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Benarés: vida y muerte

Estás en la ciudad india de las más densamente pobladas del mundo, y por un momento te atenaza algo cercano al ataque de ansiedad.

/ 31 de marzo de 2013 / 16:59

Las horas se desplazan dificultosamente por entre la jauría acústica del exterior, y miras una y otra vez un avejentado reloj que reposa sobre la mesilla de noche su tedio de minutos insomnes.

Estás en Benarés, la ciudad santa por excelencia de la India, y te resulta difícil encontrar, en la habitación de este destartalado hotel aledaño a la estación de trenes, ni una pizca de la supuesta santidad que debería embadurnar el ambiente. Batalla de cláxones, trifulca de motores de automóvil, combate de aromas de vertedero, escaramuza de insectos arreciando su hostilidad a la vereda de la única ventana que dibuja la sucia pared frente a tu camastro.

Es imposible dormir y, afortunadamente, no queda mucho para que el reloj marque las 04.00 y debas dirigirte al cuarto de baño compartido al final del pasillo, para adecentar un poco tu aspecto antes de encontrarte con el conductor de tok tok con el que acordaste tu visita a la renombrada orilla del río Ganges a su paso por la urbe.

Llegaste a Benarés hace horas, en un atardecer asesinado por la polución y la estridencia. En el tren que te acercaba a Benarés, en segunda clase, acompañado por numerosos hindúes ansiosos como tú por llegar a la inmortal ciudad, tuviste tiempo suficiente de repasar tu cuaderno de notas, y esa guía que te recordaba una y otra vez lo que ya sabías de memoria: Benarés, Varanasí en sánscrito, Kashí “la espléndida” en la antigüedad, situada entre los ríos Varana y Asi, regada por las aguas sagradas del Ganges, la Mama Ganga: diosa sagrada de los hindúes que quita y da la vida como lo hace la Pacha Mama a los habitantes del altiplano andino, una de las ciudades pobladas de mayor antigüedad que la ciencia y la historia conocen, más de 3.000 años se supone, lugar de peregrinaje de hindúes ansiosos por purificar su cuerpo, etcétera, etcétera, datos, curiosidades, mitos, toda esa retahíla mística con que gustan de engalanarse las guías de viaje que nada cuentan, pero todo pretenden enseñar.

Aunque tu primer impulso, tras descender del tren y sortear los numerosos cuerpos apolillados de enfermedad y miseria que se arremolinan a lo largo y ancho del andén ferroviario en busca de limosna, fue intentar acercarte al Ganges, la noche ya cercana y el cansancio de las 12 horas de viaje desde Delhi, te hicieron cambiar de idea una vez sentado en el tok tok, esa especie de motocicleta con destartalada carroza incorporada que hace las veces de taxi en este inabarcable país. Preguntaste al conductor si conocía algún hotel barato cerca. Por supuesto lo conocía, te condujo hasta aquí, y tras preguntarle por la mejor hora para salir con tiempo de llegar al Ganges antes del amanecer, acordaste con él que te recogería a las 04.30.

El cansancio logra que el ruido de la calle, los olores a manteca rancia y basura, el corretear de los insectos por el suelo de la habitación, desaparezcan por unos instantes, y caes en un breve pero reparador sueño. Suena el despertador, amaneces a una noche preñada de alborada, presta a reventar nuevamente en estruendos y aromas que no te permitirán pensar y cerca estarán de enloquecerte, como lo hace el niño recién nacido ante el trepidante espectáculo de las luces del paritorio y los amorosos alaridos de la mamá y el resto de familiares. Recién nacido en Benarés, así te sientes.

No tenías mucha esperanza de que ocurriese pero, efectivamente, el taxista está esperándote frente a la desvencijada puerta del hotel del que agradeces salir al fin, tras una noche de insomnio y pesadilla.

Rumbo al Ganges

La mirada del joven conductor desprende el mismo reguero de sonrisas que la noche anterior, cuando le conociste, e intenta explicarte, camino hacia la ribera del Ganges, con un inglés difícil de comprender, el por qué las calles comienzan de nuevo a poblarse de personas, autos, bicicletas…

Aún no ha salido el sol pero, para cuando lo haya hecho, los habitantes de la ciudad quieren estar ya presentables ante su dorado espejo. Muchos de ellos, al igual que tú, pero a pie, comienzan su peregrinación hacia las orillas del río sagrado que esperan cual lavandería abandonada, la purificación de sus cuerpos.

El trayecto finaliza antes de lo previsto. Ahora tienes que caminar en línea recta, poco más de 500 metros según te indica el afable taxista. “Sólo sigue a la gente”, es su última recomendación. Abonas el escueto monto del viaje, él te toma entre sus brazos y te despide, namasté, namasté, como queriendo inundarte de bendiciones.

