Voces

Thursday 29 Sep 2022 | Actualizado a 19:26 PM

Multas contra la basura

/ 8 de mayo de 2019 / 23:46

Lamentablemente en el país no son pocos los que acostumbran botar su basura en las calles, sin respetar los lugares ni los horarios establecidos para tal efecto.

Con el propósito de contribuir a modificar estos peligrosos hábitos, que ponen en riesgo la salud de las personas y del medioambiente, además de perjudicar la imagen del país, el Gobierno Municipal de Oruro acaba de promulgar un decreto que establece multas contra las personas que boten desechos en las vías públicas que van desde los Bs 1,22 hasta los Bs 21.220, y desde los Bs 8.400 hasta los Bs 84.800 para las instituciones.

Se trata sin duda de una iniciativa más que necesaria. Sin embargo, como bien se sabe normas de esta naturaleza no tienen mayor alcance si no vienen acompañadas con los recursos humanos y logísticos necesarios para ponerlas en práctica. De hecho, en otros municipios que cuentan con institucionalidades ediles más robustas como La Paz decretos similares han quedado en letra muerte.

Y es posible que en Oruro suceda lo mismo, a menos que la municipalidad orureña se proponga ir más allá de las medidas coercitivas, invertir de manera simultánea en campañas educativas que “despierten” entre los ciudadanos una mayor consciencia respecto a la importancia de no botar la basura en las calles y de respetar las normas y los derechos de los demás en general. Solo así podremos tener en el país ciudades más limpias, ordenadas y respetuosas del medioambiente.

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Palestina en la sesión 77! de la Asamblea de la ONU

/ 29 de septiembre de 2022 / 01:07

El consenso internacional del que fue testigo el septuagésimo séptimo periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas expresó su compromiso de permitir y apoyar todos los esfuerzos para lograr una paz justa y duradera en el Medio Oriente sobre la base del derecho internacional, las resoluciones del Consejo de Seguridad y la reafirmación internacional sobre la importancia de trabajar de acuerdo con una solución de dos Estados negociada únicamente sobre la base de las fronteras del 4 de junio de 1967, que garantice el establecimiento de un Estado palestino independiente, soberano y viable que conviva en paz y seguridad con Israel. Se puede considerar que este lenguaje es un paso en la dirección correcta para garantizar el establecimiento de una paz justa y duradera para todos los pueblos en la región.

No hay duda de que el mensaje de paz palestino transmitido en el discurso del presidente Mahmoud Abbas expresó claramente los objetivos y aspiraciones del pueblo palestino dondequiera que esté, ya sea dentro o fuera del país. Liberación, retorno y establecimiento del futuro Estado palestino, con Jerusalén Oriental como su capital.

En su discurso, el Presidente palestino dijo que la Nakba es una vergüenza para la humanidad, especialmente para aquellos que conspiraron, planearon y ejecutaron este crimen desde su creación en 1948; detalló que Israel ha cometido diversos crímenes contra nuestro pueblo cuando destruyó 524 aldeas palestinas y desplazó a 950.000 palestinos, y perpetrando más de 50 masacres. Hizo un llamado a Israel para que reconozca su responsabilidad en la destrucción de aldeas, la realización de masacres y el desplazamiento de palestinos. Lo que se requiere es una disculpa a nuestro pueblo y asumir su responsabilidad legal, política, moral y material.

Abbas subrayó: “Nuestra confianza en lograr la paz basada en la justicia y el derecho internacional se está desvaneciendo”. Dijo “anhelamos la paz por el bien de las generaciones futuras y de los pueblos de la región, queremos la paz y luchamos contra el terrorismo, no recurriremos a las armas ni a la violencia ni al terrorismo, pero queremos que las Naciones Unidas protejan a nuestro pueblo”.

