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Alejandro Archondo y las soledades

La muestra ‘Vademécum de las soledades y otros fantasmas’ se verá desde el 9 de abril en el Espacio Patiño.

/ 10 de abril de 2019 / 04:00

Quizás la soledad sea la conciencia del frío. No el frío. / La certeza de la geografía que huye o del cuerpo que se aleja. No la ausencia. / La indagación por lo absurdo del extravío. No la pérdida./ El convencimiento del paso inevitable del tiempo. No las arrugas”, escribe César Antezana Lima —Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal 2017— sobre la nueva exposición del artista Alejandro Archondo Vidaurre (Arxondo).

En la muestra gráfica Vademécum de las soledades y otros fantasmas, el artista enfrenta la soledad —que tras iniciada su investigación se hizo plural y se convirtió en soledades—, un proceso que empezó por el trabajo consigo mismo y que después se trasladó a entender a los demás.

A través de 25 piezas gráficas atravesadas por el arte digital, la animación y el arte sonoro, Arxondo no solo recurre a la gráfica, sino que ha creado espacios íntimos en que cada visitante a la muestra —que se abrirá el 9 de abril a las 19.30 en el Espacio Simón I. Patiño (av. Ecuador entre Rosendo Gutiérrez y Quito)— se encontrará ante una suerte de espejo que busca la introspección y la identificación.

“Al principio, cuando hablaba de la soledad surgía el tema del desamor, el asunto pasional, pero introduciéndome en otras esferas he podido ver un lado más antropológico y sociológico, adentrándome en distintos contextos, identificando cómo se esconden y cómo se visibilizan las soledades. Abordar la otredad ha sido posible gracias al humor, que hace que estos temas sensibles sean más fáciles de abordar, pero para mí ha sido algo muy difícil y duro”, explica el autor.

En la muestra, el artista utiliza todos los elementos que tiene a la mano: está la gráfica y el cómic, evidenciado en la palabra como textura y también como concepto, su veta musical y su trabajo escénico aporta en la colaboración con otros artistas como las Kory Warmis, Manuel Monroy Chazarreta (El Papirri) o Joaquina Revollo. Se trata de una experiencia que busca la interactividad, que invita a acercarse y a tocar.

Se trata de un trabajo de múltiples capas. “Siempre hay filtros y de manera sutil es que se develan estas soledades. Por eso quiero interpelar al público, que rompa el filtro entre obra y espectador, con una variedad de piezas en las que podrá encontrarse con él mismo, en una faceta en que quizá no necesariamente quiere verse. La soledad es difícil de digerir”.

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Adele con la manzana de la tentación

Oh My God es el nuevo videoclip de la premiada artista británica que se desprende del disco denominado 30

/ 16 de enero de 2022 / 20:36

Con datos de Sony Music y El Universal

Un elegante blanco y negro, sugerente danza contemporánea y el carisma y la voz que caracterizan a Adele (1988, Londres) son la esencia del video del sencillo Oh My God, perteneciente a su más reciente y galardonado álbum 30. Este clip reúne a la premiada cantante y compositora con el director audiovisual Sam Brown, quien dirigió el video de 2010 para la ya mítica Rolling In The Deep. La manzana de la tentación caracteriza al chip de esta canción en que la cantante dice: “Sé que está mal, pero quiero divertirme”.

“¡Volví a trabajar con Sam Brown para Oh My God, quien dirigió el video Rolling In The Deep! Así que volver a colaborar juntos una década después fue nostálgico, por decir lo menos. Filmamos éste el día que salió Easy O The Deepn Me, había un millón de cosas sucediendo a la vez. Pero la atención a los detalles por parte del equipo estuvo al borde de la risa. Muchas gracias por su paciencia y por reunirlo todo. Fue muy divertido”, escribió la artista en su Instagram.

El videoclip —filmado en blanco y negro y con vestuario de Harris Reed, Louis Vuitton y The Queens Haus-Vivienne Westwood— combina un performance de danza contemporánea con Adele cambiando de escenarios y vestuarios, en el que al final sostiene una manzana como símbolo de tentación.