El camino hacia la ribera se realiza con lentitud debido a la profusión de caminares que pretenden, con el tuyo, desembocar en las aguas calmas del místico torrente. Comprendes que estás en una ciudad de las más densamente pobladas del mundo, y por un momento te atenaza algo cercano al ataque de ansiedad. La promiscuidad de los cuerpos semidesnudos de hombres, mujeres, niños, enfermos, rateros, policías, monjes, todos en consonante y silencioso peregrinar, hace que te preguntes si no quedarás definitivamente rodeado por ellos, varado en esta marea humana, si no será falsa la seguridad de poder llegar a espacio abierto, y respiras desacompasadamente ansiando el final del recorrido. Junto a ti, dos hombres cargan un cadáver, mientras las mujeres que parecen acompañarles lanzan pétalos de rosas a la túnica que cubre ese cuerpo que espera ser incinerado en alguno de los ghats de cremación a orillas del río sagrado. A tu espalda se repiten, incesantes y monocordes, las plegarias de un grupo de sadhus ataviados de nívea túnica e indolente serenidad y, frente a ti, lo que parece el séquito festivo de un recién celebrado matrimonio compite en afónica sonoridad con los cláxones.

Tras un peligroso encuentro con uno de los cientos de monos que pueblan la ciudad y que ha adherido fuerte sus garras a la correa de tu cámara fotográfica, desembocas, junto con todo el torrente humano que acompañaba tu aún nocturno paseo, en Dashashwamedh Ghat, una de las cientas de escalinatas que conducen a las turbias aguas del Ganges. Desciendes un par de escalones y, no sabes si por necesidad de descanso o por pura postración mística, tomas asiento en la gradería y contemplas las apacibles aguas de la Mama Ganga, teñidas a lo lejos de un rubio oxigenado por la inminente aparición del astro rey.

La impresión es la misma, piensas, que la del adolescente, que enfrenta su primera noche de sexo, al contemplar el cuerpo desnudo de la persona que perpetrará con él ese iniciático rito de nacer al amor. Algo así como adoración. Una veneración que evita las miserables cicatrices de hambre, suciedad y pobreza que esconden las aguas del río y alrededores, al igual que el adolescente decide ignorar, admirado y fervoroso, esos kilos de más que decoran la geografía corporal de su primer amante, por ejemplo. Tan embelesado está por todo lo que de espiritual tiene el espectáculo.

Frente a ti, un joven delicadamente ataviado con ropas confeccionadas con la más rica seda india, comienza a disponer los utensilios para ofrecer al sol naciente la primera puja u oración del día. Mientras él prende fuego a los carbones que reposan en el interior de una vasija con forma de beligerante cobra, tú decides prender fuego a un cigarrillo al que apenas acertarás a propinar un par de caladas, sobrecogido como estarás ante el rito que el oferente llevará a cabo entre musicales salmodios para dar la bienvenida al nuevo amanecer. Te invade una especie de frenesí que, al apartar la mirada del ígneo rito del saludo al sol y comenzar a observar a los hombres y mujeres que bajan las escaleras hasta dar con sus cuerpos desnudos en el agua, sientes la tentación de acompañarles y hundir, sumergir también tu organismo en las aguas sagradas. Afortunadamente, has abandonado ya al joven que te sentiste al contemplar por vez primera el espectáculo del Ganges, y entras en una fase de pubertad que te hace recordar que sus aguas, a su paso por Benarés, son de las más contaminadas del planeta, tanto que las propias bacterias se autofagocitan sin dar tiempo a que la enfermedad se aposente en el légamo promiscuo que golpea las escalinatas.

Esa contaminación parece no afectar a los cientos de hindúes que se acercan cada mañana a lavar sus cuerpos en el bendito flujo de este río que nace en los Himalayas vivo y glorioso de pureza y cristalina corriente, antes de comenzar a perder salubridad en su deambular por las diversas ciudades de la India, y abandonar su torrentera de suciedad y plegarias en el mayor delta del mundo, una vez unido en sacrosanta cópula con el Brahmaputra, ya en las inmediaciones del Golfo de Bengala.

Has asistido a uno de los cientos de rezos al sol, el fuego y el universo todo, que se producen a diario en Dashashwamedh Ghat.

Decides abandonar la ya saturada gradería y emprendes un moroso paseo a lo largo de la ribera, pasando de uno a otro ghat y asistiendo en cada uno de ellos a diferente espectáculo: los ricamente ataviados músicos que afinan sus instrumentos para iniciar la fanfarria en honor de Shiva, en Assi Ghat; los numerosos devotos de rapada testa y escueta musculatura que preparan su homenaje al Señor de la Luna, en Mana-Mandir Ghat; los circunspectos estudiantes de una de las más afamadas escuelas espirituales de la India en silencioso caminar hacia las aguas del río, brazos en alto y mirada ausente, en Brahma Ghat; los incontables trabajadores de los hostales cercanos enjabonando las sábanas de sus establecimientos, en las cercanías de Lalita Ghat.

