 0 a 0 consecutivos ante Uruguay, Brasil y Ecuador), pero el no perder le rinde: fue subiendo lentamente desde el séptimo al cuarto puesto. Le queda un calendario favorable: juega contra los cuatro últimos. Y defensivamente está sólido. Frente a la Tri, el público pidió a gritos a James Rodríguez, que llevaba cinco meses sin jugar (ayer debutó en el Al-Rayyán de Catar). Es un reflejo de cómo juega el equipo, mucho más apto para defender que para atacar. Su único rival directo es Uruguay. Si consigue los mismos puntos que los celestes, mantendrá ese cuarto lugar.

* Terrible. El momento de Uruguay. No pudo contra Colombia como local (0-0) y luego recibió dos cachetazos afuera contra Argentina y Brasil. En Buenos Aires le dieron el baile de su vida. No creemos que en 119 años de actuaciones la Celeste haya sido vapuleada de esa forma. Y en Manaos pudo recibir la goleada de todos los tiempos. Brasil le creó una tonelada de situaciones de gol. Una Selección Uruguaya extraña, arrasada, vulnerable. Fue “apenas” 0-3 y 1-4. Óscar Tabárez se parapetó: “No voy a renunciar”. Entre los hinchas es un clamor: este ciclo no va más. En la dirigencia estaban las dudas sobre si respetar al venerable Maestro o intentar un golpe de timón que salve la clasificación. El Mundial aporta mucho dinero que se reparte entre la asociación y los clubes, muy necesitados, por cierto.

* “¡Está vivo…!” Cuando le estaban dando la extremaunción, Chile dio signos vitales: se movió y ganó inesperadamente ante Paraguay y Venezuela. Y reflotó su ilusión. Pero igual corre de atrás y tiene por delante un recorrido que ni el tren fantasma: Paraguay (V), Ecuador (L), Argentina (L), Bolivia en La Paz, Brasil (V) y Uruguay (L). Si consigue 13 puntos de esos 18 es una proeza como ganar el Mundial. De llegar ambos con posibilidades a la jornada final, ese juego ante Uruguay puede ser la Tercera Guerra Mundial.

* Todo mal. Paraguay consiguió un trabajoso y valorado empate ante Argentina en Asunción, pero luego cayó sin atenuantes en Chile (0-2) y estrepitosamente en Bolivia (0-4). Quedó séptimo y con pésimo saldo de goles. Un equipo correlón, pero sin fútbol, sin ideas ofensivas, puro esfuerzo. De los últimos ocho partidos, en seis no marcó goles; una ineficacia alarmante. El DT Eduardo Berizzo fue cesado y se busca reemplazante. Cualquiera que llegue es difícil que reflote el barco, aunque en puntos no está tan lejos.

* El remedio infalible. No se conoce un tónico más curativo que ganar; en medio de una lógica desazón de su gente porque marchaba noveno, Bolivia hilvanó dos triunfos al hilo: versus Perú (1-0) y la goleada sobre Paraguay (4-0). Esta tuvo sabor a triunfo grande, con fútbol y autoridad. Tiene algunos jugadores jóvenes la Verde que generan esperanza como Jairo Quinteros, Roberto Carlos Fernández, Ramiro y Henry Vaca, Víctor Ábrego y Carmelo Algarañaz. Igualó la línea de Paraguay (12 unidades) y con eso sueña con pelear hasta el final. El gol de Rodrigo Ramallo, un modelo de lo que debe hacer un carrilero: anticipo en mediocampo, toque con Justiniano y subida a buscar la devolución, pared con Martins y zurdazo al ángulo. Por concepción y definición, un gol espectacular.

* ¿Gareca 2025…? . Perú, el próximo rival de Bolivia, quedó muy lejos en la tabla y prácticamente se despidió del Mundial. Debería obtener al menos catorce de los dieciocho puntos que restan y eso parece misión imposible. No obstante, el hincha desearía que siguiera Ricardo Gareca otros cuatro años en la Bicolor.

* Retrocede diez casilleros. Como en el juego de la oca, Venezuela despilfarró toda su evolución en esta Eliminatoria. Demasiados desaguisados dirigenciales (como dejar ir al técnico portugués José Peseiro), cambios permanentes de todo tipo, errores organizativos. Una magnífica camada de futbolistas desperdiciada. Ya está eliminada. Y se dio el lujo de tumbar a Ecuador…

Entrevista

Eliminatoria: hay río revuelto…

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 21 de noviembre de 2021 / 21:32

Saltó el transformador en la Eliminatoria. Tan fulminante fue el cortocircuito que electrocutó al Maestro Tabárez, quien parecía vulcanizado en su puesto. El noble patriarca del pizarrón se encaminaba a los dieciséis años en su segunda etapa con Uruguay. Pero cuatro derrotas consecutivas, un punto sobre 15 y un gol marcado contra 11 recibidos no hay cuerpo que lo aguante. Ni él, que ya es un prócer del fútbol oriental.