Añadió que Israel con sus prácticas en el terreno no nos deja otra opción, es un país ocupante y nuestro pueblo está bajo ocupación, exigimos a la comunidad internacional que lo trate en base a esta premisa. Indicó que Israel está liberando las manos de los colonos terroristas para que maten a nuestra gente, roben sus tierras, su agua y quemen sus hogares. Afirmó que hay grupos terroristas como Hilltop Youth, Pagar el Precio, Lahava y Temple Trustees, dirigidos por miembros del Parlamento (la Knesset) israelí y exigió a la comunidad internacional que dichos grupos terroristas israelíes sean incluidos en las listas del terrorismo internacional.

Especificó que Israel no nos dejó nada sobre el terreno para establecer nuestro Estado… ¿Dónde estableceremos nuestro Estado independiente para vivir en paz con ellos cuando los colonos constituyan el 25% de la población total en Cisjordania?

Agregó que Estados Unidos brinda apoyo ilimitado a Israel y lo protege de la rendición de cuentas y que los países como Gran Bretaña, Estados Unidos e Israel, que fueron socios en la emisión de decisiones que causaron la difícil situación a los palestinos, son responsables de esta situación y deben reconocer su responsabilidad por el crimen contra nuestro pueblo.

Hizo hincapié en que Estados Unidos y varios países europeos abogan por una solución de dos Estados pero solo reconocen a Israel, apuntó que ya es hora de que reconozcan al Estado de Palestina y que no deben vetar nuestros esfuerzos para obtener la membresía plena en las Naciones Unidas, deben poner fin a la política de doble moral.

El Presidente hizo un llamado al Secretario General de las Naciones Unidas a trabajar para desarrollar un plan internacional para poner fin a la ocupación de la tierra del Estado de Palestina con el fin de lograr la paz, la seguridad y la estabilidad en la región, en base a las resoluciones de legitimidad internacional y a la Iniciativa de Paz Árabe.

El presidente Abbas dijo: “La verdadera prueba de la seriedad y credibilidad de la posición del primer ministro israelí en relación a su posición a favor de la solución de dos estados, es sentarse a la mesa de negociaciones para implementar la solución de dos Estados”.

Mahmoud Elalwani es embajador del Estado de Palestina en Bolivia.

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El horizonte es irrenunciable

/ 29 de septiembre de 2022 / 01:02

La cohesión ideológica, política y orgánica que emergió de la movilización no se agotó en la demanda, sino que trascendió a la interpelación del viejo Estado Republicano Colonial (ERC), esa interpelación significó la construcción de un horizonte alternativo anticolonial y anticapitalista.

Nuestro proceso tiene sus orígenes en la descolonización ideológica y cultural del movimiento campesino originario como sujeto político, interpelación contrahegemónica al ERC, a sus sistemas de valores, creencias y lógicas de poder, de la resistencia y la rebelión a la revolución democrática organizada, articulada sindical, cultural, territorial y políticamente ha superado las reformas liberal-democráticas y se ha instalado el horizonte estatal plurinacional, que cuestiona la modernidad capitalista colonial, como bien expresa Enrique Dussel.

La descolonización no es una palabra o fórmula, es un proceso complejo, contradictorio, conflictivo, donde las subjetividades de los actores están condicionadas al medio que nos desenvolvemos. Los contravalores coloniales exacerbados por los códigos de las derechas se presentan como “sentido común”, que impregnan nuestra cotidianidad y subjetividad para obligarnos a razonar bajo la lógica del opresor colonial: por un lado están sus expositores instituidos durante siglos, y por otro, los colonizados —algunos— con rostro plurinacional para enarbolar las banderas del opresor como suyas, para presentarnos a lo nacional popular como retrógradas, bestias, es decir, hacen del racismo, la discriminación, lo subliminal por la forma de presentación y de los medios que disponen.

Ante su derrota, nuestros enemigos tienen una estrategia que no está diseñada para presentar un modelo de vida diferente a nuestros pueblos, sino para recuperar sus estatus de poder, de privilegio y de vida e impedir que nuestro horizonte civilizatorio del “vivir bien” avance.