Por el camino te asombras ante la profusión decorativa de los templos que enfrentan el cauce del río y dan inicio a las escalinatas de los ghat, observando a los devotos de cada una de las innumerables preferencias religiosas que el hinduismo aporta a sus fieles en dedicado rezo, mañanero ejercicio físico, e incluso haciéndose afeitar sus cabezas por barberos armados de mugriento cuchillo e inexistente higiene. También observas a quienes rezan en estática postura, a los niños que juguetean con los monos, a los turistas japoneses que toman fotografías a diestro y siniestro, a los vendedores de flores dedicadas a los rezos, a las mujeres de más de 100 años que desnudan sus escuetas osamentas antes de entrar en las aguas del Ganges para purificar los escasos restos de carne que aún se aferran a la vida, a los hombres que se lavan unos a otros con profusión de exclamaciones y golpes, a los pintores que buscan inspiración sentados en cualquier escalón, a los mendigos que permanecen con la mano extendida mascullando arcaicas plegarias… aunque recorrieses durante más de 100 años los más de 100 ghats jamás llegarías a comprender Benarés. Y ahí es donde reside parte de su magia: lo inaprehensible de la cultura que fluye por entre los escalones al igual que fluye el Ganges a su paso por la ciudad.

Y comienzas a abandonar el disfraz de hombre sorprendido por el espectáculo de la espiritualidad para comenzar a vestirte de maduro visitante. Sí, alcanzas la madurez cuando comienzas a cuestionar la razón de tanta miseria, tanta suciedad, tanta pobreza, abandonadas a la sombra espectacular del rito y la superstición. Como hombre maduro intentas comprender y, como cualquiera que lo hace, cuestionas lo que no alcanzas a discernir .

Hasta que llegas a la escalinata del Manikarnika Ghat, donde los fieles de Vishnu acercan los cuerpos ya sin vida de sus seres amados para depositarlos sobre una breve montaña de madera a la que, tras un puñado de preces y una breve porción de bendiciones, prenden fuego los escuálidos trabajadores de la cremación. Ser quemado en el Ganges asegura a los fieles hindúes el fin del ciclo de las reencarnaciones y, por tanto, el descanso eterno. Es por ello que se acercan a cientos, cada día, para incinerar a sus familiares difuntos. Las cenizas, posteriormente, serán esparcidas en el agua y se mezclarán allí con el resto de fieles que toman baños de espíritu y enfermedad. No sólo las cenizas, también restos de cuerpo humano flotan en el río sagrado dando de comer a las tortugas mutantes de más de 30 kilos que sobreviven así. Esto ocurre porque quien no tiene posibilidades para pagar una buena pira ha de conformarse con unos maderos que, por supuesto, no asegura la cremación total. Los restos, como las cenizas de quien ha sido por completo incinerado, bailan al melancólico ritmo que imponen las contaminadas aguas.

Es entonces que, sobrepasado ya el espectáculo colorido y musical de los anteriores ghats, comprobado que el que reza, el que se baña, el que medita, el que pretende purificar su cuerpo en las aguas de la Mama Ganga, todos, finalizan como un puñado de huesos con jirones de carne quemada, nada más, es entonces, ya digo, que sientes el frío mordisco de la muerte y deseas no haber nacido o, mejor, volver a nacer en la sucia y ruidosa noche de tu hotel de mala muerte, para olvidar la ansiedad por conocer el río sagrado, tomar una ducha y coger el tren de regreso a Delhi, haciendo una parada, quizás, en Agra, para sentirte plenamente vivo y glorioso ante la contemplación del Taj Mahal, por ejemplo. Pero, en cualquier caso, evitar un nuevo paseo por la ribera del Ganges, a su paso por Benarés, para no caer en la cuenta de lo peligroso que es disfrutar el espectáculo de la vida y su pariente más cercano: la muerte.

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Fernando Quiñovel presenta las tendencias en peinado para novias

Los recogidos, en su amplia variedad y con novedosos toques, marcan tendencia entre las novias en este retorno de las fiestas matrimoniales

/ 17 de octubre de 2021 / 19:42

Muchas parejas se quedaron con las ganas de una gran celebración a causa de la emergencia sanitaria por el COVID-19. Sin embargo, con el retorno a las actividades presenciales, llegó la oportunidad perfecta de darse el sí y ya han surgido las propuestas para que ese día sea realmente inolvidable. El estilista Fernando Quiñovel y el equipo de Hair Studio Q (edificio Quiñovel, Montenegro Bloque J -13, San Miguel), proponen los looks para novia que serán tendencia en la temporada 2021-2022.

Los peinados recogidos son la principal recomendación para destacar en esta ocasión. “Son clásicos y elegantes, una opción femenina que estiliza y es versátil”, comenta Quiñovel, estilista que permanentemente actualiza su técnica en los más importantes institutos de Estados Unidos y Europa.

En cuanto a los estilos que imperan en esta temporada se pueden observar desde los recogidos trenzados, pasando por moños simples y clásicos basados en peinados icónicos, hasta llegar incluso a modelos de inspiración francesa para aquellas que buscan un look más osado.

