Sociales

Tuesday 27 Feb 2024 | Actualizado a 02:23 AM

Conif distingue con la Kantuta Dorada a líderes del voluntariado

/ 21 de octubre de 2016 / 04:36

Las mesas estaban listas en el salón Ikebana del Jardín Japonés para recibir a las integrantes de instituciones y organizaciones femeninas que desarrollan trabajos de voluntariado, actividades en beneficio de la capacitación de la mujer y labores cívicas y de formación.

Durante el transcurso de la tarde, las asistentes, que serían distinguidas con la Kantuta Dorada de la Amistad 2016 por la Confederación Nacional de Instituciones Femeninas (Conif), fueron llegando poco a poco para el té de confraternidad.

“Conif entrega cada dos años la Kantuta —símbolo patrio que primero fue de plata, hace 33 años; y luego de oro, desde 2008— a mujeres que han estado al servicio del voluntariado en sus organizaciones”, dijo Roxana Ascarrunz, presidenta nacional de la confederación.

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‘Arturo Posnansky y el cine. El argumento de La gloria de la raza’

El libro del investigador Claudio Sánchez trata la construcción en cine de un imaginario nacional que recrea un pasado glorioso

Por Mitsuko Shimose

/ 25 de febrero de 2024 / 06:20

Arturo Posnansky (Viena, Austria, 1 de enero de 1873-La Paz, Bolivia, 13 de abril de 1946) llegó navegando a Sudamérica a finales del siglo XIX, en 1896. Había terminado de estudiar su primera profesión: Ingeniería Militar Naval de la Armada Austrohúngara y, tras ello, se le había despertado su espíritu aventurero, por lo que no dudó en montarse sobre una embarcación hacia la Amazonía boliviano-brasileña para explorarla. Súbitamente, tres años después de su arribo a esas tierras, estalló la Guerra del Acre. Posnansky no dudó en unirse al Ejército de Bolivia para luchar desde su barco particular, elemento clave en la contienda. Afortunadamente, a pesar de haber sido tomado preso por el bando contrario, logró escapar hacia Europa para reparar su navío. Cuando la guerra concluyó en 1903, Posnansky fue declarado “Héroe de Guerra”, además de, con ello, obtener paralelamente la nacionalidad boliviana.

Pero el austrohúngaro no solo era ingeniero militar naval, sino también constructor, urbanista, cineasta, fotógrafo, investigador, escritor, historiador, minero, empresario, paleontólogo, antropólogo y arqueólogo, según su biografía; siendo su labor como arqueólogo la más conocidade todas estas actividades y, la menos, su trabajo como fotógrafo y cineasta.

Es precisamente en estas aguas aparentemente distantes entre la arqueología y el cine que navega el crítico de cine e investigador Claudio Sánchez (Camiri, Santa Cruz, Bolivia, 4 de noviembre de 1986 – La Paz, Bolivia, 12 de diciembre de 2023), en su libro Arturo Posnansky y el cine. El argumento de ‘La gloria de la raza’, publicado en 2020 gracias al Fondo Concursable Municipal de Promoción al Desarrollo, Salvaguarda y Difusión de las Culturas y las Artes (Focuart) en la categoría de investigación, del que fue ganador en su segunda convocatoria. El libro tiene dos partes: un ensayo de aproximación a la obra de Posnansky en el cine ligado a la arqueología y el documento del Argumento de ‘La gloria de la raza’ reeditado casi 100 años después.

Relato literario llevado al cine

La pasión de Posnansky por la arqueología lo condujo a investigar las ruinas de la civilización de Tiwanaku. Así, a través del registro fotográfico de sus hallazgos y de su imaginación recreadora de la destrucción del mítico imperio incaico, logra hacer el montaje que da vida al filme que plasmaría sus teorías arqueológicas.

Este montaje, no obstante, fue realizado gracias a su Argumento de la película nacional ‘La gloria de la raza’, archivo que se encuentra adjunto al final del libro. Sobre este documento, Sánchez sostiene que “está escrito con tanto detalle que no es sencillo comprender cómo pudo ser llevado a la pantalla”. “Es una pieza literaria más que cinematográfica”, subraya.

Más allá del valor literario de la pieza, el crítico de cine enfatiza que, al estar la película desaparecida, “es importante ‘ver’ el Argumento publicado porque en él se encuentran dos fotografías que lo ilustran”.

La primera se denomina El saludo de los Urus, que muestra a un grupo de urus en balsas sobre el lago, y que en el encuadre destaca su reflejo en el agua, algo en demasía interesante para Sánchez, quien interpreta que “este ejercicio de hacer del agua el espejo es también una manera de referirse a que se están viendo, a que nos estamos viendo”, además de que “los urus navegantes también sugieren esta identificación con el propio arqueólogo/navegante”.