La carrera es un clavo ardiente. Hay seis novios para una plaza y media. Pocos bailarán. Brasil y Argentina están adentro; Ecuador también. Con 23 puntos y +10 de diferencia de gol (le lleva 15 a Perú, 17 a Uruguay, 11 a Colombia y Chile) ya puede ir a la sastrería a elegir el uniforme de viaje. Tiene puntos y tiene jugadores. Muchos. Es el país de Sudamérica de mayor evolución futbolística, sostenida en el tiempo. En 1989, con Dusan Draskovic, comenzó a dejar el traje de Pulgarcito, de los que recibían de a seis. Son 32 años de crecimiento a nivel de clubes y selecciones. Mejoraron el biotipo, la técnica, la profesionalidad, la infraestructura deportiva, la exigencia. Y lo más importante: la mentalidad. Se atreven, son bravos. Antes se los respetaba por la altura de Quito, ahora se los respeta porque te ganan. “Moriré sin ver a Ecuador en un Mundial”, decían los hinchas grandes. Está cerca de su cuarta Copa del Mundo. Y hubiera sido la quinta si no regalaba la Eliminatoria anterior. La regaló por discordias varias. Ecuador está en el mostrador pidiendo un boleto, aunque tiene un fixture feo (Brasil, Perú, Paraguay, Argentina). “Con el cero en nuestro arco clasificaremos”, analizó Gustavo Alfaro. Cierto, con dos empates asegura.

Las cuatro fechas finales serán un paseo en el tren fantasma: de terror. Cada partido, cada minuto, cada jugada se vivirán con una tensión irrespirable. Será un festival de “¡Uuuuuuuhhhh…! ¡Oooooooohhh…! ¡Aaaaaahhhh…! Todo pelotazo que pase cerca del arco detendrá los corazones. Colombia, Perú, Chile, Uruguay, Bolivia y Paraguay, seis pretendientes al cuarto y quinto lugares. Y siete cruces entre ellos. Ejemplo: Colombia-Perú, Paraguay- Uruguay, Bolivia-Chile… Choques que pueden perjudicar o favorecer a terceros. Es todo tan parejo en ese segmento de la tabla que no nos atrevemos al vaticinio. Un gol, un penal, una expulsión, un lesionado, cualquier detalle importará.

Habrá un factor nuevo: Brasil y Argentina están con la mente en Catar. ¿Jugarán relajados…? ¿pondrán algunos suplentes…? Messi no vendría para los últimos cuatro juegos. Ya cumplió, debe enfocarse en el PSG, en la Champions. Quizás Neymar tampoco. Otra novedad: ¿quién sustituirá a Tabárez en Uruguay…? ¿Logrará un rápido rendimiento de sus jugadores…? La Celeste se aferra a su celebérrima garra, quién sabe si le alcanza. Va séptimo y quedó muy regazado en goles: -7. Chile anunció que será local ante Argentina en el desierto de Calama, cuya altitud le permitiría adaptarse al siguiente choque con Bolivia en La Paz.

Perú tiene un Gólgota por delante: Colombia (V), Ecuador (L), Uruguay (V), Paraguay (L). Pero es el que mejor juega. Sus jugadores recitan de memoria el libreto de Gareca, poseen el histórico buen pie de los peruanos y llegan al gol. Han juntado arriba cuatro rapiditos que saben con la bola y hacen red: Cueva, Lapadula, Carrillo y Sergio Peña. Y tienen un técnico que puede dirigir una filarmónica: calmo, seguro, con alto manejo de grupo y un estilo de juego que calza justo al futbolista incaico. Le rinden todos. Con dos cajitas de fósforos armó una orquesta típica. Ya los llevó a un Mundial, es capaz de dar doblete. Acuñó una frase felicísima el Flaco: “Estamos con confianza, no confiados”.

Hay (muchos) que reclaman para Reinaldo Rueda el mismo destino que el de Tabárez: que pase por tesorería a cobrar su indemnización. Sería demencial. Es demasiado tarde. Y en Colombia el problema es de jugadores, no de técnico. ¿Puede haber algún estratega que saque más jugo de este material…? Puede. Quizás unas gotitas más, no dos vasos llenos. Insistimos, Colombia tiene cuatro jugadores de alto rendimiento: Cuadrado, Barrios, Díaz y Ospina. El resto es del mismo nivel que el de otras cuarenta o cincuenta selecciones. Tampoco hay un supercrack. Hasta Egipto tiene uno: Mohamed Salah. Polonia se encomienda a Lewandowski, Noruega a Haaland, Canadá a Alfonso Davies. Falta uno de esos. O faltan más Cuadrados, Barrios y Díaz. O un 10 que ilumine el camino. Frente a Paraguay terminaron jugando Arango y Valoyes, dos debutantes cuya estatura futbolística la determinará el tiempo. La insatisfacción nace, en buena medida, de una premisa falsa: que hay un plantel de estrellas. Hay, sí, un grupo apto para pelear un lugar, y es lo que está haciendo: está cuarto. ¿Es muy defensivo Rueda…? Reinaldo llegó con la premisa de ordenar la casa, cortar la sangría en el arco propio y hacerse fuertes atrás. Con Queiroz venía de recibir 11 goles en 4 partidos (2,75 por juego), con RRR lleva 5 en 9 (0,56). Colombia venía de ser goleado en Barranquilla 3-0 por Uruguay y 6-1 por Ecuador en Quito. O elige mal los técnicos o falta talento.

Las críticas al jefe del banquillo son idénticas en casi todos los que luchan por la clasificación: Paraguay y Uruguay despidieron a Berizzo y Tabárez; en Bolivia no cesaron a Farías hace cinco fechas porque quizás no había para pagarle el finiquito; Lasarte estaba virtualmente fuera en Chile, se salvó porque no había a quién llamar y en eso ganó tres partidos al hilo; ahora sigue. ¿Qué queda para Italia y Portugal, que con actores de prestigio, en el banco y en el campo, descendieron a un repechaje que será como el desembarco en Normandía…?