Quiñovel muestra al público no solo peinados tradicionales, sino tendencias vanguardistas de carácter renovador, en las que el uso del color y de los accesorios juegan un papel importante. Detrás de cada creación se pone en práctica variadas técnicas que buscan lograr texturas y volúmenes diferentes para cada propuesta.

Hair Studio Q también sugiere reinventar algunos peinados tradicionales, de acuerdo a las facciones y los gustos de cada novia. El desafío es encontrar un equilibrio entre lo armónico y lo sobresaliente para obtener un resultado con el que las novias se sientan cómodas, pero sin dejar de resaltar lo mejor de sus rasgos.

El complemento indispensable para cada peinado es el maquillaje y, según Cinthia Quiñovel, esta temporada viene con pieles luminosas, pestañas y ahumados que profundizan la mirada, además de labios en tonos nude con un toque de brillo. La idea es que la novia luzca vibrante y fresca en el día de su matrimonio.  

Estas propuestas se mantendrán hasta el próximo año entre los estilos más populares, por lo que estos estilistas sugieren dar un paso más y crear innovadoras combinaciones que hagan juego con el vestuario de cada novia. Para hacer reservas, llamar al teléfono 2773736.

Fotos: Alan Rodríguez Tapia/ Asistencia: Samuel Hulen. Angie Zeballos

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Durmiendo en el espacio

Los astronautas ven desde la Estación Espacial Internacional (ISS) días de 90 minutos terrestres, lo que dificulta su sueño

Los crew quarters son los nuevos espacios en que los astronautas tienen oscuridad total durante ocho horas

Por Claudia Fernández

/ 17 de octubre de 2021 / 19:37

Son 16 amaneceres en 24 horas. Desde la Estación Espacial Internacional, la única tripulada que orbita la tierra, los astronautas pueden ver 16 puestas de sol en un día terrestre mientras realizan investigaciones o filman una película, como sucede en este momento. Tienen una vista privilegiada del planeta Tierra con “días de 90 minutos”. Este ciclo de tiempo es uno de los factores que afecta el sueño de los tripulantes. Y en el espacio no pueden haber personas somnolientas.

El “hogar” de los astronautas está a 400 kilómetros de distancia de la Tierra, en ese lugar viven varios meses investigando y realizando ensayos de biología y física, entre otros. Además, la Estación Espacial Internacional genera imágenes que asisten en la agricultura y desastres naturales. Y durante 12 días la ISS, por sus siglas en inglés, recibe a una inédita tripulación que tendrá que adaptarse a vivir en el espacio.

Es la primera vez en la historia que un director de cine (Klim Shipenko) y una actriz (Yulia Peresild), guiados por un veterano cosmonauta (Anton Shkaplerov) filman el primer largometraje ruso de ficción rodado en el espacio: El desafío. Los nuevos huéspedes de la estación experimentarán los beneficios y dificultades de la microgravedad, y de los 16 amaneceres. 

“La ISS rodea la Tierra cada 90 minutos. Esto significa que los astronautas experimentan un ‘día’ de 45 minutos y una ‘noche’ de 45 minutos”, dice a ESCAPEErin FlynnEvans, directora del Laboratorio de Contramedidas a la Fatiga del Centro de Investigación Ames de la NASA.

“Los seres humanos tenemos un reloj interno llamado ritmo circadiano. El ritmo circadiano determina cuándo se debe dormir y despertar de manera óptima. La palabra ‘circadiano’ proviene del latín, que significa ‘aproximadamente un día’. El ritmo circadiano de todos es un poco más largo o un poco más corto que 24 horas. Sin embargo, la luz a la que estamos expuestos en la Tierra interactúa con el ritmo circadiano para ayudarnos a estar listos para dormir por la noche cuando está oscuro y para ayudarnos a mantenernos despiertos durante el día cuando hay luz”, explica Flynn-Evans.

Para los investigadores de la NASA es importante brindar las mejores condiciones a los tripulantes, y hay avances a 52 años del lanzamiento del Apolo 11.

“Durante las misiones anteriores —como Apolo, Skylab, el transbordador espacial y Mir— los astronautas no tenían un ambiente de sueño tan agradable como el que tienen ahora. Durante muchas de esas misiones, los astronautas tenían que dormir en la misma área, lo que significaba que podían interrumpirse más fácilmente. Los astronautas informaron que se habían despertado debido al ruido, la temperatura incómoda o también por la contaminación lumínica”, dice Flynn-Evans.

Era 16 de julio de 1969 cuando unas 650 millones de personas vieron la imagen televisada del Comandante Neil Armstrong, y escucharon su voz que describía la llegada a la Luna, y quedaba grabada para la historia la frase: “… un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”. Desde entonces las condiciones de trabajo de los astronautas han cambiado. 

NASA

¿Dónde y cómo duerme un astronauta?