En la segunda fotografía, El vaticinio de la coca se cumplió, se ve a un grupo de indígenas urus con su tradicional vestimenta en una imagen que recuerda las fotos de familia, todos reunidos para mirar a la cámara. En este acto de posar, Posnansky “[re]conoce la importancia de hacerlos visibles, esta urgencia de no solo nombrarlos, sino de asignarles un cuerpo, una mirada, un lugar”, sostiene el autor, enfatizando que es precisamente por eso que la labor del arqueólogo es tan importante, “porque es gracias a estos estudios que se puede dar fe de toda una época que recupera a la anterior en función de un presente que ahora también es el pasado”.

Templete semisubterráneo y Kalasasaya, en Tiwanaku

Tras la imagen en movimiento

Una vez concluido todo el proceso del montaje con la ayuda del Argumento, La gloria de la raza fue estrenada y exhibida del 16 al 18 de septiembre de 1926 en el Cine París, además de también ser proyectada en la Semana Indianista de 1931. En el filme, Posnansky es uno de los protagonistas junto con un viejo chamán que lo guía por varias culturas preincaicas —desde los urus hasta los tiwanakotas— por medio de un recorrido lacustre, en el que el arqueólogo es el capitán. Esta escena es clave en la película, pues no solo Posnansky se vuelve en el personaje-investigador haciendo de su vida misma una ficción, sino que descubre esa otra cultura en la “voz de uno de sus descendientes”, posicionándolo no solo dentro del escenario ficcional, sino también nacional.

Si bien Posnansky inscribe su nombre como uno de los pioneros de cierto “cine científico” por su investigación, Sánchez resalta que el austrohúngaro “está más cerca de una corriente de la pura ficción lejos de las aspiraciones documentales”. El autor afirma esto debido al desenlace de La gloria de la raza, en el que arqueólogo recrea el fin de esta civilización. Subraya, además, que el director usó este recurso para que sus ideas pudieran llegar mejor al público a través de esa representación, recurso que lo convirtió, a su vez, en el “precursor de los efectos especiales” del cine silente boliviano. 

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Sin embargo, La gloria de la raza nunca figuró como parte de “la época dorada del cine silente boliviano”, a decir de Sánchez, que cita el texto Wara Wara. La reconstrucción de una película perdida, de Fernando Vargas Villazón, en que sí figuran Corazón aymara (1925), de Pedro Sambarino; La profecía del lago Titicaca (1925) y Wara Wara (1930), de José María Velasco Maidana; y Hacia la gloria (1932), de Mario Camacho, José Jiménez y Raúl Durán, siendo esta última, según el investigador, el puente de transición hacia lo sonoro —concepto que se ampliaría en una próxima entrega—, dando paso a La Guerra del Chaco 1932-1935 (1936), de Luis Bazoberry, considerada como la primera película boliviana con sonido.

Espacio interior y exterior de la Casa de Posnansky, en Miraflores, La Paz

Un nuevo imaginario nacional

Finalmente, Sánchez llega a la conclusión de que la interpretación del cine como metáfora “forma parte de un proyecto cultural y político mayor”, citando el texto de María Chiara D’Argento, Modernidad, escritura nueva y cine en el Perú, publicado en Cine Mudo Latinoamericano. Inicios, nación, vanguardia y transición (2015). Así, “el cine, desde sus orígenes, ha pensado ‘el país’”, pues para Sánchez, cualquier imagen que se opta llevar a la pantalla tiene una intención no solo narrativa sino también discursiva. Es decir, “no se trata únicamente de contar una historia, sino de transmitir una idea, aquella que coincide con una —o varias— formas de pensar la sociedad y la cultura”. Los realizadores plasman lo que ven, pero también lo que idealizan de la cultura y la sociedad, dice. Así, en estos años, “el cine ‘boliviano’ se convierte en el lugar de los anhelos más que de las denuncias”.

En la Bolivia de ese tiempo, el tema fundamental era “la cuestión del indio”, por lo que se buscaba recrear esa realidad. En el caso de La gloria de la raza, Posnansky representa a “el otro” en un ejercicio de ver el pasado desde el presente, no solo contando una historia, sino reconociéndola en el pasado y dándole vigencia. Este tinte histórico caracteriza al cine silente de los años 20 y 30, dejando una “huella imborrable en el imaginario colectivo”.

Debido a la represión del gobierno de Bautista Saavedra, quien llegó al poder en 1921, se originó “una corriente crítica en la sociedad, aquella que volcó su interés por entender al indio como un sujeto político”. Así, las ideas del indigenismo no solo son en materia artística, sino también —y sobre todo— en cuestiones políticas, pues se buscaba el mejoramiento material de la vida de los indígenas y su consecuente incorporación a la nación, resalta el crítico de cine, citando a Huáscar Rodríguez García, en su artículo Sindicatos, izquierda e indigenismo en Cochabamba (1920-1952), del libro Los partidos de izquierda ante la cuestión indígena (1920-1977) (2017).