En nuestra región la presencia de gobiernos de izquierda y progresistas que no son serviles a los intereses imperialistas, son destituidos por métodos parlamentarios- militares, e incluso judiciales, el lawfare, y a los que no se pueden derrocar como Cuba, Venezuela y Nicaragua, les imponen sanciones y bloqueos criminales.

La desestabilización, el derrocamiento y las fracturas de los bloques populares que lideran gobiernos es la estrategia constante del enemigo eterno de Nuestra América, por ello nuestros líderes que se templaron desde la lucha sindical y gubernamental están más allá de un tiempo electoral y su obligación inexcusable esté en ver el presente con una mirada más allá de la coyuntura; es el horizonte nuestro norte.

Por ello, escuchar que algunos reducen el hecho histórico fundacional a una frase: “Ya tuvieron su tiempo en estos 14 años”, es una mirada reaccionaria, y por otro, considerar que nuestro gobierno es de transición y administrador del Estado, es una posición política utilitaria a la derecha. El presente no se explica sin la Constituyente y la nacionalización y este horizonte no se vislumbra sin la actual gestión, es decir somos el bloque plurinacional, social, popular y estatal que trascendemos más allá de las opiniones de alfiles y peones que quieren usurpar el lugar que no les está asignado por las luchas anticoloniales.

Es el tiempo de rediseñar la arquitectura política decisional del proceso, hacer de la complementariedad la praxis sustantiva de la crítica, autocrítica, análisis y decisión de los actores que tienen el peso histórico de su obligación.

Las visiones aisladas no son razones colectivas, es la forma de ver un hecho individualmente, en sí mismo legítimo, pero si esa razón intenta imponerse como verdad excluye el sentido de lo colectivo, el desafío está en darle sentido e institucionalidad al momento y tiempo donde las visiones constituyan los horizontes como razones colectivas del proceso.

Esta necesaria e ineludible complementariedad institucionalizada no emergerá de los buenos deseos, sino de la decisión obligatoria de los líderes: Evo, Lucho, David, del MAS, del Pacto de Unidad al que tiene que involucrarse la COB para autoimponerse la responsabilidad insoslayable de la dirección.

El capitalismo colonialista que dirigió nuestras vidas durante siglos apuesta en esta coyuntura no a construir un liderazgo de derecha, sino a fragmentar, dividir irremediablemente al bloque que lidera este proceso, en nuestra ruptura está su fuerza.

Nuestros liderazgos tuvieron la capacidad de vencer democráticamente a la derecha en varios momentos adversos, de resistir al golpe y vencerlo, de recuperar la democracia y el gobierno, de estabilizar el país y devolverle la esperanza al pueblo, ahora tienen que autoasignarse su responsabilidad con el proceso, porque el presente puede constituirse en pasado si no lo preservamos como horizonte.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Tu envidia es mi bendición

/ 29 de septiembre de 2022 / 00:50

Frase popular que se encuentra colocada en los parabrisas de motorizados del sector público y privado, haciendo referencia a aquellas personas que tienen ese sentimiento y que viven amargadas y en la mediocridad, esperando celebrar el fracaso ajeno, gastando su tiempo y esfuerzo en criticar y descalificar el éxito de otros.

Solo de esta manera se puede explicar la avalancha de críticas de políticos, analistas y de algunos medios de comunicación que tratan de descalificar la gestión económica del Gobierno, con argumentos poco lógicos y supuestos análisis técnicos que no tienen respaldo para sostener tales apreciaciones, que buscan menospreciar la estabilidad y los indicadores macroeconómicos que muestra nuestra economía, los cuales han sido reconocidos por los organismos internacionales y por el último informe del FMI.