Afortunadamente, tres triunfos en las últimas cuatro salidas al campo oxigenaron la chance de Bolivia y aumentaron la emoción en la competencia, está apenas a dos puntos del quinto, el sueño sigue vivo. Le quedan dos compromisos en La Paz que podrían significar seis puntos, pero está obligado a sumar afuera y el lugar más propicio es Venezuela. El futbolista boliviano tiene dos asignaturas pendientes prioritarias: lograr de visitante un rendimiento como en casa y aprender a marcar atrás, sin ventajas, al centímetro. No puede recibir el rival y tener tres o cuatro metros para controlar el balón y encarar; en ese escenario gana el delantero (el que tiene la pelota decide porque el defensor no sabe lo que está pensando el otro, por dónde arrancará). Parece elemental, pero salvo Justiniano, una fiera en el medio, y José Sagredo, excelente marcador, otros dan facilidades. Hay que encimar hasta tocar al adversario. Lo de Jairo Quinteros es diferente, él también pinta para un futuro importante, pero como último hombre no afronta tan seguido el mano a mano. Y Enoumba debe jugar siempre, es ultrapositivo. Lo mejor de Bolivia es su potencia ofensiva. Tiene gol fácil.

Exceptuando a Brasil y Argentina, es una Eliminatoria de bajo nivel general y con poquísimos goles. Con el Covid perdieron el olfato los goleadores. No es Colombia sólo. Uruguay acumula un gol en cinco partidos; Paraguay no marcó en ocho de sus catorce presentaciones (funesto). Es la Eliminatoria con menos gritos de la historia: apenas 2,43 por juego. Toda una radiografía del fútbol continental de nuestros días.

La última noticia no es alentadora: FIFA acaba de anunciar que la repesca mundialista será por sorteo y a un solo juego en campo neutral entre los últimos aspirantes de Sudamérica, Oceanía, Asia y Concacaf. Antes, el peso de Grondona en Zúrich lo arreglaba sin sorteo, con el de Oceanía, a doble partido y el segundo partido como local. Ahora dependerá de la bolillita. Y no estamos para fantasear.

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Opinión

Se busca el gol, hay recompensa

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 14 de noviembre de 2021 / 21:18

El clima en torno a la Selección Paraguaya, compañero de banco de Bolivia (los dos tienen 12 puntos), es irrespirable. Ha ganado un punto de los últimos doce y su público, cuando se consumaba la derrota con Chile el jueves (0-1 en el Defensores del Chaco), arremetió con un canto que lo dice todo: “Ohhhh… que se vayan todos… que no quede ni uno solo…» Despidieron como DT a Eduardo Berizzo y llegó el ex Boca Guillermo Barros Schelotto. Pero también debutó perdiendo, y de local. Quedó octava la Albirroja y tiene la pavorosa cantidad de 9 goles a favor en 13 partidos. En 7 de sus 13 partidos no convirtió, una estadística condenatoria. Si clasifica sería un milagro de la vida. “Hay buenos jugadores, pero falta carácter. Lo dejan venir al contrario y le llegan mucho. Lo nuestro siempre se caracterizó por dar combate y cortar más arriba”, nos dijo Rogelio Delgado, capitán paraguayo en México ’86.

Después de haber estado en cuatro Mundiales consecutivos (1998-2002-2006-2010) el hincha guaraní se acostumbró a los triunfos y las alegrías, pero se terminó una generación combativa, de personalidad (Chilavert, Gamarra, Celso Ayala, Chiqui Arce, Santa Cruz, Tacuara Cardozo, Roberto Acuña, Justo Villar, José Cardozo) y entró en una noche interminable. No ha ido a las últimas dos Copas del Mundo y se puede ir apostando que tampoco viajará a Catar. Debería ganar los cinco encuentros que restan. Todo dicho. No es el único famélico de gol, veamos.

* ¿Y el grito sagrado…? Disputadas 13 jornadas, en la Eliminatoria anterior se habían marcado 187 goles; ahora, a la misma altura, se llevan 160, una disminución inquietante. La última fue la fecha más flaca en mucho tiempo: 7 tantos. Este es el premundial con peor promedio de gol desde que comenzó a jugarse todos contra todos en 1998: 2,50 por encuentro.

* ¿Será récord…? Si hoy terminara la Eliminatoria, Colombia clasificaría al repechaje mundialista con menos goles marcados que recibidos, 16 a 17, algo verdaderamente extraño. Y con 16 puntos sobre 39, o sea con un rácano 41% de eficacia. Uffff…

* ¿Y el juego…? Si lo del gol es preocupante, el juego no le pierde pisada. Vimos los cinco partidos de la fecha, ninguno fue interesante. Fútbol chato, desabrido, de escaso nivel, acorde a los últimos tiempos en Sudamérica. Echamos una mirada hacia atrás y, salvo el Argentina 3 – Uruguay 0 -brillante espectáculo- no recordamos otro que nos haya hecho saltar del asiento. Incluso Argentina parece haberse olvidado rápido de cómo era. Después de aquella sinfonía, hizo dos presentaciones muy pobres ante Perú y el mismo Uruguay.