Si bien la imagen del indio ha sido negada dentro del imaginario, jamás ha sido reprimida, según la cita que hace el investigador de La patria íntima. Alegorías nacionales en la literatura y el cine de Bolivia (1998), de Leonardo García Pabón: “Por eso, no hacían (ni hacen) falta hechos sociales extremos para alterar su precaria estabilidad y desencadenar una inmediata necesidad de reestructuración simbólica”. Es por ello que Sánchez rescata a Pablo Quisberth en su artículo La gloria de la raza. Historia prehispánica, imaginarios e identidades entre 1930-1950, publicado en Estudios Bolivianos N° 12. La cultura del pre-52 (2004), donde afirma que “el indigenismo considerará a Tiwanaku como la representación constituyente de la ‘nacionalidad’”.

El monolito Bennett, en el Museo de Tiwanaku (izquierda). Posnansky junto al monolito Fraile en Tiwanaku (derecha).

Posnansky señala la figura en alto relieve del ‘Señor de los báculos’ en la Puerta del Sol, Tiwanaku.

Según Pablo Stefanoni, en Los incorformistas del Centenario. Intelectuales, socialismo y nación en una Bolivia en crisis (1925-1939) (2015), los impulsores del pensamiento indigenista “buscarán en el indio un sujeto de renacimiento nacional en clave vitalista”, resalta el crítico de cine. Para Posnansky, si bien Tiwanaku había desaparecido a causa de un cataclismo, sostenía que algo de esa superioridad de la raza había quedado en los aymaras que sobrevivieron, pues eran los herederos del conocimiento y las prácticas culturales de quienes habían erigido esta “cuna del hombre americano”.

Así, el arqueólogo dota al imaginario de una fuente que desde la ficción alcanza gran potencia, “a través de representaciones que nutren a una sociedad de referencias que se habían extraviado o que parecían distantes en el tiempo”. Posnansky, pues, consigue dotar a la sociedad boliviana posprimer Centenario de una referencia física sobre el pasado glorioso. De este modo, “consigue de muchas maneras sembrar de simbología tiwanakota el centro del poder político, generando toda una corriente que va a redescubrir su pasado y reconocerlo como fundacional de la nacionalidad” —lo que explicaría, según el autor, el traslado del monolito Bennett hasta la ciudad para instalarlo en El Prado (1933), antes de ser llevado hasta un templete semisubterráneo reconstruído con piezas tiwanakotas originales (1940) en Miraflores—, reivindicando de esa manera una ciudad y cultura desaparecidas como lo fue la tiwanakota y celebrando la de los urus, creando, a través de esta resignificación, un nuevo imaginario nacional.

Texto: Mitsuko shimose

Fotos: Mitsuko shimose, Archivo La Razón e Internet

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‘Un pájaro voló’: la memoria sonora que encarna la ausencia

El cortometraje es un homenaje póstumo al voleibolista Daniel Pájaro Sánchez, padre del director

La coproducción colombocubana compite en la categoría Generation 14plus.

Por Mitsuko Shimose

/ 25 de febrero de 2024 / 05:55

Un pájaro voló (2024) es un cortometraje realizado por el barranquillero Leinad Pájaro de la Hoz como un homenaje a su padre, Daniel Pájaro Sánchez, destacado voleibolista que jugó en el Atlántico de Barranquilla y en la Selección de Colombia, y quien partió prematuramente a sus 36 años a causa de un aneurisma cerebral cuando Leinad tenía apenas cinco años. Esta coproducción colombocubana se estrenó en la Berlinale 2024 en la categoría Generation 14plus.

La cinta —bautizada Un pájaro voló en referencia al titular con el que se anunció el fallecimiento del voleibolista, en diciembre de 1993, en el Diario La Libertad de Barranquilla, Colombia; artículo que fue compartido por Leinad en un grupo de Facebook que creó en memoria de su padre— tiene dos protagonistas: Boloy, jugador de voleibol de la selección cubana, y su amigo Daniel quien, a pesar de ya no estar con él, pervive en su recuerdo. Así, la cinta de 20 minutos trata sobre una ausencia vívida que provoca una presencia atormentada.

El filme presenta a un Boloy imposibilitado de desnudar su corazón herido y con una tristeza captada en primerísimos primeros planos, reflejada en su actitud cabizbaja y su mirada clavada en el piso, retrotrayendo tiempos pretéritos. Otro elemento importante, además, es el encuadre que posiciona al personaje ya sea a la izquierda o bien a la derecha de la pantalla y no al medio como sería lo convencional, lo que hace fijar la mirada en alguien que no está centrado en el encuadre como tampoco lo están sus emociones.

Una vez en la cancha, lo primero que se resalta es el primer plano que muestra la pesadumbre en el rostro de los voleibolistas el momento del minuto de silencio propiciado por el entrenador en memoria de su recientemente fallecido compañero de equipo Daniel. Sin embargo, una vez que termina el tiempo de silencio, les recuerda que “el torneo continúa” y que por eso tenían que “echar pa’lante, levantar la cabeza y seguir”.