30 es el cuarto y más reciente álbum de estudio de Adele, después de 19(2008), 21 (2011) y 25(2015). La placa continúa liderando las listas de éxitos del mundo: está certificado el 3X Platino en Estados Unidos y 2X Platino en el Reino Unido, Irlanda, Francia y Corea. Desde su primer trabajo, Adele es imparable: Lanzado en noviembre pasado, 30es el álbum más vendido de 2021 y en Estados Unidos. Ha sido el número 1 en la lista de ventas de álbumes principales de Billboard durante siete semanas.

Es el álbum más vendido de 2021 y el único álbum que vendió más de un millón de copias en ventas de álbumes puros. El single principal del álbum, Easy On Me, es un éxito mundial y ha tenido el honor de ocupar el puesto número 1 en la lista Hot 100 de Billboard durante ocho semanas. Y las aventuras continúan. Adele dará inicio a su residencia previamente anunciada en Las Vegas, Fin de Semana con Adele, el 21 de enero de este año en The Colosseum of Caesars Palace Hotel.

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Eva Sofía Sánchez: un descenso al terror a través de la narrativa transmedia

Un recuerdo de infancia, una necesidad narrativa y un personaje oscuro dieron origen a Tenemos sed, el nuevo trabajo de la escritora cruceña

La escritora cruceña Eva Sofía Sánchez Exeni

/ 16 de enero de 2022 / 20:33

No había oído sobre los libros transmedia. Lo que la escritora cruceña Eva Sofía Sánchez Exeni tenía en mente era un cuento basado en un recuerdo de juventud, nada más. Pero las obras suelen tener vida propia. Y así nació Tenemos sed (2021, editorial 3600), un libro transmedia que pasa del papel al teléfono celular y al ordenador, al blog y al audio, a las fotografías y al video; a la interactividad. Aunque suene cliché, más que una lectura, es una experiencia.

“Lo de transmedia surgió en la mitad del proceso del libro. Empecé a escribirlo en octubre de 2019 y era una anécdota que sucedió cuando era adolescente, en la que estábamos unos amigos en una montaña y nos faltaba agua, entonces bajamos a buscarla. Y luego se me ocurrió que habían asesinado a alguien y pensé en el por qué habían hecho eso, imaginándome quiénes eran y se me ocurrió que era una banda de heavy metal. Recordé que tenía un grupo de música que tenía su propio blog y en ese momento abrí uno y puse un link”. Así empezó todo. Sánchez Exeni, con amplia experiencia en el periodismo y acostumbrada a ser ella quien hace las preguntas, escarba la ideas en su cabeza y las ordena en su casa en el centro de Santa Cruz. Este trabajo ha sido muy intuitivo y ha significado un proceso inédito para ella.

“Cuando se lo comenté a un editor al que siempre recurro, Alexis Sánchez, me habló de la narrativa transmedia y fui añadiendo más links para que el blog crezca”. Entonces el libro se conectó con internet y esto impuso nuevas necesidades. “Al principio los referentes eran de trash metal: Metallica, Sepultura, etcétera. Luego pensé que los personajes tenían que escuchar algo cercano a las artes ocultas y el black metal era lo ideal. Decidí estudiarlo más a fondo y encontramos las canciones ideales para que estén relacionadas con el contexto de la historia del blackmetal noruego”, agrega la autora.

Luego se hizo necesario crear música original, para lo que convocó a Juan Manuel Chain. Libro y temas se hicieron de forma paralela y después de mucho ensayo y error se llegó hasta las canciones que fueron masterizadas en España.

Cada tema tiene su propósito: “La primera canción, Éxtasis, debía generar una atmósfera; en la segunda, Beginning, quería que la gente escuche algo más pesado y al final la gran apuesta es Devoramos, que dura 10 minutos aproximadamente, que es el tiempo de lectura del último capítulo. La idea es que la música acompañe a la lectura y se pueda advertir lo que se está diciendo en el texto”. Y sí, puede que mucha gente no esté acostumbrada a leer y escuchar música a la vez, pero puede ponerla en pausa y leer o ver antes el video, solo escuchar la música… cada persona tendrá una experiencia única.

Es así que esta obra llevó a Sánchez Exeni —que desde 2020 imparte el taller de escritura creativa Escribir, ¿yo?— del solitario rol de la escritora al de una directora de orquesta o de cine, pues cada elemento — música, videos y diseño web— son parte importante de la obra.