Queriendo alertar y desinformar a la población, como el senador Rodrigo Paz Pereira con el tema de la deuda externa, quien indicaba que el país llegó a un extremo en su endeudamiento, y un analista indicaba que ésta llegaba al 65% respecto al PIB. Aseveraciones que fueron desestimadas por el informe del Banco Central de Bolivia, mostrando que ésta había bajado en 2,3% respecto de 2021 y que solo representa el 28,9% a junio de 2022. A esto se sumó la confianza de la Corporación Andina de Fomento (CAF), que con buenos ojos alabó el desempeño de la economía boliviana, aprobando un crédito para el país destinado a la inversión pública, que generará más actividad económica.

Analistas como Chávez tratan de descalificar medidas de reactivación económica como el SIBolivia. Para su mala suerte, Bolivia, a junio de 2022, tiene un superávit comercial del 32%, exportaciones que en su mayoría están compuestas por la industria manufacturera, mostrando que la dependencia de las exportaciones de materias primas va disminuyendo.

Ni qué decir de la estabilidad de precios y el crecimiento que la acompaña al primer trimestre, acercándose al 4%, lo que fue criticado por Juan Antonio Morales, indicando que ésta salió con atraso y que la minería y los hidrocarburos perdieron dinamismo. Este crecimiento está encabezado por el transporte y almacenamiento, por los servicios de electricidad, gas y agua, construcción y la agropecuaria que ha superado a la minería, lo que demuestra que el fuerte de este crecimiento es la demanda interna, por lo que tiene sentido seguir aumentando la inversión pública.

Ya quisieran estar ellos en el lugar del Ministro de Economía y darse el lujo de hacer a un lado las recomendaciones del FMI, mostrando una posición de soberanía y buena gestión. Recomendaciones que antes eran asumidas al pie de la letra por los políticos y analistas que hoy critican, realizando una venia ante este organismo.

Tu envidia es mi bendición, se convierte entonces en un motor para aquellos que dejan de lado el temor al fracaso, la zona de confort, buscando nuevos desafíos, arriesgándose a las críticas. Generar este sentimiento en otros es significado de que estamos por buen camino, ya que las críticas teóricas de nuestros eméritos analistas que no le achuntan ni a una es la bendición para nuestra economía.

Jesus j. Luque es licenciado en Economía.

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No necesito que mi vida sea extraordinaria

/ 28 de septiembre de 2022 / 00:49

Hace muchos años, antes de que tuviésemos hijos, una vieja amiga de la familia que era psicoterapeuta le dio un amable consejo a mi pareja, Ian, que estaba preocupado dándole vueltas a su futuro tras su salida prematura del Cuerpo de Paz: no quieras que todos los momentos sean de 10 sobre 10, le dijo. A veces tienes que celebrar los que son de cuatro, de cinco o de seis.

Cuando me lo contó Ian, nos reímos. Nos hacía sentir conformistas, o directamente unos fracasados, no aspirar a algo mejor. Hasta entonces siempre habíamos puesto la mirada más allá de donde estuviésemos, en otros tiempos más prometedores. Se convirtió en una especie de broma familiar para nosotros, y si algo salía mal, decíamos: “¿Se puede celebrar un uno o un dos?”.

Ya no me río de ello. He acabado entendiendo el buen sentido de buscar la alegría, y saber encontrarla, en lo mundano, en lo común y corriente, incluso en lo francamente aburrido, sobre todo en esta época de afección global (y personal). Soy consciente de que no soy ni mucho menos la única que se esfuerza en valorar el momento presente. Es la esencia de la conciencia plena o mindfulness, y en lo que consisten mis esfuerzos (a menudo fallidos) de meditar. Pero me ha permitido permanecer quieta cuando quizá de otro modo nunca habría dejado de moverme.