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El momento del entrenamiento es registrado alternando planos enteros, americanos y medios con sonidos entremezclados de los retumbares de los balones con los trinos y aleteos intermitentes, acompañados con un telón de fondo de una de las obras maestras de Igor Stravinsky: El pájaro de fuego: N° 5 Berceuse, composición que, por su estructura, emula el estilo de las canciones de cuna.

Este recurso sonoro es en demasía interesante, ya que la melodía de El pájaro de fuego —o Ave Fénix, que renace de sus cenizas— se confunde con los trinos, aleteos y el eco de las pelotas, como indicando una presencia que no se ve, pero que sin embargo se siente latente y constante. Es por eso que cuando la angustia de Boloy crece al ser conducido a la banca por su mala performance deportiva, adopta una posición —lleva su torso hacia sus piernas— que le hace salir casi completamente del encuadre, a excepción de su oreja, que es la que, a través del oído, continúa percibiendo la presencia sonora.

Una vez fuera de ese espacio público, Boloy dice su primera y única frase en todo el corto —que podría ser considerado como “cine de poesía” por la sintonía emotiva que crea a través de la atmósfera de distintas sonoridades sin la necesidad de muchos diálogos— cuando está dentro del espacio privado, el lugar donde vive con su pareja, quien le pregunta si está bien y él le responde, con una voz tenue casi inaudible, que está bien. Minutos después, sale al balcón de su comedor y avizora a un par de niños jugando a las canicas en la calle, algo que lo conmueve sobremanera porque tal vez le recuerda la relación cercana y la conexión que tenía con su amigo. Después de eso se dirige al espacio más íntimo del hogar, su dormitorio, y despierta a su compañera para que le ayude a contener su tristeza que ya se había desbordado a través del llanto catártico.

Texto: Mitsuko Shimose

Fotos: Internet

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Historia de un viaje por la Segunda Guerra Mundial

Marthe Cohn fue una enfermera judeo-francesa sobreviviente del Holocausto que se convirtió en espía y ayudó a poner fin al conflicto militar global en 1945

‘Conocer el pasado para comprender el futuro’ dice Marthe Cohn.

Por Mitsuko Shimose

/ 4 de febrero de 2024 / 06:15

¿Cómo acabó convirtiéndose una joven de una familia judía-ortodoxa en espía, cuyos esfuerzos ayudaron a resistir la guerra en Europa en 1945? Esta respuesta fue la que Marthe Cohn, o Hoffnung, que era su apellido de soltera, guardó para sí misma durante casi medio siglo. Nacida en 1920, en la ciudad francesa de Metz, en la región de Lorraine, cerca de la frontera con Alemania, fue una de los siete hijos Hoffnung.

La familia era religiosa, aun así no tenía inconvenientes en relacionarse con sus vecinos no judíos. Pero este transcurrir cotidiano encontró su quiebre repentino en las nubes de guerra que ya se divisaban en el horizonte en septiembre de 1939, que fue cuando los Hoffnung y muchos de sus vecinos judíos decidieron mudarse.

El lugar elegido fue la localidad de Poitiers, al suroeste de París. Sin embargo, no estuvieron a salvo por mucho tiempo. Los nazis invadieron Francia y, con poca resistencia, el gobierno francés capituló. Inmediatamente, la vida empezó a cambiar.

Ese fue el punto de inicio de la historia del viaje que Cohn hizo a través de la Segunda Guerra Mundial. Por ello, el 7 de noviembre de 2019 estuvo en el auditorio Saint-Michel, de Les Sables-d’Olonne, en Francia, para dar su testimonio al público, principalmente a estudiantes de los liceos Savary de Mauléon y Valère Mathé.

“Me alegro especialmente de que haya estudiantes mujeres entre el público. Ustedes son el futuro, yo soy el pasado. Pero se debe tener presente que es muy importante conocer el pasado para prepararse para el futuro”, remarcó en la conferencia organizada por la Asociación Histoire, Mémoire et Passion 85 (Historia, Memoria y Pasión, HMP) y presentada por Yves Béraud, general retirado y en ese entonces vicepresidente de dicha asociación, a quien Cohn agradeció por la invitación.

Yves Béraud, general retirado y vicepresidente en ese entonces de la Asociación HMP 85
Yves Béraud, general retirado y vicepresidente en ese entonces de la Asociación HMP 85

Durante un tiempo, a pesar de las diversas restricciones impuestas a los judíos, los Hoffnung pudieron dedicarse a sus actividades diarias. Cohn comenzó a estudiar enfermería en la Escuela de la Cruz Roja Francesa del hospital universitario de Poitiers y se comprometió con un joven estudiante de medicina.