Esta ficción arranca con el hallazgo de unos documentos, que luego se amplían en un blog que está en la web. “Me gustaron siempre las películas como La bruja de Blair, de found footage (metraje encontrado). En el prólogo se menciona que apareció un escrito y no se sabe de dónde y eso le da la tónica de no saber qué es lo que va a suceder. Todo está narrado por un tipo del que no se sabe nada, ni el nombre. Tiene ocultas las intenciones, solo él  sabe realmente lo que quiere”, adelanta Sánchez.

En su libro anterior, ¡Taxi!, hubo un momento en el que a la autora le asustó indagar más en un personaje tan oscuro, pero en Tenemos sed, el protagonista cobró vida de forma natural. “Daba para poder explorar mucho, yo perdí el miedo a trabajar con un personaje tan complejo y oscuro, con su con la sociedad y cómo interactúa con ella. Fue fascinante indagar cómo ve Santa Cruz del 2000, cómo ve a los metaleros. En un principio es una persona noble que comulga con la moral y que termina como el fascismo, con una intolerancia total. Si bien el personaje tiene un plan macabro, hubo un evento en su vida que lo corrompió y que al final de la novela se puede intuir”.

La obra es profusa en simbolismos: “El prólogo tiene siete partes y el hecho de que los detectives se llamen Sordello y Catón tiene un motivo espiritual, así como Fausto. Quería que el prólogo tenga una tónica pagana: si el lector conoce sobre las artes oscuras se dará cuenta de que es un homenaje”.

Por ello también la obra crece en sus 33 capítulos, la edad de Cristo. “En el último capítulo muestro la desestructuración en la psique de estos personajes y la forma que se me ocurrió para poder plasmarlo fue destrozando el texto, como si fuera un error en la matrix. Es la forma que hallé para expresar lo terrible de los actos que estaban ocurriendo, porque después de cometer esos asesinatos ya no sería la misma persona, volviéndose en la expresión misma de la maldad, algo que tienen relación con las imágenes y la música”. La interactividad, que tiene un importante ingrediente lúdico, además hace que la obra sea inmersiva, lo que resulta más que inquietante al tratarse de un texto de terror acompañado por música e imágenes que se quedan en la mente del lector.

Plasmar el libro en línea tal como está en este momento —y que este año verá su edición física en papel— fue otro viaje. La autora no tenía una idea clara de cómo plasmar la obra y no sabía si se la entendía a cabalidad. La editorial 3600 se interesó y contactaron a Eva Sofía Sánchez con Melisa Balderrama, quien fue la editora final del texto y propuso que el formato sea totalmente digital. “Yo no conocía todas las posibilidades y  a punta de ensayo y error surgió todo: desde el color de las letras para que tenga la estética de la época y se mantenga la mística del texto. Hay contenido extra en el blog, videos y obras de arte… también canciones no originales a las que el texto hace referencia”, dice la autora.

Eva Sofía Sánchez sabe que esta obra tiene un formato poco usual. Ella misma se encarga de mantener la página en internet debidamente actualizada  y atenta para que la lectura de la obra no ofrezca ningún problema. “Espero que el lector pueda viajar con el libro y lo disfrute como una nueva experiencia”.

El texto está en la página Venbo.shop, con la que trabaja editorial 3600, y tiene un precio de Bs 50. Simplemente se paga el monto y se da acceso al texto y demás material. “Espero que a partir del boca a boca y las experiencias de cada persona se pueda socializar este producto, pues me interesa mucho la experiencia que pueda vivir el lector”. ¿Es este el nacimiento de una autora multimedia? Eva Sofía guarda silencio. Fue la obra la que pidió el formato, no pretendía una búsqueda de innovación. Su libro ¡Taxi! también implicó una vivencia muy fuerte. Es que las obras suelen tener vida propia. “Me gustaría trabajar en un futuro con un material más pausado, reflexivo y no centrado en la acción”, concluye tras esta aventura.