“Los astronautas de la Estación Espacial Internacional tienen compartimentos para dormir que se denominan ‘crew quarters (CQ)’. Estos CQ son bastante agradables y brindan a los astronautas condiciones ambientales que incluyen privacidad, oscuridad, temperatura fresca y buen flujo de aire”, explica  Flynn-Evans.

Los CQ son similares al tamaño de una cabina de teléfono. Además de bolsas de dormir, tienen computadoras desde las que se puede hacer llamadas personales, escuchar música o ver películas.   

Los astronautas duermen ocho horas diarias en estas cápsulas verticales que contienen un saco de dormir atado a la pared. Sin embargo, no duermen totalmente estáticos.

“Los CQ tienen un saco de dormir que se adhiere a la parte posterior del CQ con velcro — gancho de terciopelo— . Los sacos de dormir también tienen correas para que los astronautas puedan apretarlos o aflojarlos según su preferencia de flotar o sentirse contenidos mientras duermen”, explica Flynn-Evans.

Desde abril de 2021, la Estación Espacial Internacional tiene siete cuartos permanentes para la tripulación o espacios personales para que los astronautas duerman o trabajen durante su estadía en la estación. Este espacio exclusivo permitió mejorar el descanso de los astronautas. Y también fue resuelto el problema de la luz de los 16 amaneceres.

“Nuestros cuerpos no pueden adaptarse a un ‘día’ de 90 minutos y, por lo tanto, este tipo de patrón de luz-oscuridad puede causar interrupciones del sueño y somnolencia durante periodos de vigilia. Este sería un gran problema si fuera la única fuente de luz del astronauta. Sin embargo, en la ISS, los astronautas tienen acceso a las luces mientras están despiertos y pueden experimentar una oscuridad total, lo que ayuda a minimizar este tipo de interrupciones”, asegura Flynn-Evans.

La Estación Espacial Internacional empezó a construirse a finales de 1998 y tras dos años llegaron los primeros tripulantes. Para su construcción se requirió la colaboración de 15 países y actualmente las principales agencias a cargo son la NASA (EEUU), Roscosmos (Rusia), Jaxa (Japón), la Agencia Espacial Europea (ESA)y la Agencia Espacial Canadiense (CSA).

Actualmente es la única estación espacial con tripulación permanente, y tiene un tamaño similar al de una cancha de fútbol y está dividido en pequeños espacios. Otras de las estaciones lanzadas fueron las del programa Salyut entre 1971 y 1982. Cinco de ellas fueron civiles, mientras que otras dos fueron militares.

Tras el programa Salyut, la Unión Soviética lanzó en 1986 la Estación Orbital Mir, siendo la primera estación espacial en ser habitada de forma estable. Tras 15 años en uso, en 2001 fue destruida de forma controlada cayendo en el océano Pacífico. También se lanzaron la estación espacial Tiangong-1 de China que tuvo una reentrada en 2016, y Tiangong-2 lanzada el 15 de septiembre de 2016.

En la ISS se investiga el cuerpo y la microgravedad. Por ejemplo, un estudio descubrió que los astronautas perdieron masa muscular paraespinal significativa durante una misión de larga duración. Además, realizan la demostración de una nueva tecnología para eliminar el dióxido de carbono de las naves espaciales.

Y durante estos días la Estación Espacial Internacional no solo será escenario de investigaciones, sino también un escenario cinematográfico.

Fotos: NASA

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Recoleta: Un mall ecosustentable late en Sopocachi

Comida, ropa, productos de belleza, libros, café, tragos artesanales y música en vivo conforman la nueva propuesta ecosustentable paceña

MARCAS. Tiendas ecosustentables y que buscan el cuidado del medioambiente se han instalado en los dos pisos y los patios de la casona

Por María José Richter

/ 17 de octubre de 2021 / 19:33

Yo siempre he creído en las alianzas”, cuenta con entusiasmo Martina Eguino (26), dueña de la idea de la Recoleta en La Paz, el nuevo ecoespacio ubicado en la avenida Sánchez Lima (en el pasaje Carranza) y abierto todos los días de 10.00 a 21.00. El proyecto, sin embargo, tiene su precedente en el otro extremo del país: Recoleta Santa Cruz, instalado en el barrio de Equipetrol desde julio del año pasado, ofreciendo desde aromaterapia y degustación consciente, hasta vestimenta sustentable y comida vegetariana. Las pioneras de la propuesta en la ciudad cruceña son Cinthia Zeballos de Salvé Bolivia y María Laura Castedo, Valeria Hinojosa y María Julia Castedo de Ecomentalízate, una tienda multiproducto eco friendly. 

Rodwy Cazón

Por aquella creencia en los lazos, Eguino decidió trasladar aquella novedosa oferta a la ciudad de La Paz. “El año pasado les escribí a las personas de Ecomentalízate apenas supe de su tienda. Fuimos junto a mi tía Victoria Ossio, del refugio de animales Senda Verde a conocer Recoleta. Cuando llegamos, dijimos ‘esto es más que una tienda eco, esto es una casa’. Mi cabeza explotó y les dije que me gustaría hacer una alianza, que es en lo que creemos”, recuerda. Hoy, Recoleta Santa Cruz, decorado completamente con elementos reciclados, tiene más de 60 submarcas que ofrecen sus productos.