Pero a medida que avanzaba la guerra y se generalizaba la resistencia a los nazis y sus colaboradores franceses de Vichy, la familia empezó a correr más riesgos. Cohn y sus hermanas escondieron a judíos que no tenían los documentos y su prometido se involucró en actividades de resistencia.

“Mi hermana Stéphanie y yo organizamos la resistencia permitiendo que cientos de personas cruzaran la línea divisoria que no era recta, sino más bien en zigzag. Por suerte contábamos con una amiga enfermera en el pequeño pueblo de Dienne, cerca de Poitiers, que tenía una propiedad, la cual estaba asentada una parte en una zona ocupada y la otra, en zonas libres. Una vez en su propiedad, era fácil pasar de una zona a otra”.

Además de ella, Cohn también mencionó al granjero Noël Degout, quien también salvó a miles de personas, y al que un día, su hermana le escribió una carta junto con un vale de tabaco olvidado por un joven a quien había ayudado a cruzar la zona franca. La Policía de Seguridad (SiPo, en la Alemania nazi, según relata Cohn) interceptó la misiva que su hermana había firmado con su nombre real, por lo que la arrestaron y luego a su padre. Cuando su padre fue liberado poco después, la familia logró escapar utilizando documentos falsos que no los identificaban como judíos. Había un plan para ayudar a Stéphanie a escapar de la cárcel en la que estaba detenida, pero, lamentablemente, fracasó.

“Mi hermana celebró su cumpleaños número 21 en el campamento de la carretera de Limoges el 10 de julio de 1942. Después de un mes en prisión, la Gestapo la trasladó al campo donde solo había familias enteras de extranjeros judíos. Mi hermana era estudiante de medicina, por lo que comenzó a brindar cuidados a los niños del campo. Cuando nosotros, la familia, organizamos su fuga, encontramos a dos guardias franceses que aceptaron ayudarla a escapar. Ella se negó porque tenía la certeza de que lo que estaba haciendo por los niños era muy importante, además de que estaba segura de que si se escapaba, toda su familia sería arrestada”.

El 21 de septiembre de 1942 fue deportada con destino desconocido. “Después me enteré de que la enviaron a Auschwitz y que por eso nunca más regresó”.

Major Cohn con las medallas de su esposa, Marthe
Major Cohn con las medallas de su esposa, Marthe

La per(tin/sist)encia del recuerdo

El 27 de enero fue el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, efeméride instaurada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2005 en ocasión del 60 aniversario de la derrota del régimen nazi y de la liberación de los campos de concentración nazis.

El Holocausto se basaba en la persecución y aniquilación sistemática, auspiciada por el Estado, de judíos europeos por parte de la Alemania nazi y sus colaboradores entre 1933 y 1945, periodo en el que más de 6 millones de judíos fueron asesinados, según la página el Museo Conmemorativo del Holocausto de los EEUU.

Sin embargo, el 75% de los judíos en Francia sobrevivieron a la ocupación, según Cohn. “Y si sobrevivimos es porque muchos franceses no judíos arriesgaron sus vidas y las de sus familiares para salvarnos”, resaltó con la voz entrecortada.

“En Poitiers, unas semanas antes de que arrestaran a mi hermana, conocí al señor Albert Charpentier, con quien había trabajado en el ayuntamiento de Poitiers, en la oficina de requisas donde yo era traductora del francés al alemán y del alemán al francés. Él me dijo que podía conseguirme documentos de identidad sin el sello judío para todos los miembros de mi familia, sin tener en cuenta que arriesgaba a la suya, pero estaba seguro de que si no me ayudaba, no podría vivir consigo mismo”.

Mitsuko Shimose con Marthe
Mitsuko Shimose con Marthe

La mayoría de la familia Hoffnung fue a las montañas para unirse a un hermano mayor que era jefe de la resistencia allí. Cohn terminó sus estudios de enfermería en Marsella y ocasionalmente tuvo la oportunidad de reunirse con su prometido Jacques, a quien después arrestaron y ejecutaron por sus actividades de resistencia. Luego, en el verano de 1943, se fue a París para trabajar durante un mes en una posta sanitaria, viajando nuevamente con documentos falsos. Cohn regresó a Marsella, se graduó  y luego volvió a París para realizar un registro. Permaneció allí hasta que los alemanes liberaron Francia.

“Cuando escuchamos por la radio que las tropas entraban en París, empezaron a sonar todas las campanas de las iglesias, abrimos las ventanas y toda la ciudad cantaba La Marsellesa”.