PERFIL

Eva Sofía Sánchez Exeni (1981, Santa Cruz) es escritora y periodista. Autora de ¡Taxi! (novela corta, E1 Ediciones, México, 2020) y de Matar lo amado (cuentos, Editorial La Hoguera, Bolivia, 2018). Su libro Aquí y ahora – conversando con artistas cruceños (entrevistas y crónicas, Fondo Editorial de la FCBC, Bolivia, 2019) fue galardonado con el premio Letras de Nuevo Tiempo 2018, otorgado por la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. Su nueva novela, titulada Tenemos sed es una obra de narrativa transmedia y fue publicada en diciembre de 2021 por editorial 3600.

Escrituras líquidas y la sed

Reseña de la obra transmedia ‘Tenemos sed’ de Eva Sofía Sánchez Exeni

La sed es ansia y Tenemos sed de Sánchez Exeni llegó a mí en momentos de sequía y naufragio. Me encontraba navegando en la web, consumiendo imágenes, videos de máximo un minuto y deslizando en modo automático, saltando de una aplicación a otra sin calmar la sed. Al ingresar la contraseña y acceder al libro me encontré con la escritura líquida de Sánchez Exeni que se iba expandiendo con cada toque de mi pulgar, páginas que se sobreponen, creando lo que denominamos narratividad transmedia y podríamos resumir como el uso de diversos medios para contar una historia. Tenemos sed me recuerda a comunidades de internet que investigan y en algunos casos hasta han resuelto asesinatos o misterios a través de información encontrada en la web, pequeños retazos de pistas que se hacen visibles con cada clic. En ese sentido, el soporte de la obra es también, un personaje.

La experiencia de lectura en la narratividad transmedia es activa, pues como lectores/espectadores de la obra podemos avanzar y volver atrás las veces que queramos, pausar los videos, verlos sin audio, escuchar solo la música, navegar el blog de Somos Inercia y ser personajes de esta historia de suspenso y terror, ser cómplices del misterio. Por otro lado, la transmedialidad es casi imposible sin el trabajo colectivo, en Tenemos sed escuchamos la música compuesta por el músico Juan Manuel Chahin con guitarras distorsionadas, grabaciones caseras que completan el cuerpo y realismo de este universo, que también es nuestro y ese es otro punto desde el cual podemos analizar la obra, la hiperrealidad pues la línea entre la realidad y la ficción es muchísimo más difusa en internet; modificamos nuestros rostros con filtros, creamos alter egos, los medios comparten imágenes retocadas, una aplicación puede cambiarle el rostro a cualquier persona. El filósofo francés Jean Baudrillard relaciona la hiperrealidad con el concepto de simulacro, indicando que “el mundo contemporáneo es un simulacro, donde la realidad ha sido reemplazada por imágenes falsas, a tal punto que no se puede distinguir entre lo real y lo irreal. La hiperrealidad difiere de otras realidades en que la división entre realidad e imaginario desaparece.

La representación es más importante que lo que se está representando. Tenemos sed podría seguir expandiéndose, los mitos dejaron de ser urbanos para existir en los distintos niveles del internet. La escritura de Sánchez Exeni en Tenemos sed contiene otras dimensiones que se expanden por fuera de lo que conocemos como libro y con esto me refiero a que podrían surgir nuevos blogs relacionados al asesinato de la familia noruega, a los cuerpos encontrados en Samaipata, a la banda de black metal y mantener su estado líquido recorriendo y salpicando más páginas web. De eso se trata la complejidad de la narratividad transmedia, de generar un tejido infinito de amplitud para la obra, una sed constante que permanece.

(*) Por Lucía Carvalho, escritora

FOTOS: PIRENE E IRAIS BUEZO, SANTIAGO CUÉLLAR Y BLOG DE ‘TENEMOS SED’

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En camino: a través del lente de Joel Arancibia

El trayecto, el movimiento y las idas y venidas en las laderas inspiran el trabajo de este joven fotógrafo paceño

/ 24 de octubre de 2021 / 18:36

El destino final de un viaje no siempre alberga los paisajes más relevantes o las vivencias más impactantes. En la ruta, en el camino, se pueden encontrar historias distintas, muchas veces más interesantes. En el trayecto por su trabajo, el fotógrafo Joel Arancibia Coca lo ha comprobado: en esta selección fotográfica de su obra, la mirada del artista no se ha posado en la meta, sino en la belleza que ofrece el trayecto.