* Ejército de lesionados. Estas fechas están signadas por las lesiones. Los jugadores actuales son atletas superentrenados, pero inundan la enfermería por la sobrecarga de compromisos y por la intensidad del juego. Nadie puede aflojar un solo minuto de los 95 ó 97 que duran los encuentros, caso contrario es señalado. Delantero que no colabora marcando, le cuesta el puesto. Si un jugador cualquiera pierde el balón con su equipo yendo hacia adelante, es muy factible que lo pague con un gol en contra. En el alto nivel no se perdona. Uruguay llegó a esta doble jornada de noviembre con ocho averiados: Cavani, Darwin Núñez, Maxi Gómez, Coates, De Arrascaeta, Viña, De la Cruz y Sebastián Cáceres. Muchos. Colombia, seis (Yerry Mina, Cuesta, Óscar Murillo, Matheus Uribe, Falcao y Stefan Medina). Perú se anotó con cinco, Bolivia cinco… Chile sufrió la ausencia de dos grandes figuras de su mediocampo: Aránguiz y Pulgar, titularísimos.

* Infantino “coopera”. Los periodistas catalanes armaron un once completo con los indisponibles del FC Barcelona: el arquero Neto, Dest, Eric García, Piqué y Sergi Roberto; Nico, Pedri, Ansu Fati; Dembelé, Agüero y Braihwaite. Pasa en clubes y en selecciones. Es un problema global. Para “solucionar” el congestionamiento de fútbol, el presidente de la FIFA quiere agregar un Mundial cada dos años, con su correspondiente eliminatoria. Y un Mundial ampliado, de 48 equipos, con más enfrentamientos. Pedri, la joven figura de España, jugó 73 partidos en una temporada entre club y selección. Un chico de 18 años. Infantino le quiere agregar diez más. ¡Para que descanse…! ¿Para quién juega Infantino…?

* Legión de amarillas. La misma intensidad física del juego y la exigencia por presionar lleva a una cantidad inmensa de amonestados, que juegan al borde de la cornisa. Colombia se presentó ante Brasil con ¡13 amonestados…! Argentina tiene diez, Uruguay también diez, todos así.

* Máquina. Brasil clasificó formalmente al Mundial de Catar de manera invicta y Tite alcanzó una marca impresionante: desde el primero de septiembre de 2016 (Ecuador 0 – Brasil 3) dirigió en 29 cotejos a la Verdeamarilla por Eliminatorias, con 26 victorias y 3 empates. Lo notable es que no termina de gustar en Brasil a gran parte del periodismo y a muchos hinchas. Lo ven eficiente, pero lo huelen conservador.

* La fecha soñada. Si Aladino se le aparecía a Ecuador y le ofrecía tres deseos antes de la última fecha de la Eliminatoria, hubiera respondido: 1) ganarle a Venezuela, 2) que pierdan Colombia y Uruguay, mis perseguidores, 3) que Brasil y Argentina, cuando deba enfrentarlos, vengan a Quito ya clasificados. “Concedido”, parece haber respondido el genio. Y cumplió a cabalidad. Ecuador no le pidió jugar bien. Eso dependía de sí mismo. No lo hizo.

* La avenida… Francisco Marinho fue uno de los laterales más espectaculares que este cronista haya visto. Jugó el Mundial ’74. Era una topadora que se iba al ataque siempre y hacía goles, pero a veces descuidaba su punta. Y lo aprovechaban los contrarios. Por eso la prensa decía que la banda izquierda de Botafogo era la Avenida Marinho Chagas. Por ahí pasaban todos. En Bolivia sucedió algo similar ante Perú, Bejarano inauguró una autopista por la cual llegaron los tres goles peruanos. Fueron calcados. Era un campo libre de cincuenta metros de largo por quince de ancho. Pasaba el imperio incaico completo. Así se jugaba hace sesenta años. Poco serio, impide analizar el resto del partido porque a los 38 minutos ya perdía Bolivia 3 a 0.

* Una buena. La aparición del ecuatoriano Piero Hincapié. Un líder notable, defensa para diez o doce años de selección. Jefe de manada y además lleno de clase, con una precocidad completamente infrecuente. Ojalá su cabeza esté en consonancia con sus condiciones. Estaremos frente a un crack espectacular. Está haciendo la carrera perfecta. Independiente Del Valle, Talleres en Argentina, Bayer Leverkusen. Escalón por escalón. Seguro subirá más.

* Aparición II. Cristian Romero, sensacional zaguero cordobés del Tottenham. Tiene todo: juego aéreo, un anticipo extraordinario (cualidad de los grandes defensores), clase para salir jugando, intuición de marca, fortaleza física y mental. También está haciendo la campaña ideal: Belgrano de Córdoba, Atalanta, Tottenham.

* Intereses. La búsqueda de una plaza mundialista ingresa para las asociaciones más en el terreno de la angustia que de la ilusión por jugar el Mundial. La alegría de una clasificación deviene inmediatamente en números y negocios. Intervenir en el máximo evento futbolístico garantiza un mínimo de 10 millones de dólares, sin contar las variables por clasificar estipuladas con los patrocinadores y los contratos adicionales que genera una participación. Pero, sobre todo, la tranquilidad política para los dirigentes. Significa una virtual reelección en el cargo. O sea, seguir usufructuando los privilegios que ello conlleva.

* Pechos fríos. Estaba por comenzar el partido Uruguay-Argentina. Un conocido relator uruguayo de Radio Nacional de Uruguay deslizó en el micrófono: “Con dos pechos fríos como Dybala y Di María no podemos perder, son dos heladeras”. Instantes después, a los 6 minutos y 40 segundos, pase de Dybala, gol de Di María. Ganó Argentina 1 a 0. Ese señor luego dice “¡Respeten el trabajo del periodismo…!”.

