Voces

sábado 15 may 2021 | Actualizado a 16:18

Vacíos urbanos, espacios humanos

Cuanto más bella es una obra, la concepción del vacío urbano la convierte en más humana.

/ 5 de julio de 2018 / 03:52

Cuando escribimos sobre las edificaciones que buscan causar impacto en las ciudades, nos vienen a la memoria criterios y reflexiones de grandes arquitectos quienes hace ya más de medio siglo afirmaban que “la concepción de la forma es un todo autosuficiente, donde incluso el vacío juega un rol funcional dentro del paisaje urbano”. Una especie de búsqueda por aprovechar el valor del territorio o terreno que inspire a la creatividad del conjunto construido y, lo mejor, proyecte vacíos útiles para el esparcimiento ciudadano. En este sentido, puede aseverar que cuanto más bella es una obra, la concepción del vacío urbano la convierte en más humana.

El mencionado concepto apareció en la época griega, cuando se afirmaba que todo sitio ocupado “debía considerar a aquellos lugares concebidos por otra suerte de realidad no tangible”. En el caso de las culturas prehispánicas, éstas concebían al vacío nutrido con elementos místicos y culturales.

Lamentablemente hoy dichos vacíos (las plazas, los frontis o antesalas de las grandes edificaciones) han dejado de ser los estructuradores de las ciudades, pues se los obvia con mucha frecuencia. Se olvida que tienen un gran valor no solo para el inmueble en construcción, sino también a nivel urbano. Y es que simplemente resulta imposible negar su complementariedad con las vivencias del habitante, del encuentro entre unos y otros.

Respecto a la ciudad de La Paz, en la que en los últimos años se ha exagerado en la ocupación territorial, y los pocos espacios vacíos con los que todavía cuenta son utilizados cotidianamente para edificar nuevas infraestructuras (que olvidan que el concepto de calidad de vida incluye también esos espacios humanos y relevantes), nace la interrogante: ¿qué estamos haciendo con nuestra urbe?

Los lugares abiertos son, a fin de cuentas, el sentido originario del paisaje urbano, por lo que no cabe duda que hacen más palpables y sensibles a las ciudades. Contrariamente a ese criterio, La Paz está siendo cada vez más asfixiada por las innumerables edificaciones que se levantan, las cuales han llegado al extremo de abrir sus retiros para habilitar parqueos.

Sin embargo, como en todo, también existen buenos ejemplos, como el de la Casa Goitia, ubicada en la Av. Arce. Al ceder su jardín anterior, este inmueble no solo abrió la perspectiva visual del conjunto urbano, sino que además logró que se aprecie la estética de esa antigua edificación. Asimismo, la parte posterior, quizá otrora un segundo jardín que se convirtió en parqueo, denota hoy que “el afuera” y “el adentro” se funden para remarcar la belleza de esa casona. Su frontis abierto, con la elevación de únicamente dos o tres maceteros, consigue que sus bordillos tengan otra utilidad: asiento para el transeúnte solitario, el visitante o el observador.

En la actualidad los nuevos conceptos de vacíos urbanos los definen como lugares de tránsito; vale decir, espacios para la contemplación, pero no para la permanencia. Una característica que se evidencia en las remanencias que dejan frontalmente los grandes edificios y otros.

A sabiendas de que todo cambia con el tiempo, nos preguntamos ¿cuál de los dos conceptos de vacíos urbanos se identifica más con nuestra ciudad: los humanos y del lugar, o los del recorrido y del anonimato? Según nuestra opinión, La Paz requiere de ambas visiones, pero siempre inspiradas en sus habitantes.

Comparte y opina:

Arquitectura, vivienda-evolución

/ 14 de mayo de 2021 / 02:07

Apartir de la multiplicidad de situaciones que se viven hoy, la arquitectura tiene el desafío de evolucionar no solo en la búsqueda de propuestas atractivas, sino que contengan una complejidad de cruce de fuerzas, cuyo resultado sea una obra significativa. Sabemos que las condiciones actuales no son las más alentadoras para un éxito rotundo. Esto gracias a la llegada de un virus que ha causado situaciones inteligibles, las cuales, empero, parecieran afirmar que la arquitectura debe enriquecerse y caminar por nuevas sendas, ya que la vida del habitante exige transformaciones y ello significa munirse de estrategias constructivas sin olvidar el aprovechamiento de energías limpias.