Casi inmediatamente después de la liberación, Cohn se alistó en el ejército francés, en el 151º Regimiento de Infantería, donde inicialmente se desempeñó como trabajadora social en la región de Alsacia, cerca de su ciudad natal Metz. Cuando su coronel Pierre Fabien —quien era el combatiente de la resistencia que había matado al primer alemán en la estación de metro de Barbet en1943— se enteró de que Cohn hablaba alemán con fluidez, la reclutó para unirse a la Inteligencia del Ejército. “Me presentaron al coronel Bouvet. Me dijo que necesitaba que interrogue a oficiales de la Wehrmacht y a prisioneros de guerra, para saber cuál era la estrategia de los alemanes, si se estaban retirando o no, y cuántas personas había allí, para saber toda esta información militar”.

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Después de obtener datos de los prisioneros de guerra nazis, Cohn estaba lista para su misión de espionaje. Implicaba cruzar la frontera de Suiza a Alemania para ver cuán atrincherados estaban todavía los nazis. Luego tendría que transmitir esa información a los aliados. Fueron necesarios más de 13 intentos, pero Cohn logró cruzar la frontera hacia Alemania. Su fachada era la de una enfermera alemana que intentaba descubrir qué le pasó a su prometido nazi. Un día se encontró con un grupo de soldados alemanes que se habían retirado de los aliados.

Miembros de la Asociación HMP 85

Exposión en el museo de historia Topografía del Terror, en Berlín, Alemania

Memorial del Holocausto / Monumento a los judíos de Europa asesinados, en Berlín, Alemania

“Entre nosotros había un suboficial, que era un SS, que presumía cuántos judíos había matado. Lo habían asignado a la Línea Sigfrido —un sistema de defensa a lo largo de 630 km, que consistía en más de 18.000 búnkeres, túneles y trampas para tanques—, pero como estaba herido, se desmayó. Como yo era una enfermera supuestamente alemana llamada Marta Ulrich, lo asistí de inmediato”.

Cohn tenía la obligación de obtener información importante de este soldado sobre lo que ocurría en la frontera nazi y en Francia. Al regresar a la frontera suiza, pudo transmitir su informe con la ayuda de una familia de agricultores suizos. Luego, Cohn volvió a cruzar la frontera y regresó a Alemania para ver si había algo más que pudiera descubrir. “Caminé hasta la Línea Sigfrido para ver qué estaba pasando. Cuando llegué, estaba casi evacuada. Los últimos rezagados se marchaban. Me dijeron que la Línea Sigfrido estaba vacía”.

La información que Cohn descubrió ayudó a acortar el esfuerzo aliado para derrotar a los nazis y salvó un número incalculable de vidas. Durante casi medio siglo, Cohn no habló de sus experiencias, ni siquiera con su familia. Pero a mediados de los 1990, mientras estaba de visita en Francia, solicitó sus registros del ejército francés. Cuando los funcionarios del Archivo Francés vieron su expediente de asignaciones y logros, se pusieron en marcha para que le concedieran la Médaille Militaire, uno de los honores militares más altos, y la misma medalla otorgada a Sir Winston Churchill por el gobierno francés.

“Si no dije nada no fue por modestia, sino porque pensé que nadie me creería. Aun así, no me considero una heroína. Solo hice lo que se tenía que hacer”, me dijo esta exespía judeofrancesa, que en un par de meses cumplirá 104 años, cuando le expresé mi profunda admiración por su tan valerosa historia, la misma que ya está plasmada en tres de sus libros: Im Land des Feindes: Eine jüdische Spionin in Nazi-Deutschland (2018); Moi, Marthe, juive et résistante derrière les lignes ennemies (2004); y Behind Enemy Lines: The True Story of a French Jewish Spy in Nazi Germany (2002); y la cual también ya inspiró dos películas: For Womenkind (2020) y Chichinette – How I Accidentally Became a Spy (2019).

Dicen que “la humildad es la base de toda verdadera grandeza”; otra razón por la que esta mujer es grande a pesar de su altura de menos de metro y medio, como ella misma dijo entre risas al final de la conferencia.

Texto y Fotos : Mitsuko Shimose

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A Claudio Sánchez, mi entrañable amigo

La periodista Mitsuko Shimose rinde un homenaje al crítico e investigador de cine

Por Mitsuko Shimose

/ 7 de enero de 2024 / 06:51

Claudito: Lo que sucedió me ha dejado perpleja, contrariada y, sobre todo, muy afectada. Sigo consternada con la infausta noticia, usando la misma frase que me dijiste cuando nos enteramos de la partida de Ricardo. Han escrito mucho sobre vos… discursos profusos de admiración y cariño: eso es precisamente lo que causabas. Todos los que tuvimos la dicha de conocerte disfrutamos de tu compañía, tus palabras, tus chistes, conjeturas y cavilaciones, y más aún yo, que tuve el privilegio de ser tu amiga. Tantos días desde que te fuiste y aún te sigo llorando. Mi pena se ha desbordado y no la puedo contener. ¿Por qué nos dejaste tan pronto con apenas 37 años recién cumplidos? Has dejado en mi corazón un dolor tan profundo como el océano y como nuestras charlas de siempre… ¿con quién construiré los sentidos que solíamos construir? Teníamos que ponernos al día sobre las cosas buenas y malas que nos estaban pasando, sobre libros, películas, la realidad coyuntural, tus tuits, la vida… El último mensaje que me enviaste fue por mi cumpleaños, tras el que te sugerí vernos la semana que iniciaba diciembre… por primera vez, en más de 12 años de conocernos, hiciste silencio, un silencio que, por alguna razón, me hizo mucho ruido… aun así, quise respetar tu espacio… ¿por qué lo hice? Tenía que haber insistido… ¿Acaso El último encuentro, libro que te regalé la última vez que nos vimos, fue un presagio de nuestro inexorable destino?