A principios de junio, nuestra hija Orli, de 13 años, volvió a casa, en Washington DC, de un viaje escolar a Nueva York que llevaba tiempo esperando. El viaje le hacía mucha ilusión; fue lo que la animó durante su operación de pulmón para eliminar una lesión cancerosa, la tercera de ese tipo a la que se sometía desde que le hicieron un trasplante de hígado para tratar un cáncer hepático en marzo de 2020. Tras la operación tuvo que permanecer ingresada y pasar por una ardua convalecencia. Por un tiempo tuvimos tanques de oxígeno en casa, y detestábamos su presencia.

La mañana después de su vuelta de Nueva York, Orli se levantó muy enferma. Al cabo de 10 días, los cirujanos le extirparon un tumor cerebral maligno. A Orli dejó de funcionarle de pronto el lado derecho del cuerpo; ya no podía levantarse de la cama sin ayuda. Después la balanza se reequilibró una vez más. Orli se recuperó rápidamente de su cirugía cerebral. A las dos semanas de recibir el alta del hospital ya estaba montando en bicicleta. Empezó a leer más que nunca, y devoraba libros enteros; volvió a subirse a una tabla de surf.

Cada uno de esos valiosos días fue de 10, en realidad, pero lo que empecé a ansiar fueron los momentos de 4 y de 5. Incluso los unos y los doses nos parecían victorias. Al menos estábamos juntos, y no en un hospital.

Durante todo el verano —con las sucesivas sesiones de radioterapia, los números de los marcadores tumorales que se empeñaban en no decrecer, incluso la pesadilla de un breve ingreso en la UCI en otra ciudad de vacaciones— intenté vivir en lo que para mí es ahora el hiperpresente. No es que hubiese dejado de preocuparme lo que pudiera ocurrir al cabo de un mes, o de dos semanas, o el año siguiente, ni mucho menos. Era que solo podía concentrarme de verdad en el minuto presente.

Vivir en el hiperpresente puede tener sus inconvenientes. Me resulta difícil hacer planes con más de una semana de antelación; temo los momentos perdidos hasta un punto irracional; me da pánico no llegar a tiempo de darles las buenas noches a mis hijas, sabiendo que el día ha pasado ya y que no volverá.

Sin embargo, la insistencia de vivir en el presente significa que cada vez que Orli y yo discutimos no puedo seguir enfadada mucho tiempo. Le he pedido a su hermana, que cumplió nueve años este verano, que intente hacer lo mismo. A veces funciona y todo. Así que me tumbo ahí cada noche, a charlar con Orli y Hana; a veces sobre alguna cosa importante, y otras muchas no. Pero antes de permitirme preocuparme por el trabajo, los platos por limpiar o incluso un futuro viaje, intento simplemente estar aquí. Solo estate aquí, me digo, como una aplicación de autoayuda en modo repetición. Esta época del año es buena para eso.

A principios de septiembre, justo después de que empezara las clases, le realizaron a Orli una segunda craneotomía para eliminar una nueva lesión cerebral. Afortunadamente, salió de ella sin déficits. Antes de que acabara la semana después de su operación, ya se había leído otro libro; me dijo que no quería perderse los ensayos de la obra de teatro de la escuela.

Es extraordinario. Estoy cansada de que ella tenga que ser extraordinaria. Resulta que, en realidad, no necesito que la vida sea siempre de 10. Un buen seis, sólido, estaría bien. Esta noche incluso nos valdrá un cuatro. Estaríamos muy contentos de descansar aquí, en el cuatro.

Sarah Wildman es columnista de The New York Times.

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Aberrantes percepciones de democracia

/ 28 de septiembre de 2022 / 00:43

No ha sido la mejor opción, pero fue lo que desbloqueó el boicot de la oposición a la elección del Defensor del Pueblo durante cinco sesiones fallidas de la Asamblea Legislativa. Lo ideal hubiera sido que oficialismo y oposición elijan al funcionario con dos tercios de voto compartidos.

Lo que comenzó como una sorprendente concertación, terminó mal, con mayorías eludiendo la concertación y minorías evitando el derecho de las mayorías a hacer prevalecer su representación mayoritaria. Con minorías bloqueando una decisión democrática, que al final se destrabó el viernes con la elección de Pedro Callisaya.