Cabe recordar que la arquitectura no es una escultura, sino el acontecimiento de espacios y volúmenes que logran resultados significantes, como son los espacios residenciales, de esparcimiento, diálogo y demás, que no solamente son útiles para elevar el valor de la ciudad, sino el disfrute del habitante que allí reside. Mucho más por la importancia y valor de continuidad, integración y conexión que hoy requiere el espacio habitacional y su relación amable con el exterior.

No nos referimos a que cada edificación esté conectada a un jardín o una plaza, sino que su vínculo sea con aquellos territorios relacionados hasta indirectamente con la naturaleza, la vida. Así, la arquitectura estaría concebida en el cruce de espacios que la componen y apoyada por la fuerza de lo tecnológico. Es indudable que para ello se tendrá que dejar atrás el programa tradicional.

Y viene la pregunta: ¿qué pasa con las zonas de bajos recursos? Éstas se caracterizan por estar en una ciudad, la cual debe saber entender que la vida humana dentro de esas pequeñas edificaciones requiere complementar sus necesidades espaciales, así como consolidar o ampliar sus lugares, por ejemplo, los residuales, a fin de convertirlos en útiles para el esparcimiento. Una realidad que lleve a buscar soluciones en aquellos territorios pequeños o medianos para que se conviertan en el lugar del acontecimiento.

Conviene aclarar que este artículo no trata de códigos estilísticos, sino de una mirada al futuro de la arquitectura referida a la vivienda y su relación con la ciudad. Tampoco se debe dejar de reconocer que el momento en el que vivimos nos mostró otras realidades, que posiblemente puedan repetirse o ampliarse en el futuro. Por tanto, logró revelar las grandes necesidades de la urbe y, lo mejor, nos acercó al futuro.

Y en cuanto a lo tecnológico, ya no se debiera tapar aquella herida que significa la falta de tecnología especialmente en la arquitectura y convertir a las edificaciones en eficientes.

Para ello, se debiera reflexionar sobre la necesidad de transformar las obras con pautas para el ahorro máximo de energía. En esa línea, es preciso señalar que el construir con criterios sustentables representa solo del 3 al 5% más de la inversión económica y que éste se hace visible hasta en materiales de acabados de una obra. Independientemente de aquello, es necesario sensibilizar a las personas sobre temas medioambientales que deriven en la toma de conciencia acerca del respeto y la necesidad de salvaguardar la naturaleza. Esto significa hacer entrar en cuenta a la sociedad de que requiere un nuevo vivir tanto en espacios cerrados como externos. Lugares verdes no solo recreacionales, también los entornos naturales que elevan el buen vivir del ciudadano.

Para finalizar, reafirmamos que este artículo no representa la manifestación de una construcción teórica de la transformación de la arquitectura del mañana, sino que fue escrito deliberadamente para iluminar la realidad que, pareciera exigir el nuevo vivir.

Patricia Vargas es arquitecta.

Comparte y opina:

El Alto, otra forma de entenderlo

/ 30 de abril de 2021 / 02:17

La ciudad de El Alto es un producto de tradición, el cual relata que en los últimos años ha cambiado mucho hasta el punto que su población pareciera querer consolidar la memoria de un pasado, pero con expresiones que sean fruto de un presente fuertemente reconstructivo. Para ello ha comenzado a ser edificada con un nuevo sentido.

Lo relevante es que no se dejó en el olvido a la identidad, la cual es la fuerza que brota de la naturaleza orgánica, es decir que parte de la tierra. Así, esa identidad hoy busca mostrar un significado distinto que exige ser ampliado a los nuevos tiempos.

Lo significante es cómo todo aquello va acompañado de la intención de una sociedad que busca y evoca dirigirse sola.

Y es así como la ciudad de El Alto de a poco se transforma en ciertos sectores, a través de algunas obras arquitectónicas que representan íconos urbanos y que conllevan un trasfondo de la cultura del ayer. Tampoco falta el entrecruzamiento con aquellas otras edificaciones de corte contemporáneo, las cuales demuestran que esa urbe no se limita solo a la búsqueda de su desarrollo como ciudad tradicional.

Una especie de cruce de expresiones que ansían consolidar un futuro distinto, cuyo resultado sea una nueva imagen donde lo simbólico sea la fuerza que deje atrás a la ciudad del ayer.