Siempre te recordaré como el hombre de familia que estabas orgulloso de ser. El padre de las dos “salvajes blancas”, como llamabas a Catalina (la grande) y a Macarena (tu compañerita de salidas), además del esposo de Lore, a quien retratabas con los hermosos matices de la cotidianidad. La familia lo era todo para vos, la base de la sociedad, y la tuya era tu tesoro más preciado. Es por eso que, en el Festival Internacional de Cine Recobrado de Valparaíso de hace un lustro, hiciste un parangón entre el 75% de memoria audiovisual y fílmica analógica ahora irreproducible, y las fotos familiares: “Es quedarnos sin nuestro álbum de familia… es como cuando una familia tiene su álbum de fotografías y tiene un lugar adonde volver. Cuando pierdes eso, has perdido toda tu historia”. Tal vez haya sido por eso que sorprendentemente se haya dado la “casualidad” de que, sin siquiera saberlo, la misa en la que encargué el descanso eterno de tu alma fue el mismo día que se celebró la fiesta de la Sagrada Familia.    

Uno de nuestros tantos encuentros en el barrio por el que solíamos transitar.
Uno de nuestros tantos encuentros en el barrio por el que solíamos transitar.

Brillaban en vos tu mente y tu corazón. Tu producción intelectual sobre cine nacional e internacional, plasmada en tus libros Los aviones en el cine silente boliviano (2013) y Arturo Posnansky y el cine. El argumento de ‘La gloria de la raza’ (2020), fruto de tus investigaciones; y Notas y críticas de cine en ‘La Esquina’ (2017) y Notas y críticas (II). Textos libres sobre cine (2020), de tus columnas publicadas —siendo este último de distribución digital gratuita, tu regalo para la patria—; además de vastos artículos, conferencias, recopilaciones y síntesis de tus trabajos como docente y gestor, fue un gran aporte para el séptimo arte. Y cómo olvidar tu destacada labor como locutor de radio y conductor de televisión… algo previsible por tu desbordante carisma sumado a tu inmenso conocimiento que te hacían un gran orador. Cuando hablabas sobre nuevas producciones resplandecías como solo aquel que se refiere a lo que ama y le apasiona. Es más, cuando un par de veces te dije que no había visto las películas de las que me estabas hablando, las dos veces me llevaste en ese preciso instante a las salas donde se estaban proyectando (“hay que remediar eso pronto”, me decías): ese momento compartido era tu regalo y el audiovisual, tu lenguaje para transmitir afecto. Me acercaste más a ese maravilloso universo cinematográfico junto con Mary y Yeyo, por lo cual voy a estarles eternamente agradecida. Para mí, Cinemas Cine fue una experiencia inolvidable, que inició con un comentario que hice en mi ya abandonado Facebook sobre el largometraje argentino Lluvia, allá por 2011, y que vos habías leído. El contacto no se hizo esperar… se concretó a través de Eli, la guardiana de la memoria audiovisual de la Cinemateca Boliviana, y así se fue forjando el sendero.

Tu corazón brillaba tanto como el sol meridiano. Te confieso que me sorprendiste con tu calidez… gracias por haberme mostrado tu sensibilidad casi poética y con eso, enseñado que no está mal demostrar cariño a quienes queremos porque un día ya no estarán. Gracias a vos aprendí a expresarlo abiertamente y sin temor a la vulnerabilidad, porque es ella la que nos hace humanos.

Gracias por tu compromiso social, por tu honestidad, tu generosidad, tu solidaridad, tu coherencia, tu patriotismo, tu lucidez y por ser tan políticamente correcto. Gracias por ser una persona sin máscara y sin dobleces… gracias por la transparencia y la sinceridad. Gracias por haber sido y estado. Gracias por tantos compartires. Gracias por tu amistad fraternal.