Una antigua casa de Sopocachi acoge esta nueva propuesta. Cada marca, con su propia decoración, se acomoda en un ambiente del inmueble en específico. Música de fondo. Un café en el living. Espacios cerrados, y otros abiertos, resguardados por los árboles. Dos pisos de oferta y los patios. “No quisimos cerrarnos al nicho de la zona Sur. Esta fue la primera casa que vimos, nos encantó la vibra, que sea retro y que tenga grandes espacios. Decidimos tomarla de inmediato”, relata Eguino. Hoy Botanika, Salvé, Ayurveda, Ecomentalízate, Bru Coctelería Artesanal, Ágape por Green Salad, Senda Verde y Lectura son algunas de las tiendas que acomodaron sus productos en la residencia de antaño.

Rodwy Cazón

Propuestas locales y sustentables

Las marcas están tejidas por un mismo hilo: los productos sustentables. “La idea nace de la necesidad de la ciudad de tener espacios donde el gasto sea más reflexivo. Quieres comer local, hay productos para ello; quieres comprar ropa de segunda mano, pero modernizada, está Salvé; y así sucede con las diversas marcas”. Pero el consumo consciente es solo el plus. El objetivo mayor es que Recoleta sea un rincón donde la gente coincida.

“Que sea un lugar de encuentro, que la gente venga porque le gusta el ambiente, los productos, los tragos, el café y la comida; en fin, que se sienta en casa. Las personas pueden quedarse horas trabajando y estar cómodas”, explica Eguino. A ello se suma una propuesta que se irá forjando paulatinamente: una agenda cultural con arte completamente local y, en algunas ocasiones, con un propósito mayor.

Hace unas semanas, Recoleta reunió a los músicos Vero Pérez, Prana, Agadá, Piel Morena, Nia Cole y Poche Ponce en beneficio de los bomberos voluntarios que combaten los incendios en la Chiquitanía. El evento fue organizado por el movimiento juvenil en Bolivia Fridays For Future.

“El objetivo fue que la gente sepa que se puede ayudar así, pasando un momento ameno, y ser conscientes de lo que sucede en el país”, comenta Eguino.

“Si hay gente de teatro, si hay poesía… la idea es tener siempre algo, desde actividades para niños hasta música en vivo. Estamos intentando ser un centro donde siempre haya eventos. Lo ideal sería tener una lista de acontecimientos mensuales, pero por ahora soy solo yo y se me hace difícil. Que venga una banda, por ejemplo, implica varias cosas: el sonido, los instrumentos y demás, que iremos trabajando de a poco”, señala.

Mientras tanto, Recoleta espera a sus visitantes paceños para una renovada experiencia sustentable.

LA GRÁFICA

GESTORA. Martina Eguino, parte del directorio de Recoleta La Paz

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Fotos: Rodwy Cazón

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‘La Paz Diseña’, moda emergente que cuida el medio ambiente

Diecinueve diseñadores consagrados y emergentes pasaron por la curaduría para el evento que destacará la moda circular

Por Adrián Paredes

/ 17 de octubre de 2021 / 19:27

Se decía que las modas pasan rápido. Que cuando una prenda entra en boga, ya está por salir otra que le quitará el glamour de la novedad. Hoy en día, nada podría estar más lejos de la verdad. Eso afirma Brígida Vidangos Aguilar, presidenta de la Asociación Paceña de Diseñadores de Moda (APDM), que celebró la curaduría de su evento La Paz Diseña.

 Juntando diseñadores consagrados y emergentes, La Paz Diseña tendrá una temática especial: fomentar la moda circular, una nueva filosofía mundial que busca crear y diseñar prendas de alta gama utilizando materiales amigables con el medio ambiente.

Lana, lino, algodón y fibras extraídas de plantas, la moda circular abandona la creación y el consumo vertiginoso de prendas y opta por una moda lenta, de diseños que, además de ser creados reciclando creativamente prendas antiguas y con una política de cero residuos, tienen también el reto de mantenerse relevantes por dos o tres años desde su estreno.

“Rescatamos lo mejor de las prendas y así nace algo nuevo”, asevera Vidangos. “Queremos mostrar al público que hay muchos materiales con los que se pueden hacer prendas de calidad, pese a que hayan tenido ya un tiempo de vida”.

APDM

El mundo de la moda paceña

De convocatoria abierta y sin cuotas de inscripción, participaron ocho diseñadoras emergentes, nueve consagradas de la APDM y dos más independientes, también consagradas dentro del mundo de la moda paceña.

“Varinia Vera mostró una mezcla de materiales y aguayo; Alexandra Bravo, que realiza arte plumario con plumas recicladas de gallina, como parte de estar en contra del uso de plumaje de animales exóticos, también mostró sus diseños.