“Cuando aparecieron las primeras oportunidades de viajar y hacer fotos me di cuenta de que me gusta ver el movimiento que existe en las carreteras. En el camino, el coche resulta pequeño ante la inmensidad del paisaje. Claramente un coche es grande, es pesado, es rápido, pero el paisaje te demuestra que el mundo es mucho más que eso”.

En el camino es donde ha podido experimentar con el movimiento, pues la quietud del paisaje solo es aparente. “Sacar una foto de un coche acelerando en la carretera da muchas pautas. Primero, la imagen tiene movimiento, me gusta retratarlo.

Aporta mucho, no solo en la foto fija, sino en todo.  Segundo, el motorizado que para nosotros es grande, pesado, brusco, fuerte, intimidante y lindo tal vez,  en la foto se ve diminuto, un tanto insignificante, pero al mismo tiempo importante. Sin ese elemento esa foto no sería lo que es. Por último, es un reto. Sacar la foto de un coche acelerando en un paisaje árido o verde, reduce la oportunidad de tener mil tomas del mismo: o la sacas ese rato, o el coche se va y pierdes la toma”, expone el fotógrafo autodidacta. El polvo del camino crea espectros de los motorizados en la vía.

LA GRÁFICA

Subida. La ciudad se recorre no solo en automóvil y a pie, están las bicicletas. Foto: Joel Arancibia

RETORNO. La ciudad se ve distinta al regresar a ella y recorrer las laderas. Foto: Joel Arancibia

Foto: Joel Arancibia

Foto: Joel Arancibia

Foto: Joel Arancibia

Para conservar la esencia del momento, trata de no tocar mucho las fotos obtenidas de forma digital, a lo mucho corrige el color y la luz solo para destacar lo que ha visto y la sensación que quiere transmitir.

Ese andar le permite también una mirada diferente de la ciudad que no es estática, la del ir y del venir. “Esto viene tal vez por algo de nostalgia de mi niñez. Me crié en una ladera y muchas de mis fotos muestran ese punto de vista. Recuerdo pasar mis días viendo tantas, pero tantas veces la ciudad desde las laderas, esperar el atardecer para ver las montañas de distintos colores y después presenciar el espectáculo de las luces de la ciudad encendiéndose una a una. Tener que subir tantas gradas y ver los callejones, la falta de luz de las calles, todo eso es lindo”.

Su pasión por la imagen comenzó de niño, cuando veía películas con su familia y le intrigaba saber cómo se construían las imágenes. Con el tiempo ahorró algo de dinero y compró una cámara. “Empecé a aplicarme con la fotografía, a investigar sobre composición, revelado, la impresión, sobre todo el proceso”. Es así que aprendió —en el terreno, sacando fotos— y que sigue en el camino de la imagen, dando los primeros pasos en la fotografía para cine. Con una mirada, si bien nostálgica, ya más adulta, Arancibia retrata ahora lo que significa crecer en las laderas. “La cámara me permite retratar las cosas que veo desde un punto de vista muy cercano al mío. El hecho de ajustar todos sus parámetros me permite compartir mi visión de esos escenarios de una manera muy fiel a lo que observo. Hay mucha belleza en todo lado, en la cotidianidad, por ejemplo. La cosa es animarse a apreciarla, a levantar la mirada y hacer las conexiones que te permitan traer recuerdos pasados o crear recuerdos futuros”.

FOTOS: JOEL ARANCIBIA

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Warmi Photo

La colectiva boliviana realizó el taller de fotos ‘Existimos Estallidxs’. En estas páginas, algunas de las mejores piezas

/ 27 de septiembre de 2021 / 09:50

Congregar la diversidad de miradas de fotógrafas mujeres bolivianas es uno de los principales objetivos de la colectiva  WarMi Photo, que busca la visibilidad de su obra y de sus ideas. Con este afán —y tras una primera versión en 2019— se realizó este 2021 Existimos Estallidxs, la segunda residencia fotográfica en narrativa de género, identidad y territorio.

Se trató de un evento internacional autogestionado que nació a partir de la necesidad de crear espacios de formación más accesibles y fortalecer la producción colectiva fotográfica de nuevas autoras desde Latinoamérica, describe Lesly Moyano, de WarMi Photo.

IMÁGENES

El cuerpo hablante de Cecilia Bethencourt (Argentina).