FOTOS: CLAUDIO SÁNCHEZ Y MITSUKO SHIMOSE

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Voy a extrañar infinitamente nuestras conversaciones, nuestros mensajes, argumentaciones, divagaciones y especulaciones. Voy a echar de menos nuestras posdatas y tus buenos deseos en las festividades. Voy a ir a conocer tu amada Camiri y rememorar y experimentar ese tu “ya está renovado el espíritu” cuando volvías; voy a recorrer también tu adorada Buenos Aires: cines, teatros, avenidas, pasadizos y callejones por los que te fascinaba transitar y lo voy a hacer escuchando la melodía que tanto nos gustaba: Oblivion de Piazzolla, interpretada por la trompetista francesa Lucienne Renaudin Vary. Voy a tratar de perdonarte por haberme dejado de acompañar en medio del camino sin previo aviso (me habías escrito después de más de dos años sin vernos por la pandemia: “¿Qué loco? Es harto tiempo. Y no hemos dejado de estar en contacto. A veces estas cositas me hacen pensar en las personas que eliges para acompañar y que te acompañen en los caminos”, y dos años después: “…ya las cosas se acomodarán y nos encontrará la vida trabajando juntos”). Voy a seguir llorándote y voy a “inundar las veredas y los paseos. Y salvarnos, a nado, de nuestro llanto”, como alguna vez me dijiste citando a Girondo. Voy a estar atenta a tus señales, como aquella de la noche de Año Nuevo en la que estaba pensándote y de repente el tapón de una botella de sidra se abrió sin que nadie lo tocara, como si fuera un recordatorio de tu mensaje de un año antes: “…disfruta mucho la vida… toda. Todo”. Voy a tratar de seguir tanto en busca del tiempo perdido como en busca de sentido porque, vuelvo a citarte: “Mientras sigamos creyendo en el hombre nuevo esta vida seguirá teniendo sentido y motivos para seguir adelante”. Voy a recordarte siempre, mi añorado compañero del alma… te lo prometo, porque como escribiste a manera de mensaje latente en uno de tus tantos artículos: “Solo desaparece aquello que no es narrado”.

Te quiero mucho.

Texto: Mitsuko Shimose

Fotos: Claudio Sánchez y Mitsuko Shimose

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El grupo empresarial Renacer SRL invirtió $us 2 millones

Rolando Kempff Bacigalupo, presidente ejecutivo del grupo empresarial Renacer SRL, servicios exequiales, inauguró una capilla, dos salas de velación y el parque cementerio Ángeles del Sur, en la zona de Auquisamaña.

PARQUE. El cementerio tiene una extensión de más de 10 hectáreas.

Por Mitsuko Shimose

/ 4 de junio de 2023 / 06:33

NOVEDADES EMPRESARIALES

Rolando Kempff Bacigalupo, presidente ejecutivo del grupo empresarial Renacer SRL, servicios exequiales, inauguró una capilla, dos salas de velación y el parque cementerio Ángeles del Sur, en la zona de Auquisamaña.

“Los empresarios paceños tenemos que apostar por La Paz porque es la segunda locomotora del país. Creo que debemos ofrecer los mejores servicios en todo, y es por eso que realizamos esta inversión de más de $us 2 millones para brindar un servicio exequial de calidad”, dijo Kempff.

El grupo Renacer tiene una experiencia de más de 20 años en el mercado paceño. Cuenta con cuatro parques cementerio en la ciudad de La Paz: Jardines de Paz, en Achocalla; Jardines del Paraíso, en Huajchilla; parque cementerio Celestial, en Obrajes; y el recientemente inaugurado parque cementerio Ángeles del Sur, en Auquisamaña.

“Decidimos materializar este emprendimiento en esta ubicación porque estamos a tan solo 10 minutos de San Miguel y en una zona privilegiada en la que disfrutamos de un campo abierto con una extensión de más de 10 hectáreas, lo que permitirá un uso de por lo menos 20 o 30 años”, expresó el presidente de Renacer.

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INAUGURACIÓN. Rolando Kempff junto a su esposa, su equipo de Renacer, y autoridades municipales y empresariales. Foto. Rodwy Cazón

Mencionó que el parque cuenta con un cementerio de mascotas, servicio que brinda a la población que las considera parte de su propia familia.

“Rolando Kempff es uno de los empresarios más querendones de La Paz y la prueba clara es que tenemos el orgullo de asistir a esta inauguración. Es un priviligio dirigirme a ustedes en esta inauguración de la capilla, las salas de velación y el parque cementerio Ángeles del Sur en un momento en el que la economía ha enfrentado y enfrenta desafíos. Es inspirador presenciar el compromiso y la valentía de empresarios como Rolando, que encabeza la empresa Renacer, y quien continúa invirtiendo, creyendo y confiando, creando espacios de gran importancia para nuestra comunidad”, señaló Jaime Ascarrunz, presidente de la Cámara Nacional de Comercio (CNC).

El alcalde de La Paz, Iván Arias, y el presidente del Concejo Municipal, Lucio Quispe, ofrecieron también palabras de circunstancia, oportunidad en la que valoraron la apuesta por la ciudad que hizo Kempff con esta inversión. Renacer cuenta además con su propio horno de cremación llamado La Eternidad, y con salas de velación en Miraflores, Achumani, El Alto y Auquisamaña.

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