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Cristiano desafía la lógica del almanaque

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 7 de noviembre de 2021 / 18:36

A sus 34 años, Pelé firmó por el Cosmos, buscando un supercontrato en una liga de mínima exigencia. Ya había dicho adiós en el Santos, volvió al ruedo porque ciertas malas inversiones lo impulsaron a aceptar esa propuesta norteamericana llena de millones. No era la Major League de ahora, sino algo parecido a un torneo senior, de veteranos ilustres, con Beckenbauer, Eusebio, Chinaglia, George Best… Una jubilación de privilegio. A la misma edad, Johan Cruyff jugaba en Segunda con el Levante de España. También con 34, Zinedine Zidane colgó botines y medallas. Y todo aquel astro en esa franja etárea que siguió jugando ya estaba de vuelta, dando las hurras. En cambio, a 89 días de cumplir 37 años, Cristiano Ronaldo sigue marcando goles a montones. Define o empata partidos cuando el reloj ya está con la lengua afuera. Y cuidado: no en ligas menores, los hace en Inglaterra y en la Liga de Campeones de Europa. O en la Eurocopa. Todo al máximo nivel. No hay nada más arriba que eso. Y luce impecable físicamente. Está desafiando al almanaque, a la lógica humana del deporte.

Lo usual sería que Cristiano, hoy, despuntara el vicio de ponerse los cortos en un club de Portugal como el Boavista, el Belenenses, el Braga, y que celebrara un gol algún fin de semana que otro. Pero no, los anota casi partido tras partido en la durísima Premier League y también en Champions. En julio fue goleador de la Eurocopa. Muchas veces se ayuda con penales, es verdad, pero últimamente se le están viendo golazos espectaculares como el del martes al Atalanta: pescó un rebote de aire y, como venía, sin dejarla caer, mandó la bola allá abajo, entre poste y césped. Fue el empate a dos del Manchester United, que estaba perdido. Golazo, pero golazo de crack…

No obstante, no resiste comparación con el fabuloso gol que señaló ante el mismo Atalanta en Manchester dos semanas atrás. Luke Shaw mandó un centro desde la izquierda, el portugués se puso alas y resortes, saltó como un atleta olímpico, le sacó una cabeza justa al zaguero argentino Palomino y metió un cabezazo celestial abajo, pegado al palo del arquero Musso (también argentino). Fue el 3-2. Como prodigio técnico y plástico, nos atrevemos a ponerlo en el mismo plano que el gol de Pelé a Italia en la final de 1970, considerado con justicia uno de los mejores goles de cabeza de la historia. O el mejor. En este, Cristiano se impulsó tan alto como O Rei y, cuando estuvo en su punto extremo, martilló el balón hacia abajo. Le dio mucho cuello para imprimirle potencia. Y la direccionó: miró exactamente ahí donde la puso. Pero lo que barniza de estética la acción es el encuentro de la cabeza con la pelota en el momento exacto. Tuvo la belleza de la perfección. Estamos hablando de un cabeceador excepcional, y este tal vez sea uno de sus impactos más felices con la testa.

Con los dos tantos del pasado martes ante el mismo Atalanta, uno en el minuto 46 del primer tiempo y otro en el 91, alcanzó los 798 goles oficiales. Una locura. El hecho de que siempre aparezca anotando goles clave en los instantes finales certifica algunas de sus virtudes más destacables: su grado de concentración y su ambición. Nunca está dormido, jamás se lo ve derrotado ni desanimado. Esto, al margen de las cualidades técnicas como el remate quirúrgico, de aire o desde el suelo, con pelota quieta o en movimiento. Y el cabezazo, ya señalado. También está la colocación. Siempre aparece en el lugar preciso para convertir. “¿No lo marcan…?”, protesta alguien frente al televisor. Lo marcan, sí, y él se desmarca. Es inteligentísimo para encontrar la mejor posición en el área. Un paso adelante para arrastrar al marcador y dos atrás para liberarse de él y crearse espacio, el necesario para recibir y disparar al arco.

Con dos goles más, que los hará, esta semana, la siguiente o la otra, redondeará los 800, una cifra de fábula. Los estadígrafos del mundo dan como máximo artillero al austro-checo Josef Bican, quien señaló 805 entre 1931 y 1955. Se sabe poco de Bican, aunque FIFA y gente de las asociaciones de estadísticas corroboran ese número. Igual, Cristiano lo superará, no hay dudas. Tal vez en un mes o dos. Ser el máximo artillero de la historia no es precisamente insignificante. El gol es una verdad de cemento, lo más preciado de este juego.

Siempre estará la discusión acerca del aporte de Cristiano al juego, que suele ser mínimo. Toca poco el esférico y no participa del armado, él es simplemente un finalizador, como Lewandowski, pero si lo más valioso y complicado es hacer gol, estamos frente al artista mayor. Tuvimos la fortuna de ver en acción a Gerd Müller, monstruo sagrado del área, no lo comparamos con nadie. Fue único. No obstante, lo de Cristiano entra en el terreno de la leyenda. Y seguro irá por los 900, es insaciable, se cuida como quizás no lo hizo nadie en este deporte. Nunca le han pegado una patada, (él no anda con la pelota), hace crioterapia de recuperación tras los partidos para aliviar las articulaciones y los músculos, se somete a la cámara hiperbárica para reconstituir los tejidos, no tiene un gramo de más… Y no es sólo lo físico, su mente quiere más. Más goles, más premios, más reconocimientos. Es posible que siga otras dos temporadas aparte de esta en el primer nivel. O que se anime a llegar a los cuarenta jugando Champions. Su apetencia de gloria parece no tener límites.