Flor cara de Ana Sotelo (EEUU Perú)

Cosechando memorias de Valentina Cuadros Biggerman

Rebeca en su descanso de Angélica Queupumil (México)

Debido a la pandemia de COVID-19, la residencia se realizó de forma virtual del 23 al 28 de agosto, con la participación de 34 residentes latinoamericanas dirigidas por cinco tutoras de reconocida trayectoria:  Wara Vargas (Bolivia), Greta Rico (México), Anita Pouchard Serra (Argentina), Camila Falcao (Brasil) y Marcela Bruna (Chile).

Estas jornadas sumaron un total de 40 horas formativas entre talleres, charlas magistrales, revisiones de portafolio y el desarrollo de un proyecto personal. La residencia contó con la certificación de la Universidad Evangélica Boliviana.

De los proyectos personales de las participantes en este evento, presentamos en estas páginas algunas de las imágenes que han destacado tanto por el trabajo estético que han implicado como por la formulación de un discurso propio.

Fotos: Warmi Photos

MIRADAS

La esperanza en el volver de Carmen Angola (Bolivia)

La madre dolorosa de May Gonzales (Ecuador)

Mi sangre es una semilla de Wara Moreno

Tiempo sin dueño de Tatiana Siles Joffré (Bolivia)

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Poesía para caminar la incertidumbre

El escritor y periodista sucrense Álex Aillón presentó ‘P(r)oemas. Los cuadernos del Feis’, su más reciente publicación con la Editorial 3600

/ 27 de septiembre de 2021 / 08:51

Acaso no exista en el universo nada más bello que la humildad de un abrazo. El abrazo que es vida compartida. El abrazo que retiene el calor de las cosas. El abrazo que hace que las cosas sean ciertas de muchas maneras. El abrazo que hace que en ti la madrugada sea posible. Me he gastado la vida dando abrazos. Una vida bien gastada es una vida hecha de abrazos. El abrazo. El gesto con que mides el valor de tu alma”. El 9 de julio de 2019, el poeta —y cronista, periodista, gestor— Álex Aillón Valverde escribía este texto en su muro de Facebook. Es 2021 y, leyendo P(r)oemas. Los cuadernos del feis (Editorial 3600) me vuelvo a encontrar con esta declaración pública sobre la corporalidad de los afectos, en un momento en el que precisamente los abrazos escasean por la pandemia y, sobre todo, por los embates de la vida.

 Este libro de Aillón es de los que, sin pretensiones, te acompañan. Justamente porque desde ese lugar/momento es que nacieron estos textos: las invisibles páginas de las redes sociales que si aparentemente parecieran destinadas al olvido, en realidad caminan y se desplazan con uno y te llegan en los lugares/momentos más impensados: en el trabajo, en el baño o trasnochado en la cama.

En estos lugares/momentos  es que cada uno de estos poemas se convierten en valiosos compañeros en medio de la incertidumbre: qué cosita es ser poeta, de dónde viene, cómo se hereda; a qué huele el amor, cómo se digiere el olvido, cuándo se mata lo que se siente; dónde encontrar tu ajayu, cómo interpretar un t’inkazo, qué cosa — al final— es ser boliviano.

Este libro tiene palabras que caminan, de ladito, casi atisbándote, esperando que les digas “¿no ve?”. Pero es clave no decirles nada, porque el truco es leer las palabras de Aillón en silencio, para dejar que tu voz interna te cuente la historia de las ballenas, comprender la naturaleza de los amores perros o tratar de entender la valía del p’ajpaku. Si por ahí algunos textos parecen déja vù, es porque en realidad es posible que los hayas visto antes compartidos en Facebook, leído en algún periódico o haberlos escuchado en una obra del Teatro de los Andes. Es que tienen vida, pues, y la publicación del libro te los hace tangibles, atrapables.

Por eso, esta lectura —que se hace rápidamente, pero que te va a pedir una y otra vez que vuelvas a ella para entender mejor las clases de poetas que existen, los mecanismos del olvido, las contradicciones del amor por Bolivia— refresca y conflictúa plácidamente.  Es nomás un acto de amor por nosotros, los que leemos a Álex y me t’inka que él lo sabe, porque dice: “Al amor tienes que darle cosas breves, cosas que signifiquen, no que valgan.”

(27/09/2021)

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