Vimos tejidos con cintas de jean por Belen Iñiguez y Hugo Mejía transformó sacos de hombres en prendas femeninas”, detalla Vidangos. La diseñadora está contenta por el hecho de que casi todos los participantes pasaron a la segunda curaduría y, eventualmente, al desfile y a la exhibición, tras la evaluación de un jurado que incluyó a la diseñadora colombiana Juliana Flores, la argentina Denisse Nardini y el joven fotógrafo Miguel Ángel Flores, entre otros.

“La experiencia en la curaduría fue muy gratificante, por el nivel de compromiso y organización de la Asociación”, expresó Nayana Patón, una de las diseñadoras emergentes que sorprendieron a la APDM en el evento realizado en septiembre.

Sin fecha fija, por la pandemia, el fomento a la moda circular  continuará en octubre.

APDM

Fotos: APDM

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Tres pasos al frente

La cinta del boliviano Leonardo Pacheco se acerca al grupo de 13 jóvenes que se ofrecieron a luchar en la Guerra del Chaco

Por Pedro Susz K.

/ 17 de octubre de 2021 / 19:23

CINE

Si bien el cine boliviano se acercó a la Guerra del Chaco desde los mismos años del enfrentamiento con el Paraguay entre 1932 y 1935, en principio documentando in situ los acontecimientos (La campaña del Chaco, Juan Peñaranda Minchín/1933; Infierno Verde, Luis Bazoberry/1932-1935), Tres pasos al frente, primer largometraje del joven director cochabambino Leonardo Pacheco (21 años) a la cabeza de un elenco igualmente bisoño, se suma a Boquerón (Tonchy Antezana/2015), Fuertes (Óscar Salazar Crespo, Franco Traverso Chueca/2019), Chaco (Diego Mondaca/2020), trilogía de las más recientes miradas retrospectivas de nuestro cine sobre aquel crucial momento de inflexión en la historia del país. Y, tal cual ocurre casi siempre con las óperas primas,  el ambicioso apuro por decirlo todo de una vez, y con el mayor despliegue de efectismos a mano, desemboca en algunas demasías atribuibles a la inexperiencia de sus responsables. Sin embargo, es justo apuntarlo, el director hace, intermitentemente, gala de una puntería escasa en ese tipo de primeras obras.

Los códigos instituidos por la industria del entretenimiento en relación al género del cine bélico entrañan un desafío ineludible: someterse a esas recetas, repitiendo los sobados estereotipos frecuentados en incontables títulos apuntados a mostrar las contiendas armadas como el non plus ultra del arrojo varonil, o bien zafar de semejante corsé para develar la profunda estupidez de semejantes eventos, mayormente propiciados, a lo largo de la historia universal,  por los dueños del poder para legitimarlo o acrecentarlo. Al comulgar con la glorificación patriotera de algunos episodios instalados en el imaginario colectivo por la historia oficial en el modo de paliativos al desencanto que trae consigo la enumeración de los traspiés de los cuales se encuentra plagada la historia republicana, Pacheco no sale muy indemne del auto-envite que asumió al asomarse a la descabellada aventura a la cual fueron empujados Bolivia y Paraguay por los intereses de algunos países vecinos y las empresas petroleras, puntas de lanza del modelo neocolonial implantado desde los albores de la República en complicidad con las oligarquías nativas.

Pacheco aborda lo sucedido el 6 de agosto de 1933 cuando al constatarse la enorme cantidad de bajas en las tropas bolivianas, a instancias del obcecado entonces presidente Daniel Salamanca y de su improvisado asesor estratégico traído desde Alemania, el Gral. Hans Kundt, los cadetes de primer, segundo y tercer año del Colegio Militar, muchos de ellos adolescentes de entre 13 y 18 años, fueron instados a dar tres pasos al frente para acudir voluntariamente a las trincheras. Los más de 160 cadetes dieron unánimemente, en igual número de ocasiones, esos tres pasos adelante y 10 días más tarde partieron hacia aquellas lejanas tierras asoladas por el calor y la sequía, de donde solo retornaron vivos algo menos de 110.

El relato está seccionado en tres bloques, un  tanto desbalanceados. El primero, que se alarga a 52 de los 107 minutos del metraje, se detiene en el resaltado de la dimensión humana de los personajes y en un exhaustivo repaso a las minucias de la rutina castrense. En el segundo, Pacheco se toma un par de licencias (la composición de los oficiales “pilas” Cabrera y Martínez)  para acomodar el conflicto dramático a opinables sentencias proferidas por los jefes: “La guerra exige hombres no niños”, “vivir es un acto de cobardía”, entre otros, creyéndose así eximido de poner en cuestión el absurdo esencial de cualquier guerra. El tercero cumplimenta su mirada al sacrificio como el paso a la inmortalidad histórica, echando mano de la pormenorizada inmolación de los voluntarios sin escatimar ningún detalle de la crueldad a la que es capaz de llegar, en esas circunstancias extremas, el hombre: el “otro”, claro —lo que Eco denomina “construir al enemigo”—, permitiendo, con tal inventario, de atrocidades, parece suponer asimismo el realizador, añadir unos centímetros a la estatura heroica de los personajes. 