No todo es idílico en su presente. Quizás se haya equivocado de Manchester. Lo quería el City, eligió el United. La diferencia de funcionamiento como equipos es abismal. El de Pep es una orquesta de cámara, el de Solskjaer parecen chicos de barrio golpeando tachos y cacerolas. Y esto puede damnificar la producción individual de Cristiano. O seguro lo hará. Pasó el sábado en el clásico manchesteriano: no pudo tocar la pelota. La tuvo siempre el City. Para empezar, es virtualmente imposible que ganen la Premier o la Champions; incluso alguna de las copas locales. Sentirá en sus carnes lo que vivió Messi los últimos cinco años en el Barcelona: carecer de un entorno fiable, competitivo para pelear títulos. Y este es un juego de once, no de uno. Toda individualidad, por brillante que sea, se opaca si no está rodeada de un conjunto, si falta armonía. Nadie sale campeón solo.

Nos han malacostumbrado. Entre Balones de Oro, récords, títulos ganados y centenares de goles, Messi y Cristiano Ronaldo han logrado que minimicemos los éxitos de otros fantásticos futbolistas y que se cambien los parámetros de excelencia. Antiguamente, que un delantero llegara a 350, 400 goles o ganara un Balón de Oro significaba conquistar el cielo del fútbol. Estos dos fenómenos actuales han vuelto pequeños aquellos logros. En adelante, cañonero que alcance 600 anotaciones, aún siendo una marca excepcional, quedará a la sombra de estos árboles de inmensa copa.

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En Newcastle ya ensayan vueltas olímpicas

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 31 de octubre de 2021 / 22:33

La escena parecía surrealista e inédita: un señor encorbatado salió de las oficinas del Newcastle United e informó a la muchedumbre agolpada a las puertas del estadio St James’ Park que, finalmente, tras prolongadísimas negociaciones, estaba autorizada y firmada la venta del club al PIF, el ultramillonario Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita. Era oficial: el viejo Newcastle desde ese momento pasaba a ser un nuevo rico del fútbol, el más rico de todos. Un gentío de mil o dos mil hinchas con camisetas blanquinegras explotó en un grito como si se tratara de un gol al minuto 95 que le daba el título de liga. Luego fueron cánticos, saltos, abrazos y demostraciones de emoción, desfile en caravana por las calles de la ciudad.

Vueltas olímpicas por la firma de un papel… El Newcastle es el club más popular del norte de Inglaterra y con una extraordinaria tradición. Pero su último título de liga data de 1927. ¡Casi un siglo…! Y su última Copa Inglesa fue en 1955. Glorias viejas. Y pocas. Casi no quedan hinchas vivos que hayan celebrado una coronación siendo adolescentes y puedan recordar la alineación del equipo. Es todo demasiado añejo.

Hartos de mediocridad, de vegetar en la Premier League, de llorar descensos y reilusionarse con ascensos, los fans de las Urracas sueñan con, en un par de años, arrebatarles los títulos al Big Six, el exclusivo círculo de los Manchester, United y City, el Chelsea, el Liverpool, el Arsenal y el Tottenham. Incluso piensan pisarles la pata en Europa al Real Madrid, Barcelona, Bayern Munich, Juventus y demás copetudos. El PIF, por sus siglas en inglés, es un fondo con activos de 320.000 millones de euros, o sea con más poder económico que todo el resto de la Premier League junto. Si tienen buen ojo, pueden fichar a todos los Haalands y Mbappés que vayan surgiendo y armar un plantel fuertísimo. De ahí la ilusión de los hinchas. Ven que pueden transformar el Big Six en Big Seven, que puede repetirse con ellos el suceso del Chelsea, del Manchester City, del Paris Saint Germain y de otros que, con el desembarco de grandes fortunas, dieron un salto de calidad y cambiaron su historia de frustraciones por éxitos resonantes.

El Chelsea era un club histórico de Londres que había logrado una liga (en 1955) hasta el arribo del magnate ruso Roman Abramovich el 1° de julio de 2003. A partir de allí tuvo un crecimiento excepcional y se transformó en un club planetario, obteniendo 20 títulos, entre ellos 5 ligas, 5 Copa Inglesa, 2 Europa League y 2 Champions, además de 14 subcampeonatos. Ha sido fenomenal para sus hinchas y para el fútbol inglés. Casi idéntica a la película del Manchester City, que a partir de la llegada del fondo emiratí se convirtió en un club líder en el mundo. Lucía dos ligas en sus vitrinas (1937 y 1968), ahora es un multicampeón que se sienta en la mesa del Madrid, del otro Manchester (que lo tuvo de hijo menor por décadas), del Bayern o del Barça. Otro tanto aconteció con el Paris Saint Germain, club que ostentaba apenas dos campeonatos locales y, desde la llegada del grupo catarí le agregó 7, más 12 copas nacionales, además de ser finalista de Europa. Los tres están situados ya en la cúspide, son referencia universal. ¿Es malo para el fútbol que haya más participantes fuertes y con acceso al éxito…?

«No podemos fichar como el Chelsea porque nuestro dueño no es un país ni un oligarca», señaló, a modo de queja -y de excusa- Jurgen Klopp, el excelente técnico alemán del Liverpool, al ser preguntado en septiembre pasado por los refuerzos del equipo londinense, que totalizaron 223 millones de euros. Aunque debe aclararse que el Chelsea estuvo durante dos mercados sin contrataciones por una suspensión de la FIFA.