Los siete postulantes que llegaron a la elección bicameral lo hicieron con la firma de senadores y diputados de oposición y oficialismo de la Comisión Mixta de Constitución de la Asamblea Legislativa. Incluso la calificación de requisitos, entre ellos de no militancia, y la meritocrática.

Sin embargo, no sirvió para validar la selección; la oposición pateó el tablero con el argumento de que el MAS cerró el paso a dos postulantes mejor calificados y que se decantó por uno de su línea política, como pasó en 2010 con Rolando Villena (+), que fue elegido con el mote de “masista”.

Atenido a su condición de fuerza mayoritaria, el MAS se decantó por Pedro Callisaya, tildado sin derecho a defensa de masista y ahora nuevo Defensor del Pueblo. Sucesivamente en las cinco votaciones, éste recibió el voto mayoritario del oficialismo y de algunos disidentes de Comunidad Ciudadana (CC) y de Creemos.

Pero nunca pudo conseguir dos tercios, CC optó por bloquearle el paso y Creemos, votar en blanco. La consigna no varió hasta que ambas fuerzas políticas fueron madrugadas por la elección del viernes, al calor de 32 legisladores de oposición con licencia, muchos por las celebraciones de Santa Cruz.

“Somos estúpidos”, “hay Defensor del Pueblo” y “a llorar al río”, admitió el diputado de CC Gustavo Aliaga.

Fue el más sensato, a diferencia de su alianza política, que, a través de un comunicado público, evitó reconocer a Callisaya y consideró su elección de “fraudulenta”, “violenta” e “ilegítima”.

La diputada Luciana Campero se puso al frente de la posición de su alianza y dijo que el comunicado de CC no la representa, que correspondía asumir culpas. “Las cosas están mal, debe existir autocrítica, autoevaluación y, sobre todo, reflexión”, dijo.

Sin embargo, el fin de semana, el jefe político de CC, Carlos Mesa, fiel a sus calificativos (recuerden lo de “fraude monumental” y “sucesión impecable”), desahució la elección de Callisaya, la que consideró de “espuria” y “maniobra artera”.

¿Qué había que hacer? Ni el MAS fue capaz de insistir con el diálogo (en la quinta sesión, el vicepresidente David Choquehuanca sorprendió con la convocatoria), y CC y Creemos se mantuvieron firmes en su decisión de boicotear la designación.

Ni lo uno ni lo otro fueron democráticos, menos abiertos a la concertación. Pero al MAS se le abrió la oportunidad de aprovechar la ausencia de casi la mitad de los legisladores de oposición y lograr dos tercios.

Más allá de la jugada política, Callisaya tiene legalidad y legitimidad, pero su designación forzada por las circunstancias no es buena señal de convivencia política ni de madurez democrática. No podemos esperar los bolivianos vivir de estrategias legislativas en decisiones importantes.

Sin embargo, la mayoría tiene derecho a hacer prevalecer su representación legislativa, sin que esto implique abusar de la fuerza para imponer y forzar. A juzgar por los méritos calificados, Callisaya tenía el derecho de ser designado y Cossío, no; más allá de la opinión subjetiva sobre sus antecedentes políticos e ideológicos.

Pero decir que la designación del Defensor del Pueblo es “aberrante” es una aberración. Es una percepción aberrante de la democracia el entender las cosas como uno quiere, como ciertos intereses propugnan, más allá de los valores reales.

¿Murió la democracia con esa elección? En ciertas oposiciones creen que sí. Sin embargo, esas mismas oposiciones validaron en 2019 la proclamación de Jeanine Áñez en una Asamblea Legislativa sin quorum ni mayorías, menos leyes; con sola una fuerza devenida de la conspiración y la mediación hegemónica que hasta quiso que se crea que esa sucesión “fue impecable”.

Rubén Atahuichi es periodista.

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