Todo aquello ha logrado trascender a la sociedad, que hoy busca que aquella identidad del pasado se amplíe a un presente prometedor, cuyo sentido de pertenencia no deje de estar vigente.

Lo paradójico es que hoy otra parte de la sociedad tiene presencia en la dirección de esa urbe. Nos referimos a la ciudadanía joven, que ha tomado el rumbo con nuevos ideales y conduce políticamente a esa ciudad.

Por tanto, El Alto comienza a dejar atrás toda tradición conservadora, la cual si bien condensa valores ancestrales, hoy está dirigida por una juventud que protege su identidad, pero dentro de una visión de futuro.

Tampoco falta la otra parte de la ciudadanía joven cuyos intereses están relacionados con la creatividad, reforzada por la tecnología. Un hecho que debiera impulsar a la UMSA a ingresar con la educación superior a esa urbe, ya que esa juventud requiere la extensión de un conocimiento sólido y científico, a partir de carreras con las que no cuenta la universidad que allí funciona.

No se debe olvidar que dentro de esa juventud están las mujeres, con ejemplos claros como los de la alcaldesa saliente Chapetón, que silenciosamente supo dirigir y construir parte de la ciudad más complicada del país, no solo por su gente sino por la diversidad de su población y los problemas que conlleva aquello. Ahora llegó la segunda, la alcaldesa electa Copa, que es una mujer que enfrentó a su entorno político y supo ganar con valentía encomiable el lugar que hoy ocupa.

El Alto está en camino de tener su propio lenguaje de ciudad, cuyos distintos rostros denotan espacios llenos de situaciones significativas y constitutivas de una cultura que promete respuestas singulares.

Asimismo, no se puede dejar de mencionar que esa urbe tiene hoy un importante crecimiento gracias a la migración campo- ciudad. Una realidad que, empero, debiera ser proyectada y no omitida, pues cada vez crea mayores desigualdades.

Por todo ello, es preciso reafirmar que la identidad no es un haz vertical y que la tradición no se identifica solo con ciertos habitantes, sino que es producto de una memoria fuertemente asentada que podría ser proyectada al futuro.

No cabe duda que la urbe alteña ha dejado de ser aquella donde la tradición era lo que más sobresalía. Hoy esa característica se condensa en la memoria, que si bien sigue sumergida en la tierra, se halla reforzada por la identidad, que es la fuerza que la sostiene y nutre. 

Patricia Vargas es arquitecta.

Comparte y opina:

Dos consideraciones y un tema: la educación

/ 16 de abril de 2021 / 01:42

Ha pasado un año y la ciudadanía todavía no logra integrarse a la realidad actual: el nuevo vivir urbano, la evolución de nuevos conceptos del espacio público y la transformación que requiere la extensión del conocimiento, la educación. Esto significa la “toma de una nueva conciencia del tiempo”, como afirma Kant, que conlleve a aceptar y manejar los códigos comunes generados en medio de la desorientación de la gente.

A partir de 2020 las exigencias sobre los cuidados sanitarios limitaron nuestra libertad de acción y por eso la vida urbana se desarrolla hoy de un modo distinto, movida por las nuevas exigencias de este tiempo. Una realidad que debiera llevar a otras tendencias con una teorización renovada que —como afirman los expertos— esté centralizada en tres ejes: los referidos a la función, el significado y la forma. Esto dentro de aspectos relacionados a la valoración del trabajo diario, la vida privada y la identidad cultural.

En lo que se refiere a las ciudades, éstas van dejando atrás la otrora práctica dinámica y vital de su espacio público, donde las expresiones ciudadanas y culturales mostraban que son la fortaleza de una sociedad. Y esto evidencia la necesidad de recuperar ciertos lugares libres, vacíos urbanos que no estén saturados de detalles, sino que ofrezcan como valor agregado la belleza y el cuidado de la naturaleza. En una ciudad donde sobran las áreas abigarradas de edificaciones, el ser humano necesita libertad y esparcimiento; un hecho que ha quedado demostrado durante el tiempo de encierro que vivimos y que podría terminar de enfermar a la población.