Klopp se refería en el primer caso al Manchester City y al PSG, que son propiedad de fondos de inversión soberanos de Emiratos Árabes y Catar respectivamente. O sea, pertenecen a esos países. La crítica no parece sustentable: el Liverpool es un activo de John W. Henry, propietario también del Boston Globe y de Fenway Sports Group, una corporación estadounidense dueña de los Medias Rojas de Boston, un equipo de carreras de la Nascar y varias compañías de música y otra índole. O sea, Henry está unos escalones más abajo que Abramovich en la lista Forbes, pero no es un mendigo. Luego, vale subrayar que el Liverpool es un equipo construido a talonario. Salvo Alexander Arnold y Curtis Jones, el resto de la nómina es de chequera, no de cantera. Veinte integrantes de su plantel provinieron de otros clubes a precios altísimos. Sólo el arquero Alisson y el zaguero Van Dijk le costaron 73 y 85 millones de euros (pedidos por Klopp). Las dos docenas de elementos que fueron campeones de Europa y de Inglaterra se la compró la directiva al entrenador alemán. Así armó el equipo. Klopp, a quien le gusta jugar al modesto, se inscribe en esa antigua costumbre de que todo lo que no es europeo es dudoso. Acontece que el de mil millones rebuzna contra el de diez mil millones. Y si empezamos a escudriñar el origen de las fortunas tal vez debería parar el fútbol.

No cabe decir que sólo el PSG, el City o el Chelsea son equipos de billetera, todos los grandes de Europa lo son. A los habituados a coronar les molesta que aparezcan nuevos competidores con posibilidades de título, en cambio es saludable para el fútbol. El Real Madrid y sus medios afines acusaron al PSG de prepotencia económica por no soltarles a Mbappé. “Lo hacen porque tienen plata, qué vergüenza…” Pero ellos, los pobres, ofrecieron 220 millones de euros por el delantero.

En España se llenan la boca presumiendo de que el Madrid y el Barça son clubes democráticamente manejados por sus socios y no por potentados (que también lo son). La democracia del Madrid es un unicato en el que reina desde hace décadas Florentino Pérez. Y reinará hasta que la salud se lo permita. A propósito: ¿alguien sabe de algún otro directivo madridista…?  ¿Y el Barça…? ¿Cuál es el orgullo de deber dos mil millones de euros…? ¿Consultó Bartomeu con sus socios la compra de Coutinho, Dembelé o Griezmann en más de 600 millones de euros sumando contratos y comisiones…?

No hay ningún club de Inglaterra, Francia, Italia, que no pertenezca a millonarios. Mínimo ejemplo: Rocco Comisso, dueño de la Fiorentina, tiene activos por 6.500 millones de euros. Berlusconi acaba de comprar el Monza, que milita en Serie “B”. El Rennes, de Francia, pertenece a François Pinault, archimegaultrarico, poseedor de las marcas Gucci, Balenciaga, Iyes Saint Laurent, etc. El austríaco Dietrich Mateschitz, dueño de Red Bull, la bebida energizante y con un patrimonio de 25.000 millones de euros, posee cuatro clubes. Su joya máxima es el Leipzig alemán, al que creó desde cero, partiendo de la quinta categoría de la Bundesliga. Hoy, doce años después, es el tercero en importancia en la patria de Beckenbauer detrás del Bayern y el Dortmund y está disputando la Champions. También tiene otros en Austria y Estados Unidos. Y el que acaba de darle la última alegría es el cuarto: el Red Bull Bragantino, de Brasil, que animará la final de la Copa Sudamericana el próximo día 20 en Montevideo frente a Atlético Paranaense.

En el empobrecido fútbol sudamericano, donde trabajosamente se puede pagar los sueldos de los futbolistas, se mira con desconfianza el arribo de estos empresarios acaudalados -que no son mecenas-. ¿Será hora de que lleguen más Dietrich Mateschitz…?   

La parte oscura del nuevo patrón del Newcastle -el príncipe Mohamed bin Salmán Al Saud- es que está acusado de graves violaciones a los derechos humanos. Eso no se festejó.

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Infantino sale a vender el mundial cada dos años

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 24 de octubre de 2021 / 22:35

A meses de llegar a la presidencia de la FIFA, Gianni Infantino consiguió que el Congreso le aprobara elevar los Mundiales de 32 a 48 equipos, con lo cual se pasará de los 64 partidos actuales a 80. Y de 27 días que insumirá Catar 2022 a 39 en 2026. Dieciséis encuentros más significan una millonada de ingresos adicionales. No satisfecho con ello, ahora Infantino quiere duplicar todo organizando el Mundial cada dos años. Muy ambicioso. E insistente. La UEFA y la Conmebol ya le han dicho que están en contra; la FIFpro (Federación Internacional de Futbolistas Profesionales) y la ECA (Asociación de Clubes Europeos) lo mismo. La Federación Nórdica, que reúne a Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Islandia e Islas Feroe fue más allá, señaló en un comunicado que si se aprueba el Mundial cada dos años consideraría salirse de la FIFA. O sea, del fútbol asociado. Y muchas otras voces balompédicas reprueban la iniciativa. No obstante, el ítalo-suizo ha comenzado por Sudamérica una gira país a país tratando de convencer a cada asociación de las bondades del proyecto.