Película Tres pasos al frente

Es ambigua la caracterización de Salamanca, a cuya tozuda irresponsabilidad camarillera cabe endilgarle, sin la menor duda, el desastre de aquella guerra con su altísimo costo en pérdidas humanas y no se advierte asomo alguno de  contextualización geopolítica, anclándose en un miope ombliguismo, par de inadmisibles, a estas alturas, omisiones compartidas con los títulos colacionados en el primer párrafo, salvo en algunas instancias del film de Mondaca.

En su debut, anotamos más arriba, Pacheco peca de los excesos usuales de las primeras incursiones en cualquier rubro creativo, sintiéndose obligado a expresarlo todo de un solo envión, aun cuando en el caso de Tres pasos al frente, exhiba, por momentos, una perspicacia inusual en los principiantes. Pero es asimismo constatable un desconocimiento de la función de las herramientas narrativas propias de los códigos cinematográficos.

Hay a lo largo del relato un abuso desmedido de los primeros planos, cuyo valor expresivo permite sacar el mejor partido de la gestualidad de los intérpretes, pero si, al mismo tiempo, estos últimos vociferan sin pausa, en vez de potenciar el alcance denotativo de los elementos icónicos tal subrayado superfluo acaba neutralizándolo. De igual manera, el forzado acento lastimero, condolido y fingidamente empático, amén de sobreactuado, de la dilatada secuencia del adiós en el momento de la salida de los personajes hacia el frente acaba siendo deslucido por los recalcados verbales. ¿No hubiese sido más eficaz tratar aquella sobrecogedora circunstancia enfocándose en los gestos de los actores y dejando a la imaginación de los espectadores las réplicas, con lo cual se hubiese franqueado de seguro una más clara empatía emocional de éstos hacia aquéllos?

La música, sin entrometerse mucho, tampoco aporta gran cosa al enriquecimiento dramático, como sí lo hace la fotografía trabajada sobre una paleta marrón que no se somete al “verde” de aquel infierno y así consigue densificar visualmente la agobiante sensación de sed, relatada con tanta puntería por Augusto Céspedes en Sangre de mestizos (1936). Los actores, por su lado, atienden su tarea apelando a la (no muy amplia) gama de sus recursos, salvo un par de fallidas caracterizaciones, en particular la de Kundt.     

A estas alturas, y sin menoscabo del sacrificio entregado por quienes marcharon al horror, no saldría sobrando preguntarse si aquel grupo de voluntarios dieron los tres pasos al frente porque amaban a la patria, o por la sabida propensión de los adolescentes hacia la aventura, en esa etapa de mutación existencial en la cual el grupo, la pandilla, la camaradería generacional en fin, se convierten en los referentes del comportamiento de los individuos urgidos de sentirse aceptados,  o, en definitiva, porque fueron víctimas del contagio con la atmósfera de la época, impregnada de una inflamación patriotera gatillada por el Partido Republicano, autodenominado Genuino, con Salamanca a la cabeza, que creyó haber topado con la oportunidad de consolidar un poder que comenzaba a flaquear.  Tanto da, se dirá, y en última instancia, es así, pero, guardando el debido respeto, el puro tributo se me antoja insuficiente para aportar a una ponderación más precisa de lo acaecido en el Chaco Boreal.

¿Y cuáles son de las destrezas insinuadas dos veces líneas arriba, impidiendo que Tres pasos al frente acabe en un capricho devenido en caricatura? se preguntará el lector. Detallo: la composición de los personajes, sin tensar la cuerda emotiva hasta romperla, y evitando convertirlos asimismo en pedazos de mármol parlante,  permite sostener la credibilidad del relato. El ojo para elegir las locaciones en Cochabamba, Cotapachi y Tarata, situadas a cientos y miles de kilómetros de la sede de gobierno y del escenario de la guerra, respectivamente, gracias al cual tampoco se pone en riesgo la fiabilidad narrativa.     

Por añadidura. En tiempos en los cuales la lectura ha pasado a ser una alternativa de los “raros”, los pocos que optan por un libro en lugar de la flamante tontería de hoy en TikTok y sabiendo por lo demás cuán poco afectos hemos sido siempre a reflexionar colectivamente acerca de nuestra historia, a revivir la memoria — menos aun con sentido crítico—, quizás el mérito principal de la película de Pacheco sea el de la invitación a sus coetáneos a ese ejercicio, aun cuando el abordaje elegido para dicha mirada retrospectiva peque de los vacíos ya mencionados. O sea: permanece abierto el crédito para Pacheco de cara a su eventual reincidencia fílmica.

FOTOS: PELÍCULA ‘TRES PASOS AL FRENTE’

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