En cuanto a la educación escolar, es innegable que en la actualidad la extensión del conocimiento en plena era de la información aún es lenta, pese a su aplicación digital abrupta debido a la pandemia. Ello no significa, sin embargo, restar valor a la enseñanza que se impartió hasta 2010. La idea es que si bien la evolución fue paulatina, hoy se dio un salto importante con la incorporación de la tecnología a la extensión del conocimiento, a través de las computadoras. Una situación que no debiera retroceder, sino enriquecerse mediante la práctica y la dotación de equipos a los estudiantes.

Así, lo conceptual en el aula y la extensión del conocimiento a través de un sistema virtual se constituyen en la nueva realidad de estos tiempos.

Si bien en estos últimos 10 años hubo cambios en la educación, no cabe duda de que hoy los niños y jóvenes tendrán que vivir los nuevos tiempos, y esto significa que la educación los lleve a una especie de madurez intelectual que les permita adquirir el suficiente conocimiento que consolide el “aprehender,” y ello significa dejar atrás la enseñanza memorizante. Resulta importante rescatar lo positivo de estos momentos, especialmente lo referido a la ampliación del conocimiento que promete lo digital, sin desmerecer la extensión del conocimiento tradicional.

Las nuevas investigaciones están llamadas a demostrar, medir la intensidad y originalidad que requieren los hombres y mujeres para hacerle frente al futuro, pese a que sus condiciones económicas no sean las mejores.

En esa línea, los niños y jóvenes requieren un contenido educativo que aliente su curiosidad por la investigación y el descubrimiento de nuevos saberes paralelos. Una verdadera forma de proyectar al futuro a grandes profesionales.

Dentro de todo ello, no se debe descuidar la infraestructura del aula, pues convendrá aprovechar las transformaciones de estos tiempos, como la instalación de un sistema de red, para impulsar la experiencia vivencial del debate abierto, las conclusiones propias del educando, sin olvidar lo fundamental: el que aprenda a “reflexionar”.

 Patricia Vargas es arquitecta.

Comparte y opina:

La música en tiempos de pandemia

/ 2 de abril de 2021 / 03:16

En el último año, la música atravesó el planeta hasta estructurar una esfera melódica en momentos complicados que le ha tocado vivir a la humanidad. Todo debido a la llegada del coronavirus.

En esta etapa lo relevante es cómo la ciudadanía del planeta se unió hasta un punto en que fue conociendo melodías de países lejanos, bailes que expresaban movimientos corporales distintos y por demás atractivos, ritmos que denotaban ser hasta escenográficos y que colaboraban en resaltar su cultura. Asimismo, no faltaron los conciertos de música clásica, que junto al resto permitieron una cuarentena algo llevadera. Lo notable, por donde se vea, fue el contacto mundial a través de la música.

De esa manera, aquel arte logró crear un interrelacionamiento entre las personas de distintas naciones y continentes, cuyas sociedades se relacionaron con las diversas expresiones musicales a través de la interconexión virtual. Esto gracias a la inmensa cantidad de videos que se difundieron por redes sociales como WhatsApp, Facebook y otras.

No cabe duda que fue una verdadera consolidación de las sociedades en red, pues las manifestaciones musicales lograron que lo global y lo glocal se fundieran. Resultó altamente significativo que esa especie de articulación de los flujos y los lugares se convirtiera en una red interactiva que enlazó a países y regiones geográficas que hicieron gala de sus cadencias armoniosas.

De ahí que el conocimiento de nuevos sonidos, ritmos, letras y expresiones musicales de una infinidad de culturas e idiomas, logró en esos momentos difíciles elevar el espíritu de lucha por lo más preciado que existe: la vida.

En síntesis, si bien la música atravesó fronteras y en este caso llegó a estructurar una esfera sónica global, sorprendió además con los acertados timbres cromáticos cargados de significado que recorrieron varios países y continentes. Así, el planeta creó una riqueza vivencial de intercambio y relacionamiento gracias a ese encuentro melódico virtual. Con ello, posiblemente se abrió un futuro de connotación y grafía musical incomparable por esas expresiones rítmicas generadas por las diferentes culturas.

Dorfles, el gran cultor del arte musical y de las formas plásticas, afirma en sus escritos que la gran evolución de la sónica musical depende esencialmente de la notación y grafía musical, y en esta época mucho más pues se llegará a un grado depurado de objetividad esencialmente en la transcripción sonora.

En este sentido, es bueno apreciar que la música evolucionará en el futuro debido a la inmensa variedad de estilos que existen en cada área de un país, los cuales influirán en la reinvención de nuevas manifestaciones melódicas acompañadas por una riqueza de sonidos cromáticos enmarcados en un espacio envolvente.