Aunque FIFA dijo que el tema está en fase de consulta, va con todo. Infantino no debe ser subestimado, es un hombre que, sin haber presidido nunca un club, una asociación o una confederación, llegó a la presidencia de la FIFA a los 46 años tras una carrera meteórica. Sabe nadar en ese oficinesco mar de intrigas, votos, negociaciones, acuerdos. Es Messi en el mundo de saco y corbata. Habla idiomas, sonríe justo, palmea lindo y tiene la palabra exacta para cada ocasión. Si todos le dijeron de antemano que no y él se empeña en una recorrida mundial de persuasión, es porque advierte que puede ganar. A su vez, si el rechazo universal ha sido tan rotundo y él igual se sube a un avión y recorre los 211 países miembro de la FIFA, los intereses en juego deben ser gigantescos. Aunque señaló que “la prioridad será lo deportivo y no lo comercial». Sí…

En un contexto del futbol internacional saturado de partidos y campeonatos, donde los calendarios explotan y los jugadores no dan más, su solución para arreglarlo es agregar un Mundial cada dos años, con lo cual se añaden también las correspondientes Eliminatorias. Y un Mundial ampliado, de 80 partidos. El argumento de Infantino -y del extécnico Arséne Wenger, ahora director de desarrollo de la FIFA- es agregar juegos de más calidad. “Los aficionados quieren ver partidos más importantes”, argumentan. “Y los de un Mundial lo son”.

Wenger es el principal defensor del proyecto y Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, le fue al hueso: “Cuando dirigía al Arsenal, Wenger se quejaba de que la Copa Africana de Naciones se llevaba a cabo cada dos años. Lamentaba que ese torneo continental interfiriera con las temporadas de liga en Europa”.

Los jugadores terminan actualmente cada curso anual con cerca de 60 partidos, más de uno por semana, lo cual es muchísimo en el fútbol de alta intensidad actual, además de los viajes y los entrenamientos. Algún mal asesor le sopló a Gianni la idea de comparar el Mundial con el Super Bowl estadounidense. E Infantino se largó: “El Super Bowl se organiza todos los años, ¿por qué no tener un Mundial cada dos?”, declaró. Arreciaron las críticas. El Super Bowl es apenas un juego de un país, la final del torneo de fútbol americano; que es una liga de clubes y que dura muy poco: cuatro meses al año. En volumen es incluso menos que la Champions League, que tiene más participantes y más encuentros. Y la Champions es sólo una de las centenares de competiciones que tiene el fútbol en las 211 asociaciones que lo practican. No pudo elegir un ejemplo peor.

Una verdad escondida es que el fútbol de club ocupa el 80% de la actividad y el de selecciones el 20%. La FIFA no participa económicamente de los torneos de clubes, pero sí del de selecciones, está claro que busca aumentar su trozo de pastel. FIFA dice que, agrupando los partidos de eliminatorias, reducirán los viajes de los futbolistas y esto permitirá más descanso y más fechas libres. La verdad es que quiere achicar las Eliminatorias actuales, pero las asociaciones viven prácticamente de la venta de derechos televisivos, de las taquillas y de la publicidad y mercadeo de las clasificatorias mundialistas, en las que juegan nueve partidos de local. Eso en el caso de Sudamérica. Si les quitan esa entrada deberán compensársela.

Pero, básicamente, un Mundial cada dos años minimizaría a todos los demás torneos, de clubes y selecciones. La centenaria Copa América, si se jugara, perdería gravitación, lo mismo la Libertadores, la Champions. Un Mundial ensombrece todo lo demás. Y otras competencias, como la Liga de Naciones recientemente ganada por Francia, desaparecerían. No hay fechas. Además, los jugadores son siempre los mismos para todo.

Fernando Costa, presidente de la Federación Boliviana de Fútbol, señaló en una entrevista reciente que el tema fue hablado en el ámbito continental y las diez asociaciones están en contra del proyecto. Por eso Infantino viene a persuadirlas una por una, para dividir la opinión. Ya estuvo en Colombia, Ecuador, Venezuela, Chile y Argentina.

“No al Mundial cada dos años. El fútbol no es sólo dinero”, es el título de una columna en el diario El País, de Madrid, firmada por Philipp Lahm, el excapitán de Alemania. “Sobrecargar más el calendario internacional afectaría física y mentalmente a los jugadores. Un torneo anual sería como otra red social en el móvil. Nunca ha habido tanto fútbol. Cada día, alguien, en algún lugar, se enfrenta a alguien, y el encuentro se puede seguir en todo el mundo con cualquier dispositivo, ya sea en directo, a la carta, o solamente las mejores jugadas, a través de YouTube, DAZN o Twitter. Y todavía habrá más: pronto la Liga de Campeones dará cabida a 100 partidos adicionales cada año. Nuestra atención colectiva, como la denominan los expertos, va disminuyendo en el proceso, pero es difícil parar esta tendencia”.

Dato de apoyo a Lahm: Pedri, el talentoso volante del Barcelona de 18 años, jugó en la pasada temporada 73 cotejos entre su club y la selección. A los 30 años tendrá 200.000 kilómetros recorridos en una cancha.

Es verdad, a uno se le pasan de largo partidos, resultados y campeonatos. Si el Mundial cada dos años llegara reemplazando otras competiciones, bueno, pero nada desaparece, porque cada torneo es un gran negocio y nadie lo quiere dejar. Simplemente se agregaría. El fútbol está sufriendo una transformación acelerada y no parece que sea para mejor. No pinta bien.

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