Destaca que desde 2021 la música cruzó barreras territoriales hasta posiblemente llegar a estructurar una especie de contingente del presente. Esto porque no existe un lugar cuyo sonido musical no haya sido alterado por la nueva cualidad de decibeles que colaboran en crear otro tipo de expresión armoniosa.

Para terminar, es indudable que en estos tiempos de pandemia la música transitó un sinfín de regiones así como situaciones, lo que la llevó a enriquecer ese arte, pues su papel juega un rol determinante en la vida del ser humano, y mucho más hoy con la tecnología digital que ha colaborado en extender por el orbe su valor y sus cualidades.

 Patricia Vargas es arquitecta.

Comparte y opina:

Lectura del día 7

/ 19 de marzo de 2021 / 07:07

Hace algunos días vivimos las elecciones más singulares de los últimos años, sin embargo, la inasistencia de votantes fue muy notoria, pese a la importancia que siempre tuvo este proceso en el país.

Normalmente, ese día se produce un desplazamiento notable de la población a los recintos electorales, convirtiendo a estos espacios en un lugar de distintas relaciones humanas y manifestaciones que van acordes a esta fiesta democrática. Así, el día de la votación se crean situaciones que llevan a que ese acto electoral sea un acontecimiento singular y expresivo. Su realización siempre es en escuelas y colegios, que además de cumplir con esa función de lugar de sufragio, acogen el movimiento ciudadano que se plasma en encuentro de adeptos, organizadores que van de un lado a otro, repartidores de panfletos que buscan convencer por quién votar a los indecisos, entre otros. Todo ello denota, sin embargo, la fugacidad de esos momentos.

La infraestructura educativa se convierte además en un espacio expresivo que transforma la calle o avenida en un verdadero espacio público donde la algarabía y las esperanzas priman. De ese modo, esos puntos son estratégicos porque representan para las familias una especie de recinto festivo al que acuden y donde no faltan los niños y los periodistas de la Tv con sus equipos, que esperan captar las imágenes más especiales para contextualizar sus despachos. Una realidad generadora de una vida urbana por demás expresiva.

En cambio, el 7 de marzo, aquel espacio de gran vitalidad —capaz de mostrar objetivamente el valor de una elección democrática— pareció haber desaparecido junto al gran sentido que lo fundamenta. Lo triste y preocupante fue que allí predominó el silencio y, lo peor, el tiempo jugó un rol en contra pero afín a esos momentos. Esto porque parecía que el temor se hubiese impuesto en ese número racional de votantes, que de forma nerviosa esperaba la apertura de las mesas de sufragio.

Ese ambiente llevó a preguntarnos: ¿Qué es lo que exactamente mueve a las personas en una votación, que al final de cuentas se convierte en el atributo que refleja la libertad de elección en un país? Todo proceso electoral es una expresión de ideales que se ponen de manifiesto cuando la población muestra su respaldo a uno u otro partido político o agrupación ciudadana. Esto dentro de una flotante ansiedad colectiva de contar con una urbe planificada en el marco de los avances contemporáneos.

De ahí que lo lamentable de esta última votación fue que, como primó el silencio, los absolutos se convirtieron en obstáculos. Una realidad que resultó muy vulnerable, pues llevó al votante a salir a toda prisa.

Esta situación ciertamente empeoró con el temor al contagio, pues el impacto que causó el COVID-19 en nuestras vidas transformó la otrora vivacidad que caracterizaba a esta fiesta de la democracia. Visiones y sensaciones que además de producir una ansiedad colectiva, se queden en el pasado y pertenezcan a un efímero presente.

Evidentemente, todo movimiento no existe sin un móvil que lo aliente y constituya su unidad. Esto porque representa una especie de metáfora, en este caso, del despliegue ciudadano que demuestra la valía de expresar en libertad a quiénes elegir. De cualquier manera, es importante reflexionar sobre la agilización del desarrollo y transformación que requiere La Paz, lo cual debiera llevarnos a pensar si los cambios urbanos tendrían que ser implementados desde los espacios abiertos y el contexto natural. Esto, porque la vida del habitante se ha transformado a partir de marzo del pasado año.

  Patricia Vargas es arquitecta.

Comparte y opina:

Últimas Noticias